Milei mandó al Congreso el proyecto de ley de Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias (Imagen Ilustrativa Infobae)
Volaba sobre el Atlántico cuando, hace justo un mes, apretó el botón. El 7 de mayo de 2026, mientras el avión presidencial dejaba atrás Los Ángeles, el presidente Javier Milei –que había sido parte de la Conferencia Global del Instituto Milken– publicó en su cuenta de X lo que llamó una “mega bomba”: el anuncio del Súper RIGI, una versión expandida del régimen de grandes inversiones que ya había convertido en la pieza central de su estrategia económica. “Dado que no podemos comprarnos un B2 Spirit”, escribió el Presidente, “no me queda otra que lanzar una MEGA BOMBA desde el avión presidencial”.
Según el Gobierno, el esquema actual de incentivos ya comprometió casi USD 140.000 millones –a varios años y con desembolsos escalonados– y generará un total de 180.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos. No sólo eso, en un artículo del jueves en el Financial Times, el mandatario se comprometió a que la IA tendrá en el país el “marco legal y fiscal más atractivo del mundo” e invitó a las empresas tecnológicas a desembarcar con la promesa de la absoluta desregulación del sector. Además, la semana que pasó el ministro de Desregulación y Reforma del Estado, Federico Sturzenegger, le propuso al Congreso cambiar la ley se Sociedades, con una simplificación completa y hasta la incorporación de “sociedades full IA”, empresas operadas por agentes de IA o robots, con personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada, en las que los accionistas humanos podrán participar, pero no serán un requisito.
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El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, o simplemente RIGI, nació en julio de 2024 como el capítulo más ambicioso de la Ley de Bases. La idea era simple en su enunciado y más compleja en su ejecución: crear un paraguas normativo tan robusto, tan blindado contra la voracidad fiscal argentina, que los grandes capitales globales se animaran a apostar por el país.
El mínimo de ingreso quedó fijado en USD 200 millones por proyecto.También propuso 30 años de estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria. Una suerte de cerrojo legal que ningún gobierno futuro podría abrir sin pagar costos jurídicos enormes.
Los beneficios concretos son de una generosidad que no tiene precedentes en la historia reciente del país. El Impuesto a las Ganancias baja del 35% al 25% para los vehículos adheridos al régimen. Los derechos de importación sobre bienes de capital quedan exentos. Las exportaciones tampoco pagan retenciones después del tercer año. Y lo más importante para inversores que piensan en el largo plazo: la posibilidad de girar divisas al exterior sin restricciones, de forma escalonada pero garantizada.
Lo cierto es que el RIGI tardó más de lo esperado en arrancar. El primer proyecto en ser aprobado fue el parque solar El Quemado, de YPF Luz, en Mendoza.
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El segundo proyecto marcó el cambio de escala. En marzo de 2025, el ministro de Economía, Luis Caputo anunció la aprobación del Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS): USD 2.900 millones: YPF junto a seis socios estratégicos, 437 kilómetros de caño entre Allen y Punta Colorada, en Río Negro. Permitirá exportar más de 550.000 barriles diarios a partir de 2027, con ingresos anuales que el Gobierno proyecta en más de 15.000 millones de dólares. Un oleoducto que, si cumple lo prometido, cambiaría la geografía exportadora del país.
El mapa de proyectos muestra un patrón claro: Neuquén, Río Negro, San Juan, Mendoza, Salta, Catamarca. Vaca Muerta y el triángulo del litio. Petróleo, gas, cobre, litio, oro, energías renovables. Desde entonces se aprobaron 18 proyectos, dos de ellos en las últimas horas.
El Gobierno no esperó a que el RIGI original madurara para empezar a modificarlo. En julio de 2025, lo amplió para incluir proyectos de generación eléctrica —térmica, renovable, nuclear—, en medio de una emergencia energética declarada que dejó cientos de miles de usuarios del AMBA sin luz durante una ola polar. Una señal de que el régimen también era una herramienta de gestión de crisis.
