POLITICA
La bronca oculta de Milei con la Iglesia

El Gobierno tiene un problema con la religión católica. Ni siquiera se lo puede atribuir a la simpatía del Presidente por la religión judía porque el diálogo interreligioso, que el entonces cardenal Jorge Bergoglio impulsó desde Buenos Aires, ha continuado y comprende a todas las religiones, pero fundamentalmente a las tres monoteístas: al cristianismo, al judaísmo y a la musulmana. En ese contexto, y también cuando gobernaba el kirchnerismo, el 25 de Mayo se ha convertido no solo en la Fecha Patria, sino en un permanente tironeo entre la dirigencia política y los líderes de la religión católica por el contenido de las homilías de los arzobispos de Buenos Aires en el Tedeum.
Está más que claro que la homilía del lunes del actual arzobispo, Jorge García Cuerva, no le gustó ni a Milei ni a sus fanáticos seguidores. Aunque el Presidente fue mesurado en su respuesta a García Cuerva (solo calificó de “exagerados” algunos párrafos de la epístola del arzobispo), su voceros más fidedignos llegaron hasta la ofensa y la descalificación del jefe religioso. Deberían haber agradecido: García Cuerva no hizo ninguna alusión a la corrupción de la dirigencia política en un momento en el que se ventilan notables hechos de deshonestidad en la función pública, pasados y presente, en la Justicia.
Se extraña al cardenal Bergoglio, quien en la única homilía que pronunció ante Néstor Kirchner les reprochó a los políticos la corrupción que ya se percibía. Ninguno de los dos Kirchner volvió nunca más a un tedeum de Bergoglio. El entonces matrimonio presidencial participó en adelante de los tedeums de los 25 de Mayo en provincias con obispos más tolerantes y menos sinceros.
El lunes pasado, García Cuerva se limitó a criticar, con razón, la fragmentación social y la violencia que existe en las redes sociales, espoleada en gran medida por un oficialismo obsesivo con la hegemonía en X (la vieja Twitter). No fue más allá. Mucho más moderado que Bergoglio, García Cuerva se conformó con pedir por la pacificación nacional. “Basta de arengar la división y la polarización”, exhortó, y agregó. “A ver cuando la vamos a cortar con mirarnos como enemigos”. También calificó de “terrorismo en las redes” lo que está sucediendo con las guerras virtuales en el universo de las plataformas digitales. Esta fue una de las partes de la homilía que provocaron la reacción posterior de Milei, quien calificó de “exagerada” la expresión de García Cuerva. También dijo que le parecía normal “combatir” entre quienes quieren y no quieren que “las cosas cambien”. La violencia verbal o física no son nunca normales en un ámbito donde deberían prevalecer las formas democráticas. Pero cosas peores pasaron entre el papa León XIV y el presidente norteamericano, Donald Trump, también porque el Pontífice no está de acuerdo con la guerras reales o virtuales.
Sin embargo, esa suave refutación presidencial (aunque los presidentes no suelen responder de ninguna forma las homilías de obispos y arzobispos) fue el santo y seña para que los generales de las perpetuas guerras mileístas salieran al campo de batalla. El primero en aparecer fue el diputado Bertie Benegas Lynch, quien calificó al arzobispo de Buenos Aires como un “militante con sotana” que había “romantizado la pobreza”.
La vocación de la Iglesia por reclamar por los sectores más vulnerables de la sociedad es un viejo fastidio de los gobernantes argentinos. Deberían, y debieron, leer los cuatro evangelios para descubrir que la preocupación por los pobres está en la primera doctrina de los cristianos y también en los libros de la religión judía. En síntesis, mientras haya un pobre la Iglesia reclamará por los pobres, porque además a ella le toca estar en el frente de batalla contra las carencias más esenciales. Basta caminar al mediodía cerca de cualquier Iglesia para observar la cola de gente que espera recibir un plato de comida caliente.
