POLITICA
Argentina y la revolución pendiente que no llega con Milei

En la Argentina hay un casillero vacío que sigue siendo esquivo para la política. La aparición de Javier Milei en el firmamento electoral argentino tampoco logró capturarlo. Hay una demanda subterránea por una motivación vital transversal y trascendente. Surge en momentos únicos. Se vio desde que empezó el Mundial, y sobre todo, desde el partido contra Inglaterra. La Selección argentina de Messi y Scaloni y las Malvinas logran capturar esa corriente escurridiza y crossover de ideologías, clases sociales y edades que la política no acierta en representar. El problema es que esa demanda hace tiempo que no se traduce, del otro lado del mostrador, en una oferta política tan audaz como inteligente y con chances de llegar al poder, y ejercerlo con decisión.
La demanda está sostenida en un entramado de millones de argentinos que deja de lado sus prejuicios rabiosos y conecta emocionalmente, y al unísono, con las dos causas: la camiseta de la Selección como bandera de todos y paraíso perdido y las Malvinas como dolor transgeneracional que se arrastra desde hace cuarenta y cuatro años. Un nacionalismo de baja intensidad, lejísimo del nacionalismo conservador y católico, o del nacionalismo procesista que alimentó la Guerra de Malvinas, o del nacionalismo xenófobo que ve fantasmas en el dígito de extranjeros en la Argentina.
El nuevo nacionalismo
El Mundial y la emoción Malvinas muestra una oportunidad para una oferta política que ponga sobre la mesa un liderazgo superador que haga lo difícil sin romper el tejido social: acelerar a la Argentina hacia adelante en el progreso económico sostenible, de macro ordenada y micro a todo vapor, sin acentuar la polarización ciudadana y política. La utopía perfecta: que no sólo no agrave la polarización, sino que, al contrario, contenga multitudes.
Porque ya quedó claro: cualquier cambio de régimen que destrabe a la Argentina por uno o dos mandatos, va a quedar frenado por el futuro movimiento del péndulo en una lógica estéril de extremos. El milagro político de la transformación para siempre depende del milagro social del surgimiento de una Argentina de consensos racionales y emocionales básicos.
Lo que se huele en esa demanda es una especie de orgullo alegre por ser argentino: un nacionalismo inocente, sin voluntad de construir enemigos. Apenas, enfocada en disfrutar de la familia, el asado con amigos, el fútbol, las librerías, las vacaciones, la escuela pública, de una pista donde tirar unos pasos y en valorar el esfuerzo diario como manera de salir adelante. Esta Selección representó muy bien algo de todo eso: amigos, esfuerzo, ascenso social en el Mundial, o en la vida, y una sensibilidad leve, que llevó al acto espontáneo de recoger una bandera arrojada desde la tribuna, sin premeditación ni alevosía ideológica. Pura sospecha de sensibilidad compartida entre pibes de hoy y pibes de ayer en las islas.
Ahí hay material narrativo y propositivo suficiente para una política que abandone el horizonte sacrificial, de batallas culturales y guerra contra los poderes fácticos, y proponga la belleza de la vida cotidiana y el compromiso con la tarea. Por ahora, es un guante que nadie logra recoger.
Esa sociedad sólo se expresa, por el momento, en el fútbol mundialista y en el dolor malvinero. Algo despuntó también en la muerte del Indio Solari: una transversalidad federal y social, de seguidores de todas las edades en todo el territorio.
Para todos los Gobiernos, esas causas, y más si están entretejidas, son un problema. El caso de Milei no es una excepción: su calidad de outsider, cada vez más machucada desde que es poder desde hace dos años y medio, tampoco le alcanzó para encontrar una nueva relación con la demanda Malvinas y una nueva posición para leer el tema Selección nacional de manera políticamente constructiva.
