DEPORTE
De una cómoda victoria, al sufrimiento del empate inesperado y la gloria final: a 40 años del título mundial en México

Aquella frase. Habían transcurrido 55 días desde ese mediodía del lunes 5 de mayo, cuando la delegación argentina pisó suelo mexicano. Al ser abordado por los periodistas, en relación al porqué de tanta antelación, ya que la Copa del Mundo comenzaba el 31 de ese mes, un Carlos Bilardo tan serio como seguro respondió: “Somos los primeros en llegar, porque seremos los últimos en irnos”. Esas palabras despertaron algunas sonrisas socarronas en nuestro país, sobre todo de aquellos que no confiaban y habían hecho una dura campaña contra el Narigón. La realidad, le dio la razón al doctor, porque el 29 de junio de 1986 se tiñó para siempre de celeste y blanco, como broche de una coronación limpia y justa.
La final con Alemania. Lo que parecía una utopía hasta horas antes de comenzar el Mundial, fue una maravillosa realidad para ese equipo argentino, que paso a paso, fue edificando una gran cohesión dentro y fuera de la cancha, con cambios tácticos acertados, una muy buena convivencia y un Diego Maradona como nunca antes ni después podríamos disfrutar.
Las horas previas a la final fueron de mucha ansiedad, donde pocos futbolistas lograron conciliar el sueño la noche anterior. Uno de ellos fue Jorge Valdano, que recordó una situación muy especial: “Era el partido más importante de mi vida. Y así estaba mentalizado. Apenas salí de mi habitación, lo crucé a Bilardo. En medio de la charla me dijo: ‘La final es uno contra uno. El que gana el duelo, hace campeón a su país’. Con lógica le respondí que lógicamente, si Diego superaba su marca, estaríamos cerca de la consagración. Me lo negó, puntualizando que, si yo le ganaba el duelo a Briegel, ganábamos. Me quedé pensando, porque me estaba enviando a hacer una función que jamás había desarrollado y que sentía impropia para un delantero. En el primer pique en el que seguí a ese tanque alemán, casi me quedo sin aire. Entonces me dije: ‘Jorge, es un acto por la patria’ (risas). Y así lo cumplí”.
Para el doctor Bilardo era muy importante seguir adelante con las costumbres, como describió en su autobiografía: “No hicimos las valijas, como no las habíamos preparado en todos los encuentros anteriores, a pesar que esa noche, terminara como terminara todo, nos volvíamos a Argentina. Cuando nos acercamos al micro, advertimos que nos habían asignado como 20 policías en motocicletas, pero exigimos que solo viajaran al frente Jesús y Tobías, los dos que nos acompañaron a lo largo de todo el campeonato. Como siempre, el conductor puso un cassette con la canción Gigante chiquito de Sergio Denis. El tema era más largo que lo que duraba el recorrido, entonces el chofer avanzó lentamente hasta que el vehículo entró al estacionamiento de la cancha justo cuando terminaba la canción”.

Alemania también había ido de menor a mayor en el Mundial. Fue irregular en la fase de grupos donde igualó con Uruguay 1-1, superó a Escocia 2-1 y cayó ante Dinamarca 2-0, quedando en el segundo puesto de la zona. En los octavos de final fue muy parejo el partido ante Marruecos, ganando por 1-0 gol de Lothar Matthäus sobre el final. En los cuartos igualó en cero con México, avanzando por penales, mientras que en la semifinal fue superior a Francia, como marcó el 2-0 final.
El estadio Azteca mostró toda su imponencia, con 115.000 asistentes, en un mediodía a pleno sol. Bilardo mantuvo el esquema 3 – 5 – 2, con Brown de líbero y los stoppers con marcas personales: Cuciuffo sobre Allofs y Ruggeri con Rummenigge. Y luego la acostumbrada movilidad del resto del equipo en derredor del Checho Batista en el centro del campo.

La primera situación de cierto riesgo fue en la valla alemana cuando el arquero Schumacher, como anticipo de una floja tarde, se complicó con un centro pasado, pero no tan difícil, lanzado por Olarticoechea desde la izquierda. A los pocos minutos, los alemanes tuvieron su acercamiento con un tiro libre al borde del área. La jugada terminó en las manos de Pumpido, pero el árbitro brasileño Romualdo Arphi Filho, lo hizo ejecutar de nuevo, ya que no había dado la orden. Diego protestó y se ganó la tarjeta amarilla. El remate, finalmente, pegó en la barrera, sin ninguna consecuencia.
A los 23 llegó la apertura del marcador. Una buena combinación por la derecha entre Diego y Cuciuffo terminó cuando éste recibió una dura infracción. ¿Cuántas veces habrá repetido, en interminables sesiones de entrenamiento, durante los tres años anteriores, Jorge Burruchaga la ejecución de un tiro libre desde esa posición? Tomó carrera y sacó un centro alto, pasado con respecto al arquero, con enorme precisión para que cayera en la cabeza de algún compañero.

