CHIMENTOS
Cantó un hit de Luis Miguel, contó su historia de amor y sorprendió a Joaquín Levinton: “No sé si tengo novia”

El momento más recordado de la última emisión de Es mi sueño no estuvo marcado por una nota musical, sino por el desahogo de un participante. Matías Maser, vecino de Villa Lugano, eligió compartir en el programa la complejidad de su vida sentimental antes de cantar. “Es complicada la situación porque no sé si tengo novia”, confesó, abriendo la puerta a una historia cargada de dudas y sentimientos encontrados.
A la hora de explicar su realidad, Matías relató: “Estamos hace varios años, hubo una ruptura en el medio. Dejamos de convivir por cuestiones familiares, la relación se fue estropeando, pero nosotros nos amamos e intentamos estar juntos”. Así, de un tirón, el joven se sinceró ante cámaras, sin escudos y con la vulnerabilidad a flor de piel, antes de enfrentar el mayor reto de la noche: interpretar un clásico de Luis Miguel.
El escenario se transformó en un espacio donde la música sirvió de catarsis. Matías eligió “Ahora te puedes marchar” y, tras una actuación sentida, no pudo contener el llanto. La emoción desbordó cualquier pretensión de control. El jurado, visiblemente conmovido, no dudó en reaccionar. Joaquín Levinton fue el primero en acercarse. Sin palabras, optó por el gesto: subió al escenario y lo abrazó, buscando consolarlo frente a las cámaras.
El programa de Guido Kaczka encontró así uno de sus momentos más genuinos, donde el espectáculo cedió el paso a la empatía. Entre lágrimas, el participante apenas pudo agradecer. El público asistió a una escena en la que la competencia artística quedó en segundo plano.
En el segmento de devoluciones, Levinton le ofreció un consejo que resonó con la situación personal de Matías: “Está todo como la relación que tenés con tu novia. Todo está bien, pero es muy mental. Entonces tenés que empezar a sentir la música y dejar de pensar tanto”. La sugerencia del jurado fue, en realidad, una invitación a dejarse llevar también fuera del escenario, a soltar la carga de la mente para vivir el presente.
Jimena Barón sumó una observación desde otra perspectiva: “Está todo medio avión, dale un poco más de emoción”. La cantante y actriz buscó motivar a Matías a volcar aún más sentimiento en su interpretación, reflejando que la historia personal había tocado a todos los presentes.
Carlos Baute, por su parte, valoró la autenticidad. El integrante del jurado destacó que Matías no imitó la versión original y se animó a ofrecer su impronta. Abel Pintos, cerrando la ronda de opiniones, remarcó el compromiso del joven en el escenario: “Me convenció que corriste todas hasta el final”.

La participación de Matías Maser en Es mi sueño trascendió por la forma en que la emoción se apoderó del estudio. El abrazo espontáneo de Levinton quedará como postal de una noche en la que el talento y la vulnerabilidad caminaron de la mano. El certamen de canto, en esta ocasión, se transformó en un espacio donde la competencia fue superada por la sinceridad y el acompañamiento humano.
Matías, al borde de las lágrimas, mostró que detrás de cada concursante hay historias que no siempre buscan el aplauso, sino la comprensión. El programa de El Trece se hizo eco de ese mensaje, permitiendo que la audiencia viera el costado más íntimo de quienes buscan cumplir un sueño, muchas veces marcado por batallas fuera de cámara.
El joven se convirtió así en protagonista de una de las escenas más recordadas del ciclo, demostrando que la música puede ser refugio y desahogo en medio de la tormenta sentimental. La televisión, por un instante, se volvió espejo de lo que muchos viven lejos de las luces del estudio.
CHIMENTOS
Murió Chunchuna Villafañe a los 92 años

