POLITICA
El Gobierno activa la estrategia por la reforma del BCRA: Milei volverá a reunirse con legisladores libertarios

“Que le expliquen a los argentinos que los quieren seguir estafando”, planteó el presidente Javier Milei cuando la periodista Julieta Tarrés le señaló que la oposición difícilmente acompañaría sus planes para modificar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina en la que trabaja junto al equipo económico. El mandatario lo sabe, por eso convocó a una nueva reunión de diputados y senadores de La Libertad Avanza para brindar los principales detalles del proyecto, pero también para empezar a delinear la estrategia legislativa que desplegará el oficialismo en el Congreso para su aprobación.
El intercambio tendrá lugar este lunes a las 15 en el Salón Héroes de Malvinas de Casa Rosada y contará además con la participación del equipo legislativo que responde a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. De esta forma, se descuenta las presencias del jefe de Gabinete, Diego Santilli; del vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt; del secretario de Comunicación, Fabián Fernández; del armador nacional, Eduardo “Lule” Menem; de la senadora Patricia Bullrich; y del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
Mientras delega la construcción política, el libertario está particularmente enfocado en la iniciativa, que definió durante la última reunión con legisladores como una de las prioritarias, y el pasado jueves citó a su Gabinete luego del Te Deum del 9 de julio para dar precisiones del articulado. “El Banco Central tiene un instrumento que se llama la política monetaria. No se le puede pedir cinco objetivos. Es una declaración de ignorancia. La reforma de la Carta Orgánica que hizo el kirchnerismo está diseñada para que usted pase por el Banco Central, levante la mano y le tiran con un fajo de dinero. Es un disparate”, explicó durante la última entrevista que brindó a Radio Now.
La administración libertaria impulsa una serie de cambios para dotar de mayor independencia al organismo que Milei prometió cerrar durante la campaña. La reforma pasa por eliminar los cinco objetivos actuales para reemplazarlos por un único mandato: preservar el valor de la moneda.

Junto al titular del organismo, Santiago Bausili, y los ministros Luis Caputo (Economía) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado), Milei diseña el articulado que deberá enviar al Congreso para su sanción. El martes pasado, luego del triunfo de la Selección Argentina ante Egipto, los funcionarios lo visitaron en la Quinta de Olivos y le acercaron el borrador con las propuestas.
En detalle, espera avanzar con la prohibición de la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y aspira a incorporar el concepto de “shutdown”, un mecanismo que obligaría al Poder Ejecutivo a restringir el funcionamiento del Estado cuando se agoten las partidas previstas en el Presupuesto aprobado por el Congreso.
Asimismo, tiene en mente la idea de potenciar la gobernanza del organismo y endurecer las condiciones para remover al presidente y al directorio con el objetivo de reforzar su independencia. “Usted no lo puede echar al presidente del Banco Central y al directorio de cualquier manera porque, si trabajan bien, entonces los van a echar los políticos populistas”, denunció.
Por su parte, precisó que aspira a eliminar la posibilidad de distribuir utilidades contables o “ficticias”, salvo en circunstancias excepcionales vinculadas a un escenario de deflación, y busca poner fin al esquema de letras intransferibles utilizado para asistir al Estado. Además, planteó un sistema de sanciones penales para los funcionarios que vulneren la autonomía del organismo o habiliten la emisión para financiar el gasto público.

El mandatario argumentó que busca dar fin a “91 años de abuso de la política al sector privado vía inflación”. Con esa premisa, expondrá ante diputados y senadores los últimos avances de la propuesta para dar curso a la estrategia que desplegarán los alfiles legislativos para su sanción.
Aún no está formalmente definido si la iniciativa ingresará por la Cámara de Senadores o por Diputados, tampoco hay fecha para su envío. Se trata de una de las próximas definiciones que deberá adoptar la mesa política que volverá a reunirse este martes.
Tras la salida de Manuel Adorni, el Poder Ejecutivo parece haber retomado el ritmo político, en particular con el objetivo de motorizar la agenda legislativa, y concretará el segundo intercambio con diputados y senadores en el plazo de dos semanas, aunque desde Balcarce 50 sostienen que por el momento no se realizarán semanalmente.
