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Bolivia no enfrenta una protesta, es una reacción del Estado Narco fundado por Evo Morales

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Esta ilustración representa a Evo Morales, expresidente de Bolivia, con un micrófono y su dedo índice levantado, simbolizando su voz en el debate político. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Bolivia no vive una crisis social y política. Las calles bloqueadas, los caminos cortados, la escasez inducida, la presión sobre los hospitales, la amenaza de desabastecimiento y el intento de convertir la protesta en un instrumento de veto político no son hechos aislados. Son parte de una tecnología de poder que Evo Morales conoce mejor que nadie: asfixiar a las autoridades para obligarlas a rendirse.

El error de muchas democracias latinoamericanas es leer estos episodios con la ingenuidad de quien todavía cree que toda movilización callejera es expresión pura de descontento popular. Las sociedades pueden tener reclamos legítimos, y Bolivia ciertamente sufre una crisis económica real. Pero una cosa es el malestar social; otra, muy distinta, es un poder paralelo utilizado para implosionar la gobernabilidad. En el caso boliviano, esto viene con un temperamento especial: la movilización no es social o política. Por detrás de los disturbios está el crimen organizado que se rehúsa a perder el control del país.

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Evo Morales construyó su carrera en esa frontera entre la política institucional y el crimen. Nunca fue solamente un líder indígena, un dirigente sindical o un presidente de izquierda. Fue, desde el inicio, el operador político de una forma de poder territorial asentada en el Chapare, en la economía de la coca, en la disciplina de los sindicatos cocaleros y en la capacidad de transformar bloqueos, marchas y violencia en una herramienta de negociación permanente. Su biografía política no puede separarse de esa arquitectura. El mismo hombre que fue presidente de Bolivia por casi 14 años nunca dejó ser el presidente de las organizaciones productoras de hojas de coca, las mismas organizaciones que producen y fabrican la materia prima para la producción de cocaína.

¿Y cómo llegó Morales al poder? Por los mismos medios con los que ahora intenta socavar la administración de Rodrigo Paz. En 2003, Gonzalo Sánchez de Lozada cayó después de semanas de protestas y represión sangrienta. En 2005, Carlos Mesa también terminó arrinconado por bloqueos y movilizaciones. Evo no inventó la crisis boliviana, pero entendió como pocos que en un Estado débil la calle podía sustituir a las instituciones. Aprendió que un presidente podía caer antes de terminar su mandato si el país era paralizado con suficiente intensidad. Y luego convirtió esa lección en doctrina.

Cuando llegó al poder, hizo lo que hicieron los revolucionarios con vocación autoritaria: transformó la presión callejera en arquitectura institucional. Cambió la Constitución, alteró símbolos nacionales, creó una nueva bandera y cambió el propio nombre del país. También capturó tribunales, debilitó contrapesos y convirtió al Estado en un instrumento de permanencia. La revolución dejó de ser promesa y pasó a ser parte del sistema. El Movimiento al Socialismo no gobernó Bolivia como un partido normal, gobernó como una maquinaria de ocupación política, territorial y simbólica.

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Pero el componente más incómodo de esa historia no está en la ideología. Está en el crimen.

Durante años, América Latina trató al narcotráfico como un problema policial. Después, como una economía ilícita. Ambas categorías ya son insuficientes. En ciertos países, el crimen organizado dejó de ser una actividad clandestina que corrompe al Estado desde afuera. Pasó a ser parte del propio Estado y de sus políticas. Muy diferente del concepto del narcoestado, donde los criminales ejercen influencia exógena sobre el sistema, en Bolivia las instituciones de Estado pasaron a ejercer las funciones del capo criminal.

Eso es lo que he llamado “Estado Narco”. No se trata simplemente de un gobierno infiltrado por narcotraficantes. Eso sería grave, pero todavía clásico. El Estado Narco es algo más sofisticado y peligroso: es la conversión de capacidades estatales, diplomáticas, militares, policiales, territoriales y logísticas en herramientas funcionales a una economía criminal con objetivos políticos.

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En “Hugo Chávez, el Espectro”, (un libro que escribí en 2017) sostuve que el chavismo no debía ser entendido apenas como un proyecto venezolano. Era una matriz regional. Una forma de poder que combinaba ideología, petróleo, inteligencia cubana, narcotráfico, redes diplomáticas, propaganda y desestabilización. En esa matriz, Bolivia no apareció como periferia. Aparecía como engranaje. Venezuela era la plataforma política. Cuba, la arquitectura estratégica. Bolivia, uno de los territorios donde la coca, los sindicatos, la frontera, la aviación y el poder revolucionario pudieron encontrarse.

