DEPORTE
Fue campeón con River, Racing lo llevó a la Selección y vivió de cerca uno de los momentos más difíciles de Maradona: mano a mano con “Cacho” Borelli

Sencillez, amabilidad y una pizca de nostalgia transmite la voz de Jorge Cacho Borelli del otro lado del teléfono. El actual ayudante de campo de Néstor Gorosito, hoy sin trabajo, recuerda su paso por dos de los tres clubes grandes del fútbol argentino en los que estuvo en más de 17 años de carrera.
“Me sentí bien en River, aunque no gané tanto como hubiera querido. Cuando llegué, estaba muy comprometido con el descenso y terminamos ganando el torneo local 85/86, la Libertadores 86 e Intercontinental 86. Aunque en la Libertadores jugué 10 de los 13 como titular, la gente de River muestra indiferencia conmigo. En Racing, en cambio, era un quilombo, no gané nada, pero el hincha me quiere, y yo quiero a Racing”, compara el ex marcador central, de 61 años, en dialogo con Infobae.
Cacho Borelli tiene una carrera de ensueño. Desde chico quiso ser futbolista. Nació en Ramos Mejía entre calles de tierra y potreros. Vivía con su mamá Marta y su hermano mayor, Hugo, que jugó en Almirante Brown, antes de transformarse en un comerciante de barrio. Empezó a jugar a la pelota en Flecha de Oro, club de su barrio, donde lo vio jugar un muchacho para llevarlo a probarse a Platense. Quedó, luego fue campeón con la Séptima, saltó a la Reserva y debutó en Primera con 16 años en 1980.

En el Calamar, Borelli estuvo cuatro años antes de pasar a River para integrar el plantel multicampeón comandado por Héctor Veira. “Jugué el superclásico de la pelota naranja. Fue un momento bárbaro en la historia de River. Me acuerdo de qué cuando llegamos al estadio, nos tiraron una barra de hielo arriba del micro. No sabes la explosión que hizo, dijimos ‘¿qué pasó acá?’”, recuerda el ex defensor, que jugó el segundo tiempo en aquel partido que acaba de cumplir 40 años de existencia.
En 1989, Borelli dejó Nuñez para ir a probar suerte al fútbol mexicano. Recaló en Tigres de la UANL durante dos años para tener su única experiencia en el exterior. Luego, volvió a Racing Club, en donde mejor la pasó. Después, se fue a San Lorenzo de Almagro. Allí, sufrió varias operaciones en un par de temporadas y jugó poco. Al final, se retiró con 31 años. “Yo me sentía bien, pero cuando estás mucho tiempo sin jugar te ponen el cartel de ‘roto’. Me llamaron clubes más chicos, pero no tuve ganas. Y me retiré”, revela el ex defensor.
Previo a colgar los botines, se dio el gusto de ganar con la selección argentina una Copa América (1993) e integrar el plantel que participó de la Copa del Mundo Estados Unidos 1994, siendo compañero de habitación de Diego Armando Maradona.
“Jugué en clubes importantes de Argentina, y aunque no siempre valoré mi carrera en el momento, ahora reconozco lo que logré. Compartí momentos con Maradona en el Mundial 94, lo que fue increíble, aunque no jugué. Su doping positivo fue un golpe duro para el equipo y confío en que no hizo nada intencionado”, sentencia.

– ¿Qué es de su vida, Jorge?
– Estoy disfrutando de mi tiempo fuera del fútbol, visitando a mis nietos en el extranjero. Mi experiencia en Alianza Lima fue positiva, aunque no logramos el campeonato. Estuvimos en la última experiencia en Lima, junto a Pipo Gorosito, así que esperando por ahora que salga algo nuevo. Estoy tratando de disfrutar a los nietos, los tengo viviendo afuera. Entonces, vamos y venimos con mi señora a visitarlos, pero después todo bien, todo tranquilo.
– ¿Qué balance hace de su paso por Alianza Lima?
– Bien, bien, porque fuimos con un objetivo de ser campeones, pero no se pudo por poquito. Y después, en el plano internacional, jugamos 18 partidos, cosa que por ahí Alianza no lo había jugado en su vida, en su historia. Entonces, fue muy bueno. Lamentablemente, quedamos afuera con la U de Chile y estuvimos cerquita también de de pasar a la final.
– Marcaron historia dejando afuera a Boca en el repechaje de la Copa Libertadores en el 2025…
– Claro, en la cancha de Boca. Sí, ahí por penales fue lindo, por lo que significa Boca, ¿no? En Perú también, ya que la repercusión fue inmensa, porque dejar a Boca en el camino, un club tan importante, fue muy bueno para el fútbol peruano.

