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El Masters de Roma, entre el mármol y la modernidad: la historia de un torneo con una identidad única

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Una postal del Masters de Roma este miércoles, durante el cruce entre el británico Jacob Fearnley y el francés Giovanni Mpetshi Perricard (Fuente: REUTERS/Claudia Greco)

Hay torneos que nacen con identidad. Y hay otros que la van construyendo, con los años, con los cambios, con la historia que los atraviesa.

El Imperio, la Loba, Rómulo, Remo, César, el Duce, la República, Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Jannik Sinner, el polvo de ladrillo y la Vía Apia confluyen en un lugar. Y todos los caminos conducen a Roma.

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El Abierto de Italia no es únicamente un torneo de tenis: es un escenario donde conviven deporte, historia y arquitectura como en pocos lugares del circuito. Aunque hoy resulte inseparable de Roma, el torneo no comenzó allí. El primer capítulo se escribió en Milán, en 1930, antes de trasladarse rápidamente a la capital italiana.

El cambio no fue casual. En aquellos años, el deporte formaba parte de una idea de país, de una construcción política: era utilizado por Benito Mussolini como herramienta política y símbolo de grandeza nacional.

El complejo que se aprestaba a recibir al torneo había sido inaugurado en 1932 bajo el nombre de Foro Mussolini, en pleno auge del régimen fascista. Con el tiempo, ese nombre mutaría para llamarse, simplemente, Foro Itálico, el mismo con el que hoy se sigue reconociendo a la casa del torneo.

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El cambio de nombre significó también un cambio de época, pero las estructuras estaban firmes y permanecieron para dar su impronta de mármol, historia y supervivencia.

Hay algo en Roma que no se puede replicar en ningún otro torneo. No tiene que ver con la superficie, ni con la altura, ni siquiera con el público. Tiene que ver con el escenario.

El Foro Itálico no es sólo un complejo deportivo: es un espacio cargado de historia, atravesado por una estética que responde a otro tiempo. El racionalismo italiano está ahí, en cada detalle, en cada una de las imágenes que se alzan en el predio.

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Las estructuras originales, el Estadio de los Mármoles y la pista Pietrangeli se transformaron en los mayores supervivientes. Sobrevivieron a todo: a los cambios políticos, al paso del tiempo e, incluso, a la guerra. Fueron preservadas como parte del patrimonio arquitectónico italiano.

El auge del deporte, impulsado como herramienta política de superioridad y poderío, se vio frenado por la guerra. Desde mediados de los años 30 hasta el final del conflicto, el ahora Masters de Roma dejó de disputarse.

En ese lapso y contexto, el Foro Itálico tuvo otros usos. Las instalaciones fueron adaptadas a las necesidades del momento y con funciones muy alejadas del tenis. Cuando todo terminó, hubo que reconstruir y el predio recién volvió a utilizarse en 1948, pero no precisamente para jugar tenis. Del 24 al 26 de septiembre de ese año, el estadio Pietrangeli fue sede del campeonato europeo de vóleibol masculino.

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Una vista del estadio central del Foto Itálico durante la final entre Jasmine Paolini y Coco Gauff, en 2025 (Fuente: REUTERS/Alberto Lingria)
Una vista del estadio central del Foto Itálico durante la final entre Jasmine Paolini y Coco Gauff, en 2025 (Fuente: REUTERS/Alberto Lingria)

Las estructuras no estaban muy dañadas, pero Italia recién estuvo preparada en infraestructura y emocionalmente para volver a recibir tenis allí cuatro años después de culminada la Segunda Guerra Mundial. En 1949, el Foro Itálico fue escenario de una serie de Copa Davis entre Italia y Yugoslavia. Fue la competencia que le abriría la puerta al regreso del torneo al año siguiente. Desde entonces, no se movió más.

Roma mantuvo su lugar sobre ese suelo rojo anaranjado que define y caracteriza a la gira europea de canchas lentas que desemboca en Roland Garros, segundo Grand Slam del año.

