CHIMENTOS
El lado B de Mauro Szeta: por qué no quiso ser papá, su vínculo con Paulo Kablan y la razón por la que no hay mujeres periodistas que cubran policiales

Casi como al pasar, Mauro Szeta se irá descubriendo con el correr de la entrevista. Contará, por caso, que es un romántico empedernido, de esos que están en extinción. Lamentará dormir muy poco y, por sus obligaciones laborales, no poder salir más de noche para divertirse sin resignar esas pocas horas de descanso. Y hasta confesará que nunca hizo terapia, ¿ni la hará?
Porque desde hace más de tres décadas, quien habla cada día en los medios es Szeta, uno de los periodistas de policiales más prestigiosos e informados de la Argentina. Lo hace en Lape Club Social, por América —luego de un prolongado paso por Telefe— y también con ¡Qué día!, su propio ciclo en Blender. Y además en sus redes sociales, con casi un millón de seguidores.
Pero aquí, en este A solas con Paparazzi, quien hablará es Mauro, de 53 años. El hincha de Estudiantes de La Plata. El obsesivo del trabajo que nunca logra desconectarse del todo, pero sueña que con el retiro. El hombre de familia que disfruta del hogar. «Es la primera vez que me entrevistan en Paparazzi«, dice, entusiasmado con la invitación y dispuesto al diálogo y las confesiones.
—¿Cuándo empezó el gusto por lo policial?
—Hace un montón. Estudié Periodismo en la UBA, Ciencias de la Comunicación después, en la universidad privada. Y cuando me recibí, había pasantías: me tocó ir a la agencia Télam y elegí policiales porque alguien me asesoró. Al día de hoy llevo 33 años haciendo policiales.
—¿Cuándo dejás de trabajar?
—Nunca dejo de trabajar, pero juego al tenis, me gusta disfrutar de la familia, de la cancha. Ir a ver Estudiantes, más allá de cómo termine el partido y que si pierde me bajonea, me desconecto del planeta. Después, estar con mi esposa (Clarissa Antonini) disfrutando de la vida juntos, reconstruyendo todos los días o relanzando la pareja. Es un lugar hermoso de conexión. Estamos en pareja desde hace 16 años y casados hace ocho. Esos momentos los valoro mucho: los hijos de Clari, los nietos. Disfruto, y ahí me encanta quedarme.
—¿Y ahí sí dejás la tecnología?
—No. Me putean todo el tiempo porque no dejo el celular. Por ahí estoy en familia y de repente, aunque lo tengo en silencio, estoy curioseando si entró algo de último momento. Y como la cuenta de X en horarios más extremos las manejo yo, directamente, se enojan. Y tienen razón. Hay una dependencia con el teléfono que antes no existía: ahora estamos todo el tiempo mirando, comunicando, contestando, que lo hago yo, y tengo infinidad de mensajes por día.
—Disfrutás de estar en tu casa con tu familia, con hijos de tu esposa. ¿Pero nunca te nació el deseo de la paternidad?
—Nunca tuve el desafío ni la creencia de que quería ser padre. Tampoco me parecía justo forzarlo. Y me parecía que, si algo podía ocurrir o gestarse para ser papá, tenés que tener la cabeza muy limpia en términos de no estar atravesado, como en mi caso, 800 quilombos. Y tiempo. Me parecía injusto no darle tiempo a mis hijos. Entonces, decidí no ser papá.
—Uno de los hijos de Clarissa fue papá. ¿Cómo sos como abuelo?
—Como puedo… No haber sido padre también te deja un escalón por debajo. Entonces aprendo y trato de no repetir los modelos de estimulación, como decirle al nene todo el tiempo: «A ver, reíte, cantá». Que pinte como pinte. No me gusta la sobreactuación o los padres que dan instrucciones. Me gusta que el que proponga, sea el otro.
—Después de tantos años de novios con Clarissa, se casaron. ¿Cambió algo en la pareja con el matrimonio?
—La decisión de casarse fue bastante inesperada, relacionada casi con un juego en la tele, en el programa de Vero (Lozano). Fue un chiste, y en ese contexto nos empezaron a levantar como celebración judía. Ahí la productora llamó a mi esposa. Yo dije que si ella me decía para qué se quería casar, tal vez lo pensaba. Y ella, al aire, me dijo que cuando tenés en claro para qué estás con alguien en pareja, la pareja está terminada. Es decir, cuando vos estás interpetando o analizando qué cosas hacés con el otro, cómo te vinculas, cuando lo tenés muy en claro, es que la pareja se terminó. Nada te sorprende. Hasta ahora viene funcionando. No es que haya una incertidumbre de que nos vamos a dejar; todo lo contrario. Cuando siento que estamos dos días viendo series, ya me aburro y cambiamos. Si las salidas se repiten, nos miramos y decimos: «Vamos para otro lado».
