CHIMENTOS
Gisela Bernal, golpeada por los problemas: el drama que enfrenta puertas adentro

Gisela Bernal volvió a quedar envuelta en un fuerte escándalo judicial que podría terminar de la peor manera. Según revelaron en LAM (América TV), la bailarina enfrentaría un inminente desalojo de la casa en la que vive actualmente, en medio de una batalla legal que arrastra desde hace años con su ex, Ariel Diwan.
La información fue dada por Pepe Ochoa, quien lanzó el tema en formato enigmático y generó sorpresa entre los panelistas. “Ella es famosa, hace mucho tiempo que no la vemos en el medio. Lo más importante que tiene es el baile”, adelantó antes de revelar el nombre de la protagonista.
Finalmente, Ochoa confirmó: “Van a desalojar, es inminente, no sé si en estas horas, a Gisela Bernal, exmujer de Ariel Diwan”. La frase dejó helado al estudio y rápidamente comenzaron a conocerse detalles de la delicada situación que atraviesa la exvedette.
Según contaron, el conflicto estaría directamente relacionado con la división de bienes tras su separación de Diwan. La propiedad en cuestión, ubicada en una exclusiva zona de Palermo, quedó en medio de una extensa disputa judicial que con el tiempo se volvió cada vez más compleja.
“El conflicto viene porque esta casa, que era del momento en que ellos estuvieron juntos, ella en la separación de bienes se la queda. Le fue complicado acceder a esta casa porque cuando logra quedarse con este inmueble, por todo el trabajo de un abogado, el abogado decide llevarla a la Justicia”, explicó Pepe Ochoa.
El problema habría escalado aún más porque, según trascendió, Bernal no apeló distintas resoluciones judiciales y la deuda acumuló intereses durante años. De acuerdo a la información que manejan en el programa, el monto rondaría entre los 100 y 150 mil dólares.
Karina Iavícoli recordó además las históricas discusiones entre Bernal y Diwan por el origen del dinero con el que compraron la propiedad. “Los dos decían qué parte habían puesto para comprar esa casa”, comentó la panelista, dejando en evidencia que el conflicto económico viene desde hace mucho tiempo.
La situación habría llegado ahora a un punto límite: la casa iría a remate y, una vez concretada la venta, Gisela debería abandonar la propiedad. “La compraron y lo que va a pasar ahora es que, como se la tienen que dar a la persona que la compró, a Gisela la tienen que sacar”, sentenció Ochoa.
En paralelo, desde Puro Show sumaron más detalles sobre el complejo entramado legal. Allí aseguraron que fueron los propios abogados de Bernal quienes impulsaron el embargo debido a honorarios impagos. El valor actual de la propiedad habría ascendido a más de un millón de dólares tras la actualización del mercado inmobiliario.
Frente a toda la repercusión, Gisela Bernal decidió romper el silencio y envió un mensaje a Fernanda Iglesias para intentar llevar tranquilidad. “Vivo un día a día muy feliz junto a mi niño. No se preocupen que estamos muy bien”, expresó.
Sin embargo, el panorama judicial parece lejos de resolverse y todo indica que la bailarina podría enfrentar en los próximos días uno de los momentos más difíciles de su vida personal y económica.
Gisela Bernal
CHIMENTOS
Pablo Flores Torres, el admirador de Ángel Mahler que cumple el sueño de reinventar Drácula: “Es una gran responsabilidad”

