CHIMENTOS
Rodrigo Lussich, al filo: la decisión de separarse de Adrián Pallares, las cuentas pendientes que saldó con Ángel de Brito y los famosos con los que salió
En una mañana activa desde muy temprano, luego de realizar trámites y pasar por el banco, Rodrigo Lussich se acerca al cuartel central de Paparazzi para sumarse a la sección A solas. Luce prendas holgadas y un look deportivo. Muestra sonrisa sincera y gran predisposición, lejos de la actitud de otros famosos, reacios a mostrar su intimidad o simplemente, conceder una entrevista. Lussich, en cambio, refleja su comodidad al momento de situarse del otro y ser entrevistado.
A segundos de comenzar a grabar el reportaje, cuando el reloj marcaba las 11:30, le llega un mensaje a Lussich con el anuncio de una reunión de producción de Intrusos. Por lo cual, ni siquiera se hizo tiempo para tomar un café, lo que aceleró la charla. Con los minutos contados, pero con la mejor de las ondas, profesional al máximo, Rodrigo no esquivará ningún tema y se mostrará tal cual es.
Dirá entonces que está soltero, pero con ganas de encontrar un compañero. Apasionado del trabajo, hablará de los proyectos, que no solo abarcan conducción sino también la actuación para quien tiene su unipersonal. Además, deslizará que no descarta en un futuro romper con una dupla emblemática, aquella que protagoniza con su amigo y compañero Adrián Pallares, para así continuar desempeñándose sobre los escenarios por su cuenta.
“Hablar de mí es una de las cosas que más me gusta. No tengo problema: no me jode estar de este lado del mostrador”, confiesa Lussich, generando un clima ameno y sin condicionamientos.
—Estás instalado en un programa que es una marca registrada. También hacés teatro. ¿Ya estás cómodo, relajado y en un lugar de disfrute?
—Yo tengo un problemita, entre otros: cuando entro en espacios de comodidad demasiado relajados no sale mi mejor versión. Por una cuestión de vida, de costumbres, de la forma en que fui criado o por mi propia personalidad, me siento más cómodo en la incomodidad. Es ahí donde sale mi parte creativa y me desafío a hacer cosas. Ser culo inquieto en general me rinde para bien. Hay lugares que se disfrutan, sin dudas. La conducción de Intrusos es un espacio de disfrute, como ha sido la conducción de seis años en el rubro con Adrián. Pero hay lugares donde digo: «Esto ya está». No me imagino 20 años conduciendo un programa. No me calienta porque creo que te aleja de otras situaciones que podés llegar a experimentar en la carrera y en la vida. Aparte los tiempos, han cambiado: antes esa trayectoria daba chapa, hoy competís con pibes y pibas que tienen un montón de creatividad, que están en las redes o el streaming. Instalarse en un programa te saca de carrera o te ata a un estilo del que después es difícil salir.
—Ustedes le pusieron una marca personal a la conducción, más allá de que algún colega les haga chistes o los llame los bailarines…
—Sí, es un sello mío de hace años y al que después se sumó Adrián. La parte más lúdica la hago yo, pero Adri se engancha y sube. Él compensa la parte periodística. Es nuestro estilo y por el que yo he luchado mucho en la televisión: hacer chimento de forma más relajada. Para nosotros es más importante divertir y entretener a la gente a que escuche la primicia del año.
—Hay colegas que hacen otro tipo de periodismo y critican al de espectáculos, diciendo que no es periodismo sino chimento.
—La palabra chimentero es peyorativa en sí misma, medio reduccionista. Pero también está en el otro extremo de lo que sería el periodismo de espectáculos, que tampoco creo que sea lo que nosotros hacemos. El chimento es chimento: la palabra es fea, no sé si habría otra. Eso queda porque la gente pone etiquetas constantemente y es difícil luchar contra eso. Creo que es un género de entretenimiento, donde vos y yo vamos a jugar, y lo que te estoy contando es verdad. Después te vas a hacer tu vida, a pensar en lo importante de tu vida, y no en lo que te contamos yo, Marina Calabró o Ángel de Brito. Es un tema nuestro para medirnos entre nosotros. Por eso, a mí la primicia o quién lo dijo, si me copiaste, me parece que es un plomazo, es viejo, un planteo de Radiolandia. Hoy contás algo y resulta que ya lo contó un tuitero.
