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Son amantes hace más de 30 años: él dejó a su familia, pero ella todavía no puede abandonar a su marido

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Se conocieron estudiando Ciencias Políticas en Córdoba en 1970. Fueron novios apasionados, los separaron los miedos y las presiones familiares. Se reencontraron 25 años después, y desde entonces viven un amor clandestino que sobrevive al tiempo, a los matrimonios y a la culpa.

Alberto todavía recuerda el instante exacto en que se enamoró de Noelia. Ella estaba sentada detrás suyo en una clase de Ciencias Políticas en Córdoba, en 1970. “Mi padre quería que fuera médico, abogado o ingeniero, porque eran los destinos en aquella época. Y como yo quería fundar un partido político con un amigo, me boché en los tres ingresos, entonces al viejo no le quedó otro remedio, y me fui a estudiar Políticas”, relata Alberto para describir el milagro de cruzarse con su alma gemela: “Y ahí la encontré a ella, que empezaba”, revela entre suspiros. “Por eso, fue el destino, porque si yo hubiera empezado un año antes no la hubiera conocido”.

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Hacía tres meses que la miraba en silencio. “Ahí la conocí y le eché el ojo, pero tardé en acercarme”, dice volviendo 56 años atrás con la mirada. Le gustaba cómo hablaba, cómo se reía, cómo se acomodaba el pelo mientras tomaba apuntes. Ella nunca había tenido novio. Y él tampoco. “Yo no tenía experiencia de novia, tenía algunos arrimes que había hecho, pues ya tenía casi 20 años. Claro. Pero nada más. La vida era muy distinta en aquella época”, detalla con su tono pintoresco.

Ese día, sin pensarlo demasiado, se dio vuelta de golpe y soltó lo primero que le salió: “Petisa, ¡me gustás una barbaridad!”. Noelia lo miró sorprendida y respondió, casi riéndose: “¡No digas disparates!”.

Durante el noviazgo, buscaban cualquier excusa para verse. La biblioteca de la casa de Noelia fue escenario de muchos de sus momentos más íntimos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Pero el disparate ya había empezado. “Desde ese día no pudimos dejar de vernos”, recuerda Alberto, hoy de 75 años. “Nos escapábamos ‘teóricamente’ para estudiar juntos en la casa de ella. En realidad estudiábamos poco. Como al mes caí en la cuenta de que ella no le había dicho a la madre y al padre que éramos novios. Y nos escondíamos en la biblioteca de la casa y chapábamos como unos locos, mientras pensaban que estábamos estudiando”, cuenta con una picardía que a su edad se siente una obra de arte.

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Hasta tenían una técnica para que no los descubran: la madre de Noelia iba a chequearlos “tupido”, vivían en una típica casa antigua y cuando se acercaba podían percibirla: “Usaba tacos la vieja. Entonces taconeaba en el piso de pinotea. Claro. Y la escuchábamos, entonces nos separábamos”, relata haciendo la mímica con sus manos, y con la misma cara de niño desentraña: “Pero bueno, hasta que un día nos descubrieron”.

“Ella era preciosa”, dice y apurado se retracta: “Ahora sigue siendo bonita con 74 años, tiene un año menos que yo”. Y de repente, se desata con una catarata de elogios, de aquí y del más allá: “Es del mismo signo que yo; soy de Sagitario y ella también. Nacimos con 10 días de diferencia. Pero es preciosa. Realmente era preciosa. A mí me gustaba mucho. Mucho. Era simpática. Noooo, era muuuy agradable. Cantaba como los dioses, tocaba la guitarra como los dioses, todavía lo hace, ¿eh?”, y en lo que resta del cuento termina casi todas sus frases con su adorable “¿eh?”, como quien habla de lo obvio conocido.

Noelia se vestía con minifaldas en una época en la que eso llamaba la atención. “Hay un acontecimiento en el servicio militar. Me fue a ver, y fue con un vestido muy corto. Y claro, la alegría que me dio a mí, la abracé en el medio del playón y la di vuelta y todo el mundo le vio el culo”, recuerda con una tierna carcajada. El servicio militar puso un paréntesis a la relación. Pero todos los sábados Noelia obligaba al padre a llevarla a la visita en el cuartel.

