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ECONOMIA

El error que podemos repetir

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Vaca Muerta despliega su potencial, el litio atrae capitales que hace una década parecían imposibles y el RIGI promete inversiones, exportaciones y los dólares que el país necesita con urgencia (Foto: EFE)

Argentina vuelve a sentarse sobre una fortuna. Vaca Muerta despliega su potencial, el litio atrae capitales que hace una década parecían imposibles y el RIGI promete inversiones, exportaciones y los dólares que el país necesita con urgencia. La conversación pública se concentra, como siempre, en cuánto dinero va a entrar. Pero esa es la pregunta fácil, y casi siempre la equivocada: la que define el destino de una generación es qué se hará con esos ingresos, y todo indica que el país está a punto de responderla mal.

El reflejo argentino ante un ingreso extraordinario es conocido: gastarlo. No transformarlo, no ahorrarlo, no convertirlo en capital que sobreviva al ciclo de precios que lo hizo posible. Y esta vez puede salir caro, porque la riqueza del subsuelo tiene una particularidad que la vuelve traicionera: se agota.

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Conviene detenerse ahí, porque ese es el corazón del problema. Un pozo petrolero, un salar de litio o una veta minera son activos que la naturaleza acumuló durante millones de años y que una sola generación extrae en pocas décadas. La verdadera riqueza no son las regalías que ingresan cada año: es el recurso que desaparece para generarlas. Cuando una provincia cobra una regalía no recibe una renta que se renueva sola: vende un pedazo de su patrimonio. La pregunta inevitable es qué queda cuando ya no haya nada más para vender.

No es una preocupación abstracta ni nueva. Hace más de tres décadas los economistas le pusieron nombre a la trampa. Jeffrey Sachs y Andrew Warner notaron algo perturbador: muchos países ricos en recursos naturales crecían menos que otros aparentemente menos favorecidos. De ahí surgió una literatura sobre la “maldición de los recursos”.

El reflejo argentino ante un ingreso extraordinario es conocido: gastarlo. No transformarlo, no ahorrarlo, no convertirlo en capital que sobreviva al ciclo de precios que lo hizo posible

Los mecanismos son varios: la enfermedad holandesa, que infla un sector exportador y aplasta a los demás; el deterioro institucional que provocan las rentas fáciles. La conclusión es incómoda y consistente: la abundancia no garantiza prosperidad. A veces la entorpece.

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Trabajos como los de Fernanda Brollo, Tommaso Nannicini, Roberto Perotti y Guido Tabellini muestran, incluso, que los ingresos inesperados pueden generar incentivos perversos en los gobiernos y corroer la calidad de las instituciones. El dinero que cae del cielo no siempre construye; muchas veces afloja.

La economía de los recursos naturales ofrece una brújula tan simple como exigente: la regla de Hartwick. Si una sociedad explota un recurso que no se renueva, debería convertir esas rentas en otra forma de capital capaz de sostener el bienestar futuro.

. Si una sociedad explota un recurso que no se renueva, debería convertir esas rentas en otra forma de capital capaz de sostener el bienestar futuro (Foto: Reuters)
. Si una sociedad explota un recurso que no se renueva, debería convertir esas rentas en otra forma de capital capaz de sostener el bienestar futuro (Foto: Reuters)

La lógica es la de una familia que hereda una propiedad y la vende. Si gasta todo el dinero en consumo cotidiano, los hijos heredarán un recuerdo y nada más. Si lo reinvierte, el patrimonio puede mantenerse o incluso crecer. La diferencia no es contable: define el bienestar de varias generaciones.

Se sabe, sin embargo, hacia dónde empuja la política. Los gobiernos tienen necesidades inmediatas: salarios, funcionamiento del Estado, programas sociales, demandas que no esperan. Cuando aparece un ingreso extraordinario, la tentación de usarlo para tapar agujeros corrientes es casi irresistible.

