POLITICA
La cocina de las fake news: así se fabrican las noticias falsas en campaña

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Albores del año electoral. El asesor de un político llama a un amigo, dueño de un sitio web que presenta como medio de noticias. Quiere «mover» información en contra de un opositor. Arreglan el costo, un par de clicks y la nota está online. Ahora hay que hacerla circular. Llama a un agente de comunicación y se pone en marcha la ingeniería de trolls y cuentas de reproducción automática. El link circula. Se esparce por muros, timelines y chats. Recibe comentarios y «me gusta». Resta esperar que «lo levante» algún referente con muchos seguidores o un medio masivo. Si la noticia falsa «prende» entre los usuarios y se propaga por la web, será un éxito.
El caso corresponde a la experiencia de un consultor de comunicación virtual con el encargo de una noticia falsa. Y aunque el proceso de creación de una fake news tiene múltiples variantes, el objetivo es siempre el mismo: manipular la opinión pública a través de una mentira que se presenta como dato verdadero. Aunque los especialistas en verificar información (fact-checkers) recomiendan que se las llame «desinformación».
En la Argentina aparecen cada vez con mayor frecuencia y dirigentes, políticos, y ONGs temen que este año electoral circulen más que nunca. Sobre todo después de la experiencia de las elecciones en Brasil, donde las noticias falsas marcaron a fuego el proceso electoral, en especial vía WhatsApp.
Según pudo reconstruir en base a entrevistas con políticos, periodistas, consultores y académicos especializados en comunicación digital, en la Argentina las fake news se producen y reproducen por instrucciones de entidades con intereses específicos: partidos políticos, financieras, gobiernos y figuras públicas les dan el impulso inicial y luego dejan que funcione la maquinaria de consumo de información en redes, donde chequear no es lo más habitual.
Los principales partidos niegan difundir contenidos falsos y acusan a sus contrincantes. En el Pro las consideran «contraproducentes» y dicen que el kirchnerismo tiene una «megausina» de fake news. En Unidad Ciudadana están convencidos de que el partido de Mauricio Macri promueve este tipo de publicaciones. Incluso Cristina Kirchner denunció que medios masivos de comunicación dieron fake news en su contra.
Mientras tanto, en el mundo virtual circulan noticias falsas en contra de referentes de uno y otro extremo del espectro ideológico, así como contra referentes de otros partidos. La dirigente de SOMOS, Victoria Donda, denunció varios ataques de este estilo durante el debate por el aborto. Este año circularon noticias basadas en una foto de una mujer que se le parecía, consumiendo cocaína.
Otro ejemplo tuvo lugar después del último festival Lollapalooza. Circuló en redes sociales un video en el que aparece un grupo de personas bajando de una aeronave, con una leyenda que apuntaba que una de ellas era hija de la gobernadora María Eugenia Vidal. No era cierto.
Los casos abundan. Es difícil medir la cantidad que circula, pero aventurar que aparecen a diario, sobre todo a medida que se acercan las elecciones, no parece una afirmación lejana de la realidad.

DESINFORMACIÓN
No existe una definición oficial del concepto de desinformación o fake news. ONGs, gobiernos, medios de comunicación y diccionarios ensayan interpretaciones y suelen coincidir en que se trata de contenidos falsos que buscan desinformar.
El reporte sobre medios británicos «Cairncross Review», publicado por el gobierno de Gran Bretaña en febrero, describe a las fake news como «desinformación [entendida como] la creación o diseminación deliberada de información falsa o manipulada que busca engañar o llevar a conclusiones erradas a las audiencias, ya sea con el propósito de causar daño, o para lograr un rédito político, personal o financiero».

