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De una cómoda victoria, al sufrimiento del empate inesperado y la gloria final: a 40 años del título mundial en México

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Los goles de la inolvidable final de México 86 (Archivo Prisma)

Aquella frase. Habían transcurrido 55 días desde ese mediodía del lunes 5 de mayo, cuando la delegación argentina pisó suelo mexicano. Al ser abordado por los periodistas, en relación al porqué de tanta antelación, ya que la Copa del Mundo comenzaba el 31 de ese mes, un Carlos Bilardo tan serio como seguro respondió: “Somos los primeros en llegar, porque seremos los últimos en irnos”. Esas palabras despertaron algunas sonrisas socarronas en nuestro país, sobre todo de aquellos que no confiaban y habían hecho una dura campaña contra el Narigón. La realidad, le dio la razón al doctor, porque el 29 de junio de 1986 se tiñó para siempre de celeste y blanco, como broche de una coronación limpia y justa.

La final con Alemania. Lo que parecía una utopía hasta horas antes de comenzar el Mundial, fue una maravillosa realidad para ese equipo argentino, que paso a paso, fue edificando una gran cohesión dentro y fuera de la cancha, con cambios tácticos acertados, una muy buena convivencia y un Diego Maradona como nunca antes ni después podríamos disfrutar.

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El equipo antes de la final. Parados: Sergio Batista, José Luis Cuciuffo, Julio Olarticoechea, Nery Pumpido, José Luis Brown, Oscar Ruggeri y Diego Maradona. Abajo: Jorge Burruchaga, Ricardo Giusti, Héctor Enrique y Jorge Valdano

Las horas previas a la final fueron de mucha ansiedad, donde pocos futbolistas lograron conciliar el sueño la noche anterior. Uno de ellos fue Jorge Valdano, que recordó una situación muy especial: “Era el partido más importante de mi vida. Y así estaba mentalizado. Apenas salí de mi habitación, lo crucé a Bilardo. En medio de la charla me dijo: ‘La final es uno contra uno. El que gana el duelo, hace campeón a su país’. Con lógica le respondí que lógicamente, si Diego superaba su marca, estaríamos cerca de la consagración. Me lo negó, puntualizando que, si yo le ganaba el duelo a Briegel, ganábamos. Me quedé pensando, porque me estaba enviando a hacer una función que jamás había desarrollado y que sentía impropia para un delantero. En el primer pique en el que seguí a ese tanque alemán, casi me quedo sin aire. Entonces me dije: ‘Jorge, es un acto por la patria’ (risas). Y así lo cumplí”.

Para el doctor Bilardo era muy importante seguir adelante con las costumbres, como describió en su autobiografía: “No hicimos las valijas, como no las habíamos preparado en todos los encuentros anteriores, a pesar que esa noche, terminara como terminara todo, nos volvíamos a Argentina. Cuando nos acercamos al micro, advertimos que nos habían asignado como 20 policías en motocicletas, pero exigimos que solo viajaran al frente Jesús y Tobías, los dos que nos acompañaron a lo largo de todo el campeonato. Como siempre, el conductor puso un cassette con la canción Gigante chiquito de Sergio Denis. El tema era más largo que lo que duraba el recorrido, entonces el chofer avanzó lentamente hasta que el vehículo entró al estacionamiento de la cancha justo cuando terminaba la canción”.

Dos futbolistas y un árbitro en un campo de fútbol. Un jugador con camiseta argentina y otro con camiseta verde se dan la mano junto a un banderín
Saludo de capitanes entre Diego Maradona y Karl-Hainz Rummenigge, con el juez de línea Benny Ulloa de testigo

Alemania también había ido de menor a mayor en el Mundial. Fue irregular en la fase de grupos donde igualó con Uruguay 1-1, superó a Escocia 2-1 y cayó ante Dinamarca 2-0, quedando en el segundo puesto de la zona. En los octavos de final fue muy parejo el partido ante Marruecos, ganando por 1-0 gol de Lothar Matthäus sobre el final. En los cuartos igualó en cero con México, avanzando por penales, mientras que en la semifinal fue superior a Francia, como marcó el 2-0 final.

El estadio Azteca mostró toda su imponencia, con 115.000 asistentes, en un mediodía a pleno sol. Bilardo mantuvo el esquema 3 – 5 – 2, con Brown de líbero y los stoppers con marcas personales: Cuciuffo sobre Allofs y Ruggeri con Rummenigge. Y luego la acostumbrada movilidad del resto del equipo en derredor del Checho Batista en el centro del campo.