La salida a destiempo de Schumacher hizo su parte y Tata Brown, el resto, ganando en el salto a Maradona y a Batista, para clavar ese frentazo que ya es leyenda en nuestro fútbol. “El hombre que viene del pueblo más humilde de toda la Argentina, el que viene de Ranchos, saltó entre los ranchos alemanes”, dijo Víctor Hugo Morales en su relato para coronar el gol que empezaba a marcar el rumbo de la final. Alemania fue en busca del empate y estuvo cerca en un centro pasado que bajaron al borde del área chica, por donde Rummenigge le ganó a Ruggeri para rematar forzado y alto.
Para el inicio del complemento, Franz Beckenbauer mandó a la cancha a Voeller por un Allofs que casi no había tocado la pelota por la gran marca de Cuciuffo. La primera del segundo tiempo fue para Argentina, en un contragolpe que comandó Burruchaga, llegando hasta el área rival, donde fue bloqueado cuando iba a rematar. Al concluir esa maniobra, llegó la preocupación. El Tata Brown estaba tendido en el césped, tomándose el hombro derecho. Quedó para el recuerdo la imagen del doctor Madero, llevándose el índice al ojo derecho, en el símbolo inequívoco que la situación era de alerta. Al líbero no lo iban a sacar de ese partido de ninguna manera. Con inmenso dolor continúo, haciendo un agujero en su camiseta, sitio donde colgó su brazo a modo de cabestrillo. Un héroe futbolero.

A los 11 minutos, Pumpido descolgó un centro y se la dio a Valdano en posición de lateral derecho. Trabó y ganó frente a un rival y a la altura del círculo central se la pasó a Maradona, mientras hacía un excelente pique diagonal. Diego al Negro Enrique, que esperó el momento justo para volver a habilitar a Valdano, ya en su zona de confort, a la izquierda del ataque. Avanzó hasta pisar el área y definir con calidad ante el achique de Schumacher.
Parecía definido. Por la superioridad de uno sobre el otro y con una enorme chance, cuando Enrique picó habilitado y quedaba solo con el arquero, pero el juez de línea Ulloa le sancionó un insólito offside. Beckenbauer se la jugó poniendo al veterano gigante Hoennes. La fórmula de buscar por arriba, le iba a dar resultado. Argentina parecía tener todo controlado a diez minutos del final. Un tiro de esquina ejecutado por Brehme, fue peinado en el primer palo, para que Rummenigge la empujara en la boca del arco.
A los 81, la historia se iba a complicar aún más. Pumpido quiso ir a buscar una pelota que se iba afuera tocada por un rival, y lo único que hizo fue mandarla al córner. Otra vez desde el mismo lugar el centro de Brehme, la bajaron al punto penal y Voeller metió el frentazo para congelarnos el corazón. Del posible 3-0 a ese inaudito 2-2.

El público mexicano, volcado desde el inicio del torneo en contra de Argentina, explotó de júbilo, al tiempo que los futbolistas de Bilardo se miraban atónitos. Diego llevaba la pelota hacia el círculo central para reanudar, en medio de los más variados insultos. Fue allí que Burruchaga le dijo: “Ahora vamos y lo ganamos”.
Y el destino quería que fuese él mismo el autor del gol de la victoria, que así evocó: “Cuando ví que la pelota le llegaba a Maradona, imaginé que la defensa alemana trataría de dejarnos en offside. Le grité a Diego, que estaba de espaldas a mí, reafirmando que parecía que tenía ojos en la nuca. Salí corriendo tras la habilitación con Briegel persiguiéndome, pero no llegué a verlo en ningún momento. Yo solo veía el arco a lo lejos y claramente a Schumacher, porque estaba todo de amarillo, lo cual me ayudó a calcular la distancia hacia el arco. Mi primera idea era picarla, pero al final me salió tirársela entre las piernas. Fue la carrera más larga y excitante de mi vida. Después del gol, me dejé caer de rodillas y lo mismo hizo el Checho Batista, que estaba también muy cansado. Por su barba, pensé que era como si Jesucristo se hubiera aparecido para decirnos que estábamos destinados a ser campeones”.
Quedaban un puñado de minutos, que se nos hicieron eternos frente al televisor. Casi no mirábamos el partido, sino que seguíamos los movimientos del árbitro. Y cuando Arphi hizo soñar su silbato, nos sentimos en la gloria. En una ráfaga se había pasado ese mes mágico. Ese Mundial al que Argentina parecía llegar como un simple participante, a donde eran pocos los que confiaban. Era la hora más gloriosa para un técnico trabajador, meticuloso y detallista, que había logrado imponer sus ideas, dándole una impronta muy particular, a partir de un sistema táctico que luego comenzó a utilizarse con mayor asiduidad.
Diego recorrió el estrecho pasillo que conducía a los campeones en busca del anhelado trofeo. El titular de la FIFA, Joao Havelange, se lo pasó a Miguel de Lamadrid, presidente de México. Apenas un instante más tarde, le estrechó la diestra e inmediatamente Maradona cumplió su sueño. Y el nuestro. De verlo besar y levantar la Copa del Mundo, en una postal que nunca nos podremos olvidar. Iban a pasar 36 años, para repetir ese sentimiento, con el otro genio capitán, de brazalete y número 10 en la espalda.
La fiesta se desató en la cancha, con una vuelta olímpica multitudinaria, plena de banderas, incluida una que era un símbolo con su inscripción: “Perdón Bilardo”. Esa alegría se trasladó al vestuario, con la locura de todos. Menos uno. El Narigón se quedó sentado en un banco, sin poder creer que a un equipo suyo le hicieran dos goles de pelota parada en menos de diez minutos…
El día siguiente fue un hermoso delirio popular, cuando la delegación llegó al país y se trasladó, por momentos a paso de hombre, desde Ezeiza hasta la Casa Rosada. La Plaza de Mayo desbordaba de gente, que desafiaba el frío. La apoteosis se dio cuando Diego, trofeo en mano, salió al balcón. Enseguida, pidió cambiar el “Maradona, Maradona”, por “Argentina, Argentina”. Era justo. Todos habíamos aportado para ganar ese título, que poco tiempo antes, parecía imposible.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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