DEPORTE
Fue campeón con Boca, estuvo a un paso de ser citado por Bielsa y hoy maneja una empresa de demoliciones: “Tenía que seguir el legado”

Un domingo de su infancia lo resume todo: a la mañana jugó un partido con Boca Juniors en las infantiles, a la tarde representó a su club de barrio en básquet y antes de que cayera la noche todavía le quedaba un torneo de pádel. Cuando llegó agotado a su casa, le dijo a su padre que quería dedicarse a un solo deporte. Tenía 11 años y eligió el fútbol. Hoy, ese ex defensor que debutó en la Bombonera de la mano de Carlos Bianchi, compartió vestuario con Juan Román Riquelme y Martín Palermo, y estuvo a un paso de vestir la camiseta de la selección chilena por pedido de Marcelo Bielsa, tira paredes —literalmente— con una empresa de demoliciones y entrena a chicos de 4 a 12 años en el mismo club de Ituzaingó donde él aprendió a patear una pelota.
Al momento de atender la llamada de Infobae, Facundo Imboden se aleja unos minutos de su trabajo como dueño del negocio creado por su padre hace más de tres décadas. Se sube a su camioneta para aislarse del ruido de la obra que llevan a cabo en el barrio porteño de Palermo y se adentra durante más de 30 minutos en un largo recorrido por su vida. El hombre de 46 años es el del medio, ya que tiene una hermana mayor que vive en Córdoba y su otra hermana más chica se desenvuelve como diseñadora gráfica y vive en Nueva Zelanda junto a su marido.
Fue parte de una época dorada en la historia de Boca Juniors y una gran cantidad de los 11 compromisos que disputó con el Xeneize tuvieron lugar a nivel doméstico durante el primer semestre de 2001, cuando los titulares eran preservados para afrontar la Copa Libertadores ganada ante Cruz Azul bajo el mando de Bianchi.
La carrera de Imboden lo llevó a vestir los colores de Belgrano, Millonarios de Colombia, Olimpo, Gimnasia, Ferro y Deportivo Cuenca de Ecuador, pero su etapa más larga como profesional sucedió en Chile con los colores de la Universidad Católica. Allí, en el primero de sus más de cuatro años en ese país, participó de un evento histórico porque fue parte del amistoso programado para el 2 de marzo de 2006 con la presencia de Diego Maradona, quien jugó con la camiseta de los Cruzados en San Carlos de Apoquindo contra la selección de Chile con un calzado prestado por Imboden: “En el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca, que yo justo era auspiciado también por la misma y él no tenía botines”. Luego del encuentro, uno de los compañeros del defensor en La Franja, Jorge Polo Quinteros, le sacó una fotografía junto al Pelusa.

Ese central aguerrido, que siempre buscaba salir con la pelota limpia del fondo y era fuerte en el juego aéreo, se retiró en 2012 después de que su padre sufrió un infarto y él se vio obligado a aprender desde cero cómo se manejaba la empresa de demoliciones: “Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja”.
– Vos practicaste fútbol, básquet y pádel desde chico también. ¿Por qué elegiste el fútbol y cómo se da tu llegada a Boca?
– Sí, yo desde chico me crié dentro del club deportivo Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), donde hoy tengo mi escuelita de fútbol. Me crié jugando, haciendo los deportes que se podían hacer. Hasta que un domingo, ya estaba jugando en las infantiles de Boca, y me tocó jugar a la mañana temprano con Boca contra Huracán de San Justo. A la tarde me tocó jugar al básquet representando al GEI y después tenía que jugar un torneo de pádel con un amigo, y cuando terminé toda esa jornada de domingo llegué a casa y le dije a mi papá que estaba cansado, que me quería dedicar a un solo deporte. Yo tenía en ese momento 11 años y me dediqué al fútbol. Por suerte, decidí bien y pude hacer una carrera de doce años jugando profesionalmente. Llegué a Boca de la mano de un profesor que nosotros teníamos en el club GEI. Y empecé mi carrera futbolística a los nueve años en Boca.
