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Adorni, el costo infinito de “ganar tiempo”, el peloteo con el Congreso y el fin a la espera de Milei

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El caso de Manuel Adorni inició la semana dominando la disputa en el Congreso y todo indica que la termina con un desenlace esperable después de tres meses y medio corrosivos para el Gobierno. Agrega así una pincelada de necedad al último esfuerzo oficialista para darle un mínimo de aire al funcionario. La movida libertaria para retardar el trámite de interpelación al jefe de Gabinete -en Diputados y en el Senado- reavivó internas, hizo crujir la relación con aliados, siguió postergando proyectos el Ejecutivo y redujo el objetivo de “ganar tiempo” a unos pocos días. En términos prácticos: más que ganar tiempo, pagar políticamente en continuado. Un costo infinito, no sólo político, que habría terminado de convencer a Olivos de la necesidad de buscar un cierre. Es lo que se espera formalmente para el regreso de Javier Milei, desde España.

Parece contradictorio pero resulta una postal del mileismo. Apenas unas horas después de las jugadas en las dos cámaras del Congreso, el clima volvió a tornarse irrespirable en el interior del oficialismo. Y las versiones sobre la salida de Adorni crecieron vertiginosamente hasta transformarse en afirmaciones desde la estructura del Gobierno y en medios legislativos. ¿Había ocurrido algo extraño? Sólo se sumaba algún dato de la investigación judicial y se afirmaba la perspectiva de no poder frenar la semana próxima el tema de la interpelación. Novedoso sí fue el registro de Olivos, y un cruce realista entre el agotamiento de la defensa sostenida por Karina Milei y la posición, cuidada, de Santiago Caputo.

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Con todo, y en una noche de viernes marcada sin vueltas por trascendidos sobre el posible reemplazo de Adorni, quedaba algún resquicio de duda o recelo asociado a las “características” de Milei: la obcecación y cerrazón presidencial para sostener decisiones, expresadas como algo más que estallidos de malhumor o “emocionalidad importante”. Se verá. Pero como mecánica de poder, alimenta el ejercicio de verticalidad a cargo de Karina Milei. Se espera ahora el desenlace a cargo del Presidente, del mismo modo que era acatada -en muchos casos, a disgusto- la orden de cerrar filas con Adorni y operar como si se tratara de aprobar una ley vital para el Gobierno: presión sobre aliados, tratativas con Gobernadores para alinear votos.

Lo dicho: las jugadas consumieron el martes y el miércoles en la Cámara de Diputados y concluyeron el jueves en el Senado, apenas unas horas antes de que el oficialismo hiciera circular intensamente que la suerte del jefe de Gabinete estaba echada. Y que el Presidente lo resolvería a su regreso de España. Las especulaciones variaban únicamente por cuestión de horas. Algunos hablaban de este sábado, tal vez poco antes del último partido de la Selección en la fase de grupos. Otros se inclinaban por el domingo.

Los comentarios sobre funcionarios que podrían ocupar la jefatura de ministros corrieron desde la mañana del viernes con cierta soltura, aunque, según el caso, con cuidados frente a los rumores de la caída de alguno de ellos por el malestar de Olivos ante la divulgación propia. Diego Santilli, Pablo Quirno, Sandra Pettovello y hasta Federico Sturzenegger sonaban anoche, en ese orden, como candidatos. El ministro del Interior sobresalía como opción más sólida, ficha de equilibrio doméstico y relaciones políticas fuera del ámbito libertario.

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En estas horas, si hacía falta, Milei pudo comprobar personalmente el efecto dominante del caso Adorni en el temario público, registro ineludible del daño en continuado, político y social. En España, con agenda personal, el título lo puso su declaración sobre el jefe de Gabinete. “Si la Justicia lo considera culpable, lo eyecto de una patada”, dijo, y agregó que cree en la “honestidad” del funcionario, además de avalar la increíble declaración jurada presentada después de meses exposición.

Martín Menem, en Diputados. Frenó una sesión opositora, pero el tema Adorni quedó abierto

La declaración del Presidente a un medio español generó una interpretación dual. El hecho de condicionar su actitud a lo que finalmente resuelva la Justica podría ser considerada como la repetición de un viejo recurso político para seguir sosteniendo al funcionario. Se sabe que esos son tiempos que suelen superar por mucho a la coyuntura. Pero al mismo tiempo, desde el propio oficialismo prefirieron volcarse por la lectura como advertencia de final de etapa. Eso fue marcado, en definitiva, por el clima interno.

Y en ese clima, asoma menor la especulación sobre si la salida sería una decisión íntima de Adorni, contenida hasta ahora por indicación de Olivos, o si el jefe de Gabinete se aferraba al cargo, frente al caso judicial, y estaría siendo forzado ahora por Milei, y su hermana, como inevitable recurso para tratar de frenar el deterioro violeta. Resulta claro que hace rato venía perdiendo apoyos de colegas del Gabinete y legisladores, salvo decidida presión de Olivos.

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Juegan también variados elementos en la trama del Congreso. Después de cruces y tensiones -con internas a la vista y costos de aliados, que dejaron advertencias de último gesto de apoyo-, el panorama volvía a ser negativo para el oficialismo. Quedaron agendadas reuniones de la Comisión de Asuntos Constitucionales en Diputados y en el Senado -martes y miércoles- y el cálculo en filas de la oposición y de LLA anticipaba que avanzaría la interpelación, con destino de moción de censura.

