POLITICA
El mensaje político de una multitud unida en el histórico velatorio al Indio Solari y los síntomas de una Argentina rota

Casi 10 kilómetros de fila. Un flujo estimado de 1.500 personas por hora frente al féretro. Un velatorio que comenzó el domingo a las 9 de la mañana y que, según los organizadores, continuará “todo lo que haga falta”. La despedida de Carlos “El Indio” Solari ya se convirtió en uno de los funerales más multitudinarios de la historia argentina y podría reunir cerca de un millón de personas durante varias jornadas.
La dimensión de la convocatoria sorprendió incluso a los propios organizadores. También obligó a la política a observar un fenómeno que excede largamente al rock. La negativa del gobierno de Javier Milei a ofrecer la Casa Rosada o el Congreso para un homenaje oficial derivó en una negociación entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner para organizar una despedida popular en Avellaneda. Mientras la dirigencia discutía la logística y las implicancias políticas del evento, una pregunta se impuso sobre todas las demás: ¿qué estaba despidiendo realmente esa multitud?
La muerte del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ocurrida el viernes pasado tras sufrir un ACV no traumático luego de una década conviviendo con el Parkinson, volvió a poner en escena algo que permanecía disperso desde hacía años. Una comunidad gigantesca, atravesada por varias generaciones, con códigos propios, símbolos compartidos y una relación singular con la política.
Para intentar comprender el significado de esa movilización, Infobae consultó al sociólogo y antropólogo Pablo Semán, al ex secretario de Cultura Pablo Avelluto, al historiador Roy Hora y al filósofo Alejandro Rozitchner. Aunque desde perspectivas diferentes, los cuatro coincidieron en un punto: la despedida del Indio excedió ampliamente al rock y también a las categorías tradicionales de la política argentina. La discusión pasó por entender qué expresó esa multitud y qué reveló sobre una sociedad atravesada por cambios culturales, crisis de representación y nuevas formas de identificación colectiva.
Qué observó Pablo Semán en el velatorio
Pablo Semán estuvo durante las primeras horas del velatorio. Recorrió el predio como un seguidor más, pero también como uno de los investigadores que mejor estudió las transformaciones culturales y políticas de la Argentina reciente. Su primera conclusión cuestionó varias de las interpretaciones que circularon desde que se conoció la muerte de Solari.
“Era una multitud herida y al mismo tiempo inteligente en su reacción”, explicó. Lo que observó no coincidió con las lecturas que intentaron interpretar el fenómeno como una demostración partidaria o como una movilización política convencional.
“Había gente procesando el duelo”, sostuvo. “En cada pogo que se armaba no estaba la intensidad de un recital. Era una cosa más autoconsciente, más mesurada, porque se estaban enfrentando a una cosa que el sentido común respeta muchísimo, que es la muerte”.
La observación pareció menor, pero resultó central para entender lo que ocurrió en Avellaneda. Muchos vieron una multitud. Semán vio una comunidad atravesando una experiencia colectiva de duelo.

“Si alguien está esperando concluir de esto que acá hay un partido político en formación, una rebelión o un 2001, eso es totalmente extrínseco a esta realidad”, afirmó.
La definición obligó a ir un paso más allá. Si aquello no era una marcha política, ni un acto partidario, ni un recital, entonces ¿qué era?
La respuesta apareció en otra idea que atravesó todo su análisis. “Los Redondos y el Indio formaron una comunidad de sentido”, resumió.
La expresión ayuda a comprender por qué la despedida convocó a personas tan distintas entre sí. Porque lo que se reunió alrededor del féretro de Solari no fue una organización: fue una comunidad construida durante más de cuatro décadas alrededor de una poética, una ética y una forma de interpretar el mundo.
“Muchas veces se acentúa el lado de la misa ricotera, la colectividad. Eso es verdad. Pero también mucha gente se sintió contenida, escuchada y autodescubierta a partir de la propia poética del Indio”, explicó.
La lectura de Pablo Avelluto: policlasismo y una ética compartida
La misma intuición apareció en el análisis de Pablo Avelluto. “Creo que el Indio Solari y Los Redondos fueron mucho más que una banda de rock. Fueron una militancia o un punto de encuentro cultural multiclases sociales”, señaló el ex secretario de Cultura.
