Connect with us

CHIMENTOS

La ácida respuesta de José Chatruc a un detractor de su relación con Sabrina Rojas: “3 meses les doy”

Published

on


La ácida respuesta de José Chatruc a un detractor de su relación con Sabrina Rojas: “3 meses les doy” (RSFotos)

En el día del cumpleaños de Sabrina Rojas, la ocasión fue aprovechada por José Chatruc para dedicarle palabras de amor a su flamante pareja. La publicación fue celebrada por algunos de sus amigos famosos, contentos por verlos felices en su incipiente relación amorosa, y entre los comentarios celebratorios no faltaron aquellos malintencionados. Pero el exfutbolista no se quedó callado.

“3 meses les doy”, comentó un usuario en la publicación del exjugador, que acompañó con una selfie sonrientes junto a la conductora, provocando la reacción de él. “Vamos 4”, disparó Pepe, devolviéndole el “augurio” a pura ironía.

Advertisement

Incluso Chatruc bromeó con su noviazgo con una frase futbolera. “Antes de que lo digan, es un afano, SUSPÉNDANLONNN“, lanzó, divertido, mientras su comentario se llenaba de opiniones sobre su presente sentimental: ”Usted lo dijo, pero usted se lo merece», “anticipando siempre, crack Pepe”, “cuidala, José, que estás en la Championg (SIC)”, “el robo del siglo”, “a la gilada ni cabida, Pepe, los carcome la envidia, ¡usted siga humillando, maestro!“, ”che, vos sos facha y además sos tan gracioso», “está robando a cara descubierta esta mujer, eh…”.

josé chatruc sabrina rojas
«3 meses les doy», le dejó un usuario a José Chatruc en su saludo de cumpleaños para Sabrina Rojas. «vamos 4», le contestó el exfutbolista (Instagram)

Unas horas antes, el periodista deportivo había abierto su corazón al saludar públicamente a la exmodelo. “¡Feliz cumple para mi compañera Sabrina Rojas! ‘Paso a paso’, me dice la reina y para mí ¡es una frase de campeonato! Sé que el año pasado la rompiste, pero estoy convencido de que de ahora en más es todo para arriba. Espero poder acompañarte para que sigas brillando cada vez más. ¡Te amo, Rojas, sos por escándalo la 1! P.D.: premio para mí que adelanté los tiempos”, le dedicó.

La exanimadora de Pasó en América agradeció el gesto de su novio y le devolvió el gesto de amor. “Qué suerte tengo de que estés en mi vida. ¡Sos todo lo que está bien, y si la gente te conociera, sabría que la que está robando soy yo! Te amo, Chatruc. Empezar mis 46 con vos es un hermoso regalo”, manifestó.

Primer plano de José Chatruc y Sabrina Rojas besándose, reflejados en un espejo. Él tiene barba y gafas de sol, ella pelo rubio suelto y gafas
«Espero poder acompañarte para que sigas brillando cada vez más. ¡Te amo, Rojas, sos por escándalo la 1! P.D.: premio para mí que adelanté los tiempos”, le dedicó Chatruc a Sabrina Rojas (Instagram)

A comienzos de abril, las reacciones en redes sociales después de que José Chatruc y Sabrina Rojas fueran fotografiados juntos en Punta del Este durante una escapada consiguieron que el exfutbolista, lejos de ocultarse, decidió enfrentar de manera pública y con humor los comentarios críticos sobre su relación y su aspecto físico. “Es espectacular X. Hay miles de personas diciéndome feo, mono, pelotudo. Ja,ja,ja. Son espectaculares, ni cuando jugaba me putearon tanto”, escribió, comparando la intensidad de los comentarios con la presión que vivía en las canchas.

En uno de sus mensajes, Chatruc fue categórico sobre el impacto de las opiniones negativas y el valor que les asigna: “Nada me importa menos que la opinión de la gente que no me conoce. Relax”. A quienes le dedicaron palabras de apoyo por su felicidad, también se dirigó: “Y para los que se alegran de verme bien, los amo”.

Advertisement
Sabrina Rojas José Chatruc
Sabrina Rojas José Chatruc

En respuesta a las críticas sobre si su apariencia o nivel económico es “apto” para estar con la modelo, el exjugador remarcó: “Les quiero contar que tengo una vida espectacular y soy feliz. No se vuelvan locos”. Incluso Pepe Chatruc tuvo un inesperado cruce con el empresario de la carne Alberto Samid cuando este preguntó en la red social si “alguien de acá se volvió loco por Chatruc”. El exfutbolista no dudó en replicar: “Te creés gracioso, ya pasaste de moda. Y no te la bancás, bebé”.

El ciclo de comentarios se completó con la reacción de Chatruc ante una imagen compartida por el programa Desayuno Americano, donde se lo titulaba como “el robo del siglo” junto a Rojas. Lejos de sentirse ofendido, el exjugador bromeó sobre su apariencia: “Debo admitir que esta gráfica está buena, ¡aunque me veo bastante fachero, eh!”.



José Chatruc,Sabrina Rojas,romance,pareja,beso,celebridades,amor,noviazgo,relación,espejo

Advertisement

CHIMENTOS

Nélida Lobato, la mujer que conquistó París y murió en silencio: a 44 años de una despedida que todavía duele

Published

on


Este video presenta una actuación de Nélida Lobato en el programa de Televisión Nacional de Chile ‘La Gran Noche’ de 1981, conducido por Antonio Vodanovic.

Hay nombres que no se apagan. Que, incluso cuando el telón cae y las luces se extinguen, siguen respirando en la memoria colectiva como una música persistente. Nélida Lobato es uno de ellos. Y este 9 de mayo, cuando se cumplen 44 años de su muerte, su historia vuelve a desplegarse con la intensidad de una vida que fue, al mismo tiempo, deslumbramiento y herida.

Había nacido como Haydée Nélida Menta el 19 de junio de 1934, en el barrio de Saavedra, ese territorio de entonces veredas anchas, eucaliptos y tardes interminables en el Parque Saavedra, donde alguna vez jugó sin imaginar que su destino estaría atado a los escenarios más exigentes del mundo. Era, según quienes la conocieron en esos primeros años, una chica tranquila, casi tímida, de modales suaves, con una belleza que todavía no sabía que era su llave.

