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Milei vuelve a la Argentina con la economía bajo presión y un desafío político: contener a Patricia Bullrich

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Javier Milei pasará este viernes, literalmente, de las nubes a la realidad. Buenos Aires lo recibirá con numerosos desafíos cuando cerca de las nueve de la mañana se acomode en la Quinta de Olivos después de aterrizar de su viaje a Nueva York. En Estados Unidos habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, se reunió con figuras internacionales y terminó prometiéndoles a banqueros e inversores que, si consigue la reelección, “2028 será el mejor año económico de la historia”; en Argentina, en cambio, estará obligado a dejar de vender futuro para concentrarse en discutir el turbulento presente.

Mientras preparaba el regreso del viaje número 19 a la nación comandada por un Donald Trump que esta vez no le regaló una foto mano a mano, las estadísticas oficiales se encargaron de dinamitar las narrativas optimistas a las que apela con frecuencia. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la pobreza subió del 28,2% registrado a finales de 2025 al 32,3% en el primer semestre de 2026, con una indigencia que pasó del 6,3% al 7,5%, lo que significa que el país tiene 15,4 millones de personas que no llegan a cubrir la Canasta Básica Total. Como si esto fuera poco, el organismo confirmó que la actividad económica se desplomó 2,9% en julio respecto de junio y que retrocedió 1,4% a nivel interanual, marcando un camino de oscilaciones “en serrucho” que tiene al comercio y la industria como las ramas más complicadas.

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Son guarismos que lastiman justo donde el Gobierno quiere construir el relato para los trece meses que los separan de las elecciones de 2027: que lo peor quedó definitivamente atrás y que solamente hace falta aguantar un poco más para llegar a la prosperidad prometida.

Pero las dificultades del bolsillo vernáculo no son los únicos problemas que lo esperan en estas tierras. Milei sabe que enfrenta otro asunto delicado, con un peso específico que ni el INDEC puede ponderar en su real dimensión: tiene nombre, apellido, votos propios, cinco años de mandato por delante y una creciente vocación por recordarles a todos que no llegó a La Libertad Avanza para obedecer en silencio. Ese escollo se llama Patricia Bullrich.

La pobreza aumentó en el primer semestre del año (REUTERS)

Una escena de la última semana resume a la perfección el clima interno que el mandatario encontrará cuando vuelva a pisar la Casa Rosada. La jefa de bloque en el Senado no necesitó levantar demasiado la voz; esperó como buena tiempista la atención de sus colegas de la Mesa Política y, sin atolondrarse y de corrido como si la hubiera practicado antes, largó la primera de una sucesión de frases filosas.

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-Yo no me puedo enterar de las sorpresas del Presupuesto por los diarios.

Diego Santilli acusó recibo y, lo más tranquilo que pudo, tomó las riendas en calidad de jefe de Gabinete.

-Y vos no podés andar contando todo en los medios. Por ejemplo, decir que no tenemos los votos para eliminar las primarias…

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“La Piba” se inclinó hacia adelante y puso las palmas de sus manos sobre el escritorio.

-Colo, ya sabés que siempre digo lo que pienso. Lo dije el otro día y lo repito acá: no me tomen por tonta.

Su interlocutor intentó aflojar el ambiente.

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-Bueno, te tomo que tenemos que hacer un mea culpa por no haber hablado más profundamente sobre el tema Discapacidad en este lugar. Pero limpiemos los trapos adentro. Encima, te metiste conmigo y me llamaste mentiroso…

El ida y vuelta, que nunca perdió el tono de respeto, derivó en asuntos concretos como el porvenir de la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, la modificación al régimen de Zona Fría, el proyecto vinculado a la soberanía de Malvinas y hasta la agenda de la visita del papa León XIV. Sin embargo, todos los miembros de ese órgano comandado por Karina Milei confirmaron, una vez más, que la ex ministra de Seguridad es, fue y será una aliada incómoda.

