POLITICA
Kicillof buscará darle impronta propia al PJ bonaerense y sumar 200 mil nuevos afiliados para potenciar su candidatura

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, inició su mandato al frente del Partido Justicialista bonaerense con un par de objetivos particulares a corto plazo, que buscarán fortalecer su objetivo general: llegar a la discusión electoral del 2027 con una estructura que le permita coronarse como el candidato presidencial del peronismo. Es una carrera de largo aliento y, con el PJ bonaerense bajo su control, busca ganar oxígeno político para fortalecer su posición frente a los distintos sectores del peronismo, además de sumar apoyos clave de cara a las próximas definiciones dentro del partido y el escenario electoral.
Para eso buscará, en principio, acelerar afiliaciones. No es nada nuevo. Cada vez que hay un recambio de gestión al frente del PJ se plantea el mismo objetivo: campaña de afiliación. Esta vez no es la excepción. Según el intendente de La Plata y flamante secretario de formación política del partido, Julio Alak, el partido tiene 1.300.000 afiliados. Alak dijo que espera llevar ese número a 1 millón y medio. El jefe comunal de la capital bonaerense será parte activa de la vida diaria del PJ de Kicillof. O al menos lo intentará. El resto de los consejeros sigue de cerca los movimientos del intendente platense, a quien le endilgan cierta necesidad de atención. “Entra a los codazos para la foto”, ya dejan correr algunos integrantes del nuevo consejo tras la reunión del partido.
El viernes fue anfitrión. La sede del partido, de hecho, fue construida durante su gestión anterior como intendente. “Se me decía el otro día que en Europa, el gobernador advertía que uno de los partidos socialistas tenía ocho mil afiliados. Nosotros partimos de un millón doscientos mil afiliados en la provincia, vamos a llegar a un millón quinientos, con una capacitación que Axel considera que es clave”, planteó Alak luego del encuentro de este viernes. El co-mando del PJ es clave para el platense en su interés de ser candidato a la sucesión de Kicillof en 2027.

Kicillof delegó la cuestión organizativa del PJ en un grupo de personas. Alak buscará estar allí. La vicegobernadora, Verónica Magario, tiene un rol asegurado. El día de la reunión fue el equipo de la matancera quien hizo entrar a los consejeros de cara no tan conocida para la gente de seguridad que estaba apostada en la puerta.
Otro es el ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque. El funcionario, junto a algunos intendentes, fue uno de los que inicialmente planteó puertas adentro que Kicillof tenía que hacerse de la presidencia del PJ. Kicillof bajó de su auto acompañado por Larroque.
El diputado provincial e intendente en uso de licencia de Almirante Brown, Mariano Cascallares, es otro de los dirigentes en los que eligió reposar Kicillof para el ordenamiento del PJ. Cascallares fue uno de los negociadores del Movimiento Derecho al Futuro durante el proceso de renovación de autoridades en la “paritaria” con el kirchnerismo. Ahora será el Secretario General del PJ. Tendrá a su cargo la puesta en marcha de una app del PJ para -también por ese medio- generar más afiliaciones. Si bien no se podrá afiliar directamente por la app, porque no lo permite la ley, sí funcionará a modo de preafiliación. Todas las cuestiones organizativas pasan por la Secretaría General que comandará Cascallares.

Otro que también fue parte de esa negociación fue el intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín. Quedó como vicepresidente II del PJ, detrás de Magario. Bajo ese rol, Otermín ya se mueve con cierta autonomía. Inició desde hace algunos meses recorridas por la provincia. En cada visita distrital por fuera de Lomas, hace una reunión con los PJ locales. Y, como Alak, también tiene intenciones de estar en la danza de nombres para la sucesión de gobernador. Otermín tendrá que mediar en las diferencias en el PJ. De hecho, es uno de los canales de diálogo que hay entre Kicillof con Máximo y Cristina Kirchner. Ahora será bajo un rol institucional. El cristinismo imprime la campaña Cristina Libre también en el PJ de Kicillof. En la reunión del viernes la senadora Fernanda Raverta y el diputado Ariel Archanco -ambos de La Cámpora- pidieron incluir el tema en el documento final. Lo consiguieron. En el MDF plantean que le dan lugar a las demandas del cristinismo.