El mileísmo y el tablero monocomando
En el mileísmo, hay un problema básico de conexión emocional: el monocomando de la rabia deja afuera los cincuenta matices emocionales que mueven el deseo de una sociedad, es decir, de los votantes. ¿Muerta la rabia, o trasladada al Gobierno que la representó mejor que nadie en 2023, qué queda? El mileísmo en el poder no tiene una respuesta que ofrecer: la rabia y la división es un acto reflejo.
En general, el Gobierno que está en el poder no logra convertirse en el gobierno de todos. Alfonsín la tuvo algo más fácil, en un punto: la Argentina que gobernó Alfonsín tenía un enemigo común que estaba por fuera de la sociedad, el poder militar. La cohesión llegó por esa vía, y un liderazgo alfonsinista que supo leer la época en ese sentido. No es casual que la Selección del ‘86 celebró su triunfo en el Mundial desde el balcón de la Casa Rosada. Tampoco es casual que Alfonsín se hizo a un costado para despejar cualquier sospecha de aprovechamiento político para su propia figura: la conciencia de su carácter de figura de consenso pesaba en esa coreografía.
En 2014, ya se notó un cambio: la Selección salió vicecampeona en ese Mundial y fue Cristina Kirchner la que se trasladó hasta Ezeiza para recibirlos: la Selección en camino a un poder simbólico mayor que la esfera política y la Casa Rosada. Y una Cristina Kirchner que copó la escena con su protagonismo: la mención de Ezequiel Lavezzi como “sex symbol” es una prueba del pasaje de la ejemplaridad alfonsinista al narcisismo cristinista. Con Alberto Fernández, la Selección campeona rechazó la invitación a Casa Rosada, y en Ezeiza, Lionel Messi esquivó el abrazo de Eduardo “Wado” De Pedro que se acercó a recibirlo: Claudio “Chiqui” Tapia hizo de escudo humano para impedir esa apropiación. La cercanía a la política dejó de ser, definitivamente, un activo que conviniera a la Selección. Al contrario, se convirtió en el riesgo de contagio de un sesgo.
En el caso de Milei, motivos cabuleros lo dejaron en la Argentina. Fue el único mandatario, de los que debían estar en la Final, que faltó a la cita. La cábala funciona en dos sentidos: para no llevar mala suerte a la Selección repitió el modo en que vio los partidos anteriores, pero también evitó que una derrota quedara pegada a su presencia. Milei evitó ser considerado “mufa” o “yeta”. En ese punto, Mauricio Macri es el que lo resolvió con más eficacia: estuvo presente como funcionario de Fundación FIFA en el Mundial de Qatar, y pese a todo, Argentina salió campeona. La suerte estuvo de su lado.
Mundial y traspiés mileístas
Pero en los dos temas que se cruzaron como nunca la última semana, Malvinas y fútbol, el Gobierno tuvo problemas. La ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva fue más enfática de lo necesario para evitar que los fanáticos llegaran con banderas politizadas a los partidos. La sábana-bandera de un muchacho de Villa Luro, que recogió la Selección del césped del estadio, produjo un cimbronazo geopolítico y fue la evidencia de esa demanda emocional vigente en torno a Malvinas. El sobregiro disciplinador de Monteoliva dejó offside al Gobierno: quedó afuera del aura de la emoción Malvinas.
Victoria Villarruel retomó la retórica procesista y nacionalista conservadora para referirse a la Selección de Inglaterra: “piratas usurpadores”, los llamó, en un lenguaje que no representan el tono de la demanda más generalizada. Con el olfato de siempre, Patricia Bullrich se desmarcó de Monteoliva y se sacó foto alentando a la Selección con un termo que tenía impreso: “Islas Malvinas. Siempre nuestras”.
Desde Casa Rosada, el momento Malvinas de la Selección fue difícil de digerir. Milei ensayó respuestas que no terminaron de quedar claras: ¿condenó o no a la Selección por generar ruido en la diplomacia? El festejo de la Final también representó un desafío: desde el viernes, hubo versiones sobre un asueto. El Gobierno anunció un festejo y un asueto antes de tiempo, que ayer quedó completamente desactivado por los mismos jugadores. La Selección también es cabulera: una fuente autorizada confirma que nadie en el círculo rojo de Tapia estaba dispuesto a plantearle el tema a Messi y sus muchachos antes de que se jugara el partido del domingo. Lo único que había anticipado: la reserva de un avión y de espacio en la pista argentina para el domingo a la noche.
