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Fue campeón con Boca, estuvo a un paso de ser citado por Bielsa y hoy maneja una empresa de demoliciones: “Tenía que seguir el legado”

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Facundo Imboden muestra el trofeo ganado con el senior de Boca Juniors

Un domingo de su infancia lo resume todo: a la mañana jugó un partido con Boca Juniors en las infantiles, a la tarde representó a su club de barrio en básquet y antes de que cayera la noche todavía le quedaba un torneo de pádel. Cuando llegó agotado a su casa, le dijo a su padre que quería dedicarse a un solo deporte. Tenía 11 años y eligió el fútbol. Hoy, ese ex defensor que debutó en la Bombonera de la mano de Carlos Bianchi, compartió vestuario con Juan Román Riquelme y Martín Palermo, y estuvo a un paso de vestir la camiseta de la selección chilena por pedido de Marcelo Bielsa, tira paredes —literalmente— con una empresa de demoliciones y entrena a chicos de 4 a 12 años en el mismo club de Ituzaingó donde él aprendió a patear una pelota.

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Al momento de atender la llamada de Infobae, Facundo Imboden se aleja unos minutos de su trabajo como dueño del negocio creado por su padre hace más de tres décadas. Se sube a su camioneta para aislarse del ruido de la obra que llevan a cabo en el barrio porteño de Palermo y se adentra durante más de 30 minutos en un largo recorrido por su vida. El hombre de 46 años es el del medio, ya que tiene una hermana mayor que vive en Córdoba y su otra hermana más chica se desenvuelve como diseñadora gráfica y vive en Nueva Zelanda junto a su marido.

Fue parte de una época dorada en la historia de Boca Juniors y una gran cantidad de los 11 compromisos que disputó con el Xeneize tuvieron lugar a nivel doméstico durante el primer semestre de 2001, cuando los titulares eran preservados para afrontar la Copa Libertadores ganada ante Cruz Azul bajo el mando de Bianchi.

La carrera de Imboden lo llevó a vestir los colores de Belgrano, Millonarios de Colombia, Olimpo, Gimnasia, Ferro y Deportivo Cuenca de Ecuador, pero su etapa más larga como profesional sucedió en Chile con los colores de la Universidad Católica. Allí, en el primero de sus más de cuatro años en ese país, participó de un evento histórico porque fue parte del amistoso programado para el 2 de marzo de 2006 con la presencia de Diego Maradona, quien jugó con la camiseta de los Cruzados en San Carlos de Apoquindo contra la selección de Chile con un calzado prestado por Imboden: “En el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca, que yo justo era auspiciado también por la misma y él no tenía botines”. Luego del encuentro, uno de los compañeros del defensor en La Franja, Jorge Polo Quinteros, le sacó una fotografía junto al Pelusa.

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Dos hombres sonrientes con camisetas de fútbol blancas y azules con el logo CRISTAL. Uno abraza al otro por el hombro
La imagen de Facundo Imboden junto a Diego Maradona con motivo de un partido amistoso entre Universidad Católica y la selección de Chile

Ese central aguerrido, que siempre buscaba salir con la pelota limpia del fondo y era fuerte en el juego aéreo, se retiró en 2012 después de que su padre sufrió un infarto y él se vio obligado a aprender desde cero cómo se manejaba la empresa de demoliciones: “Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja”.

– Vos practicaste fútbol, básquet y pádel desde chico también. ¿Por qué elegiste el fútbol y cómo se da tu llegada a Boca?

– Sí, yo desde chico me crié dentro del club deportivo Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), donde hoy tengo mi escuelita de fútbol. Me crié jugando, haciendo los deportes que se podían hacer. Hasta que un domingo, ya estaba jugando en las infantiles de Boca, y me tocó jugar a la mañana temprano con Boca contra Huracán de San Justo. A la tarde me tocó jugar al básquet representando al GEI y después tenía que jugar un torneo de pádel con un amigo, y cuando terminé toda esa jornada de domingo llegué a casa y le dije a mi papá que estaba cansado, que me quería dedicar a un solo deporte. Yo tenía en ese momento 11 años y me dediqué al fútbol. Por suerte, decidí bien y pude hacer una carrera de doce años jugando profesionalmente. Llegué a Boca de la mano de un profesor que nosotros teníamos en el club GEI. Y empecé mi carrera futbolística a los nueve años en Boca.

– ¿Terminás decantándote por el fútbol también un poco porque tu viejo había sido futbolista?