—¿Sos un hombre romántico?
—Demasiado. Mi esposa no tanto. Cuando empezamos a salir, un día fuimos a Chascomús, a dar vuelta a la laguna. Yo, medio romanticón, encontré una hojita marchita y se la di. Para mi era un gesto de amor. Y mi esposa me dice: «¿Qué es esta mierda?». Y yo estaba metido con qué significaba nuestro amor, naciendo. Parte de ese opuesto es que uno está todo el tiempo pensando, ilusamente, que ella va a ser más enamoradiza. Mi desafío es ver si lo logro. Pero no…
—Una vez dijiste que en la segunda mitad de tu vida querías ser menos feo o más lindo, ¿Por qué te tiraste tan abajo?
—Porque laburo con gente fachera y el feo tiene que tener otras herramientas al momento de la seducción.
—Pero esa imagen tuya te la creaste vos.
—Sí. Pero no es para tirar un romántico. Laburo con gente como Gonzalo Heredia, el hijo de puta… Es asimétrica: a nadie no puede no gustarle Gonzalo.
—El fútbol es tu cable a tierra y tu pasión. ¿Alguna vez soñaste con ser director técnico?
—No, cero. Me encanta ser hincha y es un momento de cero responsabilidad. Aparte, en la cancha a nadie se le ocurre preguntarme por los policiales. Nadie me rompe las pelotas: ahí, hablamos de la pelota. Lo único que soñé alguna vez fue con ser el director de noticias de alguna señal. Eso sí. Salirme de la pantalla: me siento como embolado de la pantalla todo el tiempo, 24 por 7 cansa… No tener que poner la cara todo el tiempo. Cuando la ponemos, hay que pensar en otras aristas: la ropa, la cara, dormir bien, cosas que a veces no se dan. Si quiero salir de joda no puedo, porque al dia siguiente tengo que estar bien.
—¿Dormís poco?
—Duermo poco. Me cuesta mucho conciliar el sueño, me quedo hasta el final con las noticias y la información. Con suerte duermo seis horitas y muy interrumpidas. Me voy a dormir y no termino de desconectar con la responsabilidad que significa lo que tengo que contar.

—¿Qué cosas te quitó la profesión?
—Salir de joda o salir con mi esposa y saber que no te podés acostar tarde porque al otro día tenés que estar levantado a las 7, óptimo. Entonces, se te van frustrando ciertas salidas… De pendejo podía hacerlas. Hace poco fui con los chicos de Blender y a las 12 me fui a dormir. Hay que aprender a irse justo para estar bien al otro día.
—Volviendo al fútbol. Si coincidieran en la platea de Estudiantes, ¿con quién te sentirías más cómodo: con el derechista Esteban Trebucq o con el progresista Ernesto Tenembaum?
—Laburé con Ernesto. No soy amigo de ninguno de los dos, pero tenemos un grupo profesional. Y al Pelado lo invité hace días a mi programa de Blender. Me da lo mismo porque en la cancha no está en pugna lo ideológico. Estaría con los dos y charlaría.
—Podría decirse que Estudiantes encabezó la revuelta contra Chiqui Tapia. ¿Te pareció bien? ¿Qué opinión tenés sobre AFA?
—Estudiantes manifestó una injusticia que se venía dando en cuanto a los arbitrajes. Me parece que el espaldarazo a Central estuvo bien: movió un piso de lo que se veía, que, no tengo pruebas, era dudoso. Los arbitrajes en el fútbol argentino, los partidos torcidos para que ganen o no pierdan determinados equipos que son respaldados por el poder. Estudiantes lo puso en evidencia y eso generó que en los partidos siguientes los árbitros fallaran como tenían que fallar para todos. Pero no sé si sirvió porque se vuelve a debatir lo mismo.
—Volviendo a lo laboral, en tu carrera se dio un gran cambio con tu paso a América después de tantos años en Telefe.
