DEPORTE
La MLS intenta revolucionar el fútbol con la duración de los partidos

La MLS ha aumentado su valor con el desembarco de las grandes estrellas y ahora busca (una vez más) cambiar totalmente la manera en que se juega el fútbol, en esta ocasión intentando implementar la pausa del reloj de juego durante los tiempos muertos del partido, tales como saques de banda o pausas por atención médica.
Pero no se queda solo en una idea, sino que es una propuesta real que la liga estadounidense ha barajeado con la IFAB (International Football Association Board), encargada de revisar las reglas del juego, y no la ha descartado para poner en prueba.
El vicepresidente ejecutivo de la MLS, Ali Curtis, compartió para el diario británico, The Guardian, que se están llevando a cabo «pláticas preliminares con la IFAB sobre futuras áreas de innovación, incluyendo parar el reloj», como parte de medidaas que ayuden a «mejorar la consistencia» de los partidos.
El interés de la liga estadounidense es mejorar la experiencia del fútbol en el área de espectáculo y entretenimiento, tal como lo hacen en el fútbol americano y el baloncesto. De hecho, jugar con pausas en el reloj se utilizó en la MLS entre 1996 y 1999, antes de adoptar el reloj regular.
Pese a tener un reloj que limita el juego a 48 minutos de partido, los juegos de baloncesto en la NBA tienen una duración estimada de aproximadamente dos hora y media / EFE
A nivel colegial, la liga (NCAA) permite que el reloj sea detenido por el árbitro después de los goles, al mostrar tarjetas, durante atenciones médicas e incluso si considera que un equipo está perdiendo el tiempo. La pausa del reloj compensa con tiempo efectivo de juego, por lo que no se agregan minutos de juegos al completarse los 45 del tiempo regular; una opción que estarían abiertos a probar en el nivel profesional.
Aprovechar el tiempo
Los tiempos muertos durante los partidos dejan espacios que cortan el ritmo del partido y reducen el tiempo efectivo de juego, dejando los 90 minutos únicamente en la teoría.
Un estudio realizado en 2019 por el Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES Observatory) estimó el tiempo efectivo de juego en el fútbol europeo alrededor de los 54 minutos, con LaLiga promediando el más bajo entre las cinco ligas top un 53,3% de tiempo efectivo (47,9 minutos).
Otro caso comentado previamente fue casi el cuarto de hora desperdiciado por el Atlético de Madrid en la eliminatoria de la Champions League ante el Barcelona, representando un 16,6% del partido sin actividad.

Pedri y Antoine Griezmann disputan un balón durante los cuartos de final de la Champions League / EFE
No son los únicos
Implementar las pausas en el reloj es una moción que puede dividir opiniones y pudiera parecer como modificar uno de los «mandamientos» del fútbol, pero aunque es una propuesta que tiene poco apoyo alrededor del mundo, la MLS no es la única que ha pensado en ella.
Aurelio De Laurentiis, propietario del Napoli, también ha pronunciado su preocupación por la duración de los partidos, considerando que es demasiado larga como para retener la atención de las generaciones más jóvenes. Además del reloj con pausas, la propuesta que compartió el italiano en una entrevista fue reducir la duración de cada mitad del partido a 25 minutos.
«Siempre estamos en conversaciones sobre posibles pruebas y reglas, así que (el reloj con pausas) sería una que tendríamos que presentar formalmente como propuesta y buscar su aprobación», afirmó Paul Grafer, vicepresidente de competencia de la MLS, quien agregó que las pruebas podrían implementarse en la liga filial (Next Pro) para ponerlas a prueba.
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DEPORTE
La angustia de Maravilla Martínez tras la eliminación de Racing en la Sudamericana

