POLITICA
El Gobierno reordena su esquema de poder, cruje la interna y se profundiza la puja de lealtades en el Congreso

“El poder político es de Karina”, sintetizó un funcionario a Infobae para resumir el impacto que generaron los cambios en el Gabinete tras la salida de Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito, y el posterior nombramiento de Diego Santilli. Es que el enroque volvió a reordenar las piezas internas de un Gobierno que, una vez más, se vio obligado a reacomodarse, lo que dio pie a nuevos focos de tensión interna.
La salida del ex vocero lastimó a los Milei, y afectó en menor medida al asesor presidencial, Santiago Caputo, pero no hubo tiempo para lamentarse. Con el respaldo del presidente Javier Milei, la funcionaria logró reubicar a una de sus principales apuestas en un lugar que considera estratégico y forzó una reconfiguración del esquema de poder.
En su afán por neutralizar a su opositor natural y reducir las expresiones de poder paralelas, Karina Milei trabaja además para tomar mayor protagonismo en la tarea legislativa, lo que abrió una puja de lealtades en el Congreso de la Nación.
Tras la salida de Adorni, “El Colo”, que deberá equilibrar sus deseos por competir por la provincia de Buenos Aires en 2027 con el desarrollo de una gestión sólida, se consolida como uno de los principales activos que esperanzan al oficialismo. No es casual que el ex legislador integre el nuevo equipo con el que el oficialismo aspira a conquistar las principales reformas para hacer del 2026 “el año más reformista de la historia”.

El desembarco de Santilli, que parecía haber conformado a las dos tribus en pugna, no hizo más que profundizar los debates. Mientras unos juran que el ex PRO trabaja bien con el asesor, los otros califican de “falopa” la versión del consenso en la designación. Lo cierto es que su nombramiento redujo la cantidad de interlocutores dentro de la estructura política de la libertaria, lo que, según argumentan, “simplifica” la ecuación, pero a priori por razones de necesidad (electoral, política, de supervivencia) se ubica debajo del ala de la funcionaria.
Desde el entorno del ex ministro del Interior buscan dejar las cosas claras: hablan del diálogo existente con el asesor presidencial, al tiempo que destacan el vínculo de confianza con la secretaria general de la Presidencia. “Diego es de confianza de Karina. Construyó ese vínculo con ella y con el Presidente. Con Santiago Caputo mantiene el diálogo que corresponde, pero ocupa otro lugar”, resumieron.
Los nuevos movimientos en el Gabinete, el abrupto cambio de estilo y el hecho de haber tenido cuatro ministros coordinadores en apenas dos años y medio de gestión dieron origen, entre algunos actores, a la percepción de que no existe una dirección clara y crecen las sospechas de que hay un grado de improvisación. “Nadie conduce ni toma decisiones inteligentes. Todas son improvisadas. Incluso a veces no está claro quién las toma”, se expidieron desde el oficialismo.
“Lo único que importa es la disputa de poder. No qué se hace con ese poder», arremetió una importante voz con acceso al despacho presidencial.
Los dardos sobrevuelan el alcance de la funcionaria y tallan directamente en los primos Eduardo “Lule” y Martín Menem, quienes en el último tiempo cobraron fuerte protagonismo, en particular a raíz del corrimiento de Adorni, e integran el selecto grupo que acompaña a la titular de La Libertad Avanza. “En 2023, Caputo era mucho más cercano a Karina que los Menem”, planteó un libertario histórico, que dio a entender que los primos fomentaron la rivalidad entre los vértices del Triángulo de Hierro.

Las críticas, como todo, encuentran resistencia en el eje a cargo de la gestión. “Hay orden y criterio. Es lógico que quienes no participan de las decisiones cuestionen todo”, arremetieron.
Pasado el reacomodamiento, la mesa política planea retomar sus reuniones para contener las presiones, ordenar la agenda y recuperar la iniciativa hasta entonces empantanada por el caso Adorni. Desde el entorno del flamante funcionario aún no tienen fecha, pero al menos dos integrantes del reducido círculo hablan de un nuevo encuentro la semana próxima para dinamizar el trabajo en torno a las prioridades legislativas fijadas: reforma electoral, régimen de Zona Fría y la modificación de la Ley de Inocencia Fiscal.
Consciente de su alcance, Karina Milei amplió su red e intensifica los esfuerzos por consolidar las lealtades entre los legisladores violetas. A su equipo sumó a Santilli, pero también a Ignacio Devitt, Fabián Fernández, Ariel Ferrentino, y a los jefes de bloque de La Libertad Avanza: Gabriel Boronoroni (Diputados) y Patricia Bullrich (Senadores), a quienes presentó durante la reunión con legisladores en Casa Rosada.
En ese marco, el funcionamiento del bloque en el Senado encendió algunas alarmas. Luego de acumular malestar por el desempeño de Bullrich, en Balcarce 50 intervinieron de manera silenciosa las negociaciones que impulsa.