– Repasando su carrera. Jugó en tres de los cinco grandes del fútbol argentino, sin duda, un privilegio que muy pocos se pueden dar…
– Sí, muy contento. Yo arranqué en Platense, y a los 19 años me compró River. Después estuve en México, en Tigre de Monterrey, volví a Racing y terminé en San Lorenzo. Tuve etapas lindas en las selecciones juveniles y en la Mayor, también. La verdad que muy contento por eso.
– ¿Cuándo tomó dimensión de la carrera que hizo?
– Todo pasa tan rápido que no te vas dando cuenta. Después, cuando te enfrías un poco, te das cuenta que fueron tres clubes grandes de Argentina. Pero en ese momento no me di cuenta, y repasando mi carrera con las selecciones pasó igual, ¿viste? No festejé el título de la Copa América, porque no tomé dimensión ni conciencia. Después, te enfrías y empezás a valorar lo que fue tu carrera. La verdad que la pasé muy bien.
– ¿Por qué no festejó el título de la Copa América?
– No lo festejamos, porque fue en Ecuador, pero sí lo festejamos cuando vinimos acá (Argentina). En ese momento, cuando estás lejos, querés llegar a tu casa y estar con tu familia. Entonces, por ahí no le das tanta importancia al título ganado ni lo festejás. Pero es lindo haber ganado algo con la selección mayor y lo ganamos en ese momento que no tomás consciencia. La verdad es que priorizas otras cosas. En Ecuador, querías tomar el avión y venir a estar con la familia, que es lo más lindo, lo que uno extraña.
– ¿Ese momento fue el punto más alto de su carrera? Porque después le tocó participar en Estados Unidos 94…
– Sí, pero no tuve la suerte de jugar ahí. La verdad es que nos quedamos afuera muy rápido, entonces no tuve la chance de jugar. Pero también lo disfruté porque es un Mundial, un Mundial con la Mayor. Pero ya te digo, no lo disfruté mucho porque no jugué nada. Por ahí, cuando uno juega la pasa mejor y valora donde está. Viajé, estuve en la habitación con Diego Maradona. Lamentablemente, después tuvimos la mala suerte de lo que pasó y nos tuvimos que volver. Pero esa es otra de las cosas que por ahí uno no toma dimensión. A veces, hablando con la gente de fútbol y que no es del fútbol, me dice “estuviste con Diego”. Cuando me tocó la habitación con Diego, me quería morir, porque yo digo “estar a su lado, yo no sé ni los gustos, ni nada de él”. Y a los 10 minutos me di cuenta que era un fenómeno, como compañero, una persona excelente. Así que también he disfrutado mucho de estar, de conversar, de aprender de Maradona.

– ¿Qué tal era Diego como compañero de habitación?
– Espectacular. No sé si era mi amigo, porque después nos vimos una o dos veces y después no lo vi más. Entonces, quizás no tuve la relación esa que tienen los amigos, amigos, pero haber estado tanto tiempo ahí, un mes y pico, con él en la habitación, fue algo espectacular. Las charlas, le gustaba mucho hablar de boxeo. A mí también me gusta el boxeo. Entonces, no sólo era fútbol, sino también otros deportes. Hablamos de la familia, la pasamos muy bien. Lamentablemente, luego pasó lo que pasó con el tema del positivo del doping. No sé, uno nunca sabe cómo fue eso realmente, pero lo que sí sé, es que lo sufrió muchísimo. Estaba muy triste, lloraba mucho cuando se enteró que le había dado positivo. Yo a veces pienso. Digo, si sabía que estaba haciendo, pensaría, “chau, me agarraron”. Pero él se entrenaba. El plantel hacía un turno, él hacía doble turno. Se cuidaba con las comidas. Estaba en todos los entrenamientos. A veces el plantel no entrenaba y él se iba al gimnasio, estaba enchufadísimo para romperla.
– ¿A ustedes como compañeros cómo los afecto pasar por esa situación?
– A todos nos afectó muchísimo, ¿no? Pero a él, yo me acuerdo que en ese momento no había celular, pero teníamos teléfono de línea del hotel, pues llamaban a la habitación para hablar con él. Llamaba el padre, la madre, Claudia, y era un llanto constante. Entonces, sufrió mucho. La verdad que eso lo marcó muchísimo.
– En esa charla que tuvieron después de ese suceso, ¿él le dijo algo como “yo no fui”?
– No, porque él estaba convencido que no había hecho nada malo. Yo lo que sé es que en un momento se le termina un medicamento, y viene el profe que le compraba y le preguntaba a Claudia. Ella le dice “fíjate que lo tenés que conseguir”. Entonces, yo pensé después “a ver si el medicamento ese que compró en Estados Unidos no tenía lo mismo, no estaba elaborado igual que el que tomaba”, qué sé yo, ¿viste? Se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero yo confío en que él no hizo nada adrede, para tomar algo para beneficiarse físicamente.

