DEPORTE
Cumplió 30 años ininterrumpidos como DT de su club, hace más de siete años que no gana pero no renuncia porque todavía sueña con ascender

La alarma suena a las 5. Todavía es noche en Montevideo. Fresca noche en la barriada de La Unión. José Luis de La Quintana se levanta como puede. Lagañoso pero acostumbrado. Como cada día. Lleva 21 años con la misma rutina. Un café o un cortado para despabilarse y entrar en calor. “ Soy un uruguayo atípico. No me gusta el mate aunque mi madre toma yerba Canarias. Cuando éramos chicos, y siendo yo parte de una familia numerosa, la vuelta era larga y yo muy impaciente… Lo mío es el mate cocido…”, le explica sus motivos a Olé este capitalino de 62 agostos para 63 que no baja los brazos. Ni quiere hacerlo ni puede hacerlo. Hará, rato más tarde, unas 15-20 cuadras hasta su laburo en La Blanqueada y se pondrá al hombro una ardua jornada de trabajo. Lejos de la pelota. El fútbol charrúa también tiene sus cositas organizativas, a la argentina. La Divisional C, por caso, arrancó el 10 de mayo y, para un puñado de clubes que no dieron el piné, terminó el 28 de junio. La temporada duró dos meses. Habrá que rebuscárselas. Buscar otra actividad, otro cuadro, otro cantar, otro amanecer. Lo dice La Vela. Cuando todo parece jodido es cuando hay que poner. Y José sabía.
A unos dos kilómetros del mítico estadio Centenario, el Autohouse Parking, al 3300 de la avenida 8 de Octubre, un estacionamiento cerrado que parece haberse quedado en el tiempo, espera por De La Quintana, quien llegará para ganarse el mango. “Recibo clientes, estaciono vehículos, brindo buena atención y cobro…”, cuenta el veterano empleado que le quitó la vista al reloj y al añejo calendario. De no creer, ese canoso playero -casi sin saberlo o sin importarle- está haciendo historia lejos de una cancha, su verdadero hábitat. Un 4 de Agosto de 1996, hace exactamente 30 años, se hizo cargo del primer equipo de Alto Perú en el arranque del torneo de Aficionados, una suerte de tercer escalón del fútbol uruguayo. En el Méndez Piana, habitual casa de Miramar Misiones en el Parque Battle y Ordóñez, y hoy por hoy, un estadio de pasto sintético también pensado para el rugby, el Negrirrojo le ganó 1-0 a Huracán de Paso de la Arena por el gol de Aldrin Almeida ante escasos 200 testigos. Fue su primer partido como entrenador. Para enmarcar: las alegrías nunca sobraron.
Desde ese momento, hace tres décadas ya, De La Quintana nunca más dejó de dirigir al particular equipo de Malvín Norte. Ni desde adentro ni desde afuera. Porque Don José Luis no solo hace las veces de técnico: también es el presidente y máximo referente de la institución desde la muerte de Carlos Acosta Vidiella, el pope de Los Ácratas, allá por 2019. Si “lucha y resiliencia” es el actual slogan del club, el dicho -a la vez- puede pintar a su DT, que no se pondrá el buzo hasta noviembre, cuando comiencen las captaciones de jugadores de cara a un nuevo campeonato que, seguro, no lo sacará de pobre. Porque acá viene la otra rareza cósmica: desde el sábado 20 de julio de 2019 en el Parque ANCAP, cuando Alto Perú goleó a la tardecita y como visitante a Artigas por 5-2 en la vieja Primera División Amateur, el equipo no gana un partido de campeonato en la cancha. Sí, lleva más de siete años sin ganar por la Liga local y va camino a los ocho por designios organizativos.
-En el fútbol los resultados mandan. Pero usted, como presidente, no puede echar al técnico porque son la misma persona, José Luis.
-Si me salen mal las cosas no me pongo a llorar. Si en tu casa hay algo que no funciona… ¿Te vas o te quedás? No tenés que aflojar. Es un tema de mentalidad. Mi mente tiene 25 años. Razono como un hombre de 25 años más allá de lo que diga el documento. Cuando no tenga la fuerza ni la voluntad, me retiro y se terminó. Nunca nadie me dijo nada porque solo los que estamos acá adentro sabemos de qué se trata.
-Sin embargo… ¿Nunca pensó en dar un paso al costado? Al menos, para descomprimir.