Mundial y Malvinas obligó a todos a hacer algún malabar. Jorge Brito, el banquero que va en busca de su destino de outsider, en un pase que todavía está libre, también aprovechó el momento: hubo postal familiar donde Brito destacó con una remera con el impreso de Malvinas y el año 1982.
No es humo
La estructura emocional argentina con mayor base de sustentación política sigue huérfana. Una demanda social que por ahora sólo encuentra respuesta en una oferta alejada del tablero político: el fútbol de Mundiales y el sentimiento Malvinas, una emocionalidad hecha desde abajo, que produce alegría y también dolor auténtico, y que sorprende cada vez que emerge. No logró representarla el kirchnerismo con todos los fuegos artificiales de la polarización. Tampoco Milei.
“Liderazgo superador” dispara las alertas: suena a humo. Pero el concepto tiene algo de verdadero: la Argentina sigue a la espera de una figura política, con su armado propio, que reinvente las posibilidades argentinas. Pro y Mauricio Macri representaron en parte esa opción en 2015: el giro republicano en el ejercicio de la política y una voluntad política de racionalidad económica. Se quedó corto: en ese hueco, se coló Milei. Los libertarios coparon el poder a fuerza de convencimiento político a la hora de dar el giro macroeconómico como respuesta a todo. No va a alcanzar.
El giro completo implica la convergencia de las tres volteretas clave: giro republicano, giro macroeconómico y el giro del cemento emocional. Todos, o la mayoría de los argentinos, tirando hacia el mismo lado. Esa pulsión convertida en emoción generalizada, es decir, esperanza futura sostenida: sobre esa vibración se construye el futuro duradero. Al contrario, si domina la percepción de fracaso o de éxito que excluye a muchos, en un momento la calesita de la historia vuelve a cero.
No hay que confundir “liderazgo superador” con una propuesta buenista bienpensante o una ilusión de cohesión hecha de centrismo retórico: esa impostura está presente en el tablero político y hay nombres y apellidos que se apropian de ese fingimiento. En el cuadrante peronista, Sergio Massa viene hace años con ese intento: la esperanza blanca y capitalista de un pero-kirchnerismo demasiado corrido a la izquierda y hacia el distribucionismo deficitario sin sostenibilidad. En el cuadrante de centro derecha, Horacio Rodríguez Larreta suele caer en la tentación de un discurso de pretensión transversal, pero que se termina convirtiendo en un discurso vacío.
La esperanza es captar algo que supere grietas y coseche votos por derecha e izquierda. Pero sigue faltando un liderazgo que dispute el poder saltando por arriba del laberinto de la polarización y que dé una respuesta inteligente y aurática, contagiosa y emocional, con futuro de orden macro y micro sólida.
Luciana Vázquez,Conforme a
POLITICA
El gobierno nacional oficializó un suplemento salarial por título en las Fuerzas Armadas

El Poder Ejecutivo aprobó ayer una modificación en la reglamentación de la Ley para el Personal Militar N° 19.101, que introduce cambios en el cálculo de haberes y amplía el acceso al suplemento por título universitario para los integrantes de las Fuerzas Armadas. El decreto fue publicado en el Boletín Oficial y fue firmado por el presidente de la Nación Argentina, Javier Milei.
La medida actualiza los criterios para percibir el suplemento por título, incorporando a todos los miembros del personal militar que acrediten títulos de educación superior reconocidos por la Ley de Educación Superior (N° 24.521), la Ley de Educación Técnico Profesional (N° 26.058) o la Ley de Educación Nacional (N° 26.206). La reglamentación determina que solo se reconocerá el título de mayor graduación en caso de que una persona acredite más de un diploma.