Sin ir más lejos, sólo durante lo que va de 2026 Patricia Bullrich pidió públicamente las declaraciones juradas de Manuel Adorni, alegó objeción de conciencia para no rechazar a la candidata a jueza federal María Verónica Michelli, se diferenció en varias ocasiones del resto del ecosistema violeta al hablar de los padecimientos de la población, puso en duda los sufragios necesarios para aprobar la Reforma Electoral, se quejó de los detalles de la Ley de Leyes acusando de forma directa a la cartera económica y, como si esto fuera poco, publicó un video provocador con los acordes de Lali Espósito de fondo.

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La mesa política se reunió en Rosada y hubo intercambios por los reclamos de Bullrich

El desmarque alrededor del Presupuesto fue más profundo que una queja de ocasión frente a un micrófono. Bullrich no había sido la única sorprendida por el capítulo VI del proyecto: Karina Milei, Diego Santilli y Martín Menem tampoco conocían en detalle los cambios en Discapacidad que terminaron entrando en la iniciativa que el Poder Ejecutivo mandó al Congreso. La secuencia fue especialmente irritante porque, mientras operadores oficialistas negociaban con bloques aliados una salida alternativa, los artículos 36 a 41 avanzaron en otra dirección: entre otros puntos, derogaban parcialmente la Emergencia y eliminaban los aranceles únicos de referencia del Nomenclador de Prestaciones Básicas. El ruido fue tan grande que el propio Gobierno terminó habilitando una nueva redacción consensuada para reemplazar buena parte de ese esquema.

El episodio dejó abierta una pregunta todavía más espinoza que la discusión técnica sobre pensiones y prestaciones: ¿quién metió semejante modificación sin avisarle a buena parte de la conducción política? Ni siquiera puertas adentro logran consensuar una respuesta única. “Increíblemente no tenemos tan en claro si lo que se mandó en el Presupuesto fue algo de Economía o de Legal y Técnica: es decir, si fue de Toto o de Santiago”, admite un funcionario del oficialismo. Nadie mostró hasta ahora elementos concluyentes para probar ninguna de las dos teorías. Sea como sea, la descoordinación quedó en evidencia.

Todavía estaba caliente ese tópico cuando la senadora libertaria decidió agregarle banda sonora a la interna. “No voy a parar por miedo a correr. Sé que quisieran poder controlarme”, decía, en la voz de la artista enfrentada con Milei y que acaba de agotar su tercer estadio de River, uno de los fragmentos elegidos que musicalizaba el material fílmico que posteó su equipo digital.

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La provocación tuvo premio en la moneda que más cotiza en estos tiempos: atención. Según un relevamiento de Enter Comunicación, solamente desde los perfiles oficiales de Bullrich el contenido superó las 3,4 millones de visualizaciones; “Lali” llegó al primer puesto de las tendencias argentinas en X y “Bullrich” trepó hasta el tercero. Eso sí: viralidad no significa necesariamente aprobación. El mismo estudio encontró un 72,7% de sentimiento negativo alrededor del video, con cuestionamientos tanto de usuarios oficialistas que la acusaban de traición como de opositores que descreían de la puesta en escena.

Lo más llamativo llegó después: el primer mandatario eligió desactivar la bomba. “¿Cuál sería el problema de que escuche a Lali?”, le respondió a una periodista de espectáculos antes de calificar como “una tontería mayúscula politizar el arte” y confesar que incluso había escuchado algunos temas que le gustaron. Hasta Daniel “Gordo Dan” Parisini se permitió ironizar con una eventual participación de la cantante en el próximo recital libertario. En un frente político que suele contestar cada afrenta con artillería pesada, la respuesta desdramatizadora no pasó inadvertida.

Los que frecuentan a Bullrich aseguran que hacía mucho tiempo que no la veían tan furiosa como en los últimos días. Sin embargo, su rebeldía conserva una frontera cuidadosamente delimitada: hasta ahora nunca dirigió sus críticas centrales contra el Presidente. “Patricia es Patricia. Es su naturaleza desmarcarse de aquello de lo que no está convencida y capitalizar aquello que sí la convence”, resume un integrante de la Mesa Política. Y agrega un razonamiento que empieza a repetirse en el oficialismo: “Tampoco lo que hace es estrictamente malo: puede contener al votante de centroderecha que está disconforme con algunas de nuestras medidas”.