La definición resultó significativa porque apuntó a uno de los rasgos más llamativos del fenómeno: su carácter policlasista.

En una Argentina crecientemente fragmentada por ingresos, consumos, identidades políticas y experiencias sociales, el universo ricotero conservó una capacidad de convocatoria excepcional.
“Había pluralidad social. No hay tantos eventos policlasistas en la Argentina contemporánea. Este es uno de ellos”, observó Semán. A esa diversidad social se sumó una diversidad generacional igualmente extraordinaria.
El Indio consiguió algo que muy pocas figuras de la cultura popular lograron en las últimas décadas. Se convirtió simultáneamente en referencia para quienes descubrieron a Los Redondos en los años ochenta, para quienes los siguieron durante la explosión masiva de los noventa y para jóvenes que nacieron mucho después de la separación de la banda.
Abuelos, hijos y nietos compartieron durante años un mismo repertorio simbólico. Para Avelluto, allí residió parte de la explicación de la conmoción actual.
“Fue la banda de sonido de la vida de mucha gente. Son las canciones con las que la gente se enamoró, se divorció o educó a sus hijos”, explicó.
Pero el fenómeno no se explicó solamente por la nostalgia. Avelluto sostuvo que Los Redondos construyeron algo parecido a una ética compartida. “Evidentemente tiene que ver ese movimiento con una actitud ética, de resistencia ante el sistema”, señaló.
Y agregó una observación que ayuda a comprender por qué la despedida conmovió incluso a personas que nunca fueron seguidores del músico.
“Hay dolor en el medio, y ese dolor es muy genuino. Si no, no habría un millón de personas bajo la lluvia esperando para saludarlo y despedirse”.
Más allá de la música, la multitud pareció reunida alrededor de una experiencia común: una experiencia construida durante décadas y capaz de sobrevivir a la separación de Los Redondos, al retiro progresivo de Solari y a los cambios culturales y políticos que atravesó el país.
Identidad cultural e identidad electoral: una relación no automática
La pregunta inevitable fue si detrás de esa comunidad cultural existió también una identidad política. Y allí aparecieron las mayores complejidades.
La dimensión emocional del fenómeno ayuda a comprender la magnitud del duelo. Pero no alcanzó para explicar por qué la muerte del Indio se transformó también en un hecho político.

Porque Solari nunca fue una figura políticamente neutra. Durante años se definió como peronista. Mantuvo una identificación pública con Cristina Kirchner. La visitó, la defendió y cuestionó tanto a Mauricio Macri como a Javier Milei. En los últimos años, además, sus intervenciones públicas quedaron asociadas al universo político y cultural del progresismo argentino.
Sin embargo, la multitud que se reunió para despedirlo pareció mucho más amplia que el kirchnerismo y probablemente también más amplia que el propio peronismo.
Allí, apareció una de las paradojas más interesantes que dejó el fenómeno. Semán rechazó la idea de una traducción automática entre identidad cultural e identidad electoral.
“Hay que resistir un modo de la sociología que supone que están sistemáticamente asociadas la comida, el voto o la música”, explicó. “La verdad es que en Argentina esas experiencias están distribuidas en campos tan distantes y son tan diferentes que el gusto musical o la pertenencia a una comunidad de sentido no habla mucho del voto”.
La observación apuntó directamente a una de las tentaciones que aparecieron desde el viernes: interpretar el velatorio como una demostración política contra Milei o como una expresión masiva del kirchnerismo.
Para Semán, la realidad fue más compleja. “Probablemente uno podría decir que la mayoría de los que están ahí votan en contra de los libertarios. Pero en este momento la mayor parte de la sociedad argentina vota contra los libertarios”, sostuvo.
Y fue todavía más lejos. “Algunos de los que están ahí habrán votado a Milei y otros lo van a volver a votar”, afirmó.

La afirmación pudo resultar incómoda para quienes intentaron leer el fenómeno en clave binaria. Pero ayudó a explicar por qué la despedida del Indio generó tantas dificultades de interpretación.
La comunidad que se reunió en Avellaneda compartió símbolos, referencias y emociones. No necesariamente compartió una conducta electoral uniforme. “La gente resiste que le digan: ‘Vos porque sos del Indio sos kirchnerista’”, explicó Semán.