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El detalle fatal es que el gasto corriente tiene una asimetría brutal: subirlo de forma permanente es fácil; bajarlo cuando la bonanza termina es políticamente devastador. Así se construyen las crisis del día después. Y la bonanza, en estos rubros, siempre se termina. Los precios del petróleo, del cobre y del litio se mueven con violencia: una crisis geopolítica los dispara; una desaceleración global los derrumba.

Cuando aparece un ingreso extraordinario, la tentación de usarlo para tapar agujeros corrientes es casi irresistible

El conflicto en Medio Oriente es apenas el recordatorio más reciente de que nadie controla esa variable. Atar el gasto estructural de un Estado a un ingreso tan volátil es edificar sobre arena y sorprenderse después de que la casa se caiga.

Alguien dirá que la salida es invertir en lugar de consumir. Es cierto, pero no alcanza. Después aparece una segunda pregunta, todavía más difícil: ¿invertir en qué? Gastar en obra pública no equivale automáticamente a desarrollo.

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Una excavadora amarilla instala una estructura prefabricada de hormigón en una zanja profunda en un área rural. Se ven personas y tierra excavada
Gastar en obra pública no equivale automáticamente a desarrollo (Foto: El Litoral)

Una provincia puede construir infraestructura estratégica que eleve la productividad durante décadas o puede financiar obras de baja rentabilidad social elegidas por conveniencia política.

Investigaciones recientes, como las de Stanislao Maldonado y Martín Ardanaz para municipios del Perú, muestran que disponer de recursos extraordinarios no mejora por sí solo la eficiencia del gasto. Una obra improductiva no es inversión: es consumo presente con mejor disfraz. La discusión, entonces, no debería ser cuánto se invierte, sino qué capacidad productiva futura deja esa inversión.

En Argentina, además, todo esto cae sobre un andamiaje fiscal que ya hace agua. Las provincias productoras cobran regalías, pero también participan de la coparticipación federal, cuyos coeficientes siguen definidos esencialmente por una ley de 1988. El mandato constitucional de 1994 para reformar ese régimen lleva más de tres décadas sin cumplirse.

Sumar nuevas fuentes de riqueza extraordinaria a un esquema de reparto diseñado hace casi 40 años no es un detalle técnico: es una bomba de tiempo con la mecha encendida

Sumar nuevas fuentes de riqueza extraordinaria a un esquema de reparto diseñado hace casi 40 años no es un detalle técnico: es una bomba de tiempo con la mecha encendida.

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Hay otro camino, y no es ciencia ficción. Varios países crearon fondos soberanos y de estabilización para ahorrar parte de la renta en los años buenos y usarla cuando los precios caen, o preservarla directamente para las generaciones que vienen.

Bolsa de Comercio Buenos Aires - Merval
Noruega es el ejemplo de manual: canalizó buena parte de su renta petrolera hacia un fondo que invierte en activos financieros

Noruega es el ejemplo de manual: canalizó buena parte de su renta petrolera hacia un fondo que invierte en activos financieros y blindó su presupuesto de los vaivenes del crudo. No es una fórmula mágica ni trasplantable sin más, pero demuestra que la maldición de los recursos no es un destino. Es una decisión.

Y esa es, al final, la única pregunta que importa. No se trata de discutir si la minería o los hidrocarburos son buenos o malos, ni de negarle a las provincias el derecho a aprovechar lo que tienen. Se trata de algo más profundo: cuando una sociedad descubre una riqueza extraordinaria, ¿la usa para consumir un poco más hoy o para construir las capacidades que le permitan vivir mejor mañana?

La riqueza ya está bajo el suelo. El error también está al alcance de la mano, porque se cometió antes y el guion se conoce de memoria. La fortuna que aparece debajo de la tierra no es el desafío: el desafío es saber qué hacer con ella. Todavía hay tiempo de no malgastar la respuesta.

