SOCIEDAD
¡La nueva actualización de Crimson Desert revoluciona su mundo abierto! Ahora ninguno de los 69 jefes está a salvo y ningún territorio es eterno

Todos estamos de acuerdo en que Crimson Desert no se lanzó al mercado en las condiciones que debía. Arrastraba errores que inquietaban a la comunidad, pero detrás de todo eso había un gran juego de acción/aventura en mundo abierto, y los desarrolladores se tomaron en serio el feedback de su comunidad con actualizaciones que resolvían problemas importantes. Hace unas horas, Pearl Abyss ha lanzado un nuevo parche de Crimson Desert que revoluciona su mundo abierto.
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Caos en el mundo abierto de Crimson Desert
Crimson Desert tenía un problema específico que afectaba a los jugadores que habían liberado prácticamente todo el continente de Pywel, y era precisamente que reducía la oportunidad de repetir combates significativos. Eso ha cambiado con el parche 1.05.00: «Para compensar la falta de combate a medida que se logra la liberación del continente, hemos añadido los contenidos de Revancha y Reconquistas, permitiéndoles enfrentar desafíos constantes».
El sistema de Revancha permite enfrentarse de nuevo a cualquiera de los 69 jefes ya derrotados en cualquier momento: Al encender tu lámpara en el lugar donde se produjo el primer combate, «puedes leer el Fragmento de Memoria para iniciar tu revancha». Hay dos modos disponibles para las revanchas: Recuerdo, que hace que el jefe se comporte exactamente igual que en el primer combate, y Resonancia, que ajusta sus estadísticas al nivel actual del jugador para que el duelo siga siendo exigente

Estar un fin de semana jugando a Crimson Desert me ha reabierto una herida que tengo con El Señor de los Anillos
Hay que tener en cuenta que las revanchas no otorgan botín adicional, aunque sí devuelven todos los consumibles utilizados durante el combate y se pueden jugar con cualquiera de los tres personajes: Kliff, Oongka o Damiane. Por otro lado, la otra gran característica que es la Reconquista, que ofrece un gran componente de rejugabilidad al permitir que 13 facciones distintas conquisten hasta 23 fuertes y canteras que ya has liberado, y te ofrece hasta 3 niveles configurables según tus preferencias.
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Puedes seleccionar la opción de ‘Estable‘ para quienes prefieran la paz y seguir explorando el mundo abierto y continuar la narrativa sin que te lleguen alertas de que un fuerte liberado ha sido reconquistado. Luego está ‘Conflicto‘ como una opción por defecto y equilibrada que mostrará asaltos de forma intermitente, pero la de ‘Guerra‘ es solo digna de los más valientes y de aquellos que tienen un gran equipo. Si quieres un mapa caótico y en permanente estado de conflicto, elígelo.
Todo esto que os mencionamos es opcional, y proporciona la capacidad de disfrutar el combate desde un enfoque mucho más desafiante. «Tenemos previsto aumentar gradualmente el número de facciones participantes y de bastiones objetivo en un futuro próximo. También planeamos ajustar a los enemigos que aparece durante los nuevos bloqueos para que representen una amenaza mucho mayor y mejorar el sistema general de Revancha y Reconquista», indica (vía Vida Extra).

Para empezar Crimson Desert con buen pie, tenemos 23 consejos clave que os ayudarán en el gran mundo abierto de Pywell
Además de estos dos sistemas principales, el parche incluye nuevas criaturas legendarias que pueden adoptarse como mascotas: el Águila de Hierro y la Guacamaya Jacinto. Pearl Abyss también ha aprovechado la actualización para corregir el fallo que impedía invocar a las monturas legendarias, uno de los errores más molestos de las últimas semanas. Junto a un extenso listado de correcciones de combate, interfaz y estabilidad en todas las plataformas, el estudio ha aprovechado para realizar ajustes de rendimiento y para añadir la opción de ‘Nitidez’ en PS5.
Hay que reconocer que el ritmo al que Pearl Abyss está lanzando actualizaciones tiene mucho mérito. Desde marzo, el juego ha recibido un selector de dificultad, nuevas habilidades para todos los personajes, correcciones de rendimiento y ahora un sistema que devuelve caos a un mundo ya liberado. Lo más significativo es que muchas de estas novedades estaban previstas para más adelante, pero el equipo ha ido adelantando contenido. Aun así, Crimson Desert todavía tiene mucho por cambiar a medio plazo, pero al menos Pearl Abyss está haciendo lo más útil en esta industria: escuchar, aplicar y actualizar.
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¡La nueva actualización de Crimson Desert revoluciona su mundo abierto! Ahora ninguno de los 69 jefes está a salvo y ningún territorio es eterno
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3DJuegos
por
Adrián Mira
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SOCIEDAD
La reflexión de Aristóteles sobre la verdad: “Decir de lo que es, que no es, y de lo que no es, que es, es falso”