Este jueves, el mundo del espectáculo despidió a una de sus figuras más emblemáticas: Chunchuna Villafañe falleció a los 92 años. La noticia fue confirmada por su hija, Juana Molina, a través de un posteo lleno de emoción y gratitud. La actriz, exmodelo y arquitecta dejó una huella imborrable en la cultura argentina, tanto por sus trabajos en cine, teatro y televisión como por su calidez y su espíritu inquieto.
El mensaje de Juana Molina, publicado en sus redes sociales, transmitió el dolor y la ternura de una despedida inevitable. “Queridos amigos, murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. Sucedió esta madrugada. Es un cocktail de sensaciones. Cuando volví a su casa y vi su cama vacía me di cuenta de que la voy a extrañar mucho. Esa ausencia inmensa. Ir a su casa a conversar era algo que hacía muy a menudo y sería incapaz de recordar alguna de esas conversaciones que duraban horas. No sé de qué hablábamos, pero hablábamos mucho”, escribió la artista, dando cuenta del lazo profundo que las unía.
En el mismo texto, Juana anticipó que, por el momento, necesita refugiarse en la intimidad junto a su hija: “Creo que ahora quiero estar con mi hijita bien juntitas las dos. Así que, con mucha tristeza, quiero avisarles que mañana no voy a poder hacer el show en @xlrcluboficial, San Miguel. Hasta hace unos minutos pensé en hacerlo igual, pero luego me pareció que iba a ser una epopeya que no puedo protagonizar. Estoy siempre agradecida por su apoyo y amor. Pasará, sanará”.
Chunchuna Villafañe, nacida el 9 de abril de 1940 en Buenos Aires, marcó más de una generación con su presencia elegante y su versatilidad. Comenzó su carrera como modelo publicitaria, donde se destacó por su estilo y su magnetismo en las campañas gráficas de los años 60 y 70. Luego, se volcó a la actuación y la arquitectura, logrando un recorrido poco frecuente en el ambiente artístico argentino.
Entre sus trabajos más recordados se encuentra su papel en La historia oficial, la película de Luis Puenzo que hizo historia al ganar el Óscar a Mejor película de habla no inglesa en 1986. Allí, junto a Norma Aleandro, Chunchuna dio vida a una de las secuencias más icónicas del cine nacional. Su labor le valió una nominación al Cóndor de Plata y el premio a Mejor actriz de reparto en el Festival de Cine de Chicago de 1985.
La trayectoria de Villafañe abarcó también el teatro, con obras como Cartas de amor (dirigida por Oscar Barney Finn) y Acaloradas, donde compartió escenario con Carmen Barbieri, Andrea Politti y otras figuras. En el cine, participó en títulos como Nunca estuve en Viena de Antonio Larreta, Vidas privadas de Fito Páez y Extraño de Santiago Loza, sumando así una filmografía diversa y relevante.
En televisión, su presencia fue constante, no solo en ficciones, sino también explorando su faceta como arquitecta y decoradora en Estilo Chunchuna, su propio programa. Allí, Chunchuna compartió su pasión por el diseño y el arte, acercando al público ideas y proyectos con su sello personal.
En el año 2002, volvió a subirse a las tablas con la comedia Acaloradas, una propuesta que reunía humor y complicidad femenina, y que fue celebrada por el público y la crítica. A lo largo de su vida, Chunchuna supo reinventarse, moverse con comodidad entre distintas disciplinas y mantener siempre una mirada curiosa y actual.
El anuncio de su muerte generó una ola de mensajes y homenajes por parte de colegas, artistas y seguidores que reconocieron su aporte a la cultura nacional. Las redes sociales se llenaron de recuerdos, imágenes y anécdotas, celebrando la frescura y la autenticidad de una mujer que trascendió los límites del tiempo y las modas.
La despedida de Chunchuna Villafañe deja un vacío difícil de llenar pero, al mismo tiempo, un legado profundo y luminoso. Su historia se mantiene viva en quienes la admiraron sobre el escenario, frente a la cámara o en la vida cotidiana. La memoria colectiva del espectáculo argentino la recordará siempre como una artista inquieta, generosa y entrañable, capaz de emocionar y sorprender en cada proyecto.
Noticia en desarrollo.
CHIMENTOS
Qué ver en Netflix, la miniserie de 4 episodios que se convirtió en un furor absoluto con su historia: «Obsesión»

Netflix tiene propuestas que no pasan desapercibidas y “Obsesión” es una de ellas. Con solo 4 episodios, esta miniserie se convirtió en una de las más comentadas por su trama provocadora y su fuerte carga emocional.
La historia sigue a un reconocido cirujano que comienza una relación secreta con la prometida de su propio hijo. Lo que en principio parece un romance prohibido rápidamente se transforma en una obsesión peligrosa.
A medida que avanza la trama, la miniserie de Netflix muestra cómo ese vínculo se vuelve cada vez más oscuro. Las decisiones impulsivas y la atracción desmedida llevan a los personajes a situaciones límite.
Uno de los puntos más fuertes es su enfoque psicológico. La historia no se centra solo en el conflicto amoroso, sino en cómo el deseo puede volverse destructivo cuando no tiene control.
LA MINISERIE DE NETFLIX IMPERDIBLE PARA LOS FANÁTICOS
Además, el relato juega con la incomodidad del espectador. Cada episodio profundiza en las emociones de los protagonistas, generando tensión constante y momentos difíciles de anticipar.
El formato corto es clave para su impacto. Con capítulos intensos y sin relleno, la serie mantiene el ritmo y logra que la historia avance de forma contundente.
El elenco aporta credibilidad a una trama que exige mucho desde lo interpretativo. Las actuaciones logran transmitir la intensidad de un vínculo marcado por el exceso.
Para los fanáticos que quieren saber más, “Obsesión” es una miniserie de Netflix ideal para quienes buscan un thriller dramático diferente: breve, que incomoda y con una historia que deja una sensación inquietante tras su final.
Netflix
CHIMENTOS
La escapada romántica de Laurita Fernández y su novio a las Cataratas: aventura, glamour y mucho amor