En ese cuadro, pesan sobre todo los trazos de aliados en la Cámara baja. El PRO, el bloque oficial de la UCR, provinciales y peronistas que juegan con sus gobernadores quedaron afectados por el costo de haber bloqueado la iniciativa de la oposición dura para poner en marcha el trámite de la interpelación. El argumento fue que habían conseguido la convocatoria a comisión, pero eso resultó insostenible frente a la calificación de “blindaje” de Adorni desde la otra vereda.

Como sea, el PRO y la UCR transmitieron otro mensaje en el Senado. Y además, en Diputados, hicieron saber que no darían otro crédito en la cita de comisión. En otras palabras, lo que se perfiló rápidamente es que “ganar tiempo” se reducía a unos días, porque en un par de semanas el tema podía volver al recinto de las dos alas del Congreso.

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Otro factor, nada desdeñable, fue el mensaje de Esteban Bullrich. Al anunciar su renuncia partidaria y marcar un límite moral, pegó en el interior del PRO y también entre algunos legisladores radicales. Difícil sostener el juego. Son probables los lamentos en las horas dominadas por las versiones sobre el recambio en la Jefatura de Gabinete.

Todo lo ocurrido en el Congreso viene cargado de tensiones y, especialmente en el Senado, por recelos internos -por los movimientos de Patricia Bullrich y de Victoria Villarruel-, junto a sospechas sobre puntos de contacto con el peronismo, por conveniencias propias. La caída de la última sesión fue leída también con ese cristal, además de postergar otra vez un proyecto del Ejecutivo, en este caso la inviolabilidad de la propiedad privada.

Pero como cuestión de fondo emerge el peloteo entre el Gobierno y el Congreso, en especial entre Olivos y aliados y dialoguistas. El punto fue siempre quién se hacía cargo de resolver el fin de Adorni como funcionario. Más allá de los dichos públicos o por la vía de voceros formales e informales, hasta socios de LLA señalaban que el Gobierno quería sacarse de encima el problema y acusar después de golpistas a los legisladores. Como sea, fue anotada una nueva paradoja: la decisión de retardar la interpelación puso otra vez la resolución del tema en terreno de Olivos. Se verá en estas horas cómo lo procesa Milei.

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Horas cruciales en el Gobierno: Milei llega de su viaje a España y definirá el futuro de Adorni como jefe de Gabinete

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Javier Milei regresa este sábado de España y se enfrentará al momento de mayor tensión en el Gobierno con Manuel Adorni, en medio de versiones de renuncias y posibles reemplazos para el jefe de Gabinete, que está cada vez más aislado.

El viernes, cuando el Presidente disertaba en Madrid, en Buenos Aires se aceleraron movimientos un tanto inesperados. El sector de Karina Milei y el de Santiago Caputo, después de mucho tiempo, parecieron trabajar en tándem por un mismo objetivo: definir la salida del ministro coordinador. La noticia empezó a trascender rápidamente en los celulares de los periodistas acreditados en Casa Rosada hasta llegar a los principales medios de comunicación. Incluso se desató una danza de nombres que todos admitían que esta vez era real.

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Por la noche las versiones se asentaron. Hubo reuniones en Balcarce 50 que parecían confirmar los rumores. Una de ellas fue la de Manuel Adorni con su equipo. ¿De despedida? Otra, más sugestiva, fue la de Karina Milei con Martín Menem y Diego Santilli. ¿El reemplazo?

El otro nombre que circuló por estas horas, aunque con menos fuerza, fue el del canciller, Pablo Quirno, quien tiene diálogo directo con el mandatario nacional.

Sin embargo, por unanimidad, se decidió esperar a que Javier Milei llegara a la Argentina. A esta altura era el único que podía bajar el martillo para el otro lado y definir que el jefe de Gabinete siga en su cargo. Y su palabra, claro, vale. Hubo quienes deslizaron que no era acertado tomar una determinación de este calibre sin el Presidente. “Primó el sentido común”, sintetizó un funcionario que se fue tarde de la Casa Rosada.

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En los últimos días, de a poco, la cúpula libertaria fue reorganizando la estrategia de comunicación y le fue quitando tareas al ministro coordinador, que también está siendo presionado por el Congreso, que busca su remoción a través de una moción de censura.

En Madrid, el mandatario nacional insinuó por primera vez la posibilidad de echar al funcionario, cuando durante una entrevista aseguró que, si bien confía en su palabra, no dudaría de “eyectarlo de una patada“ si la Justicia lo declara culpable.

En este contexto, ya comenzó a circular la versión de que Adorni renunciará durante el fin de semana, una idea que en el entorno presidencial no niegan, pero aclaran que “todavía no está confirmada”.

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Adorni finalmente no brindará su informe de gestión

Quien aparece con más chances para reemplazarlo es el ministro del Interior, Diego Santilli, con buena relación con los gobernadores y con el Congreso, además de con el PRO, partido al que todavía pertenece.

Su ascenso, en este sentido, podría significar también la recomposición de las relaciones con uno de los principales aliados parlamentarios que tiene el oficialismo.

Además, “El Colo“ supo ganarse tanto la confianza de la secretaria general, Karina Milei, como del asesor presidencial, Santiago Caputo, por lo que convence a ambos sectores.

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Estaríamos de acuerdo con que fuera él, pero también si es Pablo Quirno u Horacio Marín. Con los tres estaríamos giga on board y con los tres nos llevamos bárbaro”, explicaron en el campamento del consultor político.

