POLITICA
Alberto Bochatey: “Francisco describió la Iglesia ideal para el siglo XXI; León XIV la vivió”

-Ahora no sé cómo llamarte, si Robert o León.
-Es problema tuyo…
Días después de su elección en Roma, el papa León XIV le dio esa respuesta simple y desacartonada al obispo argentino Alberto Bochatey, con quien había estudiado y compartido trabajos durante muchos años en la Orden de San Agustín.
La relación de confianza entre ambos se prolonga hasta hoy y Bochatey, de 71 años –la misma edad que el Papa-, confía en que los argentinos se enriquecerán con el mensaje que León XIV traerá en su visita pastoral del 8 al 11 de noviembre. Y considera que Prevost representa en su vida sacerdotal la Iglesia del siglo XXI que Francisco construyó en sus mensajes, gestos y discursos. “Una Iglesia pobre y para los pobres, en salida, misionera, una Iglesia que pise el barro. Cuando uno ve la vida de Robert Prevost, él no lo escribió, pero lo hizo”, reveló su amigo Bochatey.
-¿Cómo es el trato, finalmente: Robert o León?
-Obviamente, para mí, como sacerdote, como obispo, es el papa León XIV. Pero, como agustino, hace 40 años que es Roberto. Siempre que le escribo le pongo los dos nombres: querido León, querido Roberto…
-¿Cómo nació la amistad con Robert Prevost?
-Nos conocimos en los años 80, éramos jóvenes sacerdotes. Él estudiaba derecho canónico y yo, teología moral, pero vivíamos en la misma comunidad, en Roma. Prevost volvió después a Chicago y pidió ir de misionero a Perú. Y se fue a Chulucanas, en las montañas. Yo regresé a Buenos Aires. Ambos formamos parte de la Organización de los Agustinos de América Latina y el Caribe y allí compartimos actividades diversas, encuentros, retiros, preparación de documentos y muchas veces nos encontramos en comisiones, en viajes.
-¿Siguió el contacto cuando él fue a Roma?
-En septiembre de 2001, Prevost fue elegido superior general de los agustinos y permaneció en Roma doce años (dos períodos de seis años) y en 2010 me llevó allá, como superior del Colegio Internacional Santa Mónica, la casa de formación donde habíamos estudiado. Tres años después, Benedicto XVI me hizo obispo y volví a la Argentina como obispo auxiliar de La Plata. Prevost terminó al poco tiempo su período como superior general y le pidieron que se quedara en Roma. Pero quiso volver como misionero a Perú. En 2015 Francisco lo nombró obispo de Chiclayo.
-¿Cómo era la relación de Prevost con Francisco?
-Siendo obispo de Chiclayo Francisco le asignó tareas complejas. En 2020 lo nombró al mismo tiempo administrador apostólico en la diócesis peruana de El Callao, que enfrentaba una fuerte crisis interna, por tensiones clericales y pastorales que supo resolver.
-¿Francisco valoraba a Prevost por su capacidad para resolver conflictos?
-Lo fue conociendo y valorando con el tiempo. Cuando lo designó en Chiclayo, yo le agradecí que nombrara un obispo agustino. Y Francisco me miró serio y me dijo: “Ese hombre es una reserva moral de la Iglesia”. Tenía un concepto altísimo de Prevost. Años después lo llevó al Vaticano, lo puso al frente del Dicasterio para los obispos y lo hizo cardenal.
-¿Qué rasgos sobresalen en la personalidad de León XIV?
-Es un hombre de mucha interioridad. No es que sea tímido o callado. Es profundo. Habla poco, pero habla. Es simpático, fue un brillante estudiante y todos vemos ahora cómo se desenvuelve. Es divertido, deportista, una persona normal con grandes virtudes y una capacidad de escucha. Ahora que viene a la Argentina será muy importante que nos escuche y que nosotros lo escuchemos.
-¿Viajó a la Argentina más de una vez?
-Sí, conoce la Argentina, ha estado varias veces. Una de las misiones que tiene el superior general de la Orden de San Agustín es visitar todas las comunidades de los frailes. Prevost visitaba los países donde estábamos y en los dos períodos de seis años dio la vuelta al mundo dos veces. Ha estado en la India, en China, en Laos, en Vietnam, por todo el mundo. Tiene una visión de la Iglesia muy amplia, conoce los cinco continentes, habla cuatro idiomas, es muy preparado.
