ECONOMIA
Baja de retenciones al agro: cuánto menos recaudará el Estado y cuánto ganará el productor

En un año que promete ser histórico para el campo, Javier Milei sorprendió al sector agropecuario con un anuncio inesperado. Durante el aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires adelantó que el Gobierno bajaría las retenciones al trigo y la cebada del 7,5% al 5,5% desde junio.
La medida, que fue bien recibida por el sector, llega en plena definición de siembra y podría otorgar mayor previsibilidad a los productores. De cara a la campaña en curso, la medida tendrá un costo fiscal que la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) estimó en USD 29 millones. En tanto, en el cálculo anual, una estimación de la Fundación Mediterránea ubica la menor recaudación de 2027 entre USD 390 y USD 690 millones, equivalente a entre 0,06% y 0,10% del PIB. “El costo luce manejable si se sostiene el orden fiscal y parte se compensa con mayor actividad económica”, resalta el informe.
Ese impacto sobre las cuentas públicas surge de un universo ya acotado de exportaciones pendientes, una de las principales críticas del sector sobre el timing del anuncio. La Dirección de Información y Estudios Económicos de la BCR precisó que en trigo resta vender 5,3 millones de toneladas de las 19 millones estimadas del ciclo y en cebada quedan 500.000 toneladas de la variedad cervecera y 200.000 toneladas de la forrajera. Igualmente, “el anuncio de menores DEX para trigo y cebada ofrece alivio a los márgenes agrícolas, apuntalando decisiones de siembra e inversión de cara a la nueva campaña”, sostuvo la entidad.
El presidente de la Cámara de Aceiteros (CIARA-CEC), Gustavo Idígoras, valoró la baja de retenciones como “una clara señal de la decisión del Gobierno de ir cumpliendo con su objetivo de bajar paulatina y progresivamente los derechos de exportación”. Destacó la publicación de un cronograma para la reducción de retenciones, un reclamo histórico del sector, y consideró que “disipa cualquier incertidumbre en el mercado de granos, tanto en materia de decisiones de siembra como de comercialización y exportación, porque establece durante todo 2026, 2027 y 2028 las condiciones de los derechos de exportación”, señaló el ejecutivo a Infobae.
Con esos saldos remanentes y tomando los precios FOB promedio de junio a noviembre de este año, el costo fiscal asciende a USD 26,2 millones para el trigo y a USD 3,3 millones para la cebada, de acuerdo con el mismo informe. Si la rebaja impulsara mayores ventas externas y las exportaciones trigueras 2025/26 subieran a 20 millones de toneladas, ese costo se reduciría a USD 12,7 millones para ese cereal.
La decisión oficial llega en un contexto de fuerte encarecimiento de insumos para la siembra de granos. Según la Dirección de Información y Estudios Económicos, la suba de combustibles y fertilizantes tras el conflicto armado en Medio Oriente llevó la relación urea/trigo al valor más alto de la historia.
Gustavo Idígoras valoró la baja de retenciones anunciada por el Gobierno y detallada por el ministro de Economía como “una clara señal de la decisión del Gobierno de ir cumpliendo con su objetivo de ir bajando paulatina y progresivamente los derechos de exportación”. Destacó la publicación de un cronograma para la reducción de retenciones, un reclamo histórico del sector, y consideró que “disipa cualquier incertidumbre en el mercado de granos, tanto en materia de decisiones de siembra como de comercialización y exportación, porque establece durante todo el 2026, 2027 y 2028 las condiciones de los derechos de exportación”. “Celebramos esta medida, esta decisión y seguramente en estos días estaremos intercambiando ideas y opiniones con el Ministerio de Economía para que el decreto esté redactado de tal manera que se pueda entender correctamente por el mercado”, señaló Idígoras.
El efecto más inmediato de la baja de derechos de exportación aparece en el precio que puede convalidar la demanda. Según la BCR, en el caso del trigo la medida elevaría la capacidad teórica de pago entre 2,2% y 2,3% según la posición comercial, con una mejora de entre USD 4,8 y USD 4,9 dólares por tonelada en el FAS teórico.