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Los autores son ex ministro de Producción y Trabajo y socio fundador de Abeceb, y economista del Centro de Estudios en Finanzas Públicas de la Universidad Nacional de La Plata, respectivamente



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ECONOMIA

Ley de Inocencia Fiscal limita controles de ARCA y levanta sospechas de blanqueo encubierto

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El Poder Ejecutivo finalmente puso sobre la mesa un ambicioso proyecto de ley que introduce modificaciones relevantes en las Leyes 27.799 (Inocencia Fiscal), 11.683 (Procedimiento Tributario) y 25.191 (Trabajadores Rurales). Bajo la denominación de «Ley de Inocencia Fiscal II», la iniciativa busca consolidar un sistema tributario más lógico que proteja a los pequeños y medianos contribuyentes. Al mismo tiempo, se aclara que esta simplificación tiene por objeto ordenar el cumplimiento sin flexibilizar los controles estatales sobre aquellos contribuyentes de gran magnitud económica (Grandes Contribuyentes).

Sin embargo, más allá de la propuesta oficial centrada en la simplificación administrativa, la letra de la iniciativa abrió un intenso debate entre tributaristas, contadores y especialistas en compliance: ¿se trata únicamente de una reducción de cargas burocráticas o constituye, en los hechos, una nueva forma de blanqueo de capitales encubierto?

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Para responder esa pregunta resulta necesario analizar los principales cambios previstos para los períodos fiscales iniciados a partir del 1° de enero de 2025. Aunque el texto evita expresamente términos como «blanqueo» o «exteriorización voluntaria», varias de sus disposiciones generan efectos similares a los observados en regímenes de regularización fiscal anteriores.

Declaración simplificada: quiénes podrán adherir

El corazón de la reforma se encuentra en la creación de un régimen simplificado para la presentación de Ganancias destinado a personas humanas y sucesiones indivisas residentes en el país. La permanencia en la condición de residente fiscal durante todo el ejercicio constituye un requisito indispensable para acceder a los beneficios previstos. De perderse esa condición, ARCA quedaría habilitada para realizar tareas de fiscalización y eventualmente aplicar sanciones.

Uno de los aspectos más llamativos es la exclusión de los Grandes Contribuyentes Nacionales de los beneficios centrales del esquema. Aunque podrán utilizar la modalidad simplificada para presentar y abonar el impuesto, el proyecto establece que no accederán a las presunciones ni a los efectos especiales previstos para el resto de los contribuyentes.

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La decisión parece orientada a concentrar los beneficios en contribuyentes medianos y pequeños, manteniendo mayores controles sobre los grandes patrimonios y empresas de gran escala.

La Ley de Inocencia Fiscal fija nuevas limitaciones a la fiscalización de ARCA

Uno de los puntos que más controversia genera es la fuerte restricción a las facultades de control del organismo recaudador.

El proyecto incorpora una presunción de exactitud sobre las declaraciones juradas presentadas bajo este régimen. Para cuestionarlas, ARCA deberá demostrar la existencia de una «discrepancia significativa», concepto que el propio texto define de manera particularmente restrictiva.

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Según la propuesta, una diferencia sólo será considerada relevante cuando el ajuste fiscal supere el 15% del impuesto determinado por el contribuyente y, además, exceda determinados umbrales vinculados al Régimen Penal Tributario. También se contemplan excepciones vinculadas con facturación apócrifa o ingresos manifiestamente improcedentes.

A ello se suma una posibilidad adicional para neutralizar el cuestionamiento: si el contribuyente presenta una declaración rectificativa dentro de los 15 días hábiles de ser notificado y cancela la diferencia, la discrepancia quedaría subsanada.

La carga de la prueba cambia de manos con la Ley de Inocencia Fiscal 

La iniciativa también modifica de manera significativa la dinámica de los procedimientos de fiscalización.

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En ese sentido establece expresamente que la carga de probar la existencia de inconsistencias recaerá exclusivamente sobre ARCA. Además, limita las herramientas probatorias disponibles para el organismo, que sólo podrá basarse en la información declarada por el contribuyente, los datos obrantes en sus sistemas o la información suministrada por terceros.