– ¿Terminás decantándote por el fútbol también un poco porque tu viejo había sido futbolista?
– Mirá, la verdad que no sé. Capaz que inconscientemente sí, pero es el deporte que a mí más me gusta. Mi viejo fue jugador de fútbol, no pudo llegar a jugar en la Primera División, porque a sus 18 años él estaba para debutar en la Primera de Deportivo Morón y el padre le dijo que no lo acompañaba más y tuvo que ponerse a trabajar. Yo tuve la suerte de que ellos dos sí me pudieron acompañar en toda mi carrera infantil.
– Y más allá de ser zaguero central, ¿en tus inicios tenías otra posición?
– Sí, cuando llegué a Boca fui extremo izquierdo. Fui goleador de las Infantiles de Boca durante muchos años. Me acuerdo de haberle sacado el puesto a Adrián Guillermo, que después el Escobillón fue uno de los jugadores que pudo debutar en la Primera de Boca. Y una vez jugando ya Divisiones Inferiores, yo no jugaba y (Ramón) Mané Ponce, que era el técnico mío en esa categoría, me dijo que faltaba el número 3, me dijo si quería jugar en el lateral izquierdo. Obviamente le dije que sí porque quería jugar. Y quedé en ese puesto, empecé jugando de tres, pude debutar en la Primera de Boca de la mano de Carlos Bianchi jugando de tres y después jugué de central también. Así que pasé de delantero a defensor. Costó porque no sabía qué era marcar, pero cuando uno es joven va aprendiendo todo. Me gustaba jugar al fútbol y prestaba mucha atención.
– Recién mencionaste a Bianchi, ¿qué recordás de tu debut en Boca?
– Fue uno de los días más lindos e importantes de mi carrera. Cuando Carlos arma el equipo en la práctica del jueves, me pone a mí de titular y después me dice que iba a debutar, fue una alegría enorme. Las palabras de tranquilidad que me dio Carlos, como también me las dieron el Patrón Bermúdez u Óscar Córdoba en su momento, que fueron los compañeros que tuve, fue especial y espectacular porque me tocaba debutar con 20 años en la Bombonera. Me dieron tranquilidad, que jugara como lo hacía en Reserva y como lo venía haciendo en Inferiores.

– ¿Qué aptitudes tiene Bianchi como entrenador?
– La mejor es tener a todo el plantel de la misma manera. Obviamente que él tenía un plantel titular, que en su momento ha ganado todo en Boca, pero a los suplentes también los veía de la misma manera que a los titulares. Yo cuento siempre algo de que a veces nosotros, que estábamos jugando en Reserva, el partido de Reserva no se jugaba por cualquier motivo y al domingo a la mañana entrenábamos y Boca tenía que jugar a las cuatro de la tarde, Carlos nos veía en el entrenamiento de la Reserva junto al profe (Julio) Santella. Y eso creo que no lo hacen todos los técnicos o no lo hacían todos. Eso para nosotros, saber de que Carlos estaba mirando el entrenamiento junto a su cuerpo técnico, era muy importante. Nosotros teníamos que entrenarnos al máximo porque sabíamos que el técnico de Primera te estaba mirando.
– De hecho, cuando sumás más minutos en Boca, es justamente el semestre donde el club se queda con la Copa Libertadores 2001. ¿Qué recuerdos tenés de ese semestre en particular?
– Sí, los juveniles que debutamos en ese momento, en el 2000/01, éramos la rueda de auxilio de los titulares que venían jugando la Copa Libertadores y a nosotros nos tocaba jugar el torneo local. Y por suerte hacíamos los dos torneos de la misma manera, se jugaba de la misma manera. Obviamente que lo importante era ganar la Libertadores, que se pudo lograr, pero era muy importante que nosotros siendo los juveniles le podíamos darle tranquilidad al técnico y al equipo de que estábamos defendiendo los colores de la mejor manera.