Pero el del Foro Itálico nunca fue un torneo más dentro de esta mini temporada: siempre tuvo algo distintivo, una atmósfera particular, un ritmo propio. Se las ingenió en los 90 para atraer a las figuras que no eran muy afectas a esta superficie y que, sin embargo, solían llegar a la otrora capital del imperio, como lo hizo Pete Sampras, quien conquistó el torneo en 1994, aprovechando que la velocidad de la superficie no era tan lenta como el resto. Pistol Pete consiguió en Roma uno de los tres títulos sobre polvo de ladrillo de su carrera: Kitzbühel 92 y Atlanta 98 fueron los otros dos.

Sin embargo, en los últimos años del siglo pasado, eso empezó a cambiar. La organización ajustó la preparación de las canchas y buscó hacerlas más lentas, para hacer un circuito más homogéneo y parecerse más a las de París.

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Para ese momento, el torneo ya contaba con una nueva cancha central, que casi duplicaba en butacas a su antecesora y la dejaba, con sus estatuas, en segundo lugar.

Allí Rafael Nadal ganó 10 títulos y lidera el listado de campeones del torneo: lo sigue Novak Djokovic con seis. En 2005, el español inauguró su historial de trofeos en el Foro Itálico con una inolvidable final ante Guillermo Coria que se extendió durante cinco sets y más de cinco horas.

A lo largo de la historia, el tenis argentino obtuvo 10 títulos en el Masters de Roma: Gabriela Sabatini festejó cuatro veces, mientras que Guillermo Vilas, José Luis Clerc y Alberto Mancini lo hicieron en una ocasión.

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Dentro del Foro Itálico hay una cancha que resume mejor que ninguna esa mezcla que se produjo con las innovaciones necesarias para sostener a este torneo: el estadio Pietrangeli.

El Estadio Pietrangeli en Roma (Fuente: Reuters)
El Estadio Pietrangeli en Roma (Fuente: Reuters)

Inaugurado en 1934 con el nombre de Stadio Olímpico della Racchetta, fue sede del match de Copa Davis entre Italia y Suiza. Un año más tarde cambió la denominación a Stadio della Pallacorda, con el que permaneció hasta 2006, cuando se rindió homenaje al mejor tenista italiano hasta ese momento, Nicola Pietrangeli.

Es una de las joyas del tenis mundial y se debate entre la tradición y la modernización, lo estético y el pragmatismo. Considerada una de las canchas más lindas del planeta, rodeada por 18 estatuas de mármol de Carrara que fueron esculpidas por Eugenio Baroni antes de su inauguración, excepto la escultura denominada Lanciatore di palla vibrata, realizada en 1942, por Domenico Ponzi.

En los últimos años, el estadio Pietrangeli sufrió modificaciones importantes. Se ampliaron las tribunas para aumentar la capacidad y se agregaron estructuras superiores que desataron una polémica inevitable, porque las nuevas gradas tapan parcialmente a las estatuas y, de esta manera, alteran la estética original, cambiando la apariencia de un estadio que parecía intocable.

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El torneo fue creciendo, el tenis fue cambiando y los jugadores presionaron con sus reclamos por mayores comodidades. Todo esto obligó a ampliación de espacios y, entonces, llegaron las reformas. La tensión entre tradición y modernización atraviesa hoy a todo el torneo.

Una de las estatuas que distinguen al estadio Pietrangeli (Fuente: REUTERS/Guglielmo Mangiapane)
Una de las estatuas que distinguen al estadio Pietrangeli (Fuente: REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

El Estadio Central fue remodelado de manera profunda en 2010 para cumplir con los requisitos exigidos por la ATP y conservar la categoría de Masters 1000. Desde entonces, el Foro Itálico no dejó de expandirse.

La edición 2026 marca otro punto de transformación. El torneo, consolidado desde hace años en un formato de dos semanas, duplicó el tamaño del predio y pasó de 10 a 20 hectáreas. Actualmente cuenta con 21 canchas entre competición y entrenamiento.

Además, el SuperTennis Arena, con capacidad para 3.000 espectadores, ya se instaló como el tercer estadio en importancia dentro del complejo.

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Los próximos pasos apuntan todavía más alto. Entre 2027 y 2028 se proyecta la instalación de un techo retráctil en el Estadio Central, en línea con las reformas que ya realizaron otros grandes torneos al aire libre para minimizar las interrupciones por lluvia.

