CHIMENTOS
El baile sensual de Grecia Colmenares con Fabio Agostini en la fiesta de Gran Hermano: “La única que casi se lo come”

Desde su ingreso a la casa de Gran Hermano (Telefe), días atrás, Grecia Colmenares buscó la forma de adaptarse al juego. Aún así, a pesar de su carisma y espiritualidad, la actriz no se salvó de los roces y conflictos típicos del juego. Así las cosas, la venezolana buscó dejar la tensión atrás y divertirse en la fiesta de este sábado. En ese marco, la figura del espectáculo realizó un sensual baile junto a Fabio Agostini que causó furor entre los fanáticos del programa.
“Esto pasaba hace instantes. Uy, Fabio. Vieron que Grecia no estaba dormida, ahí está. Es la única que casi se lo come a Fabio. Increíble”, comenzó diciendo Robertito Funes Ugarte, en La noche de los ex (Telefe) al ver la fogosa escena que protagonizaba la actriz junto a Agostini en la pista de baile. Mientras muchos de los jugadores permanecían sentados o parados bebiendo un trago, Colmenares se encontraba recostada en una silla.
Fue entonces que Fabio se acercó a ella y puso sus piernas alrededor de la actriz. Luego, el joven tomó la mano de su compañera y la alzó en el aire. Rápidamente, Colmenares llevó sus brazos alrededor de su cuello. Ya en esa posición, Agostini se agachó, dejando que la cabeza de Grecia colgara cerca del suelo, y comenzó a mover su pelvis.
Tras levantar a Grecia, esta soltó la mano y comenzó a moverla en el aire, mostrando su alegría con la situación. A su alrededor, todos observaban boquiabiertos. Después de todo este movimiento, Fabio dejó a Grecia nuevamente en su silla en el centro de la escena, quien aprovechó para acomodar su pelo mientras exhibía una amplia sonrisa.
En las últimas horas, Fabio había vivido otra situación de tensión cuando Gran Hermano lo desafío a pasar una noche atado a Luana Fernández y Franco Zunino. La propuesta no solo implicaba incomodidad logística, sino también una fuerte carga emocional. El vínculo entre los tres ya venía generando miradas, comentarios y especulaciones dentro y fuera de la casa. Luana, en el centro de la escena, nunca terminó de definirse entre Fabio, con quien mantiene una conexión más reciente e intensa, y Zunino, con quien existe una historia previa cargada de complicidad pero sin avances concretos.
Lejos de dudar, los tres aceptaron el desafío casi de inmediato. La tentación del premio colectivo y la presión implícita del juego pesaron más que cualquier incomodidad. “Sí, por la comida, todo”, lanzó Luana con espontaneidad, dejando en claro que el incentivo también pasaba por lo cotidiano. Fabio y Zunino se sumaron sin demasiadas vueltas, en una decisión que rápidamente encendió la expectativa en la casa.
Ya atados entre sí, los tres se dirigieron al SUM para dar inicio a la primera parte de la experiencia: una velada íntima con película, snacks y un clima que combinaba diversión, tensión y cierta incomodidad. Lo que parecía una propuesta lúdica pronto comenzó a revelar matices más profundos del vínculo.
Durante la noche, Luana tomó la iniciativa y abrió el juego con una pregunta directa hacia Fabio, vinculada a su experiencia en otros realities. “¿En los otros realities también era tan divertido cuando se ataban?”, indagó con curiosidad. La respuesta del español, entre risas, fue ambigua: “Depende cómo lo hagamos, sí”. Lejos de quedarse ahí, la participante insistió: “¿Cómo lo hacían?”.
El intercambio, cargado de doble sentido, derivó en una respuesta más concreta de Agostini: “Quizás salían algunas caricias, pero porque también me ataron con la chica con la que me estaba conociendo, así como vos. Ahora me ataron con tu exnovio”. La frase no pasó desapercibida y generó una reacción inmediata de Zunino, que no dudó en intervenir: “¿Cómo exnovio?”, preguntó, visiblemente sorprendido. Acto seguido, buscó una definición directa: “¿Qué somos?”.
CHIMENTOS
Sergio Torres: “Cuando era chico buscaba calzado en los basurales para poder jugar al fútbol”

A los 13 años, Sergio Torres decidió dejar la escuela para dedicarse al canto, una determinación que marcó el origen de una trayectoria que lo convirtió en uno de los máximos exponentes de la cumbia santafesina. Nacido en la ciudad de Santa Fe el 17 de abril de 1966, el cantante construyó su carrera entre empleos precarios, una formación musical con la que nunca se dio por vencido y el paso por grupos que definieron una parte central de la movida tropical argentina.
