INTERNACIONAL
“Atrapados en el infierno”: el drama de la población iraní en medio de la nueva escalada con Estados Unidos

Un ritmo de guerra terriblemente familiar ha regresado para los iraníes: autopistas bombardeadas y una moneda en caída libre, publicaciones amenazantes del presidente Donald Trump en las redes sociales y una retórica incendiaria por parte de los gobernantes clericales de Irán.
Sin embargo, cuando Behnam, un músico desempleado en Teherán, llama a su familia o amigos para ver cómo están, nunca comienza hablando de la guerra. “La primera pregunta que nos hacemos unos a otros es: ¿Ya comiste?”.
Al igual que todos los iraníes entrevistados para este artículo, Behnam, de 38 años, pidió que no se usara su apellido por temor a represalias del gobierno de Irán. “Sinceramente, ha llegado a un punto en el que solo pensamos en sobrevivir”, dijo.
Atrás quedaron las charlas motivacionales de los familiares sobre encontrar trabajo, dijo, a medida que el desempleo se sigue disparando. Muchos iraníes han archivado sus planes de reparar edificios o reconstruir vidas devastadas por la guerra. Planear para el futuro parece un lujo absurdo cuando los amigos empobrecidos solo pueden permitirse comprar arroz por tazas y cuando Estados Unidos e Irán intercambian ataques contra sitios militares, puertos y plantas desalinizadoras de agua en toda la región.
Durante más de un año, los iraníes han estado atrapados en un ciclo constante de ataques aéreos, represiones de seguridad interna y devastación económica. Un breve alto al fuego alcanzado el mes pasado con Estados Unidos trajo un leve respiro ante la caída de las bombas, aunque no frente al desplome de la economía.
El desmoronamiento del acuerdo en las últimas semanas volvió a sumir al país en la guerra. Muchos iraníes se han quedado con la sensación de que sus vidas están en pausa o ya no les pertenecen.
“Ya no tengo control sobre mi vida”, dijo Behnam. “Nuestro destino está en manos de quienes no piensan en la gente común”.
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Este ciclo de crisis ha plagado a los iraníes desde la guerra de 12 días de Estados Unidos e Israel que golpeó al país en junio del año pasado. A raíz de ello, el gobierno impuso un apagón de internet nacional que duró meses, citando preocupaciones de seguridad nacional. Eso hizo que la tambaleante economía cayera en picada.
Luego, una crisis monetaria en diciembre desató protestas antigubernamentales que se convirtieron en un movimiento en todo el país. Estas fueron aplastadas en enero durante una represión más feroz que cualquier otra que Irán hubiera experimentado en décadas, que dejó miles de muertos y al país amargamente dividido.
Semanas después, Trump y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, anunciaron su guerra contra Irán y la describieron como una oportunidad única histórica para derrocar a los gobernantes autoritarios del país. Aviones de combate estadounidenses e israelíes bombardearon Irán, destruyeron infraestructura y mataron al líder supremo y a miles de civiles. Pero el régimen teocrático del país se mantuvo intacto, envalentonado por su supervivencia.
Asal, una comerciante de 20 años en una ciudad cercana a Teherán, estuvo entre los miles que participaron en las protestas de enero. Al romper a llorar mientras describía el arresto y la tortura que, según dijo, ella y sus amigos experimentaron, Asal dijo que alguna vez tuvo la esperanza de que la intervención de Estados Unidos e Israel ayudara a derrocar al régimen.
“Trump nos dijo que quería salvarnos, pero no era cierto”, dijo. “Lo que sea que pase en el futuro ya no me importa”. El humo se eleva tras una explosión en un lugar desconocido, durante lo que, según el Mando Central de EE.UU. (CENTCOM), son ataques contra objetivos militares iraníes, en esta captura de pantalla tomada de un video difundido el 23 de julio de 2026. (Foto: REUTERS)
Según algunos iraníes, a su malestar se sumaba el hecho de presenciar cómo sus seres queridos intentaban superar las adversidades económicas solo para ver sus pequeñas victorias aplastadas por la siguiente crisis.
