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¡Pelotazo en contra! El despectivo apodo que la prensa turca le puso a Mauro Icardi, criticado por su presente en el Galatasaray

Puede que Mauro Icardi tenga los días contados en el Galatasaray, el club más popular de Turquí donde, tiempo atrás, el delantero era ídolo de la hinchada y capitán del equipo. Y es que, como si no fuera poco con su conflicto eterno con Wanda Nara, el futbolista de 33 años tiene que lidiar con el peor momento de su carrera. Y por supuesto, la prensa de aquel país escribe notas y más notas sobre su apremiante situación.
El Galatasaray va puntero en el campeonato, sí. Pero el novio de la China Suárez es suplente: el técnico Okan Buruk no lo quiere y lo hace jugar apenas unos minutos, que no le alcanzan a Icardi para marcar goles, aunque sí para ser reprobado por los aficionados. Además, el DT pidió que el argentino sea transferido. El contrato de Mauro vence en junio y en el club todavía no recibieron ofertas.
Para el portal turco Fanatik, el «delantero estrella» —como lo definen con ironía— tiene ganas de irse de Turquía. «(Icardi) ha cerrado emocionalmente el capítulo del Galatasaray para siempre«, sostiene el medio, que recurre entonces a otra imagen de Icardi. ¿El León del gol? ¿El matador? ¿El letal? ¿El imperdonable del área? No, nada de eso. Para la prensa de Turquía, Mauro es El bailarín de tango. Y a mucha honra, sí. Pero no demasiado futbolero el apodo.
MAURO ICARDI: DEL PRESENTE TORTUOSO AL FUTURO EN DUDA
Lo dicho: el contrato de Mauro en el Galatasaray vence en junio de 2026 y, hasta el momento, no hay avances firmes para una renovación. Esto abre un abanico de posibilidades para el delantero. En Turquía ya dan por hecho que su ciclo está cerca del final, salvo un giro inesperado en estas últimas semanas de competencia.
En ese contexto, aparece el factor argentino que siempre seduce. En las últimas semanas, su nombre volvió a sonar en River Plate, impulsado tanto por su situación contractual como por su vida personal. La influencia de China Suárez (fanática del Millonario, mientras Icardi es hincha de Newell’s) es un elemento que muchos mencionan a la hora de pensar en una vuelta al país, aunque por ahora no existen negociaciones concretas.
El futuro de Icardi, entonces, se mueve entre tres caminos posibles: intentar relanzar su carrera en Europa con un nuevo club, aceptar un destino más exótico o dar el golpe mediático con un regreso al fútbol argentino. Con pasado de élite en clubes como Inter y PSG y una capacidad goleadora que todavía genera respeto, todo dependerá de su decisión en los próximos meses. Lo único claro es que está ante un punto de inflexión que puede redefinir el tramo final de su carrera.
Mauro Icardi; China Suárez
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Condenaron a tres años de cárcel a Felipe Pettinato por el incendio que provocó la muerte de su amigo, pero no irá preso

El Tribunal N°14 condenó a Felipe Pettinato a tres años de prisión en suspenso por incendio culposo seguido de muerte, al determinar que —el 16 de mayo de 2022— provocó el siniestro en un depatamento de la calle Aguilar, en el barrio porteño de Belgrano. Como consecuencia, falleció el médico neurólogo Melchor Rodrigo.
La querella de la familia de la víctima había pedido 15 años de prisión para el hijo de Roberto Pettinato, considerando que no hizo absolutamente nada para salvar a su amigo. Sin embargo, el fiscal Fernando Klappenbach concluyó que se trató de un accidente y que el imitador de Michael Jackson sí procuró asistir a quien era su amigo («Compañero de consumo», según la definición de su hermana, Tamara Pettinato).
Klappenbach reclamó entonces una pena de cuatro años y siete meses de cárcel, bajo la figura de estrago culposo seguido de muerte. Aquella noche el cuerpo de Melchor Rodrigo se prendió fuego: falleció con el 90% del cuerpo quemado.
El juicio contra Felipe Pettinato se desarrolló a lo largo de siete audiencias, con la declaración de más de 15 testigos. El Tribunal N°14 también pidió sumar una pena previa por abuso sexual (nueve meses de prisión) y solicitó incluir el ADN de Felipe Pettinato en el registro de violadores.
Notica en desarrollo.
