ECONOMIA
Bajó el ritmo de compra de reservas por parte del Banco Central: qué había anticipado Caputo para lo que queda del año

Luego de haber cumplido la meta de compra de reservas pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de USD 10.000 millones para este año, la entidad que conduce Santiago Bausili bajó de forma considerable en las últimas semanas su participación ante un cambio de comportamiento de los actores del mercado, ahora más tomadores, y demoras en la liquidación de la cosecha por precios. Lo que siembra dudas respecto al compromiso de acumulación que se fijo con el organismo internacional.
En la tercera semana de junio, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) profundizó la desaceleración de sus compras en el mercado de cambios. El lunes fue feriado, el martes USD 79 millones, el miércoles solo USD 34 millones y el jueves USD 70 millones. Así, el promedio diario semanal hasta ahora se ubicó en 61 millones, lo que extendió la tendencia de la primera semana del mes.
De acuerdo con la consultora Analytica, el ritmo de adquisición de reservas se mantuvo levemente superior en la semana anterior. El BCRA sumó USD 436 millones, con un promedio de USD 87 millones diarios, cuando en abril y mayo el promedio superó los USD 100 millones al día. Por segunda semana consecutiva, las compras quedaron por debajo de la métrica de compras prudenciales que utiliza Analytica, que contempla el volumen operado en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y los vencimientos a tres meses. Según este indicador, la cifra adecuada era de USD 517 millones.
Analytica explicó que el menor ritmo de compras respondió a un mercado de cambios más tomador y a la desaceleración de la liquidación de granos, consecuencia de la caída de los precios internacionales en las últimas semanas. Frente a este escenario, el BCRA encontró menos margen para intervenir, aunque la desaceleración se encuentra dentro de lo previsible para el semestre en curso, por la reducción estacional de la oferta del sector agropecuario.
A pesar de ello, Analytica remarcó, que el tipo de cambio spot finalizó la segunda semana de junio con una baja de 0,8%, tras haber subido 2,3% la segunda semana. Ya brecha con el techo de la banda cambiaria volvió a ampliarse, superando el 24% y alcanzando registros similares a los de fines de mayo.
La baja en el ritmo de compra de reservas por parte del BCRA de las últimas semanas no sorprende, es que el ministro de Economía, Luis Caputo, ya había adelantado que era difícil que se mantenga el nivel de adquisición de dólares del BCRA de los primeros cinco meses del 2026 en lo que resta del año.
Hace semana, durante la presentación ante la Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino Brasileña de la República Argentina (Cambras), el ministro de Economía, Luis Caputo, se refirió al cumplimiento de la meta de reservas y a los escenarios previstos para el resto del año. Caputo explicó ante empresarios y analistas que el único compromiso que asumieron con el FMI es que el BCRA compré USD 10.000 millones durante 2026. “Si pudiéramos mantener ese ritmo, podríamos comprar 24.000 millones de dólares, no es lo que esperamos, seguramente vamos a estar entre 10.000 y 17.000 millones”.
Al cierre del miércoles, tras la compra de USD 34 millones, las reservas internacionales brutas del BCRA se ubican en 47.508 millones de dólares, el nivel más alto en lo que va de gestión de Javier Milei. Y si bien, la autoridad monetaria ya alcanzó la meta de acumulación de reservas fijada con el FMI, el desafío en los meses restantes del año consiste en sostener el flujo de compras y, mediante nuevos mecanismos de financiamiento para pagar los vencimientos de deuda externa, lograr que las reservas que se adquieran queden efectivamente acumuladas.

Es que más allá de la meta de compra de reservas que se fijo con el FMI y que ya se cumplió la clave esta en la de acumulación que para 2026 se fijo en USD 8.000 millones, siendo este el objetivo que siempre le costo cumplir a la Argentina y por el que el organismo concebió tantos waiver -dispensa- en el pasado.