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“Luego de cuatro meses, me trasladaron a una unidad equidistante entre mi casa y la de ella (solo unas cuadras) y todo recuperó la intensidad habitual”. Alberto, hijo de un exmilitar devenido comerciante, sentía que no podía creer que una chica así estuviera enamorada de él. Y así, el sentimiento creció de modo exponencial. Más allá de ir a clase, no había modo de que no pasaran un día sin verse.

“En mi familia causó sensación. Creo que mi padre la quiso más que yo”, exagera Alberto. En cambio, en la de Noelia no lo vivían con felicidad. “No era lo que ellos querían para la nena. Tenía que meterse con un tipo de otro target. Yo era un ‘hijo de milico’”, cuenta con mucho de orgullo y algo de decepción. “Esperaban a alguien de otro nivel social, a uno más importante. Yo era un pibe común”.

Nunca les prohibieron la relación de frente. Fue peor: la desgastaron lentamente. No los dejaban quedarse solos, vigilaban los horarios, encontraban excusas para interrumpirlos. “El padre era un viejo vago, ¿eh? Pero cuidarle a la nena era otra cosa”, se descarga Alberto. Aun así, el vínculo crecía. Porque ningún encuentro es casualidad, las almas saben reconocerse. La vida es mucho más mágica de lo que percibimos.

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Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).
Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).

No hacía falta tener sexo para sentir que estábamos profundamente unidos”, asegura Alberto. “Ella era muy religiosa. Había prometido que su primera vez iba a ser después de casarse. Y yo la respeté”, explica con ternura. “Jamás nos dejaron solos, nunca, nunca, nunca. Para evitar que nos despidieramos en el zaguán, me llevaban a mi casa”. Hasta que recuerda el momento de más unión: “La vez que estuvimos más tiempo juntos fue cuando me fui de vacaciones con ellos a Mar del Plata. Juntos es una forma de decir, porque ella dormía en la habitación de los padres y yo en el living, por supuesto”. Nunca tuvieron intimidad. Y por más amor verdadero, Alberto se sincera: “Una sola vez corrimos un riesgo en Mar del Plata que nos dejaron solos en el departamento por accidente. Y nos apretamos muchísimo pero pudo más la promesa que habíamos hecho. No pasó nada. En algún momento habíamos hablado de eso, porque estábamos los dos muy calientes en serio. Pero ella por inclinación, por educación, qué sé yo, había dicho que su primera noche después de casada se la dedicaba a la Virgen”. Y con la esperanza de la juventud perdida dice: “Si se supone que nos quedaban juntos 50 años más, ¿cuál era el problema?”.

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El noviazgo duró poco más de dos años. “Veinticinco meses clavados”. Hasta que una discusión mínima hizo explotar todo. El 31 de julio de 1972, la madre de Noelia criticó una ropa que Alberto se había comprado. Ella, que lo había acompañado a comprarla y elegido con él, por no enfrentarla, dijo que también le parecía horrible. “Fue una pavada, pero yo venía acumulando bronca”, reconoce. “Me di cuenta de que siempre iba a elegir no enfrentarlos”.

Esa noche habló con su padre y le pidió permiso para que Noelia se fuera a vivir con ellos. Cuán audaz se pone uno cuando tiene la certeza de que es amado. “Mi viejo me dijo: ‘Que venga. Dormirá con tus hermanas hasta que se casen’”. Al día siguiente, Alberto fue a buscar a su novia lleno de ilusión. Mientras caminaba hacia la casa de Noelia, no podía creer que la vida sea tan generosa con él: su mundo era perfecto. Le propuso irse juntos. Empezar otra vida.

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Pero Noelia no pudo. “Tuvo miedo”, resume Alberto en dos palabras que parecen un réquiem. “Y me fui, lisa y llanamente”. Así se terminó.

Alberto lloró toda la noche. Dejó la facultad para no verla todos los días. Se fue de su casa una semana. Entró en una tristeza que, según cuenta, le cambió la vida. “Yo seguí funcionando, trabajando, haciendo cosas. Pero nunca dejé de amarla”.

