SOCIEDAD
Crimen de Diego Fernández Lima: allanaron la casa de Cristian Graf y buscaron restos con un georradar

A casi un año del hallazgo de los restos de Diego Fernández Lima —el adolescente de 16 años que desapareció en 1984 en el barrio porteño de Coghlan— efectivos de Gendarmería Nacional allanaron este lunes la casa de Cristian Graf, el principal acusado por el crimen de Diego.
La información fue confirmada a Infobae por el abogado de Graf. “Lo que hicieron fue pasar un georadar por el patio trasero para ver si encontraban algún resto”, indicó Martín Díaz.
De acuerdo con el letrado, el objetivo del procedimiento llevado a cabo en el domicilio ubicado en la avenida Congreso 3742, en el barrio porteño de Coghlan, era buscar más restos óseos, ropa o elementos que pudieran servir como prueba del homcidio.
Aunque trascendió que el resultado fue “negativo”, altas fuentes judiciales confirmaron a este medio que los resultados estarán en un mes.

Después de que la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones resolviera, a fines de noviembre pasado, anular el sobreseimiento de Cristian Graf y ordenar su declaración indagatoria por supresión de evidencia y encubrimiento, la investigación avanzó con nuevas medidas de prueba sobre el caso por la desaparición y muerte de Diego Fernández Lima.
En ese contexto, el fiscal Martín López Perrando solicitó al Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°56 una serie de diligencias sobre la vivienda donde vive Graf junto a su familia desde la década del ‘70. Entre ellas, un relevamiento con georradar realizado este lunes por efectivos de Gendarmería Nacional.

El crimen de Diego Fernández
El joven fue visto por última vez con vida el 26 de julio de 1984 en la Ciudad de Buenos Aires, día en el que regresó del colegio, almorzó con su madre y le pidió dinero para viajar en colectivo. Alrededor de las 20.30, como el adolescente no volvía, sus padres acudieron a la entonces Comisaría 39° de la Policía Federal para reportar su desaparición, donde asentaron el caso como una presunta “fuga de hogar”.
Así, comenzó una búsqueda con panfletos pegados en el barrio, al tiempo que trataron de visibilizar su desaparición en los medios de comunicación. Su padre dio una entrevista por el caso en 1986 y murió sin saber el destino de su hijo.
Los restos óseos de Fernández Lima aparecieron el 20 de mayo pasado, cuando un grupo de obreros levantaba una pared medianera en la casa de avenida Congreso 3748 que había sido propiedad de la artista Marina Olmi -hermana del actor Boy Olmi-, y que había alquilado el músico Gustavo Cerati, entre 2002 y 2003.
En ese contexto, se produjo un desmoronamiento de tierra desde el jardín del chalet lindero de Congreso 3742, donde vivía, desde los años ’70, el ex compañero de escuela de la víctima con su familia. Los obreros dieron aviso del hallazgo a una de las dueñas de la vivienda lindera -hermana del acusado-, al tiempo que un vecino llamó a la policía.

La investigación recayó en la fiscalía a cargo de López Perrando, quien dio intervención al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Al analizar los 151 fragmentos de huesos hallados, los especialistas determinaron que el adolescente fue asesinado de una puñalada en el tórax que dejó una marca en su cuarta costilla derecha. También que, tras el crimen, intentaron desmembrarlo, aunque no pudieron. Tras ello, lo enterraron en una improvisada fosa a 60 centímetros de profundidad en el jardín de la casa.
Junto a los restos óseos, había una moneda japonesa, un reloj con calculadora Casio -fabricado en Japón en 1982-, un llavero flotante naranja con una llave, una ficha de casino, la hebilla de un cinturón, la suela de un mocasín talle 41 y una corbata tejida de uniforme colegial. Estos elementos brindaron indicios sobre la edad de la víctima y permitieron fijar la década del ’80 como la época en la que se habría cometido el crimen.
SOCIEDAD
Pokémon emite este extenso comunicado advirtiendo a los jugadores del JCC tras el acoso a empleados y jueces – Nintenderos