Hasta antes junio, con un ritmo elevado de compra de reservas, si bien el BCRA no logró acumular todo si se quedo con una parte considerable. Según la consultora1816, el BCRA logró sobrecumplir la meta de reservas de junio en unosUSD 2.000 millones después del pago del BPY26 de este lunes. “Las compras del BCRA hacen que la meta 2026 del FMI esté muy bien encaminada. Según nuestros cálculos, el objetivo para fin de junio ya está sobrecumplido en unos USD 2.000 millones y parecen ser muy buenas las perspectivas pensando en la meta de diciembre”, indicó la firma. Lo que en su momento, fue confirmado por el viceministro de Economía, José Luis Daza.
De cara a lo que viene la dinámica de compra de reservas y tipo de cambio serán uno de los ejes centrales del debate económico para el resto del año. El cumplimiento de la meta con el FMI y el margen para sostener la acumulación de reservas se mantiene bajo observación de analistas y actores del sector privado, atentos a la evolución de los flujos comerciales y las políticas de intervención del BCRA.
ECONOMIA
Cómo sigue la economía en el segundo semestre: inflación en baja, dólar algo más picante y mejora gradual del consumo

La primera parte del año está llegando a su fin con un balance mixto para el Gobierno. Por un lado se multiplicó la oferta de dólares, el superávit comercial tocó niveles récord y el Banco Central compró más de USD 10.000 millones en los primeros seis meses. Además, luego de un pico en el arranque de 2026, la inflación empezó a desacelerar con el inicio del segundo trimestre y la disminución continúa.
Pero la alegría no es completa: los estudios de humor social muestran un fuerte malestar de la gente, que no termina de recibir el “derrame” de esa lluvia de dólares ni el impacto favorable de los sectores ganadores. Distintas encuestas muestran que el nivel de aprobación de Javier Milei no supera el 35%, contra una percepción negativa superior al 60 por ciento.
La buena noticia para el Gobierno es que nadie capitaliza el descontento. Los dirigentes peronistas, al menos, se mantienen con un amplio voto negativo. No es casual el crecimiento de Miryam Bregman en las encuestas: se trata de una opción extrema (en este caso, de izquierda) que muchos buscan como opción diferente al abanico que va de libertarios a kirchneristas.
La última semana se conoció un dato que hace crecer las expectativas en el Gobierno. El índice de confianza del consumidor que elabora la Universidad Di Tella con Poliarquía creció más de 6 puntos porcentuales en el arranque de junio. Más relevante aún es que la mejora se dio en especial en el Gran Buenos Aires, donde la recuperación fue de 10 puntos. De todas maneras, en el interior el índice arroja una mejor medición que en los grandes centros urbanos.
Se trata de la segunda mejora consecutiva de esta medición, que coincide con los dos meses de desaceleración inflacionaria luego del pico de 3,4% alcanzado en marzo. Ahora se espera que en junio se produzca una nueva baja pero con un condimento adicional, ya que es muy probable que se perfore el 2% mensual.
Desde mediados del año pasado la suba de precios impactó negativamente en los ingresos, que perdieron alrededor de un 10 por ciento
La disminución de la inflación es el principal argumento del equipo económico para esperar una recuperación del consumo, a partir de la mejora de los salarios en términos reales. Desde mediados del año pasado la suba de precios impactó negativamente en los ingresos, que perdieron alrededor de un 10 por ciento.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Junto a una recuperación de los salarios también debería ayudar la reducción de la tasa de interés y la gradual reaparición del crédito. Si bien la mora se mantiene en niveles muy altos, tiene más que ver con un efecto residual de lo que fue el pico de tasas del año pasado, en medio de la crisis cambiaria previa a las elecciones.
En junio se viene produciendo un cambio de tendencia en relación al tipo de cambio. Por primera vez en el año el dólar apunta a superar a la inflación. La cotización oficial arrancó en $1.430 y el viernes trepó hasta $1.480, un aumento del orden del 3%, contra una inflación que estaría por debajo del 2 por ciento. Esto detiene el proceso de apreciación cambiaria, que acumuló cerca de 10% en los primeros cinco meses del año.