Farzad, un diseñador web en Teherán, dijo que, en la recesión tras la guerra de 12 días, una amiga de la familia había empezado a vender encurtidos y mermelada casera a través de Instagram para complementar su pensión, que ya no era suficiente. Su otrora próspero negocio colapsó durante el apagón de internet, el cual el gobierno impuso durante la represión de enero y los primeros meses de la guerra.
Algunos iraníes dijeron en entrevistas que los precios se habían vuelto tan altos que estaban prescindiendo de la atención médica, o comprando vitaminas para reemplazar las frutas y verduras en su dieta porque eran más baratas.
“Deja de lado las estadísticas”, dijo Farzad. Cuando se trata de medir la crisis económica, dijo: “la conocemos con nuestros propios cuerpos, con nuestra experiencia vivida”.
Incluso cuando los bombardeos disminuyeron esta primavera, los iraníes se enfrentaron a nuevas humillaciones. Su gobierno continuó con la represión contra la oposición, lo que incluyó una ola de ejecuciones de los manifestantes de enero e incautaciones de propiedades de los disidentes. El mes pasado, unos ciberataques cerraron tres de los principales bancos de Irán, según las autoridades. Millones de iraníes perdieron repentinamente el acceso al poco dinero que tenían.
Para cuando se había resuelto el caos bancario, el país estaba de nuevo en guerra.
Los partidarios del gobierno de Irán argumentan que el país no tiene más remedio que seguir la lucha.
“Todo tiene un precio”, dijo Hossein, quien dirige un negocio en línea desde la ciudad portuaria de Bandar Abbas, la cual ha experimentado un intenso bombardeo estadounidense en la última semana. “Enfrentarnos a Estados Unidos y preservar nuestra independencia es mucho más valioso que convertirse en otro país de la región que simplemente dice que sí a todo lo que Estados Unidos quiere”.
Gran parte de los nuevos enfrentamientos se han concentrado en el sur de Irán. Farideh, de 51 años, ha quedado consternada por los bombardeos estadounidenses que han destrozado vías férreas y derribado puentes en su región, lo que ha dejado a algunos residentes varados durante días.
En la provincia sureña de Hormozgán, los ataques aéreos dejaron fuera de servicio redes eléctricas y una planta desalinizadora de agua, según Hamid Saed Panah, director de la compañía local de distribución de electricidad, y Ahmad Nafisi, vicegobernador de la provincia. Estados Unidos no ha comentado sobre estas afirmaciones.
Algunos residentes del sur dijeron que se habían quedado sin agua corriente y sufrían cortes de electricidad de horas de duración mientras tenían que soportar temperaturas que frecuentemente superan los 48 grados Celsius.
“Ha sido una experiencia extremadamente amarga y estresante, llena de desesperanza sobre el futuro”, dijo Farideh. Le costaba imaginar qué sería de la educación de sus hijos y con qué perspectivas profesionales se quedarían. “Desafortunadamente, nosotros, el pueblo, pagamos el precio de los errores y la terquedad de los gobiernos”.
Los leales a la república islámica acampan todas las noches en las calles de la mayoría de las ciudades, exigiendo que el gobierno continúe con la guerra en lugar de la paz y destrozando los nervios de aquellos iraníes desesperados por que la crisis termine.
“Las cosas se han puesto tan mal que todo el mundo ha perdido la cabeza por completo”, dijo Mohsen, dueño de un negocio en la ciudad central de Isfahán. “Estamos atrapados en el infierno y no hay salvación para nosotros”.
*Por Erika Solomon es la jefa del buró del Times para Irán e Irak. Sanam Mahoozi y Shirin Hakim colaboraron con reportería.