—¿Sos fácil para la convivencia? Porque no es tarea sencilla que resulten duplas de conductores, por egos y competencia, y con Pallares llevan años juntos.
—Tenemos una relación de amigos de 20 años y que conduzcamos juntos en la tele es una circunstancia, que está buenísima, que nos ha llevado a un lugar relindo, que ha sido un éxito, pero nuestra amistad no va a depender de eso. Seguramente, en un tiempo no muy largo dejemos de conducir juntos, que lo hicimos seis temporadas. Somos más amigos que compañeros de la tele. Como amigos nos llevamos muy bien, entonces, sopesamos cosas de la conducción en dupla: el doble comando no se lo recomiendo a nadie, no es natural en la televisión, salvo que tengas una química como la que tenemos nosotros. Salvando las distancias Marley y Florencia Peña, la Negra Vernacci con Tortonese: así, son excepciones. Pero si juntan a dos rándom, sin esa química previa es difícil forzar eso al aire, aunque se respeten. Las conducciones que han llegado lejos son las unipersonales: Jorge Rial, Santiago del Moro, Angel de Brito, Marcelo Tinelli, Verónica Lozano, Darío Barassi, Mirtha Legrand, Susana Giménez.
—O sea, ¿no descartás abrirse y trabajar solo?
—No. Sé que va a pasar. Estamos transitando el final de nuestro rubro con Adrián. No tiene fecha de caducidad, pero está entrando en sus últimos tiempos. Lo cuál está hablado y está buenísimo. Le hemos sacado jugo. Y no significa que cuando hablo de final, hablo de uno definitivo: capaz volvemos a hacer teatro juntos u otro programa, algo en radio o en streaming. Tal vez, dupla televisiva. Hicimos un espectáculo tres años y ahora me corté solo porque me puse a hacer stand up. Tenía ganas de experimentar el unipersonal. En su momento lo invité a sumarse a un proyecto y salió bárbaro, él se adaptó al escenario: sé que juntos somos dinamita.
—El unipersonal que estás haciendo ahora, ¿es sobre el mundo del espectáculo?
—No, nada. Humor puro y duro. Viene mucha gente de la tele que busca el chimento, pero el que avisa no traiciona. Es un espectáculo para reírse de punta a punta, es stand up, no chimento ni farándula. En general, lo autorreferencial, las anécdotas con remates permanentes, los chistes.
—Llamó la atención la vuelta a América cuando hacían Socios, que estaba instalado en El Trece. ¿Por qué dejaron esa pantalla?
—Fue una sumatoria de factores. Nos fuimos a El Trece en un momento en que la estábamos rompiendo en América, funcionabamos bárbaro, como ahora. Y vino una oferta que no pudimos rechazar, por un montón de cosas; primero, porque no hay que quedarse con la duda. Pasamos mucho estrés, angustia, amamos a la gente de América. Nos costó mucho dejar el canal, pero al mismo tiempo nos parecía una oportunidad. La tomamos, nos fue bien, hicimos tres años, nos podríamos haber quedado; sufrimos en el medio una racha de caída de números de la pantalla de El Trece de toda la programación .Cuando Juan Cruz Ávila tomó las riendas de América nos vino a proponer hacer los 25 años de Intrusos, y fue tentador: un evento televisivo que no nos queríamos perder. Aunque en El Trece se trabaja muy bien, hay familiaridad con la gente del canal: extrañábamos cosas de la cotidianidad.

—En ese lugar quedaron Matías Vázquez y Pampito. ¿Cómo lo ves, ya que no siempre son fáciles las duplas?
—No sé cómo se llevan ellos. No veo el programa en lo cotidiano, pero creo que están muy bien como programa, como marca. A ellos les costó más porque venían a imponer algo. Nosotros veníamos de Intrusos y la dupla estaba aprobada. Nos daban nuestra marca, y ellos tenían que tomar la propia. Y en el contexto, les va bien: lo hacen bien, están cortándose en su personalidad, el estilo de su panel y son un programa que es parte de la cantidad que hay. Entraron con una difícil: nos tuvieron que reemplazar en tiempo record, igual que al revés, cuando nos tuvieron que reemplazar por Florencia De La V en Intrusos. La diferencia es que a mí no me gustaba Florencia, pero sí me gusta lo que hacen los chicos.
—¿Por qué no te gustaba Florencia en Intrusos?