-No hay cosas turbias. No somos una improvisación. Planificamos todo pero con nuestros recursos. Queremos subir a la B pero es difícil, muy difícil. El fútbol es un concepto y te tenés que preparar para ganar. Aunque no siempre se puede. ¿O en la vida te va bien todos los días?
De un truquito en el bar a una impensada invitación
El hombre de la calle atraviesa el temporal. Sin fútbol, las horas no corren más. Montevideo se hace todavía más lenta y, desde el parking, la vida va y viene en la cabeza de De La Quintana. Su vínculo con la redonda llega color sepia a la charla. Comenzó en el baby fútbol de Uruguay Buceo, luego pasó por Alumni, y ya en el secundario, “un señor que organizaba torneos” lo invitó a probarse en Wanderers. Luego deambuló por Liverpool hasta que el fútbol quedó en un segundo plano porque el trabajo pudo más que sus sueños. “Pero un día, jugando al truco en Puerta del Sol, el bar de Pepe y Manolo en Avenida Italia y Luis Alberto Causa, un muchacho me invitó a probarme en Alto Perú, un club de la zona. Estuve practicando durante 1986 hasta que recién un año más tarde, me llegó una carta de Acosta, el presidente, para sumarme al plantel. Conmigo entró mi papá, Antonio, que falleció como delegado activo en 2020. Tuve años negativos porque las lesiones me tuvieron a maltraer. Pude jugar hasta 1994 y, en simultáneo, hice el curso de entrenador en el ISEF (Instituto Superior de Educación Física), dentro del Parque de los Aliados…”, rememora José Luis para Olé.
Hubo vida, claro, antes de De La Quintana DT. El 2 de octubre de 1994, en el Parque Oriental, de La Paz, Alto Perú cerraba la temporada con un 2-2 como visitante ante Salus. El Alto fue dirigido por un tal Luis Gómez, de quien el Mundo Fútbol uruguayo le perdió el rastro. Se hizo un bache profundo. En 1995, cuando el presidente del club se acercó a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para pagar el canon por la participación en el torneo, apareció una deuda que los dejó afuera por morosos. “Revisando en el taller de mi viejo Pocho antiguos balances, vimos que a algunos clubes les habían prestado desde adentro hasta 5000 dólares para ponerse al día. Por eso, pusimos un abogado, apelamos la sanción y nos dieron la razón por votación. Por eso, en 1996, volvimos a competir…”, recuerda JldlQ sin perder su tono monocorde y armonioso. “Pensar que arranqué con un triunfo… La vida fue andando y hoy, cuando me quiero dar cuenta, ya pasaron 30 años. Ahora queda mal salir de un proyecto que necesita de gente para salir adelante. Necesitás de gente como Acosta y mi papá”, reflexiona De la Quintana. Alto Perú, sí, es una familia. Y como en toda familia…
-¿Y a qué le ha gustado jugar?
-Me gusta ser un equipo fuerte defensivamente, rápido en las transiciones y con buenos definidores. Un equipo que defienda como los italianos, que sea rápido como los ingleses y que defina como los brasileños. Pero en el Ascenso uruguayo… Antes éramos todos amateurs. Ahora muchos son ultra profesionales. Y acá no hay punto medio: nos quedamos quietos o remamos.
-30 años es mucho tiempo, José Luis. Encima sin grandes resultados…
-Me gustaba mucho Alex Ferguson y cómo, en los ’80, la dirigencia del Manchester United apostó por el largo plazo. Después ganó más de 30 títulos con los ingleses.
-Más acá en el tiempo me gustaba mucho ver en la TV argentina el programa ‘Atlas, la otra pasión’. Aunque ellos tenían mayor infraestructura por ser un reality. Me encantaba Néstor Retamar, su técnico, que la peleaba y le daba para adelante a pesar de todo. Una vez nosotros actuamos: tuvimos una pequeña participación en cancha de Rampla dentro de una serie llamada Uruguayos Campeones -de Adrián Caetano-.
-Ferguson, Retamar… El agua y el aceite.