El texto incluso dispone que cualquier otro elemento considerado por la administración carecerá de valor probatorio para impugnar la declaración presentada.

Para los críticos de la iniciativa, este esquema genera un verdadero «tapón fiscal», al dificultar de manera sustancial la revisión de períodos anteriores y extender una presunción favorable sobre ejercicios no prescriptos vinculados al IVA.

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El ingreso de fondos al circuito formal

Otro de los aspectos que alimentan la discusión sobre un posible blanqueo encubierto es el tratamiento previsto para los fondos incorporados al sistema financiero formal.

El nuevo artículo 40 bis obliga a canalizar determinadas operaciones a través de instrumentos autorizados por el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores. Sin embargo, el punto central radica en que esos fondos serán considerados incorporados al patrimonio del contribuyente en la fecha de realización de la operación a los efectos del Impuesto sobre los Bienes Personales.

En la práctica, esto implica que recursos previamente no declarados podrían ingresar al circuito formal y adquirir reconocimiento patrimonial sin que se examine necesariamente su origen histórico, una característica que diversos especialistas asocian con los efectos típicos de los regímenes de exteriorización de activos.

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El rol de la UIF y los sujetos obligados

La iniciativa también contempla un tratamiento especial para los controles vinculados a la prevención del lavado de activos.

La adhesión al régimen deberá ser considerada por bancos, agentes de bolsa, escribanos y otros sujetos obligados como un antecedente favorable al momento de analizar operaciones. Aunque el proyecto aclara que continúan vigentes las obligaciones establecidas por la normativa antilavado, también ordena a la Unidad de Información Financiera dictar regulaciones complementarias y prevé mecanismos tecnológicos para verificar rápidamente la situación de los contribuyentes adheridos.

La eximición de multas por defraudación

Quizás el punto más sensible del proyecto aparece en materia sancionatoria.

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El artículo 42 ter establece que quienes adhieran al régimen y regularicen obligaciones tributarias derivadas de ajustes previos de ARCA quedarán eximidos de las multas previstas en los artículos 45 y 46 de la Ley 11.683.

Se trata de sanciones vinculadas tanto a la omisión de impuestos como a supuestos de defraudación fiscal. Para acceder a este beneficio, el contribuyente deberá renunciar a iniciar acciones de repetición contra el Estado por los montos regularizados.

Precisamente esta exención de multas es uno de los argumentos más utilizados por quienes sostienen que el proyecto excede ampliamente una mera simplificación administrativa y se aproxima a una verdadera amnistía tributaria.

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El contraste: endurecimiento para el trabajo rural no registrado

Mientras el capítulo tributario introduce beneficios y alivios para determinados contribuyentes, el Título II del anteproyecto adopta una lógica opuesta respecto del empleo agrario.

La reforma prevé un incremento sustancial de las sanciones por trabajo rural no registrado. Las multas por declaraciones falsas podrían alcanzar hasta $1,5 M por trabajador, mientras que las infracciones más graves -vinculadas a la omisión total de registración- llegarían a montos de entre $1,5 M y $7,5 M por empleado, con agravantes por reincidencia.

Además, esas sanciones se actualizarán mediante el índice UVA, un mecanismo que garantiza su ajuste periódico.

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Un proyecto que promete generar debate

Más allá de cómo finalmente sea bautizada por el Congreso, la iniciativa ya instaló una discusión de fondo sobre el equilibrio entre simplificación tributaria, seguridad jurídica y capacidad de fiscalización estatal.

Sus defensores sostienen que permitirá reducir burocracia, incentivar la formalización y canalizar recursos hacia la economía real. Sus críticos, en cambio, consideran que las restricciones impuestas a ARCA, la protección otorgada a determinados fondos y la condonación de multas configuran una arquitectura jurídica que, en los hechos, funciona como un blanqueo sin el costo político que supone impulsar una amnistía fiscal tradicional.