La observación adquirió relevancia por el momento político en que ocurrió la muerte del músico. Cristina Kirchner, la dirigente con la que Solari decidió identificarse durante los últimos años, ya no pudo competir electoralmente. El peronismo atravesó una discusión abierta sobre su liderazgo futuro. Gobernadores, intendentes, sindicalistas y dirigentes de La Cámpora buscaron reordenar un espacio que durante dos décadas giró alrededor de una figura dominante.
Al mismo tiempo, el progresismo argentino pareció haber perdido centralidad en la discusión pública.
Las ideas, valores y causas con las que el Indio se identificó durante buena parte de sus últimos años sobrevivieron en distintos sectores de la sociedad, pero ya no ocuparon el centro de la escena política.
Ese lugar hoy perteneció a Javier Milei. Y esa fue otra de las razones por las cuales el fenómeno resultó interesante.
Porque la multitud que se reunió para despedir al Indio pareció expresar una sensibilidad cultural que siguió existiendo, pero cuya traducción política apareció cada vez más difusa.
Crisis de representación y reacción del Gobierno
Esa misma idea apareció, desde otra perspectiva, en el análisis de Pablo Avelluto. Para el ex secretario de Cultura, la despedida masiva dejó al descubierto una crisis de representación que atravesó a buena parte de la oposición. “Hay un electorado vacante de representación”, sostuvo.
La definición excedió al kirchnerismo y también al peronismo. Describió, según Avelluto, a una porción de la sociedad que no encontró en Javier Milei una representación de sus valores, pero que tampoco encontró una alternativa capaz de entusiasmarla.
“Hay gente que dice: ‘Esto no me gusta, pero no encuentro entre la oferta nada que me entusiasme o nada que me represente’”, explicó. La reflexión conectó con una de las preguntas centrales de esta historia.
Si una comunidad cultural capaz de movilizar a cientos de miles de personas siguió existiendo, ¿por qué ninguna fuerza política logró convocarla con la misma intensidad?
Para Avelluto, el fenómeno dialogó con otras movilizaciones de los últimos años. Las marchas universitarias, las convocatorias posteriores al discurso de Milei en Davos o las movilizaciones vinculadas a distintas causas sociales mostraron algo parecido: ciudadanos que participaron sin sentirse necesariamente representados por estructuras partidarias tradicionales.
“Cada vez hay más gente que uno ve en esas movilizaciones que no está encuadrada en una organización, un sindicato o un partido político”, observó.

Por eso consideró que reducir el velatorio del Indio a una disputa partidaria implicó perder de vista lo esencial.
“Reducir esto a un fenómeno partidario es no ver la dimensión que tiene. Ningún fenómeno partidario en la Argentina convoca a un millón de personas hoy. Ni del oficialismo ni de la oposición”, afirmó. La frase resumió buena parte del problema.
El dato político más relevante quizás no fue que muchos de los asistentes compartieran determinadas posiciones ideológicas.El dato fue que la convocatoria existió. Que una figura cultural retirada desde hacía años logró movilizar una energía social que ningún dirigente político pareció capaz de generar.
Esa constatación interpeló a todo el sistema político. Interpeló al oficialismo, porque reveló la existencia de sensibilidades culturales que muchas veces observó exclusivamente desde la lógica de la confrontación ideológica.
Interpeló al peronismo, porque mostró que una parte del universo simbólico con el que dialogó durante años siguió vivo mientras sus dirigentes discutieron liderazgos, estrategias y candidaturas.
E interpeló también al progresismo, que observó cómo muchas de las banderas culturales con las que se identificó durante décadas sobrevivieron en amplios sectores sociales mientras perdió capacidad para convertirlas en una propuesta política competitiva.
La reacción del Gobierno frente a la muerte de Solari terminó convirtiéndose también en parte de esa discusión.
Para Semán, la Casa Rosada quedó atrapada en una lectura excesivamente ideológica del fenómeno.
“Si hay media Argentina llorándolo, no te ausentás de ese sentimiento”, resumió. El sociólogo consideró que la decisión de mantener distancia frente al velatorio terminó siendo contraproducente.
“Es más fácil generar antagonismo contradiciendo la sensibilidad de la gente”, explicó. Roy Hora coincidió en que la actitud oficial reveló una dificultad para comprender la magnitud cultural del acontecimiento.