Pasaron los años. Conoció a otra mujer, se puso de novio, construyó una casa, se casó y tuvo un hijo. Aprendió otro oficio. Armó una vida. Pero Noelia seguía apareciendo, inesperadamente, en pequeños gestos cotidianos. “Muchas veces levantaba el teléfono para llamar a alguien y marcaba automáticamente el número de ella”, relata dejando ver otros tiempos que parecen imposibles: cuando nos sabíamos los números de memoria.

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Pasaron más de dos décadas sin verse. “En el ’95 ya el recuerdo me rompía todo”, acepta con nostalgia. Hasta que un día de 1996 ya no soportó la incertidumbre. Esperó el cumpleaños de Noelia y llamó a la escuela donde imaginaba que trabajaba. “No, hoy no viene porque es el cumpleaños”, respondieron del otro lado. Alberto no podía estar más feliz: ya sabía dónde estaba.

Tuvo que esperar otro año entero para volver a tener una excusa. ¿Por qué la razón busca pretextos? ¿Acaso no sabe que el amor no entiende de orgullo? “Pues yo no sabía si ella conservaba el sentimiento, si conservaba muchos recuerdos, no sabía si se había casado, si no se había casado, no sabía nada”, se redime Alberto. A veces hay que actuar sin saber. Luego el corazón te guía.

Esperé todo un año más, pero las ganas eran las mismas: “Quería saber qué había pasado con ella, necesitaba las cosquillas en el estómago”. La segunda vez sí atendió. Noelia se quedó helada, hizo un silencio terrible. “Cuando escuché su voz fue un terremoto”, declara.

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Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).
Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hablaron “cuatro palabras” porque ella estaba trabajando, estaba tomando examen. Alberto la volvió a llamar dos días después y coordinaron encontrarse un día en la semana.

La cita fue unos días después. “Fue un golpe”. Se veían recién después de 26 años. Ella estaba casada, tenía dos hijos y “un matrimonio que no le daba nada”. Él seguía casado también. Pero apenas se vieron entendieron que nada había cambiado. “Sentí exactamente lo mismo que a los 20”, cuenta con melancolía. “Y ella tenía una tristeza en la cara que me destruyó”.

Empezaron a verse a escondidas. Primero para hablar. Después para besarse. “Y tanto fue el cántaro a la fuente que al final nos encontramos con el tiempo suficiente”, explica Alberto, hasta que deja a un lado sus metáforas: “Una vez que nos encontramos, chau, se pudrió todo”, dice para describir que, finalmente, tuvieron la intimidad que nunca habían podido tener de jóvenes. Sus cuerpos se conocieron desnudos por primera vez. “Fue lo más hermoso que nos pasó”, se abre Alberto. “Y ya no pudimos dejarlo”. Tenían 46 y 45 años.

Durante años sostuvieron una relación clandestina. Hoteles alejados, bares discretos, caminos secundarios, códigos por teléfono. “La tristeza la perdió a partir del momento en que nos empezamos a encontrar. Y después que nos dimos el primer beso, fue mejor todavía. Ya no volvió a ponerse triste. Y después que empezamos a tener sexo menos”, manifiesta con ganas de seguir redoblando la apuesta infinitamente. Ella borraba los mensajes. Él aprendía a interpretar si estaba sola según cómo contestaba. “Lo más frecuentemente que lo hicimos fue una vez por mes. Y lo máximo que estuvimos juntos seguidos fueron cuatro horas”, se queja. “Siempre corriendo, siempre escondidos”.

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El deseo contenido era tal que Alberto afirma sin pudor: “Gastamos todos los hoteles alojamientos”. El remordimiento no tardó en llegar, aunque no de manera rotunda: “Lo que me daba culpa era saber que yo quería a alguien que no era mi mujer. Eso me daba mucha pena”, confiesa. “Durante varios meses nos vimos en lugares escondidos de miradas indiscretas. Ambos estábamos en falta”.

Cuando la esposa de Alberto encontró una carta de amor en el bolsillo de un pantalón, la verdad explotó. “Me preguntó qué significaba y yo le dije: ‘A vos te quiero mucho. Pero a ella la amo’”. La verdad sin empatía es crueldad.

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Llegó la separación. “Me fui al día siguiente. Un domingo”. Pero no fue el comienzo de la vida que soñaba. Fue otro laberinto. Al otro día, desde su trabajo, llamó a Noelia y le confirmó que se había ido. Ella no creía que lo haría. Y como, en algún momento Alberto le había dicho que cuando estuviera solo iría a su casa, golpearía la puerta y le contaría todo al marido, sucedió lo inesperado. “Dejó de hablarme”.