En la Argentina no hay un pobre, sino muchos más: casi el 30 por ciento de la sociedad −tal vez el número bien medido sea mayor− sobrevive bajo la línea de la pobreza. El propio presidente del Episcopado, el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, ha hecho numerosas alusiones a la penurias de los pobres y hasta de la clase media. Colombo tiene el cargo más importante de la Iglesia católica argentina. En esas mismas declaraciones, Benegas Lynch señaló que García Cuerva (o la Iglesia, quién lo sabe) se ocupa de la “demonización del individuo”. ¿Qué quiso decir con la palabra “demonización”? ¿Cuál es el individuo presuntamente “demonizado”? ¿De dónde sacó semejante conclusión?
Peor que Benegas Lynch fue el biógrafo del Presidente, Nicolás Márquez, quien calificó de “obispillo” a García Cuerva y lanzó una doble ofensa cuando señaló que había sido designado por el “apóstata Bergoglio”. Como la palabra “apóstata” refiere a personas que renegaron de una fe religiosa, debe reconocerse que Márquez es una buen biógrafo de Javier Milei por las coincidencias que existen entre ellos: el actual Presidente calificó en su momento al papa Francisco de “enviado del maléfico” y como el “representante del demonio en la Tierra”. El Papa prematuramente muerto lo perdonó luego a Milei y hasta aceptó un pedido del jefe del Estado argentino para abrazarlo. Pero los políticos a veces solo actúan las reconciliaciones, simplemente porque les conviene.
Francisco hasta programó una visita al país durante el gobierno de Milei, según le adelantó a este periodista. La enfermedad y la muerte se lo impidieron. Pero sucede algo más profundo y constante: hay una evidente disidencia entre el pensamiento libertario y las antiguas ideas de la Iglesia, que en la mayoría de los casos no responden a las supuestas simpatías políticas de esta. Se trata solo de la interpretación de los libros sagrados de la religión. Milei prefiere detenerse en los libros de sus economistas preferidos, sobre todo si pertenecen a la escuela austríaca de economía. Está en su derecho. El derecho que no tiene es el de habilitar a sus voceros a la agresión verbal de los que piensan distinto de él, incluidos los líderes religiosos del país.
En una dirección simultánea, el gobierno de Milei decidió alejar al país de comisiones de derechos humanos que pertenecen a organismos multilaterales. Fue un remedo de una decisión del gobierno de Trump, que también retiró a su país del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. El presidente norteamericano hasta le retiró los recursos que Estados Unidos le dedicaba a ese Consejo. La decisión de Trump y de Milei es equivocada, aunque muchas resoluciones de ese Consejo sean verdaderamente cuestionables. El solo hecho de que la Venezuela del chavismo y la Cuba de la dictadura de los Castro hayan estado (o están) en ese Consejo es ya un error palpable de la diplomacia internacional. Pero la deserción de los países democráticos solo promueve que esas tiranías tengan más influencia aún en tales organismos multilaterales. Además, nunca se sabe cuándo se sumarán −si es que se suman− países con gobiernos como los de Venezuela y Cuba al escenario internacional. Será oportuno, en tal caso, que naciones que respetan las reglas de la democracia, aun con sus desvíos y desafecciones, estén en esos organismos para denunciar las violaciones de los derechos humanos de sociedades indefensas.
Ahora bien, ¿es necesario que Milei oriente su política exterior para seguir en todos los casos las líneas fundamentales que establece el gobierno de Washington? Debe recordarse que en enero de este año Trump decidió retirar a su país de la Organización Mundial de la Salud. Milei hizo lo mismo con la Argentina dos meses después. Si se mira lo que está sucediendo en un mundo de sucesivas guerras, es comprobable que Trump lleva a los Estados Unidos, la otrora única potencia mundial, a una situación de patética irrelevancia. Su amigo Putin no cesa de devastar a la pobre Ucrania y el jefe de la Casa Blanca no pudo, hasta ahora, terminar con el criminal régimen teocrático que gobierna Irán.
Kiev está sufriendo en estos días uno de los más ruinosos ataques bélicos de parte de Moscú. El gobierno ruso hasta se dio el lujo de advertirle a Washington que es mejor que retire de Kiev, capital de Ucrania, a sus diplomáticos. Trump calla porque, dice, eligió mantener un canal de diálogo, que lo viene explorando sin éxito desde hace casi dos años. Ucrania puede esperar la solidaridad de los europeos, pero casi ninguna del gobierno norteamericano. Trump está negociando, al mismo tiempo, una prórroga de la tregua con el gobierno de los ayatollahs iraníes después de haber asegurado que borraría del mapa a esa cruel tiranía. ¿Cómo se llama eso si no una sucesión de derrotas? ¿Cómo, si Ucrania sigue sufriendo y la jerarquía iraní sigue controlando el estrecho de Ormuz, una vía navegable indispensable para el trasiego del petróleo y el gas hacia el resto del mundo?