En una entrevista para LA NACION, el filósofo Darío Sztajnszrajber abordó la tensión histórica entre la utilidad del conocimiento y la búsqueda ontológica, profundizando en la definición clásica de verdad y destacó la importancia de la perspectiva aristotélica.
Sztajnszrajber explicó que, según Aristóteles, la verdad se instituye mediante una relación de correspondencia: “Decir de lo que es, que es, y de lo que no es, que no es, es verdadero. Ahora, decir de lo que es, que no es, y de lo que no es, que es, es falso”.
Lo disruptivo de este planteo, según el autor, radica en que Aristóteles prioriza el verbo “decir”, estableciendo una conexión directa entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad objetiva: “Tiene que haber correspondencia entre lo que digo, lo que pienso y lo que hay. Lo interesante de esta relación de correspondencia es que Aristóteles la primera palabra que usa es decir, porque en definitiva la verdad tiene que ver con esa conexión entre el lenguaje o el pensamiento”, resaltó.
Este enfoque tradicional enfrenta hoy un escenario de posverdad, donde la validación de sesgos personales suele prevalecer sobre la comprobación empírica. Al respecto, Sztajnszrajber advirtió que la definición aristotélica choca con las dinámicas contemporáneas de la información.
“¿Quién puede salir a la realidad, o sea, salirse de uno mismo para comprobar objetivamente que algo es como es?”, cuestionó, planteando que las grandes verdades históricas han sido siempre relativas a sus respectivos paradigmas culturales y sociales.
El filósofo también diferenció las verdades cotidianas, vinculadas a la utilidad mecánica, de aquellas verdades filosóficas que buscan un sentido existencial: “Las verdades cotidianas son verdades que implican una utilidad directa. Tipo, prendo la canilla, sale el agua. Ahí hay una verdad a partir de una ejecución mecánica, de una manualidad. Yo qué sé, prendes la canilla, sale el agua, prendes la luz, la luz se prende”.
En este sentido, la disciplina funciona como un mecanismo de “descentramiento” frente a la supremacía de lo útil, un valor que Sztajnszrajber identifica como una imposición que nos obliga a rendir permanentemente en cada aspecto de la vida.
“Cuando uno incursiona en la filosofía, por ahí es otro tipo de verdad la que uno está de algún modo buscando. Es una verdad, si querés, más ontológica, más, digamos, como sentido general” relató el especialista y enseguida agregó: “Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo. Justamente por el buen funcionamiento de las cosas. Ahora, una cosa es que la cosa funcione y otra cosa es que sea verdadera. Y ahí es como para discutir qué buscamos en nombre de la verdad. Lo podés asociar a un propósito existencial, si querés, más trascendente.
SOCIEDAD
Las peleas de artes marciales más chulas del año están en una nueva serie de HBO Max protagonizada por una boyband de samuráis