POLITICA
La desaprobación de Milei alcanza el 58% y crece el malestar por empleo y corrupción

El relevamiento de AtlasIntel y Bloomberg, realizado entre el 30 de agosto y el 3 de septiembre, muestra que la desaprobación de Javier Milei llegó al 58% y supera por casi 20 puntos a la aprobación presidencial. El estudio, hecho sobre 2.193 adultos de Argentina, también registra una evaluación mayoritariamente negativa de la economía, el empleo y la gestión nacional.
La encuesta adjudica a Milei un 38,1% de aprobación y un 3,9% de respuestas indefinidas. La distancia entre quienes aprueban y desaprueban su desempeño es de 19,9 puntos porcentuales. La serie histórica incluida en el informe muestra que la imagen desfavorable y el rechazo a la gestión se consolidaron por encima de los indicadores positivos durante los últimos meses.
Más de la mitad califica de malo al gobierno de Milei
El 52,7% de las personas consultadas evaluó como malo o muy malo al gobierno de Javier Milei. En cambio, el 31,5% lo definió como excelente o bueno, mientras que el 15,8% lo calificó como regular.
La valoración de la administración nacional presenta un deterioro respecto de los niveles de apoyo que el Presidente mantenía al inicio de su mandato. La encuesta ubica la imagen negativa de Milei en 62%, frente a un 35% de imagen positiva y un 3% de respuestas sin definición.

En el listado de dirigentes medidos, la imagen de Milei queda por debajo de la de Myriam Bregman, que registra 43% positiva y 51% negativa; de Cristina Fernández de Kirchner, con 39% positiva y 55% negativa; y de Patricia Bullrich, con 38% positiva y 55% negativa. Axel Kicillof alcanza 36% de imagen favorable y 55% desfavorable.

El mercado laboral concentra la peor evaluación económica
La encuesta señala que el 70% califica como mala la situación del mercado de trabajo, mientras que solo el 14% la considera buena. Es el indicador con la percepción negativa más alta dentro de la evaluación de la economía actual.
El 63% de los encuestados describió como mala la situación económica del país, frente a un 24% que la consideró buena. En el plano familiar, el 49% señaló que su situación es mala, el 31% la ubicó en un nivel normal y el 20% dijo que es buena.
Las expectativas a seis meses tampoco reflejan una mayoría optimista. El 49% espera un empeoramiento de la economía argentina y el 37% proyecta una mejora. Para el mercado laboral, el 50% anticipa un deterioro, frente al 34% que espera una evolución favorable. Sobre la situación de sus familias, el 41% prevé un empeoramiento y el 32% una mejora.

El Índice de Confianza del Consumidor se mantuvo en terreno desfavorable. En la escala simplificada del informe, que descuenta 100 puntos de los valores originales, el indicador general se ubicó en -24,3 puntos. El índice de situación actual marcó -41,6 y el de expectativas, -11,4.
Corrupción y desempleo encabezan las preocupaciones declaradas
La corrupción fue identificada como uno de los principales problemas del país por el 44,4% de los consultados. El desempleo quedó muy cerca, con 43,9%, por encima de la situación económica, que alcanzó 32,1%, y de los altos precios y la inflación, con 28,8%.
La impunidad y el sistema judicial fueron mencionados por el 27,9% de los encuestados. También aparecieron el debilitamiento de la democracia y las instituciones, con 23,8%; los impuestos altos y las dificultades para los negocios, con 20,7%; y la inseguridad, con 20,3%.
La serie temporal sugiere que la inflación perdió peso relativo frente a la corrupción y el empleo dentro de las preocupaciones de la población. Corrupción y desempleo se ubicaron en torno al 44%, por encima de la inflación y los precios.

Una mayoría ve probable la aparición de nuevos casos de corrupción
El reporte también indagó sobre riesgos para los próximos seis meses. La posibilidad de revelaciones sobre grandes fraudes o esquemas de corrupción fue considerada muy probable por el 50% de los consultados y probable por otro 15%. En conjunto, el 65% la ubicó entre los escenarios de mayor posibilidad.
El aumento de robos y asaltos reunió un 38% de respuestas en la categoría “muy probable” y un 13% en “probable”. También se relevaron expectativas de huelgas de gran escala, protestas violentas y hechos vinculados con facciones criminales.
El índice de riesgo político para Argentina alcanzó 47 puntos. El informe lo elabora a partir de tres componentes: inestabilidad institucional, conflicto social y criminalidad y corrupción. Una puntuación más elevada representa una percepción mayor de riesgo.