Ella nunca dejó a su marido. “Pensé que cuando me separara ella iba a animarse. Pero desapareció”, se lamenta sin poder disimular algo de bronca. “Tenía miedo de que yo fuera a contarle todo al esposo. Terror al cambio”, define Alberto.

Volvieron a encontrarse tiempo después. Y siguieron. Siempre a medias. Siempre siguen. “Desde aquel momento han pasado 24 años. Recuperamos nuestro contacto. La madre, que me había odiado, ahora nos sirvió de pantalla mientras vivió. Me pidió perdón por su conducta pasada. Comprendió”. Alberto trató de todo para que Noelia se separara. Ya no sabe más qué hacer: “Nunca intenté hablar con el esposo. Tengo la idea de que, si lo hiciera, ella me negaría como Pedro negó a Jesús. Y él, que supone la verdad, aceptaría lo que la esposa dijera, solo por jodernos a los dos”, sentencia. Noelia quiso cortar con Alberto varias veces. Por culpa. Por religión. Por miedo. Por costumbre. No lo logra. “Es como si su culpa fuera superior al amor y deseo”, se lamenta él, y explota con otra de sus analogías: “No pongo en duda su amor… Pero nunca entendió que no se puede hacer una buena tortilla sin romper algunos huevos. Amar es jugarse, es valor, es coraje. Resulta más fácil ser cobarde y permanecer quejándose en un lugar que no la hace feliz”.

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Alberto intentó rehacer su vida con otras mujeres. Tuvo parejas largas. Pero ninguna logra ocupar el lugar de Noelia. “Ella es el gran amor de mi vida”, dice sin dudar. “La mujer que más quise… y quiero”.

Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).
Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hoy hablan todos los días. A veces se ven para tomar mate. A veces discuten. A veces se ríen como dos adolescentes. Él asegura que sigue enamorado como aquel primer día en la facultad.

Noelia ya no quiere tener relaciones sexuales. Dice que siente el pecado en su espalda. Que están grandes. Que él merece otra oportunidad. Pero tampoco puede dejarlo ir. Alberto estalla de frustración: “Y yo, ¿qué catzo hago con mi amor?”.

Hace poco, en medio de una de esas conversaciones eternas, él volvió a preguntarle por qué seguían haciendo todo tan difícil. Noelia no respondió. Entonces él entendió algo que le dolió y lo alivió al mismo tiempo: hay amores que no saben vivir juntos, pero tampoco sobreviven separados.

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Y desde hace 56 años, el de ellos sigue siendo uno de esos.

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Escribinos y contanos tu historia: amoresverdaderos@artear.com

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@cynthia.serebrinsky

Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.

Sumario, Amores verdaderos, Pareja, Amor

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“El lenguaje era similar a los juegos de guerra”: así se detectó la amenaza a una escuela de Paraná

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La amenaza de ataque a la Escuela de Educación Técnica Nº 1 “General Francisco Ramírez” de Paraná, en Entre Ríos, movilizó el jueves un inédito operativo conjunto entre organismos internacionales, fuerzas de seguridad y autoridades educativas. Un adolescente fue identificado como el presunto autor y, por tratarse de un menor de edad, el caso quedó en manos de la Justicia de Menores.

La investigación fue activada tras una alerta generada por los sistemas de monitoreo vinculados al FBI, que llegó al Ministerio de Seguridad, la Justicia y la Policía de Entre Ríos. Esto derivó en un allanamiento y el secuestro de dispositivos electrónicos en la vivienda del sospechoso.

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Según relató el director de Investigaciones de la Policía de Entre Ríos, Horacio Blazón, la información fue recibida a través del agregado del FBI en la Embajada de Estados Unidos, luego de que los organismos especializados detectaran publicaciones en redes sociales sobre un posible atentado contra el establecimiento educativo.

Tras la notificación, el jefe de Policía, Claudio González, convocó a una mesa interagencial integrada por el Ministerio Público Fiscal, áreas investigativas y operativas de la fuerza, el Consejo General de Educación y otras dependencias estatales para analizar la situación y definir medidas preventivas.