-No quiero compararme con nadie porque eran otras condiciones económicas y materiales. Pero ya viví lo que es pelearla acá. Y más allá de los resultados. Cuando llegué al club, Alto Perú ya no tenía cancha ni sede ni nada. Y cuando se pierde el arraigo, se pierde el barrio. Y se pierde todo…
Entre anarquistas, carnavaleros y víctimas de la dictadura militar
Allá por 1936, cuando los uruguayos sumaban su quinta temporada de fútbol profesional, el juguete perdido de esos pibes del barrio Valparaíso era una pelota desclasada. Bajo el flamear de banderas rojas, banderas negras, los adolescentes (y no tanto) se reunían en un campo de la calle Alto Perú para darle rienda suelta al vicio de la redonda. De corazón anarquista -de allí el origen de sus colores, Sangre y Luto- y ajenos a aquellas batallas del Siglo XIX, un 1° de mayo de 1940, el Día Internacional de los Trabajadores, los botijas decidieron formalizar su agrupación y fundaron un club. Así, continuaron disputando campeonatos de potrero hasta que, en 1961, optaron por afiliarse a la AUF para participar de la Divisional Extra B, quinta categoría charrúa por esos tiempos.
Sus logros se cuentan con los dedos de una mano (izquierda, claro). Las rústicas y discontinuas redes sociales de la institución destacan en sus bío que El Alto fue “ campeón Extra 1965, campeón Intermedia 1968 y campeón Apertura 2006”. Todos logros del Ascenso profundo. Incluso supo jugar algunas (poquitas) temporadas en la B, coqueteó con elencos de Primera en la Copa Alberto Lois de 1969 y, en 1981, estuvo cerca de subir a la A pero un fallo errático del árbitro mundialista Ramón Barreto lo dejó sin chances de clasificar a un triangular final. Aunque lo peor aún no había llegado.
Un año más tarde, la vida de la institución tuvo un antes y un duro después: la dictadura militar se quedó con su casa de 11 contra 11, el Parque Domingo López de Avenida Italia y Mataojo (el último con tablones de madera en Montevideo), con el tablado de hormigón Antonio ‘Cachela’ Casaravilla que era punto de atracción del Carnaval, con los legendarios campeonatos nocturnos y con la vida social de todo club de barrio para transformar el terreno en el Liceo n°10 y en la linda canchita del baby fútbol de Terremoto. Más allá de tibias negociaciones, la Intendencia de Montevideo jamás realizó una reparación histórica por aquellos terrenos municipales transformados en educación y esparcimiento. En Alto Perú, puede decirse, son nómades desde hace 44 interminables años.
-¿Y dónde juegan, José Luis?
-Alquilamos lo que queda disponible. Acá son muchos los cuadros en esa situación. Cuando el club perdió la cancha comenzó a navegar en aguas turbulentas.
-¿Y no consiguieron sede social? ¿Una sala de reuniones? ¿Un buffet? ¿Un metegol? Algo…
-Tenemos una sede administrativa. Moreli al 4000.
-¿Tiene algún escudo? ¿Algún cartel?
-Desde afuera no te das cuenta. Es la casa donde vivo. Pero es provisoria, eh.
El dedo acusador: del “equipo en situación de calle” a “los juegos del hambre”
La estadística es ingrata. Por lo menos, en los últimos tiempos. Aquella final para definir al mejor de la C en 2006 lo encontró -sin suerte- en una final contra Boston River, hoy en Primera, y fue casi una excepción a la regla. Los números no cierran. Desde aquella mentada victoria en 2019, Alto Perú lleva la friolera de 76 partidos ligueros sin ganar ‘jugando’ con 14 empates y 62 derrotas. Y la aclaración tiene sentido: se ha llevado puntos por la no presentación del rival o la mala inclusión de algún jugador de enfrente. También se dio un gusto aunque por la fase preliminar de la Copa AUF cuando el 29 de junio de 2022 le ganó 3-2 a Progreso de Estación Atlántida -un equipo de la OFI, Organización del Fútbol del Interior- y en cancha de los aurinegros canarios allá en Canelones. Y hace un par de semanas, olía a triunfo contra Los Halcones pero a falta de dos malditos minutos, un tal Diego De Souza puso el 1-1 y los dejó sin la chance de volver a descorchar un agua con gas.
El equipo de De La Quintana no gana un partido desde 2022. Y por torneo de liga charrúa desde 2019.