Convirtió un penal que puso 2-1 arriba a Racing a los 36 minutos del partido, pero también erró un gol sobre el final que condenó al equipo a la eliminación en fase de grupos de la Copa Sudamericana. Maravilla Martínez se mostró angustiado una vez que terminó el encuentro. Y no es para menos, porque el plantel de Gustavo Costas no pudo competir con firmeza en ningún frente durante el primer semestre.
» Nos vamos con una tristeza enorme«, aseguró el delantero. Todavía golpeado por el tanto que se perdió y podría haber cambiado el curso del encuentro, explicó: «Esa pelota que me queda a lo último… pica en el pasto, la cancha estaba muy rápida y no me la esperaba. Se me levantó y me quedó a un metro y no la pude terminar«.
Luego, hizo énfasis en el fastidio grupal que quedó tras el empate 2-2 que consiguieron ante Caracas en la quinta fecha. » La verdad que me quedó una angustia enorme porque este club necesita competir en una copa internacional y me angustia lo que pasó hoy«, soltó.
A su vez, lanzó: » No hay palabras porque el hincha quiere que ganemos, quiere resultados y no se lo estamos dando. De mi parte, seguiremos trabajando para mejorar. Son detalles y esos detalles hoy nos dejaron afuera».
Finalmente, completó: » Quizás no solo fue este partido, sino todos los otros que jugamos. Fue la suma de partidos que no hicimos un buen juego. Hoy quedamos afuera y la verdad que es una lástima enorme. Sé que esta Copa la habíamos ganado y podíamos haber competido tranquilamente para volver a ganarla».
El resumen del empate entre Racing y Caracas en la quinta fecha de la Copa Sudamericana
El penal que convirtió Maravilla Martínez ante Caracas
¿Qué le queda a Racing para el segundo semestre?
Con la eliminación temprana en la Sudamericana, el equipo de Gustavo Costas se aferra a la Copa Argentina. Sin embargo, no puede distraerse porque en la tabla anual navega en puestos intermedios. Por lo tanto, también tendrá que dedicarle mucho al Torneo Clausura para repuntar.
Adrián Martínez,Racing
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A 50 años del día más dramático e inolvidable del boxeo argentino: del asesinato de Ringo Bonavena a la epopeya de Víctor Galíndez

“Probablemente haya sido la noche más dramática en la historia del boxeo argentino. Y, sin ninguna duda, el triunfo más épico”. Una frase concluyente. Pronunciada por uno de los mejores periodistas deportivos de nuestro país y testigo de una jornada inolvidable. Ernesto Cherquis Bialo, un verdadero maestro para las generaciones que vinimos después, ha dejado un legado de crónicas memorables, sobre ardientes combates en derredor del mundo. Pero ninguna como aquella. En consonancia con uno que entró en la leyenda, el 22 de mayo de 1976.
La pelea de Víctor Galíndez frente a Richie Kates. Podría haber sido fruto del ingenio de un buen guionista o surgido de la inspirada pluma de un escritor. Pero fue verdad. Cruda, lacerante, excitante y de una credibilidad impactante. Con el agregado de haberse desarrollado en la misma jornada donde fue asesinado Ringo Bonavena, para certificar que el boxeo argentino jamás tendrá otro día igual.

Galíndez había ganado el título mundial de la categoría pesado el 7 de diciembre de 1974 en el estadio Luna Park, siendo el primer pugilista argentino en lograrlo en ese mítico escenario. Superó al norteamericano Len Hutchins por abandono al concluir el 13° round, imponiéndose con autoridad, para alegría del público que colmó las instalaciones de Corrientes y Bouchard y para quienes lo siguieron en directo por Canal 7. En este caso con un bonus track: quien tuvo a su cargo los relatos fue Enrique Macaya Márquez.
En paralelo, Oscar Bonavena trataba de regresar a los primeros planos, realizando peleas, sobre todo en los Estados Unidos, con la obsesión de tener la chance de volver a combatir con Muhammad Alí, luego de la legendaria noche del Madison Square Garden en diciembre del ‘70, donde logró tirar a la leyenda, antes de caer por knock out técnico en el 15° asalto.