Trump lo salvó a Milei de una derrota electoral. ¿O fue solo la perspicacia del poderoso secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien le prometió el año pasado 20.000 millones de dólares que nunca entregó cuando el presidente argentino había perdido la provincia de Buenos Aires? A Trump también le convenía el triunfo de Milei, como sucedió después. Las relaciones internacionales son siempre un ejercicio de equilibrios inestables.
exagerados,Se reunió la mesa política del Gobierno después de los gestos de Milei para frenar la interna libertaria,“Basta de arengar la división y la polarización”,“militante con sotana”,alejar al país de comisiones de derechos humanos,Se quebró en plena audiencia: la expareja de Centeno dijo que él la usó de testaferro y que ella hizo copias de sus anotaciones,Joaquín Morales Solá,Javier Milei,Jorge García Cuerva,Papa Francisco,Conforme a,,»Es una mala señal». Preocupa en la Iglesia el proyecto del Gobierno que no restringe la publicidad de las apuestas online,,El achique del Estado. El Gobierno despide a los trabajadores del complejo hotelero de Embalse que ordenó cerrar,,Lobby, regulación y fútbol. El proyecto de Milei contra la ludopatía evita tocar el corazón del negocio de las apuestas,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei y sus medidas, en vivo: las repercusiones del tedeum y la expansión de la interna libertaria,,“No le falten el respeto a las provincias”. La reacción de Jaldo ante la polémica por la ausencia de Tucumán en un mapa difundido por Milei,,Más dólares. Entró el giro del FMI y las reservas del BCRA marcaron el nivel más alto desde 2019
POLITICA
Del pacto fiscal a una gran reforma tributaria: el plan del Gobierno para cumplir con el FMI

El Gobierno apunta a reformar el Monotributo como parte de un rediseño tributario más amplio, pero condiciona cualquier cambio al déficit cero. En el Ejecutivo dicen puertas adentro que el régimen está “quebrado” y lo ubican entre los capítulos que analiza el equipo económico para la reforma tributaria que se comprometió a trabajar con el Fondo Monetario Internacional.
La definición no implica, sin embargo, una reforma de shock. En la Casa Rosada reconocen que todavía no hay un proyecto definitivo y que el Ministerio de Economía trabaja sobre distintas alternativas. La idea que gana terreno en la mesa chica de Javier Milei es dividir la reforma en etapas para evitar un impacto fiscal que complique el equilibrio de las cuentas públicas.
“No vamos a admitir déficit. La idea es que sea una reforma escalonada y que no rompa el equilibrio de las cuentas”, aseguran en Nación. En otro sector del oficialismo advierten que el Gobierno sigue “ajustado de caja” y que una baja tributaria fuerte antes de las elecciones solo podría avanzar si se compensa con más recorte del gasto o con un salto de la actividad.
La estrategia que evalúa el Ejecutivo es separar los cambios en proyectos distintos. Entre las opciones, se evalúa incluir en el primer tramo incluir medidas de simplificación, revisión de beneficios fiscales, ajustes sobre regímenes especiales y cambios en el Monotributo. Las bajas más costosas -como una reducción más profunda de retenciones, impuesto al cheque o una reforma amplia del IVA- quedarían subordinadas al margen fiscal y a la negociación con gobernadores.
El diagnóstico sobre el Monotributo es uno de los puntos más sensibles. En el Gobierno sostienen que el esquema genera incentivos para que contribuyentes y pequeños negocios no crezcan, no pasen al régimen general o fragmenten actividades para evitar una carga impositiva mayor. Por eso, una de las alternativas en análisis apunta a ordenar la transición hacia autónomos, IVA y Ganancias, reducir saltos bruscos entre categorías y achicar la brecha con el régimen general.