Todo indica que esta tendencia podría mantenerse en los meses que siguen. El dólar dejaría así de atrasarse, un peligro a evitar a medida que se acercan las elecciones.
El BCRA bajó la compra de dólares a menos de la mitad en lo que va de junio en relación al mes anterior para no poner más presión sobre la divisa
El panorama está lejos de ser preocupante para los meses que vienen. El Gobierno está cómodo dejando deslizar el tipo de cambio sin que se produzcan grandes saltos. Por lo pronto, el BCRA bajó la compra de dólares a menos de la mitad en lo que va de junio en relación al mes anterior para no poner más presión sobre la divisa.
Si bien se espera que en el segundo semestre disminuya la oferta de divisas, Argentina está ante un cambio estructural. La famosa “restricción externa” parece haber quedado en la historia y la abundancia de dólares parece ser la nueva normalidad. Esperar que un dólar alto solucione los problemas de los sectores poco productivos ya parece cosa del pasado.

Fernando Marengo, economista jefe de Black Toro, proyectó que el salto de las exportaciones de energía será muy significativo en 2027. “Con un cálculo de barril de USD 64, Argentina exportaría este año unos USD 13.500 millones de petróleo. Para el año que viene, con ese mismo precio estaríamos ya por encima de los USD 20.000 millones”.
El saldo favorable de la balanza energética superó por primera vez los USD 10.000 millones en mayo, lo que habla a las claras de la evolución de un sector que en pocos años generará tantos dólares como el campo.
La pregunta del millón es cuál será el comportamiento del tipo de cambio durante el proceso electoral del año próximo. ¿Será o no necesaria la ayuda una vez más del Tesoro americano? Es difícil responderlo hoy.
Pero si bien es razonable que la demanda de dólares crezca de modo significativo antes de las elecciones, la oferta de divisas también será mucho mayor que la de 2025. Están los dólares de la energía, del campo si se repite la nueva cosecha y todo lo que ingrese por el canal financiero, es decir emisiones de deuda.
En ese sentido, uno de los temas claves que miran los inversores en relación al tercer trimestre es el posible regreso de la Argentina a los mercados de crédito internacional. Daniel Marx, director de Quantum Finanzas, consideró “razonable seguir los pasos de Ecuador, que tiene la misma calificación de Argentina. Esto implica salir al mercado con una colocación de bonos relativamente chica, pero que genere demanda insatisfecha y luego colocar por un monto mayor y tasas más bajas”.
La reducción del riesgo país por debajo de los 450 puntos acerca mucho esta posibilidad. Incluso el Banco Mundial, al confirmar las garantías para que el Gobierno consiga financiamiento más barato, enfatizó que la prioridad es que Argentina recupere el acceso a los mercados.
El 9 de julio se pagará un nuevo vencimiento por USD 4.200 millones de Bonares y es posible que una parte sea reinvertido en más bonos. No es descabellado esperar que el riesgo país baje un nuevo escalón y se acerque a niveles de 350 puntos.
En ese caso, una emisión internacional de deuda permitiría acumular dólares para cubrir los vencimientos del año que viene, que solo con el FMI y los bonistas privados superan los USD 18.000 millones.
No solo el Gobierno busca aceitar la relación con los mercados internacional. También Axel Kicillof va dando de a poco algunos pasos. Luego del viaje a Europa, su ministro de Economía, Pablo López, se reunió con banqueros y fondos de inversión en EEUU y Europa.
La respuesta respecto a una posible candidatura presidencial del gobernador bonaerense fue más bien fría: “Ya estuvo en el gobierno con el kirchnerismo y ya lo conocemos. No es fácil creerle que ahora piensa hacer las cosas diferente”, le dijeron en encuentros que se mantuvieron en estricta reserva En Wall Street.
