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CHIMENTOS

El Checho Batista descubre su museo personal y se confiesa: de los botines con los que hizo «trampa» en el 86 a por qué Maradona «murió como los genios»

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Empezó la cuenta regresiva para que los argentinos volvamos a soñar con la copa del mundo. Esa que ya en tres oportunidades supieron ganar aquellos jugadores que nos representaron y enaltecieron al país y nuestros colores: en el 78, en el 86 y en el 2022, con la conquista de la Scaloneta en Qatar.

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Mientras toda la Argentina desea que el último mundial de Lionel Messi sea coronado con otro trofeo en la Selección Argentina, Paparazzi decidió acompañar este momento único homenajeando a aquellos futbolistas que se destacaron con la albiceleste, en diferentes puestos, equipos y citas mundialistas.

Así, La casa de los campeones rompe el hielo con Sergio Batista, el exquisito ladero de Diego Maradona en dos de los mundiales más recordados por los argentinos: México 86 e Italia 90. El querido Checho nos abre las puertas de su hogar para descubrir su rincón más preciado y valioso: allí donde guarda sus tesoros, como camisetas y botines que provocarían la envidia de cualquier coleccionista.

Los botines que el Checho Batista usó en México 86: eran Puma, pero por contrato, les pintó las tres tiras de Adidas.

Atravesando el living, una escalera y después el comedor, entre juguetes de sus nietos y trofeos ganados, Batista nos deslumbra con su museo personal, construido a lo largo de una rica trayectoria que lo vio brillar en Argentinos Juniors y River, entre otros equipos. “Este es mi rincón de los recuerdos Me lo hizo una arquitecta, recopilando un montón de cosas desde que debuté en Argentinos en 81, sin barba. Toda mi vida deportiva está acá”, dice Batista, emocionado.

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—Los botines gastados son una reliquia.

—Son los de los últimos partidos del Mundial (86). Otro no tuvieron esos botines. Hay una trampa ahí

—¿Se puede contar?

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—Creo que sí. Ya fue, 40 años después… Son botines Puma: me los regaló el Flaco Menotti y son de cuero de canguro. En su momento los botines no eran tan blanditos y estos tenían un cuero liviano, que me gustaron cómo me quedaban. Pero no los podía usar porque yo era modelo de Adidas. Entonces le dije al utilero que tenía que sacarle la tira de Puma y en cada partido me pintaba con témpera las tres líneas. La plantilla es la de Puma. Decí que yo no me tiraba tanto al piso, porque sino, se iba a ver la suela. 

—La camiseta de Argentina que usaste tiene el agregado de mantener las manchas originales del partido.

—Sí, esta es la original, la del segundo tiempo (de la final contra Alemania), que se la había dado a mi cuñado. Él había entrado a la cancha justo después del partido, me pidió la camiseta y se la di.

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El manto sagrado: la camiseta que el Checho Batista usó en la final contra Alemania, en 1986.

—Las demás camisetas, ¿las perdiste?

Me las robaron. Entraron a casa y me llevaron los bolsos con todo. El otro día encontraron la camiseta de Inglaterra, la azul. Hay una sola porque se hizo en el momento para jugar contra Inglaterra. La encontró un hincha de Argentinos Juniors. Me llamó y me dijo: «Checho, tengo tu camiseta con el número 2, la azul de Inglaterra, la original». Le dije que no la quería, que la tuviera él, y me dijo que la ponía en el museo. Y hoy está ahí. Apareció. Después, solo tengo esta acá en el museo.

—Sí tenés las medallas.

—Sí, las que uno tuvo la suerte de ganar como campeón del mundo, subcampeón del mundo en Italia 90 y la de Beijing 2008 (como director técnico de Messi en la consagración olímpica).

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—¿Qué se siente haber sido parte del plantel campeón en el 86?

—Fue el sueño desde chico, el objetivo máximo. Pero para mí, fue la satisfacción de poder devolverle a toda la familia y los amigos que estuvieron en los momentos en los que yo recién empezaba, porque el del jugador es un largo camino. Desde los 6 años que juego al fútbol.