Entre ambos boxeadores argentinos se había dado una corriente de enorme afecto, potenciada por la inmensa idolatría que Galíndez le profesaba a Ringo, quien no solía halagar a sus colegas, pero hacía una excepción con él. Ese era el motivo principal por el que Víctor no debía conocer la noticia antes de subir al ring, como lo recordó Cherquis: “El gran problema, en esos casos, suelen ser los ansiosos y desubicados que nunca faltan. Lectoure, al conocer la noticia, nos encomendó a algunos argentinos que estábamos en el hotel, que tratáramos por todos los medios que nadie por fuera del entorno se le acercara. Porque no iba a faltar el que le dijera: ‘¿Viste Víctor que mataron a Ringo en Estados Unidos?’”.
En el mundo interno de cada deporte, todo se conoce. Y un pequeño detalle sería fundamental para aquel combate tan sangriento y dramático, como recordó Tito Lectoure: “Afortunadamente, un par de semanas antes de viajar, peleó Nicolino Locche en el Luna Park con Lorenzo Trujillo. Su manager me dijo: ‘Víctor Galíndez va a combatir ahora con alguien muy peligroso, sobre todo con la cabeza. Tiene una extraña habilidad para dar cabezazos que parecen accidentales’ Automáticamente me dio un pequeño frasco que contenía un poderoso coagulante”.

El combate comenzó como se esperaba y dentro de una gran paridad hasta que ocurrió lo que le había predicho a Lectoure, como el mismo evocó: “Al tercer round Kates hizo uso de su habilidad para golpear con la cabeza y cortó a Víctor, dejándole un tajo inmenso. El árbitro, Stanley Christodoulou, se la iba a dar por perdida, entonces empecé a pedir la descalificación y él me respondía que no había sido intencional. Yo estaba como loco y les pedí a los periodistas argentinos que invadieran el ring y, por supuesto, se armó un lío bárbaro. El combate estuvo detenido casi cinco minutos. En ese momento subió un médico sudafricano de apellido Noble, que al revisar a Galíndez me dijo: ‘La herida es fea, pero no peligrosa. Si tenés coagulante, intentá seguir la pelea’. Era una tremenda herida, como una letra T acostada, por lo que era muy difícil solucionarle el problema, porque en los tajos normales, uno toma las dos partes y trata de unirlas, pero acá eso era imposible”.
Gracias a los éxitos de Carlos Monzón, para mucha gente se había convertido en una costumbre seguir las peleas de los argentinos los sábados por la tarde por televisión (en este caso por Canal 13) y también por radio, donde había excelentes relatores, como los casos de Osvaldo Caffarelli y Ricardo Arias, que con sus voces fueron detallando minuto a minuto la batalla que se iba a dar sobre ese lejano cuadrilátero de Johannesburgo.

A partir de ese incidente, nada fue igual. Ni a como venían las acciones ni a lo que se viviría después. Galíndez se iba diezmando físicamente y, al mismo tiempo, crecía en el plano anímico. Kates estaba firme, pero no podía asestar el golpe definitivo ante un rival en esas condiciones. Mientras se desarrollaba la pelea, comenzaban a llegar a las redacciones de los medios argentinos, las primeras precisiones sobre la muerte de Bonavena, asesinado por un disparo de un rifle de caza en las manos de Ross Brymer, cuando Ringo intentaba ingresar al Mustang Ranch, el prostíbulo de la ciudad de Reno, en Nevada, que regenteaba Joe Conforte, quien lo tenía contratado para boxear.

