ECONOMIA
Cuál debería ser el precio del dólar en Argentina, según el FMI

Como expertos conocedores del lenguaje diplomático, los funcionarios del Fondo Monetario Internacional suelen empezar con elogios, y dejan para el final, en letra chica y con lenguaje técnico las críticas más complicadas. El último reporte no fue la excepción, dado que tras un extenso elogio a los esfuerzos fiscales y la agenda de reformas del gobierno, insiste en un punto altamente sensible: el peso argentino está sobrevaluado.
El tema cambiario aparece en los anexos del reporte divulgado la semana pasada, en el cual se analiza con detalle una serie de metas de política económica, el desvío respecto del plan trazado y se plantea la evolución a corto plazo.
En lo que respecta al tipo de cambio, el modelo que aplica el Fondo para determinar la cotización que no impida el crecimiento de la economía, establece que tiene que haber un superávit de 0,7% del PBI en la cuenta corriente. Pero el año pasado se registró un déficit de 1,1%. En otras palabras, salieron más dólares de los que entraron por los canales de comercio y servicios, cuando el FMI sugería un resultado positivo para no afectar la competitividad.
Y, de acuerdo con esa evaluación, el peso está sobrevaluado en un 15,8%. Esa apreciación toma en cuenta el tipo de cambio de fin de año. En el primer cuatrimestre, esa situación se agravó, dado que el dólar se abarató en términos nominales, mientras la inflación acumuló un 12,3%.
El FMI se cuida de no aconsejar explícitamente una devaluación, pero deja en claro su opinión. Considera que hay problemas de competitividad, y que podrían agravarse si el panorama internacional -que ahora juega a favor de Argentina por los precios de las materias primas-, se tornara menos amigable.
«Dejen que el tipo de cambio actúe como un colchón para absorber un shock externo. Aprovechen el buen momento de la exportación petrolera para acelerar la acumulación de reservas, lo cual podría reducir el riesgo país argentino y facilitar el acceso a mercado y la inversión externa directa», sugiere el staff del FMI.
Es una forma indirecta, pero bien elocuente, de decirle al gobierno que ante una crisis comercial global, haga como sus vecinos de la región, que devalúan sus monedas.
Cuánto debería valer el dólar según el FMI
El informe del FMI, en vista del esfuerzo fiscal del Gobierno y del creciente superávit comercial, trató de ser componedor y proyectó que el tipo de cambio real va a converger gradualmente hasta «un nivel consistente con los fundamentos de mediano plazo, en el contexto de una mayor flexibilidad y un cuidadoso desarme de las restricciones pendientes».
Esa última alusión es una concesión a Caputo y al Banco Central, en el sentido de que sus preocupaciones por lo que podría ocurrir en un sistema de flotación limpia están justificadas.
Y el informe agregó también la necesidad de mantener políticas que garanticen la estabilidad de los flujos de capitales, algo que, como demuestra la historia económica argentina, puede revertirse rápidamente ante una crisis internacional.
La parte optimista del reporte es la que proyecta que el déficit de la cuenta corriente se reducirá este año, hasta un nivel de 0,8% del PBI.
Pero eso no quita que el Fondo haya tocado el tema que le incomoda al gobierno, y que le haya puesto cifras. Si se considera que, el retraso de 15,8% se agravó en este cuatrimestre por una inflación en dólares de 9% -descontado el IPC de Estados Unidos-, entonces la conclusión es que, para el Fondo, el dólar en Argentina debería estar cotizando por encima de $1,740.
Es, casualmente, un precio que coincide con el límite superior de la banda de flotación.
La visión de Caputo: el dólar no está atrasado
Claro, en Argentina las cosas no son tan fáciles. La propensión de la población a ahorrar en la moneda estadounidense hace que la demanda de dinero sea altamente volátil. Y, como saben los propios funcionarios del Fondo, la última vez que se impuso la sugerencia de una devaluación nominal, durante la campaña electoral de 2023, la inflación duró pocas semanas en neutralizar por completo el salto inflacionario.