Describí como vuelos militares eran utilizados para el transporte de cocaína entre Bolivia, Venezuela y Cuba. Droga que tenía como destino final los Estados Unidos. Los mismos testimonios que fueron los casos que yo he relatado también llegaron a las manos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

Evo Morales está siendo buscado por la justicia de su país por violación de menores de edad. Pero el líder cocalero sabe que pesa sobre él una extradición inevitable a los Estados Unidos, donde tendrá un futuro muy parecido al de Nicolás Maduro. Para salvar la propia piel y la estructura criminal que hace parte de sus gobiernos y que pasó a ser el eje del Estado boliviano, Morales necesita generar inestabilidad extrema para presionar al gobierno o hasta reemplazarlo.

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Lo que ocurre ahora con Rodrigo Paz debe ser leído a partir de ese trasfondo. Paz llegó al poder después de una elección que terminó con casi 20 años de hegemonía del MAS. Su gobierno heredó un país quebrado, sin combustible suficiente, con inflación, escasez de dólares y una estructura estatal deformada por años de clientelismo. Pero tocó un punto todavía más sensible: restableció la cooperación con la DEA, reabrió canales de inteligencia internacional y empezó a mover a Bolivia fuera de la zona de impunidad que el evismo había protegido durante años.

La crisis boliviana actual no es solamente una disputa por precios, subsidios o austeridad. Es una lucha por el sistema operativo del Estado. De un lado, un gobierno débil, inexperto y obligado a administrar una emergencia económica. Del otro, una constelación de sindicatos, cocaleros, mineros, operadores políticos y redes de presión que saben cómo paralizar un país. Entre ambos, una economía criminal que necesita que Bolivia siga siendo territorio opaco, frontera porosa y santuario logístico.

Evo Morales ya no tiene el control absoluto que tuvo. Está judicialmente debilitado, políticamente aislado por parte de su propio campo y fuera de la carrera presidencial. Pero conserva algo decisivo: el conocimiento del método. Sabe cómo convertir una causa social en bloqueo. Un bloqueo en crisis. Una crisis en chantaje. Un chantaje en negociación. Y una negociación en supervivencia política.

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Bolivia es hoy el laboratorio de una pregunta mayor para América Latina: ¿puede una estructura narcopolítica perder el poder por la vía electoral sin incendiar el país? En el caso boliviano, la respuesta todavía está en disputa. El esfuerzo de estabilización mirando una transición en Venezuela debe ser considerado un benchmarking en que un régimen absolutamente criminal no fue expuesto a una ruptura, sino a un proceso de contención. La región debe observar con atención, porque lo que ocurre en La Paz no es solamente boliviano. Es parte de una guerra más amplia entre Estados débiles y redes híbridas; entre democracias frágiles y economías criminales; entre instituciones imperfectas y proyectos revolucionarios que descubrieron que el caos también puede gobernar.

La frágil institucionalidad boliviana no se enfrenta solo a una protesta. Está enfrentando a una vieja maquinaria de desestabilización que aprendió a esconder el crimen detrás de la revolución. Y si América Latina vuelve a mirar tarde, como tantas veces hizo, descubrirá que el problema no era apenas Evo Morales, sino un sistema que se adapta a cada uno de nuestros países y que resiste morir.

*Leonardo Coutinho es director ejecutivo del Center for a Secure Free Society, en Washington, D.C.

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Tanto nadar para morir en la orilla

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sube al Air Force One en el aeropuerto de Ginebra tras la cumbre del G7 (REUTERS)

Todas las miradas se dirigían a Bürgenstock, el histórico complejo hotelero sobre el lago de Lucerna, donde Audrey Hepburn se casó y donde Sean Connery protagonizó su heroica lucha contra el malvado Goldfinger. En ese ressort exclusivo propiedad de Katara Hospitality, el fondo soberano de Qatar, se había celebrado en junio de 2024 la Cumbre por la Paz en Ucrania, un esforzado intento de 90 países (sin China, ni Rusia), que se quedó en un mero documento de apoyo. Y debía ser aquí, en ese hotel de lujo suspendido en un acantilado de 500 metros, donde estaba previsto celebrar la ceremonia oficial de firma física del MOU, el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que dará por concluida la guerra iniciada hace 110 días con la Operación Fúria Épica. Sin embargo, por la premura de la situación, por la repentina influencia de Macrón o, más bien por el amor desatado de Trump por la majestuosidad y la grandilocuencia, al final el presidente norteamericano ha estampado su firma del MOU en el Palacio de Versailles, el mismo lugar donde, en 1783, Gran Bretaña, Francia y España pusieron fin a la Guerra de independencia de Estados Unidos, y donde se firmó en 1919 el tratado de paz de la primera guerra mundial. Rodeado, pues, de tanta carga històrica, y con Petain rondando en el escenario, Trump ha dado por acabada la guerra.