De acuerdo con lo que pudo saber Infobae, el titular de la cartera del Interior ya recibió días atrás la propuesta de asumir como jefe de Gabinete, pero en ese momento le pidió al mandatario y a su hermana tiempo hasta el 2 de julio para responder.

Santilli ya habría recibido una propuesta por parte de los hermanos Milei (REUTERS/Mariana Nedelcu)

“Calculo que si Adorni se va finalmente en estos días, va a tener que responder antes de lo que estaba previsto”, señaló una persona al tanto de ese ofrecimiento.

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Si esto ocurre, el Ministerio del Interior quedaría en manos de Ignacio Devitt, actual secretario de Asuntos Estratégicos de la Nación y uno de los encargados de las negociaciones parlamentarias.

El dirigente generó una muy buena relación con Santilli durante este tiempo, trabajando a la par con él para conseguir los votos para las leyes que impulsaba la Casa Rosada.

Mientras “El Colo” conversaba con los gobernadores, Devitt trasladaba y cerraba los acuerdos con los diputados y senadores en el recinto.

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Aunque todavía se estaba definiendo la nueva estructura que quedaría en la Jefatura de Gabinete, estaba prácticamente descartado que desapareciera el Ministerio del Interior y se transformara en una Secretaría, como ocurrió cuando nombraron a Guillermo Francos.

Patricia Bullrich, Martín Menem, Diego Santilli y Nacho Devitt

Por otra parte, quienes conversan a diario con Santilli aseguran que el funcionario, cuando se reunió con Karina Milei, “ya había aceptado” la propuesta de reemplazar eventualmente a Adorni.

El plazo hasta el 2 de julio que había puesto para pensarlo originalmente fue antes de que, de manera sorpresiva y por razones que no quedaron claras, Adorni cancelara el informe de gestión que iba a brindar esa misma fecha.

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De hecho, el último respaldo explícito por parte de Milei se dio en aquella oportunidad, cuando reposteó el mensaje que el funcionario publicó en su cuenta de X, en el que aseguró que está “a disposición“ para presentarse en el Senado cumplir con ese protocolo, “como marca la Constitución Nacional”.

La aclaración surgió en medio de otro cruce con Patricia Bullrich, que previamente había dicho en público que ella “logró que se cancelara” esa presentación, insinuando que al Poder Ejecutivo no le convenía que ocurriera.

En el entorno del actual ministro coordinador sostienen que, en realidad, son los propios legisladores los que no lo quieren escuchar y no enviaron las preguntas correspondiente, por lo que fueron ellos los que suspendieron el encuentro.

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Sin embargo, las declaraciones cruzadas trajeron más malestar con la jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara alta, que es la representante del oficialismo más crítica de Adorni.

Por otro lado, Milei también le fue quitando tareas al funcionario para dárselas a otras personas, y nombró a Adrián Ravier como vocero y a Fabián Fernández como secretario de Prensa.

En la Casa Rosada hay una estrategia de mejorar la manera de comunicar las cosas, no solo sacando de escena al jefe de Gabinete, para que las denuncias en su contra no opaquen los logros de gestión, sino también cambiando la organización.

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El presidente Javier Milei junto al vocero presidecial, Adrián Ravier

Es por eso que una de las órdenes que se dio, como trascendió esta semana, fue la de que todo tipo de comunicado pase primero por Ravier, para que haya más coordinación entre los Ministerios.

“Era un quilombo eso. Veremos si se puede acomodar. Más que nada porque, además, hay que retomar la iniciativa”, señaló a Infobae una de las personas detrás de este plan.

En este contexto, Milei pasará una semana en Buenos Aires, sin grandes actividades públicas confirmadas hasta el momento, y ya comienza a pensar en el viaje a los Estados Unidos.

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El Presidente asistirá en Washington a los festejos por los 250 años de la independencia de ese país, por lo que podría encontrarse, o al menos cruzarse, con su par local, Donald Trump.

Si bien la agenda todavía no está definida, las autoridades nacionales no descartan reuniones con empresarios, aunque sí está cancelada su visita a la Fragata Libertad.

Milei volverá a viajar a los Estados Unidos (Foto AP/Alex Brandon, Archivo)

En el mismo momento en el que el mandatario esté en suelo norteamericano, el buque escuela, uno de los navíos más representativos de la Argentina, se encontrará amarrado en uno de sus puertos, participando también de un evento en honor al aniversario de la revolución estadounidense.

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En un principio estaba la idea de que Milei se hiciera un espacio para trasladarse hasta Nueva York, donde se realizará el “Sail 250”, y abordar la fragata, pero finalmente se canceló.

Antes de todo eso, el 30 de junio, el líder libertario viajará a Asunción, en Paraguay, para ser parte de la Cumbre de Presidentes del Mercosur.

Se trata de un evento especial, ya que se da luego de que se firmara el acuerdo comercial entre este bloque regional y la Unión Europea, y en un momento en el que se está discutiendo sobre su implementación.

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La fisura con Karina que marca el final de Adorni, los cambios en la comunicación oficial y las revelaciones del caso Insaurralde

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El lunes, cuando Manuel Adorni publicó en redes la primera foto recibiendo en su despacho al nuevo vocero del Gobierno, Adrián Ravier, y deseándole suerte en la función de reemplazo como la voz oficial, hubo quienes comentaron con ironía que la imagen funcionaba como una muestra del estado de su situación: sentado en la silla de su escritorio, el jefe de Gabinete no tiene sobre la mesa ni un solo papel. Ni un expediente, ni anotaciones. Nada. Un espacio completamente vacío de trabajo a la vista.