“Agradecemos a Máximo, actual presidente del Congreso, por su vocación de lograr la unidad del peronismo de la Provincia. Manifestamos nuestro respaldo a Cristina, la presidenta del Partido Justicialista en el orden nacional. Defendemos el planteo de Axel y el Gobierno de la Provincia frente a un Gobierno nacional que abandona a los bonaerenses quitando recursos claves para la seguridad, la educación y la salud”, esgrimió Otermín tras el encuentro.
En la reunión en La Plata, además de escuchar a un consejero por sección electoral y rama, el gobernador instruyó a los consejeros seccionales que visiten los PJ distritales. Una orden que también recayó sobre los ministros y funcionarios, pese a que varios no forman parte formal del Consejo como por ejemplo el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, que si bien no tiene un cargo oficial en la herramienta partidaria sí hay gente de su espacio dentro del partido como, por ejemplo, la titular del OPISU, Romina Barrios, que ocupa un lugar como consejera suplente dentro del consejo de la Mujer.
Acompañado de todos estos dirigentes -Magario, Alak, Larroque, Cascallares y Otermín- es que dio una rueda de prensa Kicillof tras su primera reunión al frente del consejo del partido. Máximo Kirchner, saliente presidente del Consejo y actual titular del Congreso no estuvo en La Plata. Mantuvo actividades en la provincia de Santa Fe.

En lo inmediato el 14 de mayo se lanzarán los cursos de formación política que tendrán cuatro módulos. El lanzamiento estaría a cargo del propio Kicillof: uno sobre política internacional, en un contexto de permanente beligerancia; otro sobre el estado de situación de América Latina; un tercer espacio sobre la coyuntura política y económica del país y un cuarto capítulo dedicado al “movimiento nacional y popular”.
Otro tema es darle relevancia a los presidentes de los 135 PJ locales. En definitiva, garantizar desde la provincia de Buenos Aires, que Kicillof tenga una sólida estructura que le permita sentarse en la mesa de negociación el año que viene y que el PJ de su provincia acompañe. Además, poner al PJ bonaerense en línea con el resto de los PJ provinciales. Por ejemplo, el de Misiones que días atrás terminó su proceso de normalización con la resolución de la junta partidaria —en el marco de la elección interna que hubo— que proclamó a Héctor Humada como su nuevo presidente. Se impuso ante la línea cristinista y desde el peronismo que está con Kicillof también fue leído como una victoria.
El resto pasará por el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y acciones de otros espacios, como por ejemplo los encuentros que viene haciendo la Jefa de Asesores del gobernador, Cristina Álvarez Rodríguez. A partir de la Corriente Nacional de la Militancia de la provincia de Buenos Aires, la funcionaria está al frente de un grupo de reuniones seccionales en pos de la candidatura de Kicillof. Este sábado se reunió con intendentes y referentes de la Segunda sección electoral. Semanas atrás hizo lo propio en la Cuarta. “Axel es la alternativa al modelo de ajuste y abandono”, planteó este sábado. La acompañaron el diputado provincial e intendente en uso de licencia de Exaltación de la Cruz, Diego Nanni; el intendente de Salto, Ricardo Alessandro. Los presidentes de los PJ de Zárate, Leandro Matilla y de Pergamino, Ramiro Baguear, entre oros.
POLITICA
Tensa discusión entre Victoria Donda y el diputado libertario del Tesla: “Este señor nos está tomando de pelotudas”

La ex titular del INADI y Parlamentaria del Mercosur, Victoria Donda, mantuvo un intercambio cargado de tensión con el diputado jujeño de La Libertad Avanza (LLA), Manuel Quintar durante una emisión televisiva, a raíz de la postura del gobierno de Javier Milei ante las políticas para la prevención de la violencia de género tras el femicidio de Agostina Vega, la adolescente cordobesa de 14 años.
La discusión empezó a escalar cuando Quintar cuestionó por qué hubo numerosas críticas al Presidente en la marcha de Ni Una Menos, que tuvo lugar este miércoles en el Congreso y en distintos puntos del país.