La normativa impacta en el cálculo de haberes mensuales del personal militar, tanto en actividad como en retiro, así como en los familiares con derecho a pensión, siempre que el beneficiario haya cumplido las condiciones antes de pasar a situación de retiro.

El decreto establece que los Jefes de los Estados Mayores Generales de cada fuerza tendrán la facultad de determinar los títulos de interés para otorgar el suplemento, considerando la afinidad con las funciones y tareas desarrolladas por el personal. Según el texto oficial, “los títulos serán reconocidos a partir del primer día del mes siguiente a la presentación de las constancias respectivas ante la autoridad que cada fuerza determine”.
Entre los cambios centrales, el nuevo articulado suprime referencias a conceptos previamente incluidos en la reglamentación, como el “Reintegro de Gastos por Actividad del Servicio” y el “Reintegro de Gastos por Permanencia en Actividad y Responsabilidad Jerárquica”, por haber sido absorbidos por otros rubros salariales o carecer de carácter general. Además, elimina la limitación que restringía el suplemento por título universitario solo al personal superior del cuerpo profesional.
La normativa, que ya se encuentra en vigencia, también deroga el inciso 3° del artículo 2405 de la anterior reglamentación, adecuando la normativa al marco legal vigente luego de la sanción del Decreto N° 473/2026. El mismo fue anunciado hace poco más de un mes, con el propósito de incorporar un adicional al haber mensual bruto para reflejar la formación académica y la profesionalización del personal militar, el cual se ajustará junto con las futuras actualizaciones salariales.

El nuevo esquema prevé un suplemento equivalente al 10% para quienes posean tecnicaturas o títulos terciarios, del 15% para quienes cuenten con títulos universitarios de grado y del 25% para quienes acrediten especializaciones, maestrías o doctorados.
En este punto, desde la cartera de Seguridad habían señalado que, según el grado y el nivel de formación acreditado, en algunos casos el nuevo suplemento podría representar, en algunos casos, mejoras de entre 300.000 y 400.000 pesos mensuales.
Fuentes oficiales señalaron a Infobae que la iniciativa responde a una demanda planteada por las Fuerzas Armadas desde 2013, orientada a equiparar la situación del personal militar con la de otros organismos de la Administración Pública Nacional y las fuerzas federales de seguridad, donde ya se aplican mecanismos de reconocimiento por formación académica.
Argentina,Fuerzas Armadas,Avión de carga,Personal militar,Logística,Transporte aéreo
POLITICA
Los límites al esfuerzo narrativo del Gobierno

9‘minutos de lectura
El relato tiene límites. El esfuerzo narrativo de Javier Milei para instalar como un éxito lo que fue el traspié de la ley ómnibus en Diputados empieza a encontrar problemas. No todas son victorias pírricas de los adversarios, como la de ayer en el Senado. La palabra necesita del eco de los hechos para sostener la verosimilitud.
El sorpresivo tratamiento y el previsible rechazo al mega-DNU desregulatorio en el Senado producido ayer, abre ahora nuevas incertidumbres, dispara mayores desafíos para el Gobierno y expone importantes grietas hacia el interior del oficialismo. Tres cuestas cada vez más pronunciadas.
El indisimulable cortocircuito entre el Presidente y la vicepresidenta por la habilitación de la sesión expone con crudeza que el armado (aluvional y heterogéneo) de La Libertad Avanza necesita de bastante más cohesión, habilidad política y profesionalismo de lo que el liderazgo carismático del Presidente ha podido darle. El rey león se enfrenta a los límites que tienen los presidentes de las repúblicas. Más cuando en el Poder Legislativo los suyos son una absoluta minoría. Una jungla desconocida.
“Victoria [Villarruel] no es fácil, tiene su carácter y a veces ni contesta los mensajes. Podría haber hecho más para evitar esta sesión, pero también hay que entender que ella había asumido el compromiso de habilitar el tratamiento del DNU cuando logró los votos para derrotar al kirchnerismo en la designación de las autoridades de la Cámara y estaba sometida a una fuerte presión. Solo cuenta con siete senadores oficialistas, de los cuales menos de la mitad da la talla”, admite una importante fuente de la Casa Rosada.