La reforma más profunda llegó en febrero de 2026, con el Decreto 105/2026. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, lo presentó como una mejora técnica destinada a hacer el RIGI “más claro y eficiente”. En la práctica, fue una reingeniería. El plazo de adhesión se extendió un año, hasta julio del año próximo. Más relevante aún: el régimen incorporó la exploración y producción de hidrocarburos, el segmento upstream, que hasta ese momento había quedado afuera. Para proyectos en Vaca Muerta, el piso mínimo de inversión subió a USD 600 millones; para los proyectos offshore, se mantuvo en 200 millones.
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Desde el sector energético, la recepción general del esquema siempre fue muy positiva. En parte, porque asusta una idea que el presidente de YPF, Horacio Marín, repite desde siempre: “Sin RIGI no hay GNL”. O sea, sin esos incentivos Vaca Muerta no terminará de explotar debidamente y los hidrocarburos que yacen en esas piedras patagónicas no se convertirán en los dólares que tanto necesita el país.
El parque solar El Quemado, de YPF Luz, en Mendoza, ya está en funcionamiento: fue el primer proyecto que entró al RIGI
A pesar de que las voces a favor son más, el RIGI no convence a todos. Hay dudas sobre si muchas de las inversiones que entraron al régimen, sobre todo las destinadas a Vaca Muerta, no se hubieran igualmente realizado; gremios que se quejan por el impacto, sobre todo en las pymes sectoriales; empresarios que señalan que la libre importación de bienes de capital prevista suena a competencia desleal contra la industria nacional; y legisladores que hacen números sobre el golpe que los beneficios impositivos dará a las cuentas fiscales.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof nunca adhirió al RIGI y lanzó su propio régimen provincial con otra lógica: valor agregado y diversificación productiva. En el Día de la Industria de 2024, lo dijo sin rodeos: lo que el Gobierno nacional proponía era “primarización de los recursos naturales”. Los recursos se van “por un caño o por un puerto para el desarrollo de otros países”, graficó.
Lo cierto es que la tensión entre los que ven en el RIGI una palanca histórica de desarrollo y los que lo leen como una cesión sin retorno no desapareció con los resultados. Los proyectos aprobados son, en su enorme mayoría, extractivos. Petróleo, gas, litio, cobre, oro. Ningún proyecto de manufactura compleja o de mayor valor agregado se ha adherido hasta ahora al régimen. El patrón no es un accidente: el RIGI fue diseñado para proyectos con alto potencial exportador, y eso, en Argentina, casi inevitablemente significa recursos naturales. Ahora, sobre ese mapa, el Gobierno lanzó el Súper RIGI.
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Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias
La denominación oficial del proyecto ingresado a Diputados es “Ley de Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias”.
Daniel González y Bertie Benegas Lynch en el plenario de comisiones que debatió el Super RIGI
El piso de entrada sube a USD 1.000 millones por proyecto. A cambio, los beneficios son inéditos en la legislación argentina reciente. El Impuesto a las Ganancias baja del 25% que ya preveía el RIGI al 15 por ciento. Las contribuciones patronales para nuevas relaciones laborales generadas en los proyectos adheridos quedan fijadas en una alícuota única del 10%. Los dividendos llegan al 3,5% en cuatro años, frente a los siete que requería el RIGI original. La estabilidad normativa: 30 años, igual que antes. La ventana para presentar proyectos: cinco años, con posibilidad de una única prórroga de otros cinco.
Los sectores que el Gobierno tiene en la mira son los que no existen hoy en el país: IA, datacenters, autos eléctricos, centros de procesamiento de datos a gran escala, hidrógeno verde y hasta semiconductores, biotecnología avanzada, farmacéutica de innovación e industrialización del cobre. También podría ser para la cadena de valor del litio y baterías, plantas de GNL, pequeños reactores modulares nucleares (SMR), paneles solares y turbinas eólicas, petroquímica, industria aeroespacial, cadena de valor del uranio, industrialización de la pesca y fertilizantes. Habrá que ver cuáles de todos ellos quedan plasmados en la eventual ley.