El estreno de Drácula II Resurrección no solo significa el regreso de Pepe Cibrián Campoy al universo gótico que marcó a generaciones, sino también la apertura de una nueva era para el teatro musical argentino. Tres décadas después de aquel debut que conquistó corazones y rompió récords, la secuela reaviva la leyenda con una trama situada después de los sucesos de Whitby, pero también con una herencia emocional profunda: la ausencia de Ángel Mahler, el compositor que supo darle sonido a los sueños de miles. En medio de esta transición y responsabilidad histórica, Pablo Flores Torres, el músico elegido para escribir la nueva partitura, habló en exclusiva con Teleshow sobre lo que significa tomar la posta.
Desde 1991, Drácula, el Musical no solo desató un fenómeno de público con más de 4 millones de espectadores y temporadas multitudinarias en el Luna Park, sino que instaló en el imaginario colectivo una dupla artística irrepetible: Cibrián-Mahler. El fallecimiento de Ángel dejó un vacío difícil de llenar, pero también el desafío de honrar una obra amada. La nueva producción, que desde el 12 de junio despliega 28 artistas en escena, 240 trajes de época y arreglos de Yair Hilal, se enfrenta a ese reto: mantener viva la esencia y, al mismo tiempo, reinventar la banda sonora de una saga que marcó un antes y un después.
Para Flores Torres, nacido en San Juan y con apenas 35 años, el desafío es tan personal como colectivo. Su carrera, reconocida con premios Hugo, GEA, Siripo Cultura de Córdoba, Interés Cultural de la Cámara de Diputados de Santa Fe y el Reconocimiento de Argentores Sede San Juan, lo llevó a lugares de prestigio, pero nada se compara con la emoción y la responsabilidad de sentarse al piano donde alguna vez estuvo Mahler. Hoy, Flores Torres combina la pasión y el respeto, trabajando codo a codo con Cibrián Campoy para darle una nueva identidad musical a Drácula II Resurrección, en una apuesta que busca conmover tanto a los fanáticos históricos como a quienes apenas empiezan a descubrir el mito.

—Pablo, a lo largo de tu carrera la música siempre ha sido central. ¿Qué representa hoy en tu vida?
—Más que nada, la música es mi principal motor. Es lo que me entusiasma para seguir adelante y le da sentido a mi vida. La disfruto sobre todo en el teatro musical, que es el ámbito en el que trabajo y donde más me conecta desde lo emocional. No es solo la música en general, sino la experiencia de estar en el escenario contando historias. Es parte fundamental de mis emociones.
—¿Cómo surgió la propuesta para convertirte en el compositor de Drácula ll: La resurrección? ¿Te sorprendió la convocatoria?
—La propuesta llegó a principios de 2025, cuando la producción de Drácula anunció el proyecto y me contactaron. Yo estaba en otra cosa, pero me escribieron directamente para preguntarme si quería ser el compositor de la secuela. Por supuesto, acepté enseguida. Es una responsabilidad enorme, porque se trata de la continuación del musical más exitoso de Argentina, así que imaginate lo que significa.

—¿Ya habías trabajado con Pepe Cibrián Campoy antes o fue la primera vez que colaboraron juntos en un proyecto de esta magnitud?
—Habíamos trabajado antes, hace algunos años, en otros musicales que él produjo. Por ejemplo, hice la música para un musical de Sherlock Holmes que protagonizaba Adabel Guerrero. Fue desde otro lugar, más cercano a la parodia, pero ahí nos conocimos. Después de ese proyecto, cada uno siguió su camino hasta que nos reencontramos en Drácula.
—¿Cómo fue el proceso creativo para componer la música de la obra? ¿Trabajaste solo o fue una tarea colectiva?
—Fue un trabajo colaborativo. Antes de audiciones y del proceso completo, lo principal era el libreto, que indicaba los momentos que debían ser musicalizados: emociones fuertes, clímax, números festivos. Sobre esos momentos yo proponía música, recibía devoluciones, hacíamos ajustes y sumábamos o quitábamos partes según las necesidades de la obra. Cada autor tiene su método, y en este caso me adapté a la forma de trabajo de Cibrián Campoy y su equipo.