The New York Times, Irán, Estados Unidos
INTERNACIONAL
Biden judge blocking Ethiopian deportations despite SCOTUS ruling clashed with ICE before

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A Biden-appointed federal judge on Friday became the second jurist in Massachusetts to block the Trump administration’s effort to end Temporary Protected Status for migrant groups, fueling a growing clash over whether lower courts are ignoring a recent Supreme Court ruling that narrowed their authority over such decisions.
U.S. District Judge Brian Murphy of the District of Massachusetts issued an administrative stay in African Communities Together v. Mullin, temporarily preserving TPS protections for Ethiopian nationals while the court considers whether plaintiffs may pursue constitutional claims in light of the Supreme Court’s June ruling. In a 6-3 decision in Mullin v. Doe, the Supreme Court significantly narrowed lower courts’ authority to block DHS decisions designating or terminating TPS.
Murphy’s ruling drew a swift response from DHS General Counsel James Percival, who accused him of «mutiny» against the Supreme Court and revived criticism of the judge’s May 2025 order halting a deportation flight to South Sudan. DHS blamed Murphy for leaving ICE officers stranded at a U.S. military base in Djibouti, where officials said they faced malaria exposure and the threat of rocket attacks from terrorist groups in neighboring Yemen.
U.S. District Judge Brian Murphy has temporarily blocked key Trump administration decisions to terminate Temporary Protected Status (TPS) (United States Senate Committee on the Judiciary/ REUTERS/Nathan Howard)
SUPREME COURT’S LATEST IMMIGRATION RULING WILL CAUSE AMERICANS TO ‘DIE AND SUFFER’ ATTORNEY WARNS
«Remember when that district judge rerouted a plane with child rapists headed for South Sudan? The judge made ICE land in Djibouti to face Malaria and terrorist rocket attacks from Yemen,» Percival wrote on X. «Fun fact: it was the very same Judge Brian Murphy who entered a lawless TPS order today!»
Murphy’s Friday order comes amid a months-long legal fight over the Trump administration’s effort to end Ethiopia’s TPS designation.
The litigation began after then-Department of Homeland Security Secretary Kristi Noem determined in December 2025 that conditions in Ethiopia no longer justified Temporary Protected Status and announced the designation would terminate. Under the department’s notice, Ethiopia’s TPS designation was set to expire after a 60-day wind-down period, with protections ending on Feb. 13, 2026, before Judge Brian Murphy intervened.
SUPREME COURT WEIGHS TRUMP EFFORT TO TERMINATE TEMPORARY PROTECTIONS FOR HAITIAN, SYRIAN MIGRANTS

U.S. President Donald Trump takes questions from the media during a bilateral meeting with President of Lebanon Joseph Aoun in the Oval Office of the White House on July 21, 2026 in Washington, DC. U.S. District Court Judge Patti Saris attends the opening ceremony for the Justice Stephen G. Breyer Community Learning Center on Courts and the Constitution at the federal courthouse in Boston, Massachusetts, U.S., March 25, 2025. (Kevin Dietsch/Getty Images; Brian Snyder/Reuters)
Earlier this year, Murphy sided with the challengers, granting their motion to postpone DHS’s termination of Ethiopia’s TPS designation after finding they were likely to succeed on claims that the department failed to follow the procedures Congress established for ending TPS.
But litigation was upended on June 25 after the Supreme Court ruled in Mullin v. Doe that lower courts generally cannot hear Administrative Procedure Act challenges to DHS decisions designating or terminating TPS. Since the Administrative Procedure Act formed the legal backbone of the plaintiffs’ challenge, the Trump administration argued Murphy’s injunction had been undermined and should be lifted.
However, the Supreme Court left open whether constitutional claims could still proceed, leading the plaintiffs to revise their complaint to focus on those arguments.