Sergio Batista, gladiador argentino en México 86 e Italia 90.

—La familia acompaña mucho.

—Sí, es muy importante hoy en día. Siempre. Mi papá era un trabajador que todos los días se levantaba a las 7 de la mañana y volvía a mi casa a las 9 de la noche. A veces lo veíamos, a veces no. Y sábados y domingos tenía que llevarnos a mi hermano (Fernando El Bocha Batista) y a mí a jugar al fútbol. No tenía esa libertad para decir «disfruto de eso».

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—¿Tenías habilidad? ¿Naciste con ese don?

—Creo que nacés con algo, viene con uno, y después se van puliendo un montón de cosas. El sacrificio y la disciplina son fundamentales. 

—Jugaste con Maradona y dirigiste a Messi.

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—Soy un privilegiado. No elijo entre uno u otro: cada uno en su época, fueron los mejores del mundo, de la historia, los dos, cada uno en lo suyo. Son muy similares jugando al fútbol, pero siempre digo que los genios no se comparan. Tuve la suerte, por eso no me puedo quejar del fútbol, de ser compañero de uno y dirigir al otro. Y los valoro mucho personas, con una humildad enorme los dos. Pero para mí, fueron los mejores que vi.

—¿Creés Messi tendría que terminar su carrera jugando en Argentina?

—Es lo que todos queremos… Ojalá que lo tengamos acá, cerquita, y que lo podamos ver todos los domingos. Que se pueda retirar en Argentina. Pero son decisiones difíciles de tomar, y son de él. 

—Pensando en este mundial, ¿qué futbolista te gusta en tu puesto?

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—Argentina tiene un muy buen jugador, que ojalá llegue bien: Leandro Paredes. Es el más parecido a mí. La Selección tiene todos jugadores que van para arriba, y necesita de un 5 que esté paradito, que ordene, que se aleje del equipo. Y eso Leandro lo hace muy bien.

—Veo que tenés fotos con Juan Román Riquelme. ¿Qué pensas de su dirigencia en Boca?

—Está bien. No me meto en esas cosas. Tengo muy buena relación con él. Siempre lo felicité porque quiso ser presidente y lo logró. Seguramente que todos buscamos campeonatos, pero pasa en Boca y en todos los clubes. Boca porque es más grande, quizás no lo está logrando, pero está haciendo una buena gestión. Nosotros tenemos una amistad muy grande. Ojalá le vaya bien.

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Socios en la cancha, amigos afuera: Maradona y Batista, en México 86.

—Volviendo a Maradona, ¿sentís que lo despidieron como merecía?

—Ojalá lo hubiésemos despedido de otra manera… Tuve una amistad muy grande con él: éramos uy amigos, pasamos muchas cosas juntos, entonces uno siente bronca y lo quisiera tener acá. Se nos fue muy joven… Lo entiendo y lo acepto, porque él quiso eso: creo que se rindió y vivió de la manera que quiso. Por ahí, cuando lo necesitamos no estaba. Nadie quiere morir, pero él la vivió, y creo que se fue tranquilo.

—En pandemia, solo y en esa casa…

Como mueren los genios: la mayoría mueren solos, un poquito abandonados. No me gustó. Por suerte, tres meses antes lo disfruté en la cancha de Argentino Juniors cuando dirigía Gimnasia, que hicimos una fiesta y lo llevé a un homenaje. Lo vi feliz y contento. Me guardo esa sonrisa que él tenía. Fue la última vez que lo vi.

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Batista con Maradona, en una foto muy especial: es la última que se tomaron juntos.

—Maradona, Messi: los argentinos ya nos preguntamos quién será el próximo

—¡Ojalá! Siempre tenemos algo. Uno decía después de Maradona no tendríamos nada, y apareció Messi. Es muy difícil. Pero así como salió Messi, puede salir otro.

Sergio «El Checho» Batista, con Paparazzi.