Felipe Pettinato
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“Ya viví lo mío”, las reflexiones de Luis Brandoni sobre su resistencia a la tecnología y el presente sin celulares

La noticia de la muerte de Luis Brandoni hizo que, como un eco suave pero persistente, volvieran a circular sus palabras, sus gestos, sus modos de mirar el país y el tiempo que le tocó vivir. Las últimas entrevistas que dio se leen ahora como pequeños manifiestos cotidianos, donde Brandoni, sin impostura y con una sinceridad a veces desarmante, dejó claro cómo elegía vivir en un mundo que cambiaba a una velocidad que ya no le pertenecía.
En 2022, el actor conversó con María Laura Santillán para Infobae y durante esa charla se condensa su pensamiento, su visión de la actualidad del mundo y del país, y como la misma entrevistadora rememora ahora, al conocerse la trágica noticia: “Fue protagonista durante toda su existencia de la historia de nuestro país, como actor, dueño de un enorme talento y como dirigente, con su compromiso. Gracioso y chinchudo a la vez, disfrutó hasta el final de sus días lo que más amaba: subirse a un escenario”.
“No, yo ya viví lo mío y estoy conforme”, decía cada vez que le preguntaban por la tecnología. No era una frase de ocasión ni un escudo para eludir lo nuevo, sino una declaración de paz con su propia historia. “Y me he organizado. Por ejemplo, hasta me he llegado a ufanar de saber muchos números telefónicos, cosa que a los jóvenes no les pasa. No saben ningún número telefónico. O muy pocos, el del papá o el de la mamá. Está todo en el teléfono. Les afanan el teléfono y están desnudos, en bolas. ¿Cómo es? Entonces no, yo anoto, escribo”.
En ese acto de escribir, de anotar en una agenda, había una forma de resistencia y también una ternura: “Desde el año 65 hasta ahora”, contaba, y se le iluminaban los ojos. “Tengo las agendas de mi vida”. Cada año, una libreta distinta, la letra cambiando con el tiempo, las hojas sumando compromisos, recuerdos, días importantes y días comunes. “Pero no me siento inferior eh. Me siento un hombre de mi edad. Estoy contento, tengo mi libreta telefónica. Tengo mis maneras”.
No había en Brandoni desprecio por la juventud, ni por sus costumbres, solo una descripción precisa de la distancia: “La gente de mi edad ha visto un cine en la Ciudad de Buenos Aires que no se ha visto en muchos países del mundo, era una gloria. Nosotros disfrutamos ese cine que los jóvenes hoy no van a poder disfrutar. Porque nadie los induce. Nadie los induce a ver el cine italiano que hemos visto nosotros. A ver el cine francés, el cine polaco, el cine inglés. Todos los cines del mundo se dieron en Buenos Aires. Y hoy la cinematografía está dividida en lo que se produce en la Argentina y en lo que se produce en Estados Unidos. Porque la producción, la exhibición y la distribución están en manos de empresas norteamericanas”.
Cuando alguien le refutaba que desde las plataformas podía verse cine escandinavo, francés o español, Brandoni respondía con una mezcla de humor y honestidad: “Pero vos tenés tiempo y sabés manejar todo esto. A mí no me sale”. Y si le preguntaban si era porque no quería aprender, la respuesta era aún más cruda: “No tengo rapport, no tengo feeling con la tecnología. Me cuesta”.
La vida diaria también estaba llena de esas pequeñas batallas perdidas y aceptadas. “Dentro de unos pocos días, no sé qué voy a hacer con esa limitación que tengo fuera del país. Seguramente voy a ir acompañado de Saula (N de la R, su pareja), ella sí se maneja con una gran ductilidad y una gran facilidad. Ya no sé si voy a poder hablar en castellano siquiera, a ver si me entienden”. Pero Brandoni, lejos de resignarse, buscaba soluciones simples: “¿Sabés cómo lo resuelvo en Estados Unidos? ‘¡¿Alguien habla español?!’ Siempre aparece uno. Ahí lo resuelvo. Es perfecto eso”.
La memoria de Brandoni no era solo un archivo de teléfonos y agendas; también era un mapa de afectos. Al hablar de Robert De Niro, el relato se volvía íntimo: “Mi vínculo es un vínculo afectuoso. Yo lo conocí a él por Lito Cruz, apareció después de filmar una película que se llamó La misión. Ahí nos conocimos, estuvimos una noche juntos. Después otra vez otro almuerzo. Y después hubo otro encuentro. En el año ’86 nos tocó ir a filmar a Nueva York… el propósito era invitarme a pasar la Nochebuena a su casa porque él suponía que yo iba a estar solo o con el equipo técnico. Así que fuimos con Marta, estaba yo casado con Marta (Bianchi)”.