“Hoy, una vez más todo el kirchnerismo o la rancia política aprovechó para caranchear una causa noble, como es la defensa de los derechos de las mujeres”, expresó Quintar, tras solidarizarse con la familia de Agostina Vega y su muerte, a la calificó como un hecho “terrible”.
El “diputesla”, quien se hizo conocido por exhibir un coche de alta gama Tesla Cybertruck en el Congreso, planteó que este tipo de reproches sucedieron con la ley de financiamiento universitario, las políticas de discapacidad y jubilaciones. Por lo tanto, la convocatoria de organizaciones feministas “deslegitimó la marcha, que era genuina y en la que todos coincidimos”.
“En el kirchnerismo se pintan la cara en favor de las mujeres y en contra de los delincuentes, cuando votaron en contra de la ley de baja imputabilidad, del banco de datos genético de violadores, del régimen de salidas transitorias y de la reiterancia delictiva”, expresó.
Victoria Donda, portando una imagen de la adolescente asesinada y con gestos de incomprensión, contestó: “Responder acusaciones mentirosas es realmente difícil. Nunca hubo una ley que elimine la prisión efectiva de los violadores. Asi que difícilmente alguien pudo haber votado en contra de eso”.
Por otro lado, la subsecretaria de Análisis y Seguimiento Político Estratégico en el gobierno de Axel Kicillof recordó que el gobierno de Milei hizo “un recorte de presupuesto brutal sobre la línea 144, que es la línea para ayudar a mujeres en situación de violencia”, donde ajustaron 45% de la planta de esa línea, por lo que “pueden atender menos llamados”.
Y remató: “El programa Acompañar, que asiste a mujeres que son víctimas de violencia, pasó de 100 mil personas asistidas y acompañadas por el Estado en el 2023 a 434 que están proyectadas para el año 2026. Entonces, que nos vengan a decir que defienden las mujeres… ¿A qué mujeres defienden?“.
Quintar retrucó con la consigna que hizo circular el Gobierno para defenderse de las críticas de la oposición: «Bajaron el 30% los femicidios“.
En ese instante, Donda estalló de furia: ”Disculpáme, no quiero hablarte a vos. No voy a intercambiar con un señor que nos está tomando el pelo y nos está tomando de pelotudas“. “Usted está tomándonos el pelo. Bajaron los femicidios, falta un montón, hay que trabajar para que sean bastante menos”, insistió Quintar.
La ex titular del INADI lo exhortó a que la deje terminar de hablar y luego “vos seguís mintiendo todo lo que quieras”. “Hay menos femicidios por el simple y sencillo hecho de que instruyeron a aliados de ellos en el Poder Judicial, para que nos los caratulen como femicidios, y los pongan como homicidio”, dijo, y puso como ejemplo que el fiscal Raúl Garzón, a cargo de la causa de Agostina Vega, quien se negaba a caratular el asesinato en ese tipo penal.
“Lo que están haciendo es jugando con la vida de las mujeres. Las mujeres estamos en riesgo por el resultado de hijos de puta que impulsan proyectos de ley como las falsas denuncias para que no denunciemos la violencia. Ustedes querían eliminar la figura de femicidio en el Código Penal. Fue tu bancada la que lo quiso hacer. Dejá de mentir”, fustigó Donda.
Luego, Quintar sostuvo que “tiene que caer el peso de la ley en todos los casos”, y cuestionó la falta de pronunciamientos de referentes kirchneristas ante situaciones de violencia en gobiernos anteriores.
El tenso intercambio dejó expuestas las diferencias tras la realización de la 11° marcha Ni Una Menos, que bajo el lema “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”, reunió a miles de personas frente al Congreso y en distintas ciudades del país.
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POLITICA
La muerte del Indio Solari generó incomodidad en el Gobierno y lo forzó a mostrar predisposición con la familia

Ayer fue una jornada incómoda para el Gobierno. Distanciado ideológicamente del Indio Solari, Javier Milei omitió todo tipo de homenaje y no ofreció la Casa Rosada ni el Congreso para velar sus restos, pero quiso mostrar predisposición para la familia de una de las figuras más importantes del arte argentino, cuya influencia atravesó y atraviesa décadas, gobiernos, edades y clases sociales.