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Del otro lado, cuentan la misma película sin ninguna diplomacia. “Ella no está enojada con Javier porque entiende que estas cuestiones clave no las tiene que trabajar personalmente el que ocupa el Sillón de Rivadavia. Está caliente con los negociadores políticos. Son de madera. Y, cuando ella los apura, encima son cagones”, escupe sin filtros uno de sus colaboradores más estrechos.

Las conversaciones privadas de Bullrich con Milei ayudan a comprender por qué puede permitirse esos movimientos. Ella no se autopercibe como una soldado más del ejército libertario, ni como una dirigente que recibió del Presidente el regalo de un cargo. Se considera socia política de un proyecto al que, según su mirada, aportó una porción decisiva de los votos que permitieron derrotar a Sergio Massa en 2023. “No soy una empleadita”, repite cuando alguien le sugiere bajar la cabeza. Y cerca suyo reconstruyen una frase todavía más contundente que le transmitió personalmente al mandatario: “Vos me diste una misión, que fue sacar leyes en el Congreso. Las cosas van a salir si yo quiero. Dame las herramientas y no me ocultes información. Si me quieren joder, esto no funciona”.

Todo este despliegue de autonomía produjo una reacción que dice más sobre el poder de Bullrich que cualquiera de sus declaraciones públicas. Javier Milei bajó una orden taxativa al gabinete: nadie debe confrontarla. La instrucción llegó a ministros y dirigentes después de los últimos encontronazos y, estén o no de acuerdo con la estrategia, en el espacio violeta aseguran que debe ser acatada. La propia Karina Milei, molesta con varios de los movimientos de la senadora, también eligió contener la situación en vez de abrir una guerra que podría resultar demasiado costosa.

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Luis Caputo fue uno de los apuntados por el proyecto de Discapacidad (REUTERS)

En momentos en que las encuestas reflejan un deterioro general de la dirigencia política, “La Piba” conserva niveles de aprobación que ayudan a entender parte de las cautelas. El último Latam Pulse de AtlasIntel/Bloomberg le asignó 38% de imagen positiva y 55% de negativa, mientras Milei quedó en 35% y 62%, respectivamente. Un detalle a tener en cuenta: dos meses antes, Bullrich también estaba por encima: 45% contra 40%. No hay magia en los números ni un ascenso lineal de la senadora; lo que aparece es una legisladora nacional que viene resistiendo mejor el desgaste que afecta al Presidente.

El fenómeno se repite en otras mediciones recientes. La Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, realizada entre el 3 y el 8 de septiembre, registró 34% de valoración positiva para Bullrich y 33% para Milei, aunque ambos acumularon mayor rechazo que aprobación: 56% y 61%. Zuban Córdoba encontró una diferencia similar entre el 16 y el 19 de este mes: 37,6% de imagen positiva para ella y 36% para él, con rojos de 59,9% y 61,8%. Son fotografías, no pronósticos electorales, pero alcanzan para entender por qué en Balcarce 50 nadie parece interesado en empujarla hacia el abismo.

Hay, sin embargo, una trampa para las aspiraciones independentistas de la ex ministra. Los universos que respaldan a los dos dirigentes están extraordinariamente superpuestos. Un relevamiento de Casa Tres, la consultora de Mora Jozami, detectó que apenas uno de cada diez consultados hace una evaluación diferente de Milei y Bullrich. “Es poco el margen que tiene Patricia para desmarcarse de Javier”, interpreta la analista de opinión pública. La especialista pone el foco en una diferencia con otras etapas de la carrera política de la senadora: cuando en el pasado buscaba despegarse de un liderazgo podía salir a pescar en una pileta electoral más amplia; hoy esa disponibilidad, al menos por ahora, parece mucho más limitada.

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Esa dependencia mutua expone una parte relevante del juego de seducción que ya empezó a proyectarse hacia 2027. En la Rosada escuchan los rumores sobre una eventual candidatura presidencial de Bullrich, pero sus figuras centrales aseguran que no creen que esté trabajando hoy para enfrentar a Milei. “No lo creemos posible ni creemos que lo vaya a hacer. Ella quiere ser vicepresidenta”, arriesga una fuente gubernamental de máxima confianza de la todopoderosa secretaria general. Es una hipótesis que algunos en el planeta oficialista empiezan a imaginar como instrumento de contención: ofrecerle un lugar protagónico en la fórmula reeleccionista para evitar que la dirigente del espacio con la mayor capacidad para hacer movimientos inconsultos busque un sendero propio.