 

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Checho Batista, Museo de Campeones

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CHIMENTOS

Marcelo Tinelli se reencontró con Charly Sosa, el cantante del hit “Mayonesa”, y recordó la historia del tema

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El conductor dialogó con el músico y habló de su actualidad en Estados Unidos

Marcelo Tinelli vivió un emotivo encuentro este sábado al recibir en el estudio de Infobae Mundial a Charly Sosa, el reconocido músico uruguayo cantante del hit “Mayonesa”. En ese marco, el conductor y el artista entablaron una divertida charla recordaron como el tema enloquecía a las hijas de la figura de la televisión en su juventud.

“Está Charly Sosa. El éxito más grande de la historia musical es uruguayo, maestro. Cuando Mica y Cande me rompían todo el tiempo: “Papá, mayonesa, mayonesa”. Bailábamos en casa. El señor había hecho este tema, el más vendido, le digo, en Uruguay. Charly, ¿no?, en el mundo”, comenzó diciendo Tinelli al ver a Sosa en el estudio. Agradecido por el recibimiento, Charly comentó: “A nivel mundial. Hoy por hoy, Mayonesa está dentro de las cinco canciones latinas más bailadas del mundo”.

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Continuando con el ida y vuelta, Marcelo destacó su fanatismo por el tema: “Amo Mayonesa. Pero además, hay otras canciones que decís: “¿Y esta cómo era? No sé, ta”. Pero vos decís: “Mayonesa”. Arranco así, empiezo a batir. Mica y Cande, las dos me tenían los huev… al plato. Era una cosa increíble. “Papá, hay mayonesa, mayonesa”. Y un día le digo: “Por favor, tráiganlo, mayone”. ¿Qué era en 2002, 2000?”.

Fue entonces cuando Sosa rememoró aquellos años: “Sí, un día nos llama tu productor y nos dice: “Vos, ¿sabés que las hijas de Tinelli lo tienen podrido con la mayonesa? Y Marcelo quiere que vengan a cantar”. Y nosotros dijimos: “¿ShowMatch? ¿Me está jod…?”. Y yo iba en bicicleta rumbo a mi casa, me llama el productor y me dice: “Vos, anda. ¿Qué estás haciendo?” “Acá, andando en bicicleta”. Me dice: “Hoy de noche estamos en ShowMatch”. Le digo: “Ah, dejate de jod…””.

El conductor realizó una prueba al degustar tacos mexicanos

Luego, Charly destacó el impacto que tuvo el éxito del tema en su carrera: “Y aparte fue un antes y un después, porque en ese momento ShowMatch se veía para todo Latinoamérica. Era Videomatch, es verdad. Y nos llamaban de Perú, nos llamaban de Bolivia. Nos llamaban de Chile. Nosotros decíamos: “No, loco, ya está”. Esto nos cambia la vida. Y después, cuando se separa el grupo Chocolate y se arma el grupo Mayonesa, fuimos a presentar la canción “Agachadita” también”.

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Así, la charla derivó en el día que el músico y su grupo fueron a tocar al programa de Tinelli: “Fue el día que la enana Feudale me cag… a patadas. Vienen y me dicen: “Vos, Charly, tenés que hacer algo distinto en el programa”. Dale, buenísimo. Y yo vi a la Feudale, fui y la agarré de atrás así, y la enana me hizo: “¡Pa, pa, pa, pa, pa!”. Y me pegó en las canillas acá. Yo la quería llevar a bailar conmigo, me dijo: “No””.

Para cerrar la charla, Marcelo le consultó a Sosa si estaba viviendo en Estados Unidos, a lo que el cantante destacó: “Ya hace ocho añitos. De acá me muevo para todas partes. Este tema, este tema de la fiesta retro ahora”.

Marcelo Tinelli recordó el hit que marcó a su familia: «Mayonesa»

Más allá de lo musical, días atrás, Tinelli se metió de lleno en la cultura mexicana tras el triunfo de la tricolor ante Corea del Sur. Luego de iniciar su programa en Infobae Mundial, el conductor invitó a un grupo de mariachis al piso, dialogó con un influencer de la tricolor y hasta se animó a probar uno de los platos típicos más comunes del país centroamericano. Sin embargo, el picor le jugó una mala pasada.