Los rounds avanzaban y el deterioro del púgil argentino también. Cada instante era un impacto más grande, como rememoró Lectoure: “A partir de ahí, en cada descanso, le trabajaba la herida con el coagulante. Recuerdo que era casi medio dedo el que le introducía en la zona. Una cosa tremenda. Cada intervalo era un suplicio, porque la herida se agravaba, el hermano de Galíndez lloraba en el rincón y el doctor Paladino se había ido, porque era una situación de un nerviosismo brutal, con las toallas blancas tintas en sangre”.
Galíndez, enceguecido, dolorido y maltrecho, estaba empecinado en no dejar pasar esa oportunidad, como confesó apenas terminada su noche más gloriosa: “Mientras peleaba, solo pensaba en que me estaban viendo por televisión y era la única posibilidad que tenía. Solamente muerto hubiera salido del ring. Ojalá que ésta pelea haya servido para convencer a todos que soy el verdadero campeón”. Y en esa dirección fue la histórica frase que le dijo a Lectoure en uno de los últimos descansos: “Me duele, no veo nada, pero de aquí me bajan muerto. Ajústeme los guantes, Tito”.
El drama recorría cada rincón de aquel estadio y de los millones que lo seguían por televisión. La sangre seguía brotando de esa herida a la que no había forma de cerrar en ese momento. “Galíndez se refregaba todo el tiempo en la manga de la camisa del árbitro, que era la única superficie seca arriba del ring. Y esa prenda está actualmente en el museo del boxeo”, recordó Tito Lectoure.

Quedaban apenas 14 segundos. Los 15 rounds en que estaba pautado el combate, casi se habían consumido en su totalidad. Lo del púgil argentino ya era una hazaña sin precedentes, más allá de lo que dijeran las tarjetas al concluir. Pero esa fe, esas ganas de ganar y de demostrar, pudieron más que todo. No hubo que recurrir a las tarjetas, porque allí llegó el instante supremo, el que ni el imaginativo guionista ni el inspirado escritor podrían haber plasmado. Con el último resabio de fuerzas que anidaban en su ser, cuando su rostro ya era una máscara deforme, Galíndez sacó el zurdazo eterno, que impactó de lleno en la pera de su adversario, quien cayó de espaldas a la lona.
El estadio estalló en un grito, como lo hicieron tantos hogares a lo largo de la geografía nacional. Mientras el árbitro le hacía la cuenta de 10, Víctor también acompañaba del mismo modo, en una danza frenética. Mientras Stanley Christodoulou cruzaba sus brazos indicando el knock out, sonó la campana. Y entonces la invasión. Y ese abrazo eterno de Galíndez con Lectoure, como mutuo testimonio de agradecimiento. De los dos únicos hombres que pensaron que la epopeya era posible.
Pero aquella noche trepidante no iba a terminar allí. Al llegar al vestuario, Tito Lectoure se desvaneció por todo lo que había vivido. El doctor Paladino, siempre presente en los combates de los argentinos, consiguió un lugar para suturar la inmensa herida: el General Hospital, distante pocas cuadras del estadio. Cherquis Bialo fue parte de la reducida comitiva que estuvo presente en ese instante y lo testimonió de este modo: “Mientras lo cosían. Lectoure tomó la mano derecha del campeón al tiempo que el doctor Paladino y yo le sujetamos los brazos. Tito tiró la primera frase sobre la peor noticia…
-Víctor, mirá… te lo tenemos que decir
-¿Qué pasó?, dele Tito ¿pasó algo en mi casa?
-No, no, en tu casa no pasó nada, quedate tranquilo
-¿Y entonces, dónde, con quién?
-Bueno, te lo digo porque igual ya no hay nada que podamos hacer, dijo Paladino. Y tras él completé la penosa información: ‘Víctor, esta mañana, en Reno, Nevada, asesinaron a Ringo. Si a Bonavena’“.