Pese a esos antecedentes negativos, el atraso cambiario siempre aparece entre las críticas al plan económico, sobre todo por las dificultades de la industria doméstica para competir con las importaciones de origen asiático. La pérdida de cuota de mercado, los despidos de empleados y los números recesivos que mostró la industria hasta febrero hacen que esta polémica se exacerbe.
Sin embargo, el ministro de economía, Toto Caputo, se ha mantenido firme en rechazar cualquier sugerencia de devaluación. Lo hizo saber de manera muy gráfica hace dos meses, al hablar en la Bolsa de Comercio de Rosario, cuando calificó de «patéticos» a los economistas que reclaman un dólar más alto y -tapando el micrófono, pero modulando con claridad- dijo que «me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo».
Es probable que, ante la misión técnica del FMI, Caputo haya usado palabras más técnicas, pero el fondo de su argumento es el mismo: que no puede hablarse de atraso cambiario cuando se está produciendo un récord de exportaciones, al mismo tiempo que el Banco Central compra divisas y, para completar, caen las tasas de interés.
Según Caputo, cuando el dólar y las tasas de interés caen en forma simultánea, eso es un síntoma de que los argentinos tienen mayor disposición a mantener pesos en el bolsillo. Es un punto que generó polémica entre los economistas, dado que los de la línea más ortodoxa sostienen que, contrariamente a lo que afirma Caputo, si hubiese mayor demanda de pesos eso se reflejaría en una mayor tasa de interés.
Pero entre quienes adhieren al punto de vista del gobierno hacen otro análisis: afirman que cuando cae la demanda por activos en pesos, el Tesoro se ve obligado a convalidar una mayor tasa en las licitaciones de bonos, y eso se traslada al sistema bancario. Es, de hecho, lo que ocurrió el año pasado antes de la elección legislativa. Ahora, como los inversores compran bonos en pesos a menor tasa, Caputo tiene el argumento de una mayor demanda de pesos.
En definitiva, el argumento oficial es que no sólo no hay atraso cambiario sino que, de no ser por la intervención oficial en el mercado financiero, la cotización del billete verde estaría más abajo.
Desarmar el cepo sin que explote
Pero hay otros factores que entran en el análisis, y que resultan políticamente molestos para el gobierno. Por ejemplo, que el FMI -en coincidencia con economistas críticos, como Domingo Cavallo– insista en que hay que levantar el cepo cambiario remanente, que sigue limitando la operatoria para las empresas. Nadie cree que el levantamiento abrupto del cepo pudiera ser inocuo. Más bien al contrario, se da por obvio que la reacción inicial del mercado sería una devaluación.
En lo que no certidumbre es en el monto de ese salto. Mientras algunos expertos, como Cavallo, opinan que sería acotado y temporaria, Toto Caputo no opina lo mismo. Si bien afirmó que su objetivo es llegar a la liberalización total del mercado cambiario, dijo que todavía no están dadas las condiciones.
Y su prudencia es explicable: el ministro había proyectado para el año pasado una caída del índice de riesgo país por debajo de los 400 puntos, lo que le abriría la puerta del mercado global de crédito. Sin embargo, la masiva dolarización pre electoral -equivalente a la mitad de la base monetaria- echó por tierra con esos planes. El propio FMI admite la probabilidad de que en 2027 esa dolarización se repita ante una incertidumbre política.
Ahora, Caputo tiene por delante un exigente calendario de vencimiento de deuda dolarizada, que implica que, para el trimestre julio-septiembre se acumularán obligaciones con los bonistas del mercado por u$s4.400 millones, con el FMI por u$s1.613 millones y con otros organismos de crédito por u$s1.529 millones.
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ECONOMIA
El riesgo país vuelve a rozar los 450 puntos: hay causas externas que lo impulsan, pero también factores locales

La expectativa de un riesgo país perforando los 400 puntos básicos, que parecía algo casi seguro hace solo un par de meses, repentinamente se evaporó. Ahora este indicador rebotó a niveles de 445 unidades, reflejando dos situaciones: un deterioro de los bonos argentinos en dólares y también la solidez de la tasa larga de los bonos norteamericanos.