“La enorme cantidad de gente que se movilizó habla de que Solari tocó una fibra muy profunda, que ahora le vuelve como amor y afecto en la despedida final”, sostuvo.
Para el historiador, el problema excedió la coyuntura. “La renuencia del gobierno nacional a organizar el funeral habla de cuán pobre y oscura es su visión de la cultura. Parece que sólo los que son de su bando merecen reconocimiento”, afirmó.
Y agregó una reflexión que apuntó al papel institucional del Estado. “El Estado simboliza la unidad de la nación y, por razones miserables, faltó al homenaje que todo ídolo popular merece en el momento del saludo final”.
La crítica de Hora coincidió parcialmente con la de Semán, aunque desde perspectivas distintas. Ambos observaron una desconexión entre la reacción oficial y la magnitud emocional del fenómeno.
Sin embargo, la nota también admitió un contrapunto. Alejandro Rozitchner, filósofo cercano al oficialismo y distante tanto de la obra como de las posiciones políticas de Solari, ofreció una mirada diferente.

“A mí no me gustaba el Indio. Nunca me tocó su arte. Creo que hay muchas obras más importantes dentro del rock nacional”, admitió.
Pero rechazó la lógica de trincheras que dominó parte del debate público.
“Tampoco me molesta que haya mucha gente emocionada por su muerte”, señaló. Y concluyó con una frase que funcionó como advertencia frente a cualquier intento de apropiación política del fenómeno.
“Es absurdo que nos peleemos por música”. La observación resultó significativa porque recordó algo que atravesó todos los testimonios.
La multitud que siguió llegando a Avellaneda probablemente no constituyó una fuerza política organizada. Tampoco una nueva mayoría electoral ni una alternativa de poder en gestación. Pero dejó al descubierto algo que la dirigencia observó con dificultad.
La existencia de una comunidad cultural gigantesca, atravesada por el dolor, la memoria compartida, la crítica a la autoridad y la búsqueda de pertenencia.
Una comunidad que sobrevivió a la desaparición de Los Redondos, al retiro de Solari y a los cambios políticos de las últimas décadas.
Y que, durante unas horas, volvió a hacerse visible frente a un sistema político que muchas veces pareció incapaz de comprenderla.
La muerte del Indio no modificó el predominio político de Javier Milei ni resolvió los interrogantes que atravesaron al peronismo y a la oposición. Pero expuso una paradoja que recorrió la Argentina de 2026: mientras la representación política atravesó una crisis evidente, todavía existieron comunidades culturales capaces de movilizar emociones, identidades y pertenencias a una escala que ningún partido logró alcanzar.
Ese pudo ser el mensaje más profundo que dejó la multitud que se reunió para despedirlo: no una consigna electoral ni una candidatura, sino algo más difícil de descifrar y, por eso mismo, más relevante: la persistencia de una Argentina cultural, emocional y simbólica que siguió viva, incluso cuando la política pareció no saber bien qué hacer con ella.
POLITICA
El “efecto dominó” que aceleró la caída de Adorni, el nuevo triángulo político y las batallas que se vienen adentro del Gobierno

“No llega al martes que viene”. Así fue la sentencia que se emanó en un despacho de la Casa Rosada el jueves por la tarde. Varias figuras de la mesa política sabían que el partido ya estaba sentenciado y era cuestión de que Javier Milei volviera de España el sábado por la mañana para terminar de ejecutar la salida de Manuel Adorni.
Quien terminó por decantarse en tomar una decisión fue Karina Milei. Se trató de una cuestión que evaluaba, pero que evidentemente le costó tomar. Hay varios componentes que lo explican. Por un lado, fue quien le trasladó al Presidente la confianza que debía tener en Adorni y lo acuñó como su voz ante la sociedad. Por el otro, fue la cara visible de una decisión de poder de la hermana presidencial: la de cortar con el equilibrio en la interna que significaba Guillermo Francos y ascender formalmente en el esquema organizacional del Gobierno.
Es por ese motivo que Karina hizo publicar un tuit en apoyo a Adorni al darse a conocer la carta. Fue la única funcionaria en hacerlo. El Presidente solo la retuiteó. El rechazo de las redes no se hizo esperar.