“Patricia está alineada, pero le gusta darle vida a los aliados, más de la que tienen incluso”, se expidieron ante este medio. “Para una sesión hay que ver en qué andan los aliados, pero también la propia Bullrich”, ironizó un funcionario ante Infobae. “Nunca está de más ver que Patricia no haga la suya”, planteó un diputado violeta.
Es que el oficialismo aspira a replicar el alineamiento que profesa Martín Menem en Diputados, pero en la Cámara Alta, y en la tarea están abocados Santilli, que en las últimas horas visitó los despachos de la legisladora para apuntalar las negociaciones por la reforma electoral y las modificaciones al régimen de Zonas Frías, y Devitt, quien pese a asumir el compromiso de la Vicejefatura de Gabinete mantendrá su rol de enlace parlamentario.
Más de uno observa que el karinismo apuesta por controlar el alcance específico de la senadora, aunque descuenta que la ex candidata de Juntos por el Cambio “es más habilidosa”. No obstante, en el entorno de Bullrich descartan una potencial intervención del Ejecutivo y justifican la creación de un nuevo grupo de WhatsApp paralelo: “Tiene dos, el del día a día y el que incluye al Ejecutivo. Natural”, explicaron.
Asimismo, defienden la tarea diaria para la concreción de leyes, y aseguran que tiene “una disposición bien ordenada y conducida” tanto con los legisladores propios como con los aliados. “En Casa Rosada les cuesta entender lo que es la construcción con la oposición», se expidió un dirigente bullrichista.
En Balcarce 50 saben que la salida de Adorni marcó el inicio de una nueva etapa. El desafío ya pasa por recuperar la iniciativa, sino consolidar un esquema de poder que permita sostener la agenda legislativa y proyecte a La Libertad Avanza hacia 2027. En ese camino, cambian los nombres, se reacomodan las piezas y mutan los equilibrios internos, pero una conclusión permanece inalterable: ninguna decisión política de peso se toma sin el aval de Karina Milei.
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POLITICA
Milei contra el sistema: gol del sistema