“Hay que tener cierta plasticidad y sentido político. No todo se puede manejar con puño de hierro, como muchas veces hace Karina [Milei]”, completa, respecto del caso Villarruel, otro funcionario que lidia a diario con el inflexible círculo cerrado presidencial. La influencia que tiene la secretaria general de la Presidencia en la toma tanto de decisiones administrativas y políticas como en las relaciones personales no parece tener límites. Tampoco que los vaya a encontrar en algún momento en su hermano el Presidente. Es todo a resultados.
La fisura que acaba de quedar expuesta en la cima, aunque no es nueva, agrega una cuota de preocupación en el espacio oficialista frente a las muchas dificultades y problemas postergados que existen y a los que debe dar respuesta el gobierno. Nada que pueda ocultar o despejar la singular hermenéutica de las declaraciones y los comunicados presidenciales que suele practicar el locuaz vocero presidencial.
“De todas maneras, lo de Javier y Victoria no se parece a lo de Cristina [Kirchner] y [Julio] Cobos, ni a lo de Alberto [Fernández] y Cristina. Y más temprano que tarde van a tener que sentarse y acordar. Ella es parte del Gobierno y llegó con Javier”, siente la obligación de aclarar un estrecho colaborador presidencial.
La necesidad de marcar diferencias con aquellas relaciones tumultuosas recientes entre presidentes y vicepresidentes termina trayendo infaustos recuerdos y trazando analogías por la negativa. Más aún porque nadie tiene en claro quiénes podrían facilitar la reparación de ese vínculo afectado por diferencias tanto personales como de visión política.
El rechazo del DNU por parte del Senado tiene así más consecuencias políticas que efectos prácticos inmediatos para la norma, que aún continúa vigente, mientras no sea rechazada también por la Cámara de Diputados y hasta que no avancen más los planteos en la Justicia. El impacto hacia adentro del oficialismo y de la propia Casa Rosada ha sido estruendoso y habilita nuevos interrogantes.
“Uno puede instalar en los títulos que lo que los adversarios califican como fracaso del Gobierno es un triunfo, porque esos son los que ‘no la ven’, pero, al final, necesitás concreciones, no títulos en los medios. Para gobernar, sobre todo si querés hacer transformaciones profundas y duraderas, se necesitan leyes. No alcanzan los relatos, y, como queda demostrado, tampoco alcanzan los decretos”. La contundente afirmación no es el cuestionamiento de ningún opositor envalentonado sino la autocrítica de un importante oficialista dolido y, sobre todo, enojado, más con los propios que con los ajenos.
Se comprende la frustración. Para tomar dimensión de la magnitud de este primer traspié legislativo del DNU basta con reparar en el grandilocuente título que lleva (“Bases para la reconstrucción de la economía argentina”), además de las enjundiosas defensas hechas por el propio Presidente, como si de un texto sagrado se tratara, pero, sobre todo, por la cantidad de desregulaciones de las más diversas áreas que abarcaba.
Tan extenso es su alcance que para la puesta en práctica ya se han elaborado unos 8000 decretos y resoluciones reglamentarios. En eso viene trabajando a destajo el ideólogo de la normativa desreguladora (vale el oxímoron), Federico Sturzenegger, y su equipo, quienes junto con el Presidente y la diminuta mesa del poder confían en que el DNU no sea rechazado por la Cámara de Diputados.
Amateurismo y rigidez
Los pocos funcionarios duchos en política con que cuenta el oficialismo ya han advertido que el costo para que ese doble rechazo no se produzca puede ser más alto después de la negativa del Senado. Los errores se pagan caro. “Hay demasiado amateurismo y un exceso de fundamentalismo”, admiten muy por lo bajo y con pesar funcionarios que temen más problemas si no se revén algunas prácticas, admite un colaborador presidencial con inocultable preocupación.
