INTERNACIONAL
White House Correspondents’ Dinner shooting sharpens focus on Trump’s ballroom construction proposal

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The shooting outside the White House Correspondents’ Dinner on Saturday evening has thrust fresh attention on President Donald Trump’s push to build a secure ballroom at the White House, a proposal he says could prevent such threats.
A gunman armed with multiple weapons opened fire near a security checkpoint at the Washington Hilton — where hundreds of journalists, celebrities and government officials were attending the annual White House Correspondents’ Dinner.
A Secret Service agent was struck but protected by a ballistic vest, and the suspect was quickly taken into custody, authorities said. Trump told reporters at the White House that he spoke with the agent, adding that he is expected to recover.
SECRET SERVICE IN LINE OF FIRE AT WHCD SHOOTING STILL UNPAID DUE TO DEM-LED SHUTDOWN
Security officials hunt for threat after shots were fired outside the White House Correspondents’ Dinner. (Jonathan Ernst/Reuters)
Trump pointed to the incident as evidence that the hotel venue was «not a particularly secure building,» arguing that a new White House ballroom — equipped with features like bulletproof materials — would offer a safer alternative.
But the proposal faces hurdles.
The project has been slowed by legal challenges over whether the administration bypassed required approvals, with courts weighing the scope of presidential authority as the case moves forward.
SPRAWLING NEW $250M WHITE HOUSE BALLROOM TO BE PAID FOR BY TRUMP AND DONORS

Demolition continues at the White House East Wing in Washington, D.C., on Jan. 5, 2026, as President Donald Trump moves forward with plans to build a new 90,000-square-foot ballroom funded by private donations. (Heather Diehl/Getty Images)
The planned 90,000-square-foot ballroom has become a political flashpoint, with critics raising concerns about cost and preservation, while Trump and his allies frame it as a largely privately financed security upgrade.
While the White House has hosted countless ceremonial events, it has never had a dedicated ballroom. The new structure would fill that gap, replacing the historic East Wing with a space built to accommodate large-scale gatherings.
White House press secretary Karoline Leavitt said the ballroom would seat roughly 650 guests and reflect the building’s classical design.
«The White House is currently unable to host major functions honoring world leaders… without having to install a large and unsightly tent approximately 100 yards away,» Leavitt said during a July 31 briefing, calling the project «a much-needed and exquisite addition.»
FROM THE OVAL OFFICE TO THE TRUMP KENNEDY CENTER, THE GILDED MAKEOVER EXPANDS

A rendering shows the interior design of the new White House ballroom, provided by McCrery Architects and the White House. (White House)
Since returning to office, Trump, a former real estate developer, has embarked on a series of projects aimed at altering the look and feel of the White House and other iconic Washington landmarks.
In February, the president announced in a Truth Social post that the Trump Kennedy Center will close for a two-year renovation.
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In October, Trump unveiled a new monument planned to commemorate the nation’s 250th anniversary next year. The monument, a near twin of Paris’ iconic Arc de Triomphe, is meant to welcome visitors crossing the Memorial Bridge from Arlington National Cemetery into the heart of the nation’s capital.

President Donald Trump holds models of an arch while delivering remarks during a fundraising dinner in the East Room of the White House in Washington, D.C., on Oct. 15, 2025. (Kevin Dietsch/Getty Images)
Trump has also added golden accents to the Oval Office, added a «walk of fame» to the colonnade outside the Oval Office, renovated the Lincoln bathroom, paved part of the Rose Garden and installed two large American flags on the White House grounds.