—Me parece que se forzó ahí, y lo que hace ahora a un estilo periodístico. Ella, claramente, es una actriz capocómica que podría aprovechar eso más a favor y hacer un programa más show. Podría haber seguido la tradición de lo que hacíamos nosotros; es decir, más show. No digo lo mismo, pero aprovechando su histrionismo y su capacidad. Ella se quiere poner en un lugar muy serio, que no sé si es lo que más gusta de ella. Pero es una apreciación mía, como público: está habilitada para hacer lo que quiera. A mí, como espectador, no me gustaba esa cosa tan rígida. Lo de los chicos me gusta más.
—Y en esto de cambios en la pantalla, ¿cómo ves la salida de Yanina Latorre de LAM?
—Son momentos de la carrera donde te cae la ficha de que tenés que pegar el salto. Hacía mucho que a ella se lo ofrecían. Estaba muy cómoda y tal vez le empezó a hacer ruido, y el cuerpo y la profesión le pedían más, y probarse. Tiene una fórmula que está muy bien, en un programa de una hora, con un estilo propio súper lindo y divertido. Es un personaje en sí mismo muy atractivo, hipnótico.
—¿Cómo es la relación con Ángel de Brito? Les hace chistes, los carga: ¿molesta?
—No nos llevamos mal hoy, como nos hemos llevado por lo menos en otra época. Me pasa que solté esa rivalidad. Durante mucho tiempo tenía mucha cosa guardada. Una vez lo dije en la tele, hice mis descargos, y cuando digo lo que me pasa las libero, las suelto, no me quedo enganchado. Eso me hizo rebien. Después, cuando nos vinimos a América, nos encontramos: almorzamos los tres, saldamos cuestiones pendientes y hoy tenemos una relación de convivencia. Hablamos, tenemos un grupo de WhatsApp que muy cada tanto utilizamos. No somos amigos, pero está todo bien: la gastada ha bajado bastante. Que nos digan bailarines y ese tipo de cosas, qué sé yo… A esta altura no me entran las balas. De hecho, ya no bailamos mucho en el programa. Está todo en paz.

—¿Hay alguna información que te arrepentís de haber dado?
—No sé si arrepentido… No se me viene algo. ¿El límite? En general, las cosas de la salud se piensan dos veces. Que Wanda Nara tenía leucemia lo contó Jorge Lanata, no un (periodista) chimentero: ¡tanto que nos acusan! Siempre estás al límite cuando hablás de la vida del otro. En general, hablamos de quien juega el juego. Lo feo es cuando, como alguna vez me ha pasado, te metés en la vida de alguien que no está en el juego, ¿y para qué joderlo o complicarle la vida? Aparte, yo soy un bocón: entre pedir permiso y perdón, prefiero pedir perdón. El límite entre tener filtro y no tenerlo es muy delgado. Trato de ponerme uno, pero a veces me traiciona el inconsciente. Soy un tipo muy vehemente y pretendo entretener con el humor, pero hay un límite entre ser gracioso y un gracioso de mierda. Te puede pasar.

—En cuanto a los famosos, ¿le ves futuro a la China Suárez y Mauro Icardi?
—Hace un tiempo habría dicho que no, pero la pareja ya lleva tres años. Y uno no daba un peso por esa pareja. Si se terminaría, lo veo más por el lado de la China, porque tiene como esa cosa más adolescente, cambiante; ha dejado a sus parejas. Lo que no quiere decir que ahora esté súper enamorada y haya encontrado el tipo que buscaba. Cuando fueron amantes y empezó la historia del Wandagate, dije que iban a terminar juntos. Wanda opera a los periodistas como quiere, y los periodistas repiten mucho lo que ella les dice. Pero algo me decía que iban a terminar juntos. Viéndolo así, es una pareja súper consolidada.
—Otra famosa con amores y desamores es Pampita. ¿Por qué no le duran?
—Pampita es una piba bárbara, honesta en sus sentimientos y su búsqueda, pero tiene una necesidad de perfección para el afuera que le debe poner mucha presión a sus parejas. Ella lo quiere así, pero tal vez sus parejas sufren tanta perfección, tanto corrección, tanta vida perfecta. Y la vida no es perfecta, para ella y para nadie. Y se topa con tipos que, más allá de que sean o no un demonio, los idealiza, y después se desilusiona. Imponer al otro una manera de llevar adelante la vida pública debe ser medio un plomo. Igual, es una apreciación: no me consta que así sea.
—En esta misma sección, Tomas Dente declaró que no tiene sexo ni como harinas desde hace 20 años. ¿Le creés?