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– Mirá, la verdad que no sé. Capaz que inconscientemente sí, pero es el deporte que a mí más me gusta. Mi viejo fue jugador de fútbol, no pudo llegar a jugar en la Primera División, porque a sus 18 años él estaba para debutar en la Primera de Deportivo Morón y el padre le dijo que no lo acompañaba más y tuvo que ponerse a trabajar. Yo tuve la suerte de que ellos dos sí me pudieron acompañar en toda mi carrera infantil.

– Y más allá de ser zaguero central, ¿en tus inicios tenías otra posición?

– Sí, cuando llegué a Boca fui extremo izquierdo. Fui goleador de las Infantiles de Boca durante muchos años. Me acuerdo de haberle sacado el puesto a Adrián Guillermo, que después el Escobillón fue uno de los jugadores que pudo debutar en la Primera de Boca. Y una vez jugando ya Divisiones Inferiores, yo no jugaba y (Ramón) Mané Ponce, que era el técnico mío en esa categoría, me dijo que faltaba el número 3, me dijo si quería jugar en el lateral izquierdo. Obviamente le dije que sí porque quería jugar. Y quedé en ese puesto, empecé jugando de tres, pude debutar en la Primera de Boca de la mano de Carlos Bianchi jugando de tres y después jugué de central también. Así que pasé de delantero a defensor. Costó porque no sabía qué era marcar, pero cuando uno es joven va aprendiendo todo. Me gustaba jugar al fútbol y prestaba mucha atención.

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– Recién mencionaste a Bianchi, ¿qué recordás de tu debut en Boca?

– Fue uno de los días más lindos e importantes de mi carrera. Cuando Carlos arma el equipo en la práctica del jueves, me pone a mí de titular y después me dice que iba a debutar, fue una alegría enorme. Las palabras de tranquilidad que me dio Carlos, como también me las dieron el Patrón Bermúdez u Óscar Córdoba en su momento, que fueron los compañeros que tuve, fue especial y espectacular porque me tocaba debutar con 20 años en la Bombonera. Me dieron tranquilidad, que jugara como lo hacía en Reserva y como lo venía haciendo en Inferiores.

Un hombre de pie con uniforme de fútbol azul y amarillo con el número 3, la marca Quilmes y el logo de Nike, en un campo de césped con gradas llenas
Facundo Imboden compartió vestuario con grandes ídolos de Boca Juniors, como Riquelme y Palermo

– ¿Qué aptitudes tiene Bianchi como entrenador?

– La mejor es tener a todo el plantel de la misma manera. Obviamente que él tenía un plantel titular, que en su momento ha ganado todo en Boca, pero a los suplentes también los veía de la misma manera que a los titulares. Yo cuento siempre algo de que a veces nosotros, que estábamos jugando en Reserva, el partido de Reserva no se jugaba por cualquier motivo y al domingo a la mañana entrenábamos y Boca tenía que jugar a las cuatro de la tarde, Carlos nos veía en el entrenamiento de la Reserva junto al profe (Julio) Santella. Y eso creo que no lo hacen todos los técnicos o no lo hacían todos. Eso para nosotros, saber de que Carlos estaba mirando el entrenamiento junto a su cuerpo técnico, era muy importante. Nosotros teníamos que entrenarnos al máximo porque sabíamos que el técnico de Primera te estaba mirando.

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– De hecho, cuando sumás más minutos en Boca, es justamente el semestre donde el club se queda con la Copa Libertadores 2001. ¿Qué recuerdos tenés de ese semestre en particular?

– Sí, los juveniles que debutamos en ese momento, en el 2000/01, éramos la rueda de auxilio de los titulares que venían jugando la Copa Libertadores y a nosotros nos tocaba jugar el torneo local. Y por suerte hacíamos los dos torneos de la misma manera, se jugaba de la misma manera. Obviamente que lo importante era ganar la Libertadores, que se pudo lograr, pero era muy importante que nosotros siendo los juveniles le podíamos darle tranquilidad al técnico y al equipo de que estábamos defendiendo los colores de la mejor manera.

– Más allá de Bianchi, también fuiste parte de una época dorada del club con Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Córdoba y Bermúdez, entre otros. ¿Cómo era el liderazgo de todos esos referentes?