Más allá de algunas intervenciones sutiles en las redes de figuras de rango bajo del ecosistema violeta, ni Milei ni los ministros salieron a hablar del fallecimiento leyenda de la música nacional durante el día, públicamente (excepto Martín Menem, para aclarar que el Congreso no sería el lugar del velorio).
Mientras, ante las consultas de Infobae sobre si se habían comunicado con la familia, en Balcarce 50 como en los ministerios omitían todo tipo de definición al respecto o, directamente, aseguraban que no estaban habilitados para hablar.
Por la noche, cerca de las 20, cuando la plaza de Mayo se encontraba colmada de seguidores del Indio, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, salió a aclarar que “desde la mañana”, tanto ella como la propia secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, habían intentado comunicarse con el círculo íntimo del músico, pero no habían recibido respuesta. Lo dijo en vivo, en el programa de Eduardo Feinmann en A24, pero sin dar indicios de molestia.

Antes, la Presidencia de la Cámara de Diputados, en la voz del líder violeta Martín Menem, se había visto obligada a aclarar que, por cuestiones de seguridad, el velorio no podría realizarse en el Congreso como habían pedido desde la oposición los diputados de Unión por la Patria y el radical Pablo Juliano. Y el Ministerio de Seguridad había debido activar todos los radares para evitar disturbios en el aluvión de seguidores del Indio que se lanzaban a la Plaza de Mayo para recordarlo.
También se generaron roces y fastidio puertas adentro del mundillo libertario. Referentes mileistas de Las Fuerzas del Cielo miraron de reojo y con molestia a los referentes del sector de Karina Milei que salieron a ensalzar su faceta musical y a deleznar al kirchnerismo. “Por una cuestión de ego, salen a decir que tienen todos los discos del Indio. Y ¿qué c… tiene que ver la grieta K con eso y su muerte?“, dijeron. La decisión estratégica del área de Santiago Caputo, que se jacta de su manejo del área comunicacional, había sido exactamente lo contrario de salir a confrontar con la muerte del Indio como excusa.
Se referían a Santiago Oría, el realizador audiovisual soldado de Karina Milei, que había escrito en X: “Tengo todos los discos de los Redondos. De adolescente era fanático. A partir del 2008 con la crisis de la 125, el kirchnerismo creó la grieta en la sociedad: un nivel de virulencia visceral y polarización que no existía antes entre los argentinos. Si, los músicos tenían sus ideas e ideologías, pero la cosa no estaba partidizada, ni nadie estaba obligado a definirse por CFK o no. El kirchnerismo le hizo un inmenso daño al arte, la cultura y la posibilidad de disfrutarla todos en paz. Indio QEPD”.

Para contrarrestar, Leonardo Cifelli, secretario de Cultura, también identificado con Karina Milei, publicó un mensaje conservador y protocolar: “Su obra perdurará para siempre en la historia del rock nacional. QEPD”, sostuvo en un tuit que citaba la noticia de la muerte del ídolo popular. Lilia Lemoine, espada tuitera de los Milei, se limitó a escribir “QEPD”. Santiago Santurio, del grupo de Santiago Caputo, tuiteó la letra de una canción: “Ya sufriste cosas mejores que estas, y vas a andar esta ruta hoy cuando anochezca”.
Mientras, referentes libertarios sin cargo pero con ascendencia sobre el mundillo libertario salieron directamente a criticar con dureza al artista. Uno de los biógrafos de Milei, Nicolás Márquez, llamó al Indio Solari “magnate de los pobres”“ y dijo que era un ”empresario que le vendía rebeldía a las masas primitivas».