Reconozco que sin demasiadas expectativas, dispuesto a aceptar que simplemente era algo para pasar la tarde pero, ey, que tiene duelos con katanas y eso siempre viene bien para echar la tarde del sábado. Y pronto me encuentro con que el primer episodio termina y que estoy deseando que la cosa siga. Eso es exactamente lo que me ha pasado con La Canción del Samurái, la nueva apuesta japonesa de HBO Max que estrenó el 9 de mayo y que viene a confirmar algo que llevamos viendo en los últimos años y que tiene en Shogun su mejor ejemplo: el jidaigeki, ese género de drama de época japonés que parecía cosa de cinéfilos nostálgicos, está atravesando un renacimiento absolutamente glorioso. Y lo curioso es que esta vez no llega vestido con el tono solemne y operístico de la serie de FX, sino con su corazón latiendo a ritmo de manga shonen.
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La serie adapta Chiruran: Shinsengumi Requiem, el manga de Shinya Umemura, el mismo guionista detrás de Record of Ragnarok, y traslada al lenguaje de la imagen real una de las historias más mitificadas de Japón: la del Shinsengumi, esa unidad de policía samurái que en los últimos años del shogunato Tokugawa intentó sostener un mundo que se desmoronaba a pedazos. La produce The Seven, el estudio responsable de Alice in Borderland y de la última adaptación de Yu Yu Hakusho, así que estamos hablando de gente que sabe muy bien lo que se trae entre manos cuando se mete a llevar manga al live-action. Pero lo verdaderamente sorprendente no es el pedigrí, sino la decisión creativa que han tomado para venderle todo este universo al espectador joven.

Hace 63 años se estrenó una película de samuráis tan buena, que su duelo final se sigue copiando. Desde Star Wars a Kill Bill
Una boyband con licencia para matar
Para lograr ese reclamo la serie ha mirado al material original y ha llegado a la conclusión de que la clave de su éxito está en replicar una fórmula que parece funcionar estupendamente entre la chavalada: crear su propia boyband. El protagonista es Yuki Yamada, al parecer una de las grandes estrellas en ascenso del cine y la televisión japonesa, conocido por Pending Train. nos pilla lejos, entiendo, lo mismo que resto del reparto con Kento Nakajima, una de las caras más reconocibles de Sexy Zone durante más de una década o Go Ayano, que da el contrapeso veterano y sereno como Kondo Isami, el maestro del dojo. No les conozco, pero una búsqueda rápido en Internet me da a entender de que son auténticas celebridades para el público nipón.
La clave de su éxito está en replicar una fórmula que parece funcionar estupendamente entre la chavalada: crear su propia boyband
La química entre todo el numero reparto funciona, y eso es lo realmente importante. La sensación es la de estar viendo a un grupo de amigos jugando a hacer la mejor serie de samuráis posible, y por algún motivo esa energía se contagia. Quien crea que mencionar lo de la boyband es una broma despectiva está cometiendo un error: Japón lleva décadas usando el aparato del idol como cantera para sus actores más versátiles, porque en ese sistema te enseñan a cantar, a bailar, a actuar, a soportar entrevistas eternas y a manejar tu cuerpo con una precisión que después se traduce maravillosamente bien en la coreografía marcial. El propio Nakajima conoce el oficio de actor desde adolescente. Cuando lo ves manejando una katana en el primer episodio, no estás viendo a un chaval guapo posando, sino a alguien que lleva diez años aprendiendo a controlar cada milímetro de su presencia escénica.

El director de acción que le ha robado las llaves del coche a Hollywood
Pero si estos actores funcionan en esta serie es gracias a un nombre que merece estar tatuado en el pecho de cualquier aficionado al cine de acción que se precie, ese es el de Sonomura Kensuke, el director de coreografía que se ha encargado de las peleas. Si has visto Bad City, Hydra o Baby Assassins, ya sabes por dónde van los tiros. Sonomura es uno de los grandes herederos contemporáneos del legado de Yuen Woo-ping y compañía, auténticos maestros en las escenas de acción del cine japonés acutal. En La Canción del Samurái, su trabajo brilla con una luz casi obscena: las cámaras siguen los movimientos en planos amplios y largos, los actores ejecutan secuencias técnicamente complicadísimas a velocidad de vértigo, y aun así se entiende perfectamente quién hace qué, dónde, y por qué. Hay mucho truco de cámara, y alguna trampa de edición, obvio, pero qué importa: el resultado es tremendo. Es lo opuesto al combate a base de planos de medio segundo y montaje epiléptico al que nos tiene acostumbrados gran parte del cine de acción occidental contemporáneo.
Una de las cosas más inteligentes que ha hecho esta producción es resistir la tentación de la cosplayitis
Lo más fascinante es cómo la serie consigue equilibrar dos tradiciones que hasta hace poco parecían incompatibles. Por un lado tienes el chambara clásico, ese estilo de combate histórico que es casi una danza ritual, lento, teatral, hierático, lleno de pausas dramáticas en las que dos espadachines se miden con la mirada antes de soltar un único tajo definitivo. Por otro tienes la influencia inevitable del cine de acción contemporáneo, y del anime, con su ritmo trepidante y su exigencia de espectacularidad continua. La Canción del Samurái elige no elegir y pasa de un registro al otro con una naturalidad pasmosa, homenajeando el chambara cuando la escena lo pide y desatando toda la furia del combate moderno cuando hace falta volar el techo. El duelo entre Soji Okita y Serisawa Kamo en el primer episodio es probablemente la mejor pelea de espadas que he visto en una serie de televisión desde la primera temporada de Ahsoka, y eso para mí es decir mucho, especialmente porque hay sables láser de por medio. Cremita.