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– Era buenísimo, porque nos hacían sentir parte del equipo titular. En ese equipo, estaban Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Samuel, Arruabarrena, el Pepe Basualdo, Chicho Serna, Cagna, Román, Martín, Guillermo… Son grandísimos jugadores que quedaron en la historia, no solo de Boca, sino de muchos clubes. Tener esos referentes adelante me dio la oportunidad de crecer, no solo futbolísticamente, sino también como persona y, cuando asumís el liderazgo en otros planteles, es bueno tomar esas cosas que uno había aprendido de chico, de esos grandes jugadores, para poder transmitirlo.

– ¿Qué consejo te marcó para el resto de tu carrera?

– Al ser de la zona de Castelar, el Vasco Arruabarrena era de la zona, el Chicho Serna también vivía en Castelar y yo iba mucho a entrenar con ellos. Me decían que todo lo que guardara y ganara con el fútbol lo pudiera guardar, invertir bien y sobre todo ayudar a mi familia. Esa es una de las cosas que yo siempre le dije a los chicos que iban debutando después en otros clubes, que la plata va y viene y hay que saber cuidarla. Y una que nos decía Carlos Bianchi: “El tren pasa una vez sola y hay que aprovecharlo. Si no te subís, pasa, y no tenés otra oportunidad”.

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– ¿Seguís hablando con alguno de tus ex compañeros?

– Sí, hablo bastante seguido con el Pepe Basualdo, y después hablo mucho con ex jugadores de Boca, pero más grandes, como (Carlos) el Mono Navarro Montoya, (Néstor) La Tota Fabbri, Tito Pompei. Hemos hecho un grupo muy lindo jugando en el fútbol senior. Siempre les cuento que yo les alcanzaba pelotas cuando ellos jugaban. Más allá de que sea un torneo senior, poder jugar con ellos fue muy lindo, porque son también jugadores de la historia de Boca.

-Sí, de hecho fuiste campeón en el senior…

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– Sí, salimos campeones, pudimos dar la vuelta olímpica en la Bombonera. Jugaba con el Mono Navarro Montoya, (Raúl) Cascini, (Hugo) Ibarra, el Cata Díaz, Matías Donnet…

– ¿Cuándo empezaste y cuándo dejaste de jugar en el senior de Boca?

– Empecé en el 2014 o 2015, y habré dejado en el 2022, más o menos.

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Medalla plateada con cinta celeste y blanca que dice CAMPEÓN, con un jugador de fútbol y detalles del escudo de Argentina. Fondo gris texturizado
La medalla de campeón de Facundo Imboden

– En el plano profesional, jugaste en muchos clubes, pero tuviste tu etapa más larga en la Universidad Católica y eso también te acercó a la selección chilena. ¿En algún momento recibiste un llamado de Marcelo Bielsa sobre si te tenía en cuenta o si te tenía en consideración?

– Sí, en un partido, ya hacía un par de años que estaba en la Católica y, en un partido en Rancagua contra O’Higgins, sabíamos que estaba Bielsa con (Eduardo) Toto Berizzo, que era su ayudante de campo. Y el Toto Berizzo era muy cercano al Tati Buljubasich, que era el arquero y hoy director deportivo del club. Sabíamos que estaba en el estadio y una vez terminado el partido, a través del Toto Berizzo, me hizo llegar que Marcelo había preguntado por mí, que si yo estaba dispuesto a jugar para la selección chilena. Y obviamente que le dije que sí. A mí me faltaba todavía un tiempo para poder nacionalizarme chileno. Y al final después pasó esa oportunidad, pero estoy súper agradecido y contento de que me hayan mirado y pensado para poder defender los colores de Chile.

– ¿Era un plus también ser entrenado por Bielsa, más allá de ser convocado a la selección?

– Y la verdad que sí, hubiera sido lindo, porque creo que es un técnico que trabaja mucho, que le quiere sacar el máximo provecho a todos sus jugadores. Hubiera sido lindo, pero no me quejo de la carrera que tuve y los entrenadores que tuve.

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– Y justamente hay un hilo conductor entre la Católica, vos y Diego Maradona, porque te despediste de Diego el 25 de noviembre de 2020 con una publicación en la que subís una imagen junto a él y ambos tienen la camiseta del club. ¿Cuál es el contexto de esa foto?

– Yo había sido alcanza pelotas en el 95, cuando él vuelve a Boca con el pelo pintado de amarillo y solo lo había saludado. Después, en el año 2006, él va a Chile y de ahí sale esa foto. En ese momento se estaba creando el sindicato de futbolistas de Chile. Organizaron un partido amistoso entre la Católica y la selección chilena, y el invitado de lujo era Diego, que jugó para nosotros con la Católica. Cuando entra al vestuario, me ve a mí, me saluda, se sienta al lado mío y empezamos a charlar.