En su agonía como político, Manuel Adorni esbozó una definición de sí mismo que sobrevive como el epitafio de una época. “Yo soy un pedazo de Milei”, le dijo a Alejandro Fantino en una charla que salió al aire el 7 de mayo. Su salida del poder le hace honor involuntario a esa idea que pronunció para darse importancia. Con él fuera se cierra la fase antisistema del gobierno libertario.
La resolución de la crisis mostró una faceta ya conocida de Milei: es habitual que priorice tener razón a lograr sus objetivos, pero se rinde al pragmatismo cuando ve muy cerca la pared. Al entregar a Adorni hizo algo más. Aceptó el consejo de quienes le piden desde hace tiempo que se allane a las leyes de la política, que busque acercarse a quienes quieren ayudarlo y trate de tranquilizar el clima social.
Le toca convertirse en la contracara del León que venía a poner patas arriba el sistema. Al borde del rugido, decía en febrero de 2024, en los inicios de su presidencia: “Los que hablan de consenso son unos corruptos. ‘Viva el consenso’ es ‘viva la corrupción, viva el toma y daca, viva la entrega de cargos a cambio de plata’. Nosotros no estamos dispuestos a hacer política de esa manera mugrosa”.
Diego Santilli llega con el ímpetu de un domador. Dejemos que Milei explique por qué lo eligió: “Gran parte del trabajo tiene que ver con trabajar con los gobernadores. Se requiere músculo político y él es un gran trabajador, conoce bien el oficio, tiene mucho oficio político”. Al decirlo parecía corroborar que un pedazo de él se iba con Adorni.
Una comitiva de 13 jefes provinciales respondió al llamado de Santilli para darle sentido a su jura como ministro coordinador. Posaron en la foto como quien dice “acá estamos”.
Muchos de ellos habían sufrido en silencio a Adorni cuando intentaba enseñarles las normas de la nueva era. Los recibía -como les pasó también a empresarios e inversores- repantigado en el sillón y dispuesto a recitarles el pliego de condiciones. “Tienen que entender que ahora las cosas cambiaron”, era una frase que a menudo le atribuían los que salían de la Casa Rosada con las manos vacías.
En Santilli, en cambio, encuentran un lenguaje común. Su ascenso les abre la esperanza de obtener lo que necesitan para gobernar en paz y blindar el territorio que les toca en las elecciones del año que viene. Imaginan un pacto de asistencia mutua y no agresión, que todavía no se concretó pero que huelen en el aire.
La promesa de sosiego es explícita. Al dialoguismo existencial de Santilli se suma la vocación del nuevo vocero, Adrián Ravier. Es el antiAdorni: habla pausado y sin altanería, lee en lugar de improvisar y esquiva los temas que desconoce.
Semejante transformación no altera las dinámicas internas del gobierno libertario, cruzadas por la pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo, los dos “hermanos” del Presidente. Continuidades.
La sombra del Pro
El nuevo esquema, de afianzarse, acomoda a La Libertad Avanza (LLA) al electorado que hoy representa. El Milei de 2021 y 2023 fue un fenómeno transversal, plebeyo, rupturista, que basó su éxito en gran medida a que pisó fuerte en zonas de raíz peronista. Al cabo de dos años en el poder, la radiografía de sus apoyos resultó mucho más nítida. El voto libertario de las legislativas de octubre guarda una correlación casi perfecta con el de Juntos por el Cambio en sus mejores épocas.
Después de quedarse con el votante del Pro, ¿por qué no “ser” el Pro? El Gabinete ya tiene mayoría clara de exfuncionarios del gobierno macrista. Solo Sandra Pettovello y Mario Lugones sobreviven de la generación inicial de ministros que venían de fuera de la profesión política.
La crisis de Adorni y las fragilidades de la economía alimentaron la esperanza de algunos sectores empresariales y partidistas de construir una alternativa electoral que “preserve el rumbo liberal”. Al entronizar a Santilli, el Presidente busca revertir la situación: en lugar del “mileísmo sin Milei” alumbra un “macrismo sin Macri”.
Es un modelo clásico en el que la estridencia queda reservada a Milei. “Seremos el Pro con guitarra eléctrica”, bromea un diputado libertario de larga experiencia.