El menor había expresado la intención de atacar a la escuela a través de una plataforma digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir de esto, las autoridades educativas dispusieron la suspensión preventiva de las clases en la EET Nº1 durante el viernes 29 de mayo, como respuesta inmediata a la amenaza. De acuerdo con la información recopilada por El Once, la alerta original provenía de la plataforma Discord.

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“El FBI, a través de su agregado en nuestro país, comunica y da toda esta información, que no era una información tampoco muy clara, porque son usuarios de redes sociales”, explicó el director de Investigaciones. Asimismo, indicó que el comité interagencial ordenó la intervención de líneas telefónicas y otras redes sociales, para individualizar al usuario responsable de los comentarios.

Una vez que se tuvo la certeza de dónde provenían las amenazas detectadas, durante la madrugada se realizaron tareas de vigilancia sobre el domicilio del sospechoso y la escuela mencionada en los mensajes. Horas más tarde, se concretó un allanamiento en la vivienda del adolescente.

Como resultado del procedimiento, las autoridades confirmaron el secuestro de teléfonos celulares, tablets y otros dispositivos electrónicos para su análisis. Además, el director de Investigaciones subrayó que “no se encontraron armas ni elementos que permitieran inferir una amenaza concreta o inminente contra la institución educativa”.

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Tras identificarse al alumno, se ordenó un allanamiento en su vivienda

“Era un mensaje de un atentado a una escuela con un montón de cosas más que están siendo sometidas a un análisis y, de este análisis, se desprende que era un lenguaje muy similar a estos juegos de guerra”, describió el comisario González.

Mientras que el director de Investigaciones relacionó el tipo de lenguaje con “entornos virtuales frecuentados por adolescentes”, señaló que el joven sería “una persona vulnerable, no es ni un niño ni un adulto, debe carecer de ciertos conocimientos intelectuales para llevar adelante una situación que le está pasando, y debe continuar asistiendo a clases”.

En línea con esto, Blazón señaló que “no era muy explícito lo que él explicaba que iba a hacer y entendimos que tenía mucho que ver con esto, con cosas que no se consiguen acá en Argentina”.

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Por este motivo, las autoridades evitaron identificar públicamente al menor para resguardar sus derechos y garantizar la continuidad de las actividades escolares. Asimismo, confirmaron que la causa quedó a cargo de la Justicia de Menores, debido a que se trataría de un alumno menor de 18 años.

Ante esta situación, el jefe policial advirtió que “todo lo que tiene que ver con comentarios sobre armas, atentados o amenazas puede ser detectado por organismos especializados y derivar en investigaciones concretas”.

Mientras que señaló que el agregado del FBI felicitó a las autoridades entrerrianas por la rapidez en la respuesta, el director de Investigaciones insistió en la necesidad de supervisar y acompañar a los jóvenes en el uso de las plataformas digitales para evitar situaciones similares.

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Planted y más juegos se confirman para Nintendo Switch / Nintendo Switch 2 – Nintenderos

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De nuevo la lista de juegos de Nintendo Switch y juegos de Nintendo Switch 2 se ha actualizado recientemente con nuevos juegos que están de camino a la consola. Aquí os traemos varios que han sido confirmados hoy.

Juegos para Nintendo Switch / Nintendo Switch 2

Al igual que en anteriores ocasiones, en el listado que os dejamos a continuación podéis echar un vistazo a los juegos junto a su fecha de lanzamiento, precio y detalles indicando si alguno ha confirmado versión para Switch 2 también:

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  • Our Flick Erasers 4 – Ya disponible en Switch y Switch 2

¡El nostálgico y a la vez novedoso “Flick Erasers” ha vuelto con más potencia! ¡Derriba la goma de borrar de tu oponente! Disfruta de una variedad de modos para 1 a 6 jugadores, perfectos para una partida rápida en cualquier momento. ¡Enfréntate a amigos y familiares a través del tiempo y el espacio!

  • Instant Sports 2 – 16 de julio de 2026

Instant Sports 2 ofrece una jugabilidad dinámica y fácil de aprender, con profundidad para aquellos jugadores que buscan dominar cada disciplina. El juego se lanzará digitalmente el 16 de julio de 2026 para PlayStation 5 y Nintendo Switch. Las ediciones físicas para PlayStation 5 y Nintendo Switch estarán disponibles el 30 de septiembre de 2026.

