INTERNACIONAL
Biden judge rejects Obama CIA chief’s legal bid against Trump over one key problem

A Biden-appointed judge dismissed former CIA Director John Brennan’s lawsuit against President Donald Trump and senior administration officials, ruling that his concerns about the potential destruction of evidence needed for a future criminal defense were too «speculative.»
The dismissal comes as Brennan faces two federal investigations, including a Justice Department probe into whether former intelligence officials conspired to violate Trump’s civil rights through investigations into alleged ties between his 2016 presidential campaign and Russia.
A separate investigation is examining whether Brennan made false statements during 2023 congressional testimony about the Steele dossier’s role in a 2017 intelligence assessment of Russian interference in the presidential election.
FORMER CIA DIRECTOR BRENNAN SUBPOENAED TO TESTIFY IN FEDERAL TRUMP CONSPIRACY CASE
Trump has repeatedly accused Brennan, President Barack Obama and other former intelligence officials of orchestrating the «Russia collusion hoax,» but they have rejected those accusations, claiming that the administration is attempting to discredit legitimate intelligence findings about Russian interference in the 2016 election.
While Judge Jia Cobb called Brennan’s allegations that the Trump administration was targeting him for opposing the president «deeply concerning,» she ruled that he lacked standing to sue because he had not shown that officials were likely destroying records relevant to a potential defense, and the injury he feared depended on a series of events that had not yet occurred.
«For Brennan’s constitutional injury to actually accrue, a series of dominoes must fall, and Defendants’ deletion of records is just one of those dominoes,» Cobb wrote.
«There is no dispute about this: Defendants describe this domino chain in their motion to dismiss … and Brennan accepts it in his response.»
Brennan has been identified as a target in two federal investigations that have involved three grand jury inquiries — two in the Southern District of Florida and one in Washington, D.C. — but he has not been charged with a crime. The former CIA director was subpoenaed to testify before a federal grand jury in Fort Pierce, Florida, Oct. 15, though his scheduled appearance was postponed.
Brennan filed his lawsuit naming Trump, FBI Director Kash Patel, Attorney General Todd Blanche, CIA Director John Ratcliffe and other officials July 1, 2026. The 46-page lawsuit accused the Justice Department of handling its investigation into Brennan with «unprecedented, irregular conduct» that was driven by the «president’s retribution agenda.»
DELETED EMAIL DETAILS ALLEGED TRUMP-TARGETING PUSH INSIDE LETITIA JAMES’ OFFICE: ‘FIND AND PURSUE CRIMES’
Brennan argued that key evidence could disappear before he had a chance to challenge any future indictment. He pointed to deleted social media posts, the administration’s use of Signal and other messaging tools with auto-delete features, unpreserved texts and direct messages, AI queries, Microsoft Teams chats and alleged failures to preserve discovery in other cases, including the prosecution of Rep. LaMonica McIver, D-N.J.
He said the loss of those records could make it harder to determine whether the investigations were based on legitimate law enforcement concerns or political retaliation.
«With this lawsuit, Director Brennan has served notice that the government’s conduct and its document preservation will be carefully scrutinized in the event of any future indictment,» Brennan’s lawyers, Ken Wainstein and Dan Gelber, told the AP.
«Director Brennan will continue to vigorously defend himself against these baseless investigations, and he will challenge any attempt to use the criminal justice system for personal and political retribution.»
The lawsuit also pointed to what it described as irregularities in the Justice Department’s handling of the investigation.
It cited the removal of longtime DOJ prosecutor Maria Medetis Long, who was reportedly taken off the Brennan investigation in April 2026 after expressing doubts about the strength of the case, as evidence of what it described as irregular conduct. She was replaced by Trump ally Joseph diGenova, who later resigned from his role overseeing the investigation amid reported internal disagreements over the handling of the case.
TRUMP SAYS HE WILL NOMINATE ACTING AG TODD BLANCHE TO PERMANENTLY LEAD JUSTICE DEPARTMENT
Brennan’s attorneys accused the Justice Department of «judge-shopping» by trying to steer grand jury proceedings toward Trump-appointed Judge Aileen Cannon in Fort Pierce, Florida, rather than allowing the case to proceed through the court’s normal assignment process. They also questioned why prosecutors were pursuing the investigation in Florida when much of the allegations occurred in Washington, D.C.