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INTERNACIONAL
Corrupción y delincuencia: la prevalencia de la impunidad

Esta columna intentará no nombrar a nadie, alguno quizás se ponga en privado o en público el sayo por sí, quizás alguno lo asigne desde la perspectiva del lector que simplemente pertenece a la sociedad, aun cuando actúe solamente de forma circunstancial con el sistema político. El problema es que en las sociedades desarrolladas existen muchos modelos de éxito económico o social para emular por jóvenes y adolescentes, pero en contextos de subdesarrollo y pobreza el crimen organizado, el narcotráfico y la violencia se transforman en las alternativas a seguir, intentando de encontrar un significado a vidas miserables. Especialmente cuando estos problemas están tan enquistados en estructuras de poder.
La corrupción y el crimen organizado confluyen en las estructuras de poder político y económico y a partir de allí se establecen en parámetros nefastos de fracaso sistémico. Porque definitivamente ese no es el camino al desarrollo sino al subdesarrollo más tenaz. Nuestras sociedades signadas de la peor forma por la estratificación y el fracaso generan espontáneamente esta disfuncionalidad ética. Y el parámetro de que uno cuanto más pobre es más honrado debe ser se da de cabeza contra algunas urgencias. Ningún poder puede tolerar la impunidad basándose simplemente en factores culturales, pues ello implicaría ponerse del lado de los criminales en momentos cruciales, justo cuando los problemas exigen una atención urgente. Servir a grupos criminales moralmente corruptos resulta inaceptable en coyunturas tan críticas como las que vive la región, no obstante, esto no es la excepción en muchos países, sino que forma parte de la falta de criterio folclórico con que se hace política en estos sistemas. Ante la corrupción, la mera inacción equivale a la complicidad con estos actos delictivos, a una colusión con los criminales; y esto es así por mínima que sea la contribución —incluso si esta se limita a abrirles el “airbag” ante la opinión pública, evitarles una pena o a facilitar su huida.
El análisis del razonamiento moral y de las cuestiones de política deberían ofrecer conjuntamente una respuesta convincente a los juicios de valor inherentes a las políticas públicas, especialmente en lo que respecta a contestar la “eficacia” de estas para condonar la corrupción y la impunidad. En el ámbito de la delincuencia, el individuo corrupto no es más que un reflejo de la cultura en la que se desenvuelve, de la mezcla de sus logros políticos y de los logros de su estupro, esa interacción es el efecto dinamizador de su peligrosidad. La delincuencia se transforma sistemáticamente en una secuencia de reproducciones inevitables; sin ella, resultaría imposible garantizar el camino hacia la impunidad. En cuanto al concepto de justicia llega herido, este resulta siempre controvertido porque queda prisionero en dinámicas políticas e ideológicas que transforman cualquier desquicio en aceptable; a menudo se percibe como un elemento gravemente deficiente en los casos penales —lo cual supone un problema mayúsculo para enfrentar a las organizaciones criminales— y, de hecho, como un factor perjudicial para la seguridad pública.
La libertad de prensa es fundamental, representa un proceso de diálogo social continuo —considerado la única vía para legitimar ciertas cuestiones en el seno de un entorno mediático para crear espacios libres de delincuencia—, las investigaciones criminales terminan revelándose abrumadoras y perjudiciales para el crimen organizado, si como para la legítima prevención de la impunidad y la salvaguarda de los intereses ciudadanos. Por ello, y no por otra cosa, nuestra región pasó a ser la que asesina más periodistas por año.