La conjunción de elementos que llevaron a esta situación es notable. Por un lado, operó la estructural rigidez presidencial ante las demandas de la política (por convicción y construcción simbólica) y la pretensión plebiscitaria que choca contra cualquier idea de negociación para lograr la sanción de leyes. Por otro lado, está la negativa absoluta a atender algunas necesidades económicas de las provincias, que hizo que la foto de los gobernadores no se tradujera linealmente en apoyos de los senadores. Los raptos de independencia conviven con la habilidad para subirse el precio.
Los gobernadores Raúl Jalil (Catamarca), Alberto Weretilnek (Río Negro), Hugo Passalacqua (Misiones) y Claudio Vidal (Santa Cruz) están ahora bajo observación. Para los mandatarios que dieron muestras de apoyo con sus legisladores ahora puede haber algunas consideraciones respecto de las necesidades que afrontan sus administraciones. Es un enorme desafío que tienen por delante los funcionarios más políticos. Saben que Milei y los dos Caputo no serán fáciles de convencer: cuidan con igual fervor los números del fisco como los de la imagen presidencial.
Las urgencias y restricciones que tiene el Gobierno eran señales de alarma que algunos funcionarios y varios interlocutores del oficialismo ya habían advertido. Pero solo ahora empiezan a asumirse con suficiente preocupación en la Casa Rosada, aunque no necesariamente demasiado cerca del despacho presidencial. Tal vez la opción para el Gobierno ahora no sea entre acelerar y pisar el freno, dilema que Milei dice no tener, sino revisar la hoja de ruta y la forma de encarar los accidentes del camino, para seguir con las metáforas presidenciales.
Los objetivos del oficialismo, como reflejan las encuestas después de los primeros 95 días de gestión, siguen gozando de una mayoritaria aceptación, a pesar de que la misma mayoría de consultados admite más penurias de las que tenía hace tres meses. Sin embargo, la incertidumbre no se disipa y, desde ayer, subió algunos grados. Las dificultades para convertir proyectos en leyes (ni hablar de que se cumplan y tengan efectos concretos) se suman a la falta de efectividad, las disputas en lo más alto del poder y la falta de cohesión en el oficialismo.
Nuevas dudas
Los diálogos de pasillo de la reciente cumbre de la cámara empresaria argentino-norteamericana (AmCham) reflejaban ese escenario. Representantes de empresas, políticos, economistas y consultores expresaban ahí tanta adhesión como interrogantes.
“Respecto de hace cinco meses, para nosotros solo se disiparon las dudas sobre el rumbo y la profundidad que se pretende darle al cambio y los nombres de los que intentan llevarlo a cabo. En cambio, la incertidumbre sobre el futuro inmediato, en cuanto a capacidad de ejecución y resultados, sigue igual que entonces”, dijo el director de una consultora en economía y negocios que tiene entre sus clientes a grandes empresas. Una de ellas acaba de poner en pausa algunos negocios a la espera de que se disipen las nubes. A la recesión económica se agregaron la disfunción en la dimensión política y un poco más de inseguridad jurídica. Solo un botón de muestra.
Unos pasos más allá de ese corrillo, un alto dirigente político aliado de hecho del oficialismo y un gobernador que pocos minutos antes había anunciado desde el estrado su decisión de firmar el Pacto de Mayo que propuso Milei el 1º de marzo agregaban otras inquietudes de similar tenor. “El Presidente tiene indudablemente la claridad, la determinación y el coraje para hacer lo que el país necesita para volver a crecer, pero todavía seguimos sin saber cómo ni con quiénes lo va a hacer. O peor, tenemos más dudas”, explicó el mandatario provincial.
“No solo no hay un equipo de gobierno que entienda cómo hacer para que se concrete lo que buscan, sino que faltan hasta los funcionarios que lo ejecuten. Algunos son desautorizados desde arriba, otros son tirados por la ventana sin mucha explicación y muchos otros todavía ni siquiera tienen firma. Sin hablar de los que desconocen hasta los más elementales pasos administrativos. Y eso sin contar las designaciones que, después de tres meses, siguen sin concretarse”, agregó el político filomileísta.