The complaint also accused DOJ and FBI leaders of improperly discussing details of the investigations publicly, raising questions about whether officials disclosed information that should have remained confidential.
It cited Attorney General Todd Blanche’s statements that DOJ had issued «200 grand jury subpoenas» and was investigating a «pattern of behavior» to «destroy» Trump, as well as FBI Director Kash Patel’s public discussion of the investigations and their targets.
Digital reached out to the Justice Department for comment.
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INTERNACIONAL
¿Tienen empatía los psicoanalistas lacanianos?: una respuesta con Jacques-Alain Miller

Si tuviera que hacer una comparación que, seguramente, dejará disconformes a muchos, diría: si Lacan es Cristo, Jacques-Alain Miller es San Pablo.
Desde mi punto de vista en un elogio. Es una manera de decir que Miller no es solo un discípulo de Lacan, sino una voz que le dio forma a su mensaje y estableció las líneas más eficaces de su enseñanza.
De la misma manera que le ocurrió a Pablo con los otros apóstoles, mientras que estos hablaban para decir lo que el maestro había dicho, la prédica paulina habla en su nombre y recupera la palabra plena.
Con los años, a la división entre lacanianos y no lacanianos, le siguió la división entre millerianos y no millerianos. Lo paradójico es que a veces quienes se dicen no millerianos piensan en la órbita de lo que Miller planteó.
Hay quienes insisten: Jacques-Alain Miller no es Lacan (le hace decir cosas que este no dijo nunca). ¿Hay algún problema en eso? De lo que no cabe duda es de que Miller lo lee de una manera en que muy pocos lo consiguen.
Y, en buena medida, si existe algo así como el “lacanismo”, es por efecto del trabajo de Miller –de la misma manera en que los apóstoles, después de la muerte de Cristo, se hubieran dispersado en sectas menores destinadas a perderse si no hubiera estado Pablo.
Jacques-Alain Miller le dio a la enseñanza de Lacan vocación ecuménica. No me voy a de detener en comentar que, además, tiene a su cargo el establecimiento de sus seminarios en pos de su publicación. Algunos creen que eso le da un poder.
Pienso más bien que Miller está atento a la época; que más que soltar lo que tenía en un cajón, responde a la circunstancia con la aparición de un nuevo volumen de la palabra (que, además, ya circula por su cuenta). Publicar es intervenir.

Miller interviene. Lo hace siempre, incluso hoy cuando es un hombre grande. Él ya era Miller el día que yo llegaba a este mundo. Lo leo y escucho atentamente. Sobre todo, porque Miller viene del futuro.
Algunas veces, cuando se me ocurre algo que supongo interesante, descubro después que él ya se refirió a la cuestión unos años antes. Cuando no pienso lo mismo, le agradezco que me empujó a pensar.
Con esta gratitud, la de alguien que no está en sus filas, pero reconoce lo dado, voy a comentar la reciente publicación de su curso Los desencantados del psicoanálisis (dictado en 2001-2002).
Un poco más sobre Jacques-Alain Miller
Los cursos de Miller se conocen en su conjunto como La orientación lacaniana. Al igual que los seminarios de Lacan, se publican oficialmente de manera discontinua y a partir de ocasiones específicas. Mientras, circulan en versiones inéditas.
Desde hace unos años, la obra de Miller comenzó a despertar interés sistemático. En 2011, compré en París el ensayo de Nicolas Floury: Le Réel insensé. Introduction à la pensée de Jacques-Alain Miller. Me sorprendió; hasta ese momento yo no pensaba que a Miller se le atribuía un pensamiento –más allá de comentar, elucidar, explicar a Lacan.
En 2023, Fernando José Ferrari publicó Leer con Miller: Otro Lacan. El nacimiento de la clínica milleriana. Entre un 2011 y 2023, podrían mencionarse otros trabajos, pero estos extremos producen el efecto de sentido que me interesa: Miller es también alguien que fundó una clínica psicoanalítica.