—Fue una decisión pensada. Cuando uno la toma es porque antes de tomarla pensó todos los escenarios. Yo me fui en el mejor momento de mi carrera, habiendo sido premiado ese año con el Martín Fierro de la Mejor labor periodística masculina. Decidí irme un poco porque sentí que había terminado, no había más por hacer; o al menos en lo que me ofrecían. No podía salir de ese lugar maravilloso, pero quería cambiar, quería apostar a tener un espacio personal, migrar a otras plataformas, y sentía que ahí adentro no lo iba a poder hacer. Había tocado un techo y la empresa no me daba expectativa de lo que quería. América me propuso otro proyecto, más que forma de narrar. Y también migré a Blender. Elegí.
—Blender, para ir por lo moderno.
—Sí. Soy de los que reivindica el streaming. La gente que en la tele se enoja con el streaming no entiende la realidad. ¿Por qué dicen que es una mierda? No me parece. La tele también es deficitaria: no se pregunta por qué la dejaron de mirar. Hay una negación de no asumir que en algo falló. La tele da alternativas que no alcanzan, por eso se destaca tanto el programa de Mario Pergolini: por distinto; hay inversión, búsqueda. Es uno de los pocos programas de televisión que miro.
—En cuanto a ese pase de Telefe a América, ¿cómo quedó tu relación con Paulo Kablan? ¿Se distanciaron?
—La relación con todos está super bien. Nos vimos el otro día en los Martín Fierro. Considero que las relaciones son de trabajo, siempre, más allá de que con algunos tuvimos una relación más fuerte o sólida. Las amistades no se construyen en los trabajos. Mis amigos son los de la vida, los que fueron a la secundaria. Mis amigos son muy pocos, no soy una persona que dice con facilidad la palabra amigo, sobre todo en el mundo de la tele, que es muy careta. Me preguntan si soy amigo de Vero Lozano: la re quiero, la pasamos súper bien y le debo montón de mi carrera, pero no soy amigo. Ni siquiera sé el nombre de su madre.
—Me llama la atención que hay mujeres boxeando, relatando y comentando fútbol, manejando colectivos; hasta tuvimos una presidenta. Pero casi no hay mujeres que hagan periodismo de policiales. ¿Por qué? ¿Es el último bastión del macho argentino?
—Hay, pero no las dejan llegar. La mejor periodista de policiales que conocí fue Florencia Etcheves, que trabajaba en El Trece. Se abrió hace años del periodismo y decidió escribir guiones y libros para películas. De la actualidad diría que Virginia Messi, de Clarín. En el prime de la tele no hay mujeres; sin embargo, hay muy buenas periodistas. Por ejemplo, en el periodismo político hay buenas mujeres, empoderadas: me puedo quedar escuchando un tiempo largo a Nancy Pazos hablando de política. Me interesa lo que cuenta. Lo que me engancha es la información.
—Relacionando los policiales con la farándula, ¿qué pensas sobre la muerte de Natacha Jaitt: suicidio, asesinato o accidente?
—Se lo dije a Ulises, su hermano. A nivel forense y autopsia, está claro que no fue un homicidio en lo que técnicamente es un crimen. Dicho esto, creo que la Justicia no investigó otro delito posible en la muerte que es el suministro de estupefacientes. Podrían haber imputado y hasta metido en cana por años a las personas que esa noche le proveyeron cocaína a Natacha. Un caso similar es la muerte de Liam Payne: los que consiguieron la cocaína esa noche están yendo a juicio y pueden ir en cana. En el caso de Natacha, eso no se exploró. Se lo reprocho a la Justicia: que hayan dado por acreditado que la droga que tomó, la llevó ella. Si le das de tomar (droga) y lo hacés adrede, hay que ver si no la estás invitando a su muerte.
—¿Cuál es el caso policial de la farándula argentina que nunca se pudo resolver?
—La sentencia a Claudio Contardi está en plena apelación por el abuso a Julieta Prandi. En el caso de Diego Maradona, es una vergüenza el accionar de la Justicia: el caso está lento, con una expectativa social muy grande. Adelanto que es poco probable que pase esa condena a tantos años porque es muy difícil probar que hubo una decisión deliberada de ir generando la muerte por goteo para quedarse con los negocios. No es tan fácil probar eso. El juicio por la muerte de Maradona se va a extender más de la cuenta.
—¿Qué caso policial vinculado con la farándula te impactó más?