A la hora de buscar las razones, en buena medida éstas provienen del mercado internacional. Con caídas bastante bruscas sobre todo en el mercado tecnológico de Estados Unidos (especialmente en las empresas muy relacionadas al sector de inteligencia artificial), la consecuencia fue un castigo a los activos considerados más riesgosos.
Los bonos argentinos están dentro de ese grupo y sufrieron caídas cercanas al 1 por ciento. Nada muy fuera de los normal para este contexto de Wall Street, pero que se suma a varios días ya más flojos, especialmente para los títulos de mayor duración. Ayer el Tesoro licitó un nuevo tramo del Bonar 29 y consiguió 309 millones de dólares. Una colocación discreta, que muestra que el apetito por deuda local se mantiene relativamente acotado.
La decisión de la Reserva Federal de mantener las tasas sin cambios no fue del todo bien recibida por el mercado. En realidad, los inversores se inquietaron en la conferencia de prensa posterior y que el voto directorio fue dividido: nueve votaron a favor de dejar todo igual y tres consideraron que era el momento para subir 0,25 puntos básicos, pero se impuso la mayoría.
Hubo caídas de más de 2,2% del índice Dow Jones (que agrupa a los papeles líderes del mercado) y del 1,7% del Nasdaq, que agrupa a las principales tecnológicas. En este escenario era casi imposible que los activos argentinos pudieran mantenerse a flote. Hubo caídas en bonos y también en acciones argentinas que cotizan en Wall Street, aunque con pérdidas marginales.
Pero no toda la presión sobre los bonos y el riesgo país proviene de afuera. El contexto local también empezó a generar mayor preocupación entre los inversores.
Los últimos indicadores de aceptación del Gobierno vinieron con fuertes bajas, algo que inquieta al mercado y, en particular, a los tenedores de bonos. Tanto el Índice de Confianza en el Gobierno (que elabora la Universidad Di Tella) como el de confianza ciudadana arrojaron en julio caídas muy significativas.
Se trata de dos indicadores claves, que muestran un deterioro tanto de la visión del “círculo rojo” como del público. En otras palabras, ni la baja de la inflación, la estabilidad cambiaria y el récord de exportaciones terminan de trasladarse al bolsillo ni al consumo.
En la medida que no haya una mejora del consumo interno será difícil que el Gobierno logre una mayor aceptación y despeje el escenario electoral.
Si la proyección para las elecciones del año que viene no le da una diferencia significativa al Gobierno, el trayecto hacia las elecciones generará no solo volatilidad cambiaria sino en los activos nominados en dólares. El impacto podría sentirse especialmente en los bonos dolarizados.
¿Es razonable esperar un riesgo país en torno a 400 puntos o incluso menos si las elecciones vienen ajustadas o hay elevadas posibilidades de ir a un balotaje? Todo indica que en ese escenario los bonos sufrirían significativamente. El año pasado además del salto cambiario el riesgo país trepó a más de 1.100 unidades. Todo eso fue antes que La Libertad Avanza gane las elecciones legislativas.
La mejora de la calificación por parte de las tres calificadoras más importantes le dio un envión a la deuda argentina y más inversores se animaron a comprar. Pero ahora ese impulso parece haberse agotado. Ahora la evolución de los bonos dependerá de una mejora en el clima internacional, pero también serán necesarias algunas señales que muestren una mayor consolidación del gobierno a nivel local.
South America / Central America,Government / Politics
ECONOMIA
Caputo pasó la aspiradora de pesos, captó dólares baratos y superó con éxito un test clave

Después de la jornada de susto vivida el martes, cuando por primera vez en el año el Banco Central no pudo comprar dólares, vino el alivio. En la licitación del Tesoro del miércoles se volvió a prender la «aspiradora de pesos» y, además, se captaron u$s309 millones del mercado local con un bono que vence en 2029.
Es, de alguna manera, una señal de «vuelta a la normalidad», en la que el ministro Toto Caputo sigue priorizando la contracción monetaria por encima de la liquidez y la expansión del crédito.