-¿Viajó a la Argentina para asistir a su ordenación episcopal?
-Sí, hizo visitas canónicas a la Argentina y vino para mi ordenación episcopal. A mí me nombró obispo Benedicto XVI, pero en febrero de 2013 él renunció y mi consagración fue el 9 de marzo de ese año, cuando la Santa sede estaba vacante y cuatro días antes de la elección de Francisco. Yo pedía que eligieran a un Papa que yo pudiera conocer, con el que me pudiera entender, y eligen a Jorge Bergoglio. Yo no pedía tanto… decía en broma. Cuando murió Francisco fue una pena muy grande y yo pensaba que se cerraba algo que nunca se iba a repetir: que el Papa conociera a uno por el nombre y apellido. Y a los pocos días eligen a mi compañero Robert Prevost, que me conoce más que Bergoglio. Tengo una responsabilidad muy grande de fidelidad al Papa.
-Bergoglio y Prevost celebraron una misa juntos en la parroquia San Agustín.
-Sí, eran dos futuros papas juntos. Fue en 2004, en un congreso de agustinología que hicimos en Buenos Aires. Prevost llegó como superior general de la orden e invitamos a Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires. Prevost fue también a los valles calchaquíes, donde tenemos las misiones de Cafayate, Salta y Santa María y también estuvo en Mendoza, en Buenos Aires y en Montevideo. Además, inauguró nuestro seminario en Devoto y la Biblioteca Agustiniana.
-¿En este viaje como Papa no tendrá un encuentro con los agustinos?
-Nosotros pedimos poder saludarlo como familia agustiniana, pero no hemos tenido respuesta. Viendo el cronograma, tan apretado lo veo difícil.
-¿Cómo evalúa la visita al Cottolengo Don Orione?
-La visita al Cottolengo es una maravilla. Es una obra fantástica, no siempre bien conocida ni reconocida. Asisten en forma integral a más de 400 personas y ahí está todo: hay pobreza, abandono, discapacidad, enfermedades, necesidades de todo tipo. Es un cuadro total de la mayor pobreza e indigencia de todo el país. Además, irá a la cárcel de Devoto. Visitar a los presos es un mandato bíblico. Me parece una agenda perfecta, por el poco tiempo que hay.
-¿Hubo algún hecho puntual que haya influido en Bergoglio para fijarse en él?
-Puede haber habido, yo no lo conozco. Pero sé que Francisco lo vio moverse. Bergoglio lo conoció en Buenos Aires. Incluso, el propio Prevost contó una vez que habían tenido diferencias de criterio en algún tema específico. Creo que Bergoglio evaluó lo que fue la vida de Prevost.
-¿En qué sentido?
-Francisco nos describió en sus discursos, encíclicas y documentos la Iglesia ideal para el siglo XXI, una Iglesia pobre y para los pobres, una Iglesia en salida, misionera, una Iglesia que pise el barro. Cuando uno ve la vida de Robert Prevost, él no lo escribió, pero lo hizo. Salió de Estados Unidos a la misión en Chulucanas, una Iglesia pobre total, en una zona sin agua corriente. Después de 12 años en Roma quiso volver a la misión. Todo eso que Francisco describió como misión de la Iglesia en este tiempo, él lo hizo.
-En Perú tuvo una acción muy decidida en defensa de las víctimas de los casos de abusos.
-Francisco ratificó la política de tolerancia cero que había iniciado Benedicto XVI y Prevost lo vivió en Perú. Siendo obispo le tocó varios casos. Actuó también en defensa de las víctimas en el caso del Sodalicio de Vida Cristiana, que finalmente Francisco suprimió. En el viaje a Francia que comenzó este viernes programó un encuentro con víctimas de abusos. León es muy claro.
-¿Qué desafíos tiene ahora León XIV en su papado?
-Los dos desafíos que puso en evidencia desde el primer día: la paz y la unidad. Cuando llega siempre saluda diciendo “la paz esté con ustedes” y tiene muy en el corazón el lema de su episcopado: “In Illo uno unum” (En el único Cristo, somos uno), una frase de San Agustín. La Iglesia sin unidad no es Iglesia. La comunidad es necesaria, justo en un tiempo en el que se exalta la individualidad. La gente quiere vivir sola, separada, no me molestes.
