DEPORTE
La serie imposible que dio vuelta Boca goleando a Newell’s en Rosario para ganar la primera liguilla de la historia

“A lo Boca”. En el fútbol argentino hay muchas sentencias que vienen desde sus comienzos. Esa denominación para los equipos con sus virtudes, a partir de una situación particular o de una manera de sentir el juego. Esa definición remite desde los tiempos más lejanos, a la estirpe que por años distinguió a los cuadros de Boca. Una garra a prueba de todo, una convicción e hidalguía casi suicida de que siempre se puede dar un poco más, a despecho de mayores o menores virtudes técnicas. Cuando se dice “ganar a lo Boca”, todos sabemos de lo que estamos hablando. Y eso se repitió, una vez más, en el mediodía del domingo 15 de junio de 1986, cuando los Xeneizes revirtieron una final de manera increíble frente a Newell´s para clasificarse a la Copa Libertadores
La primera liguilla de la historia. Aquella innovación, acertada, que había aplicado la AFA en el torneo 1985/86, en paralelo con la reestructuración de los campeonatos, que comenzaron a jugarse a partir de mitad de año. Ese, precisamente, fue el primero, donde un River arrollador, dirigido por el Bambino Veira y con la estrella fulgurante de Enzo Francescoli, fue campeón por 10 puntos de ventaja.
Aquella liguilla arrancó el último fin de semana de abril, con 12 equipos. Ocho se enfrentaron en una primera etapa y los cuatro restantes se sumaron en los cuartos de final. Se conformó con seis equipos de la máxima categoría, los cinco que siguieron a River en la tabla (Newell´s – Deportivo Español – Boca – Ferro y San Lorenzo), más Vélez, que había sido el subcampeón del Nacional ‘85. Y los seis mejores del torneo del interior: Olimpo de Bahía Blanca, Belgrano de Córdoba, Guaraní Antonio Franco de Misiones, Alianza Cutral Có de Neuquén, Güemes de Santiago del Estero y Concepción de Tucumán.
Luego de varias rondas, llegaron a la final Newell´s y Boca, cada uno a su estilo. El cuadro rosarino venía trabajando con una base de futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores, que cada día se mostraban más asentados en primera división. El liderazgo era del Tata Martino, con esa enorme capacidad para saber dónde estaba cada uno de sus compañeros y administrar la pelota con criterio, siempre secundado por el Chocho Llop, en la poco reconocida y tan necesaria tarea de recuperación de la pelota. Era seguro en el fondo, dinámico en el medio y potente arriba, con Dezzoti y Almirón, aunque éste último no fue de la partida en la liguilla por estar en México con la selección.
Boca era la contracara. En 1984 había atravesado un año dramático, con huelga de jugadores por falta de pago, y una situación institucional gravísima, que lo llevó a ser intervenido por el gobierno nacional. La llegada de Antonio Alegre a comienzos del ‘85 como presidente de unidad, fue aportando tranquilidad. El entrenador era Alfredo di Stéfano, pero en noviembre renunció, luego de una racha de malos resultados. En su lugar quedó quien era su ayudante de campo, primero interno y luego oficial: Mario Zanabria. De a poco fue encontrando el equipo, con la eterna sabiduría del Loco Gatti, el oficio de Pipa Higuaín, el fervor desbordante del Ruso Hrabina, los goles de Alfredo Graciani, el despliegue del Vasco Olarticoechea y el talento de Tapia. Ninguno de estos dos estaba para la liguilla, porque también se encontraban bajo las órdenes de Carlos Bilardo en México.

Antes estas bajas, algunos chicos de inferiores tuvieron su oportunidad. Uno de ellos fue el Tuta Torres, el gran héroe de esta historia como ya veremos. En diálogo con Infobae, recordó cómo llegó el equipo: “No habíamos terminado bien el torneo, porque se habían ido Tapia y Olarticoechea al mundial de México. Mario empezó a probar y las piezas no encajaban bien. En la primera fase de la liguilla superamos a Alianza de Cutral Có y en la siguiente fue durísimo con Olimpo. Empatamos 1-1 en nuestra cancha jugando mal y para la revancha en Bahía, me puso como titular. Fue dificilísimo, por la cancha chica y porque eran metedores. Hice el 1-0 y empataron, después la Chancha Rinaldi metió el 2-1 y sobre el final se pusieron 2-2. Fuimos al alargue y a cuatro minutos de tener que ir a los penales, una pelota le picó mal a un defensor y me quedó justa para poner el 3-2. Esos dos goles y la buena actuación, hicieron que me mantuviera en el equipo para vencer a San Lorenzo en la semifinal hasta el choque con Newell’s”.