No era un hombre de tecnología, pero sí de recursos. “Tengo una deficiencia muy grande, que es la de no saber otro idioma”, admitía, y lo contaba sin vergüenza. “Le digo cosas en italiano y las entiende. Su papá era italiano. Me las rebusco porque escuché mucho ese idioma. No me moriría de hambre en Italia”.
Las anécdotas se desgranaban con la naturalidad de quien no necesita exagerar. “Hace seis años estuvo en mi casa acá en la calle Suipacha y trajo la cámara para sacarse una foto con nosotros”. Y en el lenguaje, ese territorio que a veces parecía un obstáculo, Brandoni encontraba puentes insospechados: “¿Vos le decís Bobby? —Sí. —¿Y él te dice Beto? —Sí”. No sabían bien en qué idioma hablaban, pero se entendían. “Él tiene pretensiones de hablar en porteño. Las palabras las sabe todas”.
En la descripción de De Niro, Brandoni encontraba una definición de autenticidad y de oficio: “La gente no lo conoce en la calle. Porque no va por la vida como un actor, va por la vida como lo que es. Nadie lo conoce, es extraordinario. Eso habla de lo buen actor que es, porque no se parece a ningún personaje de los que hizo en el cine”.
Luis Brandoni eligió habitar su tiempo con serenidad y sin renegar de lo que ya no era propio. Sus agendas, sus números de memoria, su manera de mirar a los otros, construyeron una forma de resistencia íntima. No era nostalgia: era gratitud por lo vivido y una ternura sin alarde por todo lo que, aunque pareciera pequeño, le daba sentido.
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¡La noche más polémica de Luis Brandoni! El discurso que escandalizó a los artistas K al ganar un Martín Fierro: «Basta de ladrones»

Además de ser un gran actor, Luis Brandoni era un hombre polémico. De tomar partido por una u otra ideología y no aflojar jamás ni esconder un centímetro de ese pensamiento. Esa forma de ser le generó muchos adeptos pero también un sinfín de rivales. Y como desde mediados del 2000 había adoptado un discurso fuertemente anti K, todo el espectro de artistas con ideas «nacionales y populares» siempre lo tuvo en la mira.
Sin embargo, nunca hubo tanta distancia entre unos y otros como cuando «Beto» recibió el Martin Fierro de Platino en reconocimiento a su extensa y extraordinaria trayectoria cinematográfica y, obviamente tratándose de él, aprovechó el micrófono para dar un discurso encendido, aguerrido y de barricada, aunque ya se le notaba el paso de los años.
Brandoni falleció por estas horas a los 86 años y cuando le habló a sus colegas, aquella vez, ya andaba cerca de los 84. Con la voz un tanto resquebrajada pero con las convicciones tan firmes como siempre, se paró delante del micrófono y se apoyó en algo que había dicho Guillermo Francella para seguir en la misma línea. Aunque nunca se mostró favorable a un partido político, tanto la gente como el periodismo siempre le asignó a Francella una postura parecida a la del protagonista de Esperando la carroza. Es decir, antiperonista.
«Hubo momentos en los que me tuve que ir de este país por amenazas» recordó Brandoni aquella vez sobre lo que le pasó en los sangrientos 70 cuando fue perseguido y amenazado por la Triple A. «volví con esperanzas y sigo teniendo esperanzas en el país porque la gente no quiere más ladrones por todas partes. Tenemos que ser serios, ¡Serios!» gritó Brandoni. Una parte de la platea lo aplaudió. La otra, entre las que estaban Nancy Dupláa y Carla Peterson, inmortalizadas en su gesto por un camarógrafo y un director muy despiertos, quedó petrificada y hundida en el silencio más absoluto.
LA NOCHE MAS POLEMICA DE LUIS BRANDONI: EL DISCURSO QUE ESCANDALIZO A LOS ARTISTAS K
En medio de ese clima Brandoni siguió con su parlamento. «Y entonces yo pude vivir estando en esas famosas listas negras gracias al público. Podíamos trabajar en lugares privados y los que se animaban a contratarnos o recibirnos en sus teatros, en su lugar, la gente iba. La verdad que sabían que corrían algún riesgo, y sin embargo fueron y nos dejaron vivir, nos permiotieron sostenernos y sostener a nuestras familias».
«De modo que esto, Guillermo -se dirigió directamente a Francella- no es solamente el haber tomado tu ejemplo que acabas de darlo, es la verdad. La gente quiso vernos, a mi y a otros que estábamos en la misma situación. Por eso un reconocimiento de esta naturaleza me emociona grandemente y me obliga, mucho, a seguir siendo como soy y a poder caminar por la calle sin miedo ninguno».
Luis Brandoni
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