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“Señores, acá me han traído. ¿Qué es esto? ¿Pero esto no pica? Porque a mí me pica y me quedo sin aire y me puedo…pierdo la respiración ahí en cámara. No me banco el chile”, advirtió Tinelli al notar que le habían llevado unos tacos al programa. Sin embargo, sus compañeros mexicanos buscaron alentarlo y lograr que el comunicador pudiera disfrutar del típico plato mexicano.

El momento que cambió todo fue cuando los mexicanos le ofrecieron a Marcelo mojar el taco en salsa. Tal como había advertido, el conductor temió que eso elevara el nivel de picor de la comida: “Ustedes comen picante, no me jodas, bol…. Comen mucho picante y la bancan. Yo me como picante y me ahogo. ¿Cuál es? No me mires con esa cara, porque yo no voy a hacer ninguna prueba en cámara, porque no me quiero desmayar acá y me salve Alex o tenga que salir mañana en televisión: “Internado al lado de Luis Miguel, Marcelo Tinelli”. No quiero terminar así, por favor. Decime la verdad, porque ustedes son unos chantas… Mike, ¿cuál es la salsa menos picante de las dos? ¿La verde o la roja?”.

Fue entonces cuando el influencer mexicano invitado le hizo una aclaración, con la idea de llevarle tranquilidad: “Por lo regular, la que menos pica es la roja, pero depende, depende quién la haya preparado, pero por lo regular. Quiero que pruebes un poquito del chile nacional. Entonces, por eso es que te mandé esos tacos”. Tras la explicación, Marcelo tomó uno de los tacos y, antes de probarlo, comentó: “Yo lo como, sí. Lo que, lo único que no, lo único que no quiero es comer el picante, porque tengo miedo del picante. A esto le entro, esto es rico, ¿no? Esto”.

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El logro personal de Maria Becerra tras admitir sus adicciones: “Me sentí muy avergonzada y ahora me voy rehabilitando”

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En uno de los tantos viajes al viejo continente para cumplir con compromisos laborales, allá por el 2025 la joven y talentosa artista argentina sorprendió cuando, invitada a La Revuelta, uno de los programas más populares de España, mostró cuánto tiempo pasaba frente la pantalla de su celular.

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Con unas métricas que no pasaron inadvertidas, ya que ella misma no podía creerlo cuando lo vio, fue la propia María Becerra quien el año pasado, y ante el pedido del conductor del ciclo de entretenimientos en el que estaba, leyó: “Dios mío. 12 horas 19 minutos fue el uso del 19 de noviembre. 3:30 horas de WhatsApp”.

Ese dato de color no pasó desapercibido y la noticia salió en portales y redes sociales tomando tal relevancia que la intérprete de Automático nunca imaginó. El tiempo pasó, la artista lanzó nuevos temas y antes de grabar y abocarse a un nuevo proyecto volvió a pasar por el ciclo en cuestión.

Sentada nuevamente en el estudio y ante el conductor español David Broncano, María habló de todo, desde su vida personal, sus tips de belleza, el drama que atravesó en medio de su deseo de ser madre… y se animó a darle su dispositivo móvil para que vuelva a exponerse su tiempo en pantalla diario.

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MARIA BECERRA VA MEJORANDO SU ADICCION AL MOVIL

Fue así que en cuanto a su adicción al uso del teléfono Becerra terminó demostrando que tuvo una mejoría logrando disminuir el tiempo ante el aparatito. “Salió en todos lados que lo usaba 12 horas y me sentí muy avergonzada”, lanzó.

Asimismo, al ver que redujo a 6 horas frente a la pantalla, La Nena de Argentina  expresó: “Estoy comprando mucha ropa. Muy bien vengo. Estoy muy rehabilitada. Reduje todas las redes sociales. Salió en todos lados eso. Mi meta es 4 horas diarias. Donde tengo más horas es en Instagram. Ahí todavía cuesta”.