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POLITICA
Por qué Karina Milei no rompe con Patricia Bullrich: cinco razones detrás de una paz incómoda

Karina Milei dibuja en su boca una sonrisa visible pero medida, de esas que no regala fácilmente ni siquiera cuando busca transmitir calma. Patricia Bullrich, de espaldas a la cámara que retrata la escena, inclina su cuerpo hacia la mesa con su puño izquierdo levantado, como si todavía estuviera explicando las razones de su última rebeldía. Todo parece estar en calma en esa oficina cargada de rosca en el primer piso de la Casa Rosada, aunque esa reunión laboral programada con antelación escondía demasiadas diferencias entre las dos mujeres fuertes del oficialismo. La imagen, que minutos más tarde iba a ser difundida por el propio primer mandatario y por el equipo de comunicación de Presidencia, coreografiaba una convivencia forzada: la secretaria general recibía en su territorio a una senadora que acababa de plantarse una vez más, desafiar una orden de la cúpula del Gobierno, poner a disposición su renuncia y salir caminando con más poder del que tenía al entrar al conflicto. En otro momento, “El Jefe” hubiera mandado a buscar la guillotina; en esta ocasión, tragó saliva y eligió volver a fingir demencia. Por todo eso, la instantánea fue cuidadosamente amable y políticamente incómoda.
La foto llegó después de la sublevación, pero antes de la derrota. O, en definitiva, cuando en el palacio gubernamental ya intuían que la pulseada por María Verónica Michelli se había escapado de las manos. La historia es popular en el Círculo Rojo: Michelli es la abogada propuesta para ocupar un lugar como jueza del Tribunal Oral Federal Nº 3 de La Plata, cuyo pliego ya había sido enviado al Senado por el propio Ejecutivo antes de que Javier Milei decidiera retirarlo al advertir un parentesco que lo volvió intolerable: la mujer es la cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista de investigación especializado en incomodar a los gobernantes de turno. La postulación había pasado por el Consejo de la Magistratura, había tenido audiencia pública, había reunido firmas en la Comisión de Acuerdos y, aun así, quedó atrapada en una maniobra de castigo que terminó dejando en un pantano al ecosistema libertario.
Un detalle menos conocido: nadie niega la leyenda de que fue Santiago Caputo, rival interno de la hermana presidencial, el que acercó el dato a la Quinta de Olivos. Fue una manera tan sutil como efectiva de marcar la “impericia” en el accionar del karinista Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia encargado de cubrir el dramático 37% de vacantes de magistrados que se extiende por todo el país. “Si los nombres los aportábamos nosotros, esto no pasaba ni en pedo. Este quilombo fue absolutamente evitable”, se jactan en el ala del asesor sin cartera. “Los candidatos que elegimos son los que elevó la administración de Alberto Fernández. Avanzar con los pliegos era hasta acá una deuda enorme con la sociedad porque con tantos juzgados sin titular se genera una crisis institucional que puede ser peligrosa”, se defienden del otro lado. Una guerra subterránea siempre activa aunque algo más disimulada en estos días.

Bullrich leyó antes que otros el costo político e institucional de la jugada alrededor de Michelli. Por eso anunció su “objeción de conciencia” y obligó a Milei a elegir entre echarla o tragarse el desplante. Con el revuelo ya desencadenado, la jefa del bloque libertario volvió al recinto, justificó ante el micrófono su accionar y vio cómo la oposición, con el empuje envenenado del kirchnerismo y el acompañamiento de otros bloques, aprobaba sobre tablas el expediente de la polémica por 44 votos a favor, 18 en contra y apenas 2 abstenciones.
En esas horas frenéticas, La Libertad Avanza intentó refugiarse en la lectura del vaso medio lleno y hasta el propio Presidente celebró la aprobación de 74 pliegos judiciales como “EL INICIO DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA JUSTICIA”, con todo el simbolismo que las mayúsculas indican en la red social X. “Fue la sonrisa del boxeador que acaba de recibir un golpe en la mandíbula”, se mofaba un peronista de vasta trayectoria que scrolleaba la ex Twitter desde su banca. Hay otra lectura evidente que nadie quiere agitar demasiado: algunos de los hombres y mujeres que sobrevivan a este largo proceso serán los encargados de definir los destinos de expedientes sensibles para los violetas como el de Libra, el de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y el presunto enriquecimiento ilícito de un Manuel Adorni que sigue estirando los tiempos de la presentación de su declaración jurada patrimonial.
Un paréntesis necesario: entre los gritos e insultos de una sesión picante debe haber habido tintineo de copas llenas de champagne. Es que finalmente pasaron todos los filtros personas como Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema; María Julia Sosa, secretaria del juez federal Julián Ercolini; y Ana María Juan, esposa de otro magistrado federal como Marcelo Martínez de Giorgi.