– ¿Te reconoció?

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– Él me reconoció. Es más, yo siempre cuento que me sorprendió porque él sabía todo de mi vida sobre los equipos y los años en que había estado jugando. Jugamos un partido y después fuimos a cenar juntos. Tengo los mejores recuerdos con el Diego dentro de una cancha y poder haber compartido ese momento con él y después ir a verlo, poder escucharlo y hablar de fútbol con él era magnífico.

– ¿De qué hablaron ese día?

– Primero, en el vestuario le tuve que conseguir unos botines de su marca Puma, que yo justo era auspiciado también por la misma marca y él no tenía botines. Obviamente con los contactos que yo tenía ahí le traje unos botines. Estaba súper agradecido. Y después en la cena, él contando historias de la selección argentina y de los clubes cuando jugaba.

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– ¿Quién te saca la foto con Diego?

– Me la sacó (Jorge) Polo Quinteros, que estaba también ahí en el plantel. Y tengo guardada la camiseta que usé yo de la Católica firmada también por Diego. Son los lindos recuerdos que a uno le quedan en el fútbol.

Pierna humana con un tatuaje de un balón de fútbol blanco y negro. El balón presenta patrones geométricos y el texto 'azteca' y 'México'
Se tatuó el balón oficial Adidas Azteca del Mundial de México 1986

– Y tenés un tatuaje vinculado a él…

– Sí, tengo la pelota del Mundial 1986 en el gemelo izquierdo.

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¿Te lo cruzaste de vuelta en algún momento?

– Después de esa foto me lo crucé varias veces con él jugando al Showbol, que lo he ido a ver en Viña del Mar y en Argentina. Llegué a estar con él, saludarlo y ver el partido.

– Luego de esa etapa en la Universidad Católica, volvés al país para jugar en Ferro y Gimnasia y te retiras en 2012 después de un paso por Deportivo Cuenca de Ecuador. ¿Por qué tomás esa decisión?

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– Tenía todavía contrato y, cuando vuelvo de vacaciones a Argentina, a mi papá le da un infarto. Él se recuperó pero decidí quedarme acá a raíz de ese problema de salud. Rescindí en Ecuador y acá no tuve ninguna oferta que me gustara. Pasó el tiempo, no extrañé seguir jugando y decidí terminar de jugar aunque no fue la manera como me hubiera gustado. Me hubiera gustado terminar jugando un partido oficial y decir: “Bueno, hoy es mi último partido”. Pero por algo se dan las cosas así. Capaz que si yo no estaba en Argentina, hoy capaz que no podría seguir disfrutando de mi viejo.

– Los ex futbolistas muchas veces cuentan que no saben cómo ocupar el tiempo vacío después del retiro y a vos te sucedió lo inverso. ¿A qué le atribuís esa diferencia?

– Empecé a disfrutar de los fines de semana con mis hijos, con mis amigos. A raíz del problema de salud de mi viejo, me hice cargo de su empresa de demoliciones. No estuve mirando el techo en mi casa, como se dice. Dejé de jugar y empecé con otra preocupación, que era el trabajo. Así que por suerte no me costó. Sé que hay muchos jugadores que les cuesta, que lo extrañan mucho más, pero a mí me hizo bien poder estar con la familia, con los amigos y tener la cabeza ocupada en el trabajo.

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– ¿En qué rol comenzaste en la empresa y qué lugares ocupaste hasta hoy en día?

– Bueno, empecé desde abajo aprendiendo cómo es demoler y hoy manejo la empresa. La creó mi viejo. Hoy ya está a nombre mío, él ya está jubilado, pero seguimos trabajando juntos. Soy el dueño y controlo las obras, estoy con los empleados por si necesitan algo. Trato con arquitectos y grupos de inversionistas, que son los que construyen. Era algo nuevo estar dentro de una obra y lo disfruto. Mis amigos me cargan porque dicen que, cuando yo jugaba al fútbol, tiraba jugadores porque les pegaba patadas y ahora tiro casas abajo para que hagan edificios. Sigo un poco en el rubro, ja.

Un hombre con traje oscuro y camisa blanca sonríe con las manos en los bolsillos, frente a una pared gris con un reloj de madera grande
Facundo Imboden posa de pie en un espacio interior, vestido con un traje oscuro y camisa blanca, mientras sonríe a la cámara.

– ¿A qué se dedica la empresa?