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ECONOMIA
Lejos de la crisis, pero también de la consolidación

Sin señales de colapso macro, Argentina combina desinflación más lenta, actividad heterogénea y restricciones fiscales. El frente externo aporta estabilidad vía cosecha y superávit comercial, pero faltan reservas netas y más inversión. Con 2026 ordenado y 2027 más exigente, el ciclo electoral condiciona reformas productivas.
La economía continúa transitando un sendero relativamente favorable, aunque todavía enfrenta desafíos coyunturales y estructurales. El escenario actual está lejos de una crisis macroeconómica, pero aún no consolidó un modelo de crecimiento sólido y sostenible.
En el plano internacional, varios factores inciden sobre la coyuntura local:
- El precio del petróleo continúa elevado, lo que beneficia a las exportaciones energéticas argentinas.
- La Reserva Federal mantiene una política monetaria restrictiva y no parece dispuesta a reducir de forma significativa las tasas de interés, una variable clave para los flujos de capital hacia países emergentes.
- Conviene seguir de cerca la creciente competitividad manufacturera de China, que impacta sobre el comercio global mediante precios muy bajos, muchas veces asociados a subsidios estatales.
- La moderación reciente del conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos contribuyó a reducir la volatilidad financiera internacional.
- Las materias primas agrícolas sostienen precios relativamente favorables, aunque todavía lejos de niveles excepcionales.
- En el plano político, las elecciones legislativas estadounidenses podrían debilitar a Trump y generar un escenario menos favorable para Argentina, dada la importancia del apoyo republicano para el gobierno actual.
- En la región, la disputa entre Lula y el espacio de Bolsonaro también merece atención: un eventual triunfo de la centroderecha en Brasil podría modificar el vínculo entre Estados Unidos y Brasil y reducir parcialmente la centralidad política que hoy tiene Argentina.
En el frente doméstico, la economía muestra una dinámica conocida:
- Inflación todavía elevada, crecimiento heterogéneo y fuerte dispersión sectorial. El proceso de desinflación se desaceleró, a pesar del buen dato de abril, y la actividad económica presenta señales mixtas.
- La política monetaria enfrenta, además, un equilibrio delicado: endurecerla podría ayudar a moderar la inflación, pero también afectaría el nivel de actividad.
La economía crecería alrededor de 2,7%, por debajo del 5% proyectado originalmente por el Gobierno. El REM proyecta una economía creciendo cerca del 3% anual en los próximos dos años
Aun así, el año no resulta negativo. La economía crecería alrededor de 2,7%, por debajo del 5% proyectado originalmente por el Gobierno. El REM proyecta una economía creciendo cerca del 3% anual hacia 2027 y 2028.
Marzo mostró buenos datos de actividad según el EMAE, aunque persisten debilidades: consumo masivo frágil, construcción sin despegar e industria con sectores claramente rezagados. El empleo total permanece prácticamente estancado, aunque la tasa de desempleo se mantiene en niveles moderados.
En materia fiscal tampoco aparecen cambios sustanciales. Continúan los reclamos por mayor gasto público en un contexto de caída sostenida de la recaudación tributaria, y no existe margen para una baja significativa de impuestos porque el superávit primario sigue siendo el fundamento del programa económico.
En este marco, la promesa de eliminar retenciones parece responder más a necesidades electorales que a una posibilidad inmediata. Al mismo tiempo, avanzar con mayores recortes de gasto también podría afectar el nivel de actividad. El Fondo Monetario Internacional insiste en ampliar la base tributaria y reformar el monotributo, aunque esas medidas no parecen políticamente viables en el corto plazo.
En el sector externo, el panorama luce relativamente más favorable. La buena cosecha agrícola y el fuerte superávit comercial constituyen uno de los principales pilares de estabilidad del año. Sin embargo, todavía no ingresan con fuerza los dólares asociados al RIGI y la inversión extranjera directa continúa siendo baja.