—No. Pero capaz que sí… 20 años sin sexo me parece una cosa de locos.
—Y en tu caso, ¿cómo venís con el sexo y las harinas?
—Tengo más harinas que sexo, eso seguro. Pero tampoco la pavada… Estoy en un momento de introspección. He tenido parejas y he estado noviando y matrimoniando mucho tiempo, más de joven. Estoy en un momento donde me cuesta bastante entablar vínculos. Estoy conectado con la carrera, me fui a Europa dos meses, murió una amiga muy querida que me dejó muy tirado a nivel ánimo. Me complemento mucho con el trabajo, las cosas que hago y estoy dedicado al stand up, más allá del programa. No me doy yo la oportunidad de conocer a alguien. Sé que son procesos. En algún momento voy a soltar eso y aparecerá, porque también hay un deseo de que pase. Tal vez no le estoy poniendo el cuerpo a ese deseo, porque hay que ponérselo y no esperar que las cosas pasen mágicamente. Abrir una app de citas no es ponerle el cuerpo…
—¿Usás aplicaciones de citas?
—Sí, pero sabés que eso no te va a conducir a nada. Me ha pasado que piensen que estoy usurpando la cuenta de Rodrigo Lussich. Un día en Intrusos empecé diciendo: «A Mauro 28, soy yo, que me desbloquee». Pero eso no es poner el cuerpo. Hoy, con todo hacemos eso: sentarnos y que el teléfono nos resuelve la vida.

—La semana pasada Mauro Szeta contó que nunca le nació el deseo de ser padre. ¿Cómo es en tu caso?
—Tengo bastante contradicción, pero en definitiva, creo que es más no que sí. Me lo he plantado por momentos, he pensado que era algo que debía incluir con una pareja, porque solo no lo haría. Le he encontrado justificaciones. Pero al mismo tiempo, tampoco le he puesto el cuerpo a ese deseo. Cuando creo en algo, en lo profesional, en lo político, en lo personal, voy para adelante con todo. Y si no lo hago, entiendo que en algún punto no lo creo. Entiendo que si tengo 53 años y no busqué la paternidad, es que no es algo que sea tan fuerte en mí. Tal vez mañana me cruce con alguien que tiene instalado ese deseo y me suba a eso desde el amor a esa persona. Sería a consecuencia de otra cosa previa, de un pro y amalgamar.
—La gente piensa que los famosos tienen sexo en los camarines. ¿Te pasó?
—Sí, tuve sexo en los camarines de más de un canal de televisión. No tantas veces, pero un par seguro. Se dio. Soy bastante clásico: no tengo esa cosa del morbo, nunca fui un tipo promiscuo que buscó la cosa sórdida del sexo.
—¿Saliste con algún famoso que no sepamos?
—Sí. No hay muchos. La mayoría de los famosos con los que quise estar, no me dieron pelota. No he sido su tipo. Pero con algunos coincidimos, hicimos match.
—¿Hoy, para vos, cuál es el hombre más deseado o más seductor?
—Benjamín Vicuña me parece sumamente seductor, por personalidad, carisma, belleza. Está más grande, pero sigue siendo atractivo. Después están los chico nuevos, como Nicolás Occhiato que es un muchacho muy lindo, joven y fachero. Agustín Bernasconi es refachero.
—¿Y alguna mujer que te haya atraído?
—Hay mujeres que me gustan mucho. En su momento se supo que tuve una breve cita con una actriz: me replanteé cosas sobre mi sexualidad, que me inspiró ella. Fue la única vez que me pasó. No avanzó porque ella no quiso. Yo hubiera seguido un poco más, para ver qué pasaba: me generaba deseo. Por algo no se dio. Tampoco me quedé. Empecé a tirotear a una chica del gimnasio que estaba casada y después dije: «No, por acá no, me voy a complicar la vida». Después hay chicas que me parecen hermosas: Luciana Rubinska es un bombón, una chica linda que me llega desde algo personal. Nadie es lindo o feo más que para los ojos de quien mira.
—Alguna vez fantaseaste con dejar de trabajar. ¿Lo seguís pensando?