—¿Cuánto tiempo llevó todo el trabajo de composición y producción musical?
—Nos llevó casi un año entero. Fue un sacrificio enorme, pero estoy muy contento con el resultado. Siento que la música suena bien y que los intérpretes la elevan aún más. Siempre trabajé para que pudieran lucirse y contar la historia a través de las canciones.
—¿Qué sentiste al ver tu trabajo en escena, con los shows en marcha y el público presente?
—Es una sensación hermosa y muy emocionante. Ver el trabajo hecho realidad, ver al público disfrutar lo que soñaste, tiene un condimento especial. Es otra cosa, otro amor, y es imposible no emocionarse.
—Drácula tiene una historia inseparable de la dupla Cibrián-Mahler. ¿Qué significa para vos la figura de Ángel Mahler y qué influencia tuvo en tu formación?
—Ángel Mahler es uno de mis máximos referentes y fue fundamental para que me enamorara del teatro musical. Su música trascendió generaciones; el vals de Drácula, por ejemplo, se baila en casamientos y cumpleaños de 15. Para mí es un honor y una responsabilidad enorme continuar, de alguna manera, ese legado.

—¿Buscaste emular el estilo de Mahler o preferiste encontrar tu propio camino como compositor?
—Conozco muy bien su obra y me inspiró mucho, pero para este proyecto decidí no emular su estilo. Si me convocaron fue porque buscaban que la música llevara mi sello. Si hubieran querido que sonara igual a lo anterior, lo habrían llamado a él cuando comenzó a gestarse esta idea, que ocurrió previo a su triste partida. Mi objetivo fue aportar algo propio y honesto.
—¿Sentiste presión por asumir el rol de “sucesor” de Mahler en un proyecto tan icónico?
—Cien por ciento. Incluso hoy siento esa presión más que nunca. Los que hacemos teatro musical podemos hacerlo porque ellos recorrieron el camino antes. No me siento a su altura, ojalá algún día lo logre, pero si consigo emocionar al público es porque antes hubo un Ángel Mahler que marcó el camino.

—¿Tuviste contacto con la familia de Mahler a raíz de este trabajo?
—Sí, trabajé con Damián, uno de sus hijos, en un musical donde yo actuaba y él era el compositor. Hay respeto y admiración mutua. La familia de Ángel sabe lo importante que es su legado para mí y siempre lo honro en mi trabajo.
—¿Qué significa para vos ser visto como un continuador de ese legado?
—Siento una presión enorme, pero trato de no dejar que me paralice. Asumo la responsabilidad, sé que mi trabajo tiene un rumbo propio y que, con errores y aciertos, ayuda a mantener vivo el teatro musical argentino. Nuestro país produce mucho teatro musical original y es un orgullo ser parte de eso.

—Argentina está viviendo un auge del teatro musical, incluso se la compara con Broadway. ¿Cómo vivís este momento y qué te genera?
—Es una locura la cantidad de musicales en cartel y la variedad de propuestas, tanto de producciones extranjeras como originales. Nunca hubo tantas superproducciones juntas. Eso habla de un crecimiento y una demanda que nos beneficia a todos. Es un momento muy feliz y de reconocimiento para el teatro musical nacional.
—Además de Drácula, estás al frente de otros proyectos como Alberdi, que también es un fenómeno. ¿Cómo hacés para manejar tanto trabajo y qué significa para vos ese proyecto?
—Alberdi superó todas mis expectativas. Es un proyecto que trascendió el ambiente del teatro musical y llegó a públicos de todo el país. Cuando llevamos la obra a otras ciudades y vemos teatros llenos, la emoción es enorme. Es un reconocimiento que no imaginaba.

—¿Qué esperás que el público se lleve de tus trabajos actuales, tanto en Drácula como en Alberdi?
—Quiero que disfruten el espectáculo, pero sobre todo que perciban el compromiso detrás de cada obra. No pienso dejar de crear. El teatro musical argentino merece seguir creciendo y vamos a luchar para mantenerlo vivo, más allá de los desafíos y los cambios tecnológicos.
—En un mundo donde la inteligencia artificial empieza a influir en el arte, ¿cómo ves el futuro del teatro musical?
—La inteligencia artificial puede ser una herramienta, pero el teatro sigue siendo un espacio donde lo real y lo humano prevalecen. Me motiva defender ese lugar, donde el encuentro en vivo sigue teniendo una fuerza única.