En Nación buscan presentar ese capítulo como una medida de ordenamiento y no como una suba de impuestos. La dificultad política es que el Monotributo alcanza a profesionales independientes, comerciantes, prestadores de servicios y otros pequeños contribuyentes, una base amplia y sensible en términos electorales. Por eso, en la Casa Rosada no lo piensan como una reforma aislada, sino como una pieza dentro de un paquete escalonado.
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El compromiso con el FMI refuerza esa lógica. El organismo planteó que la reforma debería mejorar la eficiencia y la simplicidad del sistema, racionalizar gastos tributarios y permitir una reducción gradual de “impuestos distorsivos”. La letra chica del programa no apunta a una baja inmediata y generalizada de tributos, sino a una reforma fiscalmente neutra: bajar algunas cargas, pero compensarlas con ampliación de base, reducción de exenciones o recortes de gasto.
En el oficialismo admiten que ese punto marca el límite central de la discusión. La Casa Rosada quiere mostrar una hoja de ruta ante el FMI y ante el sector privado, pero no quiere resignar recaudación sin tener garantizada una compensación. Sostienen que primero debe consolidarse el equilibrio fiscal y recién después avanzar sobre las bajas de impuestos más costosas.
El otro eje será el pacto fiscal con las provincias. El equipo económico que lidera Luis Caputo busca abrir una negociación con gobernadores para incluir Ingresos Brutos, Sellos y tasas municipales. En Nación sostienen que una baja de impuestos nacionales tendría poco efecto sobre el “costo argentino” si las provincias y los municipios no acompañan con una reducción de tributos locales.
El contexto fiscal con las provincias también llega tensionado por la evolución de los recursos automáticos. Según IARAF, en abril de 2026 el Gobierno nacional envió al consolidado de provincias y CABA $5,584 billones en concepto de coparticipación, leyes especiales y compensaciones, frente a los $4,362 billones girados en el mismo mes de 2025. Eso implicó una suba nominal del 28%, pero, descontado el efecto de la inflación, representó una caída real del 3,2%. En el caso de la coparticipación estricta -contar transferencias originadas en leyes complementarias ni compensaciones-, el descenso habría sido de 3,7% real.
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A eso se suma la última reestructuración presupuestaria. La decisión administrativa 20/2026 dispuso rebajas en créditos presupuestarios para cumplir con el equilibrio previsto en el Presupuesto 2026. En ese marco, el Ministerio del Interior tuvo un recorte de $320.671 millones, con una baja de $320.711 millones en el programa “Relaciones con las Provincias y Desarrollo Regional”, principalmente vinculado a Aportes del Tesoro Nacional (ATN), las transferencias no automáticas.
El Gobierno quiere negociar con las provincias una baja de impuestos subnacionales, pero al mismo tiempo mantiene cerrada la caja nacional y recorta partidas vinculadas al vínculo financiero con los distritos. En la Casa Rosada creen que esa tensión obliga a avanzar por tramos y a evitar una reforma integral que concentre todos los costos políticos y fiscales en una sola ley. Nación ya experimentó dificultades por el capítulo de Ganancias de la reforma laboral, que terminó retirando.
Gobierno, Reforma Tributaria, MONOTRIBUTO, pacto fiscal
POLITICA
Alumnos tomaron el Nacional Buenos Aires y el Pellegrini para exigir que se cumpla la ley de financiamiento universitario

Los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini resolvieron en asambleas tomar ambos establecimientos por tiempo indeterminado. La decisión fue adoptada este martes después de una serie de debates internos en los que participaron decenas de alumnos, con el objetivo de exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Argumentan que la medida es una respuesta directa al ajuste del Gobierno nacional, que afecta tanto los salarios docentes como el mantenimiento de la infraestructura educativa.
La protesta comenzará en la noche, al finalizar el turno vespertino, y se desarrollará bajo la modalidad de toma con presencia de los estudiantes en los edificios. Según lo resuelto en las asambleas, el dictado de clases no se interrumpirá completamente: cada alumno podrá optar por adherirse o no a la medida y, en reemplazo de la actividad habitual, se organizarán clases públicas en el marco de la protesta. El presidente del centro de estudiantes del Nacional Buenos Aires, Francisco Pitrola, precisó en diálogo con A24 que la voluntad de la comunidad estudiantil “es visibilizar la crisis y defender la educación pública”, remarcando que cada jornada se evaluará en asambleas si la ocupación continúa.