Advertisement

La vida, sin embargo, no le ofreció un camino fácil. La muerte de su padre cuando tenía apenas nueve años dejó a la familia en la intemperie económica. Hubo que trabajar, crecer de golpe, sostener lo que se pudiera. Terminó sus estudios y más adelante se convertiría en técnica radióloga, una profesión que parecía marcar un rumbo definitivo. Bailar, entonces, no era más que una idea ajena, un territorio desconocido. Hasta que apareció Eber Lobato.

Ese encuentro, casi abrupto, fue el punto de quiebre. Se casaron a los quince días, como si ambos intuyeran que estaban a punto de construir algo que los excedía. Eber vio en ella lo que nadie más veía: un diamante en bruto. Y empezó a pulirlo con una obstinación feroz. Pero los comienzos fueron duros, incluso crueles. Alfredo Allaria, figura indiscutida del espectáculo, la descartó sin titubeos: “Jamás podrá pisar un escenario”. Esa sentencia, que para muchos habría sido definitiva, fue para Nélida apenas el inicio de una resistencia.

Nélida Lobato, ícono y figura indispensable del teatro argentino

Los años que siguieron fueron de pobreza extrema. De noches durmiendo en el suelo. De un hijo, Adrián, que llegó a dormir dentro de una valija improvisada como cuna, en una escena que con el tiempo ella misma recordaría con un escalofrío: una noche, la tapa se cerró y el bebé estuvo a punto de asfixiarse. Eran días sin red, sin certezas, sostenidos apenas por la fe de Eber y una voluntad que todavía no encontraba forma.

Advertisement

El Maipo la recibió, pero en el último escalón: partiquina, una más del coro, casi invisible. La inseguridad crecía. El talento todavía no encontraba su cauce. Hubo algunas apariciones en televisión, pequeños destellos en programas como Música y fantasía o El show de Andy Russell, pero eran luces breves en una oscuridad persistente. Hasta que Chile cambió todo.

En el Bim Bam Bum de Santiago, ese teatro-cabaret mítico, encontraron por primera vez un espacio para desplegarse sin límites. Lo que iba a ser un contrato de un mes se extendió a ocho. Y fue allí donde alguien los vio. Un enviado del Dinah Shore Show los llevó a Los Ángeles. El salto era impensado: de la precariedad absoluta a los escenarios internacionales.

Estados Unidos fue la consagración. Los Lobato Dancers comenzaron a girar, a crecer, a imponerse. Actuaron en ciudades clave, acompañaron a figuras como Sammy Davis Jr., compartieron escenarios con nombres de peso y, por primera vez, el dinero dejó de ser una urgencia. Compraron una casa en Los Ángeles con jardín: un lujo que hasta entonces había sido un sueño.

Advertisement
La artista Nélida Lobato realiza una coreografía junto a un grupo de bailarines masculinos y femeninos en una emisión del programa televisivo «La Gran Noche» de TVN, grabado en 1981.

Y en 1964 llegó la consagración definitiva: el Lido de París. Las trompetas sonaron para ella. Nélida Lobato, la chica de Saavedra, era ahora vedette internacional.

El regreso a la Argentina, a fines de los años 60, fue la gran revancha. Carlos A. Petit la convocó para el teatro El Nacional con un contrato que hablaba de éxito: un porcentaje de la recaudación que la convirtió en una de las artistas mejor pagadas del momento. De la miseria a una vida de reyes. De dormir en el suelo a tener propiedades, reconocimiento y un lugar indiscutido en la escena porteña.

A fines de 1969 fue elegida como una de las personalidades del año por la revista Siete Días, que no dudó en destacar: “A los 35 años, Nélida Lobato (1,65 de estatura; 90-48-90) representa mejor que nadie la leyenda de la supervedette internacional en el momento cumbre de carrera. Triunfadora en el Sand’s de Las Vegas y consagrada definitivamente en el Lido de París en 1964, ahora puede enfervorizar a una platea que siguió su trayectoria por los 39 escalones del escenario de El Nacional -más de 600 representaciones-, donde derrochó encanto, sex-appeal y un talento inusual en el ámbito de la revista porteña y mundial”.

Advertisement

Pero ella fue más allá. Entre 1971 y 1982, Nélida Lobato redefinió el concepto de vedette. No era solo belleza: era técnica, disciplina, una forma de bailar que combinaba precisión y fuego. Donde otras apenas se desplazaban, ella construía coreografías con rigor casi de ballet. Donde otras respondían al molde, ella lo rompía. Se negó a ser un objeto decorativo, exigió calidad en los textos, mostró su vida sin esconderse detrás del misterio que imponía la época. Fue, en ese sentido, una revolucionaria silenciosa.

Nelida Lobato, con cabello rubio voluminoso, bikini decorado y botas rojas, posa con brazos abiertos y boca abierta sobre un fondo rosa
La vedette argentina Nelida Lobato posa con energía en la portada de la revista Siete Días Ilustrados, luciendo un llamativo conjunto de bikini con flecos y botas rojas. (Mágicas Ruinas)

Su figura creció también en el cine y la televisión. Protagonizó ciclos propios, compitió en la franja más dura de la TV y llevó al teatro musical a otro nivel con Chicago, en 1977, uno de los grandes éxitos de la cartelera. Los premios llegaron como confirmación: Konex, distinciones, coronas simbólicas. Pero, sobre todo, el reconocimiento del público.

Pero en paralelo a ese crecimiento, hubo otra historia. Más silenciosa. Más íntima. La de Víctor Laplace.

Se conocieron en una cena, presentados por Beba Bidart. Tenían diez años de diferencia y dos mundos distintos. Él, un joven actor que empezaba a abrirse camino. Ella, una figura consagrada. No fue un flechazo inmediato. Fue algo más lento, más profundo: largas conversaciones, afinidades que se iban revelando, una construcción paciente.

Advertisement

Laplace lo diría años después con una claridad conmovedora: “Lo mejor que hice fue escucharla”.

Nelida Lobato, rubia y con tiara, sentada de perfil en un taburete alto, viste un vestido rosa con lentejuelas y tacones plateados, rodeada de focos de estudio
La icónica vedette argentina Nelida Lobato posa con un vestido de gala y tiara en una sesión fotográfica para la revista Siete Días Ilustrados en diciembre de 1969. (Mágicas Ruinas)

En ese escuchar se fue gestando el vínculo. Nélida, lejos del brillo permanente, mostraba su costado más humano. Un retrato quedó inmortalizado en el relato del actor, el instante en que sintió que estaba enamorado: estaban en el domicilio de ella, de forma natural se sacó las pestañas postizas, ocupó la cocina y comenzó a preparar un bife de chorizo. Podía pasar de la sofisticación absoluta a la simpleza sin transición. Y en ese instante, mínimos pero decisivos, él sintió el flechazo.