Desde mi punto de vista, esto es más claro a partir de sus cursos que rondan el cambio de siglo. Si tuviera que ilustrarlo con una pequeña anécdota, me remitiría al que se llama La experiencia de lo real (1998-1999) cuando Miller cuenta su regreso de un viaje a Estados Unidos en el que, desde una ventana, vio un cartel que decía Enjoy Coca-Cola.

Es admirable la elucidación que hace de esa epifanía: Coca-Cola es el nuevo plus de goce, incluso el objeto que reformula esta noción, a partir del momento en que es posible drogarse con cualquier cosa.
Ya no se trata del objeto de goce afectado por la represión, que retorna a partir de la pérdida. Es el objeto de consumo, que escapa a la lógica de la neurosis (cuyo sello es la negatividad) y se presta a descargas sin sentido.
Lo asombroso es que Miller diga esto hacia fines de los ‘90, anticipándose más de dos décadas a los temas que hoy son comunes en psicoanálisis. Además, sin decirlo y entre líneas, este curso es el andamiaje teórico de la noción de psicosis ordinaria (en la que no me voy a detener por una cuestión de extensión).
Este curso tiene tres partes precisas: la discusión del carácter; el movimiento de la categoría de goce hacia un residuo corporal que no hace lazo; por último, el síntoma como acontecimiento de cuerpo.
Las tres partes articuladas concluyen en una idea clínica brutal: el sufrimiento psíquico hoy no halla carriles de elaboración que lleven a una representación (significante) y, antes que, por las vías del síntoma clásico, hoy se resuelven en caracteropatías.
La neurosis de carácter, entonces, reemplaza a la neurosis de transferencia; el sujeto contemporáneo se defiende (ya no reprime) con formaciones reactivas que son una satisfacción “directa” (Freud dixit) de la pulsión. Así pasamos de la clínica del sujeto a la clínica de la vida dañada y desregulada de la que hoy tanto se habla y Miller anticipó.
Este curso (La experiencia de lo real) es el que sigue a uno que introdujo una noción estrictamente milleriana: El partenaire-síntoma y al que continúan otros dos: Los usos del lapso y El lugar y el lazo. Como dije antes, estos cursos son –para mí– la verdadera invención milleriana de una clínica que no es lacaniana, que es la de Miller y tiene una orientación clara y esclarecedora.
Lamentablemente no puedo comentar estos cuatro cursos, pero si voy a detenerme en el que les sigue, que se acaba de publicar: Los desencantados del psicoanálisis.

La brecha entre teoría y práctica
Este curso parte de una constatación: la situación actual (en 2002, pero también en este 2026) del psicoanálisis es de desconcierto. Si históricamente el lacanismo era la comunidad de herejes, enfrentados a la ortodoxia de la IPA (Asociación Internacional de Psicoanálisis); esta última abandona sus estándares y cede el eclecticismo.
Incluso en la IPA hay lugar para Lacan. Se lo lee como un autor más. Ante este paisaje, Miller interviene: “No hay una teoría de Lacan”; es decir, no se puede ser lacaniano a medias, tomando un poquito de acá y otro de allá. La de Lacan es una enseñanza, viva y orientada por lo imposible de la práctica analítica.
Entonces, ¿son los lacanianos los nuevos ortodoxos? Antes que reclamar la filiación en tal o cual concepto, la pregunta de Miller apunta a lo real del análisis y la dificultad para su transmisión.
Los autores de la Internacional se la pusieron fácil: hablan de modelos teóricos, como si fueran construcciones heurísticas, todas igualmente válidas (todas igualmente leves), con las que se trata de curar, hacer el bien, solucionar la vida de la gente.