Javier Milei, su hermana Karina, y Patricia Bullrich, tres ejes clave de cara a 2027

Este asunto medular no nació exclusivamente de las elucubraciones de los operadores electorales. Milei y Bullrich hablaron en privado más de una vez sobre cómo funcionaría una fórmula conjunta y, según personas que conocen esos intercambios, hasta fantasearon con la potencia política que tendría esa sociedad. “Seríamos una dupla espectacular, no nos para nadie”, fue uno de los conceptos que circularon en aquellas conversaciones. En el entorno de la senadora, de todos modos, hacen una aclaración preventiva: si alguien piensa que una vicepresidencia serviría para comprar su silencio, en el fondo entonces no entiende a Patricia Bullrich.

El horizonte de largo plazo ofrece otra pista. Bullrich escucha con frecuencia en el Círculo Rojo que debería acelerar su diferenciación de Milei y construir desde ahora una alternativa. A uno de esos interlocutores le respondió con una fecha: “En 2031, después del segundo mandato de Javier, va a ser mi turno”. La frase contiene, al mismo tiempo, una apuesta por la reelección libertaria y la admisión de una ambición personal que jamás desapareció del todo. Un empresario le recordó que ese año ella va a cumplir 75; la senadora sonrió y no dijo más nada.

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“Patricia, al final del día, siempre quiere ser presidenta”, sentencia uno de los colaboradores que mejor conoce su forma de pensar. La definición no significa que esté preparando secretamente una candidatura contra Milei para el año próximo. Todo lo contrario: su equipo trabaja para que el proyecto oficialista llegue competitivo a octubre de 2027. Pero también tiene un plan de contingencia. “Ella dice algo así como: ‘Cualquier cosa acá estoy preparada’. Si en algún momento siente que el proyecto de Javier no da para reelegir, va a decir ‘acá estoy’. Tampoco es tonta: sabe que hoy sola no le da y no se va a arriesgar a terminar mal”, completa la misma persona.

En el corazón del poder libertario piensan que Bullrich tiene una base electoral propia, pero que esa base no le alcanzaría para construir por sí misma una candidatura competitiva. También, que una ruptura con Milei podría resultarle especialmente costosa entre los votantes de centroderecha que comparten. La lectura tiene un espejo dentro del bullrichismo: “Es evidente que el Presidente va a conservar una cantidad importante de votos. Romper ese cuadrante político no tiene sentido. Si nos dividimos, nos ganan”, reconocen.

En el medio aparece una variable electoral que, paradójicamente, enfrenta a Bullrich con uno de los objetivos políticos más importantes de los Milei: las PASO. El Presidente insiste en que quiere eliminarlas y las define como un mecanismo costoso diseñado para resolver con dinero público las internas de los partidos. La jefa de bloque de la cámara alta niega que su resistencia a dar por seguros los votos necesarios para esa reforma esconda un interés personal. Aun así, en el círculo chico del Gobierno hay quienes miran desde el prisma de la suspicacia: si las primarias sobrevivieran, ofrecerían una vía institucional para que cualquier dirigente del mismo universo político pudiera desafiar una candidatura presidencial sin romper previamente la coalición.

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El problema para Milei es que Bullrich no es la única figura de ese win ideológico que empieza a mirar el calendario: Mauricio Macri y Victoria Villarruel también se mueven.

Victoria Villarruel

Casi como una ironía preparada especialmente para el regreso presidencial desde Estados Unidos, este mismo viernes Mauricio Macri estará en Jujuy encabezando una nueva escala de su gira “Próximo Paso”. El expresidente tiene previsto cerrar por la tarde un encuentro del PRO en San Salvador y mantener una reunión con el gobernador Carlos Sadir. La actividad forma parte del operativo con el que intenta volver a darle musculatura territorial a un sector que quedó golpeado después del crecimiento libertario. En paralelo, dentro del espacio dejaron correr la precandidatura presidencial del ex ministro de Hacienda Hernán Lacunza y mantienen abiertas las conversaciones con los violetas para una eventual alianza nacional. Apoyar sin desaparecer, negociar sin entregarse y prepararse por si el escenario cambia: una gimnasia política que el fundador del partido amarillo conoce de memoria. “Y disfruta”, se ríen a su lado.