Parece que tenemos otro peculiar caso relacionado con el JCC Pokémon. Aquí os traemos información muy interesante. Se trata efectivamente de noticias relacionadas con Pokémon y su Juego de Cartas Coleccionables.
En esta ocasión, tras la subasta millonaria de Logan Paul y el anuncio de un nuevo set retro por el 30º aniversario, The Pokémon Company ha publicado un comunicado dirigido a la comunidad del JCC para condenar los recientes casos de acoso y comportamiento inapropiado en torneos y redes sociales. La empresa asegura haber detectado situaciones de amenazas, difamación, hostigamiento y obstrucción hacia jueces, empleados, organizadores y otros jugadores, algo que pone en riesgo tanto el ambiente de los eventos como la seguridad física y mental de los involucrados.
Como respuesta, The Pokémon Company advierte que podrá expulsar a usuarios de eventos o incluso suspender cuentas si considera que han infringido sus normas de conducta, insistiendo en que quiere mantener un entorno seguro y agradable para todos los participantes. Os dejamos con su comunicado:
Gracias por seguir disfrutando del Juego de Cartas Coleccionables Pokémon.
Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todos los que participaron en los eventos de Pokémon Card y a quienes siguieron las retransmisiones en directo. También extendemos nuestro profundo agradecimiento a todas las personas involucradas en la organización de los eventos.
El Juego de Cartas Coleccionables Pokémon busca crear eventos que puedan disfrutar todas las personas relacionadas con el juego, incluidos jugadores, familias, jueces certificados y participantes de los distintos programas. Hemos podido organizar estos eventos gracias a la cooperación y consideración de cada participante.
Por otro lado, hemos confirmado casos de acoso, incluyendo difamación, amenazas, daños y obstrucción de actividades tanto en los recintos de los eventos como en redes sociales. Este tipo de comportamiento impide que nuestros empleados, jueces y demás personal puedan desempeñar sus funciones con tranquilidad, además de afectar a su salud física y mental, lo que finalmente puede causar molestias a nuestros clientes.
Por favor, absténganse de realizar las siguientes acciones:
- Comportamientos agresivos hacia empleados y personas relacionadas mediante palabras o acciones.
- Actos y comentarios discriminatorios que dañen el carácter o la dignidad de empleados o personas relacionadas.
- Exigencias irrazonables que se aparten de las normas sociales.
- Conductas inapropiadas relacionadas con la información personal de empleados o personas relacionadas.
- Acciones que pongan en peligro la integridad física o el equipamiento de empleados o personas relacionadas.
- Difusión malintencionada de información.
- Acciones que dificulten el correcto funcionamiento de los servicios o que causen molestias a otros clientes.
Si determinamos que se ha producido alguna de las acciones anteriores, podremos tomar medidas como expulsar al usuario del recinto del evento o suspender su cuenta, de acuerdo con las directrices de respuesta de la “Política contra el Acoso a Clientes” de The Pokémon Company.
Para mantener un entorno seguro y agradable en los eventos, agradecemos su comprensión y colaboración mostrando respeto hacia todos los participantes.
¿Qué os ha parecido JCC Pokémon hasta ahora a vosotros? No dudéis en compartir vuestra opinión en los comentarios.
Fuente.
Pokémon
SOCIEDAD
La reflexión de Aristóteles sobre la verdad: “Decir de lo que es, que no es, y de lo que no es, que es, es falso”