Fueron casi diez años intensos. De amor, de discusiones, de reconciliaciones que, según él mismo definía, eran “viajar al cielo”. No era una relación para la foto. Era real, atravesada por tensiones, por carácteres fuertes, pero también por un respeto profundo. Nélida, de algún modo, lo formó. “Aprendí a ser hombre con ella”, diría, reconociendo en esa mujer no solo a una pareja, sino a una guía.

Tenían rituales. Los lunes se vestían elegantes y se iban a cenar fuera de la ciudad. Después, música, vermut, conversaciones. Una vida que, en su esencia, era simple. Pero que tenía el brillo de lo auténtico.

Advertisement

Hubo un momento que lo marcó para siempre. Un viaje a París. Ella quiso que él viera el lugar que la había formado. Llegaron al Lido. Y en medio de la noche, dos reflectores iluminaron su mesa. “Madame Nélida Lobato”. Ahí, en ese instante, él entendió la dimensión de esa mujer. “Es muy grosa”, pensó. Como si recién entonces pudiera ver la totalidad.

Nélida Lobato y Víctor Laplace, en una publicidad
Nélida Lobato y Víctor Laplace, en una publicidad

Con el tiempo, la relación cambió de forma. Se separaron como pareja, pero no como afecto. Siguieron unidos desde otro lugar, más sereno, más maduro. Y cuando llegó la enfermedad, Laplace volvió a estar. Sin estridencias. Sin necesidad de explicaciones. Porque lo que vino después fue el tramo más oscuro.

A comienzos de 1981, los primeros síntomas. Dolores difusos, señales que no terminaban de cerrar. Una operación que trajo alivio momentáneo. Y el regreso al escenario, porque Nélida no concebía otra posibilidad. Pero en 1982, el cuerpo empezó a ceder.

El deterioro fue rápido. Brutal. Perdió peso en pocos días. Dormía horas interminables. El dolor se instaló como una presencia constante. Aun así, insistía en salir a escena. Se hacía aplicar inyecciones antes de cada función para soportar lo insoportable. Sus compañeros la miraban con una mezcla de admiración y angustia: seguía, incluso cuando todo en ella pedía detenerse.

Advertisement

Víctor fue testigo de ese proceso. De esa caída progresiva. De ese cuerpo que se iba desdibujando. “Iba desapareciendo”, diría después.

Nelida Lobato brilló en los escenarios del mundo
Nelida Lobato brilló en los escenarios del mundo

Las madrugadas se volvieron un ritual doloroso. A las cinco de la mañana iban a ver al padre Mario, buscando una esperanza que la medicina ya no ofrecía. Cuando la enfermedad avanzó, cuando el dolor se volvió insoportable, apareció la morfina. La moto que llegaba con la medicación. El alivio momentáneo. Y otra vez el dolor. “Se daba vueltas en la cama. Sufría mucho”, recordaría él.

Nélida, que había dominado el escenario con una energía arrolladora, ahora luchaba en silencio contra un enemigo invisible. No quería que la vieran así. No quería despedidas. Quería preservar, incluso en ese momento, algo de su dignidad.

El diagnóstico fue definitivo: cáncer hepático irreversible. Y el tiempo, de pronto, se volvió corto. Un año. Apenas un año desde que todo empezó a desmoronarse. Murió el 9 de mayo de 1982. Tenía 47 años.

Advertisement

Laplace estuvo ahí. Acompañando hasta el final. Sosteniendo como podía. Entendiendo, en ese tránsito, algo que después nombraría con una sola palabra: soledad.

“La extraño. Me dolió mucho la manera en que se fue”, diría con los años, cada vez que el recuerdo volvía a abrirse.

Además, Nélida Lobato llegó a grabar algunos simples, y este es uno de ellos
Además, Nélida Lobato llegó a grabar algunos simples, y este es uno de ellos

Porque lo que más lo marcó no fue solo la pérdida, sino la forma. La injusticia de una enfermedad que no tenía explicación. Ella no fumaba, no bebía, se cuidaba. Y sin embargo, el cáncer avanzó sin tregua. El final fue, en sus palabras, “horrible”.

Y sin embargo, incluso ahí, en ese último tramo, hubo algo de la esencia de Nélida que no se quebró: la fuerza, la resistencia, esa decisión de no abandonar nunca del todo. Después, el silencio.

Advertisement

El trono quedó vacío. Pasaron nombres, épocas, estilos. Pero hay algo en la figura de Nélida Lobato que sigue siendo inalcanzable. Tal vez porque no fue solo una vedette. Fue una historia completa: la de la chica de barrio que atravesó la miseria, conquistó el mundo, amó intensamente y enfrentó el final con una dignidad feroz.

A 44 años de su muerte, su imagen sigue ahí. Suspendida en algún lugar entre la memoria y el mito. Como si todavía, en algún escenario invisible, siguiera bailando. Con esa mezcla de precisión y fuego que la volvió única.

Y, sobre todo, como si todavía hubiera alguien —en una madrugada cualquiera— dispuesto a escucharla. Como hizo Víctor Laplace. Como la quiso. Como no dejó nunca de recordarla.

Advertisement

Continue Reading

CHIMENTOS

Qué ver en Netflix: la serie de 7 capítulos perfecta para el fin de semana

Published

on


Netflix continúa sumando producciones que logran captar rápidamente la atención del público y una de las películas que viene ganando cada vez más recomendaciones es “7 mujeres y un misterio”. Con una historia cargada de secretos, sospechas y un tono que mezcla suspenso con humor, la propuesta se transformó en una opción ideal para quienes disfrutan de los clásicos policiales.

Advertisement

La película está dirigida por Alessandro Genovesi y funciona como una nueva adaptación de la reconocida obra “8 mujeres”, escrita originalmente por Robert Thomas. Con una duración de apenas 83 minutos, la producción apuesta por una trama ágil que mantiene el misterio prácticamente desde el comienzo hasta el final.

La historia se desarrolla durante las fiestas navideñas, cuando una familia se reúne en una enorme mansión aislada. Sin embargo, todo cambia drásticamente después de que el dueño de casa aparece asesinado. A partir de ese momento, siete mujeres quedan atrapadas dentro de la propiedad debido a una tormenta y comienzan a sospechar unas de otras.