—Me pasa que me importa más la vida de los comunes. A veces siento que cuando nos metemos en las causas policiales que involucran a la gente de la farándula, le ponemos un IVA de meternos a fondo, pero la verdad es que hay gente de todos los días con cosas más graves. Por ejemplo, hablé muchísimo del tema Wanda Nara y Mauro Icardi: lo que me pasa con ese caso es que me parece un espanto la exhibición que se ha hecho de los dos lados, sin cuidar a los chicos. Vemos una Justicia activa y sobregirada, cuando en general, a una mujer que hace una denuncia de golpes no la atienden. Mi mirada es analizar si hay una justicia especial para los famosos. Eso es un papelón que pase.
—Hablando de la fama, ¿te pasa que al estar en los medios las mujeres te buscan más?
—No. Si me pasó un camión lleno de propuestas no me di cuenta porque no estoy mirando. Para mí, pasa por ahí. Uno puede ver eso si está atento a que le pase. Yo no miro, o miro con distancia. Creo que la mensajería que me llega es idéntica en el hate o amor idílico que me pueden llegar a manifestar. Mensajes que no tomo en serio: ni el que me odia, ni el que me dice «te amo».
—Por último, ¿cómo te gustaría verte en 20 años?
—Primero, me gustaría llegar. Porque estoy cansado: 53 años, pero muy gastado. ¿Quién no quisiera retirarse y no trabajar más? Parece de vago, pero todo lo contrario. Después de 33 años de estar laburando 14 horas diarias ya me retiraría si tuviera la garantía de que no tengo que laburar. En la estabilidad económica me refiero, y temas que resolver. Porque el cuerpo te pasa la factura del desgaste. Y la cabeza, la psiquis. Ahora veré si ante mi negación histórica de ir a los psicólogos, no es momento de hacerlo.
—¿Nunca fuiste?
—Muy poquito. Y las pocas veces que fui, terminé sin ganas. No me interesó. Salía como odiado del lugar y decía: «¿Para qué vengo acá?». Me pasó que un día me vinieron a hacer una nota y la chica no podía creer que tenía todos libros periodísticos de dramas policiales. A veces digo: «¿Cómo hacen los que tienen plata en serio en Argentina?». Uno de nosotros se va de viaje a Europa y está pensando cuánto sale el pasaje turista, la ubicación o dónde sale menos hospedarse. Pero ves gente que, hablando de los famosos, hace ¡click! y viaja cuatro días a París. Yo no podría porque, en mi cabeza, necesita 15 días por lo menos para que el viaje sea fructífero. Eso sería un momento de gloria.
Mauro Szeta
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Conmoción en el fútbol argentino: hizo el gol más sorprendente de la fecha, bajó a un gigante y horas después lo denunció la pareja por violento y psicópata

River y Boca, los dos gigantes del fútbol argentino, arrancaron de la peor manera el campeonato Clausura: apenas una semana después de la final del Mundial, perdieron feo contra dos equipos que ni siquiera eran considerados «grandes» cuando jugaban en el ascenso. Los millonarios fueron derrotados 1-0 en el mismísimo estadio Monumental por Barracas Central mientras que los Xeneizes fueron goleados 3-0 por Deportivo Riestra en su pequeño estadio del Bajo Flores. Malísimos ambos.
El delantero Gonzalo Morales, apodado «El Toro», hizo el gol que primero silenció y después llenó de bronca y de ira a las 83.000 personas que llenaron la cancha de River. Lo celebró con el gesto del Topo Gigio y cuando fue entrevistado después del partido contó que se le dedicaba la conquista a Juan Román Riquelme, presidente e ídolo de Boca.
Morales, que precisamente salió del club de La Ribera, pasó en pocas horas del cielo al infierno: apenas un rato después de que sellara el triunfo de su equipo y pusiera en crisis al técnico de los de Nuñez, Chacho Coudet, fue denunciado por su pareja por malos tratos y violencia psicológica y física, por lo que puede perder todo lo que logró en su carrera.
En su cuenta de Instagram, una joven llamada Karen Adinna escribió «Nunca imaginé tener que hacer público algo así. Me cuesta muchísimo escribir estas palabras y todavía siento miedo, vergüenza y dolor.
Pero entendí que el silencio solo protege a quien ejerce la violencia, nunca a quien la sufre. Durante meses fui víctima de violencia física, psicológica y verbal por parte de quien fue mi pareja hasta ayer que convivíamos, 𝗚𝗢𝗡𝗭𝗔𝗟𝗢 𝗠𝗢𝗥𝗔𝗟𝗘𝗦, futbolista de 𝗕𝗔𝗥𝗥𝗔𝗖𝗔𝗦 𝗖𝗘𝗡𝗧𝗥𝗔𝗟».