Una de las barreras estructurales más habituales que obstaculizan las fuentes de información es la ausencia de políticas diseñadas para proteger y prevenir problemas reales de corrupción; por el contrario, estos problemas han acabado transformándose, en la práctica, en una suerte de “prohibición permitida”, prohibida por la ley y operativa en la práctica, casi en una dimensión costumbrista. La debilidad del sistema de justicia penal solo beneficia a aquellos a favor de la impunidad. Los fracasos resultantes ponen de manifiesto, de manera contundente, la tensión existente entre la respuesta ante las crisis y una política pragmática orientada a la obtención de resultados tangibles: una política profundamente arraigada en el siglo XX y en la fragilidad institucional, la cual privilegia, en particular, una narrativa neutral que refleja cuestiones de agenda, falta de rendición de cuentas y legitimidad dudosa. Así pues, la impunidad se concibe en esa práctica como un estado inofensivo; como la búsqueda de una paz política a la que debería otorgarse prioridad en la agenda, se pretende hacer creer que asegurar la impunidad es asegurar el funcionamiento del sistema y que “siempre se hizo así”. El “placer de no cometer errores” cuando se perpetran estos actos se erige, de este modo, como la ideología dominante. Simultáneamente, la “bondad de la personalidad” del crimen organizado y de los corruptos que resuelven problemas sociales o que se presentan con la ideología “correcta” se interpretan a sí mismos como una limitación lógica que permite el “buen gobierno” y que, por ende, hace andar la premisa de que la mera defensa subterránea de la impunidad basta para dotarla de legitimidad. “No me importa que roben, si me resuelven los problemas”, aunque se creen problemas aún peores.
Por otra parte, esto también demuestra que los políticos son sensibles a intereses que se cruzan con su control. En el núcleo de las fuerzas colectivas que enfrentan la impunidad se halla la relación entre la libertad de prensa y los problemas y acciones del activismo; esta cuestión central da lugar a una dinámica que ha atormentado de verdad durante mucho tiempo a los criminales. La capacidad del activismo para hacer frente a los políticos corruptos se presenta como el mecanismo que puede reconstituir independencia para la justicia y el Estado de Derecho. Con el fin de eludir el castigo —problemas que, en última instancia, podrían destruir o debilitar al crimen organizado— e incluso a iniciativas políticas corruptas el enfrentamiento con estas fuerzas políticas que imponen una agenda de “fin de la impunidad” se transforma en una cuestión de vida o muerte.
El crimen organizado no abordó este aspecto de manera particular durante el siglo XX, dado que la criminalidad en el ámbito burocrático siempre optó por la vía de menor resistencia. Este camino permitía que aquellos que vulneraban el principio de ética pública quedaran impunes. Por el contrario, si la irresponsabilidad social percibe a los individuos corruptos como seres benévolos entonces se recurre a la instalación de narrativas positivas para justificar y defender la impunidad. La soberanía es utilizada permanentemente a este respecto.
La lógica de la impunidad podemos decir que opera en el desarrollo de postulados y de narrativas que realizan la defensa teórica de las cuestiones problemáticas de la corrupción, aun cuando a partir de ellos se crea fragilidad de la política y de las democracias. La instalación de narrativas de crisis y culpas sociales, así como el ejercicio de la libertad de que disponen el crimen organizado y los individuos corruptos para ejercer represalias. Y a cometer las peores violaciones de Derechos Humanos en la región.
La idea de severos castigos propugnados por algunas tradiciones políticas, parte muchas veces de no reconocer las debilidades inherentes de los mecanismos de justicia de lucha contra la impunidad y hacen que el mensaje deambule en una perspectiva poco realista de la crisis sin servir al objetivo que se procura alcanzar. Es necesario reconocer el papel crucial que desempeña la comprensión de la complejidad y la incertidumbre de la política ejercida corruptamente, como la misma permea diferentes niveles de funcionamiento sistémico con su naturaleza criminal. Es necesario tener claro las diversas realidades sociales permeadas por la corrupción, en particular, el modo en que se configuran los medios de comunicación deshonestos en contextos de crisis y las inesperadas experiencias culturales de las élites empresariales y del crimen organizado al defender su codicia financiera. Ello da como resultado la creación permanente de mecánicas políticas y sociales para poner a la sociedad límites al conocimiento de la verdad, dividir la verdad, poner límites al trabajo político decente y a la gobernanza democrática eficiente, la premisa delictiva que impone los límites intrínsecos del conocimiento, la investigación y la justicia límites que desempeñan un papel de gran relevancia en el fracaso de nuestros proyectos de desarrollo.