—¿Qué le dirías a los fanáticos de Drácula que se acercan a ver esta nueva versión con tu música?
—Les diría que vengan abiertos a dejarse sorprender. Si buscan ver exactamente la misma obra, tienen Drácula. Esta es una nueva historia, con respeto al legado pero con una mirada propia. Yo también soy fanático de Drácula, y mi trabajo nace desde ese mismo amor por la obra original.
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Juli Poggio confesó su fanatismo por los hoteles alojamiento y explicó por qué le hierve la sangre cuando va a uno

Lejos de importarle el qué dirán o queé la puedan juzgar por su forma de ver y vivir su intimidad, sexualidad y forma de transitar la vida en pareja, tras reconocer que elige mantener una relación abierta, Juli Poggio confirmó ahora otra cosa que disfruta en ese ámbito tan privado.
En tanto estaban al aire en Resu en vivo, la propia Juli Poggio se metió en el tema que a lugares para tener sexo refiere y salió a bancar a los hoteles alojamiento. Es que en tanto algunos decían que no era de agrado por la higiene del lugar la ex hermanita salió al cruce con argumentos.
“Me tienen harta con que les da asco el telo. A ver, un hotel es lo mismo. No se hagan los fifí. ¿Qué se piensan? ¿Qué en las sábanas de un hotel no hacen sus cositas? ¿Se piensan que lavan diferente las sábanas?”, remarcó sin filtro la influencer y actriz.
Siguiendo con su descargo y dejando en claro que ella es del «team hotel alojamiento», Poggio continuó: “Me da asco el telo, dicen. Es lo mismo que el hotel. ¿Qué se hace?. Es re divertido ir a un telo, es un re plan para mí. Me encanta”.
JULI POGGIO ES ABIERTA SEXUAL Y MENTALMENTE
“Eso de que no ves a nadie, de que te pasen la comida como por una puertita. Primero que no ves a nadie. El que te atiende está como atrás de algo. Ves las manos nada más. Entonces, ahí a mi ya me da risa. Me divierte”, detalló Juli intentando compartir la experiencia con aquellos que nunca fueron.
Finalmente, Poggio remató: “Después, la habitación no es como la de un hotel. Está pensado para que en muchos lugares puedas hacer muchas cosas. En cuanto a la higiene del lugar, cuando llegás al telo te ponen en el inodoro una banda que dice desinfectado”.
Juli Poggio
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Silvina Garré vuelve a sus recuerdos y reflexiona sobre su carrera: “Buenos Aires me dio todo”