Victoria Villarruel juega a otra cosa: ya no necesita buscar la manera de diferenciarse de Milei porque esa distancia forma parte del paisaje cotidiano del oficialismo. Pero mientras la relación con la Quinta de Olivos permanece congelada, la vicepresidenta multiplicó durante 2026 las recorridas por el interior y las fotografías con gobernadores de distintos colores. “Sólo le faltan dos provincias, Chaco y La Pampa, para haber aterrizado en todo el país. Ni Milei se atrevió a tanto”, enumera su entorno, con sorna. Cuando complete el mapa, ¿se lanza como candidata a presidenta? La oposición más dura, con el claro objetivo de dividir la oferta de la derecha, se frota las manos.

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En La Libertad Avanza ya no cancherean y muestran llamativa prudencia: cualquier dirigente que les quite votos, “aunque sea un 2%”, puede poner en peligro el gran objetivo de los hermanos Milei: quedarse en la Rosada hasta 2031.

Por eso, la orden presidencial de no confrontar con Bullrich funciona menos como una señal de armonía que como una admisión de los riesgos que la rodean. Patricia, mientras tanto, parece haber elegido su método: acompañar, marcar límites y esperar. Si algún día llega la oportunidad que imagina desde hace años, hay algo que parece seguro: no piensa enterarse por los diarios.

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De la fuga de Trelew al ataque a La Tablada: la historia de Gorriarán Merlo, el líder del ERP que sobrevivió a todo

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28 de octubre de 1995, una camioneta blanca transita una desolada ruta mexicana. Dentro van dos hombres, dos argentinos, y una mujer, nicaragüense. No tienen apuro. Se dirigen, sin que nadie sepa, a Chiapas, al campamento del Comandante Marcos. Apenas pasando el pueblo de Tepotzotlán, varios vehículos del ejército y de la policía mexicana salen de la nada y se cruzan en su camino. Les piden que bajen y se identifiquen. Los hombres se muestran renuentes. Los sacan de la camioneta y con los brazos retenidos en la espalda, los empujan contra el capot blanco. La mujer queda parada a un costado, mientras la vigilan. Les preguntan sus nombres. El que manejaba dice: “Jorge Denti, soy argentino”. El otro permanece callado. Recién responde la tercera vez que le exigen que se identifique: “Juan Rodríguez, uruguayo”.

Uno de los integrantes del escuadrón mira una foto, gira a la fuerza la cabeza del hombre pelado, para verle la cara completa y, con la victoria en la voz, anuncia: “Es él”.

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Finalmente, Enrique Gorriarán Merlo, líder del ERP y responsable del ataque a La Tablada, era detenido después de permanecer décadas como clandestino. A las pocas horas reconoció su verdadera identidad.

Al día siguiente, estaba en vuelo hacia Argentina. El gobierno mexicano se ahorró los problemas (y las demoras) de la extradición gracias a que llevaba consigo un pasaporte uruguayo falso y con él había ingresado a México. Lo deportó, la expulsión del país fue inmediata. Gorriarán Merlo, que hasta ese momento había parecido inasible, enfrentaría por fin a la justicia argentina por el trágico levantamiento de La Tablada de enero de 1989.

Participó del levantamiento en La Tablada en 1989. (Foto: AP)

Veinte años atrás, el 22 de septiembre de 2006, moría uno de los personajes más oscuros de la historia contemporánea argentina: Enrique Gorriarán Merlo. Murió en una cama del hospital Argerich a los 64 años, por un aneurisma en la aorta abdominal.

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Antes había liderado uno de los grupos armados más virulentos de los setenta. Había secuestrado y matado. Se fugó de la cárcel. Intentó tomas de cuarteles en diferentes décadas, todas con un final sangriento. También fue sicario a sueldo de gobiernos extranjeros y asesinó en Paraguay al exdictador nicaragüense Tachito Somoza. Erp, fuga de Trelew, Cuartel de Azul, Cuba, muerte de Santucho, exilio, Cuba, Sandinismo, Somoza, MTP, la Tablada.