  • Planted – Sin fecha

Planted, una mezcla de simulador de cosecha, juego deportivo y caos total, desafía a los jugadores a enfrentarse a sus amigos en combates en la arena, donde deberán planificar estratégicamente su producción para alcanzar el éxito. ¿Utilizarán fertilizantes para cultivar cosechas gigantescas y conseguir más puntos? ¿Robarán las ofrendas de sus oponentes? ¿O usarán potenciadores para impulsarse hacia la victoria? Solo el tiempo lo dirá.

¿Qué os parecen? ¿Os llama alguno la atención para la eShop de Nintendo Switch? No dudéis en dejarlo abajo en los comentarios.

Vía.

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El almacén de casi 100 años que recuerda la llegada de los primeros asiáticos a la Patagonia remota y su vínculo con los mapuches

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JUNÍN DE LOS ANDES―. “Casa Roca, de Moisés y Roque Roca Jalil. Museo Histórico”. El pequeño cartel, escondido en la fachada de una casa restaurada del centro histórico, no anticipa la asombrosa historia que alberga. En su interior funciona un museo que se aleja de los tradicionales, como el arqueológico o el del archivo municipal, que son pilares del pueblo. Esta casa, en cambio, retrata la historia de los primeros inmigrantes asiáticos que se instalaron en este pueblo rural al pie de la cordillera, de sus descendientes y de su vínculo con la comunidad mapuche.

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Simón Roca Jalil llegó a la Patagonia en 1901, proveniente de el Líbano, con dos hermanos varones. Dejó a su mujer y sus dos hijas del otro lado del planeta y, con sólo 21 años, se afincó en el paraje San Ignacio con la comunidad de Manuel Namuncurá, padre de Ceferino Namuncurá, a 41 kilómetros de Junín de los Andes.

Seis años después, volvió a su país de origen a buscar a su familia y volver a Junín de los Andes, adonde llegó nuevamente en 1909. Tras dejar por siempre su Mairuba natal, Simón y su esposa tuvieron otros seis hijos. Permanecieron en el paraje San Ignacio hasta 1914. Entonces se trasladaron a la estancia Quilquihue. En 1918 la familia del inmigrante se radicó finalmente en Junín de los Andes y, dos años después, comenzó a construir un almacén de ramos generales en este pueblo, que por entonces era poco más que un fortín militar.

Juan Roca Jalil, bisnieto de Simón, y su esposa, Carolina Galeano

El boliche, que fue estafeta postal, sede del banco Nación y eventualmente pulpería, se llamó La Flor del Día. Tuvo su primer edificio propio en 1929. El libanés Roca Jalil expedía alimentos, hacienda, herramientas para trabajar la tierra, alcohol, ponchos e incluso armas. Su almacén, que tenía dos ventanas donde despachar para evitar disturbios, se expandió y acompañó el crecimiento del pueblo.

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En el museo hay antiguos libros de trueque, de “debe y de haber” y hasta un libro de cartas escrito en árabe

Tras la muerte de Simón, el 19 de octubre de 1933, heredó el boliche su hijo Alfredo. Luego pasó a manos de sus hermanos, Moisés y Roque Roca Jalil, que continuaron con la administración del local con la ayuda de Eduardo Zambrano, fiel empleado de la familia.

En 1982, tras cerrarse el almacén de ramos generales, Moisés recopiló las piezas para armar el museo: una colección de 400 matras, tejidos mapuches, herramientas, armas, vinos, caña, grapa, ginebra, whisky y píldoras de boticarios de uso libre tanto de mapuches como de ciudadanos nativos de la zona.

El museo Roca Jalil

Hoy en el museo hay incluso un Dodge modelo 1938 que perteneció a Roque. El recorrido que es posible hacer por el interior de la casa es, al mismo tiempo, un recorrido por la vida diaria del siglo pasado: una muestra del intercambio entre las estancias y el pueblo; entre la vida mapuche y la de los inmigrantes, y también entre sus culturas y sus tradiciones.

