INTERNACIONAL
La conmemoración de la Constitución recuerda 41 años de vigencia democrática en Guatemala

Guatemala conmemora este 31 de mayo el 41° aniversario de la Constitución Política de la República, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente el 31 de mayo de 1985 y vigente desde el 14 de enero de 1986, una norma que organiza los poderes del Estado, protege los derechos ciudadanos y marcó el retorno del país a una etapa institucional y democrática tras la ruptura constitucional de 1982.
La actual Carta Magna contiene 281 artículos distribuidos en ocho títulos, además de 22 disposiciones transitorias, y fue reformada en 1993 y 1999, según el texto fuente.
También dio origen de forma permanente a la Corte de Constitucionalidad y creó la Procuraduría de los Derechos Humanos como institución comisionada por la Presidencia pero independiente de ella, de acuerdo con el texto proporcionado.
El Día Nacional de la Constitución se celebra cada 31 de mayo por disposición del Decreto 2-86 de la Asamblea Nacional Constituyente, según el texto fuente. La conmemoración recuerda la proclamación de la norma fundamental que sustituyó el vacío institucional abierto tras el golpe de Estado de marzo de 1982.
La Constitución que rige hoy en Guatemala fue redactada por una Asamblea electa de manera directa y popular con ese objetivo. Su trabajo debía restablecer el orden constitucional después de que el país quedara sin una instancia constituyente, según el texto fuente.

El proceso que condujo a la Constituyente se inició durante el gobierno del general Efraín Ríos Montt, cuando el jefe de Estado y el Consejo de Estado emitieron tres normas: el Decreto 30-83, Ley Orgánica del Tribunal Supremo Electoral; el Decreto 31-83, Ley del Registro de Ciudadanos; y el Decreto 32-83, Ley de Organizaciones Políticas, según el texto fuente.
El Tribunal Supremo Electoral comenzó a funcionar el 1 de julio de 1983, después de la emisión de esas leyes políticas, y en su primera ley se creó la primera Comisión de Postulación, de acuerdo con el texto proporcionado. En agosto de ese año, Ríos Montt fue reemplazado por el general Óscar Humberto Mejía Víctores como jefe de Estado.
Bajo ese nuevo mando, el régimen militar y los partidos políticos acordaron convocar una Asamblea Nacional Constituyente para devolver al país a la senda constitucional, según el texto fuente. Esa decisión derivó en las elecciones del 1 de julio de 1984 para designar a 88 diputados constituyentes.
En esos comicios participaron 17 partidos políticos y tres comités cívicos, de acuerdo con el texto fuente. La Asamblea quedó integrada por 88 personas elegidas por voto popular y recibió el mandato exclusivo de redactar la nueva Constitución.
La respuesta central a qué se conmemora este 31 de mayo es precisa: Guatemala recuerda la promulgación de la Constitución aprobada por los 88 diputados de la Asamblea Nacional Constituyente el 31 de mayo de 1985, la ley suprema que desde el 14 de enero de 1986 regula el sistema de gobierno, fija las garantías de legitimidad de las autoridades y sostiene la institucionalidad del Estado, según el texto fuente.
La Asamblea organizó su trabajo con una presidencia rotativa integrada por Ramiro de León Carpio, de la UCN; Roberto Carpio Nicolle, de la DCG; y Héctor Aragón Quiñónez, del MLN-CAN, de acuerdo con el texto proporcionado. El documento final fue el resultado de negociaciones políticas plasmadas en 281 artículos.
El texto fuente señala que la participación ciudadana en la elección constituyente fue “entusiasta y masiva”, y que de ese proceso surgieron los nombres de los 88 diputados que promulgaron la nueva Carta Magna. También indica que sectores de la izquierda representativa repudiaron ese proceso electoral.
La Constitución de 1985 es, según el texto proporcionado, la más duradera de las nueve que ha tenido Guatemala desde su historia republicana. Su vigencia consolidó instituciones creadas en esa etapa de transición, entre ellas la Corte de Constitucionalidad como tribunal encargado de garantizar la supremacía constitucional.