Mariano De Vedia,Papa León XIV,Papa Francisco,Conforme a
POLITICA
La narrativa libertaria se desenfoca bajo la presión económica

Hay un momento en la gestión de los gobiernos en el que la realidad se vuelve díscola y comienza a complicar los planes. Pero hay uno peor, que en general sobreviene después, que es cuando los gobiernos, para mantener su narrativa, empiezan a disociarse de la percepción del resto. Es el instante en el que el mensaje de los presidentes y los ministros empieza a sonar como una letanía obstinada que en vez de convocar o disuadir, repele o desencanta.
Esta dislocación quedó expuesta muy especialmente esta semana porque hubo un contraste muy fuerte entre la sumatoria de indicadores económicos negativos muy sensibles, y evidencias de un deterioro de la confianza en la palabra oficial. Eso se percibió en el mundo financiero que escuchó a Javier Milei y a Luis Caputo en Nueva York, pero también empieza a permear entre los ciudadanos que acompañaron al Gobierno con su voto.
En apenas diez días se conoció que la tasa de desempleo subió a 7,9%; que el PBI bajó 0,6% en el segundo trimestre; que la actividad económica retrocedió un 2,9% comparado con el mes anterior; que el consumo masivo cayó un 1,5% interanual; y que la pobreza aumentó 4,1 puntos para llegar al 32,3%. Solo el dato positivo de la reducción de la inflación a 1,7% fue un alivio dentro de este panorama.
No hace falta ser un técnico especializado para concluir que algo no está funcionando. Por lo menos queda claro con estos números que el esfuerzo por contener los precios, el dólar y el equilibrio fiscal está paralizando la actividad. Lo opuesto a gobiernos anteriores, que mantenían activos los motores de la economía, pero a costa de descalibrar todas las variables.
Dentro de la mesa chica del Gobierno hay mucha preocupación por estos indicadores, especialmente en el ala política. Patricia Bullrich es la más estridente, pero no es la única que entiende que así es muy difícil lograr acuerdos electorales y hacer campaña. La inquietud se procesa en secreto, porque Milei es implacable con los desconfiados. Karina intuye la densidad del problema, pero jamás desautorizará a su hermano. Es un tema tabú para las reuniones de los martes: todos saben que es el asunto más crítico, pero nadie se atreve a darle demasiada entidad.
Mientras detrás de los cortinados de la Casa Rosada se murmura este nerviosismo, el Presidente y Caputo salieron en dupla a conquistar Nueva York. Tuvieron reuniones con empresarios y fondos de inversión, donde desplegaron una serie de argumentos con un estribillo: la Argentina crece y está blindada ante cualquier turbulencia electoral.
El ministro dijo que la corrida en los cuatro meses previos a los comicios de 2025 consumió US$7900 millones por sobre el promedio mensual de compras de los ahorristas, que es de US$1700 millones, pero después aclaró que esa presión cedió en la misma proporción en el semestre posterior. “Se dolarizaron los flujos, no los stocks. Acá no hubo un problema de stock”, resumió. Frente a ese escenario, desglosó las opciones de financiación que prevé para 2027, que suman unos US$75.000 millones. Allí amontona los US$14.300 millones que lleva comprado el Banco Central, otros US$20.000 que supuestamente adquirirá de acá al año próximo, US$20.000 del swap chino (de los cuales US$8000 son de libre disponibilidad) y US$20.000 del swap con EE.UU. (le preguntaron si estaba disponibles y respondió secamente: “Sí”).
Si bien los operadores financieros elogian el ordenamiento macroeconómico de la gestión libertaria, y su compromiso fiscal inédito en la historia del país, no son fáciles de convencer. Hubo decepción porque entendieron que estas cuentas no eran realistas, al sumar partidas que no se pueden comparar, y porque no todas son accesibles para el Gobierno.
“Pintó un escenario falso y eso cayó mal. No fue intelectualmente honesto. No convenció”, fue el resumen que hizo un broker de Wall Street que estuvo en la presentación. Tampoco funcionó bien la esgrima de Milei en la entrevista con Bloomberg, donde buscó rebatir los datos más que explicar las razones. “El paso del Presidente y del ministro por acá dejó una sensación de negación de la realidad. Hubiese sido mucho más productivo que analizaran los indicadores y explicaran cómo piensan actuar de ahora en más”, completó otro de los asistentes.