– Demoliciones en general. Demolemos y dejamos el terreno limpio para que después puedan construir, ya sea edificios, nuevas casas o lo que decidan hacer los inversionistas o arquitectos que nos contratan.

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– Dejaste de jugar al fútbol y empezaste a hacer algo totalmente distinto. ¿Era algo que proyectabas para después del retiro?

– La verdad no lo pensaba. Sabía que tenía que seguir con este legado que era la empresa que tenía mi viejo. Pero se dio de un día para el otro. Cuando me dicen que mi viejo está bien, que se va a reponer, tuve que agarrar su agenda y empezar a conocer y a aprender todo lo que era el rubro de la demolición. Atrás, siendo la sombra de un capataz y siendo después la sombra de mi viejo, aprendiendo. Hoy puedo decir que la puedo manejar yo tranquilamente.

– ¿Sabías algo o todo de cero?

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– Lo aprendí todo de cero. Por eso creo que todos los días podemos aprender algo nuevo.

– ¿Y cuán complicado es para un futbolista la faceta de los negocios? ¿Cuánta importancia le das a la educación financiera?

– Mucho, pero tengo unos padres que me enseñaron. Tuve la posibilidad de ir a un colegio y terminé el secundario. No hice una carrera terciaria, pero hoy puedo sentarme a conversar con cualquier persona hablando de negocios. Esto me da de comer. Tengo la suerte de tener un trabajo para poder darle de comer a mis hijos y poder disfrutar.

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– ¿Y cómo fusionás este trabajo con el otro que tenés como coordinador en la escuela de fútbol del club GEI?

– Creo que a mis 46 años se puede hacer todo todavía. Yo me levanto cuando suena el despertador a las cinco y media de la mañana. Espero que mis empleados lleguen a casa, salgo a trabajar a una hora, estoy en la obra y después del mediodía vuelvo para mi casa, me baño, me pongo la ropa deportiva y me voy al club hasta las nueve de la noche para estar con chicos de 4 a 12 años y disfrutar de ellos, transmitirles el aprendizaje que tuve yo en toda mi carrera y que ellos después decidan si quieren ser jugadores del futuro.

Hombre con barba y tatuajes, camiseta azul y gris, brazos cruzados, frente a una pared blanca con logos y texto Club GEI
Facundo Imboden con la vestimenta del club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó

– ¿De qué te ocupas?

– Tengo cinco profes a mi cargo y planificamos diferentes cosas como los entrenamientos para los chicos. Es todo muy tranquilo porque es un club de barrio. Yo no busco sacar jugadores, sino lo que quiero es que los chicos se diviertan, aprendan a jugar al fútbol y que en un futuro se acuerden de que tuvieron un profe que algo les enseñó y les dejó para su vida.

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– ¿Seguís jugando torneos de pádel?

– Sí, hoy defiendo al club GEI jugando interclubes. Lo hago un poco también para hacer un poco de deporte y disfrutar del pádel.

– ¿Qué te dio y qué te quitó el fútbol?

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– Lo que te quita es no poder disfrutar de los fines de semanas en familia, no poder estar en cumpleaños, egresados. Hoy, fuera del fútbol, que uno tiene libre todos los días, se recupera eso de llevar o acompañar a tu hijo al colegio, poder ir a verlo a un torneo de vóley o de fútbol. Poder disfrutar un fin de semana en otro lugar. Se disfrutan muchas cosas que te saca el fútbol cuando uno tiene que estar concentrado los fines de semana.



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Kevin Castaño: de refuerzo récord de River Plate a enfrentar a Boca Juniors en la final de la Copa Sudamericana

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Atlético Mineiro. Foto: EFE

Tras conseguir una épica remontada en el Maracaná, Boca Juniors se clasificó a la final de la Copa Sudamericana, donde enfrentará en Barranquilla a Atlético Mineiro, club que tiene entre sus filas a un futbolista que meses atrás se convirtió en la segunda compra más cara de River Plate antes de la llegada de Thiago Almada y Ángel Correa: Kevin Castaño.

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Allá por los inicios del 2025, River Plate estaba buscando un reemplazante para Enzo Pérez y se fijó en el mediocampista colombiano Kevin Castaño, quien tras una gran campaña en Cruz Azul fue transferido a Krasnodar de Rusia por 7 millones de dólares por el 70% del pase. Es por ello que, para quedarse con el futbolista que debutó en Águilas Doradas, el Millonario tuvo que desembolsar una suma cercana a los 14 millones de dólares.