Los que conocen a Karina afirman que tenía un cierto temor de que el cambio de Adorni fuera percibido como una derrota. “A mí me repulsa la idea de pensar que esto signifique que Javier pueda tener algunas consideraciones más con Santiago”, afirma una de sus cinco personas políticas de su máxima confianza. Era solamente una cuestión de percepción, porque nadie duda de que “El Jefe” vaya a perder poder. Pero en su entorno se empeñaban en aclarar que el reemplazo del ministro coordinador iba a ser alguien “100% Karina”. Se impuso la lógica de que el que saca pone.
Dentro de todas las versiones que circularon existe una certeza: Karina le ofreció a Diego Santilli ser jefe de Gabinete el jueves pasado. Todo esto sucedió sin que se enterara Adorni. Esa charla -dramática y solemne, cuentan en la Casa Rosada- se produjo al día siguiente, en donde el ministro coordinador supo que le había llegado su famoso “fin”, aunque, en rigor, hace tiempo ya pensaba en presentar su renuncia.
El Presidente recibió el mensaje de que había consenso en todas las alas del Gobierno mientras estaba en España. Tanto su hermana como el asesor presidencial, Santiago Caputo, hablaron con él por esos días. Esta vez no se enojó ante la posibilidad. Quienes lo conocen remarcan la poca capacidad que tiene para pedirle la renuncia a los funcionarios o dirigentes que están bajo su órbita. Pasó en los casos de Guillermo Francos y de José Luis Espert. Este caso no fue la excepción. Si bien Milei ya venía evaluando la posibilidad de reemplazar a Adorni por “El Colo”, el ultimatum no lo produjo él.
“El Colo” estuvo hermético durante el viernes en el que comenzó a sonar su nombre. Hubo un fuerte enojo entre personas de su entorno que consideraron “que se lo quiso quemar”. “Se pasaron de ansiosos los que empezaron a hacerlo difundir y corrió el riesgo de que se caiga todo porque a Javier no le gusta que los medios le impongan nombres”, afirmó. Es ese un motivo por el cual el anuncio de Santilli se hará a lo largo de esta jornada, como para simular de que el Presidente lo sigue evaluando.
Karina tomó la decisión luego de evaluar que la situación política alrededor de la figura de su ministro coordinador estaba empastando la misma gestión, el vínculo con los legisladores y gobernadores aliados y la plataforma de reformas. Lo peor podía llegar a ser que esta situación de parálisis llegara a los mercados, algo que no pasó hasta ahora. “El Riesgo País no bajaba de los 400 puntos. Por algo era. Ahora creo que se nos viene un buen panorama en el Congreso y en la economía”, afirmaba un integrante de la mesa política.
Hubo una reunión decisiva para este desenlace. Fue el jueves en un encuentro de bloque presidido por Patricia Bullrich en el que tuvo un leve contrapunto con el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, quien ahora suena como futuro vicejefe de Gabinete de la nueva conducción de la Jefatura que tendrá Diego Santilli. “Los senadores y yo somos la voz de Milei en el Senado. No vamos a apoyar la sesión”, respondió Bullrich ante la recomendación de Devitt de insistir con el sostén de Adorni bajo el pretexto de que era lo que quería el Presidente.
Una vez levantada la sesión de esa jornada, Bullrich llamó a Karina para decirle que la situación era insostenible. “Es cuestión de que caiga un apoyo para que caigan todos. Es un efecto dominó”, le advirtió. La fecha límite que le dio fue el 1 de julio, cuando se iba a fechado una reunión de Comisión de Asuntos Constitucionales, para la cual estaban los votos para votar una interpelación. Bullrich le explicó que no había escapatoria.
Karina terminó decantándose pese a que en su entorno creen que “la política aguantaba”. “Patricia los liberó. En Diputados no se mosquearon los gobernadores ni los bloques como la UCR”, afirmó una fuente inobjetable del oficialismo, que cree que seguía habiendo margen para negociar un freno en las embestidas de la oposición. De hecho, Martín Menem consiguió que no hubiera quórum este martes para que se tratara el pedido de interpelación a Adorni en sesión especial. Esto le costó caro a los aliados como el PRO: la carta de renuncia de Esteban Bullrich expuso a la cúpula del partido por actitudes contradictorias. Mauricio Macri debió salir el viernes a decir que iban a votar la interpelación, pero ya era muy tarde: en ese momento Adorni ya estaba prácticamente afuera de la gestión.