“Sentí la necesidad de volver a Rosario, vivir sola en mi ciudad, estar más cerca de mi hermana y su familia, visitar más a mis amigas. Lo sentí íntimamente. No lo había pensado. Nunca había querido volver a vivir a Rosario desde que me vine acá, en 1981”, confiesa Silvina Garré en charla con Teleshow.
Pasaron 45 años, miles de conciertos y unas cuantas canciones inolvidables para que decidiera regresar a Rosario, donde hoy conviven sus recuerdos, sus cuadernos artesanales y su familia, y desde donde sigue ligada a la música: se presenta en escenarios, comparte su herencia con nuevas generaciones y reafirma su lugar en la historia del rock argentino.
Con la Trova Rosarina como marca indeleble en el corazón de la música popular argentina, Garré hoy sigue girando con su nuevo trabajo Con Nombre de Mujer, donde reversiona clásicos y no tanto con títulos femeninos a los que le aporta su estilo inconfundible. Antes de su concierto del 31 de julio en el Café Berlín de Villa Devoto, aquella sentencia sobre las dos ciudades de su vida es la excusa ideal para repasar este camino que no se detiene.
—¿Cuándo te percibiste cantante?
—De chiquitita, muy chiquita. Más o menos entre los doce, trece años. Y, como autora, me he encontrado en situaciones de estar cantando algo y darme cuenta que no era una canción conocida. Ese es el primer recuerdo que tengo. Me acuerdo la sensación de confusión y felicidad al mismo tiempo de haber inventado una canción.
—¿En tu familia había ambiente musical?
—En casa mi mamá tocaba la guitarra. Ella tenía un cuadernito con los acordes marcados por colores. El do mayor era rojo y así…tenía un repertorio de boleros, cantaba en inglés y en francés. Aún tengo ese cuaderno conmigo.
—¿Grababas tus canciones de alguna manera?
—En casa había unos grabadores y cassettes. Grababa una voz en un grabador y en el otro grababa otra voz, las disparaba juntas y pasaba la canción con los dos. Era un juego, el juego que más me gustaba. Yo era super solitaria en mi infancia, y eran mis momentos para jugar.
—¿Sufrías la soledad o la disfrutabas?
—Era mi forma de ser. Una persona muy introvertida.
—¿Conservás recuerdos materiales de esa época?
—Sí tengo el registro de cassettes y esos cuadernos con canciones, poemas, textos. Eso es lo único que conservo, además de una guitarra que traje de Rosario, que no perdí en las mudanzas. Tengo todos esos cuadernos desde los 14 años hasta hoy.
—¿Te inspira el dolor para escribir canciones?
—No, desde el dolor no. Si yo siento mucho dolor, no toco la guitarra ni el piano ni escribo nada, es un estado de inacción muy grande. Necesito crear un clima.
—¿Cómo surgen tus temas?
—Rápidamente. No porque yo sea muy veloz para escribir canciones, sino porque es sobre algo que se ha venido elaborando inconscientemente. De repente aparece como resuelto, bastante listo, pero tiene que ser un momento de estar muy conectada con lo que siento.
—¿Te cuesta conectar ahora con ese clima?
—Ahora es difícil conectar. Ahora todo es para afuera, todo es hacia afuera. A veces veo que todo el mundo está hablando con todo el mundo. A mí me gusta estar con mis pensamientos. No le escapo a los pensamientos, pero veo que no se puede estar en silencio. Están hablando y hablando. Como que siempre hay que estar hacia fuera de uno mismo. Y para mí el acto de la creación siempre para adentro.
—¿De dónde tomás inspiración?
—Puede ser una película, una conversación, algo que escuchás al pasar. Eso después puede aparecer cuando componés. Pero en el momento de hacerlo hay que estar muy conectado.

—¿Por qué dejaste Buenos Aires?
—Me fui. En realidad no la dejé. Fui a recuperar espacios y momentos de mi ciudad que me perdí, porque me vine para acá hace más de 40 años.
—¿Venías pensando en volver a Rosario?
—No lo había pensado. La idea mía era irme a vivir a Mar del Plata, no a Buenos Aires. La pandemia me agarró en Mar del Plata, me salvó la cabeza. Estoy agradecida porque todos los días salía y caminaba y miraba el mar. Tenía mucho miedo, vivía con mucho terror. La idea era quedarme, y finalmente me volví. Un verano quise pasar las fiestas en Rosario, hacía mucho que no veía a mi familia. Me quedé unos días y sentí íntimamente que tenía que volver a vivir allí. Y eso no me había pasado desde que me vine a Buenos Aires en 1981.
—¿Te dio nostalgia volver a Rosario?
—Me dio mucha felicidad porque no era una extraña. Hay lugares que todavía están, otros se modificaron, pero hay lugares, barcitos, que todavía existen. Vivo cerca del río, de la Costanera. Es muy lindo Rosario y el ritmo de la gente es más lento, más tranquilo. Se puede caminar.
—¿Te hizo mal Buenos Aires en algún momento de esos cuarenta años?
—No, Buenos Aires me dio todo. Casi todo. No me arrepiento para nada de haber venido acá. Acá pude construir una carrera. Era mi sueño. En blanco y negro Buenos Aires, porque fue un sueño en blanco y negro. Siento que uno tiene que estar cómodo en los lugares donde está. Dejé de sentirme cómoda en Buenos Aires, sentí como que era otra ciudad, fue hace cinco o seis años. Lo que pasa es que seguí quedándome. Ya hace tres me mudé a vivir a Rosario.