Aunque persiste un problema: pese a las compras de divisas del Banco Central, las reservas netas siguen prácticamente en cero
El tipo de cambio permanece estable, un factor central desde el punto de vista político y electoral. El REM proyecta un dólar cercano a $1.700 hacia fin de año, aunque persiste un problema: pese a las compras de divisas del Banco Central, las reservas netas siguen prácticamente en cero.
En el plano financiero, el oficialismo continúa mostrando capacidad de gestión. El frente financiero de 2026 aparece relativamente ordenado, aunque 2027 presenta un perfil de vencimientos mucho más exigente. En este contexto, sigue siendo difícil reducir el riesgo país por debajo de los 400 puntos básicos. Sobre este indicador pesan el temor a un eventual triunfo opositor, la falta de reservas netas, la debilidad de la actividad y el historial argentino de defaults recurrentes.
Finalmente, uno de los mayores desafíos sigue siendo la reconfiguración productiva de la economía. Existe el riesgo de avanzar hacia un modelo excesivamente concentrado en recursos naturales. Como señalan diversos especialistas, Argentina todavía exporta muy poco en relación con su potencial: mientras países como Australia o Canadá exportan alrededor de USD 7.000 per cápita en recursos naturales, Argentina apenas supera los 1.000 dólares.
El próximo año estará condicionado por la dinámica electoral y ofrecerá poco margen para reformas profundas. Si el Gobierno logra consolidar políticamente su posición, quedará pendiente una agenda orientada a fortalecer el modelo económico, mejorar la productividad y avanzar en transformaciones estructurales de largo plazo.
El autor es profesor de Economía en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de mayo del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral
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ECONOMIA
El 20% de las empresas industriales anticipa que su producción seguirá bajando en los próximos meses

La industria manufacturera argentina llega a la mitad del año con señales que no apuntan a una recuperación cercana. Las empresas del sector describen una situación de debilidad sostenida, con pedidos por debajo de lo normal, ventas en retroceso y una mirada hacia adelante que, en una proporción significativa de los casos, no espera mejoras. El cuadro que surge de la última encuesta del Indec sobre tendencia de negocios es el de un sector que todavía no encuentra el piso.
De acuerdo con la Encuesta de Tendencia de Negocios de la Industria Manufacturera publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el 20% de las fábricas anticipa que su volumen de producción disminuirá durante el trimestre junio-agosto de 2026 respecto de la situación actual. Solo el 14,5% espera un aumento. El 65,5% restante proyecta que su nivel no cambiará. El balance entre respuestas positivas y negativas arroja un resultado de -5,5%, lo que indica que prevalecen las expectativas de contracción sobre las de expansión.
Esa brecha entre optimistas y pesimistas no es un fenómeno aislado: se replica en casi todas las variables que releva el Indec. En cuanto a la demanda interna, el 25,6% de las empresas espera que los pedidos disminuyan en los próximos tres meses, frente al 16% que anticipa un aumento. El balance es de -9,6%, más negativo que el de producción, lo que sugiere que el freno en la actividad está traccionado principalmente por la falta de consumo doméstico.
Demanda interna, el principal obstáculo
Esa relación entre producción y demanda no es casual. Cuando el Indec preguntó a las empresas por el factor que más limita su capacidad para aumentar la producción, el 53,2% señaló la demanda interna insuficiente como el principal obstáculo. Es, por lejos, la respuesta más frecuente: supera ampliamente a la competencia de productos importados (10,3%), la incertidumbre económica (7,2%) y los problemas financieros (4,4%). Comparado con tres meses atrás, ese porcentaje incluso subió levemente —de 51,9% a 53,2%—, lo que indica que el problema no cede.