 

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María Becerra

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Osqui Guzmán, entre la resistencia y la emoción: la infancia que lo marcó y el premio que hizo llorar a sus padres

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Cobertura de la obra teatral ‘Vivitos y Coleando 2’ en una función en vivo

Hay obras que sobreviven al paso del tiempo y hay otras que consiguen algo todavía más difícil: convertirse en parte de la memoria emocional de varias generaciones. Vivitos y Coleando pertenece a esa categoría. Y para Osqui Guzmán, uno de los actores más queridos y respetados del teatro argentino, formar parte de este regreso significa mucho más que integrar un elenco del que es parte junto con Flavia Pereda, Julián Pucheta, Federico Dryzun, Lucia Lopez Curcio, Irupe Cruz y Hernan Cáceres. Es ingresar a una historia que lleva décadas acompañando a familias enteras, una creación de Hugo Midón y Carlos Gianni que, según él mismo define, forma parte del ADN cultural del país.

Sentado, tras un alto en los ensayos en el Auditorio Belgrano donde el 20 de junio subirá a ls tablas con Vivitos y colenado 2, disruta de un café con leche mientras habla de la obra con la misma pasión que un chico contando su juguete favorito,

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Guzmán encuentra las palabras justas para explicar por qué este material sigue emocionando. “La obra de Carlos Gianni y Hugo Midón ha atravesado las infancias de cuatro generaciones. Mi hija de siete años, cuando entró al jardín, le dieron uno de los temas que hago acá en la obra. Es interminable la cadena de ADN cultural que creó el material de Midón y Gianni”, cuenta. Y no habla solamente desde la admiración profesional. Habla desde la emoción de quien sabe que está parado sobre un legado artístico irrepetible.

Para él, el gran desafío de actuar frente a chicos sigue siendo el mismo de siempre: mantenerse vivo. “Los niños no están enfermos de sociabilidad ni de protocolos como los adultos. Van al teatro y toman lo que les das de una manera que estalla en su imaginación. Son muy expresivos. El mayor desafío es mantenerse vivo, despierto, presente”. En esa definición aparece condensada buena parte de su filosofía artística. Porque Guzmán nunca entendió la actuación como una técnica vacía sino como una forma de presencia absoluta.

Osqui Guzmán, Flavia Pereda y Julián Pucheta posan con nariz de payaso y vestuario de fantasía durante la presentación de la obra Vivitos y coleando 2.

La fascinación que siente por el universo creado por Midón y Gianni atraviesa toda la conversación. “Carlos Gianni es un genio. Es un genio a la altura de Charly García, es un genio a la altura del Indio Solari. Te digo por qué: porque sus canciones son todas hits”. Y cuando habla de Hugo Midón, su voz adquiere un tono casi reverencial. “No subestimó a las infancias haciendo del teatro un entretenimiento para chicos. Le dio calidad. Vestuario, actuación, música, dramaturgia. Siempre hizo teatro para la familia”.

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Quizás por eso este presente lo encuentra especialmente feliz. “Más allá del cansancio y de todo lo que cuesta, estoy dentro de una alfombra mágica”, resume.

La frase parece sencilla, pero detrás de ella hay más de cincuenta años de vida y décadas de trabajo. Porque antes de convertirse en Osqui, el actor reconocido por el público y respetado por sus colegas, existió un chico, Oscar Germán Walter Guzmán, nacido en Buenos Aires en 1971, hijo de inmigrantes bolivianos llegados desde Potosí y Oruro, que creció en una casa donde el trabajo era una forma de supervivencia.

La Boca de aquellos años no tenía nada que ver con las marquesinas teatrales. En una vivienda humilde de clase media baja funcionaba el taller de costura familiar. Allí pasó buena parte de su infancia acompañando a su madre mientras cosía durante jornadas interminables para sostener la economía de la casa. El ruido constante de las máquinas de coser forma parte de los primeros recuerdos que conserva.

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Dos actores con narices de payaso, vestuario colorido y maquillaje actúan en un escenario oscuro con elementos decorativos al fondo
Osqui Guzmán y Flavia Pereda se presentan en el escenario con narices de payaso y vestuario colorido, como parte de una función de Vivitos y Coleando 2.

La situación económica era compleja. Hubo privaciones, deudas de alquiler y momentos difíciles. Durante la adolescencia llegó a coser para ayudar en el emprendimiento familiar. Sin embargo, cuando recuerda aquellos años, no habla desde el resentimiento sino desde la gratitud.