En los informes de comisiones de lucha contra la corrupción y la impunidad, las más diversas fuentes dan testimonio de financieros codiciosos que gozan reiteradamente de impunidad; no porque los individuos corruptos tengan la capacidad de imponer dicha protección, sino debido a la colusión acumulativa que genera fuerzas ajenas más potentes que el control de la justicia. Otros problemas pueden surgir no de conflictos directos de intereses, sino de una lealtad inquebrantable hacia líderes autoritarios, la corrupción de las dictaduras es siempre la peor corrupción de todas, la que roba a la gente sus Derechos Humanos. Doblarse nacional o internacionalmente ante la corrupción de las dictaduras es un acto corrupto en sí, que termina irremediablemente generando malas prácticas internas, el favor que hace el corrupto dentro o fuera del país lleva siempre a la peor lógica de funcionamiento y a terminar admitiendo como válidas prácticas absolutamente infames. El movimiento regional de la impunidad termina defendiendo dictaduras y crimen organizado por igual, ya que sostiene que ciertas «formas de legitimidad soberana» a menudo susceptible a objetivos y factores incontrolables que impone un régimen autocrático o un sistema de democracia deficiente o defectuosa en que la justicia no tiene capacidad de investigar en forma autónoma.
En teoría, este escenario simboliza la frecuente criminalidad organizada que emerge entre intereses directos contrapuestos de la política en crisis en que se debaten los sistemas, intereses que quizás no pueden ser calificados de manera plenamente legítima como corrupción pero que terminan siéndolo por utilizar al crimen organizado y a la corrupción para dirimir el conflicto entre los mismos. A partir de allí se generan raíces de la impunidad, la cual, a menudo, pretende introducir nuevas distinciones entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo admisible y lo inadmisible, tomando como referencia que funciona y que no funciona, que tiene éxito y que no tiene éxito. Es más, a partir de muchos de estos casos, dicha impunidad empieza a ser justificada.
El uso de la fuerza para empoderar a aquellos que son afines a los delitos y a la corrupción es recurrente en la región, como también lo son las conspiraciones políticas con ese objetivo, llevándolos a abusar de los principios pertinentes para adoptar una postura agresiva de defensa de la corrupción y la impunidad, como dijimos anteriormente, generalmente en nombre de la soberanía, o incluso peor. Este desafío pone a prueba el riguroso marco teórico del Derecho respecto a las cualidades regresivas del delito de corrupción, que aparece protegido por la impunidad sistémica.
El problema de la toma del poder por la corrupción y, especialmente, de su ejercicio es, de hecho, una respuesta a esta vulnerabilidad percibida en los sistemas políticos engendra crimen organizado, y este crimen organizado se retroalimenta con determinados grupos de interés a los que alimenta financieramente. Se puede apreciar especialmente como el populismo regional enfatiza la supremacía del poder sobre los medios de comunicación imparciales y se centra no en los problemas en sí mismos, sino en la retórica vacía; por consiguiente, a través de su efecto corrosivo, a menudo genera sentimientos protectores en el marco social, enmascarando así la falta de acción y de rendición de cuentas. El poder sigue siendo un instrumento fundamental para inclinar la balanza de intereses en conflicto, pero especialmente para inclinar la balanza de la justicia. Por eso el populismo a pesar de una retórica fuertísima contra la corrupción nunca ha resuelto los problemas de la misma, sino que los ha exacerbado. Lo máximo que ha hecho es cambiar el signo político de la corrupción y a veces ni eso.
Desde esta perspectiva, una sociedad política con capacidad de auto retribución y poca sabiduría colectiva puede evolucionar hacia actividades corruptas, al tiempo que construye una narrativa autosostenible para proteger y promover la impunidad, una narrativa inalterada por la siempre cambiante y ajustable censura política. La capacidad de la impunidad para construir una narrativa social desde el poder depende de la creación de un entorno que reconozca tanto la interconexión social como la cultura particular de los problemas propios de alimentarse de una situación de crisis moral de una sociedad, a veces por estar inmersa en la bajeza que crean las múltiples crisis financieras, sociales y políticas.