En 2005, después de su paso por Los Palmeras y Grupo Alegría, y un años después de abandonar de manera definitiva Grupo Cali, Torres lanzó su proyecto solista con la banda Los dueños del swing. Esa etapa consolidó un recorrido que ya incluía presentaciones en festivales, peñas, boliches y shows privados para figuras como Lionel Messi.
Torres nació y se crió en un ranchito de Villa Hipódromo, en Santa Fe. Hijo de padres separados y el mayor de cinco hermanos, pasó buena parte de su infancia entre la casa de su madre, que trabajaba muchas horas, y la de su abuela. Entre los ocho y los diez años asumió tareas de cuidado cuando nació su hermano menor.
Sergio Torres se convirtió en referente de la cumbia santafesina gracias a un camino de puro esfuerzo: trabajó desde temprano para salir adelante y se formó casi sin recursos. Su rica trayectoria liderando proyectos musicales icónicos, antes de lanzarse como solista, lo ubicó por peso propio entre las voces más grandes de la música tropical.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Bienvenidos a Nunca me faltes, hoy con una eminencia de la música tropical, Sergio Torres.
—Gracias, Manu.
—Bueno, no sé si te considerás eminencia, yo sí, pero tenés una trayectoria muy importante…
—No, no me creo una eminencia; sí que hace mucho tiempo que estoy sobre los escenarios. Ya hace cuarenta y siete años que paseo mi voz, mi música, por muchos lugares de mi Argentina y he visitado alguno que otro país también. Y también estamos con las Sesiones Sedientas.
—¿Contame de eso?
—Vamos a contar con otros intérpretes invitados; de lo más destacado de la movida, no solamente de Santa Fe, sino de gran parte del país. Ya hemos comenzado a grabar la primera sesión y la verdad que la gente está muy ansiosa. Es un poco retrotraernos en el tiempo, volver sobre nuestros pasos y poder grabar canciones que han tenido muy poca difusión.
—Yendo a tus comienzos, ¿qué te acordás de aquellos inicios?
—Yo comencé a cantar a los trece años, creo que lo tomaba como un hobby, como un escape, un adolescente sin sueños. Solamente ir en el día a día a divertirme. Estaba lejos de pensar lo que uno podía llegar a lograr a través del tiempo, ¿viste?
—Tu vieja no quería que cantes, ¿puede ser?
—¡Nooooo! Yo vengo de dos familias de músicos por parte de mi padre y de mi madre: cantantes, acordeoneros, guitarreros. Mi madre tenía el espejo de su padre, de mi abuelo y conocía el paño, entonces lógicamente no quería saber nada con que cante.
—¿Pero por qué?
—Creo que por lo bohemios que han sido todos y lo que han hecho…
—¿Decía que eran de vagos?
—Claro, si eras músico decían “estos son unos vagos, unos atorrantes”. Y yo creo que mi madre no quería eso para su hijo. Pero a los trece años tuve que plantarme frente a mi madre y decirle: “Mamá, tengo que hablar con usted: voy a cantar, no quiero que gaste más plata en útiles escolares ni que se haga mala sangre porque no me eximo en una materia”. Ojo, en aquel tiempo enfrentarla a mi madre era como estar delante de Dios. Imaginate, yo iba a ensayar sin que mi madre lo sepa. “Me parece muy bien, pero yo vagos en mi casa no quiero. O sea que primeramente vaya a buscarse un trabajo. Cuando consiga su trabajo, puede cantar”, me respondió. Así que tuve que salir ese mismo día a buscar un trabajo.
—O sea, dejaste de estudiar y te fuiste a buscar laburo.
—Sí, de peón de albañil. Los primeros tres años de mi carrera fueron trabajando y cantando, trabajando y cantando.
—¿Y cuándo te diste cuenta que te podías dedicar cien por ciento a la música?
—Después de esos tres años, cuando cumplí dieciséis, canté en Los Palmeras; ahí hubo un impasse de no trabajar porque viajábamos. Estuve prácticamente un año cantando con Los Palmeras. No haber podido grabar con ellos es la única cuenta pendiente que me quedó en mi carrera. Después canté seis años en el Grupo Alegría y ahí volví a trabajar porque el director, Osvaldo Rasco, tenía una fábrica de bicicletas. Laburaba de bicicletero y cantaba los fines de semana. Y después conformamos Tropical Santa Fe antes de ser Cali, o sea, recién dejé de trabajar cuando comencé a cantar en Grupo Cali.