EL MECANISMO
La difusión de noticias falsas no es un fenómeno nuevo, pero las redes sociales les dieron un impulso inédito. Pueden producirse de manera orgánica si se trata de un partido, o terciarizarse. El precio que cobran las consultoras o agencias de prensa -que ofrecen las fake como servicio puntual o como parte de un pack de comunicación- depende de distintas variables, como plazos de publicación, tipo de red y despliegue. Si la desinformación se necesita para el mismo día se cobra más caro que si se planifica. Y si es un desarrollo de largo aliento (por ejemplo, los meses previos a la elección) se negocia con números que superan las seis cifras. Un paquete de comunicación por redes se paga a una consultora entre 30 y 40.000 pesos por mes, como mínimo. Además, existen sitios web que publican noticias y cobran por publicar desinformación.
La gente no chequea, es muy fácil reproducir una mentira
El monto también varía según la cantidad de redes sociales que abarquen. Una estrategia en Facebook y Twitter es más accesible, pero la expertise en Instagram no está tan generalizada, por eso es más caro.
«La gente no chequea, es muy fácil reproducir una mentira», dice por vía telefónica, con reserva de su identidad, un consultor en comunicación en internet que hace diez años maneja una agencia dedicada a la difusión en redes. Desde sus oficinas ofrece la creación de una noticia a través de uno de sus portales (en formato de noticia con título y copete) o exclusivamente en redes (por ejemplo, a través de un meme); y el mecanismo para reproducirlos a través de trolls y bots.
El éxito principal de una fake news radica en la cantidad de veces que es reproducida y la cantidad de «impresiones» que causa. Cuando el trabajo está encaminado, quienes las arman muestran a sus clientes las métricas que dan cuenta de los resultados tangibles: interacciones, alcance en cantidad de usuarios, compartidos. Aunque cuando se trata de WhatsApp, la medición es casi imposible.