Ayer, en la presentación oficial de su nuevo rol y de la política oficial de comunicación que liderará desde hoy, Ravier mostró hasta qué punto acaban de cambiar los objetivos. Con un tono calmo y cálido, sostuvo: “En los últimos meses, la comunicación pública se enfocó en cuestiones ajenas a la marcha general del Gobierno”. Ravier habló de explicar lo más clara y contundentemente posible las reformas económicas, la necesidad de impulsar medidas que expandan libertades y dio como ejemplo la aprobación del súper-Rigi y el debate sobre la nueva ley de sociedades que avalaría a la inteligencia artificial como un sujeto posible de administrar una firma. Recordó que la moral es una política de Estado. Teléfono para Adorni. Y para terminar concluyó: “Voy a hacer de la sala de prensa un lugar de respeto y apertura al debate de ideas. Somos servidores públicos y nos debemos a la sociedad (…) Concibo al periodismo como un eje central de la democracia”.

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El nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, en su primera reunión con su antecesor, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. (Foto: X @Jefatura_Ar)

El jefe de Gabinete no estaba en la sala durante el discurso del nuevo vocero. Sólo lo acompañaba, como parte de un gesto de autonomía de la nueva dupla, el otro protagonista de este nuevo esquema, Fabián Fernández, que migró desde YPF y que arrastra una larga experiencia en comunicación política. Los cambios incluyen el fin del discurso soberbio o sobrador. ¿Quién convenció al Presidente de cambiar drásticamente el tono confrontativo? El equipo apuesta a retomar la conversación pública después de más de tres meses donde la causa de supuesto enriquecimiento ilícito de Adorni logra sobrevivir hasta un mundial donde Messi está tocando niveles mesiánicos de popularidad.

La vocería y la secretaría de Medios con Ravier y Fernández funcionarán bajo la órbita de jefatura de Gabinete cuando antes estaban en el ámbito de la Secretaría General. Es una delicadeza burocrática en favor de Adorni en un contexto donde Karina Milei recibe hasta a los suyos con quejas estructurales sobre la continuidad. La lista es interminable: se les está demorando eternamente la discusión legislativa por la reforma electoral -sobre todo la discusión por la suspensión o eliminación de las PASO-, y ni hablar de que el desorden que provoca el entuerto de Adorni les impidió hasta articular un uso más fructífero de los videos de Jesica Cirio haciendo un house tour por los dólares de Insaurralde.

Esta misma semana algunos alfiles de Karina recibieron como respuesta la misma que tuvo Bullrich: unos días más de tiempo para la definición. Por momentos, no está claro si pretende lograr que el destino del exvocero se diluyera sin remate o estaba empezando a preguntarse seriamente sobre los costos de sostenerlo. Los que hablan con la hermana del Presidente la escucharon mirar con desconfianza algunas firmas de Adorni en el Boletín Oficial que no fueron consultadas previamente con ella. Se fue fisurando la confianza a pesar del cariño personal.

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En ese micromundo aseguran que cuando Karina fue sin él a la Cámara de Diputados para festejar la aprobación del súper-RIGI, no se trató de una maniobra para cuidarlo: fue un gesto de aislamiento. El último acto de un final que terminó de escribirse con la llegada del nuevo vocero. Nadie quiere que el martes, cuando estrene las conferencia de prensa, Ravier tenga que seguir respondiendo sobre Adorni. Y Bullrich ya dejó claro que no hay más nada por ganar en el Senado. Si no lo saca el Gobierno, lo sacará la oposición.

Por primera vez todas las fuentes coinciden en que hoy mismo, tendrá que dejar su cargo.

Esta semana la Rosada había buscado y encontrado un camino para mostrar precisión política en la necesidad de ganar tiempo en Diputados y en el Senado cuando parecía que serían los legisladores quiénes resolverían el final de la saga infinita del jefe de Gabinete. De la mano de Cristian Ritondo, el PRO gastó todo el crédito político en conceder que los pedidos de interpelación se traten en comisión argumentando cuestiones técnicas y ganando tiempo para el oficialismo. Esteban Bullrich, cuya vara moral es indiscutible, hizo una carta pública de renuncia al partido que fundó Mauricio Macri y al que pertenecía desde su origen.

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Fue un entuerto desesperante para el expresidente porque en el Senado, el jefe de Bloque PRO, Martín Goernig, estaba decidido a conseguir los dos tercios para tratarlo sobre tablas. Pero pasaron cosas. La sesión que tenía que hacerse ayer tenía presentes a los aliados de LLA, al PRO y a los radicales pero los que no se sentaron para dar quórum fueron los de La Libertad Avanza y … el peronismo. Una coreografía que muestra el interés del oficialismo en ganar tiempo y del justicialismo en mantener viva la sangría del principal funcionario del Gabinete.

Enriquecimiento ilícito

Son todos movimientos que sería impreciso todavía cuantificar qué consecuencia tienen en la sociedad más allá de lo que van mostrando las encuestas. Pero semejante desparramo de casta en una coincidencia temporal tan contundente, difícil que ayude al vínculo entre los argentinos y su dirigencia. Ni el Mundial logra morigerar el impacto de las investigaciones por enriquecimiento ilícito de Manuel Adorni y Martín Insaurralde, que se superpusieron esta semana con un timing ostentoso. Son tutoriales de distinto volumen (lo del exintendente de Lomas es de una escala estrambótica) del oficio de algunos funcionarios públicos de gastar muchísimo más que lo que se declara (en el caso de Adorni, se sabe, ahora declaró que ocultó 500 mil dólares). Insaurralde sigue sosteniendo que jamás tuvo ingresos fuera de la función pública.