En una entrevista para LA NACION, el filósofo Darío Sztajnszrajber abordó la tensión histórica entre la utilidad del conocimiento y la búsqueda ontológica, profundizando en la definición clásica de verdad y destacó la importancia de la perspectiva aristotélica.
Sztajnszrajber explicó que, según Aristóteles, la verdad se instituye mediante una relación de correspondencia: “Decir de lo que es, que es, y de lo que no es, que no es, es verdadero. Ahora, decir de lo que es, que no es, y de lo que no es, que es, es falso”.
Lo disruptivo de este planteo, según el autor, radica en que Aristóteles prioriza el verbo “decir”, estableciendo una conexión directa entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad objetiva: “Tiene que haber correspondencia entre lo que digo, lo que pienso y lo que hay. Lo interesante de esta relación de correspondencia es que Aristóteles la primera palabra que usa es decir, porque en definitiva la verdad tiene que ver con esa conexión entre el lenguaje o el pensamiento”, resaltó.
Este enfoque tradicional enfrenta hoy un escenario de posverdad, donde la validación de sesgos personales suele prevalecer sobre la comprobación empírica. Al respecto, Sztajnszrajber advirtió que la definición aristotélica choca con las dinámicas contemporáneas de la información.
“¿Quién puede salir a la realidad, o sea, salirse de uno mismo para comprobar objetivamente que algo es como es?”, cuestionó, planteando que las grandes verdades históricas han sido siempre relativas a sus respectivos paradigmas culturales y sociales.
El filósofo también diferenció las verdades cotidianas, vinculadas a la utilidad mecánica, de aquellas verdades filosóficas que buscan un sentido existencial: “Las verdades cotidianas son verdades que implican una utilidad directa. Tipo, prendo la canilla, sale el agua. Ahí hay una verdad a partir de una ejecución mecánica, de una manualidad. Yo qué sé, prendes la canilla, sale el agua, prendes la luz, la luz se prende”.
En este sentido, la disciplina funciona como un mecanismo de “descentramiento” frente a la supremacía de lo útil, un valor que Sztajnszrajber identifica como una imposición que nos obliga a rendir permanentemente en cada aspecto de la vida.
“Cuando uno incursiona en la filosofía, por ahí es otro tipo de verdad la que uno está de algún modo buscando. Es una verdad, si querés, más ontológica, más, digamos, como sentido general” relató el especialista y enseguida agregó: “Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo. Justamente por el buen funcionamiento de las cosas. Ahora, una cosa es que la cosa funcione y otra cosa es que sea verdadera. Y ahí es como para discutir qué buscamos en nombre de la verdad. Lo podés asociar a un propósito existencial, si querés, más trascendente.
SOCIEDAD
Las peleas de artes marciales más chulas del año están en una nueva serie de HBO Max protagonizada por una boyband de samuráis

Reconozco que sin demasiadas expectativas, dispuesto a aceptar que simplemente era algo para pasar la tarde pero, ey, que tiene duelos con katanas y eso siempre viene bien para echar la tarde del sábado. Y pronto me encuentro con que el primer episodio termina y que estoy deseando que la cosa siga. Eso es exactamente lo que me ha pasado con La Canción del Samurái, la nueva apuesta japonesa de HBO Max que estrenó el 9 de mayo y que viene a confirmar algo que llevamos viendo en los últimos años y que tiene en Shogun su mejor ejemplo: el jidaigeki, ese género de drama de época japonés que parecía cosa de cinéfilos nostálgicos, está atravesando un renacimiento absolutamente glorioso. Y lo curioso es que esta vez no llega vestido con el tono solemne y operístico de la serie de FX, sino con su corazón latiendo a ritmo de manga shonen.
{«videoId»:»xa9bj7m»,»autoplay»:true,»title»:»Tráiler de La Canción del Samurai», «tag»:»La Canción del Samurai», «duration»:»60″}
La serie adapta Chiruran: Shinsengumi Requiem, el manga de Shinya Umemura, el mismo guionista detrás de Record of Ragnarok, y traslada al lenguaje de la imagen real una de las historias más mitificadas de Japón: la del Shinsengumi, esa unidad de policía samurái que en los últimos años del shogunato Tokugawa intentó sostener un mundo que se desmoronaba a pedazos. La produce The Seven, el estudio responsable de Alice in Borderland y de la última adaptación de Yu Yu Hakusho, así que estamos hablando de gente que sabe muy bien lo que se trae entre manos cuando se mete a llevar manga al live-action. Pero lo verdaderamente sorprendente no es el pedigrí, sino la decisión creativa que han tomado para venderle todo este universo al espectador joven.

Hace 63 años se estrenó una película de samuráis tan buena, que su duelo final se sigue copiando. Desde Star Wars a Kill Bill
Una boyband con licencia para matar
Para lograr ese reclamo la serie ha mirado al material original y ha llegado a la conclusión de que la clave de su éxito está en replicar una fórmula que parece funcionar estupendamente entre la chavalada: crear su propia boyband. El protagonista es Yuki Yamada, al parecer una de las grandes estrellas en ascenso del cine y la televisión japonesa, conocido por Pending Train. nos pilla lejos, entiendo, lo mismo que resto del reparto con Kento Nakajima, una de las caras más reconocibles de Sexy Zone durante más de una década o Go Ayano, que da el contrapeso veterano y sereno como Kondo Isami, el maestro del dojo. No les conozco, pero una búsqueda rápido en Internet me da a entender de que son auténticas celebridades para el público nipón.
La clave de su éxito está en replicar una fórmula que parece funcionar estupendamente entre la chavalada: crear su propia boyband
La química entre todo el numero reparto funciona, y eso es lo realmente importante. La sensación es la de estar viendo a un grupo de amigos jugando a hacer la mejor serie de samuráis posible, y por algún motivo esa energía se contagia. Quien crea que mencionar lo de la boyband es una broma despectiva está cometiendo un error: Japón lleva décadas usando el aparato del idol como cantera para sus actores más versátiles, porque en ese sistema te enseñan a cantar, a bailar, a actuar, a soportar entrevistas eternas y a manejar tu cuerpo con una precisión que después se traduce maravillosamente bien en la coreografía marcial. El propio Nakajima conoce el oficio de actor desde adolescente. Cuando lo ves manejando una katana en el primer episodio, no estás viendo a un chaval guapo posando, sino a alguien que lleva diez años aprendiendo a controlar cada milímetro de su presencia escénica.