—Sí, todo el tiempo. Tengo como una especie de mantra interno: ¿cómo quiero vivir los próximos 20 años útiles de mi vida? En ese sentido el panorama es muy amplio: desde irme a vivir afuera, instalarme en España, cambiar de rubro, dejar el chimento y hacer otra cosa, dedicarme solo al humor. De algo tengo que vivir, porque soy un tipo que no amasé fortuna ni tengo guita para decir «me retiro y vivo de rentas». Aparte, porque soy un laburante: trabajo desde los 18 años. En mi casa me volvería loco. Pero sí daría espacio a cuestiones de creatividad que tal vez la televisión diaria, por el estrés que implica, un poco te anula, como escribir libros o cosas para teatro. Haciendo tele todos los días se me apagan todas las luces.
—¿Cómo te llevás con el gobierno de Milei?
—No me llevo, no me gusta, no comulgo con sus ideas ni con sus políticas, ni con nada: ni con las formas ni con el fondo. La forma es horrible y el fondo es espantoso.
—¿Adorni debería renunciar?
—Sí, claro. Como cualquier funcionario investigado y de quien haya sospecha. Sobre todo de gente de un palo que, supuestamente, viene a combatir todo eso: la corrupción, la casta. Pero cuando les toca a uno de ellos, no lo entregan. Entonces, es todo contradictorio e hipócrita.
—¿Te ofrecieron hacer política?
—No. Me interesa la política como defender ideología o poder decir lo que pienso. O hacer incluso humor político. Me gustaría probar y hacer un espectáculo de monólogo político. Involucrarme desde ese lugar. Pero no me lo han ofrecido ni accedería a un cargo. Desde afuera analizando, sí; pero desde adentro, no.
—¿Pensabas que el país iba a alcanzar este presente donde mucha gente no llega a fin de mes?
—Sabía que íbamos a llegar a esto y que se puede estar peor. El dia que Milei ganó las elecciones sabíamos que estábamos entrando al peor de los mundos. Es gente que es muy buena para ser oposición, pero después no saben gobernar. No saben gestionar para el pueblo, para la clase media, para la gente que necesita. Gobiernan para un grupo de millonarios, no para la gente. En las formas, Mauricio Macri era mejor, pero en el fondo era lo mismo. Ni hablar de la década menemista. Entiendo que la sociedad pida cambios y esté cansada de modelos que se pueden haber desgastado o que pueden haber defraudado. El último gobierno de Alberto Fernández fue malo, sin dudas. Pero entre Guatemala y Guatepeor, me quedo con Guatemala: si estos son los políticos que tenemos, quiero el que menos daño me haga.
—Te llevo a lo personal: ¿cómo llevás el paso del tiempo?
—Tengo 53 años y me puedo venir abajo en dos minutos. Me cuido: empecé a usar cremas; hasta los 50 años no usé nada. Es genética. Mi mamá tiene 76 y no tiene una cana, no se tiñe el pelo. Tampoco soy un tipo que se haya dedicado a hacer ejercicios: no tengo un cuerpo fibroso. Me aprovecho de la juventud para no hacer cosas y empezar a cuidarme con cosas que con la edad aparecen. De carcasa, estoy mejor.
—Por último: ¿qué te hace felíz?
—Trabajar. Hacer lo que me gusta, las cosas que creo. Soy bendecido: laburé toda mi vida, hice todo el escalafón, no fui ahijado de nadie, no me acosté con nadie; no digo que esté mal o bien. No salté, no tuve 15 minutos de fama de un día para el otro, no fui viral: laburo. Las cosas son consecuencia de todo ese sacrificio. Pude hacer a los 53 años un viaje de dos meses recorriendo Europa, pero no lo pude hacer a los 20: tenés que irte con una mochila o que te ayuden tus viejos. No fue mi caso. Lo hice y me hizo muy bien: te abre la cabeza. Me desconecté de la locura del rating. No me considero ejemplo de nada, son decisiones. Solo la acción elimina la duda: hacelo, y reventate contra la pared o brillá. Si hacés lo que te gusta, no sale mal. La vida te lo compensa. Con convicción. Hay gente que se queda, les gana el miedo o la culpa. Hablo desde mi experiencia.

Rodrigo Lussich
CHIMENTOS
Quién es el hombre que aterrorizó a la novia de Facundo Moyano tras días de consumo de cocaína: qué pasó en el departamento y por qué ella huyó semidesnuda
Candela Arizaga ya está estabilizada, acompañada de sus seres queridos y a salvo. Pero va a faltar mucho tiempo para que se pueda sacar de la mente y el cuerpo todo lo que pasó en la madrugada del martes 4 de agosto, cuando quedó internada en el Hospital Pirovano en un estado de shock psicomotriz.