El texto fuente añade que la fecha debía tener una conmemoración nacional y afirma que el Congreso no celebró oficialmente el Día de la Constitución como ordena el Decreto 2-86. También sostiene que omitir ese aniversario revela una desconexión de quienes están llamados a defender la ley suprema del país.
La conmemoración incorpora además una apelación pedagógica contenida en el texto fuente: reafirmar el compromiso de los guatemaltecos con el régimen de legalidad y enseñar a los niños el contenido de la Constitución para garantizar su cumplimiento.
Guatemala
INTERNACIONAL
Después del Memorándum, hay más perdedores que ganadores

En las relaciones internacionales, más que promesa moral hay un cálculo continuo, que produce ajustes cuando los costos superan los beneficios o interfieren con los objetivos. En el caso de una potencia, se comete un error cuando se ignora la presencia del cálculo, error que también cometen quienes confunden lo que es solo una fase con algo permanente.
Es lo que está hoy pasando con las relaciones entre EE. UU. e Israel que aparece con problemas, por algo que hemos insistido en esta columna, la presión ejercida por una elección, la de medio término en noviembre, que hoy la Casa Blanca está perdiendo y que tendría consecuencias tales como un juicio político al presidente y el adelantamiento de la campaña presidencial del 2028.
No creo que haya habido traición, sino que operó una situación donde en periodo electoral Washington es notoriamente infiel, y a Israel y en particular, a Netanyahu le pasó algo similar a lo que tuvo lugar cuando Biden los detuvo en las puertas de la ciudad de Rafah en Gaza, motivado por una campaña presidencial que de todas maneras perdió, solo que ahora, con Trump, fue a una escala mayor, y sobre todo, inesperado, por la relación que se había establecido, un costo también ocasionado por la indebida personalización de una alianza entre Estados.
No hay duda de que el Memorándum de Entendimiento es entre malo y muy malo para Israel, cuyas demandas de seguridad no aparecen mencionadas, pero equivocadamente en Jerusalén se confundió una etapa con lo permanente. Sin embargo, creo que se va a encontrar como otras veces un acomodo, y, para que este mal momento quede atrás, hay que esperar el resultado de las elecciones que tendrán lugar en ambos países, octubre en Israel y noviembre en EE. UU.
La verdad es que la relación ha pasado siempre por etapas, solo que en los últimos dos años pareció ser la más sólida de la historia, e Israel siempre ha tenido muy clara la defensa de sus intereses estratégicos, los que todo análisis objetivo debe reconocer que difieren de los de EE. UU. como superpotencia. No es la primera vez que algo así pasa entre Israel y EE. UU. como tampoco será la última, solo que ahora hubo sorpresa por tratarse de un presidente autodefinido como proisraelí, pero también uno que cambia de opinión con frecuencia, por lo que, esta columna, más de una vez alertó que podría producirse un distanciamiento.
Israel más que ser querido, debe buscar solo ser respetado en Washington, lo que es difícil de lograr, en periodos electorales, y retiros de Vietnam, Irak o Afganistán son testigos de aquello, para perjuicio de quienes creyeron que había amistad eterna. Ello no solo se da en el caso de Trump, sino también y en forma muy notoria en J.D. Vance, quien, como probable candidato, solo piensa en seguir contando con el apoyo de Trump y en sus votantes, en una opinión pública que claramente en los demócratas ya se está alejando de Israel.
Por lo demás, nada garantiza que Irán vaya a cumplir con lo conversado y con lo que se negocie en estos 60 días, tal como no lo ha hecho con los acuerdos anteriores. De partida, la reunión que iba a tener lugar el viernes 19 fue suspendida, y al día siguiente se anunciaba que Irán se disponía “a cerrar” Ormuz, mientras que el ejército de EE. UU. declaraba que se mantenía en “alerta”. Veremos que pasa a partir de hoy en Suiza.