FABRICACIÓN
Las piezas de desinformación toman diferentes formas con distintos niveles de sofisticación. ¿Qué se requiere para fabricarlas? Según los expertos, no demasiado. Para emular un sitio de noticias, simular una captura de un tuit de una cuenta verificada, crear un meme, «trucar» una foto o imprimir un texto sobreimpreso basta con manejar las herramientas básicas de un programa de edición de imagen. Pero también hay sitios web que facilitan la tarea con plantillas determinadas. No se presentan ni fueron creados para crear fake news sino para hacer bromas o dedicatorias, pero pueden servir a esos fines. Estas imágenes suelen circular con miles de reproducciones por redes sociales.
Sin embargo, las fotos son las versiones menos complejas de fake news. Para hacer más verosímil una noticia falsa se recurre a la creación de un sitio web (hay muchas opciones para hacerlo de forma gratuita) que sirva como plataforma para crear una URL (dirección web) donde se crea una «noticia» con título, bajada, foto y texto. Mientras mejor titulada y redactada esté, y mientras más profesional sea la foto, mejores posibilidades tendrá. Y si se postea en un sitio real de noticias que accede a publicar una fake news, el efecto será mayor.
Mientras tanto, la tecnología avanza, también a favor de la desinformación. Ya se encuentra vigente un sistemas que permite crear tergiversar imagen y sonido de imágenes de forma accesible y profesional para que, por ejemplo, determinada persona aparezca haciendo diciendo determinada acción o declaración que nunca hizo o dijo.
Y las fake news también influyen en Wikipedia. El sitio permite que cualquier usuario aporte información a cada página, siempre y cuando respalde cada afirmación con una cita en formato de url. El problema es que muchas veces la «enciclopedia», que suele ser utilizada como fuente confiable justamente por ese mecanismo, se transforma en una fuente falsa, gracias a las citas de noticias que aparecen como verdaderas, pero son falsas.
Mientras tanto, en el país se implementan distintas iniciativas para combatirlas. Desde ONG como Chequeado, que se dedica a la verificación de información, como desde las mismas redes sociales, ciertos medios tradicionales y algunos partidos políticos.
DIFUSIÓN
Un usuario que no responde a una organización puede crear una noticia falsa con un programa de edición de imágenes y difundirla a través de sus cuentas en redes sociales. Pero, a menos que tenga una cantidad significativa de seguidores, probablemente no logrará mayor impacto. Para que una fake news funcione es necesario «moverla» a través de programas de bots y uso de trolls. O lograr que tenga legitimidad. La difusión es la clave de la desinformación.
¿Cómo? A través de líderes de opinión o entidades respetadas. Un actor con millones de seguidores, un dirigente político una ONG de defensa de los animales pueden lograr -en general de forma involuntaria, con un simple retuit o reenviando un mensaje que les pareció creíble- que una noticia falsa se multiplique incontables veces. «Los políticos caen bastante, sobre todo los que manejan sus propias cuentas porque se niegan a tener un community manager», dice un consultor.
Cuando la desinformación ya está en circulación, entran en escena los usuarios «de a pie». Hombres y mujeres que no están organizados ni reciben instrucciones o paga o rédito político por difundir una noticia falsa pero las comparten en sus redes sociales personales porque las creen reales o no les importa el nivel de veracidad.
Si la fake news empezó en las redes de forma anónima, el impulso «final» (entre comillas porque no necesariamente ocurre sobre la última parte del proceso) lo pueden dar los medios de comunicación tradicionales cuando legitiman la información falsa reproduciéndola en sus plataformas, sean diarios, portales o canales de TV.
ARGENTINOS Y DESINFORMACIÓN
Medir cuánto influyen las fake news en la opinión pública es una tarea difícil. En general, los estudios disponibles en el mundo les preguntan a los usuarios si están al tanto de su existencia, qué piensan al respecto y cómo las enfrentan o procesan.
El 26% de los argentinos no chequea la veracidad de la información de actualidad que ve en portales de internet y mientras mayores son, menos verifican
En la Argentina uno de los estudios más recientes sobre el comportamiento de las audiencias frente a las fake news, de la agencia SOLO Comunicación, arrojó un resultado similar. El 26% de los usuarios no chequea la veracidad de la información de actualidad que ve en portales de internet y mientras mayores son, menos verifican.
«Una vez que se enteran de que una información que circula puede ser falsa, casi la mitad de los que confirman, el 48%, decide ignorarla. Un 28% avisa a sus contactos de la falsedad, un 12% bloquea a quien le envío la información y solo un 3% denuncia la publicación», detalló a Martín Romeo, director estratégico de la agencia, a cargo de la investigación.
También mostró que Facebook y Whatsapp son, en ese orden, las plataformas más utilizadas para compartir información de actualidad en la Argentina.
GRIETA: TERRENO FÉRTIL
La investigadora del Conicet, Natalia Aruguete, quien estudia la «activación de narrativas en redes sociales», asegura que los usuarios tienden a propagar (retuitear) los mensajes que coinciden con sus creencias previas y evitan exponerse y compartir contenidos que les generan «disonancia». Las fake news circulan en las redes con esta misma dinámica.
«En una red que se ha polarizado, es más probable que las noticias falsas se activen entre los usuarios más polarizados en su posicionamiento político e ideológico, siempre y cuando haya acuerdo con esa noticia falsa y su contenido coincida con la cosmovisión reinante entre tales usuarios. Es precisamente en una red social que ha polarizado su diálogo alrededor de un asunto donde mayor probabilidad de propagación (mediante likes o retuits) tendrán las noticias falsas», sostuvo la doctora en Ciencias Sociales y magíster en Sociología Económica.

Según Aruguete, las noticias falsas no modifican las ideas de quienes están más involucrados políticamente con un tema y, por ende, tienen mayor conocimiento al respecto, aunque dichas noticias «pueden agarrar desprevenidos a aquellas personas que no tienen mucho conocimiento sobre el asunto en cuestión».
Las fake news suelen tener un contenido muy llamativo, cosas que incluso hacen dudar, pero mucha gente las comparte porque concuerdan con lo que piensan, por ejemplo, sobre determinado político.
El politólogo Kevin Grunbaum, consultor en comunicación digital, que analiza los comportamientos en redes sociales a diario para asesorar a sus clientes, está convencido de que las noticias falsas «son más fértiles» en la grieta y asegura que la desinformación no tiende a cambiar opiniones sino a «radicalizar las posturas radicales».
El provecho de las fake no está en el efecto sobre los polos ideológicos -aunque son los que la hacen circular-, sino en el impacto sobre los votantes que no encuentran un candidato que los satisfaga. Es decir, los indecisos. «En ese caso sí creemos que puede torcer una opinión, hacia uno u otro lado», dice Grunbaum.
Por su magnitud, los indecisos son una pieza clave para las fuerzas políticas en las próximas elecciones. Según las últimas encuestas sobre intención de voto de la consultora Management & Fit y de la Universidad de San Andrés, el porcentaje de votantes que aún no se definió ronda el 40% del electorado.
En el comienzo del año electoral las fake news aparecen cada semana, a veces cada día, con distintos niveles de impacto, por temas diversos. Al final del proceso de propagación intervienen los usuarios que creen que esa información es real y la difunden. Son una parte crucial, pero también los más afectados por un mecanismo intencional y organizado, aunque de bajo costo, con consecuencias tan amplias como difíciles de medir, sobre todo, combatir.
Brenda Struminger,LA NACION,Política
POLITICA
El PJ de Río Negro definió en unidad que Soria pelee por la gobernación y le envió un mensaje a la interna nacional