Gorriarán Merlo pasó más de la mitad de su vida preso o en la clandestinidad.

Algo que sorprende: sus compañeros de militancia, de aventuras, de combate, murieron de manera violenta en eventos de los que él siempre salió indemne. Él fue el único que siempre logró sobrevivir.

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Enrique Gorriarán Merlo en la cárcel de Villa Devoto. (Foto: AP)
Enrique Gorriarán Merlo en la cárcel de Villa Devoto. (Foto: AP)

En 1972 protagonizó una fuga de gran espectacularidad de la cárcel de Trelew. Él estuvo, junto a Santucho -líder del ERP, la organización armada que integraban-, dentro de los seis que lograron tomar un avión y escapar a Chile. Otros 19 quedaron en el aeropuerto; pocos días después los fusilarían en medio de la noche y 16 serían asesinados. Con el regreso democrático, el ERP volvió a la clandestinidad y continuó operando. Decían que no era contra el gobierno ni la democracia pero que seguirían atacando a los militares. Los atentados y secuestros no se detuvieron. En enero de 1974 encabezó el intento de copamiento de la guarnición militar de Azul. Los atacantes querían armas y municiones. Fue asesinado el jefe de la guarnición y su esposa y también un soldado. Hubo varios heridos de gravedad y el coronel Ibarzábal fue secuestrado. Gorriarán y el ERP lo tuvieron cautivo durante meses hasta que lo mataron con un disparo a quemarropas cuando sólo pesaba 35 kilos. En ese ataque murieron 3 guerrilleros del ERP y otros 12 fueron detenidos. Gorriarán siguió sano y libre. En esos años sus apodos, sus nombres de combate, eran El Pelado, Comandante Ramón o Ricardo. Luego fue degradado por la organización y enviado a hacer trabajo de campo a diversas provincias debido a su accionar como encargado de ese ataque. Eso lo salvó de estar presente en Monte Chingolo. En julio del 76, ya con la Dictadura en el poder, tras un enfrentamiento, cayó Roberto Mario Santucho, líder del Erp; su esposa también fue desaparecida durante esa jornada. En el hecho también murieron otros guerrilleros. El día anterior, Gorriarán Merlo había estado reunido con Santucho. Se salvó por horas. Santucho había sido encontrado después de años de búsqueda. El hecho tuvo otra consecuencia inmediata en el ERP: Gorriarán Merlo quedó como el líder de la parte militar ante la acefalía, mientras que Luis Mattini era el de la parte política. Hasta el día de hoy se habla de que hubo un entregador que denunció la guarida- hasta ese momento inhallable- de Santucho.

Después llegó el exilio y el tiempo en Nicaragua integrando el gobierno Sandinista. Y una misión de la cual Gorriarán asumió, una vez más, el liderazgo.

La llamaron Misión Reptil. Siete hombres argentinos y una nicaragüense -la misma que años después fue detenida en México y convertida en pareja de Gorriarán- se trasladaron a Asunción para asesinar al exdictador nicaragüense Tachito Somoza. Utilizarían sus conocimientos previos -más todo lo aprendido en Cuba y Nicaragua en los últimos años sobre técnicas de combate- para cercar y liquidar a su objetivo. Mucho después, Gorriarán dijo que había sido una misión nacida exclusivamente de su voluntad e ideada por ese grupo de argentinos, que sólo le comunicaron a las altas esferas de Nicaragua -Daniel Ortega y algún jerarca más- lo que iban a hacer. Cuesta creer que así haya sido. Con el tiempo se habló de zona liberada y hasta de la ayuda de la CIA. Lo cierto es que tenían armamento que habían logrado ingresar a Paraguay, dinero para la logística y facilidades para moverse hasta ultimar a Somoza.