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Cancha de fútbol con césped, arco blanco y pelota. Tres jugadores en acción: uno con camiseta celeste y blanca, dos con camiseta verde. Público en tribunas
Jorge Valdano termina una jugada personal y convierte el segundo gol

La primera situación de cierto riesgo fue en la valla alemana cuando el arquero Schumacher, como anticipo de una floja tarde, se complicó con un centro pasado, pero no tan difícil, lanzado por Olarticoechea desde la izquierda. A los pocos minutos, los alemanes tuvieron su acercamiento con un tiro libre al borde del área. La jugada terminó en las manos de Pumpido, pero el árbitro brasileño Romualdo Arphi Filho, lo hizo ejecutar de nuevo, ya que no había dado la orden. Diego protestó y se ganó la tarjeta amarilla. El remate, finalmente, pegó en la barrera, sin ninguna consecuencia.

A los 23 llegó la apertura del marcador. Una buena combinación por la derecha entre Diego y Cuciuffo terminó cuando éste recibió una dura infracción. ¿Cuántas veces habrá repetido, en interminables sesiones de entrenamiento, durante los tres años anteriores, Jorge Burruchaga la ejecución de un tiro libre desde esa posición? Tomó carrera y sacó un centro alto, pasado con respecto al arquero, con enorme precisión para que cayera en la cabeza de algún compañero.

Dos hombres vestidos con uniformes de fútbol de Argentina se abrazan en un campo de césped. Uno lleva el número 10 en la espalda. Llevan pantaloneta negra
Diego Maradona y Jorge Valdano festejan el segundo gol. Parecía una tarde tranquila para la selección argentina

La salida a destiempo de Schumacher hizo su parte y Tata Brown, el resto, ganando en el salto a Maradona y a Batista, para clavar ese frentazo que ya es leyenda en nuestro fútbol. “El hombre que viene del pueblo más humilde de toda la Argentina, el que viene de Ranchos, saltó entre los ranchos alemanes”, dijo Víctor Hugo Morales en su relato para coronar el gol que empezaba a marcar el rumbo de la final. Alemania fue en busca del empate y estuvo cerca en un centro pasado que bajaron al borde del área chica, por donde Rummenigge le ganó a Ruggeri para rematar forzado y alto.

Para el inicio del complemento, Franz Beckenbauer mandó a la cancha a Voeller por un Allofs que casi no había tocado la pelota por la gran marca de Cuciuffo. La primera del segundo tiempo fue para Argentina, en un contragolpe que comandó Burruchaga, llegando hasta el área rival, donde fue bloqueado cuando iba a rematar. Al concluir esa maniobra, llegó la preocupación. El Tata Brown estaba tendido en el césped, tomándose el hombro derecho. Quedó para el recuerdo la imagen del doctor Madero, llevándose el índice al ojo derecho, en el símbolo inequívoco que la situación era de alerta. Al líbero no lo iban a sacar de ese partido de ninguna manera. Con inmenso dolor continúo, haciendo un agujero en su camiseta, sitio donde colgó su brazo a modo de cabestrillo. Un héroe futbolero.

Tres paneles: jugador con camiseta argentina y otro con camiseta alemana disputan un balón, portero con camiseta amarilla. Césped, público y vallas publicitarias
Secuencia del tercer gol. La obra cumbre en la carrera de Jorge Burruchaga

A los 11 minutos, Pumpido descolgó un centro y se la dio a Valdano en posición de lateral derecho. Trabó y ganó frente a un rival y a la altura del círculo central se la pasó a Maradona, mientras hacía un excelente pique diagonal. Diego al Negro Enrique, que esperó el momento justo para volver a habilitar a Valdano, ya en su zona de confort, a la izquierda del ataque. Avanzó hasta pisar el área y definir con calidad ante el achique de Schumacher.

Parecía definido. Por la superioridad de uno sobre el otro y con una enorme chance, cuando Enrique picó habilitado y quedaba solo con el arquero, pero el juez de línea Ulloa le sancionó un insólito offside. Beckenbauer se la jugó poniendo al veterano gigante Hoennes. La fórmula de buscar por arriba, le iba a dar resultado. Argentina parecía tener todo controlado a diez minutos del final. Un tiro de esquina ejecutado por Brehme, fue peinado en el primer palo, para que Rummenigge la empujara en la boca del arco.

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A los 81, la historia se iba a complicar aún más. Pumpido quiso ir a buscar una pelota que se iba afuera tocada por un rival, y lo único que hizo fue mandarla al córner. Otra vez desde el mismo lugar el centro de Brehme, la bajaron al punto penal y Voeller metió el frentazo para congelarnos el corazón. Del posible 3-0 a ese inaudito 2-2.