En ese contexto, el timing del anuncio encendió las alarmas de la oposición en un contexto en el que el mega magnate tech Peter Thiel se radicó en el país (¿temporariamente?) y visitó la Casa Rosada.
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El diputado Guillermo Michel, peronista y hombre de confianza de Sergio Massa, bajo cuya gestión como ministro de Economía, condujo la Aduana, tomó los 13 primeros proyectos aprobados del RIGI original y concluyó que el costo fiscal anual de esas inversiones supera los USD 1.800 millones, equivalentes a 0,27 puntos porcentuales del PBI.
“El peronismo siempre fomentó las inversiones productivas. En 2023 se creó el Régimen de Promoción de Inversión para la Explotación de Hidrocarburos que permitía disponer de hasta el 20% de las divisas y con un 0% de derechos de exportación. El RIGI tomó algunos de esos beneficios, pero le da más a las empresas de lo que pedían. No respetar el compre nacional o la baja de contribuciones (del Súper Rigi) son beneficios innecesarios para muchas inversiones que se harían de igual manera”, aseguró el diputado.
El miércoles pasado, en tanto, Daniel González, secretario Coordinador de Energía y Minería de Economía, defendió el nuevo proyecto en una comisión de Diputados. Destacó que es la continuidad de un esquema exitoso y que “sería un error intentar extender nuevamente ese régimen porque fue concebido como una herramienta excepcional y con vencimiento. Creemos que llegó el momento de evolucionar el RIGI hacia un régimen enfocado en la industrialización de los recursos naturales”.
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Además, destacó que el siguiente paso implica aprovechar los recursos naturales y la infraestructura cuya inversión fue movilizada por el RIGI y que “la industrialización de esos recursos naturales debería traducirse en un aumento mucho más significativo del empleo y del valor agregado”.
El ex ministro Matías Kulfas (Infobae en Vivo)
González aclaró que no se busca impacto de corto plazo y que el potencial exportador conjunto alcanza los USD 41.000 millones de dólares por año, algo que en términos agregados duplicaría las exportaciones argentinas.
“Sabíamos que minería y energía serían los sectores con mayor recepción de inversiones. La mina El Pachón fue descubierta hace más de 60 años. Tiene un estudio de factibilidad realizado hace 27 años y Glencore es propietaria del proyecto desde hace 13 años. La decisión final de inversión se tomó recién el año pasado. Según la propia empresa, la decisión estuvo vinculada al RIGI“, ejemplificó.
Aclaró también que sólo podrán ingresar proyectos nuevos y que no alcanza a planes de infraestructura y de extracción de recursos naturales.
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El consenso de los analistas y consultoras es favorable al esquema, pero no faltan las críticas.
En principio, se destaca que la lógica económica detrás del “Súper RIGI” es distinta a la del original. Mientras que el primero buscaba destrabar inversiones extractivas y de infraestructura, el nuevo apunta a profundizar la industrialización, atraer cadenas de valor tecnológicas, facilitar financiamiento internacional y competir globalmente por proyectos muy intensivos en capital.
Abeceb, la consultora del ex ministro de Desarrollo Productivo de Cambiemos, Dante Sica, destacó que este último proyecto apunta a obras de escala; que el acuerdo con EEUU puede empujar inversiones estratégicas, no solo comerciales; que el acuerdo UE-Mercosur mejora el racional exportador; que si bien la captura no sería masiva ni automática Argentina podría disputar una parte de inversiones regionales que hoy van a otros países; y que el impacto real está en el “capex inducido” (cada proyecto grande no mueve solo la planta; mueve construcción, ingeniería, energía, caminos, logística, proveedores, empleo y demanda de servicios). Ahí, dice, el multiplicador puede ser más relevante que el beneficio fiscal.