– Más allá de Bianchi, también fuiste parte de una época dorada del club con Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Córdoba y Bermúdez, entre otros. ¿Cómo era el liderazgo de todos esos referentes?
– Era buenísimo, porque nos hacían sentir parte del equipo titular. En ese equipo, estaban Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Samuel, Arruabarrena, el Pepe Basualdo, Chicho Serna, Cagna, Román, Martín, Guillermo… Son grandísimos jugadores que quedaron en la historia, no solo de Boca, sino de muchos clubes. Tener esos referentes adelante me dio la oportunidad de crecer, no solo futbolísticamente, sino también como persona y, cuando asumís el liderazgo en otros planteles, es bueno tomar esas cosas que uno había aprendido de chico, de esos grandes jugadores, para poder transmitirlo.
– ¿Qué consejo te marcó para el resto de tu carrera?
– Al ser de la zona de Castelar, el Vasco Arruabarrena era de la zona, el Chicho Serna también vivía en Castelar y yo iba mucho a entrenar con ellos. Me decían que todo lo que guardara y ganara con el fútbol lo pudiera guardar, invertir bien y sobre todo ayudar a mi familia. Esa es una de las cosas que yo siempre le dije a los chicos que iban debutando después en otros clubes, que la plata va y viene y hay que saber cuidarla. Y una que nos decía Carlos Bianchi: “El tren pasa una vez sola y hay que aprovecharlo. Si no te subís, pasa, y no tenés otra oportunidad”.
– ¿Seguís hablando con alguno de tus ex compañeros?
– Sí, hablo bastante seguido con el Pepe Basualdo, y después hablo mucho con ex jugadores de Boca, pero más grandes, como (Carlos) el Mono Navarro Montoya, (Néstor) La Tota Fabbri, Tito Pompei. Hemos hecho un grupo muy lindo jugando en el fútbol senior. Siempre les cuento que yo les alcanzaba pelotas cuando ellos jugaban. Más allá de que sea un torneo senior, poder jugar con ellos fue muy lindo, porque son también jugadores de la historia de Boca.
-Sí, de hecho fuiste campeón en el senior…
– Sí, salimos campeones, pudimos dar la vuelta olímpica en la Bombonera. Jugaba con el Mono Navarro Montoya, (Raúl) Cascini, (Hugo) Ibarra, el Cata Díaz, Matías Donnet…
– ¿Cuándo empezaste y cuándo dejaste de jugar en el senior de Boca?
– Empecé en el 2014 o 2015, y habré dejado en el 2022, más o menos.

– En el plano profesional, jugaste en muchos clubes, pero tuviste tu etapa más larga en la Universidad Católica y eso también te acercó a la selección chilena. ¿En algún momento recibiste un llamado de Marcelo Bielsa sobre si te tenía en cuenta o si te tenía en consideración?
– Sí, en un partido, ya hacía un par de años que estaba en la Católica y, en un partido en Rancagua contra O’Higgins, sabíamos que estaba Bielsa con (Eduardo) Toto Berizzo, que era su ayudante de campo. Y el Toto Berizzo era muy cercano al Tati Buljubasich, que era el arquero y hoy director deportivo del club. Sabíamos que estaba en el estadio y una vez terminado el partido, a través del Toto Berizzo, me hizo llegar que Marcelo había preguntado por mí, que si yo estaba dispuesto a jugar para la selección chilena. Y obviamente que le dije que sí. A mí me faltaba todavía un tiempo para poder nacionalizarme chileno. Y al final después pasó esa oportunidad, pero estoy súper agradecido y contento de que me hayan mirado y pensado para poder defender los colores de Chile.
– ¿Era un plus también ser entrenado por Bielsa, más allá de ser convocado a la selección?