La investigación utilizó el método de reclutamiento digital aleatorio Atlas RDR, con una muestra de 2.193 adultos, margen de error de ±2 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%.
POLITICA
Tucumán activó el Registro Público Provincial de Ficha Limpia

El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, presentó en el Salón Blanco el Registro Público Provincial de Ficha Limpia, creado por la Ley N.º 9977 para verificar las condiciones de acceso y permanencia en cargos públicos provinciales.
La herramienta alcanza a postulantes a cargos electivos y a funcionarios designados en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de organismos autárquicos, municipios y comunas. Según se informó durante el acto, el régimen comprende a quienes ocupen puestos desde el rango de subdirector hacia arriba.
“La provincia da un paso adelante para elevar los estándares de idoneidad y calidad institucional”, afirmó Jaldo. El mandatario señaló que la norma surgió del debate entre bloques legislativos y del trabajo conjunto de los tres poderes del Estado.
El registro verificará condenas y deudas alimentarias
La Ley de Ficha Limpia establece inhabilitaciones para quienes tengan condenas confirmadas en doble instancia por delitos con penas superiores a tres años y para quienes figuren como deudores alimentarios en el registro judicial.
La fiscal de Estado, Gilda Pedicone de Valls, explicó que el sistema funcionará como un filtro previo para candidaturas y designaciones. “Cualquier funcionario de rango superior al subdirector y cualquier candidato a un cargo electivo tienen que acreditar que no se encuentran en esas situaciones”, sostuvo.
La Dirección General de Innovación y Desarrollo Digital diseñó la plataforma, que deberá resguardar la integridad, la publicidad y la accesibilidad de la información, conforme a la normativa de protección de datos personales.
Las candidaturas deberán presentar una declaración jurada
La directora del Registro Público Provincial de Ficha Limpia, Laura Escobar, indicó que quienes aspiren a un cargo electivo deberán descargar y completar una declaración jurada disponible en el portal del registro. Luego deberán presentarla ante la Junta Electoral Provincial.
La Junta remitirá esa documentación al registro para verificar las causales de inhabilitación previstas por la ley. El organismo comunicará si la persona está habilitada o inhabilitada para competir, según corresponda. Quienes resulten electos deberán volver a presentar la declaración antes de asumir.
Escobar afirmó que el objetivo es “verificar las causales de inhabilitación de quienes pretendan desempeñar un cargo público electivo o de designación” y resguardar las condiciones de idoneidad exigidas por la normativa.
Jaldo destacó el alcance del sistema en toda la administración pública
Durante la presentación, el gobernador sostuvo que la medida trasciende el plano electoral. “Esta es una medida institucional”, dijo, al remarcar que abarca a funcionarios de los tres poderes del Estado provincial.
El ministro de Gobierno y Justicia, Regino Amado, señaló que Tucumán se convirtió en la décima jurisdicción del país, incluida la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en aplicar una norma de Ficha Limpia. También destacó que la ley provincial alcanza tanto a postulantes como a personas que ejercerán funciones públicas.
Por su parte, el secretario de Gobierno, Raúl Albarracín, afirmó que el portal permitirá consultas públicas, gratuitas y de libre acceso sobre la habilitación de las personas comprendidas por el régimen.
Del acto participaron el vicegobernador Miguel Acevedo; el presidente de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, Daniel Leiva; autoridades judiciales, legisladores nacionales y provinciales, integrantes del gabinete, intendentes y representantes de organismos estatales.
El funcionamiento del registro requerirá la coordinación entre el Ministerio de Gobierno y Justicia, la Fiscalía de Estado, el Poder Judicial, la Junta Electoral Provincial y otros organismos con competencia en la materia.
POLITICA
Cubrir las vacantes judiciales es necesario, pero no suficiente

La Argentina discute permanentemente las decisiones de sus jueces, pero mucho menos cómo llegan esos jueces a ocupar sus cargos. Una parte importante del problema institucional comienza allí.