—Lo de las bcicletas era una ayuda económica…
—Sí, porque yo a los diecisiete años ya me había casado. Ya tenía mi primer hijo, Daniel, con dieciocho años ya fui papá. Realmente necesitaba tener otro ingreso…
—¿Y cómo convive la vida de un músico, sobre todo cuando explota, siendo un padre joven de familia?
—A mí nunca me costó, porque yo en los cuarenta y siete años nunca floté. Y nunca me olvidé de dónde vengo ni de mis comienzos; desde mi ranchito de barro sin luz eléctrica donde crecí, nunca me olvidé de esas cosas. Actualmente vivo el día a día, con un montón de aciertos, desaciertos y esas cosas me ayudaron a mantener los pies sobre la tierra. El convivir de esas vidas era lo diario: jugar al fútbol, estar con mis amigos comiendo un asado, cantando.
—Ahora me quiero meter en el capítulo de fútbol, porque también tuviste una carrera dedicada al fútbol en parte, ¿no?
—Sí, veinte años jugué semiprofesional en Santa Fe, cantando y jugando al fútbol, que es mi otra pasión. Jugué en muchos clubes de Santa Fe.
—¿Llegaste a entrenar con la primera de Colón?
—Vos sabés que cuando me convocan para entrenar con la primera yo venía de cantar con Tropical Santa Fe en Rosario. Llegué a la mañana temprano y me tenía que presentar, creo que tipo ocho. Me tomé el colectivo ahí en frente del Hipódromo, atravesé el portón de Colón, y cuando llego a la mitad me volví a mi casa, ni siquiera fui a entrenar.

—¿Por qué?
—No sé…
—Ahí tiraba más la música…
—Yo siempre opté por la música. Y en ese momento yo jugaba en Ciclón Racing. También recuerdo un partido contra Unión, íbamos perdiendo dos a uno. Hice un golazo de aire, el dos a dos, la clavé en un ángulo de zurda. Y no sabía que había gente de Chile viendo el partido, que fueron a verme. Cuando llego el lunes al entrenamiento, el presidente Salem y mi técnico me dijeron: “No te quisimos decir nada, pero te fueron a ver de un club chileno de Viña del Mar”. Pero te repito, gracias a Dios, siempre opté por cantar (ríen).
—¿No crees que te hubiese ido mejor como futbolista?
—No sé, siempre me defendí jugando al fútbol, jugaba de volante central. Pero creo que he elegido bien. Siempre me di cuenta que Dios me mandó aquí, a la Tierra, para cantar. Es algo en mi ADN, mi vocación. A mí me da lo mismo cantar para una persona que cantar para un millón. Estar arriba de un escenario y poder cantar es algo natural para mí.
—El cinco en la cancha es un poco el que distribuye el juego, el que ordena bastante al equipo…
—Sí, como una rueda de auxilio. Así soy en la vida. Soy la rueda de auxilio no solo de mi familia sino de mis amigos. Soy solidario y un corazón más grande que mi cuerpo. Así soy en la cancha y así soy en la vida.
—¿Siempre fuiste así, solidario, incluso siendo tan humilde?
—Yo, cuando era chico, tuve menos que menos. Tenía que salir a los basurales a tratar de conseguir un calzado para poder jugar al fútbol. Yo botines conocí de grande, nunca tuve botines. Mi papá me enseñó a hacer las medias con mangas de pulóver, ¿viste? Y entonces conseguía algún calzado que estaba roto y lo cosía a mano.
—¿Revolvías la basura para encontrar zapatos?
—Claro, íbamos al basural. Íbamos con los chicos de la villa. Yo tenía la canchita en la villa enfrente de mi casa, bien enfrente, así que al primer sonido de pelota ya me cruzaba a jugar. Y siempre jugué con la gente grande; a los doce años jugué mi primer torneo libre para la villa, siempre con gente grande, nunca con chicos de mi edad.
—¿Se jugaba por guita en esos torneos?
—Sí, claro, he ganado muchísimos. Pero todas esas cosas que me ocurrieron en mi crecimiento… yo le agradezco a Dios cada instante, cada cosa que no tuve, porque todas esas cosas me ayudaron a formarme como persona y a darle valor a las cosas, a lo que uno logra con tanto esfuerzo.