“ Se la da mucho color a eso. Al tiempo que llevamos sin ganar. A los partidos que llevamos sin ganar. Pero hubo temporadas en las que solo jugamos nueve partidos al año. Como que se empeñan en resaltar algo que no anda. La prensa le da más color a eso que a nuestros valores solidarios, a nuestros chicos que dan como 20.000 vueltas para poder cumplir con los entrenamientos. Acá es el espíritu humano contra la adversidad. La ilusión de progresar es el motor, el sueño. Y eso no lo podés comprar con plata ni con una SAD…”, sentencia sin perder la calma -en charla con Olé– un De la Quintana a quien suele señalárselo del otro lado del charco como el gran responsable de los momentos de tensión de Alto Perú, un club que además de carecer de buenos resultados, de una cancha y de una verdadera sede social, también carece de hinchas. Y no los busca más allá de los (pocos) interesados. Ni siquiera maneja un mínimo Depto. de Marketing que venda camisetas a pesar de los innumerables pedidos. Como si nada les interesase por ser un poquito mejores.
“Un equipo en situación de calle…”, llegó a bautizarlo el periódico La Diaria. Y Gonzalo Scotti, uno de sus referentes hasta 2025, el ex capitán, habló en caliente de una institución manejada en la “total clandestinidad” y, entre tanta denuncia pública, comparó el momento con “los Juegos del Hambre”. Pensar en un guiño político también sería una trampa: en estos 30 años de JldlQ como entrenador del Sangre y Luto, pasaron presidentes como Sanguinetti, Battle y Vázquez; pasaron Mujica, Pou y Orsi; pasaron blancos, colorados y frenteamplistas. Y la historia, la deuda interna, no cambió…
-¿Cómo sobreviven? ¿Cuántos socios tienen? ¿Cuántos colaboran con la cuota? Hay gente que dice que quiere asociarse y nunca tiene respuesta.
-Somos unos 40. Para hacerte socio tenés que hablar con otro socio y después la Comisión Directiva resuelve… ¿Cómo nos mantenemos? Cuando andás en la mala, los sponsors no aparecen. Será cosa de conseguir buenos resultados. No gastamos más de lo que contamos. Si tenemos 5 pesos, gastamos 5 pesos. Nos acomodamos también al contrato de la TV. La divisional es amateur. Practicamos después de las 16 porque el 90% del plantel es laburante. Somos una gran familia. Jorge Caetano, Chochi, desde hace 26 años es el equipier (utilero); Fernando Andino fue campeón con la Cuarta en 2004 y sigue vigente con récord de partidos; Danilo Fernández, nuestro golero, también nos acompaña desde hace rato. Somos un buen grupo de gente anónima.
-¿No es como quedarse en el tiempo? Justamente en Uruguay donde las SAD’s son moneda corriente, la lógica de la autogestión se aplaude pero… ¿A qué costo? Es perder y perder.
-El año pasado tuvimos ocho, diez ofrecimientos para ser SAD. Recibí incluso llamadas desde la Argentina. Uno me mandó una foto con Maradona para sacar chapa. Mis mejores épocas en Alto Perú fue cuando transité con gente de honor y palabra. Eso nos fortalece. Me encanta que varios clubes que competían con nosotros en la C hoy estén en Primera gracias a las SAD. Me parece bárbaro. Sin embargo, por ahora, mantenemos los lineamientos del club de barrio. Somos un club social. El año pasado tuvimos varias peleas por ponernos firmes en nuestras ideas. Entiendo la situación de los gurises que no pudieron jugar. Igual, no somos necios. No le podemos cerrar la puerta a nadie. Estamos preparados para todo siempre que sea derecho, concreto y honesto.
-¿Lo peor son los resultados o lo que se dice? Parece mucho pero algunos comentarios en las redes sociales hablan de “una dictadura” por encima de una marca de continuidad que, en la actualidad, debe ser récord regional…
-No me preocupa lo que puedan hablar afuera. En el club no se habla ni de política ni de religión. Yo trabajo para ganar. Nos vamos vacíos de la cancha. El fútbol es un permanente renacer: termina un juego y vamos al otro. Venimos perdiendo porque la categoría ha cambiado. Si te llama un jugador y te dice que no puede venir porque tuvo que llevar al médico a su gurí, ¿qué voy a decir? Solo pierde el que deja de luchar. Si no podemos crecer, nos tenemos que mantener. Queremos volver a contar con nuestro espacio, nuestra casa, nuestra sede. Pero, mientras tanto, competimos. En mi mente solo me preocupa si me levanto sin ganas de seguir en la lucha…
Y la alarma de José Luis de la Quintana, como todos los días, volverá a sonar a las 5.
José Luis de la Quintana,Alto Perú,Uruguay
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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