A este problema se suma otro, el del caso clínico cuando se lo utiliza con fines de una confirmación. Así la práctica queda subordinada a saber lo que ya se sabía. Dos clases de este curso (El caso clínico y Crisis del caso) apuntan a situar cómo quien mejor puede dar cuenta de la experiencia del análisis es el mismo analizante, pero deja en ascuas al analista respecto de lo que puede plantear teóricamente. Leamos:
“¿A quién se dirige un relato del caso? No al paciente, evidentemente. De hecho, nos incomoda pensar que el paciente pueda leerlo […] Entonces, ¿de quién es el sufrimiento? Del analista, que intenta reencontrar algo de lo que fue agente sin poseer las claves. El relato del caso testimonia su propio vínculo con el misterio de lo que está en juego.”

Reflexiones sobre el momento actual
A partir de este momento, el curso dedica cinco clases al “momento actual”, cuyo eje está en cómo la figura del analista comenzó a ocupar lugar con su propia subjetividad para dar cuenta de la experiencia.
La noción en disputa es la de “contratransferencia”. En una conversación de seminario con Éric Laurent y Graciela Brodsky (entre otros), en esta sección se discute la práctica de los colegas de la IPA –a partir de sus textos y casos– para ubicar cómo el desplazamiento hacia la persona del analista fue en desmedro de la lógica del tratamiento:
“Cuando surge el no sé [en la intención de comprender por parte del analista] cuando falla el yo sé, pasa a primer plano la ecuación personal del analista, bajo la forma de la contratransferencia: ‘Pensé que…, me dije que…, me sentí incómodo…, se reactivó en mí…’. En otras palabras, cuando el analista tropieza con su no sé la ecuación personal cobra protagonismo y esto se traduce en un deterioro de la clínica.”
Valoro especialmente de esta parte del curso el esfuerzo por leer a otros, algo que los analistas actuales casi no hacen. Este curso es ejemplar para ilustrar la actitud del analista que se deja interpelar por otras prácticas, sin por eso ceder en sus principios. Hacer una buena crítica es un trabajo arduo.
Por esta vía, Miller llega a un esbozo de conclusión:
“Queda claro lo que constituiría el falso semblante en eventuales debates: considerar que la diferencia entre lacanianos y no lacanianos se reduce a la duración de la sesión. La verdadera diferencia que esa cuestión cuantitativa encubre es la contratransferencia.”
Ahora bien, esto no quiere decir que la duración de la sesión sea un asunto menor, ya que esa duración (breve, en los lacanianos) es lo que hace que el analista no se impregne de los efectos contratransferenciales:
“No se puede excluir que nuestra sorpresa al leer ciertos informes provenga justamente de ahí: del efecto de sesiones prolongadas que liberan en el analista una actividad mental que, en los lacanianos, queda inhibida por la brevedad del encuentro.”

Contratransferencia, o peor: empatía
Luego de este recorrido, podríamos decir que “lacaniano” es el analista que niega la contratransferencia. Miller lo dice de este modo:
“El verdadero motor, la dinámica misma de la enseñanza de Lacan, estaría en ese rechazo. Esa construcción podría sostenerse a partir de la mortificación del analista, su localización en el lugar del Otro, las tesis sobre el sujeto supuesto saber, el acto y el discurso analíticos. Todas son formulaciones cada vez más elaboradas para excluir al analista de la consideración de la contratransferencia.”
Sin embargo, luego de las reflexiones sobre el momento actual se produce un viraje. A la teoría de la contratransferencia le siguió en el psicoanálisis contemporáneo una defensa del analista empático (que hoy está muy de moda). Miller es taxativo: “Lo que se llama empatía no es más que la versión proyectiva del analista sobre el paciente”.
Al lado de las propuestas de analistas que plantean “franquearse” con sus pacientes, que se entregan a desbordes emocionales (como llorar con ellos), que hablan de “copensar” (en un verdadero holding hands), los viejos teóricos de la contratransferencia parecen ortodoxos. Aquí Miller comienza a vislumbrar que el problema vendrá de la mano del reemplazo del analista por terapeutas bondadosos y bienintencionados. El tiempo le dio la razón.
Al psicoanálisis como experiencia del inconsciente, lo reemplaza una comunicación de afectos. Al analista frío, impersonal, distante, le sigue el analista que “pone sus cartas sobre la mesa”, que practica una self-disclosure, una revelación de sí mismo.