Esta dinámica se enmarca en un contexto más amplio de contracción de la actividad. Según datos difundidos por el Indec a principios de junio, la producción industrial manufacturera cayó 2,8% interanual en abril y 2,1% en la medición mensual desestacionalizada. Doce de las dieciséis divisiones industriales registraron retrocesos en ese período, con caídas pronunciadas en maquinaria y equipo (20,2%), productos textiles (22,2%) y vehículos automotores (10,7%).
Además, una encuesta de la Unión Industrial Argentina (UIA) correspondiente al mismo mes mostró que el 38% de las empresas reportó caídas en su nivel de producción y el 45,5% en ventas internas. Un segundo informe de la misma entidad, indicó que a nivel general la industria registró una caída de producción del 5% en mayo.
La tendencia esperada para los próximos meses también se extiende al mercado laboral. El 17,6% de las empresas anticipa una reducción en las horas trabajadas del personal afectado al proceso productivo, contra apenas el 5,9% que espera un aumento. El balance es de -11,7%. En materia de empleo, el panorama es similar: el 16,2% prevé una reducción en el número de empleados, mientras que solo el 5,2% espera incorporaciones, con un balance de -11%.
Estos números proyectados se suman a un deterioro laboral que ya venía materializándose. De acuerdo con la encuesta de la UIA, el 22,4% de las empresas redujo personal en abril, y entre quienes ajustaron dotación, el 35,1% también recortó turnos y el 21,3% adelantó vacaciones.
En paralelo con las expectativas de producción y empleo, el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) de la industria manufacturera cerró mayo en -19,6%, su peor nivel desde enero. El indicador, que combina las expectativas de producción futura con la evaluación actual de la cartera de pedidos y el nivel de stocks, viene deteriorándose desde febrero y acumula varios meses consecutivos en terreno negativo.

La situación actual que describen los empresarios refuerza ese dato. El 51,3% considera que su cartera total de pedidos está por debajo de lo normal —con apenas el 1,8% que la evalúa por encima—, lo que arroja un balance de -49,6%. Casi tres de cada diez empresarios (29,7%) califica la situación de su negocio como mala, contra apenas el 6,4% que la considera buena.
La situación financiera tampoco aparece como un factor de alivio: el 26,5% de las firmas describe su estado financiero como malo, y el 32,3% dice que el acceso al crédito es difícil. Esos porcentajes son consistentes con los datos de la UIA, que en abril había detectado que el 44,9% de las empresas tuvo dificultades para cumplir con pagos esenciales como salarios, impuestos y proveedores.
En un cuadro de señales predominantemente negativas, las exportaciones son la excepción. El 17,4% de las empresas espera que sus ventas al exterior aumenten en los próximos tres meses, contra el 14% que anticipa una caída. El balance es de +3,4%, el único indicador de expectativas futuras que se mantiene en terreno positivo. Sin embargo, la proporción de empresas que prevé un incremento es modesta, y la mayoría —el 68,6%— no espera cambios.

Ese margen de expectativa exportadora convive con una evaluación presente negativa: el 33,1% considera que su nivel actual de exportaciones está por debajo de lo normal, con un balance de -26,4%. La combinación indica que, si bien hay cierto optimismo sobre lo que puede venir, el punto de partida es débil.
Hacia adelante, la perspectiva de las propias empresas sobre la evolución de sus negocios en el trimestre siguiente es, en líneas generales, de estabilidad con leve sesgo positivo: el 15,4% espera que su situación mejore y el 15% que empeore, con un balance de +0,4%. Pero ese número apenas neutral no refleja una recuperación esperada sino, en el mejor de los casos, un freno en el deterioro.
En cuanto a los precios, el 32,7% de las empresas anticipa que sus precios promedio de venta aumentarán en los próximos tres meses, mientras que el 8,5% espera que bajen y el 58,8% no prevé cambios. El Indec aclara que esta variable no forma parte del cálculo del indicador de confianza y que su interpretación varía según el contexto inflacionario de cada país.
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