La novia de Facundo Moyano corrió unas cinco cuadras desde el departamento situado en Avenida Libertador, descalza y semidesnuda, a los gritos y en un evidente estado de conmoción, luego de pasar más de un día encerrada. Horas y horas de consumir cocaína y alcohol con Moyano, hasta que algo la detonó.
“Shockeada, estresada y obnubilada”, dijo el abogado Diego Storto sobre cómo vio a Candela, su defendida. Lo que ocurrió puertas adentro todavía es materia de investigación. Pero algo se pudo saber: a la joven de 23 años lo que le provocó un brote de terror fue la aparición de un hombre a quien llaman Pinocho.
«Consumieron solo cocaína. El examen toxicológico de Candela así lo arrojó», dijo Storto, quien señaló que el problema fue el llamado de ese hombre, quien sería el dealer. El abogado señaló que ella contó que, antes de terminar en el departamento del exdiputado, el domingo habían ido a la cancha de River. «Comienzan a drogarse los dos y la situación, el consumo, se les fue de las manos».
QUÉ PASÓ EN LA MADRUGADA EN EL DEPARTAMENTO DE FACUNDO MOYANO
La joven rosarina le confió a su abogado que todo se pudrió cuando, en un momento dado de la noche del lunes, se les acabó la droga que venían consumiendo. Entonces “llamaron a este Pinocho” para que les suministrara más cocaína.
«Ella dijo que sintió miedo, que quiso irse y que escapó por la situación que estaba viviendo dentro del departamento», sostuvo Storto, sobre Arizaga, que en las últimas horas rompió el silencio en sus redes con un escueto comunicado.
“Ya estoy bien. Mi mascota también lo está. Gracias a todos los que se preocuparon. Tengo errores como cualquiera. A la gente que me bardea, le deseo mucho amor”, escribió Candela en sus historias de Instagram.
facundo moyano, candela arizaga
CHIMENTOS
Hilda Lizarazu recordó el día que cantó con Charly García con su hija Mía en brazos: “No se lo olvida más”
La imagen de Hilda Lizarazu subiendo al escenario con su hija en brazos durante el histórico festejo de los 50 años de Charly García en el Teatro Coliseo se mantiene viva en la memoria del rock argentino. Aquella noche del 27 de octubre de 2001, la escena no solo impactó al público presente, sino que quedó registrada como uno de los episodios más recordados de la relación entre artistas y familia sobre las tablas.
Lo que ocurrió tiene la fuerza de un relato transmitido de generación en generación. Mía Folino, con apenas nueve meses de vida, no podía dejar de llorar en el camarín mientras su madre se preparaba para acompañar a Charly García en el tema “Buscando un símbolo de paz”. La situación se volvió un desafío inesperado para Hilda, enfrentada a la disyuntiva de calmar a su hija o cumplir con su compromiso artístico en un evento que reunía a los grandes nombres del rock nacional.
El testimonio de la propia Hilda en el ciclo Otro Día Perdido aporta una dimensión íntima al recuerdo: “Mi hija no se quería desprender de mí. Yo me había bajado del micro, así como estoy, con esas bombachas de gaucha, muy sana. Vivía en Córdoba en ese momento, en medio del monte. Y estaba con Cachorra, ‘con cría al pie’, como decían los gauchos allí en Córdoba. Un saludo muy grande a toda la gente de Córdoba”. El contexto personal de la cantante revela cómo la maternidad y la vida artística se entrelazan, incluso en circunstancias extraordinarias como aquella noche.
Mientras transcurría el show, la cantante permanecía atenta al desarrollo desde el costado del escenario, con su hija en brazos. Cuando llegó el momento de interpretar el tema, intentó dejar a Mía a cargo de una amiga. Sin embargo, la pequeña reaccionó con llanto y resistencia, incapaz de separarse de su madre. La tensión del momento fue resuelta por la intervención de León Gieco, quien se encontraba presente en el camarín y aportó una solución pragmática y afectuosa: “Salí con la nena, ponele dos algodoncitos. ¿Sabés qué? No se le va a olvidar nunca más”.
La sugerencia de Gieco fue decisiva. Hilda colocó algodón en los oídos de su hija para protegerla del volumen de los monitores, que en esa época estaban contra el piso y a todo volumen, como recordó Mario Pergolini durante la charla televisiva en la que se evocó aquel episodio. Así, madre e hija subieron juntas al escenario, integrando espontáneamente la vida familiar al espectáculo musical.