Por ejemplo, los seguidores de líderes populistas democráticos a menudo tienen dificultades para pedir o trabajar para diseñar o implementar políticas eficaces en contra de la impunidad; esto se debe a que se les impide establecer vínculos estrechos con las instituciones basadas en el poder —conexiones cruciales para lograr soluciones preventivas— y se enfrentan constantemente a la tentación del poder que toma atajos que, en última instancia, socava la eficacia necesaria para proteger y fortalecer a las instituciones que pasan a ser periféricas. El populismo puede utilizar las instituciones de manera eficaz para promover su propio poder —optimizando así sus resultados—, o bien provocar su fracaso, o incluso prescindir de ellas por completo. Todo ello es funcional a la corrupción. Sin duda alguna, el populismo —caracterizado por su desprecio hacia las instituciones— no ha logrado ningún resultado positivo en la lucha contra la impunidad a pesar de ser absolutamente altisonante al respecto.
Los expertos en Derecho y en el fenómeno de la impunidad deberían argumentar siempre que, más allá del ámbito puramente jurídico, el ejercicio de la libertad de expresión y la búsqueda de controles administrativos y jurídicos concretos y orientadas a la resolución de problemas resultan cruciales para una acción política eficaz; aun cuando tales acciones causen dolor dentro del sistema, son absolutamente necesarias. Si la lucha contra la impunidad pudiera alcanzarse únicamente mediante el discurso el populismo sería la tentación, pero las tentaciones propias del populismo hacen que la práctica transforme la corrupción en una infección bacteriológica generalizada, mientras nos quiere hacer creer que su discurso está resolviendo la situación.
Las leyes y las normativas son elementos esenciales para una acción política eficaz, aun cuando puedan causar cierto malestar, resultan indispensables, pero nunca causan tanto malestar a los corruptos como un sistema judicial con instrumentos prácticos para investigar y controlar la acción de los políticos y funcionarios, especialmente de aquellos que tienen poder, especialmente de aquellos que están en contacto con trámites importantes, controles, auditorías. El balance e independencia de los poderes del Estado es fundamental. Es decir, la Democracia es fundamental.
Solo mediante la administración de antibióticos que ataquen directamente a las bacterias —erradicando verdaderamente la infección— podrá el sistema experimentar un cambio genuino. En lo que respecta al problema de la impunidad, la rendición de cuentas constituye siempre un elemento esencial de cualquier solución práctica en la lucha contra la corrupción. Si un líder que promueve la lucha contra la impunidad se limita a criticar políticamente el uso indebido de los fondos públicos en el marco democrático, es más probable que termine convirtiéndose en un aliado cultural que aquel que no asume la responsabilidad de sus propios actos; la denuncia, la investigación y la judicialización son los únicos instrumentos reales.
Es importante reconocer que un sistema político sólido es susceptible al populismo, especialmente en lo que atañe a la falta de rendición de cuentas, lo cual lleva a terminar por concebir la política como un medio directo para satisfacer los intereses propios. La religiosidad que genera la política respecto a los liderazgos depende, asimismo, de factores tales como la simpatía, el poder y la riqueza, elementos que hacen a la esencia de un sistema corrupto; o el comienzo de un camino aquejado por graves problemas o crisis que termina por ser incapaz de abordar eficazmente la impunidad, incluso si contara con una estructura social moralmente justa. Esto resulta crucial para el avance de la impunidad, dado que sus cimientos residen en las estructuras políticas, sociales y operativas dentro de las cuales esta se desenvuelve.