El peronismo de Río Negro parece ser un oasis en el desierto nacional. Una excepción a la regla de la convivencia justicialista en gran parte del país. Si bien hay resquemores, como en todas las familias, existe una unidad territorial que empieza a solidificarse y que tendrá el 8 de agosto un punto de inflexión. Ese sábado las distintas vertientes justicialistas respaldarán la candidatura a gobernadora de María Eugenia Soria.
La actual intendenta de General Roca tiene consenso para ser la candidata del espacio y en la jugada política que tienen preparada hay dos novedades positivas para el esquema nacional. La primera es que hay unidad en una provincia donde el peronismo hace tiempo que no gobierna. La segunda es que Soria será la primera candidata firme en cancha para las batallas electorales que tendrá el 2027.
Soria, que transita su segundo mandato como intendenta de la segunda ciudad más poblada de la provincia, tiene la voluntad de conducir el proceso político del peronismo y ser el eslabón que una, nuevamente, a la fuerza política con la gobernación. El último mandatario justicialista de la provincia fue Carlos Soria, que murió a pocos días de haber asumido la función. En ese cargo continuó quien era su vicegobernador, Alberto Weretilneck, que es el actual mandatario.
El peronismo rionegrino logró una importante unidad el año pasado en la previa de las elecciones legislativas. Ese amplio acuerdo alcanzado le sirvió para ganar la elección de medio término con el 30,64% de los votos. Fue una de las pocas provincias donde el PJ se coronó. Esa fue la base para empezar a construir la candidatura de Soria y conservar el equilibrio interno dentro del espacio.

Soria quiere que su compañero de fórmula sea de Bariloche, el lugar con mayor caudal electoral de la provincia. Esa negociación llegará después, porque, en base al acuerdo electoral final, ese lugar puede quedar reservado para un aliado de otro sector que no sea justicialista. El peronismo tiene decidido jugar fuerte para recuperar la gobernación después de dos décadas y para eso hacen falta acuerdos amplios.
El encuentro de agosto servirá para que todas las tribus del peronismo se reúnan y muestren su voluntad de caminar en unidad hacia el proceso electoral del año que viene. El acto del mes que viene tuvo su base en un encuentro que el PJ rionegrino había organizado para el 6 de junio, donde iban a tratarse específicamente cuestiones partidarias. La decisión de postergarlo tuvo que ver con la posibilidad de ampliar la convocatoria y darle un marco más electoral.
La idea que hay en el peronismo es instalar la figura de Soria como la candidata a la gobernación de la oposición. Y, además, será una segunda parada, después de las elecciones del año pasado, para avanzar en la reorganización del peronismo, que ha tenido varias grietas en la provincia a lo largo de los últimos años. Por eso, otro de los objetivos es que el acto sirva para abrazar a distintos sectores del campo popular como el Frente Renovador o el Frente Grande, que en el 2025 acompañaron la fórmula justicialista.