En el caso actual, se ha dado lo habitual en la mayoría de las guerras, donde escasea quien realmente gana y todos pierden, sea poco o mucho. De hecho, hay diversas formas de mirar lo que ha pasado, ya sea como una guerra “corta”, que se habría iniciado el 28 de febrero, o más bien sería la culminación de una confrontación ininterrumpida que se inició por parte de Irán en 1979 con la toma de la embajada de
EE. UU. o la posición que yo prefiero, explicada en un libro reciente (1) y que sitúa el inicio en el apoyo que le dio Irán a la invasión de Israel por Hamas el 7- X (2023) y que activó a todas sus milicias proxis, lo que obligó a Israel a luchar simultáneamente en 7 frentes. Es lo que ahora está culminando, aunque sea de forma inesperada.
Si de ganadores y perdedores hablamos, el gran ganador no está en quienes combatieron, sino que lo son el petróleo y el gas, que, sobre todo el primero demostró cuán central sigue siendo, no solo en la economía, sino también en el propio funcionamiento de las sociedades. Por lo mismo, un gran perdedor fue el alarmismo climático que los ha satanizado, al igual que los países que han desechado a la energía nuclear que vuelve a interesar por la necesidad existente de abundante electricidad para la IA. Es así como se ha presenciado un predominio del petróleo en las noticias y en las declaraciones de los políticos, al igual que un casi total olvido de las energías alternativas, y una pérdida de protagonismo de los activistas del medio ambiente. Es decir, tenemos presencia geopolítica y económica del petróleo para un tiempo mayor del que se suponía antes de la guerra. Ahora, tal como lo ha expresado Arabia Saudita, la prioridad la tiene la inversión en nuevos oleoductos que eviten Ormuz o en reparar los grandes daños causados por Irán.
En una región como el Medio Oriente donde triunfo y derrota no significan lo mismo que en Occidente, sin duda el sentimiento que se impone en Irán es de triunfo, toda vez que lo más importante para ellos fue que la revolución islámica sobrevivió la confrontación con la primera potencia del mundo, que ahora, a diferencia de la guerra de 12 días de 2025, buscaba el fin de esa revolución y la caída del gobierno.
En todo caso, la destrucción fue a todo nivel, ya que se quedó no solo sin marina de guerra o fuerza aérea, sino que la devastación económica fue muy grande, con gran desempleo y demolición de fábricas, actividades comerciales y un embargo de puertos que paralizó toda venta de combustible. La supervivencia del régimen fue también ayudada por aciertos propios como haber efectivamente cerrado el estrecho de Ormuz, y una descentralización de los misiles a través de todo el territorio que le dio crédito a una imagen de “resistencia”, a pesar de que cada vez dispuso de menos misiles para atacar, debido a que no pudo producir para reemplazar a los que se disparaban.
Entre los errores de EE. UU. los más llamativos fueron haber detenido su avance militar en momentos de total predominio y donde Irán mostraba la mayor debilidad desde 1979, y, sobre todo, no haber previsto la bomba económica que se estaba preparando en Ormuz con el petróleo, además que perdió disuasión ya que sus amenazas de usar la fuerza en el estrecho nunca se materializaron, lo que lo hacían aparecer como tigre de papel.
En Israel, el sentimiento es hoy de traición en la población y de enojo en militares y el gobierno, aunque es de responsabilidad propia que hasta el momento no haya conseguido el objetivo de derrota total de Hamas y Hezbolá, ambos muy degradados y a la defensiva, pero que deben sentirse envalentonados por el distanciamiento con EE. UU. y por las declaraciones que hoy están hoy saliendo de Washington, que no auguran un apoyo similar al que Trump entregó en el pasado, y un futuro que no se ve pro israelí en lo que ha dicho el vicepresidente Vance, en caso que él sea el candidato republicano, y mucho menos, en lo posibles candidatos demócratas.