– Y la verdad que sí, hubiera sido lindo, porque creo que es un técnico que trabaja mucho, que le quiere sacar el máximo provecho a todos sus jugadores. Hubiera sido lindo, pero no me quejo de la carrera que tuve y los entrenadores que tuve.
– Y justamente hay un hilo conductor entre la Católica, vos y Diego Maradona, porque te despediste de Diego el 25 de noviembre de 2020 con una publicación en la que subís una imagen junto a él y ambos tienen la camiseta del club. ¿Cuál es el contexto de esa foto?
– Yo había sido alcanza pelotas en el 95, cuando él vuelve a Boca con el pelo pintado de amarillo y solo lo había saludado. Después, en el año 2006, él va a Chile y de ahí sale esa foto. En ese momento se estaba creando el sindicato de futbolistas de Chile. Organizaron un partido amistoso entre la Católica y la selección chilena, y el invitado de lujo era Diego, que jugó para nosotros con la Católica. Cuando entra al vestuario, me ve a mí, me saluda, se sienta al lado mío y empezamos a charlar.
– ¿Te reconoció?
– Él me reconoció. Es más, yo siempre cuento que me sorprendió porque él sabía todo de mi vida sobre los equipos y los años en que había estado jugando. Jugamos un partido y después fuimos a cenar juntos. Tengo los mejores recuerdos con el Diego dentro de una cancha y poder haber compartido ese momento con él y después ir a verlo, poder escucharlo y hablar de fútbol con él era magnífico.
– ¿De qué hablaron ese día?
– Primero, en el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca Puma, que yo justo era auspiciado también por la misma marca y él no tenía botines. Obviamente con los contactos que yo tenía ahí le traje unos botines. Estaba súper agradecido. Y después en la cena, él contando historias de la selección argentina y de los clubes cuando jugaba.
– ¿Quién te saca la foto con Diego?
– Me la sacó (Jorge) Polo Quinteros, que estaba también ahí en el plantel. Y tengo guardada la camiseta que usé yo de la Católica firmada también por Diego. Son los lindos recuerdos que a uno le quedan en el fútbol.

– Y tenés un tatuaje vinculado a él…
– Sí, tengo la pelota del Mundial 1986 en el gemelo izquierdo.
¿Te lo cruzaste de vuelta en algún momento?
– Después de esa foto me lo crucé varias veces con él jugando al Showbol, que lo he ido a ver en Viña del Mar y en Argentina. Llegué a estar con él, saludarlo y ver el partido.
– Luego de esa etapa en la Universidad Católica, volvés al país para jugar en Ferro y Gimnasia y te retiras en 2012 después de un paso por Deportivo Cuenca de Ecuador. ¿Por qué tomás esa decisión?
– Tenía todavía contrato y, cuando vuelvo de vacaciones a Argentina, a mi papá le da un infarto. Él se recuperó pero decidí quedarme acá a raíz de ese problema de salud. Rescindí en Ecuador y acá no tuve ninguna oferta que me gustara. Pasó el tiempo, no extrañé seguir jugando y decidí terminar de jugar aunque no fue la manera como me hubiera gustado. Me hubiera gustado terminar jugando un partido oficial y decir: “Bueno, hoy es mi último partido”. Pero por algo se dan las cosas así. Capaz que si yo no estaba en Argentina, hoy capaz que no podría seguir disfrutando de mi viejo.
– Los ex futbolistas muchas veces cuentan que no saben cómo ocupar el tiempo vacío después del retiro y a vos te sucedió lo inverso. ¿A qué le atribuís esa diferencia?
– Empecé a disfrutar de los fines de semana con mis hijos, con mis amigos. A raíz del problema de salud de mi viejo, me hice cargo de su empresa de demoliciones. No estuve mirando el techo en mi casa, como se dice. Dejé de jugar y empecé con otra preocupación, que era el trabajo. Así que por suerte no me costó. Sé que hay muchos jugadores que les cuesta, que lo extrañan mucho más, pero a mí me hizo bien poder estar con la familia, con los amigos y tener la cabeza ocupada en el trabajo.