Ahora toda la responsabilidad quedó en el Sillón de Rivadavia: Milei, que llamativamente jamás le prestó atención a los nombres en danza, deberá resolver si firma o no el decreto de designación de Michelli. Ese es el último paso del proceso constitucional para confirmar un nuevo cargo judicial. Ante ese panorama, ya circula un argumento de repliegue: que el Senado habilita pero no obliga, lo que es lo mismo que decir que la Rosada no descarta intentar ganar con la lapicera lo que no pudo ordenar con su músculo en el Congreso. Poco parece importarles que esa decisión los termine asemejando a sus enemigos naturales: la única vez que un mandatario hizo algo parecido desde la Reforma Constitucional de 1994 fue Cristina Kirchner cuando evitó de todas las maneras posibles rubricar el nombramiento de Juan Manuel Yalj en la Cámara Federal de San Martín. El antecedente tenía una explicación: Yalj había ordenado detener al gremialista Rubén “Pollo” Sobrero, en aquel entonces de buen trato con la dirigente.
Ante este contexto político complicado, la duda del millón: ¿por qué Karina no ataca a Patricia? La pregunta empezó a circular con fuerza entre libertarios de todas las facciones. No es un interrogante menor y desvela a los integrantes de la mesa chica mileísta porque la hermana presidencial no suele ser contemplativa con los soldados propios que deciden jugar por fuera de la línea oficial. A algunos los corre, a otros los enfría, a varios los condena al purgatorio de los llamados sin respuesta y a los más distraídos directamente les apaga la luz. Pero con Bullrich, por ahora, eligió otro método. No porque la haya perdonado. Tampoco porque la considere inofensiva. Al contrario: entendió que “Pato” no es una rebelde cualquiera. Infobae reconstruyó, a partir de una decena de fuentes con acceso privilegiado a la intimidad presidencial, cinco factores que fuerzan la paz pese a las internas.
● 1) La primera razón es simple, brutal y bastante incómoda para una fuerza política que todavía intenta ordenar sus jerarquías internas: Bullrich tiene poder propio.
La ex ministra de Seguridad de la Nación no llegó a LLA como una funcionaria subalterna, ni como una dirigente territorial inventada por la lapicera de Karina, ni como una pieza descartable del armado violeta. Tiene apellido político, recorrido, electorado, traiciones y enemigos propios, canales de conversación con empresarios, diálogo con sectores del PRO, vasos comunicantes con la UCR y un nivel de reconocimiento que no necesita de Balcarce 50 para existir. En términos libertarios, es una anomalía. Una figura política que está adentro, pero no nació adentro. Una aliada que acompaña, pero no pide permiso para respirar. Una jefa de bloque que puede incomodar al Presidente sin terminar convertida, al minuto siguiente, en otra baja del ejército de expulsados.
Karina pudo ser implacable con dirigentes que no tenían volumen por sí solos, terminales territoriales, protección mediática, historia electoral o capacidad real de daño. Bullrich, en cambio, tiene algo que en la Casa Rosada se respeta incluso cuando se lo disimula: autonomía.
● 2) La segunda razón por la que Karina no la ataca es que Bullrich representa una porción del electorado que Milei todavía necesita.
Para muchos votantes antikirchneristas, republicanos, duros en seguridad pero sensibles a ciertas formas institucionales, la senadora nacional funciona como garantía de que el experimento libertario no va a convertirse en una administración familiar sin contrapesos. Puede defender a Milei y acompañar la motosierra, pero no suicidarse por cada capricho de Olivos. Ese equilibrio la vuelve incómoda pero también útil, según admiten a regañadientes cerca de la secretaria general. Si Karina la empuja demasiado, no solo lastima a una dirigente que no dudó en afiliarse a su partido: puede irritar a un segmento del voto que llegó a La Libertad Avanza por rechazo al peronismo y sus variantes.
Este punto es central para entender la cautela de El Jefe: Bullrich fue candidata presidencial de Juntos por el Cambio y por ende rival electoral de los libertarios, fue la máxima autoridad del PRO, fue de las primeras aliadas cuando hasta Mauricio Macri dudaba de la profundidad del vínculo con Javier Milei, fue ministra de mano dura y pocos piquetes y ahora miembro clave y con pretensiones propias de la cámara alta.