“Tenemos que ampliar y aglutinar a otros sectores porque es probable que el PRO y el radicalismo vayan junto a La Libertad Avanza. Hay que juntar fuerzas”, indicaron cerca de la intendenta de General Roca. En la antesala del año electoral no parece haber otro candidato peronista para competir. En la provincia no hay PASO y el ordenamiento permitió cerrar filas detrás de la opción de Soria.
La unidad peronista de Río Negro es un mensaje claro hacia adentro de la coalición nacional, donde sobran las internas. Admiten que la lucha electoral del 2027 será muy compleja y que no hay margen para la fragmentación. El consenso entre las partes es uno de los caminos posibles para hacer pie en la lucha electoral. Para ganar hay que buscar acuerdos y dejar las diferencias en el camino. De eso se trata.
POLITICA
El presidente de la Bolsa le expresó apoyo a Macri, pero criticó el impuesto a la renta financiera

1‘minuto de lectura
El presidente de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi, aprovechó la presencia del presidente Mauricio Macri esta noche, en el acto para celebrar el 165° aniversario de la entidad, para criticar el impuesto a la renta financiera vigente desde este año. «Creemos que debemos fomentar el ahorro interno, y con este impuesto generamos más problemas de los beneficios que obtenemos con lo que recauda el Estado», sostuvo Gabbi. Según informó la semana pasada el titular de la AFIP, Leandro Cuccioli, la recaudación de este impuesto sumó $5000 millones.
No obstante, el titular de la Bolsa ponderó que bajo la actual administración el país haya recuperado su condición de mercado emergente, y apoyó el acuerdo de libre comercio impulsado por el Gobierno entre el Mercosur y la Unión Europea.
«Al ser un mercado fronterizo, perdimos por año una inversión extranjera de entre 8000 y 10.000 millones de dólares por año. Mucho más que la ayuda que le pedimos al FMI», observó Gabbi, en referencia a la recuperación de la condición de mercado emergente. El directivo también pareció mandar un mensaje al principal partido de oposición, al advertir que «no debemos volver a mentir con los índices de la economía, porque nos sacarían de nuestra condición de país emergente. Tampoco debemos poner cepos, porque el solo anuncio significaría un gravísimo problema», dijo.
Por su parte, el presidente Macri, que se sentó junto a Gabbi en un living imaginario para dialogar con él, le agradeció el apoyo que la Bolsa le brindó al Gobierno durante la crisis del año pasado. «A pesar de la sequía y la imposibilidad de acceder al crédito internacional, nos supieron acompañar», puntualizó.
Sobre la proximidad de las elecciones presidenciales, Macri afirmó que «los argentinos están en un año bisagra en el que se confirmará el rumbo elegido» por el Gobierno, entre cuyos objetivos está, dijo, «dejar atrás a ese enano incumplidor, tramposo y defaulteador de tantos años». Y pronosticó: «Estamos por ingresar en un ciclo de 20 años de crecimiento».
«El mundo quiere invertir y está interesado en nosotros. Tenemos que integrarnos con los países fuertes para poder intercambiar y generar trabajo. Este es el camino para alejarnos del populismo y de estados como Venezuela que están fuera del sistema», apuntó el Presidente. Y concluyó: «Ahora entraremos en un período de transición en el que debemos aplicar impuestos más razonables y terminar con el Estado que le pone una pata al desarrollo de la gente».












Edición Fotográfica: Enrique Villegas
LA NACION,Política
POLITICA
Sicarios cibernéticos en el mar: la guerra electrónica que amenaza a la flota pesquera Argentina

Desde el 28 de febrero de 2026, los capitanes que intentan cruzar el Estrecho de Ormuz observan en sus pantallas de navegación algo que desafía toda lógica: supertanqueros que circulan sobre tierra firme, cargueros que atraviesan aeropuertos, buques que derivan a través de una central nuclear. No se trata de fallas técnicas aleatorias. Es el resultado de operaciones de interferencia satelital desplegadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, que desde el inicio del conflicto con Estados Unidos e Israel convirtió ese corredor marítimo —por el que transita el 20% del petróleo y gas del mundo— en el primer escenario documentado de guerra híbrida marítima a escala masiva. Lo que ocurre allí no es una amenaza futura ni un escenario hipotético. Es el presente del ciberespacio marítimo. Y es exactamente lo que el capitán Jorge A. Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca y presidente de la Fundación Centro de Estudios Superiores del Mar Argentino (FUNCESMAr), advirtió durante las Jornadas de Intereses Marítimos Argentinos celebradas en Mar del Plata: la flota pesquera argentina enfrenta las mismas vulnerabilidades, y el país carece todavía de un marco normativo que las contemple.