El manga vive en los flequillos
Una de las cosas más inteligentes que ha hecho esta producción es resistir la tentación de la cosplayitis.Últimamente me parece que las adaptaciones de manga al live-action arrastran una larga y dolorosa historia de pelucas imposibles, maquillajes histriónicos y diseños de vestuario que parecen sacados directamente del salón del cómic. Mola par also fans, pero tal vez para una producción multimillonaria habría que andarse con algo más de ojo. The Seven ha optado por el camino contrario a Netflix, por ejemplo, y ha tomado como brújula estética el realismo de propuestas como Shogun, aunque sin acercarse ni de lejos a la ambición visual y cinematográfica de aquella. Los peinados locos que recuerdan al manga original están ahí, por ejemplo, pero todo está pasado por un filtro de sobriedad que evita el ridículo y le permite a la serie sostenerse como drama de época sin que el espectador tenga que hacer concesiones constantes. Es una decisión modesta pero acertada, y de las que más le ayudan a la hora de defenderse en la liga internacional del jidaigeki contemporáneo.
Los peinados locos que recuerdan al manga original están ahí, por ejemplo, pero todo está pasado por un filtro de sobriedad que evita el ridículo
La serie arrastra dos «peros» que también tengo que destacar, y el más evidente para mí es uno que me persigue habitualmente con el cine asiático y muy especialmente con este tipo de adaptaciones live-action: la sobreactuación constante de su reparto. Hay una tendencia muy marcada en estas producciones a caricaturizar a los personajes humanos para acercarlos lo máximo posible a sus contrapartidas dibujadas, como si los actores tuvieran la obligación moral de imitar las expresiones exageradas del anime original a riesgo de traicionar al fandom. Algunas escenas se resienten bastante de esa decisión, sobre todo cuando los protagonistas se cruzan en momentos de tensión emocional baja, y uno acaba echando de menos un puñado de matices que el guion sí ofrece pero la interpretación arrolla.

El segundo pero es más estructural y tiene que ver con un evidente diseño de producción pensado para el consumo en streaming antes que para la ambición cinematográfica, algo que se nota en ciertas elecciones de iluminación, de duración de plano y de planificación general que le habrían sentado muy bien a esta historia si se hubieran liberado del corsé del visionado fragmentado en el sofá. Aun así, ninguno de los dos lastres es lo bastante grave como para sabotear lo que la serie tiene de extraordinario, y que me ha sorprendido. Eso ya es decir mucho.
La Canción del Samurái es una de esas raras criaturas audiovisuales que quieren ser populares, a pesar de saber que se trata de un contenido de nicho en occidente
La Canción del Samurái es una de esas raras criaturas audiovisuales que quieren ser populares, a pesar de saber que se trata de un contenido de nicho en occidente, y exigentes al mismo tiempo a pesar de las limitaciones de su formato. el primer episodio funciona como puerta de entrada para cualquier espectador que se haya quedado con ganas de más después de Shogun, pero también satisface a los aficionados al manga que buscan una adaptación respetuosa, y a los amantes del cine de acción puro que llevan años hartos del montaje epiléptico hollywoodiense. Y todo ello sin renunciar a un marcado componente pop.