—¿De ahí no te vas a mover?
—No. Eso sí va a ser mi base, donde ya están todas mis cosas, está mi familia. A lo mejor me voy a estudiar a algún lado, pasar un par de meses en algún lugar, pero siempre mi base será Rosario.
—¿Cómo fue tu experiencia como psicóloga?
—Estudié y después no era muy compatible. Atendía, trabajaba en una clínica y en casa. Después grabé un disco con una banda y empecé a grabar discos uno detrás de otro.
—¿Te gustaba atender pacientes?
—Empecé atendiendo a niños, muy chiquitos. Pero después, cuando pasé a adultos, pensé que iba a ser más complicado, pero no. La persona empezaba a hablar de que estaba ahí, automáticamente se hacía un switch.
—¿Hacías psicoanálisis?
—Hacía psicoanálisis. Diván no. Atendí un tiempo y mientras estaba atendiendo, me encontré con un músico en la calle y me dijo: “¿Tenés temas? ¿Qué estás haciendo? Andá a una banda, andá al estudio”. Fui al estudio, compusimos temas, ensayamos y grabamos. Y le dije chau a la psicóloga.
—¿Qué experiencia te dejó la facultad?
—Me gustó muchísimo, más aún que la de la práctica clínica. Porque siempre estuve entre músicos, desde chiquita. Entonces ahí había otra gente, hablaban de otras cosas.

—¿Antes de debutar profesionalmente, hiciste otro trabajo?
—Trabajaba con mi papá en su consultorio médico. Pero no funcionó demasiado, no era buena respecto a la gente. No te digo que no soy agradable, pero no soy una persona de mucha sociabilidad.
—¿Sos autodidacta o estudiaste en el conservatorio?
—Estudié en forma particular con distintos profesores. Primero, cuando era chiquita en Rosario, conservatorio, armonía. Después vino un profesor de piano, otro de guitarra, otro de flauta traversa. Todo en Rosario. Después ya no estudié más, y me lancé a tocar temas de una manera más natural.
—¿Si no hubieras sido cantante, qué te hubiera gustado ser?
—Hubiera estudiado para pintora. Me encanta la pintura. No sé pintar, pero me encanta ver cuadros, me encanta la gente que sabe dibujar bien.

—¿Cómo fue el proceso de selección de temas para tu disco más reciente?
—Siempre existe el desafío cuando uno hace canciones de otros, primero que tenés mucho material para elegir. Tener la posibilidad de elegir estos temazos, de tantas poesías y melodías divinas. El rock argentino tiene unos autores a los que hay que hacer lugar por la calidad. Es un gran placer poder cantar estas canciones y que la gente también se sienta ligada al tema.
—¿Cómo ves al público actualmente?
—Hay gente que no es de mi generación. Yo lo llamo herencia musical. Lo veo en mis sobrinas, que son chicas jóvenes y escuchan música que escuchaba yo cuando era joven. Descubren cosas actuales, pero también la obra del rock nacional, la música de los setenta, los ochenta. Mi público es como el hijo de…porque sus padres escuchaban esa música. Ellos la escucharon desde chicos, entonces hay público de diferentes edades.

—¿Qué representa para vos la Trova Rosarina hoy?
—La Trova es un clásico de la música argentina. Estuvimos hace un mes y medio, hicimos trece conciertos, lleno total.
—¿Van a volver a tocar juntos?
—No, por ahora ya no, porque estuvimos un mes y medio haciendo. Considerá que somos seis, cada uno tiene otras cosas que hacer. Bastante que conseguimos un mes y pico de conciertos.
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