Ese alivio llega cuando la campaña ya empezó. Según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, al 21 de mayo la siembra de trigo avanzaba sobre el 3% del área de intención y la de cebada sobre el 6%; en este último cultivo, casi el 92% de la producción se concentra en la provincia de Buenos Aires.
En trigo, la implantación muestra una distribución más amplia. Según la SAGyP, el norte argentino y la provincia de Entre Ríos encabezaban el avance de labores, con una cobertura promedio del 30% de la superficie a implantar.
La presión de costos había deteriorado la rentabilidad esperada aún en zonas relativamente cercanas a los puertos. A precios actuales, fertilizantes y fletes explicaban juntos el 54% de los costos de producción del trigo para un campo modelo ubicado a 150 kilómetros del puerto de Rosario, según estimaciones de GEA-BCR.
Con esa estructura de costos, el margen neto en campo propio quedaba en USD 94 por hectárea y se convertía en una pérdida de USD 103 por hectárea en campo alquilado, de acuerdo con GEA-BCR. El costo del flete, además, crece a medida que la producción se aleja de los núcleos de consumo.
Milei también confirmó que desde enero de 2027, y de forma paulatina, las retenciones a la soja bajarán entre 0,25% y 0,5% por mes (actualmente en 24%). “Será de manera continuada hasta el año 2028 si nosotros reelegimos”, declaró.
El Presidente agregó que también bajarán retenciones para la industria automotriz, la petroquímica y maquinarias. Desde el sector hubo una recepción favorable, en un escenario en el que las entidades vienen reclamando la eliminación total de esos tributos.
En la industria sostienen que un esquema de retenciones en descenso, incentivaría a los productores a postergar la venta de soja a la espera de alícuotas sucesivamente menores. Ese comportamiento podría impactar el ritmo de liquidación y el flujo de divisas por las ventas externas del principal complejo exportador del país. Un efecto opuesto al registrado en septiembre de 2025, cuando el cupo de USD 7.000 millones con retenciones cero que dispuesto el Gobierno se agotó en solo tres días por la aceleración de ventas ante una ventana fiscal temporal, en un contexto de alta demanda de dólares previo a las elecciones legislativas.
El trasfondo fiscal ayuda a explicar por qué el Gobierno había frenado medidas de mayor costo en los últimos meses, pese a los repetidos pedidos del campo. En los últimos meses, la recaudación cayó con fuerza en términos reales y la administración mantiene como prioridad el déficit cero y la desaceleración de la inflación.
La baja de retenciones se conoció mientras la agroindustria exhibe una mejora en el frente externo. Según el informe mensual de exportaciones por complejos presentado por el Consejo Agroindustrial Argentino, entre enero y abril de 2026 las exportaciones agroindustriales alcanzaron USD 16.804 millones, un alza de 16,2% frente al mismo período de 2025.

Ese incremento equivale a un ingreso adicional de USD 2.337 millones para el país en lo que va del año, según el CAA. Solo en abril de 2026, el sector registró despachos por USD 4.542 millones, USD 650 millones más que en abril del año anterior.
El mismo informe ubicó a los complejos de girasol, trigo y carne más cuero vacuno entre los de mayor aporte al crecimiento neto de divisas. En términos de dinamismo relativo, los mayores avances porcentuales correspondieron a porcino, girasol y legumbres, mientras que soja, manisero y avícola mostraron variaciones negativas o menor impulso.
En paralelo, el Gobierno vinculó su anuncio con el buen desempeño productivo de la campaña agrícola 2025/2026. De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca difundidos por el ministro de Economía Luis Caputo en su cuenta de X, los seis principales cultivos sumaron 163,2 millones de toneladas, 21,25% más que en el ciclo anterior.