Sin embargo, más allá de las obras y los cambios, Roma conserva algo difícil de explicar. Una atmósfera propia.

El ruso Daniil Medvedev lo resumió alguna vez al describir el ambiente del Foro Itálico: la cercanía del público vuelve los partidos más intensos, más cerrados y más ruidosos.

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Esa sensación atraviesa cada rincón del torneo. Porque Roma cambió, se expandió y se modernizó. Pero incluso en medio de esas transformaciones, nunca dejó de ser Roma.

Una postal del estadio central del Foro Itálico (Fuente: REUTERS)
Una postal del estadio central del Foro Itálico (Fuente: REUTERS)



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La pizarra de Vicente Muglia: así juega España

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07/05/2026 11:33hs.

Los antecedentes inmediatos sitúan a la selección de España en el pequeño y selecto lote de grandes favoritas a ganar el Mundial. Campeona de la Nations League 2023, de la Euro 2024 y finalista de la Nations League 2025, se clasificó a esta Copa del Mundo prácticamente caminando en su grupo. Arrastra un imponente récord de 31 partidos oficiales invicta por lo que Luis De la Fuente, el capitán de este barco, intentará llegar a buen puerto en esta Copa del Mundo y cumplir con las expectativas que hay en su país.

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Un llamado de atención

Existen casos de varias selecciones que llegaron como grandes candidatas a un Mundial pero no lograron consagrarse. Será crucial para dicho objetivo ver cómo arriba España no tanto en cuanto al funcionamiento sino principalmente a la condición física del plantel. Hay varios tocados o que no están en su plenitud en ese aspecto.

Mikel Merino, por ejemplo, fue muy importante en las Eliminatorias por juego y goles, pero está en duda su presencia: no juega desde enero por una fractura en el pie derecho y recién esta semana volvió a realizar ejercicios de campo. Fabián Ruiz, otra pieza valiosa que juega en el mismo puesto que Merino, reapareció hace pocos partidos en el Paris Saint Germain y está en pleno proceso de recuperar ritmo de juego. Y el caso que más preocupó fue el de Lamine Yamal, el distinto, quien trabaja para intentar llegar de la mejor manera al inicio del Mundial tras su reciente lesión muscular.

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La lesión de Lamine Yamal, el crack de esta selección de España, preocupa. ¿Llegará diez puntos al Mundial?

A ese problema de lesiones se le suma el caso de algunos futbolistas que bajaron su nivel en este 2026: Robin Le Normand, titular en casi todas las Eliminatorias, perdió su puesto en la zaga del Atlético de Madrid; Dean Huijsen, otro que jugó bastante con De la Fuente, recibe críticas por su actual rendimiento en el Real Madrid; Dani Carvajal, clave como referente del plantel, no logra recuperar continuidad en el Merengue tras su larga lesión como para luchar por un lugar entre los 26.

Pese a esos contratiempos, España no baja sus pretensiones. Su fortaleza es el juego colectivo por encima de las individualidades. En cuanto al funcionamiento, desde el 2023 para acá viene demostrando un alto nivel. Con el tradicional Juego de Posición que hizo famoso Pep Guardiola con su Barcelona, la selección español basa su poderío en la estructura, en el orden de juego, en ese 4-3-3 que usa para ocupar racionalmente los espacios y encontrar los huecos para atacar y lastimar. Le gusta la posesión pero tampoco exagera. Si la tiene y ve un hueco, acelera. Con los pases de Rodri en el círculo central, con el volumen de juego que aporta Pedri y con un equipo que se mueve al compás de una melodía estudiada y bien llevada a la práctica, España te va sometiendo desde el control hasta dominarte por completo.

El efecto Lamine

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Pero a ese brillo colectivo se le suma, como si no alcanzara, el desequilibrio de sus extremos para jugar 1vs1. En los mano a mano, Nico Williams y, sobre todo, Lamine Yamal, ganan más de los que pierden. En esos duelos es donde España termina de volcar esa superioridad colectiva a su favor. Cuando la pelota va a las bandas, algo parece que siempre va a pasar. En muchas ocasiones, los rivales, alertados de esa virtud, doblan la marca por fuera. Pero eso genera peligrosas filtraciones por dentro. Y ahí están los Pedri, Fermín y Oyarzábal, clave en su rol de 9, para aprovecharlas.