El diagnóstico que en esa cumbre del súper círculo rojo compartían los políticos era avalado por experimentados hombres de negocios, que expresaban dudas, aunque mantenían su esperanza. Todos esperan los hechos. El relato tiene límites. El arte de vender derrotas como éxitos siempre es efímero.
Claudio Jacquelin,LA NACION,Política
POLITICA
Tras el Mundial, el Gobierno reúne a la mesa política para definir la estrategia legislativa

Finalizado el Mundial 2026, el Gobierno reunirá este martes a su mesa chica en la Casa Rosada para definir cómo avanzar con sus reformas en el Congreso tras el receso invernal.
La cita fue programada para las 13, dos horas después de la conferencia de prensa semanal del vocero Adrián Ravier, y volverá a contar con el elenco habitual que encabeza la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei.
En ese sentido, se espera la presencia del jefe de Gabinete, Diego Santilli, el asesor presidencial Santiago Caputo; la jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich; el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el armador nacional Eduardo Menem; el vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt; el ministro de Economía, Luis Caputo; y el secretario de Prensa, Fabián Fernández.
Según pudo saber TN, el encuentro continuará con la agenda de las últimas ediciones con un foco puesto en los proyectos a trabajar en el Congreso, que entró en su pausa invernal.
“Hay 15 días de vacaciones, donde las comisiones no funcionan. Estaremos preparando todas las leyes para poder avanzar en todas“, explicó a este medio un integrante de la mesa política.
El primer desafío para la Casa Rosada tras el receso llegará el 6 de agosto, cuando el Senado sesione una vez más para tratar la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La iniciativa, elaborada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, iba a tratarse el jueves pasado, pero sufrió un traspié al no lograr reunir los apoyos necesarios para avanzar con uno de sus ejes centrales: la habilitación de venta de tierras a extranjeros.
“Está claro que aquellos que se opongan a la defensa férrea del derecho de propiedad en base al orden liberal son los enemigos del progreso. Véanlos hablar y actuar. Esos son los responsables de la decadencia argentina, los que violentaron el derecho de propiedad, los que nos hundieron”, cuestionó Javier Milei tras la fallida sesión en un discurso en la Bolsa de Comercio.
Por otro lado, otro de las prioridades en la que trabaja el Gobierno —y que se enviaría al Congreso en agosto— es la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. El proyecto elaborado personalmente por el Presidente se propone dar marcha atrás con los cambios establecidos en 2012 durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner para que la autoridad monetaria vuelva a tener una única función: preservar el valor de la moneda.
Así, el texto busca que el Estado no pueda tener déficit y que el Banco Central no pueda asistir al Tesoro para financiarlo, a la par que quiere endurecer el régimen de sanciones para futuros funcionarios que autoricen emitir moneda para auxiliar al fisco. Bajo esa misma línea, también plantea fortalecer el esquema de gobernanza del organismo para garantizar la estabilidad de sus autoridades, entre otras medidas.
Finalmente, la lista de prioridades inmediatas en el Congreso se completa con los cambios al régimen de Zona Fría, la propuesta que busca limitar los subsidios a las tarifas de gas únicamente a la Patagonia, Malargüe (Mendoza) y la Puna —eliminando el beneficio a millones de usuarios de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe—.
Leé también: El Gobierno descartó decretar un feriado nacional tras la llegada de la Selección
En paralelo, el Gobierno enviará este jueves las modificaciones al proyecto de Inocencia Fiscal para ampliar y reforzar el régimen de declaración jurada simplificada de Ganancias. Para explicar los cambios, el Gobierno realizará una conferencia de prensa en el Ministerio de Economía el miércoles.
Por su parte, las negociaciones por la reforma electoral continúan empantanadas, por la resistencia de los bloques aliados en el Congreso a eliminar las PASO.
Gobierno, Mundial 2026
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