No fue el único factor, pero esta percepción influyó para que el riesgo país cerrara la semana por encima de los 600 puntos, cuando en julio parecía perforar el piso de los 400 puntos. También impactó la suba de la tasa de los bonos norteamericanos, la caída de la actividad económica y la incertidumbre electoral. Pero de fondo se percibe una disonancia con los mercados, que no logran recuperar una confianza plena en la palabra del Gobierno.
Pobreza y desintegración social
Las carencias argumentativas emergieron con particular nitidez al intentar acotar las razones del aumento de la pobreza al respingo de la inflación, que de enero a mayo navegó entre el 2,1% y el 3,4%. Es una explicación estadística monocausal (más allá de los históricos debates metodológicos). Pero lamentablemente la realidad luce mucho más compleja, porque lo que aparece detrás es una crisis de ingresos muy profunda, que tiene varias explicaciones.
Jorge Paz, economista especializado en el tema, señala entre ellas el crecimiento del trabajo en negro, que genera inestabilidad en los recursos. También lo que define como “pobreza laboral”, en referencia a quienes tienen trabajo pero con sueldos bajos, “que es un fenómeno que comenzó asociado a la informalidad pero que después se extendió también a los formales”. Según un trabajo del Instituto de Economía Política de la UBA, un 20% de los trabajadores formales no superan la línea de la pobreza.
Un análisis del CIAS sostiene que en el último indicador impactó el estancamiento económico, la reducción del empleo formal, la caída del salario privado registrado, y la menor eficacia de programas de asistencia social como la AUH o el plan Alimentar, que en el primer semestre “perdió casi 4% con respecto a la inflación”, en comparación con el mismo período de 2025. Por eso sostiene que “la política social contiene la indigencia, pero mueve menos la pobreza”.
Hay dos tendencias para analizar en los datos de pobreza, una de corto plazo y otra de largo alcance. En la mirada más coyuntural, un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA marca que el 32,3% de la primera parte de este año es parecido al 31,6% del mismo período del año pasado. Pero hay una diferencia sustancial: “Aquel registro formaba parte de una fase de descenso que continuó hasta el tercer trimestre de 2025; el semestre actual, en cambio, se construye sobre una secuencia ascendente iniciada desde ese piso”. A diferencia de lo que dice el Gobierno, que sostiene que la reducción de la inflación arrastrará a la baja la pobreza, el Observatorio ve una curva creciente.
En la mirada histórica, en tanto, emerge con claridad que desde hace mucho tiempo la pobreza en la Argentina no logra perforar el 30%, más allá de bajas ocasionales (dos semestres con Mauricio Macri, uno con Milei). Es una roca impenetrable tanto para gobiernos estatistas como para los liberales. Es parte de la geografía del país desde la crisis de 2001.
Pero dentro de esa continuidad, hay indicios de una lenta curva ascendente. Paz evaluó las últimas gestiones y concluye en que Cristina Kirchner promedió 29%, Macri 30,4%, Alberto Fernández 40,1% (dato muy distorsionado por la pandemia) y en lo que va del mandato de Milei suma 36,4% (empujado por el 52,9% post devaluación). La Argentina tiene definitivamente una composición socioeconómica diferente en el siglo XXI de la que exhibió en las décadas previas.
Detrás de los números aparece una dimensión más honda. Por un lado, se diluye el sentido social del trabajo como vehículo de ascenso, porque ya no puede garantizar un ingreso que evite caer la pobreza. Hace tiempo el sociólogo francés Robert Castel estudió el trabajo asalariado como el eje central de la cohesión social y el organizador de la identidad en las sociedades modernas. Es decir, le otorgaba una implicancia más profunda que la de un mero modo de subsistencia. Esa amalgama es la que se desgarró.
Pero al mismo tiempo también se esfuma el carácter igualador de la educación, que cada vez es menos efectivo como vector de emancipación, y el rol de contención de las familias (implosionadas por las carencias, la violencia, las ausencias), que es menos eficaz para acompañar el recorrido de niños y adolescentes. El trabajo del CIAS remarca que el grupo etario más afectado por la pobreza es el de los menores de 14 años, donde alcanza el 44,5%. Allí se incuba el futuro de una Argentina desintegrada.