Castaño llegó con mucha presión a River Plate, puesto que se convirtió en la segunda compra más cara del club y se esperaba mucho de él, sin embargo, el mediocampista colombiano nunca pudo consolidarse como pieza importante en los 45 partidos que disputó con la camiseta del Millonario.

Tras no ser pieza clave en el equipo, River Plate decidió cederlo en préstamo a Atlético Mineiro, club en el que está desde agosto de este año.

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El fichaje récord de River que ahora enfrentará a Boca en una final con otro club

Y como ya es sabido, Atlético Mineiro que perdió 2-0 ante City Torque pero tras el 3-0 en la ida, jugará la final de la Copa Sudamericana ante Boca Juniors, por lo que será un partido especial para Kevin Castaño, quien ya se enfrentó al Xeneize en superclásico, con un historial igualado.

«Sabemos que es un rival difícil, hay que respetarlo. El grupo viene bien, viene fuerte y vamos a trabajar para esta gran final, para hacer las cosas bien«, contó el colombiano, que fue titular en el último partido del Galo.

Castaño, además agregó lo siguiente: «Va a ser una final difícil, Boca es un gran rival. Pero bueno, creo que el equipo viene creciendo. Cada vez viene mejorando más. Esperemos la bendición de Dios y trabajar para esto que viene«, además contó el historial que tiene contra Boca: «Gané uno y perdí uno».

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«Papelón» y «eliminación vergonzosa»: la dura reacción de la prensa brasileña tras el golpe de Estudiantes :: Olé

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Estudiantes dio el gran golpe en el Maracaná y la prensa brasileña fue durísima con Flamengo. Después de dos empates sin goles y una definición por penales que terminó 3-2 a favor del Pincha, los principales portales deportivos de Brasil reflejaron la frustración por la eliminación del último campeón de América. «Fin del sueño de la quinta», «papelón», «eliminación vergonzosa» y «castigo justo» fueron algunas de las frases que aparecieron en las portadas y los análisis tras la clasificación del equipo argentino.

El conjunto de Alexander Medina resistió con diez jugadores durante casi todo el segundo tiempo y encontró en Fernando Muslera a su gran figura. El arquero uruguayo atajó tres penales y dejó a Flamengo sin la posibilidad de defender su título continental.

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La reacción de los medios brasileños fue inmediata y tuvo un denominador común: los cuestionamientos al funcionamiento ofensivo del equipo de Leonardo Jardim.

Algunas portadas de medios..

«Fin del sueño de la quinta»: el impacto en las portadas brasileñas

Globoesporte fue uno de los más contundentes en su portada. Con la imagen de los jugadores brasileños lamentándose, eligió un título categórico: «Fin del sueño de la quinta».

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En la bajada fue todavía más duro: «Flamengo fracasa en el Maracaná y cae en manos de Muslera en los penales». Además, destacó que Estudiantes será el rival de Palmeiras en la final de la Libertadores.

El diario deportivo Lance! también centró su cobertura en la falta de gol del conjunto carioca. En su portada publicó: «180 minutos más penales: Flamengo se pelea con el gol y cae ante Estudiantes».

La expresión sintetizó una de las grandes frustraciones del equipo brasileño: pese a su poderío ofensivo, no consiguió convertir un solo gol en los dos partidos de la semifinal.

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Algunas portadas de medios..Algunas portadas de medios..

En [su crónica de la eliminación, Lance! fue categórico: «Final del camino para Flamengo en la Libertadores». También destacó que Jorginho, Lucas Paquetá y Bruno Henrique fallaron sus ejecuciones ante Muslera.

UOL, por su parte, eligió poner el foco en el héroe argentino: «Muslera brilla, Estudiantes vence a Flamengo por penales y enfrentará a Palmeiras en la final En su cobertura, el medio resaltó que Estudiantes se replegó después de la expulsión de Baltasar Rodríguez y que Flamengo, a pesar de dominar la posesión, no encontró la manera de quebrar la defensa argentina.

«Qué papelón, Flamengo»: las críticas más duras

Más allá de las portadas, las columnas de opinión fueron todavía más contundentes.En UOL apareció un análisis bajo el título «Prohibir jugar al fútbol no protege el sueño de la quinta Libertadores de Flamengo».

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«Qué papelón, Flamengo», fue una de las frases más fuertes de la publicación. La columna reconoció la superioridad del equipo argentino durante varios pasajes del encuentro: «Sí, Estudiantes jugaba mejor». También cuestionó el rendimiento brasileño después de la expulsión: «Flamengo simplemente no sabía cómo aprovechar el jugador de más».