Alquilaron un kiosco en la esquina de la mansión del exdictador desde dónde vigilaron sus movimientos y pudieron descifrar su rutina. También alquilaron una mansión que estaba justo enfrente. Lo hicieron con un ardid ingenioso. Le dijeron a la dueña que buscaban la propiedad para Julio Iglesias que en pocas semanas llegaría a Asunción para filmar una película. Pero que el cantante necesitaba tranquilidad y pasar desapercibido por lo que le pedían la mayor discreción posible. Pagaron varios meses por adelantado y por un valor superior al del mercado (una vez ocurrido el homicidio la justicia paraguaya apuntó contra el propietario y le costó creer esta historia).

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Anastasio Somoza, ex presidente de Nicaragua. (Foto: AP)
Anastasio Somoza, ex presidente de Nicaragua. (Foto: AP)

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El Gobierno logró una inestable tregua con sus aliados y toma aire en el Congreso para leyes clave

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Después de estar un mes a la defensiva, el oficialismo en el Congreso logró recuperar casi por completo el control de la agenda y normalizó la relación con algunos de los bloques aliados que habían dejado trascender su malestar por los manejos de la Casa Rosada. Durante octubre, los libertarios se abocarán a avanzar en la Cámara de Diputados con los proyectos sobre Malvinas, la reforma en Discapacidad, los cambios en la Carta Orgánica del Banco Central y el Presupuesto 2027. La oposición, por su parte, luchará por mantener en el centro de la discusión pública los proyectos sobre endeudamiento y mora.

El martes, el oficialismo logró dar vuelta la página tras la polémica que se desencadenó por el ajuste en el área de Discapacidad que contenía el proyecto de Presupuesto 2027. Tras dos semanas de tensión, que incluyeron reclamos públicos de los bloques aliados y pases de factura entre los integrantes de la Mesa Política, los libertarios borraron de un plumazo el texto original que envió el Poder Ejecutivo y llegaron a un consenso con los bloques aliados.

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La nueva iniciativa retoma gran parte de la ley de Emergencia en Discapacidad como el nomenclador único para prestaciones, su actualización por inflación, la compatibilidad de la pensión con un empleo formal o informal y el Certificado Único de Discapacidad (CUD) como vía para obtener una pensión. Sin embargo, ahora todas las partidas estarán incluidas en el Presupuesto y no dependerán de las reasignaciones que defina la Jefatura de Gabinete.

El dictamen representó una clara victoria política porque contó con el acompañamiento de bloques aliados y gobernadores. Si bien hubo acompañamientos “en disidencia”, como los misioneros y salteños de Argentina Federal, el apoyo de la UCR, el PRO, Producción y Trabajo (San Juan), el MID y La Neuquinidad le garantizarían cerca de 127 votos, por lo que los libertarios no deberán hacer grandes esfuerzos para sumar las dos voluntades que restan para llegar a la mayoría simple. De esta forma, la embestida de la oposición dura, que impulsaba la prórroga por un año de la Emergencia, quedó virtualmente neutralizada.

Comisión de Discapacidad de la Cámara de Diputados

Aunque todavía quedan pendientes algunos reclamos de los aliados, como una redacción clara que ratifique que las prestaciones se actualizarán mensualmente por inflación y el cronograma de pago de las compensaciones adeudadas, el oficialismo prevé llevar el tema al recinto el próximo 7 de octubre.

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Esa mega sesión también incluirá el proyecto para proteger los recursos del Atlántico Sur y reforzar el reclamo soberano sobre las Islas Malvinas. El puntapié inicial del debate será el miércoles 30 de septiembre, en un plenario de las comisiones de Defensa, Relaciones Exteriores y Culto y Legislación Penal, conducidas por los oficialistas Carlos Zapata, Juliana Santillán y Laura Rodríguez Machado, respectivamente.

El cronograma continuará el martes 6 de octubre con otro plenario de comisiones donde los libertarios buscarán firmar dictamen. Así el texto quedará listo para debatirse en el recinto de la Cámara de Diputados al día siguiente.

Si bien todavía no hay confirmación oficial, fuentes del oficialismo señalaron a Infobae que la reforma del Banco Central también estará incluida en el temario de esa sesión. Los cambios en la Carta Orgánica que apuntan a garantizar la independencia de la entidad monetaria respecto del Poder Ejecutivo fueron aprobados este jueves en el Senado. Pero el texto que venía de Diputados sufrió una modificación importante, por lo que deberá volver en revisión a la Cámara de origen.