Y, una vez más, quedó evidenciado que el nivel récord de 25 años en depósitos en el sistema bancario -más de u$s40.000 millones– se ha convertido en el principal aliado del gobierno, que ante la hostilidad del mercado internacional de crédito recurre a los dólares «baratos» de los ahorristas locales.
La normalización del panorama financiero empezó con el mercado de cambios, donde el dólar oficial cayó dos centavos. En otras circunstancias, habría sido una variación irrelevante, pero después del nerviosismo que había invadido el mercado el martes, cuando se llegó a tocar los $1.500 con una fuerte demanda privada, esa pequeña caída equivalió a un respiro. Sobre todo porque, además, el BCRA compró u$s36 millones.
Esa reacción del mercado pareció confirmar la presunción de que el principal motivo de tensión del martes había sido la «pulseada» entre la entidad dirigida por Santiago Bausili y los inversores en bonos «dólar linked», que forzaron el alza cambiaria porque ese día se fijaba la cotización a la que deberían cobrar su premio.
Luis Caputo volvió a pasar la aspiradora de pesos
En cuanto al Tesoro, no solamente logró «rollear» todos los vencimientos de deuda, que ascendían a $8,4 billones, sino que, además, colocó títulos extra por $3,77 billones.
De esta manera, se confirmó que la expansión ocurrida en la licitación de hace un mes fue una excepción, tal vez motivada por la extendida queja bancaria sobre la falta de liquidez. Lo cierto es que ahora se volvió a lo que fue la práctica de todo el año: absorber pesos «excedentes» para acotar el riesgo de presión inflacionaria o de tensiones devaluatorias.
Se revalidó así la vigencia de la frase que Caputo había pronunciado a inicios de año: «No puedo obligar a que los argentinos tengan pesos en el bolsillo si no los quieren».
Para quienes se habían puesto nerviosos por el riesgo de una nueva corrida dolarizadora, esta señal fue tranquilizadora. Pero para quienes temen que se pueda «secar» la plaza y esperan con ansias una baja más rápida de las tasas de interés activas, fue una confirmación de las expectativas negativas.
Pateando vencimientos para 2028
Para retomar esa política contractiva, el menú ofreció a los inversores un nuevo instrumento dual, con un mix de Tamar y dólar linked. Es decir, que el bono cubre tanto contra el alza de tasas como contra una suba del dólar. Ese título, que vence en 2028, resultó ser el más demandado, con $4,72 billones y una tasa de 6,64%.
En cambio, generaron menos interés los bonos dólar linked tradicionales y el bono dual con CER y Tamar -ofrece cobertura contra la inflación-, con una tasa de 5,4%.
En el terreno de la renta fija fue donde se concentraron los inversores que miran el corto plazo. La Lecap con vencimiento en octubre próximo captó $4,61 billones. El detalle importante para el gobierno es que la tasa de rendimiento efectivo anual, de 27,57%, implica una baja de casi un punto respecto de hace un mes, lo cual da la pauta de la mejora de expectativas en el mercado respecto de la evolución del IPC.
El otro motivo de festejo es que, una vez más, se logró el objetivo de patear vencimientos por $5,5 billones para después de las elecciones presidenciales. «Extender la duration» es la expresión técnica que usa el secretario de Finanzas, Federico Furiase. Concretamente, esa extensión fue de 0,92 años.
Mirando los dólares «locales»
Pero si hay un tema por el cual el gobierno realmente está celebrando es por el éxito del nuevo bono en dólares con vencimiento en 2029. Ya en su debut había tenido una alta demanda –u$s470 millones-, y en su segunda edición volvió a tener aceptación.
Los inversores ofrecieron u$s309 millones en la primera jornada, y podrán ampliar la demanda en u$s150 millones este jueves.
Y la tasa de interés nominal se mantuvo en 8,02%. Esto implica que, por más que resulte más caro que el bono con vencimiento en 2027 -que se colocó a una tasa promedio de 5,25%, igualmente sigue siendo más conveniente para Caputo financiarse con el mercado local que con el crédito internacional.