Aún quedaban un par de puntos de sutura para aplicarle, pero Galíndez, que había resistido en condiciones antinaturales esa pelea descarnada y que estaba soportando una dolorosa sutura sin anestesia, se quebró. Y lloró en forma desconsolada la muerte de su ídolo.
El miércoles 26, Galíndez fue paseado en una autobomba por las calles de Buenos Aires, al llegar desde Sudáfrica. El agasajo se hizo en un Luna Park repleto, que lo ovacionó como nunca. Era el mismo recinto donde habían velado a Ringo apenas tres días antes. Desde allí salió el acongojado y multitudinario cortejo, que desafió el estado de sitio de la junta militar, para llegar hasta el cementerio de la Chacarita, con previa pasada por el estadio de Huracán.
Desde Sudáfrica y para la revista El Gráfico, el maestro Cherquis escribió una crónica extraordinaria del combate. Y también una página entera de despedida a Ringo. Pieza de colección. Baste este párrafo como muestra: “Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto, me paraliza los dedos ante la máquina, obligándome a hablarte este idioma absurdo de un chau que no entiendo. Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto me acelera el corazón trayendo a mi mente la evocación tierna de los días tristes. Bajo la máscara prepotente, la mentira de tu fanfarronería”. Así se despide a una grande. Así lo despidió un grande.
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Noruega ya tiene sus convocados: Haaland encabeza la ilusión mundialista

Noruega prensetó su lista mundialista. Foto: Instagram @herrelandslaget
La selección de Noruega confirmó su lista de convocados para disputar el Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. Con Erling Haaland como máxima figura, el conjunto europeo afrontará una nueva oportunidad de destacarse en la máxima cita del fútbol.
Los noruegos disputarán su cuarta participación en Copas del Mundo, luego de haber estado presentes en Francia 1938, Estados Unidos 1994 y Francia 1998. Justamente en esta última edición lograron su mejor actuación, alcanzando los octavos de final, un registro que buscarán igualar o incluso superar en esta oportunidad.
Una lista con talento y poder ofensivo
Noruega presenta un plantel competitivo, con varios futbolistas que se desempeñan en las principales ligas de Europa, lo que le otorga jerarquía y experiencia internacional al equipo.
La lista está compuesta por Orjan Haskjold Nyland (Sevilla FC), Egil Selvik (Watford) y Sander Tangvik (Hamburgo) en el arco; Julian Ryerson (Borussia Dortmund), Marcus Holmgren Pedersen (Torino), David Moller Wolfe (Wolverhampton), Fredrik Bjorkan (Bodo/Glimt), Kristoffer Vassbakk Ajer (Brentford), Torbjorn Heggem (Bolonia), Leo Ostigard (Génova), Sondre Langas (Derby County) y Henrik Falchener (Viking) en defensa; Martin Odegaard (Arsenal), Sander Berge (Fulham), Fredrik Aursnes (Benfica), Patrick Berg (Bodo/Glimt), Kristian Thorstvedt (Sassuolo), Morten Thorsby (Cremonese), Thelonious Aasgaard (Rangers), Antonio Nusa (RB Leipzig), Andreas Schjelderup (Benfica) y Jens Petter Hauge (Bodo/Glimt) en el mediocampo; y Erling Haaland (Manchester City), Alexander Sorloth (Atlético de Madrid), Jorgen Strand Larsen (Crystal Palace) y Oscar Bobb (Fulham) en la delantera.
Un grupo exigente y con grandes desafíos
Noruega integrará el Grupo junto a Irak, Senegal y Francia, en una zona que combina potencia europea y africana, lo que exigirá el máximo nivel del equipo en cada presentación.
El debut será el 16 de junio frente a Irak en el Gillette Stadium de Boston. Luego se medirá ante Senegal el 22 de junio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey y cerrará la fase de grupos el 26 de junio frente a Francia nuevamente en Boston.
El objetivo: volver a ser protagonista
El principal objetivo de Noruega será repetir o mejorar lo conseguido en Francia 1998 y meterse entre los mejores equipos del torneo.
Con Haaland como estandarte ofensivo y un equipo que mezcla juventud y experiencia, los noruegos llegan con expectativas renovadas y la ilusión de convertirse en una de las sorpresas del Mundial 2026.
Noruega
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