BLUE STATE LEADERS ERUPT AFTER SUPREME COURT’S DECISION ENDING TPS PROTECTIONS FOR HAITIANS, SYRIANS
Murphy’s ruling comes just hours after another judge in the District of Massachusetts, Senior U.S. District Judge Patti Saris, temporarily halted the Trump administration’s effort to terminate TPS for South Sudan. Saris issued an administrative stay preserving protections while she considers whether plaintiffs may amend their lawsuit following the Supreme Court’s ruling. Like the Ethiopia case, the South Sudan challenge was brought by African Communities Together along with individual TPS holders.
Saris said her order was simply meant to temporarily maintain the status quo while the court considers the case and was «not a ruling on the merits.»

A U.S. Department Of Homeland Security and U.S. Customs and Border Protection sign is displayed at the U.S. Customs and Border Protection Headquarters on May 18, 2025 in Washington, DC. (Kevin Carter/Getty Images)
The tandem rulings have led to calls for the Trump administration to ignore the lower courts’ ruling.
«These Democrat operatives in robes do not have the power to do this,» Mike Davis, a conservative legal activist and founder of the Article III Project, wrote on X. «The Supreme Court just made that crystal clear. So it’s time to ignore these clearly lawless orders.»
«These puny little district court judges have been overruled so many times by the supreme court, especially on immigration, I think it’s time for the president to take his constitutional oath seriously, and ignore them,» Ann Coulter, a conservative political commentator wrote on X.
Murphy has repeatedly clashed with the Supreme Court over the Trump administration’s immigration policies, with the justices twice siding with the administration in its challenge to his orders restricting deportations of illegal aliens to countries that are not their homelands.
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The Biden administration first granted Ethiopians Temporary Protected Status in 2022, declaring that war and a worsening humanitarian crisis had made it unsafe to return them to their home country. Then-DHS Secretary Alejandro Mayorkas pointed to ongoing armed conflict, widespread violence, human rights abuses, food insecurity, among the many reason as the basis for the designation. The protections took effect on Dec. 12, 2022, and were later extended through Dec. 12, 2025. DHS estimated approximately 26,700 Ethiopian nationals living in the United States could qualify for TPS.
Fox News Digital reached out to African Communities Together for comment.
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INTERNACIONAL
República Dominicana estrena su medallero en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 con plata en remo

La delegación de República Dominicana inauguró su medallero en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 al conquistar la medalla de plata en la prueba masculina de doble par de remos cortos ligero, gracias a la actuación de Carlos Rodríguez e Ignacio Vásquez.
La cita deportiva regional celebró su primera jornada de competencias oficiales en el Centro de Remo y Canotaje de la Presa de Rincón, en la provincia Monseñor Nouel, municipio Bonao. De acuerdo con el Comité Olímpico del país caribeño, la dupla dominicana finalizó en la segunda posición, solo superada por el bote venezolano integrado por José Guipe y César Amaris, que se quedó con el oro.
El bronce fue para México, representado por Rafael Mejía y Roberto Ahumada. La actuación de Rodríguez y Vásquez permitió a la delegación anfitriona subir por primera vez al podio y abrir oficialmente su cuenta de medallas en la justa regional, lo que fue destacado como un paso simbólico para el país caribeño.
La plata obtenida en el remo representa no solo un logro deportivo para República Dominicana, sino también un estímulo para el resto de la delegación anfitriona, llamada a protagonizar más actuaciones destacadas en las próximas jornadas del evento regional.

La ceremonia de apertura, realizada la noche de ayer, 24 de julio, dejó imágenes imborrables para el deporte dominicano. Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando Félix Sánchez, doble campeón olímpico y referente del atletismo nacional, recibió la antorcha de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
El exatleta fue ovacionado por los presentes mientras portaba el símbolo de la competencia continental, y no pudo contener las lágrimas de alegría al recorrer parte del trayecto oficial del fuego deportivo.
Las imágenes del histórico deportista dominicano, visiblemente conmovido, circularon ampliamente en plataformas digitales y generaron muestras de respaldo de parte del público y las glorias del atletismo nacional. La emoción de Sánchez resumió el entusiasmo que despierta la organización del evento en territorio dominicano y la importancia de la cita para la identidad deportiva del país.