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A instancia de los gobernadores, y con acuerdo del peronismo, se cambió la redacción en un punto clave: la mayoría especial de dos tercios en ambas Cámaras para remover a las autoridades del Banco Central fue reemplazada por una mayoría absoluta (37 votos afirmativos) solo en el Senado. Ese cambio fue aprobado casi por unanimidad (66 votos a favor y sólo dos en contra), por lo que será matemáticamente imposible que Diputados pueda insistir con el proyecto original (debería llegar a los dos tercios pero no puede lograrse sin el peronismo).

El Senado aprobó la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central pero hizo cambios en el texto y deberá volver a Diputados

Por su parte, la oposición avanzará este martes 29 de septiembre con el dictamen de las iniciativas sobre endeudamiento. En estos días el peronismo y los bloques dialoguistas buscan unificar una propuesta que no tenga costo fiscal (para evitar un veto presidencial), mientras que el oficialismo y sus aliados presentarán una propuesta propia que tendrá como eje principal la concientización (sin ningún tipo de refinanciación obligatoria de las deudas). La oposición aún no define cuándo convocará a una sesión ya que no tienen los 129 votos del quórum asegurados.

Finalmente, durante el tramo final del año, oficialismo y oposición se abocarán a la negociación del Presupuesto 2027. El cronograma incluirá reuniones informativas el 13, el 14, el 20, el 21 y el 27 de octubre. En tanto que el miércoles 28 prevén firmar el dictamen para avanzar en el recinto el miércoles 4 de noviembre.

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Esta negociación estará atravesada por el armado de las alianzas electorales de cara a los comicios del año que viene y condicionará directamente otro de los objetivos principales del Gobierno: la eliminación de las PASO.

celeste salguero/comunicación senado.-

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Para garantizar la aprobación de la reforma de la carta orgánica del BCRA, el Gobierno prevé aceptar los cambios que introdujo el Senado

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El Gobierno prevé ratificar en Diputados los cambios que introdujo el Senado a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, pese a las diferencias internas que generó la modificación del mecanismo para remover al presidente y a los directores de la entidad. La definición todavía debe terminar de ordenarse dentro del oficialismo y será uno de los temas de la mesa política del martes 29.

“La idea es convalidar los cambios”, responden en Nación sobre si el Ejecutivo intentará recuperar la versión original que Diputados aprobó el 26 de agosto. En el armado legislativo reconocen también que ven difícil conseguir la mayoría necesaria para revertir el cambio.

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La diferencia principal está en el artículo 3. El proyecto aprobado originalmente por Diputados establecía que la remoción del presidente, vicepresidente y directores del BCRA debía contar con el respaldo de dos tercios de los presentes en ambas cámaras del Congreso. El Senado eliminó ese esquema y dispuso que la decisión quede exclusivamente en manos de la Cámara alta, por mayoría absoluta.

El cambio alcanza además al procedimiento de designación. La nueva redacción establece que los integrantes del directorio propuestos por el Poder Ejecutivo deberán contar con mayoría absoluta del Senado, y utiliza la misma mayoría para una eventual remoción.

La modificación fue aprobada en particular por 66 votos contra dos, con el respaldo del peronismo, pese a que ese bloque rechazó la reforma general. Esa votación tiene una consecuencia directa sobre el margen que tiene ahora la Cámara de Diputados.

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Senadores oficialistas y aliados votaron a favor los cambios a la Carta Orgánica del BCRA (Foto: Charly Diaz Azcue / Comunicación Senado).

El artículo 81 de la Constitución establece que, cuando la cámara revisora modifica un proyecto con dos tercios de los miembros presentes, la cámara de origen no puede recuperar su redacción original por mayoría simple. Para insistir en ese texto necesita también reunir dos tercios de los presentes.

Eso significa que Diputados puede aceptar la modificación del Senado con mayoría absoluta de los presentes, pero necesita dos tercios para restablecer el mecanismo original en el artículo modificado con esa mayoría agravada. Tampoco puede introducir una tercera redacción diferente durante esta instancia de revisión.

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