Un hombre con camiseta de fútbol albiceleste levanta un trofeo dorado con ambas manos, rodeado de personas, algunas con cámaras, sobre un campo de césped
Diego en la gloria. Argentina también

El público mexicano, volcado desde el inicio del torneo en contra de Argentina, explotó de júbilo, al tiempo que los futbolistas de Bilardo se miraban atónitos. Diego llevaba la pelota hacia el círculo central para reanudar, en medio de los más variados insultos. Fue allí que Burruchaga le dijo: “Ahora vamos y lo ganamos”.

Y el destino quería que fuese él mismo el autor del gol de la victoria, que así evocó: “Cuando ví que la pelota le llegaba a Maradona, imaginé que la defensa alemana trataría de dejarnos en offside. Le grité a Diego, que estaba de espaldas a mí, reafirmando que parecía que tenía ojos en la nuca. Salí corriendo tras la habilitación con Briegel persiguiéndome, pero no llegué a verlo en ningún momento. Yo solo veía el arco a lo lejos y claramente a Schumacher, porque estaba todo de amarillo, lo cual me ayudó a calcular la distancia hacia el arco. Mi primera idea era picarla, pero al final me salió tirársela entre las piernas. Fue la carrera más larga y excitante de mi vida. Después del gol, me dejé caer de rodillas y lo mismo hizo el Checho Batista, que estaba también muy cansado. Por su barba, pensé que era como si Jesucristo se hubiera aparecido para decirnos que estábamos destinados a ser campeones”.

Quedaban un puñado de minutos, que se nos hicieron eternos frente al televisor. Casi no mirábamos el partido, sino que seguíamos los movimientos del árbitro. Y cuando Arphi hizo soñar su silbato, nos sentimos en la gloria. En una ráfaga se había pasado ese mes mágico. Ese Mundial al que Argentina parecía llegar como un simple participante, a donde eran pocos los que confiaban. Era la hora más gloriosa para un técnico trabajador, meticuloso y detallista, que había logrado imponer sus ideas, dándole una impronta muy particular, a partir de un sistema táctico que luego comenzó a utilizarse con mayor asiduidad.

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Diego recorrió el estrecho pasillo que conducía a los campeones en busca del anhelado trofeo. El titular de la FIFA, Joao Havelange, se lo pasó a Miguel de Lamadrid, presidente de México. Apenas un instante más tarde, le estrechó la diestra e inmediatamente Maradona cumplió su sueño. Y el nuestro. De verlo besar y levantar la Copa del Mundo, en una postal que nunca nos podremos olvidar. Iban a pasar 36 años, para repetir ese sentimiento, con el otro genio capitán, de brazalete y número 10 en la espalda.

La fiesta se desató en la cancha, con una vuelta olímpica multitudinaria, plena de banderas, incluida una que era un símbolo con su inscripción: “Perdón Bilardo”. Esa alegría se trasladó al vestuario, con la locura de todos. Menos uno. El Narigón se quedó sentado en un banco, sin poder creer que a un equipo suyo le hicieran dos goles de pelota parada en menos de diez minutos…

El día siguiente fue un hermoso delirio popular, cuando la delegación llegó al país y se trasladó, por momentos a paso de hombre, desde Ezeiza hasta la Casa Rosada. La Plaza de Mayo desbordaba de gente, que desafiaba el frío. La apoteosis se dio cuando Diego, trofeo en mano, salió al balcón. Enseguida, pidió cambiar el “Maradona, Maradona”, por “Argentina, Argentina”. Era justo. Todos habíamos aportado para ganar ese título, que poco tiempo antes, parecía imposible.

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La frase de la hermana de Paredes tras el Mundial: “No tenemos la cuarta estrella, pero tenemos las Malvinas para nosotros”

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La hermana de Paredes habló al llegar a Argentina

La llegada de Bárbara Paredes a la Argentina, tras la finalización del Mundial 2026, generó un fuerte impacto mediático por sus declaraciones ante la prensa. La hermana de Leandro Paredes, uno de los futbolistas más experimentados de la selección argentina, fue recibida en el aeropuerto por periodistas que buscaban conocer sus impresiones luego de la histórica campaña del equipo nacional. En medio de un clima de emociones encontradas, expresó: “Están todos contentos, pero la verdad no esperábamos llegar hasta acá, ya haber llegado hasta acá, haberle ganado a Inglaterra para nosotros fue un montón”. Sus palabras reflejaron el sentir de muchas familias de los jugadores y de miles de hinchas que siguieron de cerca el recorrido de la selección en el torneo.