Lo cierto es que el debate aún no comienza en el Congreso y promete convertirse en uno de los ejes tributarios más relevantes de los próximos meses.

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ECONOMIA

Moody’s le subió la nota a la Ciudad de Buenos Aires y la transformó en la jurisdicción con mejor calificación de deuda

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Moody’s destacó la solidez financiera y la baja dependencia de la Ciudad respecto de transferencias federales (FOTO: Diario El País)

La agencia Moody’s Ratings otorgó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires una mejora en su calificación crediticia, que pasó de B2 a B1, luego de la mejora en la nota para la deuda soberana. Con esta decisión, la Ciudad se convirtió en la jurisdicción argentina con la mejor calificación subsoberana, dos escalones por encima de la Nación. El informe publicado por Moody’s señala que este avance responde a un perfil crediticio más sólido en comparación con otras ciudades de la región, sustentado en el desempeño operativo y financiero y en una reducida exposición a transferencias federales.

La noticia generó reacciones inmediatas dentro del gobierno porteño. Jorge Macri, jefe de Gobierno, sostuvo: “Contundente. Después de 14 años recuperamos la calificación B1 de Moody’s y tenemos la máxima nota subsoberana de la Argentina. No hay fórmulas mágicas. Orden en las cuentas de la Ciudad y un país con una macroeconomía estable. Es por acá”. El funcionario remarcó la importancia de la estabilidad y el orden en las cuentas públicas como factores clave para lograr el reconocimiento de la calificadora internacional.

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Por su parte, Gustavo Arengo, ministro de Hacienda y Finanzas de la Ciudad, afirmó: “Tras 14 años, la Ciudad de Buenos Aires vuelve a obtener la calificación B1 con perspectiva estable por parte de Moody’s Ratings, posicionándose como la jurisdicción con mejor calificación”. Arengo atribuyó la mejora al orden en las cuentas públicas y la disciplina fiscal implementada por la gestión de Jorge Macri.

El informe de Moody’s subrayó que la Ciudad de Buenos Aires es el gobierno local y regional argentino más resiliente gracias a sus bajas necesidades de financiamiento y a una exposición manejable de su deuda en moneda extranjera. Moody’s prevé que la jurisdicción mantendrá métricas financieras alineadas con su perfil crediticio a mediano plazo, apoyada en una posición de liquidez sólida, un perfil de amortización cómodo y una gestión financiera prudente.

El contexto de esta mejora se relaciona con el reciente anuncio de Moody’s acerca de la suba de la nota de la deuda soberana de Argentina, que pasó de Caa1 a B3 para los compromisos en moneda local y extranjera. En ese marco, Arengo destacó que el avance de la Ciudad también se apoya en el ordenamiento macroeconómico dispuesto por el gobierno nacional, que generó condiciones más favorables para el acceso a financiamiento y la promoción de inversiones.

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Jorge Macri presenta la plataforma digital BAX en un evento público, mostrando su interfaz en una pantalla gigante.
Jorge Macri y el equipo económico porteño celebraron la nueva calificación B1 otorgada por Moody’s Ratings (Captura de video)

En junio, Moody’s local ya había elevado las calificaciones de emisor en moneda local y extranjera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de AA+.ar a AAA.ar, ubicando a la administración porteña en el nivel de mayor calidad crediticia entre los emisores locales. El nuevo informe internacional refuerza esa posición y distingue la gestión de las cuentas públicas en el distrito capitalino.

La mejora de la calificación crediticia implica para la Ciudad una mayor confianza de los mercados y mejores condiciones para acceder a financiamiento. El reconocimiento de Moody’s también posiciona a Buenos Aires como un referente en el manejo fiscal dentro del país. La agencia destacó la continuidad de políticas financieras orientadas a la prudencia y a la sustentabilidad, y la baja dependencia de la Ciudad respecto de fuentes externas de recursos.