La Argentina mejora, yo no
La dislocación entre el mensaje que transmite el Gobierno y la percepción social quedó retratada en el último reporte de la consultora Moiguer, que lleva un título provocativo: “La Argentina mejora, yo no”. Implícitamente parece una apelación a Milei, que siempre habla de la Argentina, pero rara vez de los argentinos; que opta por una referencia impersonal y racional, que es más amigable con su abordaje teórico, y se aleja de la afectividad personal, que es más comprometedora emocionalmente. ¿Estrategia o psicología?
En base a una encuesta nacional de 3000 casos Moiguer determina que “hay un cambio de etapa en el humor social. Durante los últimos dos años, el deterioro del presente convivió con la expectativa de que la mejora del país terminaría traduciéndose en el plano individual. En el tercer trimestre se instala una nueva certeza: la recuperación de la macro no implica necesariamente una mejora del bienestar individual”. Es decir, emerge una bifurcación más tangible entre la macroeconomía, a la que habitualmente se refiere la narrativa libertaria, y el metro cuadrado de cada persona (el poder adquisitivo del salario, el aumento de los servicios, la precarización del empleo), que no aparece en el discurso oficial. Es una distancia geográfica entre lo general y lo particular.
Pero también hay separación cronológica, que queda resumida en otra conclusión del trabajo: “El futuro pierde fuerza como organizador del presente”. La declinación de las expectativas de mejora, que fue el gran motor de la tolerancia al ajuste económico, empieza a impactar en el ánimo social. El proyecto libertario parece quedarse sin promesa, después de haber logrado la baja de la inflación, su primer objetivo.
¿Cuál es la razón por la que el Milei, que tan bien captó el clima de época en 2023 y supo encarnar el enojo con la dirigencia y el cansancio con tantas frustraciones, hoy no envía señales de reconexión con sus votantes? ¿Es mera tozudez o emerge una limitación para empatizar cuando se trata más de comprender que de interpelar?
Este desencuentro es señalado particularmente por los desencantados con Milei. Son en su mayoría votantes de última instancia, que lo acompañaron en el ballotage como una muralla de contención contra el kirchnerismo. En un reciente focus group con ese universo, organizado por la consultora TresPuntoZero, de Shila Vilker, apareció con claridad ese desencuadre. “Piensa que el país es la macro. Tiene una desconexión con la realidad. Si le cierran los numeritos, ya está”. “Las ideas están buenas, pero la gente se cae del mapa. Noto insensibilidad”. “No piensa en personas como nosotros. Empezó a negar la realidad”. Estas son algunas de las verbalizaciones que reflejan una pérdida de cercanía, que en algún momento esos votantes sintieron con Milei.
La mayoría de ellos admitió atravesar dificultades económicas y estar endeudado, y anticipó que no está con ánimo de votar el año próximo. Este es el segmento de ciudadanos a los que Milei deberá recapturar para aspirar a una reelección. Lo más sencillo sería que la economía se recupere de los malos indicadores actuales. Pero si eso no ocurre, deberá repensar su modo de interactuar; dejar un rato la motosierra y el traje de justiciero, para transitar una narrativa de proximidad y comprensión. La duda es si Milei puede hacer esa reconversión, sin dejar de ser Milei.
Jorge Liotti,Conforme a
POLITICA
Monteoliva confirmó que la mudanza de la cárcel de Devoto comenzará este año y dio más detalles sobre la visita del Papa

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó que el traslado de los internos del penal de Devoto al complejo penitenciario de Marcos Paz comenzará durante el último trimestre de 2026 y remarcó que el proceso se realizará de manera escalonada. Además, anticipó cómo será el operativo de seguridad que acompañará la visita del papa León XIV, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre.
En diálogo con Lorena Maciel en Radio con Vos, la funcionaria explicó que la mudanza forma parte del cronograma previsto, aunque evitó fijar una fecha puntual para el inicio del operativo. “La mudanza será en distintas fases y va a iniciar pronto. La mudanza de una cárcel no se hace de un día para el otro”, sostuvo.
La ministra señaló que el traslado requerirá una planificación progresiva para garantizar las condiciones de seguridad durante el movimiento de los detenidos hacia Marcos Paz.
Monteoliva también brindó precisiones sobre una de las actividades más reservadas de la agenda de León XIV: la visita a un establecimiento penitenciario durante su paso por la Argentina.