El director de acción que le ha robado las llaves del coche a Hollywood
Pero si estos actores funcionan en esta serie es gracias a un nombre que merece estar tatuado en el pecho de cualquier aficionado al cine de acción que se precie, ese es el de Sonomura Kensuke, el director de coreografía que se ha encargado de las peleas. Si has visto Bad City, Hydra o Baby Assassins, ya sabes por dónde van los tiros. Sonomura es uno de los grandes herederos contemporáneos del legado de Yuen Woo-ping y compañía, auténticos maestros en las escenas de acción del cine japonés acutal. En La Canción del Samurái, su trabajo brilla con una luz casi obscena: las cámaras siguen los movimientos en planos amplios y largos, los actores ejecutan secuencias técnicamente complicadísimas a velocidad de vértigo, y aun así se entiende perfectamente quién hace qué, dónde, y por qué. Hay mucho truco de cámara, y alguna trampa de edición, obvio, pero qué importa: el resultado es tremendo. Es lo opuesto al combate a base de planos de medio segundo y montaje epiléptico al que nos tiene acostumbrados gran parte del cine de acción occidental contemporáneo.
Una de las cosas más inteligentes que ha hecho esta producción es resistir la tentación de la cosplayitis
Lo más fascinante es cómo la serie consigue equilibrar dos tradiciones que hasta hace poco parecían incompatibles. Por un lado tienes el chambara clásico, ese estilo de combate histórico que es casi una danza ritual, lento, teatral, hierático, lleno de pausas dramáticas en las que dos espadachines se miden con la mirada antes de soltar un único tajo definitivo. Por otro tienes la influencia inevitable del cine de acción contemporáneo, y del anime, con su ritmo trepidante y su exigencia de espectacularidad continua. La Canción del Samurái elige no elegir y pasa de un registro al otro con una naturalidad pasmosa, homenajeando el chambara cuando la escena lo pide y desatando toda la furia del combate moderno cuando hace falta volar el techo. El duelo entre Soji Okita y Serisawa Kamo en el primer episodio es probablemente la mejor pelea de espadas que he visto en una serie de televisión desde la primera temporada de Ahsoka, y eso para mí es decir mucho, especialmente porque hay sables láser de por medio. Cremita.

El manga vive en los flequillos
Una de las cosas más inteligentes que ha hecho esta producción es resistir la tentación de la cosplayitis.Últimamente me parece que las adaptaciones de manga al live-action arrastran una larga y dolorosa historia de pelucas imposibles, maquillajes histriónicos y diseños de vestuario que parecen sacados directamente del salón del cómic. Mola par also fans, pero tal vez para una producción multimillonaria habría que andarse con algo más de ojo. The Seven ha optado por el camino contrario a Netflix, por ejemplo, y ha tomado como brújula estética el realismo de propuestas como Shogun, aunque sin acercarse ni de lejos a la ambición visual y cinematográfica de aquella. Los peinados locos que recuerdan al manga original están ahí, por ejemplo, pero todo está pasado por un filtro de sobriedad que evita el ridículo y le permite a la serie sostenerse como drama de época sin que el espectador tenga que hacer concesiones constantes. Es una decisión modesta pero acertada, y de las que más le ayudan a la hora de defenderse en la liga internacional del jidaigeki contemporáneo.
Los peinados locos que recuerdan al manga original están ahí, por ejemplo, pero todo está pasado por un filtro de sobriedad que evita el ridículo
La serie arrastra dos «peros» que también tengo que destacar, y el más evidente para mí es uno que me persigue habitualmente con el cine asiático y muy especialmente con este tipo de adaptaciones live-action: la sobreactuación constante de su reparto. Hay una tendencia muy marcada en estas producciones a caricaturizar a los personajes humanos para acercarlos lo máximo posible a sus contrapartidas dibujadas, como si los actores tuvieran la obligación moral de imitar las expresiones exageradas del anime original a riesgo de traicionar al fandom. Algunas escenas se resienten bastante de esa decisión, sobre todo cuando los protagonistas se cruzan en momentos de tensión emocional baja, y uno acaba echando de menos un puñado de matices que el guion sí ofrece pero la interpretación arrolla.