Mientras intentan descubrir quién es la responsable del crimen, empiezan a salir a la luz distintos secretos familiares, mentiras ocultas y conflictos del pasado que complejizan todavía más la investigación. Cada personaje parece esconder algo y eso genera un clima constante de tensión e incertidumbre a lo largo de toda la película.

Advertisement

LA SERIE IDEAL PARA EL FIN DE SEMANA

Otro de los puntos fuertes de la producción es su elenco, integrado por reconocidas actrices italianas como Margherita Buy, Ornella Vanoni, Micaela Ramazzotti, Sabrina Impacciatore, Luisa Ranieri, Diana Del Bufalo y Benedetta Porcaroli. La dinámica entre las protagonistas y sus distintas personalidades aporta gran parte del atractivo de la historia.

Además, la ambientación juega un papel fundamental dentro de la película. Gran parte de la trama ocurre dentro de la mansión, lo que refuerza la sensación de encierro y sospecha permanente. A eso se suma una estética retro elegante y teatral que recuerda a los clásicos relatos detectivescos.

Aunque tiene varios momentos de comedia, “7 mujeres y un misterio” logra sostener el suspenso durante toda la trama. Con revelaciones inesperadas, personajes ambiguos y una historia llena de engaños, la película aparece como una propuesta diferente dentro del catálogo de Netflix y una gran alternativa para disfrutar en una sola noche.

Advertisement

 

TEMAS


 

Netflix

Advertisement
Continue Reading

CHIMENTOS

Marcelo Tinelli: “La mayor falencia que tenemos los argentinos es no escucharnos”

Published

on


La entrevista completa a Marcelo Tinelli por Luciana Rubinska

Hay algo que Marcelo Hugo Tinelli —así lo presentaba José María Muñoz en Radio Rivadavia, con ese doble nombre que le encanta escuchar porque le recuerda al Víctor Hugo de Morales— nunca dejó del todo. El fútbol, la radio, la urgencia de correr siete cuadras de tierra hasta una fábrica de gaseosas en Berazategui para llamar por teléfono fijo y dar un gol a gol que, para cuando llegaba al aire, ya tenía tres goles de diferencia con la realidad. Ese pibe de secundaria que tomaba el 64 desde Santa Fe y Pueyrredón, cruzaba en bote a la isla Maciel para entrenar en San Telmo y se quedaba los sábados y domingos sentado en el estudio de Radio Rivadavia mirando trabajar a Dante Sabatarelli y al Flaco Rinaldi, es el mismo que hoy se sienta frente a Luciana Rubinska en Infobae para anunciar que vuelve al periodismo deportivo para cubrir el Mundial 2026, el que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.

“Para mí hablar de fútbol es realmente mi vida. Pero no la vida que conoce la gente, que me tiene más como el de Videomatch, los bloopers, el de Ritmo de la Noche o el del Bailando por un sueño”, dice Tinelli. La convocatoria para este regreso llegó por parte de Daniel Hadad, el fundador de Infobae, a quien define como “un amigo de casi la misma edad y primer socio en Radio Diez”. Y agrega: “Hablando un día con él, me dice: ‘¿Vas, no vas? ¿hacés algo?’. ‘Me muero’, dije… voy a tener que laburar’. Porque fui como hincha a Catar. Pero está bueno’.”

Advertisement

La base de operaciones para Tinelli y su equipo será el estudio que Infobae tiene en Miami, desde donde saldrá un programa los lunes, miércoles, viernes y domingos, de una hora cada uno. Los partidos de la Selección Argentina lo llevarán a Kansas —el 16 de junio— y a Dallas —el 22 y el 27—, con la esperanza de que los octavos de final o, todos lo esperamos, más allá, vuelvan a jugarse en Miami. “Recemos de que los tres juguemos en Miami y no nos toque el cuarto en la otra costa porque nos agarran los tiburones ahí”, bromea.

El equipo que lo acompañará se anunciará el 19 de mayo, pero adelanta que habrá “periodistas deportivos muy buenos” y “jugadores muy importantes que han sido relevantes en el mundo del fútbol”, además de algún atleta de otro deporte que sea “futbolero también”. Tinelli viajará cinco días antes del lanzamiento del Mundial. La pasión del productor que vive en él, dice, no tiene forma de apagarse: “Ya me volvió a agarrar una cosa. Qué lindo volver a sentir esto.

Marcelo Tinelli, entrevistado por Luciana Rubinska, cubrirá el Mundial 2026 para Infobae

¿Es candidato Argentina?

Advertisement

— Sí, siento que sí. Argentina es candidato siempre. Con Leo Messi somos candidatos totalmente. Yo lo sentía en Catar también. Y lo sentí hasta en el momento que perdimos con Arabia, que me enojé mucho con Lolo porque se había cambiado de lugar. El primer tiempo ganábamos uno a cero y lo veo: “¿Qué hacés ahí atrás?”, le digo. En un momento ya perdíamos dos a uno. “¿Qué pasa, pa? Estaba hablando con un amigo atrás.” “Pero si estuviste el primer tiempo acá.”

¿Sos recontracabulero?

— Recontra. Y sentía que aun con el empate cero a cero en el primer tiempo con México, lo íbamos a dar vuelta.

Advertisement

¿Y qué cábala vas a repetir ahora?

— No me voy a pintar el pelo, no voy a hacer boludeces. El pelo rosa no va más.

Quiero volver a algo que tiene que ver con tu historia. Tu papá falleció muy joven.

Advertisement

— No me vas a hacer llorar…

Me nace preguntarte por eso. Te quiero leer algo que fue escrito por Walter Savedra.

— De los mejores periodistas y relatores de toda la vida.

Advertisement

En un libro sobre la historia de los relatores, en un momento le preguntan: “¿Tinelli era tu comentarista en esa primera etapa?” “Sí. Me pasaba a buscar por el Hotel República, frente al Obelisco, en su autito. Creo que era un Citroën y la puerta del acompañante había que sostenerla con la mano porque se abría sola. Me llevaba a la cancha, comentaba y me traía de vuelta. Cuando hoy se critica a Tinelli, está todo bien, pero yo lo respeto. En aquel momento no tenía nada. Es un pibe que se hizo de abajo, vino de Bolívar, pasó hambre en Buenos Aires y con capacidad llegó a ser quien es.” ¿Este sos vos?