Silenciados los misiles, es el tiempo de analizar un acuerdo que se larbó con demesiada premura por parte de Trump, azuzado por sus errores estratégicos y sus intereses internos. Y el análisis provisional dispara muchas alarmas. La primera alarma arrastra al resto: ¿El acuerdo de Donald Trump con Irán será peor que el pésimo acuerdo nuclear (JCPOA) que firmó Barack Obama en 2015 en el Palais Coburg de Viena? Recordemos sus consecuencias. De entrada, el acuerdo no impidió la carrera nuclear iraní, solo la congeló supuestamente, pero con unas restricciones tan severas a las inspecciones de la OIEA, que sirvieron para que el régimen llegara a acumular 9.000 quilos de uranio enriquecido en diferentes niveles de pureza, 400 de ellos enriquecido al 60%, suficientes para fabricar 10 bombas nucleares. Además, Irán inyectó más de 100.000 millones en activos liberados que sirvieron para rearmar a sus proxys, desde Hezbollah, hasta Hamás y los houthis, y desestabilizar a Oriente Medio. Para rematar, el acuerdo permitió el desarrollo de miles de mísiles balísticos entre alto y corto alcance. Es decir, con Obama, el régimen se mantenia fuerte, no cejaba en su carrera nuclear, creaba un basto arsenal de misiles y armaba a sus proxys terroristas.

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¿El acuerdo de Trump cambia esa situación? No solo no lo parece, sino que hay motivos para pensar que deja la situación peor. De entrada, el régimen de Irán estaba, antes de la guerra, en su situación más crítica, acababa de asesinar a miles de manifestantes, su economía entraba en pre colapso, había perdido a su aliado sirio, Hezbollah había sufrido la decapitación de su cúpula y Hamas estaba siendo severamente diezmada por Israel. En este sentido, el objetivo anunciado de la guerra de hacer caer al régimen (“la ayuda está en camino”, escribió Trump en su red Truth Social un mes antes), parecía pausible, pero partió de un gran error de cálculo: no considerar que el régimen llegaría hasta el límite para garantizar su superviviencia, y que poseía el arma más poderosa de la guerra, la capacidad de crear una crisis energética mundial con el dominio del estrecho de Ormuz. Si el régimen estaba débil antes de febrero, después de resistir a la guerra se ha reforzado, con el agravante que ahora lo dirigen los sectores más duros y más radicalizados de la Guardia Revolucionaria. Con ello han conseguido una doble posición de fuerza: han resistido al ejército más poderoso del mundo, y han demostrado que pueden dañar seriamente a la economía de todo Oriente Medio. Lo cual conlleva otra consecuencia desastrosa: Estados Unidos sale debilitado ante los ojos de los países de la región, porque ya no es el paragüas que impedía que fueran atacados. Por ello, es de prever que muchos de estos países inicien ahora una aproximación pragmática con el régimen de los ayatolás, como escudo defensivo para próximas ofensivas.

Además, si Obama liberó 100.000 millones, Trump ha comprometido 300.000 millones para reconstruir el país y la descongelación de los activos iraníes, de manera que el régimen recibirá una inyección ingente de dinero que lo reforzará ile tempore.

Una cena con altos representantes de Francia en el Palacio de Versalles, en París, fue testigo de la firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán

Con todo sumado, aún quedan los aspectos más delicados, dónde tampoco parece que Trump haya conseguido ningún éxito creïble: el tema nuclear queda relegado a 60 días de negociaciones, lo cual, en lenguaje iraní, significa que sigue abierto. El tema de los misiles ha desaparecido en la fase uno, y también se pospone a negociaciones posteriores, que partirán de cero. Y lo más punzante es el tema del Líbano, punto en el que Israel ha sido apartado de la decisiones. El acuerdo parece, de entrada, santo: alto el fuego total. Sin embargo, ¿qué significa ello en el Líbano? ¿como puede tomarse esa decisión, sin el acuerdo explícito de Israel, que és el país que sufre la agresión terrorista de Hezbollah? Y, ¿como puede plantearse sin ningún atisbo de seguridad -y menos de paz- sin el desarme completo del grupo terrorista? ¿Como se consigue un Líbano que pueda vivir con seguridad, si se permite la permanente ingerencia iraní y el secuestro de la política libanesa por parte de Hezbollah? El hecho es que con un Hezbollah que acumula miles de misiles y cuyo único objetivo es la destrucción de Israel, el acuerdo es un papel mojado, inútil para la paz e hiriente para el estado hebreo. Al final, la conclusión és clara: el MOU da por hecho que Irán tiene decisión sobre el futuro del Líbano, y ello es un permanente bomba de tiempo.