– ¿Hubo una mano negra, entonces? Alguien que quiso sacarlo del mundial…
– Qué sé yo. No puedo asegurar porque tampoco tengo pruebas, pero yo confío en el compañero de ese momento, que no hizo nada para mejorar su rendimiento físico. Si no hubiera pasado eso, su cierre de la Selección hubiese sido de otra manera, porque aparte el equipo estaba bárbaro; en ese Mundial estaba bárbaro. Había varios jugadores con un nivel impresionante. Anímicamente al plantel lo de Diego lo mató, lo afectó mucho. Yo no quiero decir que por eso el rendimiento no fue tan bueno y quedamos afuera, pero anímicamente fue un golpe duro.
– En el fútbol argentino, ¿cuál fue su mejor momento de su carrera? ¿En River, con todo lo que ganó?
– En River gané mucho, formé parte de un gran equipo con jugadores talentosos, aunque a veces no se reconozca a todos. Me siento más valorado en Racing, a pesar de no haber ganado títulos allí. Mi carrera estuvo marcada por lesiones, pero disfruté del fútbol y mantengo buenas relaciones con mis compañeros. En Racing, no tuve la suerte de ganar, pero me sentí muy bien también. En San Lorenzo no la pasé bien porque jugué muy poquito. Apenas llegué, me lesioné, después tuve dos años para salir de la lesión de la rodilla, y volví a jugar seis, siete partidos nada más. Entonces, lamentablemente, en San Lorenzo no tuve la chance de tener continuidad de 30, 40, 50 partidos para decir, “bueno, estoy bien”. Pero yo te digo que en sí me sentí muy bien. Y en River gané el campeonato local y me sentí muy bien. Y de la Copa Libertadores, la primera copa que gana River, de los 13 partidos, tuve la chance de jugar diez. Me lesiono en cancha de River y después me pierdo las finales contra América de Cali y la final del mundo. Eso fue un dolor muy grande, pero me siento parte del plantel que lo ha ganado todo, ¿no?
– ¿Usted integró el plantel de aquel partido que esta semana cumplió 40 años de la pelota naranja entre River y Boca, con dos goles del Beto Alonso en La Bombonera?
– Sí, yo jugué el segundo tiempo. Yo venía de una lesión y fui al banco de suplentes. Después, entré en el segundo tiempo. Fue un momento bárbaro en la historia de River y un superclásico histórico, porque me acuerdo de que cuando llegó el micro de River al estadio, nos tiraron una barra de hielo arriba del micro en el estacionamiento. Cuando entró el micro, tiraron un pedazo de barra de hielo, no sabes la explosión que hizo, dijimos “¿qué pasó?”. Luego de ganar el partido, te acordás que después nosotros nos cambiamos y salimos a dar la vuelta olímpica. Fue un momento muy lindo, muy lindo, muy divertido para el grupo, ¿no?