Martín Insaurralde, exintendente de Lomas de Zamora.
Martín Insaurralde, exintendente de Lomas de Zamora.

Vale la pena ingresar por un momento en el detalle que revela el pedido de indagatoria que el fiscal Sergio Mola acompañado por el titular de la Procuraduría de Lavado, Diego Velasco, firmaron hace ya casi dos años contra Insaurralde y su entorno íntimo familiar.

La madeja que encontraron los fiscales es ejemplar como fotografía de maniobras típicas de ocultamiento entre familiares y sociedades sospechadas. Para hacer foco solo en un caso: la historia de la mansión de San Vicente donde Jesica mostró los dólares, empezó en 2006 cuando la segunda esposa de Insaurralde firmó la compra de dos lotes acompañada por él, que tuvo la delicadeza de no firmar la escritura. Unos meses después le vendieron los terrenos a DOIO SRL, que a su vez en 2011 se los vendió a SASAXA, una sociedad creada por Insaurralde junto a su sobrino que tenía apenas el 10%. DOIO era de Victor Donadio, un empresario cuyo hermano estuvo casado con la hermana de Insaurralde.

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Víctor resultó un feliz benefactor de la obra pública municipal: hizo Pileta y Vestuarios en Villa Albertina en 2010, la Estación de Transferencia Banfield en 2011 y en 2013 la rompió: tuvo contratos de mantenimiento y reforma del Honorable Concejo Deliberante, el Hogar de Mujeres Fátima Catán y el Cuartel de Bomberos y Centro Cívico. Todo gestión Insaurralde.

Cuando SASAXA se hizo cargo de la propiedad de los lotes en 2012, Insaurralde puso a sus hijos al frente: uno tenía 18 años y el otro 19. No fue impedimento para que esa sociedad refaccionara y terminara de construir la mansión de 841,76 m2 entre superficie cubierta y descubierta y una piscina de 73,40 m2. Una piscina grande como un depto de tres ambientes.

Jesica y Martín se casaron en 2014 y vivieron en un departamento de altísima gama en Puerto Madero mientras esperaban el final de las obras en Fincas de San Vicente. El depto era propiedad de Andrés Galera, contratista de obra pública, famoso por ser el propietario de la casa en Dique Luján en la que vivía José López y de la que salió para ir a lanzar los dólares al convento. Cosas de la vida, el arquitecto de la mansión de Insaurralde y la casa de López era el mismo: un profesional recomendado por Donadio, según consta en el expediente.

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Insaurralde todavía ejerce el poder desde su casa en el barrio inglés de Banfield. Nadie que quiera negociar algo en la legislatura bonaerense podría negarlo. Un altísimo dirigente no peronista discutía este verano con Juan Pablo de Jesús algunas cuestiones operativas, políticas y modulares de la Cámara de Diputados de PBA. Cuando la negociación se entrampó, lo invitaron a cenar a la casa de Insaurralde para terminar de resolver. Un ejemplo pequeño de ese poder es la custodia permanente de La Bonaerense que el exintendente de Lomas consiguió para su familia más cercana en la puerta de sus domicilios. Un beneficio del que también goza Adorni en Indio Cuá. Después de que el country viviera un escrache en las afueras de su ingreso después del escándalo por su patrimonio, las 24 horas del día, con tres turnos rotativos, hay una camioneta y tres gendarmes custodiando la tranquilidad del barrio privado.

Javier Milei, Manuel Adorni, Diego Santilli

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El “vocero amable” de Milei: el plan de Ravier para curar las heridas que deja Adorni

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Primero, incomodidad. Enseguida, indignación. Y, finalmente, enojo entre los que habían aceptado exponerse a una foto que no querían. Manuel Adorni estaba en su oficina de Casa Rosada rodeado por un grupo de senadores libertarios convocados para escuchar de primera mano sus justificaciones patrimoniales y, de paso, medir quién estaba dispuesto a bancarlo en medio del peor momento político de su carrera. No era una reunión cualquiera: en las dos cámaras del Congreso crecía la amenaza de una interpelación con moción de censura y posible remoción. Fue entonces cuando, forzando una sonrisa de ocasión y sin perder su habitual tono socarrón, el funcionario más cuestionado del país lanzó una frase tan brutal como desafiante:

-La verdad, me arrepiento de no haber evadido más.

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La sentencia venía acompañada de una explicación más larga que en ocasiones suele usar el propio Javier Milei: que los argentinos tienen “400.000 millones de dólares en los colchones” y que su “único pecado” fue no declarar lo que había juntado “antes de ingresar a la función pública”.

Ninguno de los interlocutores niega el espíritu de la escena, pero todos compartieron la misma evaluación general: “Este tipo está loco”, se dijeron al salir del palacio gubernamental. La anécdota no es un chisme de pasillo; es una postal que condensa mejor que cualquier comunicado lo lastimado que quedó el “método Adorni” después de cien días de escándalo y la dimensión del desafío que heredó Adrián Ravier incluso antes de pararse en el atril de la Vocería presidencial.