Este absurdo de la impunidad ha sido perpetuado por aquellos que detentan el poder y se está convirtiendo en un desafío para cualquier sistema que quiere ser libre de delitos y para los enfoques éticos específicos que sustentan su funcionamiento. La reproducción política de las iniciativas de impunidad implica la reconstrucción de objetivos, juicios situacionales y genera algo que es igualmente perjudicial: el distanciamiento emocional de la sociedad. Todo ello puede pasar dentro de un marco de apariencia de estricta adhesión a la Democracia. En este contexto, resulta particularmente evidente la necesidad de la tensión inherente creada por la sociedad de “culpas responsables” para el surgimiento de medidas preventivas y para la condena social de actividades corruptas. Este esfuerzo tiene por objeto establecer reglas claras, al tiempo debemos reconocer que la sociedad y las redes pueden tener el poder de la condena para los corruptos. Pero a veces le pueden errar. O extralimitarse mal. Pero qué seríamos los políticos democráticos si no pudiéramos lidiar con la libertad de expresión, la misma es nuestro alimento principal.
Existe una tensión agravada en el ámbito de la impunidad, que es la contradicción entre el ideal de justicia y su convivencia con las crisis políticas. Esta realidad nos exige reconocer características específicas, tales como el “comportamiento civilizado degenerado” de los individuos y la “naturaleza cultural esencial de las crisis”, es la tensión entre el mal comportamiento de individuos que ponen cara de buenos y representativos con aquellas lógicas de falta de inteligencia colectiva para resolver de buena manera los malos problemas. Uno de los fundamentos más perdurables de la impunidad es la reproducción de los límites a la acción social condenatoria por un lado y por el otro del “comportamiento civilizado degenerado” dentro un sistema político.
De hecho, los límites establecidos de conformidad con el Estado de derecho garantizan el pleno ejercicio de la libertad individual, cuando la justicia no impone límites al poder político, el Estado de Derecho colapsa y también lo hacen las libertades individuales. La naturaleza biológica de la impunidad sugiere que el desenlace de los problemas políticos suele estar determinado por factores que no suelen examinarse directamente, tales como nuestra sociedad de origen (incluyendo la estratificación de clases sociales y de las posibilidades de movilidad social), el contexto histórico (democrático o autoritario), el nivel educativo o la capacidad de generación de riqueza. Un sistema de lucha contra la impunidad no puede ignorar estas condiciones; por el contrario, debería convertirlas en la base para la creación y el desarrollo de problemas políticos para luchar contra la impunidad, integrando así una teoría del comportamiento integral ante las crisis éticas que puede estar experimentando una sociedad.
La racionalidad constituye el fundamento del sistema de realismo político, un sistema que afirme a partir de la racionalidad la cultura evolutiva innata de un sistema político libre de corrupción, basado en el desarrollo de los límites a la codicia financiera de los políticos y los funcionarios; así como al mismo tiempo, reconocer también que la desigualdad, la pobreza y el error político son componentes integrales de las experiencias de crisis que afectan nuestro desarrollo. La racionalidad no es ni compatible ni incompatible con la distorsión de las realidades y narrativas políticas, por consiguiente, otro aspecto importante consiste en sostener a la racionalidad como eje central de la cultura política para enfrentarse a la inmoralidad o falta de ética dentro de un sistema. El error moral fundamental de la constante construcción de narrativas “impecables” por el populismo o el autoritarismo radica en que una crisis ética que surge en un momento determinado se vuelve inevitablemente en un problema recurrente que hace a la sociedad inviable en el mediano y largo plazo, sin importar que se dice y cómo se dice por parte de esos actores.
Este es uno de los principales problemas que surge de medios de comunicación que ignoran la criminalidad o son funcionales a la misma es su tendencia a promover ciertas narrativas, ya sean de apoyo, de interés propio o de impunidad. De este modo, estos elementos periodísticos-criminales se convierten en un componente significativo del problema: la exacerbación de la impunidad, el abuso de los principios penales en casos extremos o para promover impunidad o para perseguir opositores políticos, son esenciales al sistema de conculcación de Derechos. Pero por más vueltas que se dé el perro la cola siempre le queda del lado de atrás.