— Sí. No sé si tantos elogios, digo. Pero sí, yo nací en un hogar muy humilde en Bolívar. De muy chiquito vine a Buenos Aires por la enfermedad de mi papá, que era alcohólico y tenía una cirrosis. Yo lo empecé a ver un poco más amarillo. Tenía ocho, nueve años, cuando me traía en el tren a ver a San Lorenzo. Un día mi mamá nos dijo: “Esta noche lo llevamos a tu papá a Buenos Aires.” Vinimos en un auto con un primo de mi mamá. A partir de ahí nos quedamos en Pueyrredón 1947, donde vivían mis abuelos, y me dijeron: “Lo vamos a internar en el Sanatorio Anchorena.” Y no salió nunca más. A los quince días me dijeron. Yo preguntaba por mi papá y no vino más. Y a mí me quedó una cosa… Y atrás de eso, peor, porque mis abuelos ya no estaban en posición económica de sostenernos. Mi abuelo había tenido diarios en Bolívar, campos, y en ese momento no tenía tanto. Le habían llevado los ahorros. Y mamá dijo: “No vuelvo nunca más a Bolívar.” Yo me quedé sin las palmeras, sin mis amigos. Para mí era una selva. Estaba en plena avenida Pueyrredón, casi que iba a tocar el cordón de la vereda y pasaba un bondi que te llevaba puesto. Y al poco tiempo, once, doce años, me entero que mi mamá tiene una enfermedad. Tenía una depresión que después se transformó en una esquizofrenia. Fue muy duro todo el golpe.

Once, doce años vos.

Advertisement

— Sí. Siempre mi deseo fue ayudar a mi mamá, por mi papá también.

Entrevista de Luciana Rubinska a Marcelo Tinelli
Marcelo Tinelli contó su historia: de su infancia en Bolívar a ser el número uno de la televisión

— Cuando decís que pasaste hambre, ¿pasabas hambre?

— No sé si pasaba hambre, porque con mis abuelos nunca pasé hambre. En Bolívar muchas veces a mi viejo le costaba, sí. Era un tipo que cazaba en el campo, traía una mulita en una bolsa, perdices. Me hizo comer ranas diciéndome: “Son pollitos.” Faltaba que me dijera: “Crack, come, maestro.”

Es lo que hay.

Advertisement

— Sí, es lo que hay. Mi papá escuchaba Radio Rivadavia, por eso mi historia con la Oral Deportiva. O veíamos canal 8 o 10 de Mar del Plata los días de tormenta. A mí siempre me gustaron los medios. Yo iba con mi viejo y llevaba una planillita donde él me decía: “Tomá nota de las formaciones.” Siempre me quedó eso. Mi papá es un referente, pero siempre le faltaba un mango. Hubo un momento en que yo vendí helados de chiquito. Hacía changas para aportar. Siempre alguna ayuda. Después empecé a jugar al fútbol en San Telmo. Me fui a probar de pedo, porque sinceramente, ¿qué hacía yo en San Telmo, en la isla Maciel, viviendo en Peña y Pueyrredón? Para el que no conoce, es el Barrio Norte de Capital. Y de repente tenía que cruzar en bote a la isla Maciel.

¿Cruzabas en bote para ir a entrenar?

— Sí. Le daba unos mangos al tipo y te cruzaba. Tomaba el 64 en Santa Fe y Pueyrredón o el 152, e iba. Cuando empecé a jugar al fútbol, llevé a probar a un pibe que se llama Hugo Issa, que jugó en la selección argentina, vecino del barrio. Y un día le digo: “Boludo, tenemos que ir a preguntar los resultados. A cuatro cuadras está Radio Rivadavia. Arenales 246.” “La que escuchaba mi viejo”, decía yo en el fondo. Y un día aparecí en la radio a pedir los resultados y a partir de ahí me quedé a mirarlos: José María Muñoz, Dante Zavatarelli…

Advertisement

¿Y empezaste como cadete en Radio Rivadavia?

— Un día me mira Hernán Ramazzotti. Yo estaba sábado y domingo sentadito en el estudio. Primero me mandaban a comprar fiambre en la esquina, a hacer los sándwiches. No tenía ningún problema. Yo estaba feliz de estar en la Oral Deportiva. “Estoy en el equipo de Muñoz.” Me mandaban a buscar las credenciales a los clubes. Para mí todo era muy hermoso. Y un día me hicieron estar en el primer partido para llamar y avisar de los goles.

Un partido de ascenso, ¿no?

Advertisement

— Terminó 7 a 2. Me morí, porque no había teléfono en la cancha.

Contá eso. ¿Cómo era cubrir un partido en esa época?

— Me dijeron: “Tenés que ir a cubrir Central Córdoba-Berazategui.” Central Córdoba estaba primero, el equipo de Carlovich, de Rosario. Y en Berazategui jugaban los hermanos Lobo, Pedro y Luis. Siempre llevaba una camisita muy correcta, saquito y una valijita con un grabador. Parecía un pibe del colegio. Fui a Once, tomé un bondi, y de Once agarré una empresa que iba para La Plata. En el Camino General Belgrano me dijeron: “Acá, pibe, la cancha de Berazategui.” Bajo. Una ruta, nada había. Pero había una fábrica de gaseosas. Me dijeron: “De esta fábrica, siete cuadras allá, ahí la tenés.” Llegué a la una para un partido que jugaba a las cuatro. Llego a la cabina de transmisión, a un costado del alambrado, con un taburete alto y una mesa. Estaba sentado solo. Entonces empiezo a mirar dónde está el teléfono. “Perdón, maestro, ¿dónde está el teléfono acá?” “No, en esta cancha no hay teléfono.” Me habían dicho gol a gol. “¿Dónde hay un teléfono cerca?” “¿No pasaste por una fábrica de gaseosa?” “Sí.” “Ahí hay teléfono.” “Sí, pero está a siete u ocho cuadras.” “Sí, ahí tenés.” Lo único que yo deseaba era que no hubiera muchos goles. Arranca el partido. Central Córdoba era una máquina. Primera jugada, pelotazo largo, entra el siete, tira el centro y entra Carlovich. Gol al minuto. “Cuidame esto que ya vengo.” Empecé a caminar rápido. A los cuatro minutos, ya trotando, escucho otro gol en la cancha. La puta madre. Llego. “Hola, Ricardo. Gol de Central Córdoba al minuto, Carlovich.” Me habían dicho: gol a gol, pero al momento, pibe. Volvía corriendo. Llego, me siento. “¿Cómo va?” “Dos a uno.” ¿Dos? Así estuve todo el partido. ¿Sabés cuánto terminó? 7 a 2.

Advertisement

El peor partido de tu vida.