Mi mamá se encargaba de que yo no sufriera las necesidades. Vivíamos en un cuartito de cuatro por cuatro, pero ella siempre encontraba la manera. Nos hacía un puchero y decía: ‘Mirá que no todo el mundo come puchero’”, detalló, a la vez que recordó: “Hubo cumpleaños donde el regalo era salir a tomar un café con leche… cuando había regalo”.

La figura materna atraviesa toda su historia. Mientras ella cosía, él se sentaba a su lado y escuchaba historias sobre Bolivia. Aquellas conversaciones se transformaron en una escuela de vida. “Mi mamá me decía: ‘Agachá el lomo y trabajá’. Entonces yo aprendí eso. Cierro la boca y trabajo”.

“No invitaba amiguitos a mi casa, porque en mi casa no se podía invitar. Mi mampa no podía ponerse a limpiar. Se levantaba para cocinar y hacer la comida solamente. Y a veces la hacía mi papá también. Después deudas de alquiler y esas cosas y dolores al respecto de mis viejos de no poder darnos algo más, ¿viste? Y tratar de entender eso, que era doloroso, pero mi mamá siempre se encargaba de decirme: ”Todo bien, pero esto que hago no lo tiene cualquiera».

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Osqui Guzmán y dos actores más vestidos de payasos con narices rojas, sombreros y chaquetas coloridas, en un escenario con utilería de libros
La imagen ilustra a Osqui Guzmán y otros artistas durante una función de la obra teatral Vivitos y Coleando 2, vestidos con elaborados trajes de payasos.

Durante años creyó que su destino estaba lejos de los escenarios. Era fanático de las artes marciales y soñaba con convertirse en profesor de kung-fu. Más tarde estuvo a punto de estudiar traumatología. La medicina aparecía como una salida concreta y respetada. De hecho, su padre esperaba verlo convertido en médico.

La actuación llegó casi por accidente. Y cuando decidió abrazarla definitivamente, el conflicto familiar fue inevitable. Su padre no aceptó aquella elección. La decepción fue tan profunda que dejaron de hablarse durante tres años.

Tres años de silencio entre un hombre que soñaba con un hijo médico y otro que acababa de descubrir que su verdadera vocación estaba arriba de un escenario.

Lejos de abandonar, Guzmán siguió adelante. Debutó en el Teatro Callejero de la Ribera, en La Boca, haciendo sainetes. Después llegaron las experiencias en el circuito independiente, los años de búsqueda, las funciones para veinte espectadores y la construcción lenta de una carrera que jamás se apoyó en la popularidad televisiva. “Mi vida fue preguntarme cosas”, resume. Esa búsqueda encontró uno de sus momentos más conmovedores en 1999.

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Tres actores con narices rojas, vestuario de payaso colorido con faldas, pantalones y volados, sobre un escenario con decorado teatral de fondo
Una escena de la obra teatral Vivitos y coleando 2 muestra a los actores Osqui Guzmán, Flavia Pereda y Julián Pucheta con vestuarios de colores vivos y narices rojas.

Aquel año recibió el Premio ACE Revelación por Los indios estaban cabreros, obra que protagonizaba en el Teatro Cervantes. Sus padres estaban sentados en la sala.

Lo que ocurrió esa noche permanece intacto en su memoria: “Antes de entrar me fui a Las Cuartetas y escribí un poema en un cuaderno”, recuerda.

Cuando anunciaron su nombre, algo inesperado sucedió: “Todos empezaron a cantar ‘¡Ole, ole, ole, Osqui!’ y yo pensaba: ‘¿Por qué pasa esto?’”.

Subió al escenario conmovido. Entonces abrió el cuaderno y leyó aquellas líneas escritas minutos antes: “Lo único que recuerdo del poema era un verso para mi mamá. Decía: ‘Esto es para mi mamá, que levantó la casa hasta el alba solo para que yo estudie teatro’”.

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La sala entera quedó atravesada por la emoción. También sus padres. Aquella costurera que trabajaba hasta la madrugada y aquel hombre que alguna vez dejó de hablarle por abandonar la medicina estaban allí viendo cómo el hijo por el que habían sacrificado tanto recibía uno de los reconocimientos más importantes de su carrera.