El discurso presidencial ya no registra inflexiones que popularizó Adorni en sus días dorados, como “los amarillos fracasados” para aludir al Pro. Milei concentra sus críticas en la figura de Macri, a quien esta semana acusó de haber estafado a los argentinos con el llamado reperfilamiento de la deuda pública del tramo final de su mandato, en 2019.
La dinámica de la etapa que arranca conduce a un tablero político otra vez dominado por la polarización. Con el oficialismo libertario, ampliado por la anuencia de gobernadores aliados, de un lado, y el peronismo de matriz kirchnerista, del otro (si puede salir airoso de la guerra civil entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner).
Llegar a un escenario como ese requiere una delicada ingeniería de pactos. Las provincias acumulan demandas insatisfechas desde hace tiempo. Ahogados por el ajuste, casi todos los gobernadores necesitan fondos y ansían un repunte de la actividad que no convierta en una carga la opción de acercarse a Milei. Ellos tienen la llave para la reforma electoral, decisiva para el objetivo libertario de quitarle a la oposición una herramienta para ordenarse como es el sistema de primarias obligatorias.
Los datos de la economía son previsibles, pero desconcertantes. ¿Es un modelo ganador de elecciones? La baja de la inflación y el dólar bajo control funcionan como bandera de éxito para Milei. Pero los “mejores 18 meses de la historia” que prometió el ministro Luis Caputo no terminan de empezar.
En los últimos días se conoció una batería de datos que llaman a la prudencia:
-La recaudación de junio cayó un 7,1% interanual después del celebrado repunte del mes pasado.
-La última cifra oficial sobre morosidad bancaria registró un alza, con 7 millones de personas excluidas de la posibilidad de recibir préstamos.
-El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) volvió a caer en abril respecto del mes anterior y sigue en modo serrucho. La construcción, el comercio y la industria manufacturera revirtieron lo que parecía un repunte.
-Por cuarto trimestre consecutivo se redujo la inversión, pese al RIGI y los esfuerzos del Gobierno por incentivarla.
Este último indicador sugiere que la confianza persiste como un déficit estructural argentino que la fe de Milei por los mercados no consigue revertir.
Santilli se propone aplicar las herramientas de la política tradicional para completar lo que la motosierra no es capaz.
La incógnita que se impone es si tendrá margen de maniobra para ceder a los pedidos de los aliados. El ministro Caputo ha sido hasta ahora el verdadero jefe de Gabinete en lo que refiere a la vinculación con los gobernadores. ¿Estará dispuesto a abrir la mano para aceitar los acuerdos electorales? Hasta el año pasado Milei alardeaba de navegar contra la corriente y de haberse animado a ajustar sin miedo a perder votos. Se percibía Ulises atado al mástil para no oír el canto de las sirenas del gasto público.
El manual de la vieja política dice otra cosa. Que se gana si la gente siente que su situación personal está mejorando. Si hay que abrir la billetera, se abre. Ofrece también la coartada ética para que un dogmático como Milei acepte doblegarse: para que la revolución en marcha se afiance, es necesario blindar cuatro años más de mandato. Hay que conjurar a toda costa el miedo al péndulo, al regreso a una Argentina de corte estatista, porque eso puede alimentar una corrida cambiaria antes de las urnas.
La continuidad del ajuste pide precisión. El Gobierno jura que no gastará más de lo que ingresa. La caída de la recaudación lo pone en el brete de recortar más. Y eso aumenta la prevención de los eventuales aliados.
La vara moral
Milei juró una y otra vez que él solo va a “hacer lo que hay que hacer”. Es la base de lo que llama “la moral como política de Estado”, un concepto que concibió como un eslogan para retratar lo que a su juicio es la superioridad del capitalismo de libre empresa.
Aquel lema se convirtió en caricatura con el caso Adorni. Con la compra de casas y departamento, con las refacciones de nuevo rico, con la mentira en sede parlamentaria sobre los bienes que ocultó en sus declaraciones juradas y los favores que les pedía a sus empleados para darse los gustos de la infancia sin dejar rastro, como tener el monitor de videojuegos más moderno.
Adorni será pronto una anécdota en la política nacional. Su renuncia con una carta victimista ofrecía un abrazo de oso al que Milei se rindió, literalmente, el día de la despedida. El Presidente convalidó la tesis de que su ministro le hacía el favor de alejarse porque sufría una “carnicería mediática” planificada para debilitar las reformas libertarias.
No reprochó sus dobleces. No cuestionó que hubiera admitido evadir impuestos, que escondiera parte de su patrimonio, que hiciera uso de los privilegios de tener a su cargo empleados a tiro de decreto a los que pedirles prestada la tarjeta de crédito.
El fin del ciclo de Adorni habla sobre todo de los estándares de Milei. Actuó igual que con José Luis Espert, a quien aún defiende mientras la Justicia se dispone a indagarlo por los pagos que recibió de un empresario que confesó haber lavado dinero en Estados Unidos. Del mismo modo que nunca se despegó de Mauricio Novelli y Hayden Mark Davis, los tecnobros que idearon el criptoactivo tóxico $LIBRA. Ni a su exabogado Diego Spagnuolo lo repudió cuando se difundieron las grabaciones en las que describía con desparpajo un sistema de coimas con el dinero para los discapacitados.
Quedó claro que Milei decidió dar vuelta la página de Adorni. La duda que persiste es si se tomó el tiempo de leerla.
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POLITICA
Javier Milei felicitó a Keiko Fujimori y anunció una nueva etapa en la relación bilateral con Perú

Javier Milei se comunicó hoy, de manera telefónica, con Keiko Fujimori para felicitarla por su victoria en las elecciones presidenciales de Perú y anunció, además, el inicio de una nueva etapa en la relación bilateral entre ambos países.
El mandatario argentino afirmó que las dos naciones “vuelven a encontrarse en el camino de la libertad” y subrayó en X que el Perú se suma al bloque de países de la región que, según sus palabras, decidieron “plantarse frente al socialismo”.
Fujimori, de 51 años, ganó la segunda vuelta del 7 de junio frente al candidato de izquierda Roberto Sánchez por un margen de apenas 49.641 votos —50,135% contra 49,865%— sobre un total de más de 18 millones de sufragios. El resultado, confirmado con el 100% de las actas escrutadas, la convierte en la primera mujer en alcanzar la presidencia del Perú y pone fin a tres derrotas presidenciales consecutivas. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tiene previsto oficializar el resultado el 3 de julio.