En última instancia, la acumulación de poder político y la capacidad de influir en problemas de crisis es importante pero solamente si se hace lo correcto, si se hace lo incorrecto mediano y largo plazo solamente se refuerzan las crisis y los problemas de la corrupción. Esta perspectiva de hacer lo correcto es clave para evitar la reproducción de la corrupción y sus profundas conexiones políticas, empresariales y sociales con la codicia financiera; obviamente que implica tomar decisiones difíciles y aceptar los costos y los dolores asociados a la lucha contra la impunidad.
La lucha contra la corrupción nos insta a no hacer la vista gorda ante la vulnerabilidad social, sino más bien a construir una ética que reconozca nuestra interdependencia, respete la razón como base del discurso social y adopte una política sensata —en la que la rectitud y probidad republicana esté lo más garantizada posible, aun ante la adversidad— como valor fundamental. Por supuesto, esto debe llevarse a cabo con plena conciencia de las limitaciones culturales inherentes de nuestros sistemas y cómo ello eleva los costos políticos.
INTERNACIONAL
Graham Platner blasts new allegations as ‘false accusations’: ‘Maine, you have my back’

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BAR HARBOR, Maine – Facing arguably the roughest stretch to date of his campaign for the U.S. Senate, Democratic candidate Graham Platner, back on home turf, thanked a large crowd of supporters for having his back and charging the incoming fire he’s facing as «politically motivated.»
Platner, the military veteran and oyster farmer who is aiming to oust longtime Republican Sen. Susan Collins in this year’s midterm elections, has been playing defense amid multiple controversies, ranging from inflammatory online comments made on Reddit, a well-publicized and now covered-up tattoo on his chest that resembled a Nazi symbol, to new allegations last week from ex-girlfriends of a history of rape fantasies, heavy drinking and violent episodes.
«When hurtful things I said on the internet a decade ago came out into the public as I shared my personal journey through PTSD and darkness of recovery and accountability and growth. Maine had my back,» Platner said at a rally Friday. «Now, as every single piece of that past and journey gets dug up, litigated, and weaponized, you have my back. And when politically motivated, serious and false, false accusations are made against me. Maine, you have my back.»
Collins, a moderate Republican who at times votes against President Donald Trump’s agenda, is running for a sixth six-year term in the Senate in left-leaning Maine in a race that’s one of a handful across the country that will determine whether Republicans keep control of their slim Senate majority.
THE TEN RACES THAT WILL DETERMINE THE SENATE’S MAJORITY
Democratic Senate candidate Graham Platner speaks to supporters at a rally in Bar Harbor, Maine, on June 5, 2026 (Paul Steinhauser/Fox News)
Platner, who is supported by progressive champions Sens. Bernie Sanders of Vermont and Elizabeth Warren of Massachusetts, and Rep. Ro Khanna of California, is pushing an economically populist agenda as he takes aim at corporate influences and advocates for the working class.
He is considered the all-but-certain Democratic nominee after two-term Gov. Janet Mills, who was backed by longtime Senate Democratic Leader Sen. Chuck Schumer and the Democratic Party establishment, dropped out of the race earlier this spring after significantly trailing Platner in fundraising and polling.
Platner, who has acknowledged his battle with post-traumatic stress disorder from his multiple tours of duty in the wars in Afghanistan and Iraq, apologized for his controversial Reddit posts after they made headlines last fall soon after he launched his Senate campaign.
And Platner has said he got the skull and crossbones tattoo in 2007 while drinking with fellow Marines stationed in Croatia. He said that he covered up the tattoo with a new design after learning last year that it resembled a Nazi symbol. But new allegations raise questions about Platner’s timeline regarding knowledge of the tattoo.
Friday’s rally, which also included speeches by progressive gubernatorial candidate Troy Jackson and congressional contender Matt Dunlap, was organized by Khanna.