El reclamo central apunta a que el Gobierno nacional cumpla la ley votada por el Congreso y promulgada en octubre de 2025, que establece pautas para el financiamiento de las universidades y sus instituciones dependientes. Sin embargo, la norma se encuentra judicializada y su aplicación fue suspendida a la espera de una definición sobre las partidas presupuestarias. El Poder Ejecutivo apeló los fallos iniciales que ordenaban la puesta en marcha de los artículos vinculados a la recomposición salarial y al financiamiento, mientras el oficialismo promueve un nuevo proyecto legislativo que condiciona las actualizaciones presupuestarias a que la inflación anual supere el 14,3%.
La toma de los colegios preuniversitarios se inscribe en un contexto de conflicto por los recursos destinados a la educación superior. En paralelo a la protesta estudiantil, la Federación de Docentes de las Universidades (Fedun) anunció un paro total de actividades por veinticuatro horas para este viernes, con la consigna de exigir la convocatoria urgente a paritarias y la recomposición salarial. “Reclamamos la urgente convocatoria a paritarias, la recomposición salarial y el cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario”, señaló la organización en un comunicado. Se suma a los otros sindicatos de docentes universitarios, Conadu y Conadu Histórica.

La medida de fuerza de los docentes se suma a una serie de movilizaciones y jornadas de clases públicas impulsadas desde 2024 en todo el país. El gremio sostiene que los salarios perdieron un 52,1 % de poder adquisitivo desde la llegada del presidente Javier Milei a la Casa Rosada y denuncia que el atraso impacta de manera directa en la calidad educativa y en la permanencia del cuerpo docente en el sector público.
“Los profesores del Nacional Buenos Aires están cobrando un 30 % menos que los docentes de las escuelas de la Ciudad”, afirmó Pitrola en A24. Según el dirigente estudiantil, esta situación representa un perjuicio estructural y evidencia “un claro ataque directo a las universidades”. Sostuvo también que “históricamente, los docentes de los colegios preuniversitarios ganaban un 30 % más que sus pares de la ciudad”, y consideró que la reversión de esta relación salarial se produce en el marco de una política que busca “deteriorar la educación pública para eventualmente arancelarla”.
En la entrevista concedida a A24, Pitrola explicó que la ocupación de los establecimientos tiene carácter “indeterminado”, pero que la continuidad de la medida será evaluada de manera cotidiana en asambleas abiertas a toda la comunidad educativa. “La idea es visibilizar, la idea es informar a la sociedad lo que está pasando en el colegio, porque es realmente muy grave”, expresó el presidente del centro de estudiantes. Aseguró que “la situación es límite” y que “los profesores se están yendo al sector privado, dejando la labor de la enseñanza pública”.
Desde la perspectiva de los alumnos, el deterioro de los salarios y la falta de mantenimiento edilicio son síntomas de una crisis más profunda que afecta a toda la Universidad de Buenos Aires (UBA) y al sistema universitario nacional. En este sentido, la movilización estudiantil se articula con las acciones de los gremios docentes y no docentes, que este martes organizaron clases públicas frente al Palacio de Tribunales para exigir una definición de la Corte Suprema sobre la ley.
El conflicto por el financiamiento universitario no es nuevo: desde 2024, estudiantes y trabajadores han encabezado al menos cuatro movilizaciones federales y numerosas jornadas de protesta. La promulgación de la ley en octubre de 2025 no destrabó la situación, ya que su implementación quedó supeditada a la asignación de fondos en el Presupuesto. Mientras tanto, el Gobierno envió al Congreso una nueva iniciativa que no contempla una recomposición por lo ocurrido en 2024 y 2025.
POLITICA
La Argentina ante los senderos que se bifurcan

Estados Unidos quiere ganarle a China la carrera de la inteligencia artificial, pero ¿cómo sabremos quién ganó o perdió? Kyle Chan, investigador de Brookings, planteó esta pregunta provocadora en una audiencia pública en la Cámara de Diputados de EEUU hace unas semanas. Una primera respuesta posible: quién lleva la ventaja en los modelos más poderosos, que define quién llega primero a la anhelada y temida superinteligencia artificial. Otra manera de entender la disputa sería acerca de quién controla los insumos en la cadena de valor de la IA: el acceso a los minerales críticos, a los semiconductores o a la energía que demandan los centros de datos. Una tercera forma de abordarlo, argumentó Chan, sería en qué medida la IA logra mejorar la vida y el progreso de la mayor cantidad de personas. Estas formas de evaluar no son excluyentes, y requieren activar distintas palancas de política pública.