Ojo. Los extremos de España son los desequilibrantes. Pero muchas veces también representan la debilidad de la selección en la fase defensiva. En todo 4-3-3, la función de los wines sin la pelota es vital porque es necesario que retrocedan para acompañar el adelantamiento de los laterales rivales. Como es lógico, a los tres mediocampistas no se les hace fácil cubrir el ancho del campo. Y cuando Lamine y Nico no vuelven o lo hacen sólo para tapar un espacio en lugar de tomar una marca y defender, España ahí se vuelve más vulnerable.

Video: España en la pizarra

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El análisis del seleccionado español de cara al Mundial 2026.

El resto del equipo

En el arco no hay dudas. Al menos para De la Fuente. Unai Simón devolvió con buenas actuaciones la confianza del DT pese a que un sector de la prensa y del público español pide en su lugar a David Raya, de muy buena temporada en el Arsenal inglés.

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Unai Simón le rindió a De la Fuente pese a la presión en España para que ataje David Raya.Unai Simón le rindió a De la Fuente pese a la presión en España para que ataje David Raya.

La línea defensiva tendría a Marcos Llorente como lateral derecho, por encima de Pedro Porro y del mencionado Carvajal que hoy parece más afuera que adentro. La dupla central la integrarían Pau Cubarsí y Aymeric Laporte. Y para el lateral izquierdo es una fija Marc Cucurella.

El volante central durante las Eliminatorias fue un Martín Zubimendi que mostró un alto nivel. Sin embargo, el dueño del puesto es Rodri, ya recuperado de la lesión que lo dejó tantos meses fuera de las canchas. El interior derecho, un indiscutido como Pedri. Y por la izquierda lo dicho: con Merino casi afuera, se verá si Fabián Ruiz recupera su mejor versión tras su inactividad. Si no, la alternativa ahí es Fermín.

Adelante, Lamine sobre la derecha y Nico por la izquierda, los dos a pierna cambiada listos para meter diagonales al área. Y el 9, hombre clave en el proceso de De La Fuente, un Mikel Oyarzábal que no defrauda para unirse a los extremos, a los interiores que llegan y ser un elemento más de un engranaje que hace de España un equipo protagonista en cada partido. ¿Cumplirá los pronósticos?

El grupo de España en el Mundial

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El conjunto español integra el grupo H en la primera fase del Mundial 2026. Estos serán sus tres partidos:

15 de junio vs. Cabo Verde (Mercedes Benz Stadium, Atlanta)

21 de junio vs. Arabia Saudita (Mercedes Benz Stadium, Atlanta)

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26 de junio vs. Uruguay (Estadio Akron, Zapopan)

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Henry se rinde a Guardiola: “Cambió por completo mi manera de entender el fútbol”

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Thierry Henry volvió a mostrar su admiración por Pep Guardiola con unas declaraciones en las que explicó el profundo impacto que tuvo el técnico catalán en su carrera y en su visión del juego.

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Por segundo año consecutivo: PSG venció 1-0 a Bayern y jugará la final de la Champions League

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PSG a la final de Champions. Foto: EFE

Exageradas las expectativas del 5-4 en la ida, el partido de vuelta en Múnich fue distinto, menos ofensivo, alejado de la locura, condicionado desde el gol de Dembele a los dos minutos y 20 segundos y manejado por el París Saint Germain, que también demostró su destreza defensiva, hacia la final de la Champions League contra el Arsenal, más allá del 1-1 al final de Harry Kane.

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El vigente campeón, de nuevo en la final. Su exhibición del 0-5 al Inter de hace un año latente, en la memoria eterna de la máxima competición europea, ahora camino de Budapest, el sábado 30 de mayo en el Puskas Arena, para enfrentar su siguiente desafío. Lo aguarda un rival que no le dará tantos espacios. Otro registro. Está más que preparado.