Algunas portadas de medios..Algunas portadas de medios..

En otra publicación del mismo medio apareció un título todavía más duro: «Una eliminación vergonzosa de Flamengo. ¡Y Palmeiras lo agradece!».

El análisis cuestionó que un plantel con tantas alternativas ofensivas no pudiera vulnerar a Estudiantes en los 180 minutos de la serie.

Flamengo había quedado en superioridad numérica al comienzo del segundo tiempo y se esperaba una presión constante sobre el arco argentino. Pero UOL resumió lo ocurrido con una frase contundente: «¡Pero esa presión no llegó!».

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La publicación también reconoció el trabajo del conjunto de La Plata: «Méritos, por supuesto, para Estudiantes», al que describió como un equipo duro y organizado.

Globo habló de un «castigo justo»

Además de su contundente portada, ge publicó un análisis con otro título lapidario: «Flamengo recibe un castigo justo por su bajísima creatividad en la serie». El portal señaló que Flamengo tenía una superioridad técnica evidente sobre Estudiantes, pero que esa diferencia nunca se trasladó al campo de juego.

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» Hizo muy poco para merecer la esperada clasificación a la final«, fue una de las conclusiones del análisis.

También destacó que Flamengo había terminado el encuentro de ida sin un solo remate al arco y que tampoco consiguió generar situaciones suficientes en el Maracaná, pese a disputar prácticamente todo el segundo tiempo con un futbolista más.

El medio consideró que Flamengo estuvo por debajo de su nivel habitual y que la clasificación argentina terminó con el clima de triunfalismo que rodeaba al equipo brasileño.

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La CNN destacó a un Estudiantes «valiente»

Otra portada tras el Maracanazo del Pincha.Otra portada tras el Maracanazo del Pincha.

La CNN Brasil también cuestionó la producción ofensiva de Flamengo, aunque reservó elogios para el conjunto argentino. Bajo el título «Muslera brilla en los penales y Estudiantes elimina a Flamengo de la Libertadores«, el medio fue contundente: «Para quien quería llegar a la final, Flamengo hizo poco».

La publicación destacó que los brasileños abusaron de los centros sin conseguir generar peligro y que ese recurso facilitó la tarea defensiva del «valiente equipo argentino».

También subrayó que Estudiantes tuvo las mejores oportunidades durante el primer tiempo y que, una vez en inferioridad numérica, consiguió resistir la presión del conjunto carioca hasta llevar la serie a los penales.

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Los videos de la hazaña del Pincha

Estudiantes de La Plata venció por penales a Flamengo y así lo celebran los jugadores junto a los hinchas en la tribuna del mítico estadio de Brasil

Video: Gonzalo Suli

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La montaña como refugio y motor: el desafío de una mujer con tres hijos, que sostiene cuatro empleos y persigue un nuevo sueño mundialista

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La corredora geselina combina cuatro empleos, la crianza de tres hijos y sesiones matutinas en la sierra para preparar su clasificación a la cita internacional prevista en Suiza durante junio próximo (Basso Marina /trail running)

A las cinco de la mañana, mientras la mayoría de la ciudad de Villa Gesell todavía duerme, Marina Basso ya calza las zapatillas de trail y sale a entrenar. No es una rutina cualquiera: es el único hueco que le queda en un día partido entre cuatro empleos, tres hijos y la ambición de volver a representar a la Argentina en un Mundial de trail. Corredora de montaña federada en la Asociación de Atletas Máster de Pinamar, la mujer de ritmo incansable convirtió la sierra en su refugio y cada carrera en la prueba máxima.

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En diálogo con Infobae, Basso repasó los diez años que lleva corriendo, las frustraciones que le enseñaron disciplina y el sueño que la desvela: competir en el Mundial de Master Trail 2027, programado en Suiza para junio del próximo año. Su historia no se mide solo en kilómetros, sino en la voluntad de una madre de 42 años divorciada que cada semana reorganiza turnos, logística familiar y sesiones de entrenamiento para no quedarse quieta.

La agenda de Marina Basso desafía a cualquier planificador. De lunes a viernes trabaja en una Casa de las Infancias, un espacio dedicado a la niñez. Por las tardes se transforma en coach dentro de un box de entrenamiento funcional. Los fines de semana atiende en una heladería —en verano, de lunes a lunes; en invierno, sábados y domingos por la tarde—. Además, ejerce como masajista cuando el cuerpo y el calendario se lo permiten. “Es un mal necesario, porque si no trabajara tanto no podría darles los gustos a ellos ni tampoco el gusto para mí, que es viajar a las carreras, competir, prepararme”, explicó a Infobae.