El poder central puede burlarse de la casta, pero sabe que sin una porción de esa casta no llega muy lejos. Puede odiar la intermediación, pero necesita intermediarios dispuestos a embarrarse. Puede soñar con obediencia vertical, pero no olvida que gobierna en minoría. En ese mapa, Bullrich no es cómoda: es necesaria.
“Pato es brava pero la prefiero en mi equipo. Eso sí: siempre hay que cuidarse de Carolina Serrano”, dice con ironía un miembro de la mesa política violeta equidistante entre Karina y Santiago Caputo, que no se olvida del nombre de guerra que el peronismo revolucionario de la década del 70 le atribuyó siempre a Bullrich en sus años de juventud.
Se dibuja en el aire, de esta manera, una de las paradojas más difíciles de administrar para la hermana presidencial: Patricia es peligrosa cuando se mueve, pero también es peligrosa si se va. Si la dejan adentro, condiciona. Si la empujan afuera, puede ordenar un espacio propio y convertirse en una especie de seguro político para los que imaginan escenarios de recambio, sucesión o simple supervivencia si la experiencia libertaria llegara a perder volumen. Por eso en la Rosada la miran con fastidio, aunque también con cálculo. No la aman; la miden.
● 3) La tercera razón es todavía más elemental: Bullrich mide.
En un oficialismo que empezó a encontrar límites en la opinión pública, su imagen aparece mejor ubicada que la de varios nombres centrales del esquema gobernante.
Algunos ejemplos relevantes: en el último relevamiento de Hugo Haime & Asociados, la senadora alcanza un 41,7% de evaluación positiva, por encima del propio Javier Milei, que se posiciona con 36,7%, y muy lejos de Karina Milei, que registra 26,4%, y de Manuel Adorni, que queda en 25,9%. La comparación duele porque ordena el tablero con una crudeza que muchos prefieren mirar de reojo: la dirigente que acaba de desobedecer al Presidente mide mejor que el Presidente, que la hermana presidencial y que el jefe de Gabinete que todavía intenta recomponer autoridad pública. Bullrich no está sobrada, ya que en paralelo carga una imagen negativa del 55%, pero en una etapa de desgaste general conserva algo que la lapicera no siempre fabrica: espalda, conocimiento, electorado y una marca política que no depende exclusivamente de la bendición de “El Jefe”.
Otros sondeos confirman la tendencia. El más reciente estudio de Management & Fit también ubicó a Bullrich como la persona del oficialismo con mejor imagen positiva de Argentina: 36,3%, de nuevo por encima del propio Milei, que se ubica cinco puntos más abajo. Números similares tiene en mayo el reporte internacional de AtlasIntel/Bloomberg.
Karina puede enojarse con una dirigente que se planta, pero no puede ignorar que esa misma dirigente conserva un volumen propio nada deleznable en los tiempos que corren. “No le dispara a Patricia porque sabe que, al menos por ahora, es una batalla que puede perder. A nosotros nos gusta hervir en agua a las ranas de a poco, sin que se den cuenta: es lo que hicimos con Ramiro Marra en la Legislatura o con Victoria Villarruel en la vicepresidencia. Quién te dice en el momento menos pensado se queda afuera de las reuniones de la mesa política o le damos la orden a la militancia digital para que la cocinen”, amenaza una de las personas que tiene más visitas al despacho de la secretaria general.
● 4) La cuarta razón que explica la convivencia entre Karina y Patricia es el Senado.
Bullrich ocupa un lugar sensible en una Cámara en la que el Gobierno no tiene margen para aventuras: cada dictamen, cada sesión, cada ley, y ahora también cada pliego judicial, exige paciencia, cálculo y muñeca. En ese sentido, el paso por el recinto del caso María Verónica Michelli dejó una dura enseñanza para la Casa Rosada: el oficialismo no siempre controla el tablero parlamentario y puede perder incluso cuando cree tener una orden clara bajada desde arriba. La sesión expuso desorden, acusaciones cruzadas, lecturas contradictorias y un problema de conducción.