Los expositores organizaron el problema en torno a un marco de origen naval, hoy directamente aplicable al sector pesquero: información, tecnología y personas. La información es el activo estratégico. Las decisiones de navegación y de captura ya no dependen solo de la observación directa del capitán, sino de un flujo continuo de datos como el AIS ((Automatic Identification System, o Sistema de Identificación Automática) y entre otros, la trazabilidad blockchain.
En palabras llanas: la tecnología blockchain es una base de datos distribuida, en lugar de almacenarse en un único servidor central, la información se replica simultáneamente en miles de nodos (computadoras) conectados en red. En el sector pesquero, la trazabilidad blockchain permite registrar y verificar:
- Dónde y cuándo se capturó el pescado.
- Qué embarcación lo capturó y bajo qué licencia.
- La posición GPS del buque en el momento de la captura.
- La cadena de frío durante el transporte.
- El procesamiento en tierra y la distribución hacia los mercados.
Cada uno de esos datos queda grabado de forma permanente e inmutable en la cadena. En este punto aparece lo que el capitán Frías denominó «el problema del oráculo“: el blockchain garantiza que un dato no fue modificado después de registrado, pero no puede garantizar que ese dato fuera verdadero en el momento de ingresar. Si un buque pesca en una zona prohibida del Atlántico Sur y su GPS fue manipulado mediante spoofing (técnica de engaño digital que consiste en suplantar o falsificar una señal, una identidad o una fuente de información para que un sistema receptor la tome como legítima) para mostrar una posición falsa, ese dato falso queda registrado en la cadena con la misma solidez que uno verdadero. El certificado de origen resultante es formalmente impecable y sustancialmente fraudulento.

Es por eso que la integridad de la información satelital —y su protección frente a un engaño digital que se denomina spoofing— es la base sobre la que descansa todo el sistema de trazabilidad, por más robusto que sea tecnológicamente.
Según se advirtió en la exposición, cada sensor y cada sistema automatizado de las embarcaciones es también una puerta de entrada potencial para actores maliciosos, “los sicarios cibernéticos”, según Frías. La digitalización de puertos y buques convirtió al ecosistema pesquero en un objetivo de alto valor.
Los expositores destacaron que ante esta situación crítica, que ya es una realidad en el mundo, Argentina carece de un instrumento que articule de manera integrada la ciberseguridad, la actividad pesquera y la soberanía marítima. Y la manipulación de señales satelitales -el llamado “GNSS spoofing”- no es solo una amenaza a la navegación: es, según se planteó, una herramienta técnica para el blanqueo de pesca ilegal y el fraude en la certificación de origen, con implicancias directas sobre la soberanía argentina en el Atlántico Sur.

El Estrecho de Ormuz: laboratorio de guerra híbrida marítima
Una demostración palpable sobre las advertencias y recomendaciones que se realizaron en las jornadas sobre «La ciberseguridad marítima en la cadena de valor del sector pesquero», presentada por el Capitán Jorge A. Frías quedó al descubierto en el conflicto de Medio Oriente.
Tras los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán en la operación “Epic Fury”, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica declaró el Estrecho de Ormuz “cerrado” y aplicó una estrategia de bloqueo que combina tres métodos simultáneos: ataques físicos con misiles, drones y lanchas rápidas; minado de la ruta de separación de tráfico oficial; e interferencia electrónica masiva sobre los sistemas de posicionamiento satelital. La combinación resultó más eficaz que cualquiera de esos métodos por separado.
El Institute for the Study of War calificó el mecanismo como un esquema de extorsión y advirtió que cualquier acuerdo que reconociera el control iraní sobre el estrecho constituiría un precedente con implicancias para el comercio global.