Hace apenas unas semanas, más de un tercio de los cargos de la Justicia Nacional y Federal se encontraba vacante y 203 ternas esperaban una decisión del Poder Ejecutivo, después de 27 meses sin que se remitiera al Senado un solo pliego de magistrados inferiores. En las últimas semanas esa situación comenzó a revertirse y cerca de 180 designaciones judiciales ya recibieron acuerdo. Es una buena noticia y, al mismo tiempo, una oportunidad para plantear una discusión más profunda: no alcanza con cubrir las vacantes. La discusión de fondo es otra: qué jueces necesita la Argentina, cómo seleccionarlos y qué reglas pueden asegurar que el mérito y la idoneidad sean terminantes.
En ese contexto adquiere particular relevancia la iniciativa impulsada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación mediante la Acordada 4/2026, que propone un nuevo Reglamento de Concursos para la Selección de Magistrados y lo remite al Consejo de la Magistratura para su tratamiento.
La iniciativa tiene una dimensión institucional que excede una modificación reglamentaria. La cabeza del Poder Judicial advierte déficits estructurales en el sistema de selección y propone reglas destinadas a fortalecer el mérito, la idoneidad, la transparencia y la imparcialidad, y a reducir los espacios de discrecionalidad. La propia Corte ha planteado que los principios centrales de la propuesta pueden constituir una referencia para los poderes judiciales provinciales. La propuesta merece ser apoyada.
El Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal (Cpacf), el Colegio de Abogados de la Ciudad, Poder Ciudadano, Unidos por la Justicia, la Usina de Justicia, la Fundación Nuevas Generaciones y más de quince universidades del país expresaron su respaldo a la iniciativa. Juristas como Ricardo Gil Lavedra, Alberto Garay, Alejandro Carrió, Alberto García Lema y Martín Böhmer se manifestaron en el mismo sentido. Fores, institución dedicada desde hace casi cincuenta años al estudio y formulación de propuestas para mejorar el sistema de Justicia, también expresó su apoyo ante el Consejo de la Magistratura y presentó propuestas para perfeccionar la iniciativa.
El punto de partida es sencillo y debería ser indiscutible: la selección de magistrados no es una cuestión corporativa ni un trámite administrativo. Es una cuestión republicana central.
De la calidad de los jueces depende buena parte de la calidad institucional de un país. No hay Estado de Derecho sólido sin jueces independientes, honestos, imparciales, técnicamente capaces, prudentes y comprometidos con el servicio de justicia.
El Consejo de la Magistratura debe cumplir un rol técnico en la selección. No fue concebido para reproducir negociaciones políticas o equilibrios corporativos, sino para identificar, mediante procedimientos públicos, objetivos y controlables, a los candidatos más idóneos para ejercer la función jurisdiccional.
Esto no implica desconocer la dimensión política que la Constitución asigna al procedimiento de designación. El diseño constitucional prevé expresamente una intervención política posterior: el Poder Ejecutivo elige un candidato dentro de la terna y el Senado presta o rechaza el acuerdo.
Precisamente porque esas instancias políticas existen, el Consejo debe preservar con particular rigor la naturaleza técnica de su intervención. Esa es, en buena medida, la razón de ser de su intervención en el procedimiento constitucional de selección. Si la discrecionalidad política determina también quiénes integran las ternas, o si la participación política vuelve a resultar decisiva en esa etapa, la función específica del organismo se desdibuja y la división de responsabilidades prevista por el sistema pierde sentido.
Esta discusión obliga a formular una pregunta adicional que pocas veces aparece cuando se analiza el sistema de selección: ¿qué condiciones deberían reunir quienes tienen la responsabilidad de seleccionar a nuestros jueces?
Se debate extensamente sobre el perfil del magistrado, sus conocimientos, antecedentes, experiencia, independencia y condiciones éticas, pero mucho menos sobre la idoneidad específica de quienes integran el Consejo de la Magistratura y deben evaluar esas cualidades.
La representación de un determinado estamento —jueces, abogados, académicos o representantes políticos— otorga legitimidad para integrar el Consejo en los términos previstos por el diseño institucional, pero no garantiza, por sí sola, idoneidad para seleccionar magistrados.
Seleccionar jueces exige una idoneidad específica: conocimiento del funcionamiento de la Justicia, experiencia profesional relevante, independencia de criterio y una conducta ética irreprochable. Quienes integran el Consejo deberían acreditar, más allá de los requisitos formales de acceso al cargo, una trayectoria compatible con la responsabilidad que van a ejercer: compromiso con la independencia judicial, respeto por las instituciones, integridad, transparencia y dedicación al mejoramiento del sistema de justicia.