La atención del mundo del fútbol estaba en el Mundial. Argentina ya había vencido a Corea del Sur, empatado con Italia y a dos días de enfrentar a Bulgaria, tuvo lugar la primera final de la liguilla en cancha de Boca, el domingo 8 a las 11 de la mañana. Fue un gran partido del Tata Martino, la indiscutible figura. En esa dirección va la evocación del Tuta Torres: “Para mí, ellos eran el mejor equipo del país: sólidos, potentes, rápidos y cada uno sabía lo que tenía que hacer. La primera final la perdimos 2-0 con goles de Martino, un verdadero jugadorazo. Era imposible descifrar qué iba a hacer y siempre estaba adelantado a la jugada, con la cancha en la cabeza. Y los demás acompañaban a la perfección: Llop, Basualdo, Theiler, Rossi, etc. El 2-0 fue justo y con un dominio total”.
En México, la selección ganaba el grupo a paso firme y esperaba por Uruguay en octavos de final, partido programado para el lunes 16. Solo 24 horas antes, en el día del padre, nuevamente a las 11 de la mañana, tuvo lugar la revancha, donde Newell´s, por jugadores, rendimiento y ventaja del primer chico, era el gran candidato. Pocos confiaban en Boca, aunque ellos se tenían fe, como recuerda Torres: “El día anterior a partir rumbo a Rosario, el Ruso Ribolzi (ayudante de Mario Zanabria), nos juntó en uno de los salones de la concentración de La Candela y nos dijo: ‘Muchachos, les voy a contar algo: en este mismo lugar nos reunimos antes de viajar para la revancha con Borussia por la Intercontinental en 1978. Pocos creían en nosotros y teníamos las mismas esperanzas de hoy. Así que vamos con fe, que somos Boca’. Eso es ser ganador”.

Dos de los cuatro hombres de la defensa xeneize llevaban poco tiempo en el club, pero habían sintonizado a la perfección el espíritu de ponerse esa camiseta. Así lo rememoran Higuaín y Hrabina. Primero, el turno del Pipa: “En la arenga previa me llamó la atención que el Loco Gatti estaba muy enchufado para alentar a los muchachos, porque él no era de hacer esas cosas. Lo que pasó después fue una hazaña”. Ahora, el Ruso: “Al comenzar la revancha en Rosario, nos metieron un gol. Parecía imposible revertirlo. Ahora en el fútbol le dicen épica a cualquier cosa. ¿Sabés lo que fue eso? Una epopeya irrepetible”.
“El partido era parejo -recuerda el Tuta Torres- pero cerca de la media hora y luego de una pelota parada, nos metieron un gol que nos dejaba 3-0 abajo en el global. Cuando se terminaba el primer tiempo, Graciani empató de penal, pero apenas iniciando el segundo, Gnecco expulsó a Hrabina». El Ruso tiene muy presente la maniobra: “El árbitro Abel Gnecco nos expulsó a las tres H: Hoyos, Higuaín y yo y también a un par de ellos. A mí me echó bien, porque le di una tremenda patada al Galgo Dezotti que se iba solo”.
La temperatura de la final iba a ir subiendo a la par que corrieran las agujas del reloj, como nos relató Torres: “El clima se fue enrareciendo y el juego se paró un rato largo porque la policía empezó a reprimir a los hinchas de Boca. Cuando se reanudó, vivimos 10 minutos finales de locura. Graciani pateó un tiro libre como si fuera Riquelme y la colgó de un ángulo. Enseguida lo echaron a Martino y yo me sigo preguntando por qué. Era un tipo que no pegaba, no insultaba, era educado. Cosas de Gnecco que se puso como loco y repartió rojas por todos lados, porque al rato se fueron Llop y Hoyos por agredirse y lo mismo con Higuaín y Pautasso. Éramos ocho contra ocho. Krasouski se fue del medio para atrás a armar una línea de tres con Abramovich y Passucci, el flaco Dykstra para tenerla en el medio, Stafuzza corriendo y Graciani y yo arriba”.