— El peor. Al final, corro hasta la fábrica. “Terminó. 7 a 2.” “Resumime un poquito para hacer un comentario.” “¿Resumir qué? ¿El partido? Si no lo vi. Estoy corriendo desde que arrancó.”

Entrevista de Luciana Rubinska a Marcelo Tinelli

Quiero volver un segundo a tu papá. En una de las declaraciones vos dijiste: “Yo a mi papá lo quise como era.” ¿Creés que tus hijos te quieren como sos?

— Sí. Si me preguntás qué es lo mejor que sentís que sos, yo te diría papá. Ahora, si le preguntás a mis hijos, no sé. Pero siento que me quieren como soy, con las diferencias que muchas veces tenemos. Porque Lolo, el chiquito, también es cuestionador. Está todo bárbaro. Y me encanta porque a mí me gusta discutirles un poco.

Advertisement

¿Y fuiste distinto papá en tus distintas crianzas?

— Total. Distinto papá, distinta pareja, distinto marido. Son las épocas también. Mica y Cande me dicen siempre: “A nosotras nos tenías cagando, papá”, con lo del boletín. Con Fran y Juani no tanto. Y Lolo…

…Lo dejás faltar al colegio para ir a ver un partido de fútbol.

Advertisement

— No, lo saco antes. Y me dice: “¿Qué, hoy no me vas a sacar para ver PSG-Bayern?» Y sí, me pasa eso. Uno era más estricto y después en un momento decís: “Pará, ya está.” Nadie es perfecto. Todos tenemos cosas buenas, cosas malas.

¿Y eso de criar distinto hizo que entre ellos pueda haber algunas rispideces?

— Sí, sí, sí, pero siempre tiene que ver también que al ser una persona pública, todo tiene una trascendencia diferente. La gente te conoce, entonces hay un juicio sobre vos, bueno o malo. Hoy está el tema del hater o no hater, que me parece muy válido.

Advertisement

¿Mirás mucho lo que dicen de vos?

— No miro mucho los comentarios, pero es muy válido que una persona pueda pensar distinto. Podemos ser amigos pensando diferente. Yo puedo ser papá pensando diferente. Yo no me animaba a ser diferente a mi papá, porque era otra época. Y lo amo como fue, con todo lo bueno y lo malo. Hoy cuando hice la maratón ayudando al hospital de Bolívar, decía: “Mirá si hubiéramos tenido este hospital en ese momento, por ahí a mi viejo lo hubiéramos atendido acá.” Pero no volaba una mosca cuando entraba mi papá. Hoy entran cóndores en casa. Pero a mí me gusta que sea así. Me gusta que el otro me diga: “No estoy de acuerdo.” No estamos acostumbrados al que piensa diferente. ¿Por qué tenemos que pensar todos iguales?

Un poco cuando se analiza la política nacional también se establece eso, ¿no?

Advertisement

— Sí, te metés ahí. Y con los chicos te digo, yo era mucho más exigente con mis dos primeras hijas que lo que fui después.

Hablando de la exigencia, también dicen muchos excompañeros tuyos que eras muy estricto. ¿Hay que ser muy exigente para ser número uno?

— A mí naturalmente me sale ser muy exigente en todo lo que hago, aun equivocándome. Lo importante es el azar, aunque te equivoques. Hacelo, el intentar. Yo siempre tengo esa frase de Luis Enrique: “¿Perder? No hay perdedores. Dos finalistas de la Champions, no hay perdedores. El único perdedor es el que no lo intenta.” ¿Cuál es tu miedo?, le digo a mis hijos. Suponiendo: volar. Volá, andá a volar con un avión. Y atravesalo, porque el día que lo atravesás, ya está. Todo está acá (se señala la cabeza). El noventa y pico por ciento son cosas que tenemos en la cabeza. Tirala afuera, pero pateá al arco. Hay personas que analizan, son opinadores en general, y otras son los que hacen. Debe haber sido porque tuve que hacer de papá y de mamá hasta con mis propios padres.

Advertisement

— Registrás al otro.

— Sí, me pasa la cosa de la atención. Correrte la silla. Y con mis hijos me pasa lo mismo. El amor de un padre hacia un hijo es total, absoluto. El de los hijos a los padres no es tan correspondido a cierta edad. Tampoco les podés estar reclamando.

Recién hablabas de volar. ¿Es cierto que alguna vez soñaste con ser piloto?

Advertisement

— Me encantaba. Pensá que hice la colimba en Fuerza Aérea. Cuando tenía diecinueve años, dejé el fútbol. No se perdió un gran jugador, pero sí un defensor, un metedor. Me agarró la colimba, número 807. Me tocó la Primera Brigada Aérea de Palomar, escuadrón de los aviones F27. Manejaba los planes de vuelo. Y los pilotos me llevaban a volar. Después dije: “Está bueno ser piloto, pero nah.” De más chico quería ser astronauta. “Basta, bajá.” Me hace acordar la canción de Ricky Martin, Asignatura pendiente: “Por vivir en el cielo me olvidé que en el suelo se vive mejor.” Esa cosa, no quiero el cielo tanto.

Con los pies en la tierra.

— Y, porque también la fama va haciendo que otras personas se apropien de un lugar que no es suyo. “Al astro no lo jodan, a este no lo jodan tanto.” Hay un montón de cosas que no son así.

Advertisement
Entrevista de Luciana Rubinska a Marcelo Tinelli
«La fama va haciendo que otros se apropien de un lugar que no es suyo», sostiene Tinelli

¿Sentiste en algún momento que te desconectaste de la realidad de tanta fama?

— Sí, no sé si me desconecté, pero evidentemente algunas cosas me tomaron de sorpresa. Hemos cometido doscientos errores y puedo haber estado desconectado de algunas cosas. Yo te decía antes: “El pelo rosa, desastre.” Pero sentía que era un homenaje a Leo, que venía del mood Catar: “Se va a volver loco cuando me vea.” Y nada, ni lo miró. Era por la camiseta del Inter de Miami. Sí fue desconexión de la realidad.

Digo, de la vida de la gente.

— No, eso nunca. Yo trato de darme cuenta. Creo que tengo más errores que aciertos, pero trato de estar. Yo cuestiono a gente por su argentinidad: “te falta mate, te falta asado, te falta locro.” Soy de estar con lo que necesita el otro. Yo era el de armar las grandes mesas. Hoy, te digo, tengo más ganas que me inviten a otra mesa.

Advertisement

Como empresario, ¿cómo ves la Argentina?