La escena quedó grabada en la memoria colectiva, no solo por el gesto maternal, sino también por la reacción del público y de los propios músicos. El carácter histórico del momento fue anticipado por la frase de León Gieco: “Va a quedar en la historia”, una afirmación que, con el paso del tiempo, resultó premonitoria.
“Era tan chiquita”, evocó Hilda al ver las imágenes. La presencia de Mía en el escenario no respondió a una planificación previa, sino a la necesidad de resolver una situación concreta, donde la maternidad y la música se cruzaron de forma natural y emotiva.
La interpretación del tema, en ese contexto, adquirió una carga simbólica adicional. La canción “Buscando un símbolo de paz”, ya emblemática en el repertorio de Charly García, se resignificó a partir de ese instante, asociada para siempre a la escena de madre e hija compartiendo el espacio artístico.
La trascendencia de aquel momento no se limitó a la anécdota de octubre de 2001. En el programa mostraron las imágenes de Mía Folino adulta, 25 años después, nuevamente sobre el escenario junto a su madre y cantando el mismo tema. Esta repetición del episodio demuestra cómo los recuerdos familiares pueden tener una proyección pública y perdurable, resignificando el pasado y actualizando los vínculos a través de la música.
La presencia de Mía sobre el escenario, primero como bebé y décadas más tarde como artista con presente y futuro, ilustra la continuidad de una historia compartida y la fuerza de los lazos entre generaciones en el entorno del rock argentino. El propio hecho de que las imágenes sean recorridas y comentadas en programas actuales señala el valor y la vigencia de aquel gesto espontáneo.
mía folino
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Las bombas de La Joaqui contra Luck Ra, furiosa en medio de los rumores de una tercera en discordia en su separación: «Preferís la joda y…»
La Joaqui se encuentra atravesando uno de los momentos más complicados de toda su vida. La separación de Luck Ra rompió su corazón en pedazos, y sobre todo porque ella viajó a España a visitarlo con la ilusión de que le iba a pedir matrimonio, y todo se terminó.
El hecho de proyectar vidas diferentes fue el punto de quiebre entre ambos; luego de la presentación que hizo Joaquinha en el Movistar Arena con Rosalía, en donde pasó por el confesionario, y ahí fue que contó que tenía 7 outfits diferentes preparados, en caso que llegara esa propuesta en la semana que viajó.
Al cuarto día Luck Ra le planteó la separación y fue una daga clavada en su corazón. Desde que salió a la luz su ruptura, se habló mucho últimamente, pero ayer a la noche la cantante sacó una canción junto a Callejero Fino.
“Te ví”, es el nuevo tema de ambos que rápidamente está siendo subiendo en cuanto a reproducciones. Y claro, leyendo de cerca su letra, los fanáticos no tardaron en encontrar indirectas dedicadas contra Luck Ra. Un detalle no menor es que Yanina Latorre contó que están muy mal, y que ella está furiosa, e incluso que lo bloqueó de todos lados.
LA JOAQUI SACÓ UNA NUEVA CANCIÓN, LLENA DE INDIRECTAS PARA LUCK RA
“Hoy te vi y me di cuenta de que ya no te hago falta, me hacés sentir que soy yo quien está en falta. Lindo, quedó claro que hablamos idiomas distintos. Me saqué el chaleco, pero ahora me blindo. Preferís la joda y yo prefería tus mimos”, se la escucha cantar.
En un tema que tiene que ver claramente con el desamor, y que cuaja perfecto para la situación romántica que hoy ella atraviesa, la letra no pasó por alto. Acompaña del Callejero Fino, uno de sus grandes amigos, volvió a pisar fuerte con la música.
“Nuestros idiomas de amor estaban hablando distinto”, expuso. Cabe destacar que en recientes declaraciones que hizo La Joaqui, quebrada en llanto, no pudo contener todo su dolor por esta inesperada y tremenda situación que vive.
“El amor es libre y el otro es libre de no elegirte más y eso no lo hace una mala persona. Yo nunca había amado así. Yo me quería casar. Yo estaba muy enamorada, pero no nos dio el timing. Y realmente, Facu, independientemente de que hoy tome una decisión que es distinta a la que yo idealizaba… él fue por lejos el mejor novio que he tenido”, sentenció.
La Joaqui, Luck Ra
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