El partido ya no era partido, desmembrado por las expulsiones. Newell´s estaba a un paso de la Copa Libertadores, Boca a un gol de igualar la serie y el Tuta Torres ante la gran chance de ser el héroe y no la desaprovechó: “Ellos tenían jugadores rapidísimos como el Galgo Dezotti, que cada vez que encaraba nos agarramos la cabeza. En un momento subió Abramovich por la izquierda y me la dio en posición de once, desde donde empecé a correr paralelo al arco. Como éramos pocos dentro de la cancha, en cuanto vi el espacio le pegué fuerte. La cancha estaba mojada y medio poceada, por eso quizás se le metió a Scoponi contra un palo. Con el 3-1 forzábamos un desempate, pero cada contra de ellos con Dezotti y Cozzoni era un suplicio, hasta que Gatti se mandó una locura típica de él: cortó un avance y salió gambeteando contra esos pibes a los que les llevaba 20 años (risas)”.
Esa jugada no terminó ahí. Era el minuto 90, todos pensaban en el alargue, pero llegó la consagración de Torres: “La pelota salió para el medio donde la tomó Graciani y me la pasó sobre la derecha. De Newell´s sólo quedaban ocho y tres me vinieron a marcar (risas). Me tuve fe y encaré. Los fui pasando de a uno y cuando entré al área, vi que se venía Basualdo a cerrarme y entonces pateé al arco. Me salió medio mordido y le pasó por abajo al pobre Scoponi, que era un arquerazo. Fue la gloria, no sabía qué hacer. Si gritar o llorar y empecé a correr como loco. Ahí se dio una situación increíble, porque en aquellos tiempos, una vez que se hacían los dos cambios permitidos, el resto de los suplentes no podían quedarse en el banco. Entonces los muchachos se habían ido al vestuario y al escuchar el grito, entraron a festejar, pero pensaron que era porque forzábamos el desempate (risas). No habían visto el gol anterior y creían que era el 3-1. A partir de ahí, aguantamos dos minutos más y cuando llegó el pitazo final fue la descarga. Pienso que lo ganamos sin merecerlo. Newell´s era mejor, ahí es donde se hace mayor la hazaña”.
La gente de Newell´s, en una inmensa muestra de corrección, aplaudió a los jugadores de Boca cuando comenzaron la vuelta olímpica. Hasta que un incidente, ensombreció todo: “La dimos los pocos que terminamos jugando, recuerda Torres. Un grupito. Increíble. El problema se dio con Scalise, que había venido a préstamo por seis meses desde Rosario Central. Cuando estábamos en el vestuario, cambiándonos antes de la final, vimos cómo se ponía esa camiseta debajo de la de Boca. Cuando faltaba el último tramo de la vuelta, se quedó con la de Central y la empezó a besar. Lo querían matar todos, porque fue una cargada muy pesada”. En esa misma dirección va la reflexión de Higuaín: “Haber ganado 4-1 sobre la hora fue una epopeya extraordinaria. un poco empañada por la locura que hizo Scalise. Si eso pasa hoy, no salimos de la cancha”.
El Tuta Torres tiene muy frescas algunas situaciones vividas ese día, que marcan como estaba el club: “Hay algunas cosas del mundo Boca de aquellos años que me dan pena. Un ejemplo es lo que pasó aquel día al volver de Rosario, donde nuestras familias nos esperaban en el hall de la Bpara festejar. Recuerdo que era el día del padre y mi viejo estaba allí y luego me contó que Antonio Alegre, el presidente del club, se paró entre todos y preguntó: ‘¿Quién es Torres?’ No conocía al que había hecho los goles del triunfo. Una vergüenza. Lo mismo que Heller, que era el que manejaba todo. Días antes del partido con Newell´s yo estaba por arreglar el contrato y lo encaré: ‘Carlos, tenemos que ver mi tema’. Él estaba sentado junta al Pipa Higuaín y de manera casi burlona me respondió: ‘Si el domingo hacés un gol a los 44, otro a los 45 y ganamos la liguilla, pedime lo que quieras’. Cuando terminó el partido en Rosario, el Pipa me dijo: ‘Ahora pedile el club’ (risas).
Para la importancia de Boca, para su linaje y la inmensa cantidad de títulos que ganó, haberse quedado con una liguilla, puede parece algo menor. Sin embargo, luego de la gloria del campeonato del ’81 con Diego en el equipo, todo fue en un tobogán de deudas, malos resultados y pedidos de quiebra. Lentamente había comenzado la reconstrucción. Por eso, uno solo puede coincidir con la sentencia que nos dejó el Ruso Hrabina: “Esa liguilla para ese grupo, fue como ganar la Copa Libertadores”.
Liguilla 86
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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