Cuatro personas sonríen sentadas en un sillón junto a un gato dormido frente a una pared blanca
Marina aprovecha cada espacio libre antes de acompañar a sus hijos al fútbol y cumplir sus jornadas laborales en Villa Gesell (Basso Marina /trail running)

Entre un empleo y otro, la geselina intercala los entrenamientos. Los sábados y domingos a la mañana son su ventana libre: corre temprano para llegar a tiempo a la cancha donde sus hijos juegan al fútbol. “Trato de mover cielo y tierra para poder estar en los actos de la escuela, en los partidos”, aseguró. La mayor de sus hijos tiene veinte años; el más pequeño, Mariano, once, y es quien más la acompaña en esta aventura. “Va conmigo casi a todos lados”, contó con ternura.

Divorciada desde hace siete años, la atleta comparte la crianza semana a semana con su expareja. Cuando surge una carrera en el fin de semana que no le corresponde, una llamada basta para reorganizar la logística. Ese respaldo le permite soltar la culpa que a veces la invade cuando escucha a los chicos decir: “Pero ya te vas a trabajar”.

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Una mujer con visera, gafas de sol y bastones asciende por un camino de tierra, seguida a la distancia por otro corredor
En diciembre, la federada afronta por primera vez el Cruce, los cien kilómetros divididos en etapas, una exigencia que incorpora a su preparación (Basso Marina /trail running)

Todo empezó una década atrás. Basso salía a correr por las calles como hobby, sin plan ni pretensiones. Un día se anotó en una carrera de sierra —Sierra de la Rosa— y algo cambió para siempre. “Yo digo que la sierra me atrapó”, recordó en la entrevista. A partir de ahí, los circuitos de asfalto quedaron atrás y el trail running se convirtió en el centro de su vida deportiva.

Los primeros ocho años en la montaña no fueron lineales. Probó con distintos entrenadores, cargó lesiones, acumuló errores y frustraciones. Pero cada tropiezo le dejó un aprendizaje. “Aprendí a ser disciplinada. El ser disciplinada me llevó a expandirme más, a acercarme a cosas más grandes”, reflexionó. Hoy define su proceso con una frase que repite como mantra: “Sin prisa, pero sin pausa”.

El año pasado dio un paso decisivo al federarse, un mundo que desconocía por completo. “No tenía ni idea de lo que era ser federada”, admitió. Esa decisión le abrió la puerta a su primera participación mundialista, aunque el esfuerzo por financiar el viaje le restó energía al entrenamiento. Rifas, aportes de vecinos gesellinos y el acompañamiento de una marca en suplementación deportiva fueron los pilares que sostuvieron aquella experiencia.

Una mujer con camiseta verde sostiene la bandera extendida de Argentina en una vía asfaltada junto a una cerca y una vivienda
La inscripción en la Asociación de Atletas Máster de Pinamar le permitió conocer el circuito internacional (Basso Marina /trail running)

A corto plazo, Basso se prepara para la competencia El Cruce en Bariloche: cien kilómetros divididos en etapas durante diciembre, una prueba completamente nueva en su trayectoria. Pero el gran objetivo está más lejos, en el Mundial de Master Trail 2027 en Suiza. Este año no pudo clasificarse, y esa espina la empuja a planificar con mayor anticipación la parte deportiva sin que la logística económica vuelva a devorarle la preparación.

El financiamiento sigue siendo el obstáculo más grande. “Terminamos de correr y necesitamos un kinesiólogo, un masoterapeuta; todo eso es un gasto”, describió. Una marca de suplementación deportiva la acompaña desde el Desafío Butu —que corrió en Córdoba en agosto— con envíos mensuales, pero la corredora reconoció que necesita más respaldo. “Obvio que estoy abierta a que otras marcas se acerquen”, señaló, consciente de que sin apoyo externo el camino al mundial se vuelve cuesta arriba en más de un sentido.

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Cuando se le preguntó cuál es su mayor desafío, la atleta respondió sin dudar: “Es no bajar los brazos, es una lucha constante de siempre demostrar que se puede”. Su filosofía cabe en dos frases cortas: “por cada queja, un agradecimiento; por cada excusa para decir que no, un intento”.



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