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Finalmente, aunque no menor, la heroica oposición de la ciutadania persa, que esperaba la ayuda prometida, desaparece de todas las ecuaciones, completamente abandonada por quien aseguró que iría a su rescate. Trump ha usado, ha manipulado y ha abandonado a la lucha del pueblo persa.

Visto lo visto, ninguno de los objetivos que prometió Trump han sido conseguidos. No hay “victoria total y completa”, no existe ninguna “rendición incondicional”, no se ha desenterrado el uranio enriquecido, el Libano continúa secuestrado por Hezbollah, el régimen iraní no ha caído y se reforzará económicamente, no se ha conseguido que Irán deje de apoyar a sus proxys terroristas, los países de la región se han sentido vulnerables y Qatar refuerza su posición estratégica. ¿Qué ha conseguido, pues? ¿Abrir el estrecho de Ormuz? Ergo, ha vuelto al punto de partida sin alcanzar ninguno de los objetivos que había prometido. Estratégica, política y militarmente Trump ha sido humillado por una tiranía perversa a la que prometió derrotar. Para el régimen criminal iraní, es una victoria sin paliativos. Para Estados Unidos, una muestra de vulnerabilidad inimaginable. Y para Israel, una situación alarmante que lo deja solo ante los retos terroristas que lo amenazan. Trump abrazó a Israel durante mucho tiempo. Ahora cabe preguntarse si en realidad su abrazo fue el abrazo del oso.

X: @RaholaOficial

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Web:

Instagram: pilar_rahola/



International,Relations,Diplomacy / Foreign Policy,North America

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Moscú bajo fuego: un ataque ucraniano a gran escala alcanzó una refinería e hizo volar un techo por el aire

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Moscú quedó bajo fuego en la madrugada de este jueves debido a que Ucrania lanzó un ataque a «gran escala» con drones, varios de los cuales alcanzaron una refinería petrolera, donde las explosiones provocaron daños estructurales y, según videos difundidos, hicieron volar parte del techo.

«Las fuerzas de defensa aérea continúan repeliendo un ataque a gran escala. Varios drones lograron alcanzar la MNPZ«, publicó el alcalde de la capital rusa, Serguéi Sobianin, en la plataforma de mensajería Telegram.

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Según el funcionario, «se están tomando medidas para lidiar con las consecuencias», sin precisar si la instalación industrial sufrió daños, algo que se vio en las imágenes viralizadas en redes sociales. Posteriormente agregó que la defensa aérea rusa había destruido 52 drones.

El ataque provocó la activación de una alerta aérea en uno de los principales aeropuertos de Moscú, el de Sheremétievo, que luego fue levantada, según la terminal aérea.

Este anuncio se produjo mientras el presidente ruso, Vladimir Putin, recibe desde el miércoles por la noche a líderes asiáticos para una cumbre de dos días entre Rusia y la Asean en Kazán, en el centro del país.

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Por su parte, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, confirmó la ofensiva sobre Rusia, al escribir en sus redes que los ataques estratégicos con drones de largo alcance “alcanzaron nuevamente la región de Moscú” y que “por segunda vez esta semana», la refinería de petróleo de la capital rusa «fue golpeada”.

“También se atacaron objetivos en la región de Rostov y en territorios temporalmente ocupados de Ucrania. Esta es una respuesta totalmente justificada a los ataques rusos contra nuestras ciudades y comunidades, y otro resultado importante del trabajo de nuestros guerreros contra instalaciones que sostienen la máquina de guerra de Rusia”, escribió.

Al mismo tiempo, insistió con que “es hora de que la guerra termine” y señaló que, para que eso ocurra, “Rusia debe tomar los pasos necesarios en la diplomacia”.

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Rusia lanza ataques casi diarios contra Ucrania, con drones y misiles, desde el inicio de su ofensiva en febrero de 2022.

A su vez, Kiev intensificó los últimos meses sus ataques contra territorio ruso, dirigidos en gran parte a instalaciones de crudo y centros exportadores, en busca de impedir que reciba ingresos por la venta de hidrocarburos, con los cuales financia la guerra.