– ¿Qué tenía ese River que lo ganó todo, el del Bambino Veira?
– Impresionante, impresionante. Era un equipo en el que, cuando todas las zonas de adentro se llevan bien y las sociedades funcionan, uno sabía que no iba a perder. A veces defendíamos y sabíamos que dé contra podíamos ganar. Hubo jugadores que por ahí después la gente no los recuerda mucho, pero era el River de Giacomini, Francescoli… Sinceramente, un equipazo. Y después, quizá el que ganó la Libertadores no era tan vistoso como este, pero era un equipo durísimo, que sabía a lo que jugaba. La verdad que uno fue un privilegiado de haber integrado esos planteles. Y después, el que ganó la Intercontinental también. Era también un equipo durísimo, duro, que sabía lo que jugaba. Una calidad de jugadores impresionante.
– ¿El hincha de River lo reconoce? ¿Le agradece por lo que hizo o hay indiferencia?
– Al principio sí. Ahora que pasó mucho tiempo, no tanto. Estoy más identificado con Racing que con River, a pesar de que con Racing no gané nada. Pero siento que la gente de Racing me valora más que la de River.
– Eso le pasó a varios jugadores…
– Sí, vos fíjate. Hace dos o tres días me apareció una foto del Pelado Centurión. La gente de River no lo recuerda tanto y la rompió en la Copa Libertadores. Lo que pasa es que después no juega la final, parecido a lo que me pasó a mí. A mí me reemplazó el Tano Gutiérrez, que la rompió. Y a Centurión lo reemplazó Funes, que la rompió. Entonces eso tapa un poco lo anterior. El Pelado Centurión hizo una Copa Libertadores impresionante, pero después, por cosas que no sé si fueron lesiones, terminó jugando Funes.
– Claro, Funes hizo goles en la final…
– Hizo dos goles contra América de Cali en la final. Entonces el hincha de River recuerda más a Funes que a Centurión, a pesar de que Funes no jugó tanto.
– Usted dice que uno de sus mejores momentos fue en Racing. ¿Por qué?
– Porque me sentí muy bien. Era un club más familiar. Mirá que es una tontería lo que te voy a decir, pero estaba Tita… ¿te acordás? Una persona excelente. Nos esperaba los viernes, porque después del entrenamiento concentrábamos, y nos preparaba una picada. Íbamos todos a comer ahí con ella. Era todo más familiar, un grupo muy lindo. La pasé muy bien en Racing. No tanto en lo deportivo, porque no ganamos nada, pero tuve la chance de ir a la Selección estando allá. Tengo un recuerdo especial por la gente. Generé muchos amigos: el Turco García, Rubén Paz… muy buena gente. El Patito también. Si los nombro a todos, seguro me olvido de alguno, pero era un grupo excelente.
– ¿Estuvo en el radar de Bilardo para el Mundial 86?
– Sí. Me vino a hablar Mariani, un ayudante, y me dijo que me estaban siguiendo. Pero justo me lesiono en River contra Gimnasia. Se me rompió la cápsula de la rodilla y estuve mucho tiempo para recuperarme.
– ¿Y para el Mundial 90?
– No, en el ‘90 no tuve chances.
– Pero sí estuvo en la Copa América 93…
– Sí, claro.
– También estuvo en la derrota por 5-0 contra Colombia. ¿Cómo fue ese partido?
– Fue una mancha difícil de borrar. Si vos ves el partido y sacás los goles, pensás que Argentina lo ganó o empató. Tuvimos muchas chances y no convertimos. Ellos, las que tuvieron, las hicieron. Son esos partidos rarísimos. Pero nadie imaginaba ese resultado: ni los jugadores, ni el técnico, ni la gente. Y fíjate que después de ese partido, Colombia no volvió a estar cerca de algo grande. Igual, uno lo recuerda con mucha tristeza.
– ¿A qué edad se retiró y por qué?
– A los 31. Me dejó libre San Lorenzo. Me lesioné en el segundo partido contra Argentinos Juniors y no me pude recuperar bien de la rodilla. Estuve dos años parado. Después volví, jugué siete u ocho partidos, pero cuando terminó el campeonato el plantel se iba a hacer la pretemporada a Miami… y a mí no me llevaron. Ahí entendí todo. Yo me sentía bien, pero cuando estás mucho tiempo sin jugar te ponen el cartel de “roto”. Me llamaron clubes más chicos, pero no tuve ganas. Y me retiré.
– ¿Cómo fue el post retiro siendo tan joven?
– No me costó tanto. Como ya había estado mucho tiempo parado por la lesión, lo fui asimilando. Siempre me mantuve bien físicamente. Después, con el tiempo, tuve problemas en la otra rodilla y ahora tengo una prótesis, pero en ese momento estaba bien y podría haber seguido un par de años más.
– ¿Siguió vinculado al fútbol?
– Sí, siempre. Con Gorosito, como ayudante. Y ahora esperando otra oportunidad. Mientras tanto, uno aprovecha este tiempo para estar con los hijos, los nietos, y viajar un poco con mi señora.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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