POLITICA
Martín Lousteau: “Si revisamos la metodología, lo que queda no es una Argentina que sacó a millones de la pobreza”

El economista y diputado nacional del bloque Provincias Unidas, Martín Lousteau, volvió a cuestionar que el gobierno de Javier Milei haya sacado a millones de personas de la pobreza, y alertó que, tras el deterioro de esos indicadores, se podría incluso “empeorar el problema”.
La pobreza oficial del primer semestre del año llegó a 32,3%, luego de subir 4,1 puntos porcentuales respecto de la segunda mitad del año anterior, cuando había sido de 28,2%. Para Lousteau, ese dato erosiona la mejora que otros cálculos habían detectado luego del pico posterior a la devaluación.
Ante las nuevas cifras que exponen el deterioro de los ingresos, Lousteau realizó una clara advertencia. “La dinámica más reciente empieza a mostrar que, quizás, todo el costo del cambio de régimen no alcance para sacar a nuestros compatriotas de la pobreza, y hasta termine empeorando el problema”, expone según su análisis publicado en su blog Rumbo en disputa.
Los tres límites de la medición de pobreza
Lousteau sostuvo que la medición de la pobreza en Argentina enfrenta tres problemas metodológicos. El primero es el uso de una Canasta Básica Total (CBT) “vieja” elaborada con valores de 2004 y 2005, que, según su evaluación, subestima la incidencia de los servicios en los gastos de los hogares.
El segundo problema está vinculado con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que elabora el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), y que impacta durante períodos de inflación elevada, como el que atravesó el gobierno del Frente de Todos. El diputado consideró que la metodología empleada entonces sobreestimó la pobreza.
La tercera limitación afecta a los ingresos de los trabajadores informales. La encuesta no puede ponderar con precisión cuánto gana una persona que desarrolla actividades fuera del sector formal, ya que depende de las respuestas de los entrevistados.
Ante esas dificultades, Lousteau citó una investigación del Centro de Estudios Distributivos de la Universidad Nacional de La Plata (CEDLAS) que recalibra las mediciones para corregir esos desajustes. Sin embargo, señaló que la cifra difundida para el primer semestre alcanza para “erosionar la ganancia real” estimada por ese trabajo.

Su planteo es que la reducción registrada de pobreza durante 2024 y 2025 debe analizarse a la luz de las correcciones metodológicas y de la evolución más reciente de la pobreza. En ese marco, reconoció que el indicador descendió en 2024 y 2025 respecto del máximo posterior a la devaluación de diciembre de 2023. “Eso no está en discusión”, escribió, aunque planteó que el debate debe centrarse en cuánto de esa baja representó una mejora efectiva y si podía sostenerse en el tiempo.
Según su interpretación, la trayectoria favorable “primero se estancó y luego se revirtió”. El diputado describió que toda la secuencia de deterioro afecta la recuperación para modificar el régimen económico. “Estamos, otra vez, en el punto de partida”, afirmó el legislador. “Y, a juzgar por los últimos datos, hasta eso está en riesgo”, alertó.
“Si revisamos cuidadosamente la metodología y se corrigen los tres problemas mencionados, lo que queda ciertamente no es una Argentina que sacó a millones de la pobreza”, remarcó.
En otro punto de su artículo, Lousteau recuerda que la medición de pobreza por ingresos fue introducida en Estados Unidos recién en la primera mitad de 1960. Y parafrasea el libro Agenda for the Nation (1968), del premio Nobel James Tobin, quien reflexionó sobre ello al señalar que “las administraciones serán juzgadas por el éxito o fracaso en reducir la medida oficial de incidencia de la pobreza”. “Lo que quería decir es que no hay evidencia más contundente de que una política pública funciona que cuando logra “mejorar el ingreso de los pobres” (así se llamaba el capítulo que escribió) en forma sostenida. Y que esa debe ser la vara para aprobar o desaprobar una gestión», afirmó el diputado nacional.
“Con los datos oficiales, se ve que Milei pensaba algo parecido. Porque hizo un enorme hincapié en este tema, incluso exagerando las cifras”, sostuvo Lousteau. Y traza un paralelismo de la gestión libertaria con “La Farolera”, una canción española. “En España farolear significa “presumir de algo sin fundamento”. Hay cosas que lamentablemente parecen a propósito. “A la medianoche me puse a contar y todas las cuentas me salieron mal…”, ironizó el economista en el texto.
martín lousteau
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