Según esos datos oficiales, la soja produjo 49,9 millones de toneladas con un rendimiento promedio de 30,6 quintales por hectárea, mientras que el maíz alcanzó 70 millones de toneladas, el mayor volumen en dos décadas, con 72 quintales por hectárea. El trigo aportó 27,9 millones de toneladas, máximo histórico de la serie estadística nacional; la cebada sumó 5,6 millones, el girasol 7,4 millones y el sorgo 2,4 millones de toneladas.
South America / Central America
ECONOMIA
La Argentina resistió la turbulencia global, pero el mercado espera dos datos clave que definirán el ánimo de los inversores

Si el inversor observara solo el mercado interno, diría, y con razón, que la de ayer fue una rueda regular. Pero si posa su mirada sobre el escenario internacional, la opinión cambiaría y sentenciaría que “la Argentina sobrevivió al derrumbe”.
Las cifras más temidas llegaron. La tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos se aproximaron a 4,80% y el petróleo está a centavos de alcanzar los USD 100 dólares por barril. Los analistas, indecisos, definieron una opinión: es casi inminente una suba de las tasas de interés en la reunión de la semana próxima de la Reserva Federal.
Matías Togni, experto de la consultora petrolera NextBarrel, aportó un dato clave. “El petróleo en 100 dólares tiene un responsable: China. Así como en lo más complicado de la crisis salvó al mundo recortando la importación de crudo a casi la mitad, desde julio se vio un proceso de normalización y de a poco va incrementando sus compras. El mercado estaba balanceado con China importando 7 millones de barriles diarios, con 9 millones como está proyectado ya se empieza a tensionar.
“Tanto China como India están empezando a comprar por todo el mundo, incluido la Argentina que va a despachar 3 barcos al gigante asiático por primera vez. Si bien los flujos que salen por el estrecho mejoraron, en el mercado faltan barriles rusos y sobre todo iraníes y esto es lo que está empujando a China a ser más proactivo”, explicó el especialista.

El dato que acrecentó los temores en los mercados fue la decisión de Canadá de imponer, en represalia, aranceles del 50% a productos lácteos, acero y madera de Estados Unidos, que representan importaciones por 20.000 millones de dólares.
Entre tanto, Irán y Omán negocian qué tarifa cobrarán y a quiénes permitirán atravesar el estrecho de Ormuz. La medida refuerza la percepción de que la guerra en Medio Oriente continúa y podría escalar.
En ese contexto, los inversores se desprendieron de acciones y los tres principales índices de Wall Street cayeron hasta 1,17%, en línea con las bajas de las bolsas europeas.
Más pronunciada fue la caída de los bonos soberanos. La baja de sus precios elevó los rendimientos, una señal de que los inversores redujeron su demanda de activos tradicionalmente considerados refugio en períodos de crisis. Los bonos alemanes y españoles rindieron más de 3,3%; los franceses, 4,23%; los italianos, 4,28%, y los japoneses, 2,90 por ciento.
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Que los bonos argentinos rindan entre 8% y 10% no desentona con el escenario global, aun con un riesgo país cercano a los 490 puntos básicos. Ayer mostraron variaciones neutras, un desempeño que en el mercado se interpretó como favorable frente a la evolución de los bonos de la región y del resto del mundo. Llama la atención que, en medio del debate económico por la caída del consumo y la falta de reactivación en la Argentina, el Gobierno no mencione el contexto internacional entre los factores que dificultan una mayor desaceleración de la inflación.
La adversidad estuvo en los datos de la construcción que cayó 4,6% mensual y 4,9% interanual. La obra pública sigue ausente y se refleja en los indicadores. Por caso, el asfalto bajó 23,1 por ciento.
Por el contrario, la inflación de agosto en CABA fue una buena noticia al arrojar 1,7%, una desaceleración relevante respecto al 2,9% de julio. Sin embargo, la inflación subyacente o core, que no tiene en cuenta a los precios estacionales ni regulados, se ubicó en 2,1%, lo que puede ser un mal augurio para septiembre.