El testimonio de Bárbara Paredes cobró aún mayor relevancia cuando, consultada sobre el significado del triunfo ante Inglaterra en semifinales, afirmó: “No tenemos la cuarta estrella, pero tenemos las Malvinas para nosotros”. Esta frase resonó en el contexto de un partido que fue de los más comentados del Mundial por su emotividad –con un resultado que cambió en los últimos minutos–, pero también por el mensaje que mostraron los jugadores con una bandera de “Las Malvinas son Argentinas” tras el encuentro. Su hermano, al ser consultado post partido de por el lema, fue tajante: “Siempre serán argentinas“.

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En el retorno al país, la hermana de Paredes fue consultada sobre la continuidad del mediocampista en la Albiceleste: “No se habló nada todavía”. Al mismo tiempo, dijo que “ya si Dios quiere vuelve a entrenar con Boca”. Vale recordar que este jueves el Xeneize iniciará su llave de 16avos de final de la Copa Sudamericana ante O’Higgins de Chile.

En otra parte de la entrevista, Bárbara sostuvo que el volante “está triste, pero contento. Vio todo, está enterado de todo, igual que todos los jugadores”. Y luego, añadió: “Lo vi bien. Está triste porque esperábamos llegar a la final, pero contento por lo que fue el Obelisco, lo que fue todo”.

Con la prensa en el aeropuerto también dialogó Myriam Benítez, madre del futbolista de Boca Juniors. En diálogo con A24, sostuvo: “En este momento se mezcla todo, pero con este cariño y este amor creo que todo vale la pena. Lo vi bien a Leandro. Estoy muy emocionada. Como todos los argentinos. Estoy super orgullosa porque demuestran lo que significa llevar esta camiseta. Los amo a cada uno de ellos. Estaba triste pero contento porque hicieron todo, ustedes lo vieron”.

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Sobre el imponente recibimiento del público hacia la Scaloneta, manifestó: “Hermoso todo esto que pasa, la verdad que me encanta”. Por otra parte, reconoció que su hijo padece una lesión: “Él está bien, tiene una pequeña lesión, pero está bien”.

El mensaje con la bandera de las Islas Malvinas llegó en un momento de alta tensión deportiva, ya que el seleccionado dirigido por Lionel Scaloni había remontado el partido en los minutos finales. Enzo Fernández y Lautaro Martínez anotaron los goles que permitieron el pase a la final, tras un inicio adverso por la apertura del marcador a manos de Anthony Gordon. Durante la semana previa, diversas figuras del fútbol inglés, como Joe Cole, Gary Neville y Wayne Rooney, realizaron declaraciones provocadoras, aunque el plantel argentino evitó responder públicamente y se concentró en lo futbolístico.

En la previa al encuentro, la postura del cuerpo técnico, encabezado por Scaloni, fue clara: “Es un partido de fútbol, qué podemos hacer con todo lo que pasó hace años atrás. Es inútil, es triste. Se ha sufrido mucho y es una locura. No estoy acá para meter más nafta al fuego. Todo lo otro fue una historia muy triste para removerla. Tenemos memoria y lo recordamos”, remarcó el entrenador en conferencia de prensa.

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Para muchos, el triunfo ante Inglaterra representó más que un simple pase a la final. La rivalidad futbolística entre ambas selecciones está marcada por antecedentes históricos y culturales, y la referencia a las Islas Malvinas suele aparecer en cada enfrentamiento relevante.

La bandera estaba en una de las tribunas y los hinchas se la lanzaron a los futbolistas al césped (REUTERS/Paul Childs)

Durante la celebración, el defensor Lisandro Martínez fue consultado por el gesto en diálogo con el canal DSports: “Con lo que nos caracteriza, jugando al fútbol. Cuando hay que meter, metemos, cuando hay que sufrir, lo hacemos, pero lo importante es que siempre, desde el minuto uno, la pelota la tenemos en el piso e intentamos jugar. Fuimos muy superiores, fuimos los únicos que intentamos jugar, es un orgullo por mis compañeros, por la personalidad con la que pedían la pelota, nunca se escondieron. Creo que estamos bien en la final”. Posteriormente, ante una pregunta sobre la bandera, agregó: “No puedo opinar sobre esas cosas. Disfrutemos que todos sabemos lo que pasó”.

Leandro Paredes también se refirió a la emoción que generó el pase a la final y la relación con el mensaje por Malvinas: “Es una emoción increíble por todo lo que genera, es algo único y esperemos que la gente esté contenta”. Consultado por la bandera, insistió: “Siempre serán argentinas”.