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“El RIGI original es una muy buena herramienta y hay que evaluarla por lo que busca resolver, que sin dudas no son los problemas estructurales de Argentina. Fue pensado como un marco excepcional para dar previsibilidad a proyectos de gran escala, con reglas estables. Argentina tiene un problema histórico de credibilidad para conseguir inversiones de largo plazo. El régimen aparece para compensar parcialmente desventajas muy conocidas. Se le exige al RIGI que resuelva problemas que no son el objetivo del instrumento”, aseguró Soledad Pérez Duhalde, Directora de Desarrollo de Negocios de Abeceb.
Días atrás se conoció un dato de la OCDE que muestra que Argentina quedó última en un ranking regional de Inversión Extranjera Directa (IED) con un flujo neto de capitales bastante inferior al de Brasil, México, Chile y Colombia. “Un mal dato de IED no invalida el RIGI. Sí, muestra que Argentina todavía tiene un problema general de atracción de capital. Pero por eso, justamente, son importantes estos instrumentos. Si el régimen general fuese suficiente para traer inversión, probablemente no haría falta un RIGI”, detalló Pérez Duhalde.
Sobre la nueva idea de un Súper RIGI, Matías Kulfas, ex ministro de Desarrollo Productivo, se preguntó desde su consultora Audemus si es la primera iniciativa productivista del actual gobierno, para muy rápido responder que “no se observa ninguno de los elementos clave que aparece en cualquier estrategia de desarrollo productivo vinculado a esos sectores (inversión en centros tecnológicos, generación de capacidades, recursos humanos y científicos), no exige inversiones en I+D local, ni encadenamiento productivo, ni empleo calificado mínimo; entrega estabilidad fiscal por 30 años sin contrapartidas verificables; y cede la jurisdicción para resolver conflictos a tribunales arbitrales internacionales”.
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Kulfas describió que el único sector donde existe un anuncio formal concreto es data centers: el proyecto Stargate (OpenAI-Sur Energy, USD 25.000 millones), que es una carta de intención, no una inversión en curso. No ve ninguna chance en semiconductores ni biotecnología. Con respecto a cuestiones que podrían cambiar en el Parlamento, recomienda incorporar contrapartidas, como en Brasil; revisar el horizonte de estabilidad por ser sectores de alto dinamismo; y revisar el mecanismo de resolución de disputas (para que no sea en el exterior únicamente) y la obligatoriedad de la adhesión provincial, entre otros.
También planteó críticas el consultor energético Juan José Carbajales, quien también fue funcionario del área en el gobierno anterior. Desde su consultora Paspartú, destacó que el RIGI debería ser un esquema más transparente en cuanto a la información del esquema y sus exenciones. “¿Es válido el derecho a que las normas no cambien? ¿puede un Congreso actual limitar las potestades soberanas del Congreso futuro?”, se preguntó en un informe reciente. Con respecto a la ampliación al upstream petrolero, no dudó: habilita proyectos de producción en Vaca Muerta que ya eran rentables sin el RIGI, “proyectos que iban a suceder ne-ce-sa-ria-men-te”.
En su columna en el FT, Milei trazó un paralelo entre la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, en 1602, y este momentum IA. “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, escribió el mandatario. Y pidió a las empresas del mundo que vengan al país a desarrollar sus iniciativas IA con muy bajo control del Estado. “Que Buenos Aires sea para la IA lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación a vela“, dijo. ¿Será?
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Por ahora hay compromisos de parte del sector privado. Unos USD 31.000 millones ya aprobados que llegarían a USD 140.000 según los anuncios hasta el momento, en plazos de entre 2 y 10 años. El mayor desafío de los diferentes sabores del régimen no parece ser conseguir que las empresas firmen. Es que, cuando llegue el momento de escribir el cheque, la Argentina de 2027 o de 2030 les siga pareciendo el mismo país que conocieron cuando apostaron. Por más beneficios que muestren las leyes, ahí estará la clave.