Con la volatilidad del contexto global -que echó por tierra con el sueño de que el índice de riesgo país quiebre el piso de 400 puntos- ya parece haberse neutralizado también la euforia que mostraba el propio Caputo hace apenas un mes, cuando se confirmó el acuerdo por el cual el Banco Mundial saldría como garante de una toma de deuda argentina.
En ese momento, el ministro de economía celebró que podría endeudarse a una tasa de 6%, en vez del 10% que le habían pedido los inversores durante todo el año.
¿Cuánto le pedirían hoy a Caputo si saliera a colocar un título en el mercado internacional? Teniendo en cuenta que el Treasury a 10 años -considerado la referencia internacional- ronda los 4,64puntos, sería casi imposible que Argentina pudiera tomar crédito en dólares a menos de 9,10% nominal anual. Como quedó demostrado en esta nueva licitación, sigue siendo negocio alejarse de Wall Street y mirar los dólares del mercado local.
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ECONOMIA
Mercados: el precio del petróleo se disparó 8%, subió el riesgo país y sufrieron las acciones argentinas

Los negocios bursátiles globales continuaron con dinámica inestable, junto con un precio del petróleo nuevamente en alza debido a la tensión geopolítica, la decisión de la Reserva Federal de EEUU de dejar sin cambios las tasas -aunque con disidencias- y la presentación de resultados trimestrales en Wall Street.
El precio del petróleo rebotó con fuerza y llegó a subir cerca de 8% este miércoles hasta superar de nuevo los 90 dólares por barril en el caso del Brent del Mar del Norte, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su país responderá duramente a Irán tras el reciente ataque contra una base estadounidense en Jordania.
“Los vamos a atacar con fuerza”, ha comentado el inquilino de la Casa Blanca en declaraciones a Fox News, después de que esta noche Irán lanzase una andanada de misiles balísticos contra la base aérea y el cuartel general del Ejército estadounidense en Jordania.

El rebrote de las hostilidades entre EEUU e Irán provocó la inmediata respuesta al alza del precio del crudo de Brent, de referencia para Europa, que se encareció 8% respecto del cierre anterior y cerró un máximo intradía de USD 90,81 en el contrato con entrega en septiembre.
En el caso del crudo WTI (West Texas Intermediate) de EEUU, el costo del barril subió 7,2% en comparación con el precio marcado al cierre del martes, en 84,97 dólares.
En ese contexto, los principales indicadores de las bolsas de Nueva York pronunciaron la tendencia bajista luego de conocerse la decisión de la Fed de EEUU de dejar sin cambios la tasa de política monetaria en un rango de 3,5% a 3,75% anual, en línea con lo esperado, pero con discrepancias entre los integrantes del comité. El Dow Jones de Industriales cayó 2,2%, seguido por el panel tecnológico Nasdaq (-1,7%) y el promedio S&P 500 (-1,5%).
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires retrocedió 0,7% en pesos, en los 3.233.105 puntos. Los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociados en dólares en Wall Street finalizaron con mayoría de bajas, aunque relativamente moderadas. Entre los papeles perdedores destacaron Satellogic (-6,2%), Banco Supervielle (-2,6%) y Ternium (-2,6%). Entre los ganadores lideraron Globant (+8,8%) y Vista Energy (+2,7%).
Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- cayeron un 0,3% en promedio, mientras que el riesgo país de JP Morgan subió un entero, a 443 puntos básicos, tras un máximo intradiario en los 450 puntos.
El renovado encarecimiento del petróleo y la creciente incertidumbre sobre la resolución del conflicto en la región del Golfo Pérsico se produjo horas antes de conocer la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos sobre las tasas de interés.
El consenso fue desde un inicio que el banco central estadounidense no iba a modificar las tasas de interés tras la mejora de los datos de inflación y empleo, aunque el instituto emisor estadounidense se mantendrá alerta en un contexto marcado por la incertidumbre de la situación en Oriente Próximo.
El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Fed decidió por unanimidad mantener la tasa de referencia en el rango objetivo del 3,50% al 3,75%, aunque entonces varios miembros del comité ya mostraron su opinión favorable a una subida de los tipos de interés debido a las presiones inflacionarias.
North America
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