El problema de esta perspectiva es que produce una “ablación del deseo del Otro”, esto es, esa instancia respecto de la cual cada quien se posiciona como sujeto. El tratamiento se convierte en un diálogo comprensivo de entendimiento recíproco.
A esta intención, Miller responde –desde el principio del seminario, recordándolo en diferentes clases– con una frase de Lacan: “Una interpretación cuyos efectos se comprenden no es una interpretación psicoanalítica”.
Retorno a Lacan
Leer el movimiento de la enseñanza de Miller es apasionante, mientras leemos somos sujetos de la pasión. En una clase comienza: “Nos reímos. Es un hecho: nos reímos. Aquí lo hacemos seguido, muy seguido –quizá demasiado–, desde que leemos a otros psicoanalistas”.
Más adelante, la risa se convierte en mueca de dolor. Así comienza otra clase: “Ustedes sufren. Sufren, y Éric Laurent y yo lo hemos notado. Sufren cuando hablamos de autores que no son Lacan”.

En un contexto global en el que el psicoanálisis está asediado por diversas psicoterapias instrumentales, en el que se cede con instancias de garantía y supervisión para conseguir una “falsa evidencia amable” –según una formulación de Laurent en este curso– hacer la pregunta por lo propio del análisis sin concesiones es un acto de valentía.
Cuando las asambleas internacionales buscan estrategias para vender un psicoanálisis aggiornado y acorde a la demanda actual, este curso recupera los problemas y reintroduce la pregunta por el sujeto en su dimensión exigida. También lo hace con el analista, cuando en el final de la clase que se titula “Los principios de la práctica lacaniana”, Miller cita un pasaje de Lacan que dice:
“Si hubiera podido hablar del acto psicoanalítico hasta el final, lo habría hecho para decirles que no por no nada les hablé del deseo del psicoanalista. Es imposible, en efecto, que no provenga del fantasma del psicoanalista –o sea, de lo más opaco, cerrado y autista que hay en su palabra– el shock que deshiela en el analizante la palabra […]”
Miller enfatiza que esta es una declaración única, “que cuesta creer que sea de Lacan”; porque, ¿no había que separarse de la persona del analista? ¿De qué modo en ese fango (su fantasma) crece un deseo? No por nada este curso de Miller se publicó este año, el mismo en que se publicó el seminario El acto psicoanalítico de Jacques Lacan –que ya fue comentado por Verónica Buchanan en esta sección de Cultura.
El futuro llegó, hace rato. En ese año 2002, Miller anticipaba “el dolor exquisito del movimiento psicoanalítico: la tensión entre el psicoanálisis en singular (lacaniano) y el psicoanálisis en plural (ecléctico)”. Desde entonces no hemos visto más que una grieta que se ensancha.
En ese entonces, Miller decía: “Anticipo –profetizo– que los términos de ese debate ya se perfilan”. La profecía se cumplió. Miller es un profeta de los buenos, de los que devuelven el mensaje con una forma invertida, para decir de dónde venimos y a dónde vamos.
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INTERNACIONAL
El régimen norcoreano busca avanzar con la tecnología de su arsenal: probó un sistema de torpedos guiados por IA

Corea del Norte anunció este sábado que probó un “nuevo tipo” de torpedo de precisión con inteligencia artificial (IA), diseñado para detectar objetivos y guiar su trayectoria bajo el agua. El ensayo del sistema submarino supersónico Zam-2.0 ocurrió el jueves y tuvo como objetivo “confirmar el éxito de la actualización técnica” del arma.
El anuncio se suma a la estrategia del dictador norcoreano Kim Jong-un para incorporar IA a los sistemas de defensa del país. En septiembre, el líder del régimen pidió elevar “el nivel de inteligencia artificial” de ese tipo de armamento. Según informó la agencia estatal KCNA, “la tecnología aplicada para la detección de objetivos y la función de guiada del nuevo tipo de torpedo de precisión”.
A comienzos de este mes, Pyongyang también comunicó el lanzamiento de un misil hipersónico de alcance intermedio asistido por IA. En aquella ocasión, las autoridades norcoreanas afirmaron que “no hay forma de evadir” ese misil, que sería “capaz de cambiar su órbita de vuelo a baja altitud”.