Con un monto de operaciones más elevado que en las anteriores ruedas, por USD 655,5 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista operó con suba marginal de 1,50 peso o 0,1%, a 1.517 pesos, aunque redondeó una la segunda semana en baja, tendencia a la que contribuyó la apreciación del real de Brasil, el principal socio comercial de Argentina.
“En la semana que acaba de finalizar el tipo de cambio mayorista bajó 3 pesos, algo menos que los 5,50 pesos de caída registrada en la semana anterior”, comentó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio.
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“En el mercado cambiario, el dólar mayorista viene acompañando tímidamente la apreciación del real brasileño y se ubica cerca de los $1.515. La moderación del movimiento no preocupa a los operadores; por el contrario, resulta favorable tras la fuerte apreciación acumulada”, afirmó el economista Gustavo Ber.
“La expectativa es que el BCRA aproveche las ventanas de mayor oferta para acelerar la compra de divisas, fortalecer las reservas y disponer de recursos para gestionar una eventual volatilidad cambiaria o afrontar pagos de deuda en dólares en 2027, si fuera necesario dicho mecanismo”, continuó Ber.
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El real brasileño subió 4,6% respecto del dólar norteamericano durante la última semana, después de las elecciones presidenciales. La divisa de EEUU cedió desde los 5,22 reales del viernes pasado a los 4,99 reales.
El BCRA fijó el techo de su régimen de bandas cambiarias en los 1.928,82 pesos. El tipo de cambio oficial quedó a 311,82 pesos o 27,1% del límite máximo para la flotación administrada.
El dólar al público descontó cinco pesos o 0,3%, a $1.535 para la venta en el Banco Nación, para interrumpir una serie de cinco ruedas seguidas sin variantes. Así, el dólar minorista regresó a su precio más bajo desde el 23 de septiembre.
El dólar blue, en tanto, negoció sin variantes, a 1.540 pesos. A lo largo de la última semana descontó 20 pesos o 1,3 por ciento.
“La divisa muestra estabilidad a pesar de la firmeza del billete a nivel global. Paralelamente, el mercado corrigió hacia abajo sus previsiones. El último informe del Banco Central reveló un recorte en las expectativas cambiarias. Los analistas proyectan un dólar oficial de $1.614 para fin de año. La nueva previsión se ubica $15,3 por debajo de la encuesta previa. El ajuste representa una suba estimada del 6,4% frente a los valores actuales”, aportó Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital.
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“El Banco Central busca revertir la modesta cosecha de divisas registrada en septiembre, mes en el que solo logró sumar USD473 millones a sus arcas. Con el arranque del cuarto trimestre, la autoridad monetaria incrementó el ritmo diario de intervención”, acotó Morales.
“El dólar se mantiene estable en un contexto internacional duro, que lleva a las tasas largas de Treasuries de EEUU a niveles no vistos en mas de 20 años, poniendo viento de frente a la renta fija en dólares”, comentó Juan Manuel Franco, economista Jefe de Grupo SBS.
“La falta de mejora en la demanda de pesos encuentra su contracara en la compra de dólares. Los datos recientes son contundentes: las compras netas de billetes y divisas por parte del sector privado rozaron los USD 2.700 millones en agosto”. Aunque el guarismo muestra una modesta desaceleración frente al mes anterior, continúa en niveles significativamente altos», observó Maximiliano Gutiérrez, responsable sección Monetaria-Cambiaria de la Fundación Mediterránea.
“En un escenario de desaceleración inflacionaria y con una depreciación del tipo de cambio por debajo de la dinámica de precios, el sostenido flujo hacia la divisa responde fundamentalmente a una reconfiguración de portafolios”, explicó Gutiérrez.
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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) adquirió este viernes USD 69 millones en el mercado cambiario y acumula más de USD 340 en el transcurso de octubre. En las últimas jornadas, aceleró el ritmo de compras y desde el equipo económico no descartan cerrar el año con 20.000 millones de dólares.