«Viví situaciones que jamás pensé que iba a soportar: me agarró del pelo, me ahorcó, me golpeó con piñas y patadas hasta dejarme días sin poder caminar, y me amenazó diciéndome que no iba a salir viva de su camioneta. Iba a entrenar y me encerraba en la casa con llave por qué tenía miedo que me vaya y lo dejé. Cuando quise denunciarlo, también recibí amenazas de su familia. Me decían que “con plata se arregla todo”, que nadie me iba a creer y que, si denunciaba, me iban a venir a buscar. Ese miedo hizo que tardara en animarme a hablar» agregó Karen, desesperada.
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«Nadie tiene derecho a humillar, manipular, controlar, golpear o amenazar a otra persona.
Hoy la denuncia ya está hecha. Comparto esto porque no quiero seguir callando y porque deseo que ninguna otra mujer tenga que pasar por lo mismo. Pedir ayuda no es un signo de debilidad; es el primer paso para salir de la violencia. Hoy elegí hablar. Y ya no tengo miedo de contar mi verdad» finalizó. Acompañó el posteo con fotos de su rostro y su cuerpo con evidentes signos de haber recibido golpes.
El club Barracas Central, ligado de manera directa al presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, reaccionó de manera inmediata. «El Club Atlético Barracas Central informa que está al tanto de los hechos de público conocimiento que involucran al futbolista Gonzalo Morales. La instistución manifiesta su más enérgico rechazo a toda forma de violencia de género y reafirma su compromiso con el resto, la igualdad, la integridad y los valores que deben regir dentro y fuera del ámbito deportivo» señala su comunicado.
«El club se encuentra siguiendo de cerca la evolución de la situación y, una vez que se confirme la existencia de una denuncia formal y se tome conocimiento de las actuaciones correspondientes, se podrá a derecho y adoptará las medidas institucionales que resulten pertinentes, colaborando con las autoridades competentes en todo aquello que resulte necesario. Barracas actuará con la resposabilidad, la prudencia y el compromiso que las circunstancias requieren, siempre en resguardo de los principios y valores que representa la institución» avisaron.


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Desde Italia, Nora Colosimo fue tajante con Mauro Icardi: “¿Por qué les jodés la vida a dos menores inocentes?»

La madre de Wanda Nara, Nora Colosimo, rompió el silencio hace pocos días y se convirtió en voz pública para defender a su hija y a sus nietas en medio de la disputa familiar con Mauro Icardi. Desde la pantalla de América TV, la mujer reclamó el derecho de las menores a recuperar sus pasaportes y regresar a Argentina, apuntando directamente contra el futbolista.
En su intervención, Colosimo fue enfática: “Quiero que firme y que mis nietas no sean rehenes, que plantemos bandera blanca y que, por favor, así como las niñas tuvieron el permiso para ir a su casa de Italia, puedan volver”, pidió en el ciclo Infama. Para Colosimo, la situación se volvió insostenible, especialmente por el impacto emocional en las jóvenes.
El conflicto escaló tras el reciente robo en la casa de Wanda Nara en Milán, un episodio que sumó tensión al drama familiar. La abuela relató el desasosiego de la mayor de sus nietas: “Lo que más me duele es que la más grande este año comienza el secundario y tiene una ilusión y emoción tan grande. Se está preocupando por si llega tarde, sus compañeras del colegio le escriben y ella les dice que si su papá no les firma no va a poder volver”.
En síntesis, la disputa actual gira en torno a la renovación de los pasaportes de las niñas, que depende de la firma de Icardi. Nora Colosimo sostiene que, por la falta de ese trámite, las menores no pueden regresar a su país, lo que las mantiene alejadas de su entorno y familia en Rosario. Según la mujer, esto afecta tanto la educación como la vida afectiva de las menores, quienes esperan poder reunirse con sus seres queridos en Argentina.
“Es triste lo que se les está haciendo a dos menores inocentes. ¿Por qué les jodés la vida a las nenas, qué tienen que ver?”, lanzó Colosimo, visiblemente indignada. La abuela subrayó la red de afectos que rodea a las niñas en su país natal: “Esas nenas, en su casa, tienen a sus hermanos que son inseparables, tienen abuelos en Rosario, tíos, primos, que las están esperando. Si se van a Europa, a ellos no los ven más”.

La mujer insistió en que el permiso para regresar a Italia fue otorgado sin objeciones, y ahora pide reciprocidad para que las menores puedan volver a Argentina. El reclamo no solo se centra en el trámite burocrático, sino en el bienestar emocional de las niñas, quienes —según contó— se muestran tristes y preocupadas por su futuro inmediato.