La sola pertenencia a uno de los estamentos representados no debería bastar para asumir una responsabilidad de esa magnitud. Un buen reglamento y altos estándares para los postulantes resultan insuficientes si no se presta la misma atención a la idoneidad y a la ética de quienes deben evaluarlos.
Esto conduce a otra discusión central que la Acordada de la Corte coloca acertadamente sobre la mesa: qué debemos entender realmente por mérito e idoneidad judicial.
Durante mucho tiempo, el sistema de concursos tendió a construir una idea excesivamente formal o academicista del mérito. Se multiplicaron las grillas de antecedentes, cursos, títulos, publicaciones y actividades docentes como variables relevantes de evaluación. Pero la magistratura no es una carrera académica. Es una función pública cuyo cometido esencial es resolver conflictos concretos de personas concretas.
Un buen juez necesita sólidos conocimientos jurídicos. Pero solo eso no alcanza. Debe saber conducir procesos, administrar un tribunal, gestionar equipos de trabajo, cumplir plazos razonables, tomar decisiones bajo presión, actuar con prudencia, preservar su independencia y mantener una conducta ética irreprochable. Debe saber escuchar, decidir y explicar. Y, fundamentalmente, comprender que la Justicia es un servicio que tiene como destinatarios a los ciudadanos.
Por eso, el nuevo sistema debería otorgar mucho más peso al desempeño real de quienes ya integran el Poder Judicial.
Una parte significativa de los postulantes a cargos judiciales proviene del propio sistema: jueces, secretarios y funcionarios. En esos casos existe información objetiva sobre cómo han trabajado durante años. El Poder Judicial dispone —o debería disponer sistemáticamente— de estadísticas de gestión, niveles de mora, cumplimiento de plazos, volumen y complejidad de trabajo, confirmaciones y revocaciones de resoluciones, nulidades, funcionamiento de las oficinas, antecedentes disciplinarios y datos sobre capacidad de gestión.
Resulta difícil justificar que esa información tenga menos incidencia en un concurso que la acumulación de certificados, publicaciones o actividades académicas. Si el postulante ya cumple funciones dentro del Poder Judicial, importa saber cómo administra una oficina, cuánto demora en resolver, cómo conduce sus equipos, cómo cumple sus obligaciones y cuál es la calidad de sus decisiones. Deben valorarse, asimismo, su comportamiento institucional, el trato con abogados, litigantes y auxiliares de justicia, su independencia de criterio y su conducta ética.
El objetivo no debe ser seleccionar al postulante con el currículum más extenso. Debe ser seleccionar al mejor juez.
Ese cambio de criterio generaría, además, un incentivo saludable dentro del propio Poder Judicial: gestionar correctamente un tribunal, resolver en tiempo razonable y brindar un buen servicio de justicia debería tener tanto o más valor para progresar en la carrera judicial que acumular antecedentes académicos.
La discrecionalidad en los concursos
La reforma propuesta por la Corte procura, a su vez, reducir espacios de discrecionalidad que durante años han erosionado la credibilidad de los concursos.
La entrevista personal es un ejemplo claro.
Puede ser una instancia útil para conocer aspectos que difícilmente surjan de un examen escrito: templanza, claridad conceptual, comprensión del rol judicial, capacidad de comunicación, prudencia o independencia de criterio. Pero, precisamente por su naturaleza complementaria, no puede convertirse en una herramienta para alterar discrecionalmente el orden de mérito construido mediante las instancias técnicas anteriores.
La Acordada 4/2026 identifica expresamente este problema y propone limitar la incidencia de la entrevista, establecer pautas tasadas y evitar que pueda modificar sustancialmente el resultado técnico del concurso.
El mismo principio debe regir la conformación de las ternas y el uso de listas complementarias. De poco sirve objetivar las etapas de antecedentes y oposición si, al final del proceso, mecanismos discrecionales permiten alterar sus resultados.
Si eso ocurre, la política vuelve a entrar por la ventana después de que la reforma constitucional intentó limitar su influencia mediante la creación del Consejo de la Magistratura.
La reciente cobertura de vacantes deja, además, una enseñanza. Que en pocos meses hayan podido avanzar cerca de 180 designaciones constituye un progreso evidente frente a la situación crítica existente a comienzos del año.