Pero lo de Israel y EE. UU. es una realidad mezclada, donde es notorio el triunfalismo de la Casa Blanca por haber firmado el Memorándum, pero también el desencanto de no haber logrado objetivos principales de la actividad bélica. En todo caso, siempre hay que incorporar al análisis los logros positivos. Por ejemplo, en el caso de EE. UU. cuyo objetivo principal era el fin de la amenaza de la bomba atómica, a favor figura que los bombardeos han retrasado en muchos años a ese programa nuclear como también que, por las sanciones, Irán no dispone hoy de la posibilidad de comprar o fabricar los componentes.
En el caso de Israel, la guerra con Hamas, a pesar de haberlo degradado como amenaza, el hecho importante es que se mantiene firme en el gobierno de Gaza. Por su parte, Hezbolá no solo ha sufrido militarmente con la invasión israelí del sur de El Líbano, sino que por vez primera existen conversaciones directas entre Israel y el gobierno libanés, en que ambos concuerdan en que ese grupo terrorista debe desarmarse como también que Irán no siga interviniendo en los asuntos internos libaneses. Y aunque en la parte negativa para Israel, han sobrevivido aquellos que quieren su destrucción como Hamas, Hez bolá y la revolución islámica iraní, no hay duda de que esta última está lo suficientemente debilitada como para que no le sea posible movilizar a sus proxis, con la excepción de El Líbano. La verdad es que Irán, aunque ganó en la negociación diplomática, sufrió tal castigo militar, que hoy no da el miedo que producía antes como tampoco está en condiciones de enfrentar de igual a igual a Israel que tiene total superioridad aérea, lo que le permite entrar y salir de ese territorio sin ser interceptado.
Y aunque en el futuro no sobreviva, por ahora, a Irán su estrategia de guerra híbrida le dio resultado no solo contra EE. UU, sino también contra los países árabes, las monarquías del Golfo a las cuales bombardeó castigando fuertemente sus exportaciones de gas y petróleo, por lo que las consecuencias para esos países fue también mezclada, ya que por un lado, algunos fortalecieron la relación que tenían con Israel, notablemente en el caso de los Emiratos, pero fracasó su neutralidad, ya que de todas maneras fueron atacados por Irán.
Hoy se aprecia un nuevo mapa de alianzas en la región, por lo que, en el Golfo, aparecen tres actitudes: primero, la de Catar, que, aunque era aliado de Irán, de todas maneras, fue objetivo militar por ser un lugar donde hay bases estadounidenses, y a pesar de los ataques, junto a Pakistán y Turquía ha buscado mediar entre Washington y Teherán. Segundo, Arabia Saudita ha tenido una posición equidistante, alejándose de Israel y acercándose a Pakistán y Turquía en la búsqueda de una especie de frente sunita. Tercero, la mayor sorpresa han sido los Emiratos Árabes Unidos, no solo acercándose a Israel sino también confrontando a Irán, por lo que destaca su actitud desafiante hacia la agresión.
En todo caso, no hay duda de que primero, EE. UU. no defendió adecuadamente a sus aliados árabes del Golfo lo que también influyó en que hayan tenido diferencias en la forma de enfrentar a Teherán. En segundo lugar, seguramente el futuro cercano mostrará una fuerte preocupación de las monarquías petroleras en su defensa y sus FF. AA., ya que, a pesar de tener armamento avanzado y que sus adquisiciones de material estadounidense son muy similares a las de Israel, sin embargo, el desempeño no estuvo a la altura de ese armamento, lo que quizás refuerce el acercamiento de alguno(s) a Tel-Aviv. Por ahora, es indudable que se ha resentido la alianza tan estrecha que tenían con EE. UU., toda vez que la presencia de bases militares no sirvió para defenderlos.