— Para mí, en diferentes momentos, casi siempre terminamos discutiendo por lo mismo los argentinos. Lo que te puedo decir hoy aplicaba hace cuatro años. Y yo creo que es un tema que tenemos desde hace mucho tiempo, por lo menos desde que conseguimos el sistema democrático, que no hay otro, hasta acá no vi otro mejor.

— Hoy hay, dentro de un sector del empresariado, un reclamo muy fuerte de, por ejemplo, pedir la baja de impuestos para que la industria textil sea competitiva.

Advertisement

— Mi hija tiene Ginebra, por ejemplo, que está costando muchísimo. Pero me voy a ir un poco más allá. Todo esto no es de hoy. La Argentina viene con un tema de siempre estar de un lado o del otro, entonces nunca nos ponemos de acuerdo en cosas básicas. Desde Alfonsín para acá, siempre tenemos esa cosa de qué lado estás. Siempre nos está faltando algo. En vez de mirar lo que tenemos, siempre estamos criticando lo que no tenemos. Y esto es eterno. Cuando yo arranqué en Videomatch, el dueño de Telefe era muy amigo de Carlos Menem. Jugué varias veces en la Quinta de Olivos. Me decís: ¿eras menemista? No sé. Y después vino De la Rúa y se tragó la escenografía.

— Por ahí es impensado que pudieses hacer un programa de ese estilo con los políticos, como la casa de los políticos.

— Siempre había como una molestia de algo con cada gobierno. Con De la Rúa porque se tragó la escenografía. Con Kirchner, porque Bossi imitaba a Cristina y se calentó. Después apareció Macri. No, porque Macri era tu amigo, pero no le diste el lugar, entonces se calentó Macri. Con Alberto Fernández, sí, pero le dijiste López Rega del kirchnerismo. Nada, pero después Alberto te llamó amigo. Siempre es como que tenés que estar de un lado. Milei habla con vos, ¿no? La mayor falencia que tenemos los argentinos es no escucharnos. No queremos escuchar al otro. Vos pensás diferente, a mí me gusta el blanco, bueno, pensá diferente, te quiero escuchar. ¿Cuál es el problema?

Advertisement

¿Por qué cuesta tanto?

— A mí me gusta pensar en las personas que menos tienen, que la deben estar pasando mal siempre, históricamente. Si eso está mal visto políticamente, no sé. Yo prefiero siempre pensar en eso. Me encanta ver el Obelisco, pero me gusta también pensar en las personas a las que les falta.

¿Creés que personalidades como la tuya pagan un costo muy alto cuando quieren pensar en la gente, independientemente del Gobierno Nacional? En su momento te pasó con el gobierno de Alberto Fernández y con lo que fue la Mesa del hambre.

Advertisement

— La Mesa del hambre fue algo que me enorgulleció, porque me llamaron por el trabajo de la fundación. Acción Social vio una fundación que hacía cosas por la Argentina, no por una desgravación impositiva. Donábamos mi tiempo, esfuerzo, hospitales, lugares para chicos con capacidades diferentes, comedores. Me llamaron por eso. Yo salí de una reunión con el auto y hablé con todos los periodistas, pero no era la cara de la Mesa del hambre, pero es más fácil decir eso. Al contrario, si hay que poner otra Mesa del hambre, no importa quién la convoque, yo estaría también. Si no, estamos siempre viendo quién es la persona y a partir de ahí vemos qué comentario hacemos. Hoy las industrias y los puestos de laburo son muy difíciles. Tenés que hacer malabares para conservarlos. El otro día leía que para una fábrica había una cola de no sé cuántas cuadras.

— Era una fábrica que iba a tomar a sesenta empleados. Había cuatro mil personas. Filas y filas, se quedaron con lluvia, con todo, porque querían el trabajo.

— Es la parte de los números. ¿Qué medimos? Falta laburo. Hay una crisis mundial laboral también, pero acá está faltando un poco. Y antes teníamos un Estado que por ahí era demasiado grande. No nos ponemos de acuerdo. No es barrer con todo. Es como todo o nada.

Advertisement

— ¿Te gustaría vincularte a la política más fuertemente en algún momento?

— No me interesa. Para nada me interesa meterme en la política.

— ¿Y volver a la televisión?

Advertisement

— Volver a los medios. Hablar de televisión me suena como una ventana dentro de todas las que hay. La televisión me encantaría, pero hay un montón de ventanas hoy donde uno puede hacer lo que tiene ganas. Por ahí algunas cosas en la tele se me hacen más difíciles. Por ahí un concepto más cómodo, tipo streaming. Pero el rey siempre es el contenido. Las ventanas pueden ser tremendas, pero el contenido es lo que importa. Después, obvio que tenés líderes en cada lugar. Telefe es líder en la televisión. Infobae es líder en los portales de todo el mundo de habla hispana. Luzu es líder, junto a Olga, en los streaming de vivo. Pero después hay un mundo de YouTube que está atrás que es impresionante.

— ¿Creés que peligra la televisión como medio más importante?

— No, la televisión no puede peligrar nunca. Están haciendo una medición diferente, que eso me parece muy importante. Una cosa es YouTube que puede tirar millones de visualizaciones, nosotros venimos con tres puntos de rating y decís: no es nada. Habría que medirlo en miles. Cuando los anunciantes vean cuántos millones ven la tele, van a creer más en ella. Lo que más aprendo es mirando a Lolo cuando ve ese aparato que para nosotros es la tele. ¿Qué ve ahí? Fútbol y después YouTube. Me pasó este verano: me dice “Alejo Igoa.” Guau. Y en un momento veo que dice veinticinco millones en un video. Y el canal: ciento diez millones. ¿Y él quién es?, le digo. “Alejo Igoa. Papá, es el más groso, es argentino.” Entonces empiezo a tener contacto con Alejo Igoa, que después nos invitó al Movistar Arena. Hacía diez Movistar Arena. Y me lo mostró Lolo.

Advertisement
Entrevista de Luciana Rubinska a Marcelo Tinelli
En su entrevista con Luciana Rubinska, Tinelli dio su 11 ideal en el fútbol

¿Cuál es tu once ideal?

— La delantera: Messi, porque juega de puntero derecho, Maradona y Pelé. El arquero: Neuer. La defensa: Cafu, Beckenbauer, Maldini y Roberto Carlos. En el medio: Zidane por derecha, Xavi y Cruyff.

— ¿Y el entrenador?