El jefe de Gabinete se mantuvo como en el foco de la polémica por varias semanas, tras comenzar a ser investigado por presunto enriquecimiento ilícito (EFE)

A pocos metros del escenario donde se producían esas confesiones, el economista pampeano afinaba los detalles de su debut ante los micrófonos y corregía el posteo en redes sociales con el que iba a anunciar sus primeros pasos. “Estaré disponible para responder las preguntas que tengan los periodistas acreditados con la transparencia, la información y el rigor técnico que el rol exige. Recibo este desafío con humildad y plena consciencia de la responsabilidad institucional que conlleva”, tipeó.

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El contraste no podía ser más marcado: mientras su jefe esbozaba otra frase para el olvido, él prometía ante la sociedad un estilo que su antecesor nunca tuvo. Es que el portavoz no llega solo a reemplazar una cara. Llega para sepultar un método. O, como admiten sin demasiada poesía en despachos oficiales, a probar si todavía es posible difundir los méritos del gobierno libertario sin que cada exposición termine convertida en un tribunal popular o un ring de boxeo. El diagnóstico es claro: en Balcarce 50 ya nadie puede pronunciar la palabra “gestión” sin que aparezcan los pormenores del affaire del ministro coordinador.

“Hacia afuera, Milei polariza y putea porque él es así. Hacia adentro, quiere cambiar la dinámica y por eso eligió a Adrián y no a otro”, resume un integrante de La Libertad Avanza que conoce los movimientos de las últimas horas. La definición parece sencilla, pero es bastante más profunda de lo que suena: si el primer mandatario hubiese querido más combustión, tenía a mano una cantera infinita de libertarios con vocación de motosierra verbal, tuiteros con sobredosis de épica, influencers de mandíbula floja y cruzados digitales listos para gritar que la casta política, empresarial, judicial y mediática no merece oxígeno. “No es que fueron a buscar al Gordo Dan o a algún fan reaccionario. Seleccionó a un académico de modales previsibles con el que tiene un vínculo ideológico fuerte”, agrega la fuente. Y destaca una promesa inicial que, dentro del ecosistema violeta, suena casi revolucionaria: escuchar, responder, ordenar y no escupir para arriba ni chicanear por deporte.

En la Rosada describen la llegada de Ravier como parte de un “lavado de cara” comunicacional, aunque esa expresión tenga una pizca de confesión involuntaria: para lavarla primero hay que admitir que está sucia. En el corazón del Gobierno están convencidos de que la caída de imagen de Milei en los últimos meses no se explica solamente por el caso Adorni, por la sospecha de enriquecimiento ilícito, por las rectificaciones de su declaración jurada o por el desgaste de haber convertido la austeridad en un sermón que terminó rebotando contra sus propias paredes. Confiesan, asimismo, que la estrategia para enfrentar la crisis fue “horrenda”. Y que hay un modelo que se agotó. “Lo que hicimos nos sirvió durante dos años, que no es poca cosa en semejante batalla cultural que estamos librando, pero hay que reconocer que hace seis meses que ya no sirve más”, sostiene, con notable autocrítica, un miembro clave de la Mesa Política.

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Adrian Ravier, el nuevo vocero presidencial, se presenta en su primer acto público en el edificio de la Casa Rosada

Otro integrante de ese órgano informal se sincera todavía más entre el trajín de su apretada agenda: “La pregunta no es solo quién es Ravier. La pregunta es qué viene a hacer Ravier. Y, más particularmente, cuánto lo vamos a dejar hacer”. El primer acercamiento a una respuesta a esa duda trascendental apareció este viernes en la presentación del portavoz ante los comunicadores acreditados, cercenados como nunca antes en sus movimientos por los pasillos del poder: con un breve monólogo escrito que todavía no permitió preguntas, delineó una hoja de ruta que buscó contrastar con la etapa anterior sin dinamitarla de manera explícita. Y si bien plantó bandera (”Nunca antes hubo una discrepancia tan grande entre los logros que tuvo un gobierno y la conversación pública”), también se mostró abierto a un cambio de clima institucional (“Voy a hacer de la Sala de Prensa un lugar de respeto y apertura al debate de ideas”).

Sin embargo, lo más disruptivo de los primeros pasos de Adrián Ravier en su nueva función llegó sobre el final de su alocución, transmitida en vivo por YouTube desde el Salón Héroes de Malvinas: “Concibo al periodismo como un eje central en la democracia de nuestro país”, leyó, consciente de que esa combinación de palabras es una bandera blanca que no flameaba desde el 10 de diciembre de 2023. ¿Adiós para siempre al lema “No odiamos lo suficiente”? En su entorno contestan sin titubear pese a lo delicado del asunto: “En la superficie puede seguir habiendo NONSALP, pero hacia abajo no. No es nuestra onda”. Traducción para no iniciados: Milei probablemente seguirá siendo Milei, con sus posteos furiosos y sus enemigos de turno, pero esa oficina buscará dejar de funcionar como una “máquina de maltratar” para convertirse en “un dispositivo de comunicación eficiente”. De hecho, como muestra de buena voluntad, juran estar pensando en la posibilidad de dar una conferencia de prensa por semana: tono firme, formas moderadas, hincapié en las “buenas noticias” y “menos tire y afloje”. Todo esto representará, si se cumple, un giro copernicano en la Argentina libertaria de 2026.

“Se te agrandó el aula, Adrián”, le dijo una alumna a Ravier después de conocida la noticia de su designación. Como una metáfora útil, él la repitió con gracia a quien quisiera oírla. “El problema es que ahora el aula tiene ministros, opositores, cámaras, discusiones feroces y un jefe investigado”, se ríe uno de sus colaboradores.