La organización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 implementó un amplio operativo de seguridad para garantizar el normal desarrollo de las competiciones y la tranquilidad de atletas, delegaciones y espectadores.
Más de 500 policías han sido desplegados en las distintas sedes, según confirmó la propia organización y entidad policial. Además, las autoridades locales indicaron que la presencia policial cubre tanto los escenarios deportivos como las áreas de alojamiento, transporte y espacios públicos vinculados al evento.
Esta medida busca evitar incidentes y asegurar que la cita regional se desarrolle en un ambiente seguro, con protocolos diseñados para responder a eventuales emergencias y situaciones imprevistas. La seguridad se ha convertido en uno de los ejes prioritarios para los organizadores, que esperan una afluencia constante de público durante los días de competencia.
La cita multideportiva reúne a delegaciones de más de 20 países, con la expectativa de jornadas de alto nivel competitivo y momentos de gran significado para atletas y aficionados. El operativo de seguridad y la organización de los escenarios deportivos forman parte de los factores que buscan consolidar a la capital dominicana como un referente para eventos regionales de esta magnitud.
La medalla de plata obtenida por República Dominicana marca el inicio de la participación nacional en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, en una jornada en la que el deporte, la emoción y la seguridad se convirtieron en protagonistas.
INTERNACIONAL
Alejandro Brullo, bombero que ayudó en Venezuela: «Se vuelve con las lágrimas en la mano, pero también con más experiencia y con la responsabilidad de que otros estén mejor preparados»

La televisión había mostrado el caos. Las imágenes recorrían el mundo desde hacía días y ninguno de los brigadistas ignoraba la dimensión de la tragedia. Sabían adónde iban. Sin embargo, cuando finalmente llegaron a la zona del desastre, entendieron que ninguna transmisión alcanzaba para explicar lo que encontrarían en La Guaira.
“Eran kilómetros y kilómetros y kilómetros de escombros”, dice a TN el comandante general Alejandro Brullo, director de Operaciones de la Federación Santafesina de Asociaciones de Bomberos Voluntarios.
Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte venezolano el 24 de junio y tuvieron su impacto más destructivo en el estado de La Guaira. El último balance oficial informó 3889 muertos, casi 17.000 heridos y 190 edificios colapsados.
Además, 6462 víctimas fueron rescatadas con vida y decenas de miles de familias necesitaron asistencia. En medio de esa devastación, equipos especializados de distintos países viajaron para colaborar en los operativos de búsqueda, entre ellos brigadistas argentinos. Los bomberos voluntarios de Santa Fe trabajando en pleno edificio derrumbado en La Guaira. (Foto: Prensa USAR)
Brullo fue el responsable de la delegación santafesina, integrada por 40 bomberos voluntarios pertenecientes a cuarteles de toda la provincia. Viajaron como parte de la brigada USAR ARG-15 para relevar a los primeros grupos argentinos desplegados en la emergencia.
No llevaron únicamente cascos, herramientas y uniformes: trasladaron más de seis toneladas de equipamiento técnico, además de alimentos, agua potable, insumos médicos y todo lo necesario para mantenerse de manera autosuficiente durante al menos una semana.
La notificación había llegado poco después de conocerse la magnitud de la catástrofe: en seis horas, los convocados debían presentarse en la sede de la Federación con la documentación y el equipamiento personal listo. Entre ellos estaba el cabo Alberto Ullua, integrante de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Correa. Había un problema: no tenía pasaporte.

Alejandro Brullo, director de Operaciones de la Federación Santafesina de Asociaciones de Bomberos Voluntarios. (Foto: TN/Agustina Ribó)
Mientras sus compañeros se preparaban para viajar, inició un trámite urgente y quedó a la espera de saber si alcanzaría a formar parte del grupo. “Me hicieron sufrir hasta último momento. Cuando me llamaron para integrar los 40, fue como la convocatoria de Scaloni. Me importaba muchísimo poder estar ahí para ayudar”, cuenta.