El gobierno de la Ciudad enfatizó que la calificación B1 con perspectiva estable es resultado directo del trabajo realizado en materia de orden fiscal y de la disciplina sostenida en la administración de sus recursos. Tanto Macri como Arengo mencionaron el impacto positivo de las condiciones macroeconómicas nacionales en el proceso de recuperación de la nota internacional.

El informe de Moody’s también evaluó la exposición de la Ciudad a la deuda en moneda extranjera como manejable y resaltó la solidez de su posición de liquidez. Según el documento, la administración porteña cuenta con una estructura de amortización favorable y un nivel de reservas adecuado para enfrentar obligaciones futuras. La calificadora proyectó que Buenos Aires mantendrá indicadores financieros consistentes con su actual perfil de riesgo durante el mediano plazo.

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La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con la obtención de la calificación B1, se consolidó como la jurisdicción argentina con mejor nota subsoberana según los parámetros internacionales. El resultado, según la administración local, responde a una estrategia de orden en las cuentas, disciplina fiscal y gestión financiera prudente, en un contexto nacional que favoreció el acceso a recursos para potenciar inversiones.



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ECONOMIA

Neuquén regresó a Wall Street y las emisiones en dólares ya superan los u$s18.000 millones

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La emisión de bonos en dólares sigue firme y anticipa más oferta de divisas en el mercado de cambios. Esta semana hubo movimientos importantes: Neuquén volvió a Nueva York, donde había estado ausente desde 2017, para captar u$s500 millones con un título a 7 años y rendimiento de 7,65%. A la vez, la petrolera PCR consiguió u$s400 millones con tasa y duración similar, mientras Central Puerto obtuvo casi u$s100 millones. Entre el miércoles y jueves, se emitieron unos u$s1.000 millones. Desde el shock de confianza que generó el triunfo de Javier Milei en las elecciones de octubre, el total emitido supera los u$s18.000 millones.

Las colocaciones de deuda en dólares, tanto de empresas como de provincias, son clave para el mercado de cambios: buena parte de los fondos obtenidos ingresa gradualmente a la plaza cambiaria, en la medida en que los emisores necesiten afrontar compromisos en pesos. Esto implica mayor oferta de divisas en el mercado, lo que contribuye a compensar la demanda tanto privada como del Banco Central y juega a favor de la estabilidad del peso.

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La operación que concluyó ayer Neuquén significó, además, la primera emisión provincial en moneda extranjera desde la que realizó la Ciudad de Buenos Aires en mayo. La provincia petrolera logró conseguir el monto total que buscaba, que utilizará para obras y refinanciar deuda existente. En la operación se destacaron las siguientes características:

  • Monto emitido: u$s500 millones
  • Legislación: Nueva York
  • Cupón: 7,35%
  • Tasa Interna de Retorno (TIR): 7,65%
  • Precio de corte: u$s98,37
  • Plazo: 7 años de vida promedio, con vencimiento final en 2034
  • Amortización: Tres partes iguales entre julio de 2032, 2033 y 2034

«Más allá de la estructura del bono, el principal atractivo crediticio de Neuquén es Vaca Muerta. Las regalías hidrocarburíferas representan cerca del 38% de los ingresos provinciales, están denominadas en dólares y, según las autoridades, alrededor del 70% de los recursos de la provincia están vinculados a la dinámica del sector energético o al dólar. Exhibe métricas conservadoras: el stock de deuda cayó desde unos u$s1.170 millones en 2023 a u$s778 millones en el primer trimestre de este año, mientras la relación deuda/ingresos corrientes cedió de 30% a 16%», destaca PPI.

El antecedente reciente más relevante de emisión de deuda en el segmento sub-soberano fue el de la Ciudad de Buenos Aires en mayo, cuando colocó u$s500 millones a 10 años con TIR de 7,37% y, desde entonces, opera con rendimiento prácticamente estable. De acuerdo con PPI, era lógico que Neuquén pagara una tasa mayor a la de CABA por contar con menor liquidez e historial crediticio, aunque compensa con el crecimiento que exhibe la provincia gracias a Vaca Muerta. Por ello, previo a la emisión, calculaba una TIR de entre 7,4% y 7,5%, levemente inferior a la que finalmente salió (7,65%).