La prueba tuvo lugar en un contexto de competencia militar entre las dos Coreas por el desarrollo de misiles hipersónicos. Estas armas superan cinco veces la velocidad del sonido y pueden modificar su trayectoria durante el vuelo, características que dificultan su detección e intercepción. Los torpedos apuntan a objetivos submarinos y operan a alta velocidad.
Días después de que Corea del Norte informara el ensayo de su misil hipersónico de alcance intermedio, Corea del Sur probó un arma similar, que Seúl calificó como una “ventaja clave estratégica capaz de cambiar el curso de las operaciones en el campo de batalla”.

Analistas citados por la agencia AFP sostienen que el uso de IA podría otorgarles capacidad para ejecutar maniobras evasivas y tomar decisiones autónomas ante las defensas enemigas. “Corea del Sur y Estados Unidos desplegaron objetivos de distracción para desviar torpedos, pero la IA podría potencialmente ayudar a distinguir objetivos reales de señuelos”, afirmó Lim Eul-chul, profesor de la Universidad de Kyungnam.
Varios analistas consideran que Rusia podría colaborar con Pyongyang para acelerar sus avances en tecnología misilística, a cambio del envío de tropas norcoreanas para combatir junto a las fuerzas rusas en la guerra de Ucrania.
Las pruebas de misiles realizadas por Corea del Norte sugieren que el país comenzó a evaluar el armamento destinado al submarino “Hero Kim Kun Ok”, una nave que Pyongyang presentó en 2023 como plataforma para lanzar armas nucleares tácticas, según analistas surcoreanos.
El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur detectó los lanzamientos y concluyó que los dos misiles partieron de un submarino norcoreano. Uno salió desde un tubo de lanzamiento vertical y el otro desde un tubo lanzatorpedos, aunque las autoridades surcoreanas no identificaron de inmediato la embarcación involucrada.
Durante años, Pyongyang desarrolló misiles concebidos para ser disparados desde el mar, una capacidad que dificulta su detección antes del lanzamiento. Hasta las pruebas del jueves, los ensayos submarinos del país se realizaban desde un submarino de 2.000 toneladas equipado con un solo tubo de lanzamiento. Especialistas consideran que esa nave funciona como plataforma de pruebas y no como un submarino operativo. El “Hero Kim Kun Ok”, en cambio, dispone de al menos 10 tubos lanzamisiles, además de los tubos para torpedos, de acuerdo con fotografías difundidas por los medios estatales cuando fue botado en septiembre de 2023.

En aquel momento, expertos extranjeros cuestionaron la descripción oficial de la embarcación. Varios sostuvieron que se trataba de una modificación de un submarino diésel antiguo y no de una nave con las capacidades anunciadas por Corea del Norte.
La falta de pruebas de armamento conocidas durante los últimos tres años alimentó las dudas sobre problemas técnicos del submarino, incluso respecto de su capacidad para recuperar la posición tras una maniobra. Para Shin Jong-woo, analista del Foro de Defensa y Seguridad de Corea del Sur, los lanzamientos del miércoles indican que el país resolvió parte de esas dificultades.
Shin consideró probable que Pyongyang también ensaye misiles balísticos desde el submarino antes de incorporarlo a la Armada. El despliegue de la nave supondría una amenaza para Corea del Sur y Estados Unidos, señaló el experto en submarinos Moon Keun-sik.
“Armas formidables que desconocemos cuándo y dónde podrían ser disparadas”, afirmó Moon, profesor de la Universidad Hanyang de Seúl, al referirse a los misiles lanzados desde submarinos.
(Con información de AFP y Associated Press)
Defence,Asia / Pacific,Defense
INTERNACIONAL
Wall Street profundizó las bajas este viernes ante la salida de fondos de las acciones tecnológicas

Los principales indicadores de Wall Street cerraron en baja este viernes, arrastrados por las acciones tecnológicas y las dudas sobre las valuaciones vinculadas a la inteligencia artificial. El Dow Jones de Industriales cedió 0,3%, mientras que el panel tecnológico Nasdaq cayó 2,1 por ciento.