Yo siempre hablo con mis hijos y con mi esposa Natalia y con mis padres, que tengo la fortuna de tener a mi a mi papá y a mi mamá vivos. Y cuando hablo con ellos siempre les digo que estas cosas me ayudan a darle mucho valor y estoy preparado para si un día no tengo, ¿viste? Hoy puedo comerme un asado o salir y mañana capaz que no lo tengo, y bueno, me quedaré en mi casa y comeré arroz hervido, fideos hervidos, como comí cuando era guacho. Estoy preparado para eso. Y hay algo bonito que tengo: no me interesa el dinero… ¡si nunca tuve!
—Pero incluso con una carrera exitosísima, ¿cómo es eso?
—(Risas) Te voy a decir algo que tal vez te llame la atención…
—A ver…
—No tengo la menor idea de lo que se cobra un show mío.
—¿No sabés lo que sale un show tuyo?
—¡Ni idea! Delante de los ojos de Dios te lo digo, ¡que Dios no me deje cantar nunca más! Yo soy creyente. Mi padre y mi madre son pastores, todos nosotros somos creyentes. Yo, cuando hablo de Dios, no chacoteo...
—¿Quién se encarga de los ingresos, tu mánager?
—Mi mujer y mi representante.
—¿Y vos no sabés porque ya no querés saber?
—No me interesa, nunca me interesó.
—Veo que la que se encarga de los números en tu casa es tu esposa…
—Ella maneja todo.
—O sea, además de amor, confianza ciega.
—Pero aparte ella es una eminencia de persona. Yo la admiro a ella. Aparte de ser el amor de mi vida, le tengo una admiración terrible. Tiene una capacidad terrible. Natalia es la segunda mujer en mi vida, mi segundo matrimonio.
—Te casaste hace poco, ¿no?
—El 27 de diciembre del año pasado. Después de veintitrés años de relación.

—¿Y por qué después de veintitrés años?
—Porque si bien lo veníamos charlando siempre y nunca lo llevábamos a cabo, yo creo que en veintitrés años vos ya tenés consolidada tu familia. Tenemos tres hijos maravillosos: Matías de dieciocho, Ian que tiene diez y Martina que tiene seis años. Y dijimos: “Bueno, me parece que es el momento”.
—¡Espectacular!
—Fue algo maravilloso, yo tenía una emoción terrible y vi emocionado a todos. Tenía un anhelo de entrar con mi madre del brazo y logré entrar con ella, fue algo muy, muy emotivo.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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Qué ver en Netflix: la película de Ricardo Darín que lidera el ranking

Netflix volvió a poner en lo más alto a una de las películas más recordadas de Ricardo Darín. A varios años de su estreno original, “El amor menos pensado” reapareció en el catálogo de la plataforma y rápidamente logró meterse entre las producciones más vistas por el público argentino gracias a una historia cargada de humor, romance y situaciones tan reales como incómodas.
La película, dirigida por Juan Vera, se estrenó en 2018 y encontró una nueva oportunidad dentro del universo del streaming. Con una duración de poco más de dos horas, la comedia romántica protagonizada por Darín y Mercedes Morán volvió a conquistar a quienes ya la habían visto y también a nuevos espectadores que descubrieron la historia por primera vez.
La trama sigue a Marcos y Ana, una pareja que lleva más de dos décadas compartiendo la vida juntos. Con una rutina consolidada y una convivencia aparentemente estable, ambos creen tener todo bajo control hasta que su único hijo decide irse del país para continuar sus estudios.
La partida del joven deja un vacío inesperado dentro del hogar y obliga a la pareja a enfrentarse a preguntas que venían evitando desde hacía tiempo. Lejos de ignorar la crisis, Marcos y Ana empiezan a replantearse su vínculo y terminan tomando una decisión tan madura como dolorosa: separarse después de 25 años juntos.
LA PELÍCULA DE RICARDO DARÍN QUE REPUSO NETFLIX
A partir de ese momento, cada uno intenta redescubrirse en una nueva etapa marcada por la soltería. Lo que en un principio parece libertad absoluta rápidamente se convierte en una experiencia llena de contradicciones, inseguridades y situaciones desopilantes que exponen las dificultades de volver a empezar.
Uno de los grandes aciertos de la película está en cómo retrata conflictos cotidianos desde un lugar honesto y cercano. Sin caer en golpes bajos ni dramatismos exagerados, la historia logra mezclar momentos de comedia con reflexiones sobre el amor, el desgaste de las relaciones y el miedo a la soledad.