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Juan Roca es bisnieto de Simón. “Este es el negocio de mi papá, de mi abuelo y mi bisabuelo. Ellos siempre buscaban tener objetos regionales, de la zona. Apoyaban las artesanías locales. Hacían trueques e incluso coleccionaban ponchos y fajas fabricadas por las comunidades mapuches”, cuenta.

El museo conserva antiguas botellas de vino, caña, grapa, ginebra, whisky y píldoras de boticarios de uso libre, tanto de mapuches como de ciudadanos nativos de la zona

La esposa de Juan, Carolina Galeano, se propuso recopilar esta historia con los miles de objetos bien conservados. Entre ellos hay un poncho de Manuel Namuncurá que llegó desde la comunidad mapuche de San Ignacio, lugar natal de él y de su hijo, proclamado beato por la Iglesia Católica en 2007.

En esta tarea, Galeano contó con la ayuda de Zambrano. Juntos recopilaron los libros de trueque, de “debe y de haber” y hasta un libro de cartas escrito en árabe. La colección es un símbolo de la mezcla de culturas.

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Hay más de 400 piezas de tejido mapuche en el Museo Roca Jalil

El objetivo de Galeano era reconstruir la historia de la familia de su esposo, Juan Roca Jalil: “Ellos fundaron los primeros ramos generales en Junín de los Andes. En esa época se hacía trueque, por eso hay tantos ponchos, matras, objetos de alfarería. Hay incluso documentos de la época de la conquista del desierto, armas y papeles firmados por Julio Roca”.

El galpón original donde funciona el museo estuvo un tiempo cerrado y luego abrió temporalmente en la esquina de Coronel Suárez y San Martín, a metros del primer boliche. “Recuperamos los objetos y los exponemos para compartir la historia. Hay mucho arte. Mucha cultura. Hay piezas arqueológicas, paleontológicas. Restos fósiles. Vasijas. Espuelas, Estribos. Hay desde tacos para las botas hasta herramientas. Y las piezas de tejidos originales, cuero, cinchas”, enumeró el histórico empleado del almacén de ramos generales.

La colección de pipas históricas del museo

Eduardo aseguró que en los inicios el boliche fue una suerte de pulpería. Luego almacén, tienda y ferretería. Se vendían hasta bolsas de agua de tela para mantener el agua fría. “Los principales clientes eran de la zona rural. Las estancias todas se equipaban acá. Venían desde los propietarios hasta los peones a buscar recados para sus caballos, alambrados…”

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“Este lugar fue el primer almacén de ramos generales. Se atendía por ventana chica, porque venía mucha gente de afuera, de los bosques. Y no todos con buenas intenciones”, recuerda Eduardo, que comenzó a trabajar con la familia en 1968. “Había muchos robos. Venían, se llevaban las cosas e incendiaban todo. Llegaban tropas desde el bosque y al otro día no quedaba nada”.

Juan Roca Jalil junto a Eduardo Zambrano, fiel empleado de la familia

Dada la violencia que reinaba en la zona en los primeros años del siglo pasado, en el almacén de ramos generales se vendían revólveres de todos los calibres, escopetas y municiones para todo ese armamento.

Todo dentro del edificio es original. Desde las estanterías de raulí hasta las ventanas por donde se expedían las armas. Desde las balanzas hasta las lámparas, las damajuanas y las cafeteras, e incluso algunos lotes de alpargatas, listas para despacho.

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 “Había muchos robos. Venían, se llevaban las cosas e incendiaban todo. Llegaban tropas desde el bosque y al otro día no quedaba nada”, contó Zambrano

“Es una parte importante de la historia de Junín. Es la historia de los inmigrantes, pero también de la gente que trabajaba en las estancias, en los campos”, resume Eduardo que colaboró para mantener viva esta memoria.

El museo completa desde una perspectiva distinta un circuito que incluye el museo arqueológico y paleontológico, que tiene más de 4.000 piezas, con ejemplares fósiles y de dinosauros con más de 250 millones de años de antigüedad. Y el archivo histórico local que permite adentrarse en los rastros de los mapuches y tehuelches que habitaron la zona hasta la conquista militar y la evangelización saleciana y los rastros de ese intercambio entre la cultura mapuche y la cultura europea. Se recorre en visitas acordadas, con anticipación previa, a @casarocajalil

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