Más allá de esta comunicación, Milei ya había felicitado a la presidenta electa el pasado 30 de junio, también a través de sus redes sociales. “El pueblo peruano se suma a Colombia y ha enviado un mensaje claro: la región quiere volver al camino de la libertad y la seguridad”, indicó en ese momento. Luego añadió que “los peruanos rechazaron la debacle comunista que planteaba Roberto Sánchez y le dijeron nunca más al socialismo totalitario”.
Fujimori respondió a su par argentino y lo hizo utilizando la misma vía. “Muchas gracias, presidente Javier Milei, por su saludo y sus palabras”. A su vez, adelantó los lineamientos de la relación bilateral que proyecta para su gestión. “El Perú inicia una nueva etapa con la firme voluntad de fortalecer los lazos de amistad y cooperación con Argentina, sobre la base del diálogo, el respeto mutuo y una agenda común que impulse el desarrollo, la libertad y la prosperidad de nuestros países”.
En la publicación de hoy, a su vez, el mandatario destacó la necesidad de “abrir una nueva etapa entre la Argentina y el Perú, dos naciones hermanas que vuelven a encontrarse en el camino de la libertad”. “Coincidimos en la necesidad de más libertad, crecimiento económico y lucha contra el crimen organizado transnacional”, agregó. Y concluyó: “El Perú se suma al bloque de países que en la región decidimos plantarnos frente al socialismo y trabajar juntos en la defensa de la libertad”.
Para Milei, la victoria de Fujimori se inscribe en una dinámica más amplia que el gobierno argentino viene promoviendo. Junto con Bolivia (Rodrigo Paz) y Colombia (Abelardo de la Espriella, presidente electo), presenta a Perú como parte de un bloque de países que, según su narrativa, se orientan hacia la libertad económica y el rechazo al socialismo.
La victoria de Fuerza Popular representa el retorno del fujimorismo al Poder Ejecutivo peruano por primera vez desde el año 2000, cuando el gobierno de Alberto Fujimori colapsó tras el escándalo de los denominados “vladivideos”, una serie de grabaciones de video secretas realizadas entre 1998 y 2000 por orden de Vladimiro Montesinos, asesor de inteligencia y hombre de confianza del entonces presidente peruano, que registraban pagos a congresistas, jueces, empresarios, dueños de medios de comunicación y militares para asegurar su lealtad al gobierno fujimorista.
Fujimori asumirá el cargo el 28 de julio, fecha en que relevará al presidente interino José María Balcázar. La Constitución Política del Perú establece que la presidenta de la República es, a la vez, jefa de Estado y jefa de Gobierno, con atribuciones que abarcan desde la conducción de la política exterior y la conformación del gabinete ministerial hasta la dirección del Sistema de Defensa Nacional. El mandato tendrá una duración de cinco años.
South America / Central America
POLITICA
De Saratoga a la Argentina

Hay aniversarios que se celebran con fuegos artificiales y discursos, y hay otros que conviene celebrar leyendo despacio la letra torcida de un documento de 1818. Ese es el caso de la historia de los Stearns, una familia de granjeros de Holden, un pueblito del condado de Worcester, Massachusetts, que peleó por la independencia de Estados Unidos, que cumple hoy 250 años.
Ciento cincuenta años antes de la independencia
La historia de los Stearns en América no empieza con la Revolución: empieza en 1630, apenas diez años después del desembarco del Mayflower, cuando los primeros Stearns cruzaron el Atlántico a bordo del Arbella, la nave insignia de la llamada Flota de Winthrop. Saleiron de Inglaterra huyendo de la persecución religiosa de la Iglesia anglicana. El gen de la disidencia y la fe profunda venía de fábrica en esta familia, ciento cincuenta años antes de que un descendiente suyo tuviera que decidir entre la lealtad a un rey o a una idea todavía por nacer: la de una nación libre.
El padre que ya había peleado contra otro imperio
Antes de que existiera Estados Unidos, ya existía un Stearns, Increase, dispuesto a tomar las armas. El padre de nuestra historia había combatido en la Guerra Franco-India, el conflicto colonial entre británicos y franceses (con sus respectivas alianzas indígenas) que asoló la frontera norteamericana entre 1754 y 1763. Formó parte, según la tradición familiar documentada, del socorro al fuerte William Henry, en el lago George —el mismo episodio, con su sitio y su masacre, que Fenimore Cooper inmortalizó en El último de los mohicanos y que Hollywood volvió a contar en la pantalla grande.