En ese lugar donde tallan fuerte los gobernadores, y en el que Villarruel juega a reglamento sin tirarles centros a sus ex compañeros, se impone una matemática que no se conmueve demasiado con los gritos de Olivos. Así, atacar a Bullrich podría ser un lujo caro: la senadora puede no juntar siempre todos los votos, pero conoce la dinámica del recinto y conversa asiduamente con actores que los violetas puros y sin experiencia no saben seducir.

● 5) La quinta y última razón es personal, pero no menor: Karina sabe que convertir a Bullrich en enemiga explícita sería agrandarla.
El método de la confrontación directa le funcionó con otros dirigentes porque el castigo ordenaba el sistema. Con Bullrich, en cambio, puede producir el efecto contrario. En eso coinciden todas las fuentes consultadas por Infobae.
Una pelea frontal le permitiría a la senadora hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: victimizarse poco, endurecerse mucho, agitar la bandera de la coherencia y recordarle al público que ella ya estaba en la política cuando varios libertarios todavía buscaban usuario disponible en redes sociales. En ese contexto, un ataque de Karina podría ofrecerle el escenario perfecto para relanzar su marca: la mujer que acompaña a Milei, pero no se arrodilla ante nadie.
Esa es la diferencia central con Victoria Villarruel. La vicepresidenta quedó atrapada en un limbo institucional donde tiene cargo, visibilidad y muy poco margen real de maniobra dentro del oficialismo. Bullrich mira ese espejo y saca conclusiones; de hecho, cerca suyo lo dicen sin vueltas: la vicepresidencia no es una opción. “Patricia jamás se va a convertir en una figura decorativa. No está en su esencia. Ella tiene vocación de poder. O, al menos, quiere conservar la posibilidad de ejercerlo. Por eso cada gesto suyo tiene una doble lectura: ratifica pertenencia, pero marca autonomía; acompaña al Gobierno, pero cuida su marca; se sienta con Karina, pero no entrega todas las llaves”, dice un colaborador que la conoce hace décadas.
En la intimidad bullrichista aseguran con énfasis que no hay una ruptura en marcha. Nadie imagina, por ahora, a Patricia Bullrich cruzando la avenida y armando una oposición anticipada a la gestión que todavía integra. Su cálculo es más sofisticado y hasta acá bastante más eficaz: permanecer adentro, levantar la mano cuando lo considera necesario, diferenciarse en temas que rozan su identidad política y recordarle al mileísmo que la lealtad no es sinónimo de obediencia ciega.
Y en este punto aparece nuevamente el caso de la jueza Michelli: Bullrich no fue la única responsable de la derrota, pero sí quedó como la dirigente que abrió la puerta. A Karina no se le escapa el hecho de que la chispa inicial fue encendida por su ex ministra cuando se negó a acompañar el retiro del pliego. Ahí estuvo su verdadera victoria: no quedarse sola, no quedar como traidora y no pagar el precio político de su desobediencia. La foto entre ambas fue, entonces, mucho más interesante que su estética: no mostró cariño sino necesidad. “El Jefe no convocó a Patricia porque había una coincidencia estratégica: lo hizo para evitar que la diferencia siguiera creciendo a cielo abierto. Y seamos sinceros: Bullrich tampoco fue para pedir disculpas de rodillas, sino para demostrar que seguía adentro aun después de haber marcado un límite. Las dos necesitaban la imagen”, analiza un testigo de esa escena.
Karina Milei conserva el control formal del dispositivo libertario. Nadie en la Casa Rosada duda de su influencia sobre el Presidente ni de su capacidad para ordenar candidaturas, filtrar ingresos, bendecir armados y cerrar puertas. Bullrich, con su estilo inconfundible, acaba de recordar algo que en el oficialismo a veces prefieren olvidar: también existe el poder que no nace de la cercanía familiar. “Trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente”, exageró la senadora en el texto que acompañaba la postal que simbolizó la bandera blanca entre las dos. Así se firmó, sin tinta indeleble, un acuerdo de convivencia entre mujeres que se necesitan, se desconfían y saben que todavía no les conviene romper.
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