– ¿En qué rol comenzaste en la empresa y qué lugares ocupaste hasta hoy en día?
– Bueno, empecé desde abajo aprendiendo cómo es demoler y hoy manejo la empresa. La creó mi viejo. Hoy ya está a nombre mío, él ya está jubilado, pero seguimos trabajando juntos. Soy el dueño y controlo las obras, estoy con los empleados por si necesitan algo. Trato con arquitectos y grupos de inversionistas, que son los que construyen. Era algo nuevo estar dentro de una obra y lo disfruto. Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja.

– ¿A qué se dedica la empresa?
– Demoliciones en general. Demolemos y dejamos el terreno limpio para que después puedan construir, ya sea edificios, nuevas casas o lo que decidan hacer los inversionistas o arquitectos que nos contratan.
– Dejaste de jugar al fútbol y empezaste a hacer algo totalmente distinto. ¿Era algo que proyectabas para después del retiro?
– La verdad no lo pensaba. Sabía que tenía que seguir con este legado que era la empresa que tenía mi viejo. Pero se dio de un día para el otro. Cuando me dicen que mi viejo está bien, que se va a reponer, tuve que agarrar su agenda y empezar a conocer y a aprender todo lo que era el rubro de la demolición. Atrás, siendo la sombra de un capataz y siendo después la sombra de mi viejo, aprendiendo. Hoy puedo decir que la puedo manejar yo tranquilamente.
– ¿Sabías algo o todo de cero?
– Lo aprendí todo de cero. Por eso creo que todos los días podemos aprender algo nuevo.
– ¿Y cuán complicado es para un futbolista la faceta de los negocios? ¿Cuánta importancia le das a la educación financiera?
– Mucho, pero tengo unos padres que me enseñaron. Tuve la posibilidad de ir a un colegio y terminé el secundario. No hice una carrera terciaria, pero hoy puedo sentarme a conversar con cualquier persona hablando de negocios. Esto me da de comer. Tengo la suerte de tener un trabajo para poder darle de comer a mis hijos y poder disfrutar.
– ¿Y cómo fusionás este trabajo con el otro que tenés como coordinador en la escuela de fútbol del club GEI?
– Creo que a mis 46 años se puede hacer todo todavía. Yo me levanto cuando suena el despertador a las cinco y media de la mañana. Espero que mis empleados lleguen a casa, salgo a trabajar a una hora, estoy en la obra y después del mediodía vuelvo para mi casa, me baño, me pongo la ropa deportiva y me voy al club hasta las nueve de la noche para estar con chicos de 4 a 12 años y disfrutar de ellos, transmitirles el aprendizaje que tuve yo en toda mi carrera y que ellos después decidan si quieren ser jugadores del futuro.

– ¿De qué te ocupas?
– Tengo cinco profes a mi cargo y planificamos diferentes cosas como los entrenamientos para los chicos. Es todo muy tranquilo porque es un club de barrio. Yo no busco sacar jugadores, sino lo que quiero es que los chicos se diviertan, aprendan a jugar al fútbol y que en un futuro se acuerden de que tuvieron un profe que algo les enseñó y les dejó para su vida.
– ¿Seguís jugando torneos de pádel?
– Sí, hoy defiendo al club GEI jugando interclubes. Lo hago un poco también para hacer un poco de deporte y disfrutar del pádel.
– ¿Qué te dio y qué te quitó el fútbol?
– Lo que te quita es no poder disfrutar de los fines de semanas en familia, no poder estar en cumpleaños, egresados. Hoy, fuera del fútbol, que uno tiene libre todos los días, se recupera eso de llevar o acompañar a tu hijo al colegio, poder ir a verlo a un torneo de vóley o de fútbol. Poder disfrutar un fin de semana en otro lugar. Se disfrutan muchas cosas que te saca el fútbol cuando uno tiene que estar concentrado los fines de semana.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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