La guerra invisible a escala sin precedentes
La dimensión electrónica del bloqueo resultó tan disruptiva como la física. En las primeras 24 horas tras el inicio del conflicto, más de 1.100 buques en aguas de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán e Irán sufrieron interferencias en sus sistemas de navegación satelital, según datos de la firma de inteligencia marítima Windward.
Los analistas vinculados a esa firma identificaron 35 clústeres de jamming activos de forma simultánea en la región. Los clústeres de jamming son zonas geográficas donde se concentran múltiples equipos o fuentes que emiten interferencias electrónicas de manera deliberada para bloquear o degradar señales de radiofrecuencia, especialmente las utilizadas por sistemas de navegación y posicionamiento como el GPS/GNSS.
La firma Lloyd’s List Intelligence documentó 1.735 instancias de interferencia GPS que afectaron a 655 buques solo entre el inicio del conflicto y el 3 de marzo. Los incidentes diarios escalaron de 350 al comienzo a 672 el 3 de marzo. Para el 7 de marzo, más de 1.650 embarcaciones habían experimentado interferencias en sus sistemas GPS y AIS en toda Asia Occidental, un incremento del 55% respecto a la semana anterior, según Windward.

De Ormuz al Atlántico Sur: la misma vulnerabilidad, otro escenario
Lo que la Guardia Revolucionaria iraní aplicó en el Estrecho de Ormuz no es una capacidad exclusiva de las grandes potencias militares. Es, precisamente, la advertencia que Frías llevó a Mar del Plata: los ataques cibernéticos contra el sector marítimo mundial crecieron un 300% entre 2019 y 2024, y la totalidad de los incidentes registrados en buques durante 2023 comprometió sistemas operativos críticos de navegación. La brecha entre el escenario del Golfo Pérsico y el del Atlántico Sur no es tecnológica. Es de conciencia y de preparación.

La exposición de Frías partió de una transformación que ya está en marcha en la flota argentina: la denominada “Pesca 4.0” incorpora sensores inteligentes, conectividad satelital permanente, inteligencia artificial para optimizar rutas, blockchain para la trazabilidad de los productos y sistemas automatizados que enlazan la embarcación con puertos, organismos de control y mercados internacionales. Esa misma arquitectura digital que multiplica la eficiencia es, al mismo tiempo, una superficie de ataque en expansión constante.
Un ecosistema hiperconectado con vulnerabilidades estructurales
El núcleo del problema reside en la convergencia entre dos tipos de sistemas que históricamente operaron de forma separada. Los sistemas IT —gestión comercial, comunicaciones satelitales, reportes regulatorios, trazabilidad— se integraron progresivamente con los sistemas OT, responsables del funcionamiento operativo del buque: el GPS, el AIS, las cartas electrónicas ECDIS (el sistema de navegación digital que reemplazó a las cartas náuticas en papel en los buques modernos); el control de máquinas, la propulsión y la cadena de frío. “Esa convergencia -explicó el capitán Frías-, es lo que habilita la eficiencia de la Pesca 4.0, pero también elimina el aislamiento que durante décadas protegió a los sistemas críticos. Un correo electrónico infectado o una contraseña comprometida pueden convertirse en la puerta de entrada al sistema de navegación de una embarcación”.

A esa vulnerabilidad estructural se suma una asimetría económica notable: un ataque que puede costarle al atacante apenas unos cientos de dólares tiene capacidad para paralizar una embarcación valuada en millones.
El desarrollo de la inteligencia artificial de frontera agrega una variable nueva: según se advirtió en la exposición, sus capacidades reducen la barrera técnica que antes limitaba a los atacantes menos sofisticados.

En estos caso, reforzaron los expositores, “la tecnología funciona como una espada de doble filo”. Cuanto más sofisticada, más frágil ante ataques dirigidos. La respuesta de mayor impacto y menor costo que propuso Frías es también la más simple: segmentar las redes operativas y administrativas para evitar que una intrusión en el área de gestión comercial escale hasta los sistemas de control de la embarcación.
Las personas constituyen el eslabón más crítico y el que no admite parches de software. Entre el 82% y el 95% de los incidentes exitosos comienzan con un error humano o una manipulación, no con un ataque técnico sofisticado. La paradoja del sector pesquero es que la misma conectividad satelital que acerca al tripulante con su familia lo expone durante las 24 horas como blanco de phishing, ingeniería social y chantaje digital. La respuesta exige formación obligatoria, principio de mínimo privilegio y una cultura de seguridad sostenida.