In an interview with Fox News Digital ahead of his appearance on stage, Khanna was asked whether he’s concerned if the current allegations, and any futures ones, could sink Platner’s campaign and sink Democrats’ hopes of winning back the Senate.
DEMOCRACY ’26: STAY UP TO DATE WITH THE FOX NEWS ELECTION HUB

Sen. Bernie Sanders and Democratic Senate candidate Graham Platner stand together during a «Fighting Oligarchy» tour stop at the Collins Center for the Arts on the University of Maine campus in Orono, Maine, on May 24, 2026. (Joe Raedle/Getty Images)
«I’m more concerned about making it clear that we’re opposed to misogyny, those relationships were toxic and volatile, there’s no excuse for that,» Khanna said. «I talked to Graham and he says he was at a very dark period, he had come back from two tours of duty in Iraq as an infantry man seeing violence and death. That doesn’t excuse it.»
But Khanna added that Platner said «he really grew as a person when he came back to Maine and he was an oyster farmer and he found peace and he is ashamed of that period. To me that suggests someone taking accountability and improving their lives and we need that redemption in this country. And I agree with a lot of his economic polices, that we should be taxing the billionaires, we should be focusing on the working class.»
Collins, returning to Maine on Friday after busy week on Capitol Hill where she reached a milestone by casting her 10,000 consecutive vote in the Senate, was asked by reporters about the latest allegations facing Platner.
«The allegations in the latest story are troubling,» Collins responded. «And I believe that Graham Platner has a lot of questions to answer.»
‘HE HATED WOMEN’: EXPLOSIVE ABUSE, NEW NAZI TATTOO ALLEGATIONS FROM EXES ROCK PLATNER’S CAMPAIGN

Republican Sen. Susan Collins of Maine tours a food bank in Harrison, Maine, on May 5, 2026. The food bank was able to expand thanks to federal funding that the senator helped obtain. (Paul Steinhauser/Fox News)
Meanwhile, an outside political group aligned with the senator has been blasting Platner, running ads spotlighting his multiple controversies.
The Republican National Committee (RNC), in a social media post following Friday’s rally, took aim at Platner.
«Graham Platner says his violent and erratic past is being «weaponized» against him. Platner said he would rape someone to show his dominance and «rape was about power,» the RNC research team wrote on X, as it pointed to new allegations against the candidate.
Mills, in a recent interview, noted that her name remains on the ballot. And a source in her wider political orbit confirmed to Fox News that the governor is receiving calls urging her to get back in the race amid Platner’s controversies. But there’s no active campaign effort on behalf of Mills.
Asked about Mills, Khanna told Fox News Digital «the great thing about democracy, you can run full steam ahead, you can kind of run ambiguously like Janet Mills, you can keep your name on that campaign. That’s why I love American democracy.»
But he predicted that «Platner is going to come out victorious. And we need to unite and realize that the goal is defeating the the Susan Collins. And everyone from Schumer to Sanders is unified around that goal.
Platner’s campaign said that over 600 people packed a theater in this resort town next to Acadia National Park, not far from the candidate’s hometown of Sullivan, to attend the rally. And they touted that they had raked in $200,000 in fundraising the past 24 hours, which they said was their strongest fundraising day since Mills suspended her campaign.
Maine voters Fox News Digital spoke with ahead of the rally were divided on whether Platner’s controversies will impact their opinions of the candidate.
Jeff from Waterboro, Maine said «it’s not a good situation» as he pointed to Platner. «I think it’s somebody who shouldn’t’ be in the mix. I am a conservative but he’s just got so much damage, if the Democrats want to have a winner, they’re going to have to find somebody else. He’s not the guy. It’s just too much.»
But Ellen from Acton, Maine, who said she is a registered Republican, said «is he a perfect person, heck no.»
«I think he will go in and do a good job,» she added.
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