El segundo pero es más estructural y tiene que ver con un evidente diseño de producción pensado para el consumo en streaming antes que para la ambición cinematográfica, algo que se nota en ciertas elecciones de iluminación, de duración de plano y de planificación general que le habrían sentado muy bien a esta historia si se hubieran liberado del corsé del visionado fragmentado en el sofá. Aun así, ninguno de los dos lastres es lo bastante grave como para sabotear lo que la serie tiene de extraordinario, y que me ha sorprendido. Eso ya es decir mucho.
La Canción del Samurái es una de esas raras criaturas audiovisuales que quieren ser populares, a pesar de saber que se trata de un contenido de nicho en occidente
La Canción del Samurái es una de esas raras criaturas audiovisuales que quieren ser populares, a pesar de saber que se trata de un contenido de nicho en occidente, y exigentes al mismo tiempo a pesar de las limitaciones de su formato. el primer episodio funciona como puerta de entrada para cualquier espectador que se haya quedado con ganas de más después de Shogun, pero también satisface a los aficionados al manga que buscan una adaptación respetuosa, y a los amantes del cine de acción puro que llevan años hartos del montaje epiléptico hollywoodiense. Y todo ello sin renunciar a un marcado componente pop.

Netflix me ha tenido enganchado hasta las 2 de la madrugada para ver del tirón su nueva serie de samuráis
Es esa mezcla rara que creo que convertirá a esta serie en un buen estreno para HOB Max este año. Quizá la mejor manera de resumir lo que esta serie consigue sea decir que ha encontrado el equilibrio exacto entre dos mundos que la industria suele tratar como si fueran incompatibles: el del drama televisivo de prestigio y el del entretenimiento popular sin complejos. Aquí caben las largas secuencias de intriga política sobre el futuro del shogunato y los estallidos de pura adrenalina, los momentos íntimos de complicidad masculina y los duelos imposibles bajo los cerezos, las referencias a la historia real del Japón Meiji y los guiños descarados al manga original. Es un producto que no se avergüenza de ser entretenimiento ni de aspirar a la categoría de obra mayor, y es precisamente esa falta de complejos la que la hace, contra todo pronóstico, una de las cosas más interesantes que vas a ver este mes.
¿Y tú qué opinas? ¿Has visto ya La Canción del Samurái, qué te ha parecido? ¿Conocías el manga original? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.
En 3DJuegos | Shogun es una de las mejores series de 2024 y te explicamos su final de temporada. La serie de Disney+ ha sido un épico viaje a través del honor y la traición
En 3DJuegos | He empezado a ver este anime solo porque lo ha recomendado Kojima. Gracias Hideo, me encanta Nippon Sangoku
En 3DJuegos | Hace 64 años, un «fallo» técnico en un clásico de samuráis se convirtió en la mayor seña de identidad del manga y anime
(function() {
window._JS_MODULES = window._JS_MODULES || {};
var headElement = document.getElementsByTagName(‘head’)[0];
if (_JS_MODULES.instagram) {
var instagramScript = document.createElement(‘script’);
instagramScript.src=»
instagramScript.async = true;
instagramScript.defer = true;
headElement.appendChild(instagramScript);
}
})();
–
La noticia
Las peleas de artes marciales más chulas del año están en una nueva serie de HBO Max protagonizada por una boyband de samuráis
fue publicada originalmente en
3DJuegos
por
Chema Mansilla
.
ECONOMIA2 días agoEl dólar subió en la primera semana de mayo y se acercó a los 1.400 pesos
POLITICA1 día ago¡BOMBAZO POLÍTICO! Martín Tetaz revela las pruebas del oscuro financiamiento de las SIRA: ¿Massa financió el inicio de Milei?
ECONOMIA2 días agoCaputo dio precisiones sobre el Súper RIGI: “Estamos hablando de una inversión que puede ser de USD 20 mil o USD 30 mil millones”