Detrás de esa anécdota había una decisión más profunda. Ullua trabaja en una empresa de agroquímicos de su localidad y, como tantos bomberos voluntarios, tuvo que detener su vida cotidiana para responder a la emergencia. Algunos de sus compañeros pidieron vacaciones; otros intercambiaron guardias o necesitaron que alguien ocupara su puesto laboral. Él ya no tenía días disponibles. “Dije: ‘Me voy’. Por suerte, mi jefe me acompañó y otra persona tuvo que ponerse mi camiseta en el trabajo para cubrir el lugar que yo dejaba”, relata.
Al aterrizar en Venezuela, la ansiedad tuvo que transformarse rápidamente en disciplina. Había que descargar las herramientas, trasladarlas hasta La Guaira y montar una base segura desde la cual sostener un operativo que no se detenía. Los equipos trabajaban durante las 24 horas, divididos en turnos.

Cada intervención requería evaluar el riesgo de nuevos derrumbes antes de avanzar sobre las estructuras destruidas. (Foto: Prensa USAR)
Mientras algunos ingresaban en las estructuras derrumbadas, otros descansaban, preparaban alimentos, controlaban los generadores, revisaban las comunicaciones o acondicionaban las herramientas. Dormir también era una dificultad: durante el día, el calor volvía sofocantes las carpas; por la noche, la lluvia y el viento golpeaban el campamento.
Los primeros días, Ullua permaneció concentrado en la logística. Había que garantizar combustible, luz, comida y agua para todos. Cuando la base quedó organizada, comenzó a sumarse a los grupos que trabajaban sobre los edificios.
La remoción de escombros no consistía simplemente en levantar piedras. Cada fragmento podía sostener otro, cada movimiento podía modificar la estabilidad de toda la estructura y las réplicas agregaban un peligro permanente. “Es como un rompecabezas: tenés que evaluar qué mover y qué no, porque todo cambia mientras trabajás”, describe el bombero.
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A pocos metros de los brigadistas, las familias esperaban. No siempre sabían si la persona que buscaban estaba debajo de los restos, si había sido trasladada a un hospital o si permanecía desaparecida en otro punto de la ciudad. Esperaban una voz, un objeto, una señal mínima. “Se quedaban ahí, al costado de los escombros, aguardando alguna noticia. Eso te obliga a dar todo, a intentar devolverles todo lo que sea posible”, dice Brullo.
En uno de los tantos edificios derrumbados, una pareja esperaba encontrar a sus hijos. Cuando los bomberos llegaron, los padres estaban rezando ante el montículo de piedras. Se apartaron para dejar trabajar a la brigada, pero permanecieron cerca, observando cada movimiento y cada objeto que aparecía.
En la misma estructura, la hija del propietario buscaba alguna pertenencia de su padre. Ellos brindaban información sobre la distribución de los departamentos, los muebles y los lugares donde sus seres queridos podían haber quedado atrapados. Los equipos de búsqueda técnica y los perros marcaban los sectores prioritarios; después comenzaba una tarea lenta, física y precisa. Alberto Ullua, integrante de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Correa. (Foto: TN/Agustina Ribó)
“Había calles donde manzanas enteras eran solamente escombros. Yo miraba y pensaba en la cantidad de posibilidades de vida que podía haber abajo”, recuerda Ullua. Sin embargo, asegura que ningún brigadista deja de creer. “La esperanza de encontrar a alguien con vida es la misma desde que salís de tu casa hasta que volvés. No hay un momento en el que decís: ‘Acá ya no queda esperanza’. Se trabaja hasta el último instante que determina el operativo”.