En el bullrichismo no opinan lo mismo. “Hay una diferencia abismal de cómo se tienen que pedir las cosas en cada cámara. El Senado es más sofisticado. No podes presionar o persuadir con ciertos métodos a los gobernadores como lo hacen en Diputados”, opina una fuente calificada de ese sector.
En este punto es que se da una cuestión contradictoria. La senadora libertaria fue la primera que explicitó su malestar por la situación de Adorni en la esfera pública. Y es la que más será recordada por su diatriba contra el funcionario a lo largo de todo este episodio. Pero, al mismo tiempo, en el Gobierno pretenden acotarle su margen de maniobra como conductora del espacio. “Creo que no saben que no se puede domesticar a Patricia y que una lucha contra ella la beneficia”, opinan desde un sector ajeno a ese conflicto.
El entredicho con Devitt y el desmarque durante la situación Adorni llevó al círculo karinista a decidir que quieren quitarle el monopolio del manejo del bloque libertario en el Senado y en la estrategia política que allí se teje. Las reuniones de Adorni, Karina y Devitt con senadores el martes en la Casa Rosada fueron una primera demostración de aquello. Luego de eso se armó un grupo de WhatsApp paralelo.
Esto es visto con preocupación por parte de quienes se reconocen seguidores de Javier Milei pero no quieren responder a la hermana presidencial y su círculo. “Todas las decisiones se van a poner en el tamiz de la interna cuando hay muchos que no son ni de un lado ni del otro. Lo que terminan generando es desgaste porque el costo de las convicciones que tenés que dejar para supuestamente pertenecer y no ser considerado un traidor es altísimo”, afirma una figura del santiaguismo, que por ese motivo destaca alguna de las actitudes de Bullrich.
La forma de retratar el conflicto en este Gobierno es algo indeterminado. La interna tiene otras variantes más que la de karinismo-santiaguismo. La más representativa de la actualidad vendría a ser “karinismo contra quienes no reconocen ciertos modos de liderazgo de ese entorno”.

Y es que la disputa entre las dos principales facciones del Gobierno no fue dejada de lado incluso al momento de la renuncia de Adorni. En el caputismo hubo quienes miraron azorados la decisión de Karina Milei de mostrarse como la única figura del Gobierno en tirar elogios a Adorni, tratándolo de “persona íntegra, valiosa y muy querida por todos nosotros”. Ni siquiera sus subordinados lo despidieron con semejantes palabras. El ratio entre comentarios negativos y likes de la publicación marca la magnitud de la imagen negativa que ya tenía el jefe de Gabinete incluso para los propios. Creen que eso la colocó como “la principal perdedora” del asunto. Del otro lado, Bullrich salía con un mensaje en pos de la “confianza y la ética” que fue retuiteado por Milei. “No esperó ni a que se enfríe el cuerpo”, le asestaban sus detractores.
Con estos cambios en el Gobierno ya se habla de un nuevo triángulo político-operativo configurado por Diego Santilli, Ignacio Devitt y Lule Menem; Karina pretende que este último pase a tener un diálogo aún más preponderante con los senadores y con los gobernadores, algo que ya tienen en la Cámara baja por el liderazgo de Martín Menem. El principal objetivo que tendrían de cara a los próximos meses es aprobar la reforma electoral en el Congreso y, particularmente, la eliminación o suspensión de las PASO. Esto está estrechamente relacionado con la posibilidad de expandir el entramado del partido nacional que administra esta tribu libertaria.
Es por ese cúmulo de asuntos que a Adorni tampoco lo lamentaron desde esas oficinas. “Manuel se termina yendo solo por sus propios errores. Contradijo cosas que había dicho antes cuando no tuvo que haber abierto la boca”, indica uno de los referentes de ese núcleo, que también apunta a quienes lo asesoraron en términos comunicacionales durante ese período. Entre ellos hay quienes no perdonan que el jefe de Gabinete “haya jugado a dos puntas de la interna”.
La incógnita es cómo se reconfigurará todo hacia adelante. Es muy probable que la correlación de fuerzas que había hasta esta semana se mantenga igual. Al menos por ahora.