Apoteósica y admirada la ida en el Parque de los Príncipes de hace una semana, con el descomunal 5-4, debatida después por las concesiones defensivas, la vuelta demostró que el París Saint Germain no es sólo ataque y pegada, es mucho más, es un equipo que también sabe disputar otro tipo de duelos, incluso aplacar al Bayern y reducirlo de forma indudable, sin las ocasiones ni las opciones que se presupone de su tremendo nivel.

El saque de centro fue una declaración de intenciones del Bayern. La primera posesión del París Saint-Germain también. Igualmente, la primera incursión de Doué o la primera conducción de Michael Olise, como también el nivel de fricción alto que iba a permitir el árbitro Joao Pinheiro. Pero, por encima de todo, la pegada tremenda del PSG en el 0-1.

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Kavaratskhelia, cuyo partido fue imponente, se vio solo, atravesado ya el medio campo rival, en velocidad, con un mundo por delante por descubrir, cuando conectó en la pared con Fabián Ruiz, titular en el esquema de Luis Enrique, orillado a la izquierda en ataque, concluyente en cada pase y motor esencial de la jugada que activó el primer gol, conducida por el extremo georgiano.

Ya todo fue fácil para él, inalcanzable para Upamecano. Pase y gol de Dembele, cuya contundencia en el remate fue absoluta. Dos minutos y 20 segundos tan solo de juego.

Y dos goles de ventaja en la eliminatoria para el PSG. Más convicción, más tranquilidad, para el vigente campeón. Más difícil todavía para el Bayern, reprimido en sus mejores destrezas, cuando corre con el balón, cuando gira en torno a Harry Kane, cuando juega Jamal Musiala, cuando desbordan Olise y Luis Díaz, conectados en la primera ocasión cuando Nuno Mendes bloqueó providencial el remate al que acudió el extremo francés.

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La cantidad de registros que maneja el PSG de Luis Enrique, la movilidad (y la libertad trabajada) por la que se mueve cada pieza en el terreno, la precisión y la calidad de sus futbolistas y el vértigo ágil de sus extremos hacen al conjunto parisino un equipo indefendible por momentos, tan imperceptible para el rival como rutinario para él mismo.

Pero el Bayern también tiene un aspecto imparable cuando funciona como la máquina ofensiva que ha creado Vincent Kompany. No lo logró este miércoles, por los méritos de su oponente, salvo alguna aparición de Luis Díaz u Olise. Desde la ambición, la conducción y la habilidad del extremo colombiano, el Bayern creció por momentos, aún distante del gol, demasiado lejos, por el que se postuló primero Olise con una de sus jugadas clásicas, su zurda, su rosca… Fuera. Un aviso. Demasiado inconstante.

Rebajada la locura de la ida, más controlados los riesgos por el PSG, con y sin balón, contenido el conjunto alemán en los últimos metros, siempre todo bajo presión, dos jugadas agitaron Múnich. Dos manos en dos minutos, cuando el encuentro sobrepasó la media hora. Una de Nuno Mendes, con tarjeta amarilla ya antes, y otra de Joao Neves dentro del área, cuando el despeje de Vitinha golpeó en su brazo extendido. Polémica.

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La primera la solventó el colegiado con la señalización de una mano previa de Laimer. La segunda no mereció ni su determinación ni la intervención del VAR, entre la indignación de Vincent Kompany, gesticulante y enfadado, y sus futbolistas, que rodearon al árbitro. Justo después, sin embargo, fue Neuer quien salvó el 0-2 en un cabezazo de Joao Neves, como también lo hizo Safonov al borde del descanso en la primera aparición de Musiala.

La defensa en Múnich del PSG, siempre elogiado por sus ataques, tuvo muchísimo mérito. No está al alcance de casi nadie controlar el encuentro como lo controló en el abarrotado Allianz Arena. Ni dejar en tan pocas oportunidades, apenas sin desborde, a un equipo como el Bayern, que insistió y chocó contra un bloque rocoso, concentrado, solidario, capaz de protegerse sin el balón y, sobre todo, ganador. Las mejores ocasiones del segundo tiempo fueron suyas. Pudo ganar por más. Y, sin embargo, empató Harry Kane en el minuto 94. Muy tarde. Otra final espera al PSG. Es el vigente campeón. Y el favorito.
 

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