El ciberespacio como nuevo campo de batalla marítimo
Agencias de inteligencia y organismos de seguridad occidentales atribuyeron en los últimos años campañas de espionaje, sabotaje e interferencia electrónica a grupos vinculados con Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Estos actores fueron señalados por operaciones destinadas a infiltrarse en infraestructuras críticas, interferir señales de navegación mediante técnicas de spoofing y jamming del GPS, realizar espionaje industrial, atacar puertos, empresas logísticas y redes de transporte marítimo, y obtener información estratégica sobre movimientos navales y comerciales. Ante la creciente competencia entre potencias, los buques mercantes dejaron de ser únicamente medios de transporte para convertirse también en blancos potenciales dentro de la disputa por el control de las rutas marítimas y de la información.
Para la Argentina, la amenaza más delicada es la manipulación deliberada de señales satelitales, el llamado GNSS spoofing. Esa técnica —la misma que el CGRI desplegó en el Estrecho de Ormuz— puede falsear la posición real de un buque y, además de poner en riesgo la navegación, facilitar el encubrimiento de actividades de pesca ilegal, el fraude en la certificación del origen de las capturas y afectar directamente el ejercicio de la soberanía en el Atlántico Sur.
Un llamado urgente de decisión
Uno de los mensajes centrales de la exposición apunta a desactivar una objeción previsible: la implementación de estas prácticas no requiere grandes inversiones iniciales. La higiene cibernética básica -segmentación de redes, formación del personal, protocolos mínimos de verificación de datos- genera un retorno significativo y constituye, se planteó, el punto de partida realista para la flota argentina.

Lo que sí exige la propuesta es una decisión política y gremial que integre en una única mesa de trabajo al Estado, industria y trabajadores dado que tienen un rol único e insustituible para liderar esta agenda: la oportunidad de comprometer a esa tríada en la defensa cibernética del mar argentino.
En la reunión de expertos que se realizó en Mar del Plata, se recordó que la Organización Marítima Internacional (OMI) incorporó desde enero de 2021 la gestión de riesgos cibernéticos dentro de los sistemas obligatorios de seguridad para los buques que navegan internacionalmente y una circular que aporta el marco técnico para identificar sistemas críticos y definir salvaguardias. Ambas normas son de aplicación obligatoria para los buques de bandera argentina en aguas internacionales.
Según el capitán Frías, la legislación de nuestro país, no obstante, carece de un instrumento que articule de manera integrada la ciberseguridad, la actividad pesquera y la soberanía marítima. La Ley 24.922 de Régimen Federal de Pesca no contiene disposiciones específicas de ciberseguridad para la flota ni para la cadena de valor, y el Acuerdo sobre Medidas del Estado Rector del Puerto no contempla la dimensión cibernética del monitoreo satelital de buques. El aporte normativo actual proviene de ordenanzas de la Prefectura Naval Argentina que, sugirió Frías, requerirán actualización.

Las propuestas de los especialistas
La exposición no se limitó al diagnóstico. Frías presentó una hoja de ruta con dos ejes: uno político-gremial y otro de capacitación.
La convocatoria incluye organismos nacionales como la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesca, la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, los ministerios de Seguridad, Defensa y Relaciones Exteriores, la Armada Argentina, la Prefectura Naval, el INIDEP y el Consejo Federal Pesquero, junto con organismos internacionales como la OMI, la FAO, la OEA, Interpol y la ENISA.
El eje de capacitación se traduce en una propuesta institucional concreta: desde FUNCESMAr se impulsará el Seminario Internacional de Ciberseguridad Marítima para el Sector Pesquero, de modalidad híbrida y alcance internacional, con edición inaugural prevista para la segunda mitad de 2027.
El producto final del proceso será la primera Guía de Mejores Prácticas en Ciberseguridad para el Sector Pesquero argentino, además de un curso especializado que se incorporaría a la Diplomatura de Capitán de Pesca.
Frías finalizó su ponencia con una reflexión: “La ciberseguridad no es un costo: es una inversión en la integridad del producto argentino en el mundo”, afirmó al cierre de su exposición. “El mar no se pide prestado, se defiende. Y en el siglo XXI, defenderlo significa también defender sus datos, sus señales y su soberanía digital.”
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