— Para mí el mejor hoy del mundo es Luis Enrique. Palo y palo con Guardiola. Escuela española. Luis Enrique tiene un concepto de fútbol donde vos ves sus charlas y es todo. Y ahí tenés a Ancelotti, una eminencia. Y yo digo Brasil, nadie lo está viendo todavía. Agarrá los jugadores que tiene. Los centrales solos ya son dos que van a jugar la final de la Copa del Mundo. Tiene buen equipo Brasil. Que nadie lo da.

Advertisement

— De nuevo: ¿Argentina es candidata para vos?

— Yo siempre digo: no, para mí el gran candidato es Francia. Porque googleás Francia y todo lo que termina en e son tremendos. Después tenés todo lo que termina en i: Gavi, Pedri, que también tiene un equipazo. Los muchachos españoles… Entonces decís: para mí Argentina es candidato, pero bueno.

Retomando lo que has sido como jefe, como ojeador. Algunos dicen que les sacabas lo mejor a muchos, a muchas figuras que después siguieron triunfando. ¿Qué les ves? ¿Qué les exigís?

Advertisement

— A mí me parece siempre que el todo es más importante que la individualidad. Para mí Videomatch era un equipo. Funcionaba como equipo. “No toco yo la pelota.” No, pará, no es tu función tocarla en ese momento. Hay un montón de notas que no van al aire. Muy importante que vos estés acá con las mismas ganas, porque es un equipo. Todos formamos un equipo. Si va la nota de Luciana y no va la nota de Marcelo, no nos enojemos.

¿Hay que ser muy exigente para potenciar una estrella?

— No me daba cuenta. Me salía naturalmente. Seguramente saqué estrellas y seguramente algún estrellado también. Exigía por mi manera. Vos me decís “exigente”. No me siento tan exigente, pero por ahí era un rompehuevos, perdón. Es según como lo mire cada uno.

Advertisement

¿Qué pensás de Mario Pergolini, que dijo que se iba a ir de la televisión, que no iba a volver, y ahora no solo que volvió sino que hace un éxito?

— Primero, chapeau. Uno no puede quedar preso de sus palabras. Nadie resiste un archivo. Celebro que Mario Pergolini esté en la tele, celebro que esté en los medios. Es una persona valiosísima. Y no porque yo lo conozca de chico, porque casi empecé con él, en el arranque de la Rock & Pop, lo que fue Daniel Grinbank, todo, yo tenía mucho que ver también ahí. Eran los comienzos de todos nosotros.

¿Sentiste que fueron rivales televisivos?

Advertisement

— Él se ponía como rival televisivo mío, pero está bueno. A mí me motivó mucho y le agradezco, porque gracias a él nosotros elevamos la vara de Videomatch. Apareció Mario Pergolini con La Teve Ataca, en el mismo horario que nosotros. Éramos los campeones del año anterior y tuvimos que adaptarnos. Yo estaba descansando en Punta del Este y vino Gustavo Yankelevich: “¿Viste lo de Pergolini?» Y ahí me puse a trabajar mucho ese año. También hizo Hacelo por mí. Dije: “Guau, me tengo que poner a laburar.” Ahí hay otro que te exige. Y lo valoro. Después nos encontramos en la puerta del colegio de n uestros hijos y dije: “No puedo estar mal con él.” Yo lo valoro mucho y a mí me hizo levantar la vara.

— Marcelo, estás muy identificado con San Lorenzo. Con tu gestión, fue campeón de la Copa Libertadores por única vez hasta hoy día.

— El gran sueño de mi papá era ese. Yo viví la juventud con todos mis amigos diciéndome: “Vos sos de San Lorenzo, no tenés Libertadores.” El día que ganamos la Libertadores no me voy a olvidar más. Me abracé con mi hijo Francisco. Bajé al campo, lloraba como nunca lloré en mi vida. Me acordaba mucho de mi papá. En el momento de las medallas, estaba el Pipi con la copa. Y en un momento me vino uno: “Dirigente, tomá vos la medalla.” Lo miré a mi hijo y en ese momento vi la cara de mi papá en la cara de Francisco, que se parece mucho a él. Y agarré la medalla y le dije: “Tomá, es tuya.” Me largué a llorar y se acabó la…

Advertisement

¿Volverías a dirigir, a ser dirigente de San Lorenzo?

— Volvería a jugar a San Lorenzo siempre, siempre. Creo que el no hablar en su momento fue un error. No haber dicho todas las cosas que hice, las obras, la plata que doné. Entonces, que por ahí vaya mi hijo y no pueda acompañarlo yo, me da pena, mucha pena.

— Te duele.

Advertisement

— Sí, porque no quiero que pase un mal momento por alguno. Yo fui una de las personas que llegué a comandar San Lorenzo con Matías Lammens. Lo primero que hice fue llamar a Carlos Abdo, que era el que se había ido antes. “Vení, Carlos, tenés tu palco. Vení vos. Yo te quiero abrazar delante de toda la gente”. Basta de esta pelea. Yo siempre quise que San Lorenzo estuviera allá arriba. Para mí nuestros rivales eran Boca, River, el Real Madrid. Llevarle la copa al Papa. Fuimos dos veces. Estoy muy feliz de todo lo que hice en San Lorenzo y lo volvería a hacer otra vez.

La última. ¿Estás en pareja?

— Sí, estoy empezando una relación, conociendo a alguien, una mujer divina, que me hace mucho bien y siento que nos estamos haciendo bien. Estamos en el arranque de algo. Una linda relación.

Advertisement

Dicen los rumores que tu celestina fue Pampita. ¿Es verdad?

— Nunca Pampita fue celestina mía de nada. Me hubiera encantado: “Dale, tirame un centro, maestra.” Nada. Pero sí, en este caso es conocida de Caro.

¿Y se puede saber cómo la conociste?

Advertisement

— La celestina fue una amiga de Caro. Sí, estaba Caro ese día. Pero le faltó arranque ahí a Pampita. Me parece que la amiga hizo más fuerza.

¿Pero cómo es eso?

— Son cosas. Presentaciones. Sí, estaba solo. Te doy a conocer a tal amiga. En un momento se dio. Y estamos comenzando algo y estoy muy contento.

Advertisement

¿Qué te sedujo?

— Un montón de cosas, pero vamos a dejarla para… La estoy conociendo y me da un poco de pudor estar hablando tanto.

¿Te queda algún sueño por cumplir?

Advertisement

— Muchos.

¿Cuál? Uno, decime.

— Déjame soñar esta noche y mañana te lo digo.

Advertisement

Fotos: Gustavo Gavotti

Advertisement
Continue Reading

Tendencias