Esa esperanza sostuvo búsquedas extraordinarias. En La Guaira, los rescatistas llegaron a ordenar silencio absoluto alrededor de edificios colapsados para intentar detectar voces, vibraciones o señales de celulares. Equipos argentinos trabajaron junto con especialistas venezolanos, franceses y mexicanos. En algunos casos, los llamados de los familiares permitieron escuchar respuestas debajo de las estructuras y reactivar maniobras que estaban a punto de suspenderse.
En medio del dolor, los bomberos argentinos también encontraron una solidaridad que todavía los conmueve. Personas que habían perdido a los suyos se acercaban para ofrecerles el agua que guardaban para atravesar la tarde.
Otros trabajaban a su lado, removiendo restos de los mismos edificios donde buscaban a familiares y amigos. “Después de todo lo que habían vivido, verlos laburar a la par nuestra nos daba más fuerza. Era un impulso para seguir hasta completar el último minuto del turno”, señala Ullua.
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Un día, mientras la brigada viajaba en colectivo, el chofer detuvo el vehículo. Se levantó, pidió la palabra y les agradeció por haber viajado hasta su país. Él también había sufrido pérdidas materiales y llevaba el cansancio de la tragedia en el cuerpo, pero se encontraba trabajando para trasladar a quienes necesitaban ayuda. Hubo silencio. Después, lágrimas. “Nos dijo unas palabras muy lindas. Era una persona golpeada por todo lo que había pasado y, aun así, estaba a disposición de los demás”, recuerda Ullua.
En otro momento, el bombero intercambió una remera de su cuartel de Correa por un parche de los bomberos venezolanos. La tela y el escudo regresaron a la Argentina; los abrazos quedaron en aquel lugar, ya difícil de nombrar.
Brullo dice que los bomberos conocen las técnicas para actuar en emergencias, pero eso no los vuelve inmunes. “Las cosas nos pasan de la misma manera que a cualquier persona. Tal vez aprendimos a lidiar un poco mejor con ellas, pero sentimos exactamente lo mismo. Los bomberos lloran, se ríen y necesitan a su familia”, afirma el líder del equipo.

Los bomberos voluntarios argentinos formaron parte del operativo internacional desplegado tras los terremotos que devastaron La Guaira. (Foto: Prensa USAR)
Durante la misión, intentaba enviar mensajes cotidianos para tranquilizar a sus hijas. En lugar de contarles qué edificio inspeccionaba o qué riesgos enfrentaba, escribía algo simple: “Hoy probé las arepas”. Era una manera de decirles que seguía bien.
Su familia conoce esa espera desde hace generaciones. Su abuelo y su padre fueron bomberos; sus hijas, su hermana, sus sobrinos y otros integrantes de la familia están vinculados al cuartel. Aun así, la costumbre no elimina el miedo. “Estoy seguro de que al menos una de mis hijas no quería que viajara. La familia se preocupa muchísimo. Sin ese acompañamiento, esta carrera se hace muy cuesta arriba”, reconoce.
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Cuando la delegación regresó a Santa Fe, Brullo pronunció una frase breve frente a sus compañeros y dirigentes: “Fuimos 40 y volvimos 40”. Habían viajado 40 santafesinos y los 40 regresaron sin complicaciones. Detrás de esas palabras había alivio, orgullo y una responsabilidad cumplida.
A un mes de los terremotos, Venezuela continúa intentando reconstruir las ciudades que huelen a muerte y alojar a miles de personas que perdieron sus hogares y no tienen dónde ir.
Para los bomberos argentinos, la misión tampoco terminó al aterrizar. Ahora deben transmitir lo aprendido, revisar procedimientos, fortalecer la preparación y trabajar sobre las marcas emocionales que dejó el operativo.
“No se vuelve siendo el mismo”, reflexiona Ullua. “Se vuelve con las lágrimas en la mano, pero también con más experiencia y con la responsabilidad de volcarla en los cuarteles para que otros estén mejor preparados”.
bomberos voluntarios, Santa Fe, Venezuela, Sumario
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