El índice de referencia S&P 500 perdió 1,1%, ya que la preocupación por el sector de la inteligencia artificial ejerció presión sobre las acciones de software y semiconductores. Las bajas en tecnología contrastaron con el avance del sector de salud, que alcanzó máximos históricos.
CoreWeave, respaldada por Nvidia, sufrió la salida de fondos ante la persistente preocupación por el elevado endeudamiento del operador de centros de datos. La acción había rebotado el jueves luego de que Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, expresara optimismo sobre la compañía.
Otras empresas de “neocloud”, como Nebius Group e Iren, también operaron en baja en una sesión marcada por la cautela sobre las firmas vinculadas a la expansión de infraestructura para inteligencia artificial.
El sector de los semiconductores volvió a perder terreno tras una semana volátil. El índice general de chips cedió, en un contexto de revisión de las apuestas que habían impulsado este año el avance de las compañías asociadas a la inteligencia artificial.
El S&P 500 y el Nasdaq registraron pérdidas semanales de 1,95% y 4,4%, respectivamente, mientras que el Dow Jones obtuvo una leve alza de 0,5 por ciento.
El S&P 500 y el Nasdaq registran pérdidas semanales de 2% y 4,5% respectivamente, mientras que el Dow Jones obtuvo una leve alza de 0,5%
El S&P 500 y el Nasdaq cerraron una semana negativa después de la venta de acciones de chips registrada en las ruedas previas.
La mayoría de las acciones de gran capitalización también registraron caídas: Meta cedió 3,7%, lo que presionó al sector de servicios de comunicaciones y al Nasdaq. Tesla, en cambio, cayó 2,1% tras presentar un rediseño de su modelo Roadster, dado que las expectativas sobre el balance trimestral que se conocerá la semana próxima pesó más que el llamativo lanzamiento.
El retroceso de las acciones de chips de memoria a principios de esta semana, debido al temor por la competencia china y a la preocupación por la deuda de CoreWeave, “proporcionó a los inversores una excusa para reducir su exposición a todas las empresas relacionadas con la IA”, dijo a Reuters David Morrison, analista senior de mercados de Trade Nation.
“Un tono más cauto ensaya Wall Street en la última rueda de la semana, aún a tiro de los máximos mientras navega a diario los vaivenes de los ¨headlines¨, lo cual condiciona a los activos domésticos, toda vez que siguen rehenes del humor externo y pesan los factores idiosincráticos», comentó el economista Gustavo Ber.
Vector Investments observó “un contraste entre la persistencia de la inflación estadounidense y una moderación reciente de los rendimientos de sus bonos. Los indicadores de precios de septiembre, publicados el miércoles y el jueves, sorprendieron al alza; sin embargo, los mensajes de la Reserva Federal mantienen abierta la evaluación sobre el ritmo de eventuales ajustes monetarios. La respuesta de los mercados no depende únicamente de los datos de inflación, sino también de las perspectivas de crecimiento y financiamiento”.
El S&P 500 y el Nasdaq cerraron la semana con pérdidas, condicionados por el retroceso del sector tecnológico y de las empresas relacionadas con la inteligencia artificial. El Dow Jones de Industriales, por su parte, concluyó el período con una variación acotada.
Los informes de esta semana sobre la inflación de los precios al consumo y al productor, más altos de lo esperado, confirmaron que las presiones sobre los precios se estaban traspasando desde la energía a otros productos.
En tanto, los precios del petróleo subieron más de 3% y anotaron ganancias semanales por la incertidumbre sobre el suministro en Oriente Medio. El mercado reaccionó a la escalada de los ataques de Irán en el estrecho de Ormuz.
Los futuros del crudo Brent del Mar del Norte treparon 3,5%, a USD 109,67 el barril para entregar en diciembre, mientras que los futuros del crudo WTI (West Texas Intermediate) de Estados Unidos avanzaron 3,8%, a USD 101,72 el barril para noviembre.
North America
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