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Sin ir más lejos, tal como recordó Zelenski, el último martes se registró otro ataque ucraniano con aeronaves no tripuladas contra la misma refinería MNPZ, que cubre más de un tercio de las necesidades de combustible de la capital rusa. La ofensiva provocó un incendio y daños.

Fue veinticuatro horas después de que Rusia lanzara más de sesenta misiles contra Kiev. “Moscú atacada. Arde una refinería moscovita”, escribió en su canal de Telegram el militar y jefe del Centro contra la Desinformación del Consejo para la Seguridad Nacional de Ucrania, Andrí Kovalenko, que suele informar de los ataques contra la retaguardia rusa.

Kovalenko publicó un vídeo de un canal de Telegram ruso de la infraestructura atacada en llamas, y dijo que los daños provocados por el ataque al equipamiento necesario para el procesamiento de crudo obligarán a parar la refinería o a reducir al menos su actividad.

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Según Kovalenko, la refinería atacada procesa alrededor de once millones de toneladas de petróleo al año y cubre casi el 40 % de la demanda de gasolina y la mitad de la de diésel en Moscú.

El militar ucraniano señaló que la venta de gasolina en la capital rusa ya está limitada a 20 litros por vehículo debido a los continuos ataques ucranianos a refinerías rusas, y pronostico que la crisis se agudizará debido a este último golpe a la industria en la capital.

“Aunque Putin ha desplegado prácticamente todas las defensas aéreas y antimisiles clave en Moscú, esto no salva a los rusos. Putin no garantiza la seguridad de Moscú”, ha escrito también Kovalenko a propósito de ese ataque.

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Con información de agencias.

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FTC alleges influential transgender health organization misled parents about safety of youth treatments

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

The Federal Trade Commission (FTC) and four Republican-led states sued the World Professional Association for Transgender Health (WPATH) on Wednesday, alleging the influential medical organization misled parents and doctors about the safety, effectiveness and necessity of transgender medical treatments for minors.

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The lawsuit alleges WPATH, whose standards of care are widely used by physicians treating patients with gender dysphoria, made deceptive claims about puberty blockers, cross-sex hormones and sex change surgeries while failing to adequately disclose potential risks and side effects.

«Parents have a right to make informed decisions about their children’s health,» FTC Chairman Andrew Ferguson wrote on X. «The FTC will not allow parents and children to be deceived by medical organizations and providers who are prioritizing profit over children’s health and safety.»

‘TRANSGENDER MADNESS’ UNDER FIRE AFTER CONGRESS LETS TAXPAYER FUNDING BAN LAPSE

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Federal Trade Commission Chairman Andrew Ferguson speaks during the Semafor World Economy Summit in Washington, D.C., in April. On Wednesday, the FTC sued the World Professional Association for Transgender Health, alleging the organization misled parents and doctors about transgender medical treatments for minors. (Kayla Bartkowski/Getty Images, File)

According to the complaint, WPATH removed age-based recommendations for certain transgender procedures from its Standards of Care. The FTC also alleges the organization promoted treatments that were not adequately supported by evidence regarding their safety and effectiveness.

The lawsuit, filed alongside Alaska, Iowa, Nebraska and Texas, marks the latest effort by President Donald Trump’s administration to scrutinize medical interventions for transgender minors.

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WPATH previously sued to block an FTC investigation into the organization, arguing the agency violated its First Amendment rights. A federal judge in May temporarily blocked the probe.

SEN HAWLEY WARNS IT WOULD BE ‘UNCONSCIONABLE’ IF BILLIONS OF TAXPAYER FUNDS FLOW TO TRANS KIDS’ SEX CHANGES

A transgender rights supporter holding a sign outside the U.S. Supreme Court

A transgender rights supporter participates in a rally outside the U.S. Supreme Court during protests on Capitol Hill. (Getty Images, File)

WPATH rejected the allegations and said its standards are intended to support individualized patient care. In a statement provided to The Associated Press, the organization said its guidelines are based on individualized treatment rather than a «one-size-fits-all» approach.

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Fox News Digital reached out to WPATH for additional comment but did not immediately receive a response.

«WPATH is in a strong position to prove that the FTC is acting out of pure retaliation as part of the federal government’s relentless and targeted campaign to undermine gender-affirming care by attacking the First Amendment rights and the independence of professional medical organizations,» the group said in a statement to the AP.

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The lawsuit comes amid a broader national debate over puberty blockers, hormone therapies and sex change surgeries for minors.

Supporters argue the treatments can be medically necessary for some patients, while critics contend the long-term risks are not fully understood and that children may be unable to provide informed consent.

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