Veinte años más tarde, ese mismo hombre se alistó de nuevo, esta vez por la causa patriota: el 14 de marzo de 1777 se enroló en el Regimiento 15 de Massachusetts, al mando del coronel Timothy Bigelow. Massachusetts fue el estado que más tropas aportó al Ejército Continental de George Washington. Fue con esa unidad, incorporada a la Brigada del general John Glover, que el Stearns padre llegó a Saratoga. Y ahí, el 19 de septiembre de 1777, en la batalla de Freeman’s Farm, el Regimiento 15 no fue tropa de reserva: peleó en primera fila. Sin tiendas de campaña, durmiendo bajo refugios improvisados de ramas y tablas, la brigada de Glover encabezó el combate y sufrió allí más de trescientas bajas hasta que, tras una segunda batalla en Bemis Heights el general británico Burgoyne rindió su ejército completo. La victoria de Saratoga no fue una batalla más: fue el hecho de armas que convenció a Francia de reconocer la independencia americana y firmar la alianza militar que resultaría decisiva para ganar la guerra. En algún punto de esa campaña el padre fue herido —y esa herida es la que empuja a su hijo, todavía adolescente, a tomar su lugar en las filas.

El hijo que reemplazó a su padre a los dieciséis años
En enero de 1778, con apenas dieciséis años, Increase Stearns (h) se presentó ante el coronel Bigelow para alistarse como sustituto de su padre herido. Bigelow lo aceptó y lo mandó a incorporarse al mismo Regimiento 15, dentro de la Brigada de Glover, en la compañía del capitán John Pierce. Así lo relata el propio Stearns, de puño y letra, en la declaración jurada que presentó cuarenta años después para reclamar su pensión de veterano: un trámite burocrático que, sin proponérselo, se convirtió en un relato vívido de la guerra.

De ahí en más, el joven Stearns marchó con el grueso del Ejército Continental desde el campamento de Valley Forge —el invierno en que la tropa de Washington estuvo a punto de disolverse por hambre y frío, y donde el oficial prusiano Barón Von Steuben hizo de las milicias una fuerza militar profesional, hasta Nueva Jersey, donde el 28 de junio de 1778 se libró la batalla de Monmouth. Esa es, de todas las que peleó, la batalla en la que Increase Stearns hijo combatió más cerca del propio Washington y de Lafayette: ese día la brigada de Glover formó parte del ala izquierda, y fue precisamente el cuerpo principal del ejército —donde marchaba Stearns— el que tuvo que sostener la línea después de que la vanguardia se replegara en desorden. Se conserva incluso el registro de otro soldado del mismo regimiento, William Wyman, confirmando su presencia ese día bajo el mando de Bigelow. Monmouth fue el último gran choque frontal entre los dos ejércitos en el norte, y probó algo decisivo para el curso de la guerra: que la disciplina aprendida en Valley Forge había convertido a los granjeros y artesanos del Ejército Continental en una fuerza capaz de resistir, campo a campo, a las tropas regulares británicas; después de esa batalla, los ingleses evacuaron Nueva Jersey y desplazaron el grueso de su esfuerzo militar hacia el sur.