Según el informe de la consultora F2 que dirige Andrés Reschini, “los datos del Indec para la industria y construcción pueden generar que el mercado se mantenga cauteloso. Brasil sigue en modo electoral y por estos días acompaña positivamente con el real apreciándose. El mercado no muestra preocupaciones por el tipo de cambio de momento, pero sigue de cerca el pulso de la actividad y apoyo social”.
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Volviendo al mundo, el dólar cayó frente a las seis principales monedas, pero no influyó en la plaza local. En el Mercado Libre de Cambios (MLC) se negociaron 393 millones de dólares. El Banco Central, que estuvo ausente el lunes por el feriado de Estados Unidos, compró 20 millones de dólares.
A la vez, el dólar mayorista subió 50 centavos a 1.512 pesos. En la plaza financiera, el MEP se mantuvo en $1.527 y el contado con liquidación (CCL), tras no haber operado la rueda previa por el feriado norteamericano, subió $22 (+1,4%) a 1.591 pesos. El “blue” cerró en $1.545, sin cambios.
Según F2 “en BYMA los soberanos dollar linked (t+1) registraron un volumen negociado de USD 124 millones (VN) creciendo por segunda rueda consecutiva, pero sin saltos de magnitud lo que junto con un avance relativamente lento en el interés abierto en futuros respaldan la hipótesis de un mercado que no tiene entre sus mayores preocupaciones el riesgo del tipo de cambio”.
La Bolsa tuvo una rueda positiva y el Merval de las acciones líderes aumentó 1,4 por ciento. YPF respondió con una suba de 1,1% al avance del petróleo.
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En el overnite, las bolsas de Nueva York mostraban anoche una leve recuperación, aunque sin una tendencia definida: las subas no superaban el 0,05 por ciento. El oro extendía su caída, con una baja superior al 1%, mientras que el petróleo avanzaba hasta USD 99,50 y se acercaba al umbral de 100 dólares.
Esta semana habrá datos clave. El informe de Federico Filippini, jefe de Research de Adcap Grupo Financiero, advirtió que “estará marcada principalmente por la inflación y la licitación del Tesoro. El REM de agosto reforzó la visión de que la inflación se está estabilizando más cerca del 1,7% que del 2%, un escenario que también se refleja en los breakevens y en indicadores de alta frecuencia más favorables. Luego, la atención se trasladará a la licitación del Tesoro del viernes, con vencimientos por $8,1 billones”.
“Con las curvas en pesos todavía frágiles, el Tesoro enfrenta un delicado equilibrio entre mantener los niveles de rollover y evitar una nueva presión sobre la liquidez y los bonos de mayor duración. Mientras tanto, las condiciones de financiamiento se estabilizaron, con la caución a un día entrando en un régimen de menor volatilidad, mientras el BCRA parece cada vez más dispuesto a tolerar una mayor flexibilidad cambiaria a cambio de una liquidez en pesos más estable”, concluyó Filippini.
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ECONOMIA
Horacio Liendo: «Este sistema cambiario es para la escasez, para la vieja Argentina»

“¿De qué se tendría que ocupar el Banco Central? Solo de la política monetaria del peso, como la Reserva Federal»

“La reforma de la Carta Orgánica me parece un poco timorata. Está bien y va en la buena dirección, pero tiene algunas cuestiones negativas”
No hay que crear argendólares. Hay que establecer un encaje del 100% para los depósitos en dólares en la Argentina
“Si mantengo el régimen actual que tiene la Argentina, los depósitos en dólares pueden ser pesificados y eso es constitucional. Tenemos que salir de ese régimen”
ECONOMIA
Los sectores “perdedores” del modelo no encuentran un piso y se complica la reactivación de la economía

Los brotes verdes que se esperaban para los sectores más rezagados siguen sin aparecer. Los datos de julio de industria y construcción resultaron preocupantes no solo porque siguen retrocediendo, sino además se aceleró la velocidad de la caída.