La madre de Wanda Nara también fue consultada sobre la posibilidad de un encuentro familiar que incluyera a la actriz China Suárez, figura central en la ruptura mediática entre Nara e Icardi. Colosimo fue tajante: “A esa mujer a mí no me la nombres, ni hoy, ni mañana ni nunca. Esa mujer fue la que detonó esta familia, punto final. Para mí es mala palabra esa mujer”.
En un giro inesperado, Colosimo defendió parcialmente a Icardi en el conflicto con la actriz: “Mauro no tiene nada que ver, ella es mala palabra y no voy a perder tiempo en ella”. La abuela remarcó que, a su entender, ambos adultos están usando la exposición mediática como parte de un juego de intereses.
“Él mismo dijo que ella tenía mal olor, la está usando para lastimar a Wanda y algún día se dará cuenta. Yo a Mauro lo quiero. Esto es un trabajo que están haciendo en conjunto, para mí Mauro sigue enamorado de Wanda y la está usando a la China Suárez”, sostuvo. Para Colosimo, la relación entre Icardi y la actriz es funcional a sus propios fines, y ambos se benefician del revuelo mediático.

“El negocio es de ellos, se usan, es un negocio de ellos”, concluyó la madre de Wanda Nara, cerrando el capítulo sobre la actriz e insistiendo en que su prioridad sigue siendo la integridad y el bienestar de sus nietas.
El trasfondo familiar entre Wanda y Mauro

El testimonio de Colosimo dejó en claro que el conflicto por los pasaportes no es solo administrativo, sino profundamente personal y familiar. La mujer reiteró la importancia de que las niñas puedan reinsertarse en su vida cotidiana en Argentina, junto a sus hermanos y el resto de la familia.
Mientras tanto, la expectativa está puesta en la respuesta de Icardi. La familia aguarda que el futbolista firme la documentación necesaria para que las menores puedan regresar a su país y recomenzar sus rutinas. El desenlace de la disputa dependerá, en gran medida, de esa decisión.
La voz de Nora Colosimo resuena ahora como la de una abuela que exige empatía y sentido común, recordando que, en medio de la exposición y los conflictos adultos, los derechos y necesidades de las niñas deberían ser el centro de toda discusión.
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Cómo es y cuánto cuesta la máquina de altísima tecnología vibratoria que Jimena Barón se trajo de Estados Unidos para tener el mejor cuerpo del mundo

Durante más un mes, tiempo que duró el Mundial, Jimena Barón estuvo con su familia en Estados Unidos siguiendo a la selección nacional y de paso aprovechó la estadía en aquel país para recorrer lugares e incluso disfrutar de los parques de Disney con el pequeño Arturo y Momo.
Pero siendo que en esos destinos se sabe que los precios de las cosas son mucho más accesibles que acá, no solo en lo que a indumentaria y calzado refiere, tras arribar a suelo argentino la cantante y actriz sorprendió a su comunidad con su nueva adquisición para el hogar.
Amante del deporte y la buena alimentación, a fin de afianzar sus entrenamientos, incluso cuando no este con ganas de salir de su casa para hacerlo, J´mena se trajo de Miami una máquina tan moderna como innovadora y práctica.
Se trata de una plataforma vibratoria que según la opción seleccionada trabaja diferentes partes del cuerpo y músculos. “Ya tengo la luz infrarroja y ahora tenía que traer esto. Hace rato que la buscaba. Allá estaba barata y acá salía un huevo”, comenzó Barón.
JIMENA BARON PAGA EL PRECIO DE VERSE MEJOR
Tras abrir la caja en la que venía el artefacto, sumó: “Se supone que son 10 minutos a la mañana. Sus beneficios incluyen mejorar la circulación sanguínea y el drenaje linfático (reduciendo la retención de líquidos), aumentar la fuerza y el equilibrio, y complementar el ejercicio físico para mejorar el tono muscular”.
“Trae canciones. Arrancás el día con esto. Banquen que veo si funciona o no”, siguió. Luego subió historias a su cuenta de instagram donde se muestra usando la plataforma vibratoria y Jimena explicó: “No sé qué decirles. Si me muevo me da dolor. Se supone que activa y mejora el sistema linfático. Reduce y mejora celulitis”, remató. Pero, ¿Cuánto cuesta este aparato? Según sitios que la comercializan ronda los 850.000 pesos.
JIMENA BARÓN
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