La competencia entre Washington y Pekín no tiene correlato con lo que ocurre en el resto del mundo, pero como en cada momento de disrupción tecnológica, todos los países están corriendo su propia carrera, incluida la Argentina. Y esa es la pregunta que quiero plantear: ¿qué significaría que a la Argentina le vaya bien en la carrera de la IA?
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, ofrece un punto de partida útil. Argentina ocupa el sexto lugar de 19 países evaluados, con 52 puntos sobre 100, clasificada como “adoptante”: ni entre los pioneros (Chile, Brasil, Uruguay) ni entre los más demorados. Pero la región en su conjunto viene corriendo de atrás. Toda la inversión privada en IA de América Latina representa apenas el 1,12% de la inversión global: una brecha de siete veces respecto al peso de la región en el PBI mundial. Argentina tiene hoy un rezago de adopción de IA en una región rezagada.
Descartemos primero lo que no está a nuestro alcance. Sería poco realista plantearnos que Argentina busque insertarse en la construcción de grandes modelos fundacionales (como Claude o ChatGPT), un camino que requiere inversiones de capital abismales, talento especializado en escala y acumulación de conocimiento durante años. Para dimensionar dónde estamos: Corea del Sur, que se ubica en un muy lejano tercer lugar detrás de Estados Unidos y China en el desarrollo de modelos de IA, es el país con más patentes de IA per cápita del mundo. Ese club tiene barreras de entrada que hoy no podemos franquear.
Eso no significa que países como Argentina queden automáticamente sin lugar en esta nueva geografía tecnológica. En las grandes transformaciones, buena parte del valor suele estar en la capacidad de adaptar y difundir tecnologías a lo largo de distintos sectores de la economía, más que en liderar necesariamente la invención original. Nuestro test tiene que ser otro.
Una primera dimensión pasa por construir aplicaciones, servicios y plataformas sobre los grandes modelos existentes. Puede además aprovechar el acceso abierto a varios de ellos ya que la Argentina tiene la ventaja de ocupar el segundo lugar de la región en relevancia de su producción de código abierto. Tenemos un sector muy significativo en el que apalancarnos: las exportaciones de servicios basados en la economía del conocimiento alcanzaron en 2025 un récord de 9.600 millones de dólares y fueron el tercer complejo exportador del país.
El desafío es que este terreno se mueve rápido. Cada nuevo anuncio de los grandes modelos de IA redefine en cuestión de semanas modelos de negocio y barreras de entrada para millones de start-ups en todo el mundo. La capacidad de innovar es clave y para ello hacen falta recursos humanos especializados y acceso a financiamiento para escalar rápido. La brecha de talento en IA entre América Latina y el promedio mundial se viene ampliando desde 2022, impulsada por una pérdida acelerada de profesionales especializados. Y el problema es doble: no retenemos el talento existente y nuestros indicadores de calidad educativa revelan cuán endeble es la base sobre la que formamos a quienes vienen. Sin reformas e inversión en el sistema educativo y tecnológico, la IA es un simple anhelo de deseo.
Una segunda dimensión es horizontal: que la IA no quede confinada a los sectores de vanguardia o start-ups sino que impregne al conjunto de la economía, de manera que potencie la productividad. América Latina arrastra un problema severo de productividad —su crecimiento promedió apenas un 0,4% anual en los últimos 25 años y fue negativo en la última década— y los grandes saltos tecnológicos abren oportunidades para acelerar transformaciones. Esta puede ser una de ellas.
Como ocurrió con internet o la electricidad, hay países que lideran la invención y los primeros desarrollos comerciales, pero eso no impide que otros se vuelvan especialmente eficaces en difundir esa tecnología a lo largo de toda su economía. No conocemos una revolución tecnológica de esta escala y velocidad, pero sí sabemos que los procesos de difusión tecnológica son muy relevantes para el desarrollo de los países.