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El apellido Adorni instaló en el debate público una sensibilidad inédita sobre el patrimonio de los funcionarios. Ravier lo sabe. Presentó su primera DDJJ ante la Oficina Anticorrupción el 5 de enero, menos de un mes después de haber asumido como diputado de La Libertad Avanza y un par de meses antes de que los dólares de su antecesor comenzaran a convertirse en la novela de terror político del año. La fotografía de sus bienes suma $263.078.084, unos U$S 175.000 a la cotización actual de $1500. “Sin excentricidades con cascadas en piletas climatizadas, o viajes en vuelos privados, o criptoactivos de origen incierto”, ironiza un dirigente de La Pampa que lo conoce de toda la vida.

Un aspecto palaciego para seguir de cerca: en la reorganización del área de comunicación también se esconde una de las peleas internas más ruidosas del Gobierno. Aunque el desembarco de Ravier “fue todo de Javier”, según cuentan cerca del primer mandatario, el deslucido Triángulo de Hierro puja por no perder terreno: Karina Milei quiere preservar la estructura que orbita en torno a Adorni y a los Menem; Santiago Caputo, con sus credenciales de consultor a cuestas, resiste ante la sospecha de perder terreno en el esquema. Por eso, personas con acceso a la Quinta de Olivos confirman que “se pensó en serio” que la flamante Vocería y la nueva Secretaría de Comunicación y Prensa a cargo de Fabián Fernández tuvieran independencia en el organigrama estatal. El decreto con las designaciones y los puntos que quedan por resolver se van a conocer en el Boletín Oficial recién en las primeras horas de la próxima semana al regreso del sexto viaje del Presidente a España.

El

Un apunte sobre Fernández, que viene de seguir a sol y sombra a Horacio Marín en YPF y de coordinar la pauta publicitaria del gigante petrolero: no va a dar notas, no va a aparecer públicamente y, quizás lo que más llama la atención, ni siquiera tiene abiertas sus redes sociales.

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A propósito de las rencillas entre “El Jefe” y el “Mago del Kremlin”, a nadie en el oficialismo se le escapó el hecho de que la primera aparición pública conjunta de Milei y su renovado vocero haya sido en un evento de la Fundación Faro, el centro de estudios liderado por Agustín Laje y territorio de influencia de Caputo. La visita se gestó justo después de que la Inspección General de Justicia, conducida por un hombre de Karina, intimara a sus representantes a presentar información sobre el origen de casi $5.000 millones en aportes declarados solo durante el ejercicio contable 2024. “Fue un movimiento del tablero que en el caputismo se sintió como una señal de advertencia. Llevar a Adrián a esa gala fue, en ese contexto, una forma de descomprimir”, admiten los que estuvieron al tanto de esta decisión al parecer inocente.

Por más que aún no asumió formalmente, Ravier y su equipo chico quieren centralizar la comunicación violeta: de esta manera, todas las carteras deberán enviar sus novedades a Vocería y esperar que esa oficina evalúe cómo y cuándo se difundirá lo que tienen para decir. “No es que pesos pesados como Toto Caputo o Federico Strurzenegger van a tener que pedirnos permiso para hablar, pero necesitamos centralizar y darle prolijidad a este lío”, adelantan.

Cuando el martes a las 11 se enfrente a su primera conferencia, Adrián Ravier querrá hablar de estabilidad macroeconómica, superávit fiscal, baja en el Riesgo País, desaceleración inflacionaria, mejoramiento en una actividad que sigue corriendo a dos velocidades y posibles reformas para el futuro cercano. Pero la primera pregunta seria será, inevitablemente, sobre Manuel Adorni. En su equipo lo saben y ya tenían preparada la respuesta: que el jefe de Gabinete dio sus explicaciones, que presentó sus papeles y que todo lo demás es un show político del Congreso. La fórmula podía servir para atravesar ese contacto con la prensa. Difícilmente alcanzaba para clausurar el problema. “Manuel era tóxico. Si nos tocaba defenderlo, íbamos a bancar la parada”, se resignan, hablando en tiempo pasado, los que ya venían hartos del caso en el Gobierno.

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Adorni, mientras tanto, siguió siendo hasta el final de la semana el centro de gravedad del mundo político en Argentina y el libertario de mayor rango sentado en el banquillo de los acusados. El Presidente lo respaldó hasta último momento en público y en privado: en Madrid declaró que si la Justicia lo considera culpable lo eyecta “de una patada”, pero que hasta entonces cree en su honestidad. No alcanza: aunque parecía que iba a estar blindado eternamente, el Congreso lo venía queriendo afuera gracias al mecanismo que prevé el Artículo 101 de la Constitución reformada en 1994. De “brazos caídos” y con “convicción cero”, como define un legislador libertario, fueron jornadas en las que los tecnicismos reglamentarios del parlamento escondieron una vez más la incomodidad del oficialismo con el expediente Adorni. ¿Cómo se encaminó la negociación entre todas las facciones? Si se avanzaba con la interpelación, el número mágico se alcanzaría con dos tercios: en el Senado, 48 votos de 72 totales en caso de asistencia perfecta; en Diputados, 171 sobre 257. Son guarismos más elevados en comparación con los que buscan quienes defienden la mayoría absoluta, que se alcanza con la mitad más uno de los presentes. Todos estuvieron haciendo cuentas y no querían exponerse a derrotas prematuras, como pasó en las últimas sesiones de ambas cámaras.