Hombre con nariz de payaso, maquillaje en mejillas, sombrero colorido con detalles andinos, chaqueta multicolor con parches de ganchillo, chaleco a rayas y pantalón rojo
El actor Osqui Guzmán posa con un disfraz de payaso en una imagen promocional para la obra teatral Vivitos y coleando 2.

Todavía hoy, cuando recuerda aquella escena, la emoción sigue intacta: “A mi papá lo veo sonriendo muchas veces desde la platea. Siento su sonrisa. Y a mi mamá siempre le digo que todo lo que hago es su trabajo”.

Con los años llegaron el reconocimiento, las giras internacionales, espectáculos emblemáticos como El Bululú, que continúa girando por el país y el exterior, además de El centésimo mono, de que es parte en Timbre 4, además de Waminix, en la misma sala, del que es director, todo actualmente en cartel.

Todo eso sumado a una larga lista de trabajos que lo transformaron en referencia indiscutida del teatro argentino. Sin embargo, su mirada sigue puesta en el mismo lugar: el trabajo cotidiano.

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Por eso observa con preocupación el presente cultural del país: “En un momento tuvimos una mirada más clara hacia las infancias. Surgió Paka Paka, surgieron contenidos que no subestimaban a los chicos y tenían calidad. Hoy por hoy estamos retrocediendo”.

bululu Osqui Guzman
Osqui Guzman en El Bululu

Sus críticas no apuntan únicamente a la producción de contenidos. También se detiene en el debilitamiento de organismos históricos vinculados a la actividad teatral: “Lo del Instituto Nacional del Teatro nos duele mucho. Para los artistas independientes esos lugares son vitales. No es la plata. Es todo lo que cuesta construir esos espacios de organización”.

Sin embargo, lejos de instalarse en la queja, reivindica el papel del teatro como refugio y resistencia: “La lucha está en el cuerpo de los artistas. Resistimos con nuestra respiración, con nuestro cansancio, con nuestra danza, con nuestro canto”.

Para Guzmán, el teatro argentino sigue siendo uno de los más potentes del mundo gracias al movimiento independiente: “En Argentina el teatro es importantísimo gracias al teatro independiente. El que viaja por el mundo es el teatro independiente. Los maestros que enseñan afuera vienen de ahí”.

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Esto que llaman batalla cultural es una ridiculez. La cultura se devora cualquier cosa. No podés batallar contra la cultura. No te pertenece la cultura. Es como si dijéramos que los actores somos la cultura. No la somos, somos trabajadores de la cultura, en todo caso, pero siempre la cultura es lo que sucede y lo que pasa, lo que pasa entre los que estamos en el escenario y los que estaban en el público. Algo ahí en el medio que nos pertenece a todos”.

Museo Moderno 2025
Osqui Guzmán participó como figura estelar en la tradicional Comida Anual de Recaudación de Fondos de la Asociación Amigos del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires

Esa convicción aparece una y otra vez durante la charla. Lo mismo ocurre con la idea del trabajo como motor de toda existencia. Una enseñanza heredada directamente de aquella costurera boliviana que marcó su vida. “Mi mamá decía: ‘Todo es el trabajo, hijo. Todo es el trabajo’. Y tenía razón”.

Tal vez por eso, a pesar de los premios, las giras internacionales, el reconocimiento del público y el cariño que recibe cada noche al bajar del escenario, Osqui Guzmán sigue pareciéndose mucho a aquel chico que observaba coser a su madre en una casa humilde de La Boca. Sigue creyendo que el arte nace de las preguntas, que el teatro es un acto de fe y que el trabajo es la única herramienta capaz de sostener los sueños.

Y cada vez que se apagan las luces de la sala y escucha los aplausos, vuelve a sentir que detrás de cada función, de cada personaje y de cada emoción compartida con el público, siguen estando ellos: su padre sonriendo desde alguna platea invisible y su madre levantando la casa hasta el alba para que él pudiera estudiar teatro.

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