¿Podemos convertir esta disrupción en una herramienta para mejorar la competitividad de nuestra economía? ¿Cómo incentivamos usos de IA que potencien el trabajo humano y no lo reemplacen? Según el ILIA, Argentina registraba a inicios de 2025 casi 8 millones de usuarios activos de aplicaciones de IA generativa. Somos adoptantes tempranos. Pero ese uso individual no se traduce todavía en impacto productivo. Como suele ocurrir en los procesos de difusión tecnológica, las compañías más grandes y dinámicas llevan la delantera y para las pymes es más cuesta arriba.
Según una encuesta de usos de IA en pymes argentinas realizada por NADIA (Nodo argentino de IA), existe un crecimiento acelerado de uso pero aún incipiente. Entre las pymes de manufactura, el 36% reporta usar al menos un tipo de IA y su principal uso es para marketing y ventas. Aún no se observa un uso sistemático y con rediseño de procesos. La brecha entre uso individual e impacto productivo es, por ahora, un fenómeno extendido en el mundo. Pero el potencial es grande, especialmente en los sectores más rezagados. A lo largo del país, empresas de distintos sectores están experimentando con IA de formas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que podrían convertirse en referencia para otras organizaciones y, además, contribuir a dinámicas de ecosistema que han demostrado acelerar la difusión de innovaciones tecnológicas.
El sector público no es ajeno a esta promesa de adopción transversal, desde un algoritmo que detecta irregularidades en licitaciones antes de que se firmen, a un hospital que agiliza diagnósticos (ni hablar del desafío que implica para el sistema educativo). Pero una incorporación de IA en el Estado que no sea solo cosmética para un reel de Instagram tiene prerrequisitos: datos públicos de calidad y con estándares de ciberseguridad, interoperabilidad de sistemas e inversión en profesionales especializados capaces de conducir una adopción que hoy avanza a distintas velocidades. A su vez, el sector público expone, sin atenuantes, el desafío que la IA plantea a toda la economía: cómo se van a reconfigurar los trabajos con la automatización creciente.
Una tercera dimensión opera en una capa más basal: la infraestructura física que hace posible la IA y que condiciona también la capacidad de usarla y de innovar del resto de la economía. La infraestructura digital global tiene un costo material enorme y la inteligencia artificial lo está multiplicando: centros de datos que consumen cantidades crecientes de energía, semiconductores que requieren minerales críticos y redes que demandan conectividad de alta capacidad.
Argentina tiene ventajas concretas en ese ecosistema. Produce carbonato de litio, tiene reservas de cobre y un sector energético en crecimiento, además de un territorio extenso y subutilizado para infraestructura digital. Los casos de referencia no están tan lejos. En el Nordeste de Brasil, Porto Digital reúne casi 500 empresas tecnológicas y ayudó a convertir a Recife en uno de los polos de innovación más dinámicos de América Latina. El desafío para Argentina es atraer inversiones y lograr sinergias que redunden en mejoras en conectividad, empleo y condiciones para acelerar la incorporación tecnológica en el resto de la economía.
Aplicaciones y servicios sobre IA, difusión productiva e infraestructura digital. Son dimensiones distintas de una misma transformación y se potencian mutuamente. Hay una tentación simétrica en los senderos del debate actual en nuestro país sobre la inteligencia artificial. La del entusiasmo fácil: creer que la IA va a resolver los problemas estructurales de la economía argentina sin que cambie nada de lo demás. Y la del rechazo defensivo: resistir la infraestructura y la adopción en nombre de una soberanía digital que, en la práctica, equivale a aislarnos y perder oportunidades concretas. La apuesta más difícil y más valiosa es construir márgenes de acción: articular capacidades de innovación, uso e infraestructura que traduzcan la expansión de la IA en mejoras concretas de productividad, competitividad y bienestar. Argentina puede seguir acumulando usuarios de IA generativa y quedarse, al mismo tiempo, fuera de los beneficios reales de esta revolución. En el jardín de Borges, todos los futuros permanecen abiertos. El de la Argentina en la IA también, todavía.
*La autora es directora regional The Global Initiative for Digital Empowerment (GIDE) y profesora invitada Universidad Di Tella
Julia Pomares,Conforme a
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