La bailarina armó las valijas y fue a conocer el imponente paisaje de la provincia de Misiones (Video: Instagram)
Laurita Fernández y Matías Busquet se tomaron unos días para escaparse juntos a recorrer una de las maravillas naturales del país. La conductora compartió el viaje en sus redes sociales con un álbum de fotos que muestra cada momento de sus días: el hotel, los atardeceres, las salidas nocturnas y la excursión en lancha frente a las Cataratas del Iguazú.
La frase que eligió para abrir la publicación resumió todo: “Conocer las Cataratas, al finnnnn check, sos una experiencia única”. Una deuda saldada, una asignatura pendiente celebrada con entusiasmo y varios signos de exclamación.
El lugar donde se alojaron tiene vista directa a las cataratas y piscina infinity. Una de las primeras imágenes muestra la habitación: amplia, luminosa, con bañera exenta blanca en primer plano, mesada doble con toallas dobladas y, al fondo, ventanales de piso a techo con vista a la selva misionera bañada por la luz de la tarde. Laurita posa frente al espejo del baño en bikini animal print con corpiño y bombacha de tiras, una camisa negra abierta encima y el teléfono en la mano.



Otra toma la captura en los espacios comunes del alojamiento: sentada en un sillón bajo de tela gris, con ropa deportiva verde menta —calza y remera ajustada— y gorra del mismo tono, zapatillas blancas y una sonrisa que refleja su estado de ánimo. De fondo, un living de estilo tropical con techo de caña, columnas de bambú, almohadones con mariposas bordadas y una mesa de tronco macizo.
Los atardeceres tuvieron su propio capítulo. Una foto la muestra parada en el deck de madera oscura junto a la piscina, con buzo de lana blanco de rombos, pantalón gris ancho y un mate en la mano, la mirada hacia abajo y el cielo detrás en degradé de rosa y celeste. En otra imagen, tomada desde más lejos, aparece de espaldas sobre una terraza con baranda de vidrio, mirando el horizonte: la piscina infinity, los jardines verdes y, al fondo, la nube de vapor que levanta la Garganta del Diablo.
El momento de descanso más íntimo del álbum llegó en dos fotos. La primera es una toma desde la reposera: las piernas al sol en primer plano, una toalla rosa con iniciales bordadas a un costado, el mate y el termo listos, la piscina abriéndose hacia el río y la vegetación bajo un cielo azul con las cataratas al fondo. La segunda la muestra de noche, sola en una piscina cubierta de agua turquesa iluminada, de espaldas a la cámara, frente a una cascada artificial que cae sobre la superficie en penumbras.




Las noches tuvieron otro registro. En un restaurante de ambiente cálido, con estantes de madera llenos de velas encendidas al fondo, Laurita aparece sentada, con vestido blanco sin mangas y detalle de tachas en el cuello, el pelo suelto y largo, sosteniendo un trago naranja con pajita negra y sonriendo a cámara. En otra foto nocturna, luce un conjunto blanco de top y minifalda con apliques metálicos, el pelo al viento y una pose desenfadada.
La foto de pareja llegó en una de esas salidas. Laurita y Matías posaron juntos en una silla blanca: él sentado con camisa negra y pantalón gris claro, ella encima con el mismo vestido blanco sin mangas, el brazo apoyado sobre sus hombros y las dos manos entrelazadas sobre las rodillas. Los dos sonríen a cámara con el exterior iluminado del restaurante de fondo.



El momento más cercano a las cataratas llegó con la excursión en lancha. Laurita se fotografió en primer plano con chaleco salvavidas naranja sobre campera rosa, el pelo al viento y una sonrisa amplia, con las cataratas en pleno caudal rugiendo detrás entre las rocas rojizas y el cielo celeste despejado.
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