Quienes no forman parte del entorno de la hermana presidencial creen que habrá pedidos de fidelidad. Y es que quedó muy impregnado el modo en el que se amoldó Santilli en el Ministerio del Interior, todo a raíz de su perfil bajo y su acatamiento casi absoluto de las directrices de Karina. Será curioso ver cómo se administra el nuevo esquema de la Secretaría de Comunicación y Prensa, que está liderado por Fabián Fernández, que venía de la comunicación de YPF que comanda en última instancia la esfera de Santiago Caputo; pero que fue convocado por recomendación de Adorni y avalado por Karina Milei.
No son pocos los que creen que la hermana presidencial evalúa llevar esa cartera hacia la Secretaría General de la Presidencia como señal de autoridad sobre esa área. Su antecesor en esa responsabilidad, Javier Lanari, no tenía mecanismos de poder como para poder generar influencia en el diálogo con responsables de medios. La idea de la nueva conducción es que eso cambie: tanto por la experiencia de Fernández como con el otorgamiento de ciertos recursos. Por el momento, en todas las huestes del Gobierno están contentos por la unificación de criterios que se produjo en la comunicación libertaria.
Esta última semana, Adorni ni siquiera fue aludido internamente para validar las publicaciones que se lanzaron a raíz de la crisis en Venezuela. Mantuvo una reunión con Luis Caputo el pasado lunes y luego estuvo con terceras y cuartas líneas. Ya no tenía margen de llamar a las reuniones de Gabinete o la mesa política. “Había perdido autoridad frente a los ministros y en la mesa política solamente hacía de Ivan de Pineda, era el conductor de Pasapalabra”, afirma una de las personas que va a ambos encuentros.
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POLITICA
Santilli espera el llamado de Milei para reemplazar a Adorni: buscará profesionalizar la política en la Casa Rosada y mantener el vínculo con los gobernadores

Diego Santilli espera el llamado de Javier Milei para asumir como jefe de Gabinete, en reemplazo de Manuel Adorni quien ayer presentó su renuncia.
Entre los principales objetivos de Santilli se encuentran la profesionalización de la política en la Casa Rosada, como también mantener el vínculo que fue construyendo con los gobernadores durante su gestión en el Ministerio del Interior.
Se espera una reunión entre el funcionario y el Presidente en la residencia oficial de Olivos, posiblemente por la tarde, entre las 18 y las 19.
El sucesor de Adorni al frente de la jefatura de Gabinete habló el viernes con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, que le pidió que se “vuelva a la época” del antecesor de Adorni, Guillermo Francos.
En concreto, gestión política profesional, coordinación del gabinete, que la coordinación sea política, profesional, con puesta en valor de la relación con el Congreso.
Santilli quiere mantener él la relación con los gobernadores, algo que ya tiene por su función como ministro del Interior, que armó durante años, y que no quiere delegar.
En definitiva se trata de mantener la relación con el Congreso, porque los votos dependen en buena medida de los gobernadores para armar las sesiones, entre el jefe de la Cámara, el ministro del Interior, el jefe de Gabinete y enlaces entre el Gobierno y el parlamento.
Justamente una de claves de la elección de Santilli como jefe de Gabinete -que todavía no fue oficializada, aunque es un hecho- es su vínculo con el Congreso. Cuando faltan votos hay que salir a buscarlos.
Es el propio Santilli el que “punteaba” el respaldo parlamentario con Karina Milei, lo que se traduce en eficacia en los momentos en que se realizan las sesiones, que se ganará la votación. El funcionario tiene una relación muy fluida con el jefe de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el subsecretario de Gestión Institucional y funcionario de confianza de Karina Milei, Eduardo “Lule” Menem.
Otro de los objetivos es abrir rápidamente las cámaras legislativas, que estaban trabadas por el caso Adorni. A la cabeza de las prioridades del Gobierno está la reforma política, que incluye la derogación de las elecciones primarias (PASO), y cambios en el esquema de financiamiento de los partidos políticos.
Además del proyecto de super-RIGI, clave para grandes inversiones, de más de US$1000 millones, vinculada a la tecnología, que garantiza estabilidad regulatoria por 30 años.
Sumado a la iniciativa de reforma de la Ley General de Sociedades, impulsada por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que apunta a modernizar el régimen societario y habilita la creación de empresas que operen mediante inteligencia artificial y sin empleados.