Las emisiones corporativas y provinciales superan los u$s18.000 millones desde octubre

Desde el shock de confianza que generó el contundente triunfo electoral de Milei y La Libertad Avanza en las legislativas de octubre, lo que impulsó el apetito de los inversores por activos argentinos, las emisiones de títulos de deuda corporativa y provincial en moneda extranjera, tanto en el mercado local como en el exterior, ascienden a aproximadamente u$s18.260 millones. Por segmento y legislación, los montos emitidos en dólares desde finales de octubre están compuestos de la siguiente manera:

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  • Mercado local: u$s4.913 millones
  • Mercado internacional: u$s13.346 millones
  • Empresas: u$s14.110 millones
  • Provincias: u$s4.150 millones

La gran mayoría de las colocaciones corporativas fue realizada por el sector energético. El miércoles, por ejemplo, Petroquímica Comodoro Rivadavia emitió u$s400 millones a través de un bono a 7 años de legislación de Nueva York, con rendimiento de 7,625% y cupón de 8,5%. Del lado provincial, desde las elecciones de octubre ya son seis distritos que han emitido títulos en Estados Unidos a través de siete operaciones (doble participación de CABA). En orden cronológico, están distribuidas de la siguiente manera:

  • Ciudad de Buenos Aires: En noviembre de 2025, captó u$s600 millones con tasa de 7,8% y plazo promedio de 7 años
  • Santa Fe: En diciembre de 2025, colocó u$s800 millones con tasa de 8,1% y plazo de 9 años
  • Córdoba: En enero de 2026, consiguió el mismo monto y plazo de Santa Fe, pero con tasa de 8,6%
  • Entre Ríos: En febrero de 2026, captó u$s300 millones a 7 años y tasa de 9,87%
  • Chubut: En abril de 2026, emitió u$s650 millones con tasa de 9,45% y vencimiento a 10 años
  • Ciudad de Buenos Aires: En mayo de 2026, captó u$s500 millones con tasa de 7,37% y duración de 10 años
  • Neuquén: En julio de 2026, consiguió u$s500 millones con rendimiento de 7,65% y plazo promedio de 7 años

Cómo impactan las emisiones en el mercado de cambios y las reservas del BCRA

La racha de emisiones de títulos de deuda en moneda extranjera anticipa mayor oferta de dólares en el mercado de cambios, lo que juega a favor de la estabilidad cambiaria y las compras de reservas por parte del Banco Central. De hecho, de acuerdo con Max Capital, las fuertes compras que realizó la autoridad monetaria la semana pasada, que ascendieron a más de u$s1.100 millones en sólo cuatro jornadas, con pico de u$s530 millones en una de ellas, se habrían explicado por el ingreso de dólares pertenecientes a bonos emitidos en el exterior.

Esta semana, tras la seguidilla de compras en «bloque», la autoridad monetaria volvió a moderar el ritmo de compras, con montos de entre u$s25 millones y u$s45 millones. En julio, acumula compras por u$s1.591 millones y en lo que va del año la cifra asciende a u$s12.766 millones.

En tanto, el tipo de cambio fluctúa apenas por debajo de $1.500 en el segmento oficial mayorista. A pocas jornadas para que finalice julio, ayer operó a $1.489, casi el mismo valor con el que arrancó el mes ($1.482), a pesar de que en los últimos días el BCRA habría reducido sustancialmente las intervenciones en los mercados de dólar linked y futuros de dólar. En tanto, los analistas esperan que los dólares conseguidos por las empresas y provincias a través de bonos mencionados sigan ingresando a lo largo de los próximos meses, lo que ayudaría a compensar la caída estacional en la oferta del agro.

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