El resultado es que la fuerte mejora de los sectores más dinámicos como agro, energía y minería ya no resultan suficientes para sostener el proceso de crecimiento. Por eso, en la última estimación de los analistas consultados por el Banco Central en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) surgió un recálculo a la baja para el PBI, que solo crecería 2,1% este año. Hace apenas un par de meses, el FMI insistía con una expansión del orden del 3,5% y muchos economistas aseguraban que no bajaría del 3 por ciento.
El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) cayó 4,9% interanual en julio, mientras que en la medición desestacionalizada mostró una baja de 5% respecto de junio, siempre de acuerdo a la medición del Indec. De esta manera, la industria acumuló una contracción de 2,6% en los primeros siete meses del año.
El retroceso tuvo un alcance amplio: 12 de las 16 divisiones industriales relevadas registraron bajas interanuales. Entre las ramas más afectadas, se destacaron otros equipos, aparatos e instrumentos; maquinaria y equipo; prendas de vestir, cuero y calzado; y productos textiles.
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La construcción tampoco pudo sostener el ritmo de recuperación. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró una caída de 4,5% interanual en julio y de 4,6% frente a junio, en términos desestacionalizados. La tendencia-ciclo también mostró una baja mensual, de 1,1 por ciento.
A diferencia de la industria, la construcción todavía presenta un saldo positivo en el acumulado del año: entre enero y julio registra un crecimiento de 1,7% interanual. Sin embargo, el resultado de julio marca un freno significativo y vuelve a plantear dudas sobre la capacidad del sector para consolidar la recuperación.
En conjunto, los números muestran que la recuperación de la actividad perdió fuerza durante julio. La combinación de una industria que profundiza su contracción y una construcción que vuelve a caer configura una señal de alerta para el nivel de actividad del segundo semestre.
El dato de agosto será clave para determinar si el retroceso de julio fue un traspié puntual o si, por el contrario, refleja un proceso de enfriamiento más persistente.
Un informe elaborado por el economista Diego Coatz, ex director de la UIA y ahora al frente de su nueva consultora I+D (Industria+Desarrollo), señaló que el serrucho a la baja es “la nueva normalidad en una economía estructuralmente estancada“.
Entre los motivos de la debilidad del sector, indicó que las empresas “enfrentan tasas reales positivas para financiarse, mientras sus precios siguen aumentando por debajo de sus costos (1,7% en precios industriales vs. 3,1% el IPC de servicios)”. En el último año y medio -advirtió- la mora de las empresas industriales se multiplicó por cinco: subió de 0,7% a 3,8%.
En mayo se perdieron 420 empresas industriales. “Si esta dinámica continúa, y con 4.000 industrias en mora, 2026 podría cerrar con unas 3.300 empresas industriales menos: 9 cierres por día. No es una destrucción creativa. Es destrucción y punto”, continuó Coatz.
El especialista en el sector productivo también se refirió a la posibilidad de un derrame de sectores que mejor están hacia los menos favorecidos: “Para convertir energía, minería y agro en empleo de calidad, proveedores locales, tecnología e innovación, hay que liberar a las pymes del torniquete actual e impulsarlas para que se inserten en las cadenas dinámicas y compitan en igualdad de condiciones”.
“Hoy, por ejemplo, el rubro Maquinaria y Equipos está 47,6% por debajo de su máximo, en julio de 2022. Sin eso, Argentina deja de ser un país de clase media: crece sin empleo de calidad, equivalente a paz macro en un cementerio micro”, sumó.
Otro economista referente del sector, Federico Poli, ahora al frente de su consultora Sistémica, también hizo un análisis crudo de la situación de la industria con una descripción dura: “La recuperación económica sigue siendo divergente. Mientras siguen en alza los sectores intensivos en recursos naturales, aquellos vinculados con el mercado interno, el consumo y los intensivos en empleo, mantienen indicadores recesivos”. En ese sentido, se trata de “un modelo que va a contramano de cómo ha funcionado históricamente bien la economía argentina: con un tipo de cambio real competitivo y tasas de interés que favorezcan la producción”, concluyó.
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