Diego Santilli, Javier Milei
POLITICA
Cristian Ritondo celebró la salida de Adorni: “Era una debilidad que tenía el Gobierno y el Parlamento estaba casi frenado”

La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete fue celebrada este domingo por el diputado Cristian Ritondo, uno de los principales dirigentes del PRO y aliado del Gobierno en el Congreso, quien afirmó que la permanencia del funcionario se había convertido en un verdadero obstáculo para el funcionamiento del Congreso y la gestión del Gobierno de Javier Milei.
“Creo [que fue] una acertada decisión del Gobierno de terminar con esto, porque permite encarar una agenda en serio. Todos saben que con este tema el Parlamento estaba casi frenado”, afirmó Ritondo. Y agregó: “El Congreso necesitaba respuestas… tan sencillo como eso. Así que en ese marco nosotros creemos que esto descomprime al Gobierno y, por otra parte, descomprime el funcionamiento del Congreso”.
Según Ritondo, “era cada vez que uno quería entrar al recinto, lógicamente el primer debate que tenía durante horas era el tema Adorni. La oposición madura lo aprovechaba constantemente y era una debilidad que tenía el Gobierno y que se tenía para el Parlamento”.
Durante una entrevista en Radio Mitre, el diputado sostuvo que la discusión pública alrededor de Adorni “traía una parálisis que era muy importante en tiempos de cambio”. “Cosas importantes como la baja en el riesgo país o datos importantes de la economía se perdían en la discusión de los argentinos en la mesa, en cualquier lado, porque el tema era Adorni”, lamentó.
Ritondo también analizó el desenlace: “Me parece que en algún momento se tardó, pero que la decisión que ha tomado el presidente del Gobierno ha ido por la vía correcta. Y hoy podemos recuperar, discutir otras cosas, que es lo que tiene que discutir la Argentina… discutir esas cosas que importan”.
Al reflexionar sobre el proceso, concluyó: “Hay un momento donde cuando uno se convierte en un peso para una estructura del gobierno, tiene que liberar. Y en esto yo creo que Adorni estaba perjudicando. Y no lo digo yo, lo decían las encuestas”.

Una jornada de tensión política y definiciones
La jornada previa a la salida de Adorni estuvo marcada por intensas negociaciones en la Casa Rosada y crecientes presiones tanto políticas como judiciales. Fuentes del oficialismo confirmaban que “la situación se volvió insostenible” para la cúpula de Gobierno y que había consenso en que la continuidad del jefe de Gabinete frenaba cualquier intento de reconfiguración y debilitaba la relación con aliados y opositores. La decisión se terminó de definir tras el regreso de Javier Milei al país y una reunión en Olivos con Adorni, tras semanas de rumores y reuniones a puertas cerradas.
El propio Ritondo graficó la traba parlamentaria que representaba el tema: “En el Senado y en Diputados veíamos los fracasos de sesiones por este tema. En Diputados era muy difícil. Se destrabó a partir de que fue citado…”. Fuentes legislativas admiten que el oficialismo necesitaba “descomprimir el frente político” antes de nuevos pedidos de interpelación y moción de censura, programados para la semana próxima en el Congreso.
La salida fue consecuencia directa de más de cien días de presión y el avance de causas judiciales, en particular por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito y el uso de aviones del Estado para viajes familiares y personales. La investigación judicial, a cargo del fiscal federal Gerardo Pollicita, fue profundizándose con nuevos requerimientos patrimoniales y pedidos de información sobre el entorno económico y familiar del funcionario. Manuel Adorni renunció a su cargo como jefe de Gabinete en medio de la investigación judicial.
Al mismo tiempo, la oposición aprovechó para reclamar explicaciones y exigir el avance de la Justicia, señalando la “debilidad institucional” que representaba Adorni en su puesto frente a las denuncias. “La oposición madura lo aprovechaba constantemente”, sintetizó Ritondo. Desde el bloque del PRO, Mauricio Macri ya había manifestado sus críticas a la falta de experiencia de Adorni y la necesidad de figuras políticas con mayor capacidad de gestión.
La salida de Adorni empuja ahora el debate interno sobre su sucesor. “Lo que le faltaba a Adorni hoy le sobra a Diego”, sostuvo Ritondo respecto de la posible llegada de Diego Santilli al gabinete, ponderando su experiencia y relación con el mundo político: “Para mí en particular es una alegría… tiene experiencia legislativa, conoce el funcionamiento del sistema político, tiene buena relación con los gobernadores”.
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