Durante 27 meses, el Poder Ejecutivo no remitió al Senado pliegos para cubrir cargos de jueces inferiores. Luego, por una decisión política, el procedimiento volvió a activarse y una cantidad significativa de vacantes comenzó a cubrirse.
No se trata de juzgar una administración determinada, sino de advertir una debilidad institucional. La Constitución atribuye al Poder Ejecutivo la facultad de seleccionar a uno de los candidatos de la terna y solicitar el acuerdo del Senado. Esa atribución constitucional conlleva también una responsabilidad. Una demora prolongada en la cobertura de vacantes afecta el funcionamiento del servicio de justicia y agrava un problema que el procedimiento de selección debería contribuir a resolver.
La experiencia reciente demuestra que mejorar los concursos es una condición necesaria, pero no suficiente. Cada uno de los actores que intervienen en el procedimiento debe asumir la responsabilidad que le corresponde. La acumulación de vacantes no es una cuestión administrativa: termina afectando el funcionamiento de la Justicia.
En ese sentido, son particularmente valiosos los concursos anticipados que impulsa la propuesta de la Corte. Pueden contribuir a reducir demoras, mejorar la planificación y disponer de candidatos evaluados antes de que las vacantes se conviertan en una emergencia institucional. Tienen, además, otra ventaja: permiten desvincular la selección de magistrados de una vacante concreta y, eventualmente, de causas sensibles que tramiten ante determinado tribunal.
La transparencia constituye otro eje de cualquier reforma seria.
La mera disponibilidad formal de información ya no es suficiente. Es necesario avanzar hacia una verdadera transparencia activa: legajos digitales auditables, publicidad accesible de antecedentes, criterios de evaluación previamente conocidos, trazabilidad de las decisiones, evaluaciones orales públicas y mecanismos que permitan controlar efectivamente cada etapa del concurso.
La transparencia debe permitir que los postulantes conozcan de antemano las reglas y que la ciudadanía pueda comprender y controlar cómo se selecciona a quienes ejercerán la magistratura.
Existe, finalmente, una dimensión que ninguna grilla puede medir por sí sola y que resulta esencial: la ética y la independencia judicial.
La independencia no comienza el día de la jura. Debe estar presente desde el procedimiento de selección. Son indispensables reglas estrictas sobre conflictos de interés, recusaciones, excusaciones y vínculos entre evaluadores y postulantes.
Un juez puede tener una sólida formación jurídica y una trayectoria académica destacada. Pero si no es independiente, honesto e imparcial, no reúne las condiciones esenciales para ejercer la magistratura. Sin imparcialidad no hay justicia.
La Argentina tiene hoy una oportunidad poco frecuente. Después de años de acumulación de vacantes, el proceso de designaciones volvió a ponerse en marcha. Al mismo tiempo, la Corte Suprema impulsó una reforma profunda del sistema de concursos y el Consejo de la Magistratura tiene bajo análisis esa propuesta.
La discusión, por lo tanto, no puede reducirse a cuántos cargos logramos cubrir. Importa cómo seleccionamos a quienes los ocuparán y, con la misma seriedad, qué condiciones exigimos a quienes tienen la responsabilidad de seleccionarlos.
La reforma propuesta por la Corte ofrece una oportunidad para fortalecer el carácter técnico de los concursos, reducir la discrecionalidad y recuperar una concepción sustantiva de la idoneidad judicial. El Consejo de la Magistratura tiene la responsabilidad institucional de no desaprovecharla.
Cubrir las vacantes es indispensable, pero no suficiente. La Argentina necesita seleccionar a los mejores jueces mediante procedimientos capaces de generar confianza. Porque la calidad de la Justicia de las próximas décadas dependerá, en buena medida, de la calidad de las decisiones que tomemos hoy para elegir a quienes deberán impartirla.
El autor es abogado, magíster en Derecho Penal, exsecretario general del Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal y exjefe de Gabinete del Ministerio de Justicia (2017-2019)
Martín Casares,LA NACION,Política
POLITICA2 días ago“¿Dónde está Kicillof?”: Patricia Bullrich cruzó al gobernador por la inseguridad en la Provincia
ECONOMIA2 días agoAsí es la primera pickup compacta nacional: diseño, cuándo empezará a venderse y el novedoso sistema híbrido que tendrá
DEPORTE2 días agoAlarmante frase de Pierre Gasly antes del estreno del circuito de Fórmula 1 en Madrid