Desde el comienzo de la fase cuatro del programa monetario, la autoridad monetaria reunió 14.909 millones de dólares. La cifra ya excede la meta anual de USD 10.000 millones acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Cerró la semana con adquisiciones por 212 millones de dólares.
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A lo largo del año, la dinámica compradora evidenció una desaceleración. Las menores intervenciones se explicaron, en parte, por la estacionalidad propia del Mercado Libre de Cambios (MLC). Es que en julio llega a su fin las liquidación de la cosecha del agro.
Sin embargo, también se sumaron los flujos de los dólares del sector energético y minero, así como el ingreso de las divisas de las colocaciones de deuda en el exterior por parte de empresas y provincias. Ese combo permitió al Central ir sumando reservas en casi todas las jornadas de los últimos dos meses.
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En septiembre, el BCRA incorporó USD 473 millones, la cifra mensual más baja de 2026. El registro quedó por debajo de los USD 768 millones de agosto y de los USD 2.162 millones de julio. En junio, las adquisiciones habían alcanzado USD 1.418 millones; en mayo, USD 2.596 millones; en abril, USD 2.769 millones; en marzo, USD 1.671 millones; en febrero, USD 1.557 millones; y en enero, USD 1.158 millones.
En octubre, el organismo comandado por Santiago Bausili sumó USD 341 millones, más del 70% del monto adquirido en el mes previo. La cifra del décimo mes se traduce en un ritmo diario de USD 48 millones, más del doble de los USD 21,5 millones registrados el mes previo.
A propósito de las reservas internacionales brutas, experimentaron un salto diario de USD 380 millones y cerraron la semana en 49.701 millones de dólares.
Un informe de Analytica señaló que se mantiene la distancia entre las divisas adquiridas por el Banco Central y el incremento efectivo de las reservas internacionales. La diferencia responde a los movimientos del Tesoro, los pagos vinculados al Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre (Bopreal) y las operaciones de pase —repo— realizadas con bancos.
La entidad monetaria compró más de USD 14.700 millones en el mercado de cambios desde el inicio del año, sin incluir las operaciones de la última semana. No obstante, la firma de análisis macroeconómico calculó que las reservas netas aumentaron USD 8.760 millones desde el 2 de enero.
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Para arribar a esa estimación, la consultora restó los vencimientos abonados de Bopreal, sumó las operaciones de repo con entidades financieras y contempló las intervenciones del Tesoro que afectaron el nivel de reservas.
En ese sentido, el uso neto de la Cuenta Única del Tesoro (CUT) ascendió a USD 6.658 millones, tras deducir las operaciones efectuadas con el Central. Ese flujo explica parte de la brecha entre las compras brutas de divisas de la autoridad monetaria y la variación consolidada de las reservas.
El mercado mayorista registró operaciones por USD 655,5 millones en el segmento de contado, un volumen superior al de las ruedas previas. El dólar mayorista avanzó $1,50, equivalente a 0,1%, hasta los 1.517 pesos.
A pesar de esa suba diaria, completó su segunda semana consecutiva con baja, en una dinámica favorecida por la apreciación del real brasileño, moneda del principal socio comercial de la Argentina.
El BCRA estableció el techo de las bandas cambiarias en 1.928,82 pesos. De ese modo, el tipo de cambio oficial quedó $311,82, o 27,1%, por debajo del extremo superior del esquema de flotación administrada.
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En las pizarras del Banco Nación, el dólar al público cedió $5, un 0,3%, y cerró a $1.535 para la venta. El retroceso cortó cinco jornadas consecutivas sin cambios y llevó nuevamente a la cotización minorista a su menor valor desde el 23 de septiembre.
A su vez, el dólar blue se mantuvo en 1.540 pesos. En el balance semanal, acumuló una caída de $20, equivalente a 1,3 por ciento.