Netflix me ha tenido enganchado hasta las 2 de la madrugada para ver del tirón su nueva serie de samuráis
Es esa mezcla rara que creo que convertirá a esta serie en un buen estreno para HOB Max este año. Quizá la mejor manera de resumir lo que esta serie consigue sea decir que ha encontrado el equilibrio exacto entre dos mundos que la industria suele tratar como si fueran incompatibles: el del drama televisivo de prestigio y el del entretenimiento popular sin complejos. Aquí caben las largas secuencias de intriga política sobre el futuro del shogunato y los estallidos de pura adrenalina, los momentos íntimos de complicidad masculina y los duelos imposibles bajo los cerezos, las referencias a la historia real del Japón Meiji y los guiños descarados al manga original. Es un producto que no se avergüenza de ser entretenimiento ni de aspirar a la categoría de obra mayor, y es precisamente esa falta de complejos la que la hace, contra todo pronóstico, una de las cosas más interesantes que vas a ver este mes.
¿Y tú qué opinas? ¿Has visto ya La Canción del Samurái, qué te ha parecido? ¿Conocías el manga original? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.
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Las peleas de artes marciales más chulas del año están en una nueva serie de HBO Max protagonizada por una boyband de samuráis
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3DJuegos
por
Chema Mansilla
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Confucio, filósofo chino: “Leer sin pensar da una mente desordenada y pensar sin leer nos desequilibra”

Hace más de dos mil años, el filósofo chino Confucio dejó una enseñanza que todavía conserva una enorme vigencia: “El leer sin pensar nos hace una mente desordenada. El pensar sin leer nos hace desequilibrados”. A simple vista, puede parecer una observación sobre el estudio, pero en realidad encierra una reflexión profunda sobre cómo se construye el conocimiento.
En su pensamiento, aprender no consistía en acumular información de manera mecánica. Para Confucio, la sabiduría solo aparece cuando aquello que se incorpora es sometido a reflexión. De lo contrario, las ideas quedan dispersas y sin orden.
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Qué quiso decir Confucio con la relación entre leer y pensar
La frase señala dos riesgos opuestos. Por un lado, leer sin detenerse a analizar puede convertir el conocimiento en una suma caótica de conceptos inconexos. Por otro, pensar sin nutrirse de nuevas lecturas puede encerrar a una persona en sus propios límites y prejuicios.
Esta idea aparece reforzada en otra de sus máximas más conocidas: “Saber lo que se sabe y saber lo que no se sabe, he ahí el verdadero conocimiento”. Para el filósofo, reconocer los propios límites era tan importante como ampliar horizontes.
En la vida cotidiana, esta enseñanza se traduce en la necesidad de equilibrar información y criterio propio. Leer mucho no garantiza comprensión; reflexionar sin nuevas perspectivas tampoco asegura profundidad.
Una mirada que se conecta con el presente
En tiempos marcados por la sobreinformación y el consumo rápido de contenidos, la advertencia de Confucio adquiere un valor especial. Hoy es posible leer cientos de textos en un solo día y, aun así, no comprender realmente ninguno.
El filósofo también afirmaba: “Aprender sin reflexionar es malgastar la energía; reflexionar sin aprender es peligroso”. Ambas ideas apuntan a una misma verdad: el conocimiento exige pausa, análisis y apertura.
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Por qué esta frase de Confucio se relaciona con la ansiedad actual
La velocidad con la que circula la información suele generar la sensación de que siempre hay algo más por leer, mirar o aprender. Esa acumulación puede producir ansiedad y saturación mental.
La reflexión de Confucio propone un camino opuesto: detenerse, procesar y transformar la información en comprensión real. No se trata de consumir más conocimiento, sino de integrarlo con pensamiento crítico.
Como también sostenía el pensador chino: “El hombre superior es modesto en su discurso, pero excede en sus acciones”. Una enseñanza que recuerda que la verdadera sabiduría no está en aparentar saber, sino en aprender con profundidad y actuar con equilibrio.
Confucio, filosofía, TNS
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