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En las horas posteriores a la llegada de la delegación argentina, trascendió información sobre el estado físico de Leandro Paredes durante la Copa del Mundo. Según reveló el periodista Martín Arévalo en el programa ESPN Mundial, el mediocampista jugó los últimos tres partidos del torneo con una fisura en las costillas, una lesión que le provocaba dolores intensos y dificultades para respirar. El cuerpo técnico mantuvo en reserva el diagnóstico para evitar que los rivales tomaran conocimiento y el jugador quedara expuesto a situaciones de riesgo.

Lo Celso y Lisandro Martínez, con la bandera (REUTERS/Amanda Perobelli)
Lo Celso y Lisandro Martínez, con la bandera (REUTERS/Amanda Perobelli)

El volante también compartió un mensaje en sus redes sociales en el que agradeció el apoyo recibido y resaltó el orgullo de haber integrado el plantel que disputó la Copa del Mundo. El mediocampista de Boca Juniors escribió: “Fue un orgullo ser parte de la mejor selección argentina de la historia”. En su publicación, también expresó: “Gracias Argentina, te amo hoy y siempre. Hoy toca escribir con mucho dolor en el alma por no haber podido darles esa alegría que tanto se merece nuestro país, pero con el pecho lleno de orgullo por dar todo lo que teníamos y dejar nuestra bandera otra vez en lo más alto”. El mensaje fue acompañado de imágenes junto a sus compañeros y del recibimiento de los hinchas en Ezeiza.



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La ninguneada a Cristiano Ronaldo en pleno acto festivo de la selección de España

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España vivió una fiesta en su regreso tras conseguir la Copa del Mundo frente a la Argentina el domingo en Nueva Jersey. En una caravana multitudinaria por las calles de Madrid, los flamantes campeones del mundo ofrendaron el trofeo a sus fanáticos. El recorrido terminó en la plaza de Cibeles, donde hubo un show con artistas españoles.

Todo comenzó como una previa hasta la llegada de los jugadores. Uno por uno, los futbolistas fueron bajando desde el micro descapotable que los llevó por las calles de la capital hasta su destino. Allí, cada uno era anunciado por los presentadores con un tema musical elegido por ellos. Fue en la salida de uno de los delanteros de Luis de La Fuente que l os presentadores lanzaron una chicana hacia Cristiano Ronaldo.

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El portugués enfrentó a España en octavos de final y la roja lo ganó sobre el final con gol de Mikel Merino. CR7 se despidió de los Mundiales tras la dura eliminación en manos de los que serían futuros campeones.

Los festejos de España campeón. (REUTERS)

«Él si tiene un Mundial», la ninguneada a CR7 en pleno festejos españoles

En la salida de Yeremy Pino, jugador del Crystal Palace, los presentadores lanzaron una fuerte chicana acordándose de CR7. «Le llamaban Cristiano Ronaldo, pero él si que tiene un Mundial», dijo uno. Esto no pasó desapercibido ya que por mucho tiempo el Bicho fue el ídolo del Real Madrid y se cansó de celebrar en el mismo lugar.

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Ocurrió cuando fue presentado Yeremy Pino, jugador del Crystal Palace. (Video: YT/SeFútbol)

Por qué la comparación con Pino

El extremo de 23 años nació en Las Palmas de Gran Canaria. No jugó en el equipo local más conocido (hizo las formativas) ya que saltó desde el Roda Juvenil hacia el Villarreal C. Debutó oficialmente con el Submarino Amarillo y disputó 170 partidos. Se volvió una fija en el equipo titular y por eso la prensa española lo comparó con CR7 cuando este aún era joven y jugaba por los costados del ataque.

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Yeremy Pino en su presentación en los festejos. (REUTERS)Yeremy Pino en su presentación en los festejos. (REUTERS)

Lleva 25 partidos y cuatro gritos con España. Luego de levantar la Europa League con el club español el Crystal Palace pagó 30 millones de euros por su pase. 51, partidos, cinco goles y misma cantidad de asistencias es su registro hasta el momento con el club londinense.

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En Italia lo ven claro: ‘Si Pep Guardiola dice que no… Pirlo’

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Italia sigue con problemas graves en su fútbol. Ya no por haberse perdido su tercer Mundial consecutivo -en 2030 se cumplirán 16 años desde la última vez que la ‘Azzurra’ pisó un torneo orbital-. También es que su banquillo resulta una patata caliente difícil de atajar. Leonardo y Paolo Maldini, recientemente incorporados a la dirección deportiva de la selección, siguen en la búsqueda del nombre que les haga volver a soñar. Y lo tienen en Pep Guardiola.

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