Bullrich fue una de las dirigentes libertarias en hacer público su molestia por el caso Adorni (NA)

El vínculo entre Patricia Bullrich y el ahora ex portavoz presidencial merece un nuevo capítulo aparte. La jefa de bloque en el Senado empujó para suspender el informe de gestión que Adorni tenía previsto dar el 2 de julio en el recinto con una explicación que sonó más a sincericidio que a comunicado institucional: no tenía sentido hacerlo ir para que lo tuvieran ocho horas castigándolo en público o, peor, dejarlo solo y abandonado si la oposición decidía vaciar la sesión. Ante la difusión de la movida, el propio jefe de Gabinete publicó en X que estaba a disposición para presentarse ese día. En la Rosada juraron que no hubo descoordinación. En el Palacio Legislativo, Patricia puteaba a viva voz.

Sea como sea, todos en LLA saben que esta debilidad existencial alrededor de Manuel Adorni tiene frenados proyectos clave como la reforma electoral que podría eliminar o suspender las PASO y así allanar el camino de Milei a una reelección en 2027. Y atención: están freezados también los pliegos que tienen en vilo al ministro Juan Bautista Mahiques y que podrían reconfigurar el reparto de poder en la Justicia.

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Así las cosas, los rumores de que “estos sí son los últimos días de Adorni en la gestión” continuaban arreciando hasta este viernes de forma permanente. “No sobrevive al Mundial”, “se quedó sin vida” o “hasta acá llegó” son algunas de las lacónicas expresiones que salen de la boca de funcionarios bien informados.

En paralelo, el partido fundado por Mauricio Macri también quedó atravesado por su propia crisis de identidad. Por un lado, Cristian Ritondo, que comanda la tropa en la Cámara Baja, es tildado de “colaboracionista” por algunos de sus correligionarios por su postura tendiente a estirar los tiempos legislativos. “No iba a hacer nada que lastime el principio de acuerdo que hay con La Libertad Avanza para construir una alianza amplia que entronice a Diego Santilli como candidato a suceder a Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires”, revelan los que lo trataron durante las negociaciones por Adorni. Del otro lado, Martín Goerling Lara, el titular del bloque amarillo en la Cámara Alta, encabeza el ala combativa y hasta presentó un proyecto para que el investigado por la Justicia Federal brinde explicaciones sobre la evolución de su patrimonio, las omisiones, las inconsistencias y las falsedades reconocidas.

La renuncia de Esteban Bullrich al PRO terminó de darle un marco moral a las contradicciones amarillas. En su inesperada carta abierta, sostuvo que la protección brindada a Adorni fue el hecho que terminó de evidenciar la distancia entre los valores fundacionales del partido y sus decisiones actuales. Fernando de Andreis, mano derecha del ex presidente de la Nación, le respondió con dolor y desacuerdo, pero el golpe ya estaba dado. El “Adornigate”, que nació como una controversia patrimonial libertaria, empezó a funcionar también como espejo incómodo para los socios del cambio.

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Varios integrantes del PRO habrían recriminado a Ritondo su postura colaboracionista para con el oficialismo

Del otro lado de la grieta, el peronismo tampoco ofrece una postal de fortaleza. Máximo Kirchner volvió a cruzar a Axel Kicillof con una frase venenosa sobre quienes “hablan de unidad” pero “ni siquiera son capaces de ir a ver” a Cristina en su detención domiciliaria. Más directos todavía fueron los dardos a la gestión provincial por parte del senador K Mario Ishii, que en la primera sesión del año escupió una acusación letal mirando a los ojos a la axelista Verónica Magario con fotos de la provincia en la mano: “El conurbano se está incendiando”. La batalla no escaló porque la orden del gobernador fue no responder, pero cerca suyo dan por descontada una “realidad dramática”: están seguros que “CFK y La Cámpora preferirían que Milei gane en 2027” antes que ver a su ex ministro de Economía llegar a la Casa Rosada.

Cuando se enojan, así sea en privado, en La Plata ponen sobre la mesa munición pesada: recuerdan que Martín Insaurralde “es de ellos” y que “se tienen que hacer cargo”. Los videos con millones de dólares en efectivo en un guardarropa de lujo y el regreso del ex intendente de Lomas de Zamora a la escena judicial tuvieron impacto masivo, golpearon al peronismo bonaerense y reactivaron la causa por presunto lavado y enriquecimiento ilícito. Increíble pero real: el expediente cumple tres años sin que el hombre que se viralizó disfrutando en el yate “El Bandido” con la modelo Sofía Clerici haya sido citado a declarar. Ahora, el magistrado Luis Armella, a pedido del fiscal Sergio Mola, allanó a su ex esposa Jésica Cirio, pero llamativamente el principal señalado todavía no pisó los tribunales.

En las principales oficinas libertarias prestaron atención a un detalle que les regaló la arena digital: las mediciones que llegaron a Casa Rosada de consultoras de opinión pública como Ad/Hoc o Enter Comunicación mostraron una paridad inquietante entre el volumen de conversación online del caso Insaurralde-Cirio y el pico de menciones que tuvo la última oleada de problemas de Manuel Adorni. Un ministro que recibió esos estudios lo analizó sin escrúpulos: “En términos políticos, es una pésima noticia para nosotros en el Gobierno. El peronismo suma leña a su propia hoguera e igual se sigue hablando de nuestro quilombo. Si un placard lleno de guita verde no alcanza para tapar a tu jefe de Gabinete, el problema no es el placard: es tu jefe de Gabinete”. Con ese panorama, el final de esta historia ya estaba escrito hace rato.

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