Con actuaciones muy celebradas y diálogos que conectan fácilmente con el público, “El amor menos pensado” volvió a demostrar por qué se convirtió en una de las comedias románticas argentinas más valoradas de los últimos años. Su regreso a Netflix confirmó que algunas historias siguen funcionando incluso mucho tiempo después de su estreno.
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Benjamín Vicuña reveló la lección que aprendió tras la muerte de Blanca: “El dolor se transformó en luz”

A veinte años de la muerte de su hija Blanca, Benjamín Vicuña continúa recordándola y compartiendo públicamente las huellas que dejó ese episodio en su vida. El actor chileno, actualmente a cargo de uno de los protagónicos en la obra Secreto en la Montaña junto a Esteban Lamothe, fue invitado a El Diario de Mariana (América), donde habló abiertamente sobre el impacto que tuvo la pérdida y el proceso de aprendizaje que transitó desde entonces.
Durante la entrevista, Vicuña relató que la literatura se transformó en su principal refugio frente al dolor. Describió cómo, con el paso del tiempo, la escritura le permitió transformar el sufrimiento en una forma de luz. “El dolor se transformó en luz a través de los años por medio de la escritura”, expresó. Según detalló, el origen de su libro estuvo en una serie de publicaciones que comenzó a compartir en redes sociales. Aquellos primeros mensajes, surgidos casi de manera impulsiva, respondían a la necesidad de comunicar lo que estaba atravesando y de conectar con otras personas.
Con el correr del tiempo, esa interacción virtual se convirtió en un diálogo genuino y sanador con lectores que estaban viviendo duelos similares o que ya habían pasado por experiencias cercanas. Vicuña explicó que ese ida y vuelta se transformó en la estructura que le permitió avanzar con el libro y que le dio sentido a su proceso de escritura. “Las respuestas son impresionantes y me emociona mucho ver que tuvo sentido que algo tan doloroso haya generado tanta luz”, reconoció.
El actor recordó que, más allá de compartir el dolor, el contacto con la comunidad lo ayudó a descubrir nuevas formas de sobrellevar la ausencia y a resignificar su experiencia. Subrayó que las palabras y los testimonios de otros padres y madres le permitieron comprender que, aunque la herida permanece, es posible encontrar caminos de resiliencia y acompañamiento.
Consultado sobre las enseñanzas que le dejó la pérdida de su hija, Vicuña fue directo. Aseguró que aprendió a valorar el presente, a compartir tiempo de calidad y a profundizar la conexión con sus seres queridos. “Aprendí a vivir, a intentar, a disfrutar el momento y mirar a los ojos”, afirmó. Además, sostuvo que el dolor lo llevó a una transformación personal y a una mayor gratitud por los vínculos familiares. “Aprendí a abrazar a mis hijos, agradecer y a estar conectado con el presente”, añadió.
Vicuña dejó en claro que la memoria de su hija sigue muy presente en su vida cotidiana y que la escritura, junto con el apoyo de la comunidad, le permitió sobrellevar uno de los momentos más difíciles. Para el actor, la experiencia demostró que el amor y la resiliencia pueden abrir espacios de luz, incluso ante las pérdidas más profundas.
La hija de Vicuña y Pampita tenía seis años. Desde entonces, cada vez que puede su familia la recuerda con una mezcla de dolor y gratitud que no disminuye con el tiempo, sino que cambia de forma. El último 15 de mayo, el recordatorio tuvo un significado especial, ya que Blanca hubiera cumplido 20 años. Y entre tantos homenajes, sobresalió el de su prima Brisa Ardohain, ahijada de Pampita y cuatro años mayor que ella. La joven escribió en redes sociales una carta que más que consuelo, busca nombrarla: nombrar lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que todavía duele.

Es desde ese lugar, el de alguien que no solo perdió a una prima sino que eligió estar cerca de todo lo que ella dejó, que Brisa escribió esas palabras urgentes. “Si la vida fuese justa y el destino no nos hubiera atravesado con tu partida, estaríamos festejando tu cumpleaños número 20. ¡VEINTE! 20 años de tu nacimiento”, abre su carta, y en esa exclamación en mayúsculas está todo: el asombro ante una cifra que parece imposible, la vida entera que quedó sin vivirse.
Por eso sabe, con una precisión que duele, que “ya son más años de ausencia que los breves que pudimos disfrutar de tu luz, tu risa y tu amor”. La aritmética del duelo, sin adornos, escapando de la lógica de las matemáticas y desafiando lo inapelable del paso de tiempo.
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