Dos meses después, en la isla de Rhode Island, la brigada de Glover volvió a ser decisiva: apostada detrás de un muro de piedra en Quaker Hill, resistió el avance británico que perseguía a las tropas americanas en retirada y disuadió a los ingleses de lanzar un asalto mayor, permitiendo que el general Sullivan retirara a su ejército de la isla sin ser destruido. El propio Sullivan, en su parte de guerra, elogió a la brigada por haber actuado “con gran firmeza”.
Un castigo, una injusticia y una vida entera para repararla
Pero el documento que se conserva no es solo un relato de gloria militar. Es, sobre todo, el testimonio de una injusticia. En enero de 1780, Stearns y una veintena de compañeros, apostados cerca de West Point, reclamaron —con razón, según ellos— que su tiempo de servicio había vencido y pidieron la baja. Al no ser escuchados, decidieron marchar por su cuenta hacia Boston para presentar el reclamo ante el gobierno de Massachusetts.
Y aquí aparece un detalle que dice tanto de la época como del episodio mismo: esos soldados no pensaban apelar al Congreso Continental ni al gobierno de Estados Unidos —una entidad que, en 1780, todavía era poco más que una alianza de circunstancia entre trece estados soberanos, sin Constitución, sin ejecutivo propio, regida apenas por unos Artículos de Confederación. Pensaban apelar a Massachusetts, el estado al que sentían pertenecer antes que a cualquier otra cosa.
Fueron interceptados cerca de Danbury, Connecticut, y devueltos al campamento. Un consejo de guerra investigó lo ocurrido y exigió que se identificara a los cabecillas de la protesta. Nadie habló. Ninguno de los soldados delató a sus compañeros, a pesar de que negarse a hacerlo significaba, con toda seguridad, cargar con el castigo. Al no obtener esa información, el tribunal condenó a los cuatro más jóvenes a cien latigazos cada uno, ejecutados de inmediato. Increase Stearns —el menor de todos, con apenas dieciocho años— fue uno de los castigados. Y aun así, ni en el momento ni cuarenta años después, al escribir su declaración de pensión, dio un solo nombre.
Cumplida la pena, volvió al servicio y sirvió con honor hasta su baja regular, en marzo de 1780. Casi cuarenta años más tarde, ya con la salud de su esposa quebrada y doce hijos a cargo, le escribió al Secretario de Guerra pidiendo que ese castigo —“más severo de lo común, considerando mi edad en aquel momento”— no lo excluyera del beneficio de la ley de pensiones de 1818. Un antiguo oficial, Joel Pratt, atestiguó que Stearns “sirvió su tiempo honorablemente” y que todos los hombres de aquel episodio eran, en su memoria, “buenos y fieles soldados”. La pensión, finalmente, le fue concedida: 50 dólares con 91 centavos era (1300 dólares de hoy), según la Corte de Worcester, todo lo que este veterano poseía en el mundo —un carro, una yunta de bueyes, tres cerdos, dos mesas, ocho sillas y poco más.

De Massachusetts, a Buenos Aires
Los Stearns no se detuvieron ahí. Ciento sesenta años después de que el joven Increase recibió aquellos cien latigazos por no delatar a sus compañeros, un tataranieto suyo, Louis Agassiz, volvió a calzarse el uniforme: desembarcó en el norte de África para combatir contra las tropas alemanas del Afrika Korps de Rommel. El Coronel Louis Agassiz Stearns, descansa hoy en el Cementerio Nacional de Arlington, el camposanto militar donde Estados Unidos honra a quienes murieron sirviendo bajo su bandera y a héroes que sobrevivieron el frente de combate. Y la posta, otra vez, pasó de padres a hijos: los suyos pelearon en el Pacífico contra Japón, en esa misma guerra, mientras que su hija, agente del FBI en plena guerra, se enamoraba de un chileno de padres asturianos, con el que se mudó a la Argentina para empezar una nueva vida.
Una carta casi ilegible ya, escrita con la letra apurada de un adolescente que a los dieciséis años cambió el arado por el mosquete, es hoy el hilo que une a los Estados Unidos de 1776 con Buenos Aires: los descendientes de aquel soldado raso viven, 250 años después, en la Argentina. Hoy, mientras Estados Unidos celebra un cuarto de milenio de independencia, vale la pena recordar que esa gesta no la hicieron solo los nombres que figuran en los libros de historia, sino también unos improvisados 35.000 milicianos que pusieron su cuerpo en la primera línea de batalla contra un enemigo superior en número y capacidad, que pasaron un invierno a la intemperie en Valley Forge y, cuando la injusticia les cayó encima, no dejaron nunca de reclamar lo que por derecho les correspondía. Hoy se celebra una vocación de servicio, que generación tras generación siempre estuvo del mismo lado de la historia: el de quienes empuñaron las armas contra la tiranía, no para someter a nadie sino para que otros pudieran ser libres.
LA NACION,Opinión
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