Los perdedores de esta guerra también incluyen a la Autoridad Palestina, ya que su ambigüedad y su falta de condena real a la invasión de Hamas no les sirvió, toda vez que hoy el Estado Palestino no parece estar en el calendario de eventos próximos, a no ser que el distanciamiento actual de Israel y EE. UU. lleve a presionar por ese lado. Sin embargo, hoy no parece ser prioritario, salvo para Europa. En todo caso, hubo elecciones locales en Cisjordania el 25 de julio, y en solo una localidad de Gaza, Deir al Balah. La participación fue baja, ya que solo alcanzó el 53,4%, toda vez que hubo boicot de Hamas que no figuró en las listas electorales por su negativa a la solución de los dos Estados. En todo caso, eran más bien de legitimación de su presidente Abu Mazen, ya que las ultimas presidenciales se celebraron el 2005 y las últimas legislativas el 2006.
Los perdedores de la confrontación entre EE. UU. e Irán también incluyen a la ONU y a Europa que han mostrado una total irrelevancia, a pesar de la importancia de este conflicto para el mundo. Por su parte, para la lucha por quien será en definitiva la gran potencia de este siglo XXI, este conflicto ha mostrado las limitaciones de EE. UU. como superpotencia, al mismo tiempo de ilustrar sobre las insuficiencias de China, gran poder económico, pero que, en temas militares y geopolíticos, todavía se limita al Asia, fundamentalmente Taiwán, ya que todavía no desarrolla la capacidad de desplegar poder y fuerza en otras regiones del globo.
Al listado hay que agregar a las comunidades judías a través del mundo, ya que el antisemitismo-judeofobia no parece haber amainado, sobre todo, en el caso reciente de los judíos en el Reino Unido, donde Israel ha reemplazado hoy en el odio a lo que fue la religión o la “raza” en el pasado, por lo que todo indica, que seguramente los actos agresivos van a aumentar antes que disminuyan.
Entre los perdedores, hay que añadir a los ciudadanos y las mujeres de Irán, ya que no hay duda, que la supervivencia de la revolución islámica en el poder es una muy mala noticia, que perjudica toda movilización contra la tiranía, toda vez que el Memorándum que comentamos tiene un fuerte olor a impunidad a quienes asesinaron alrededor de 40.000 manifestantes en las calles. También, es una mala noticia y un retroceso para las minorías que buscaban un trato igualitario en Irán, tales como kurdos, árabes, azeríes y los habitantes del Beluchistán histórico.
Del mismo modo, la situación actual es una noticia desagradable para todos aquellos pueblos sin un Estado y que lo buscan hoy, no solo los palestinos, sino también un grupo más numeroso como son los kurdos y uno menos, pero que también busca su propio Estado o al menos autonomía en Siria, como es el caso de los drusos.
Esta guerra también ofrece lecciones para aquellas fuerzas armadas que no se han adaptado a las nuevas características, no solo la importancia de los drones, sino también que se puede sobrevivir a una ofensiva en su contra de un poder superior, tal como lo han demostrado Ucrania e Irán, a pesar de no contar hoy ninguno de los dos con aviación o marina.
Los perdedores, por ahora, también incluyen a Trump, quien ha perdido prestigio entre aquellos iraníes que creyeron en la petición que “salieran a las calles ya que ayuda iba en camino”, tal como ahora lo están expresando en las RRSS. Netanyahu también se ve perjudicado en plena campaña electoral, por el estatus que había adquirido Trump en la ciudadanía israelí, después de haber logrado la liberación de los rehenes vivos, demostrando que en el nuevo escenario podría no ser la persona adecuada para manejar esa relación clave por el distanciamiento mencionado.
Como conclusión, me parece que este Memorándum va a seguir el camino de la “Paz para Gaza”, donde aquellos hoy olvidados 20 puntos se parecen a los 14 puntos actuales, es decir, buenas intenciones que no se materializaron. En el caso de Gaza, ni Hamas se ha desarmado como tampoco se han cumplido los compromisos de inversión o tropas de pacificación que nunca van a aparecer mientras Gaza siga controlada por ese movimiento terrorista, razón adicional, por la cual un país como Israel, consciente de sus necesidades estratégicas, no va a salir del sur libanés, mientras desde allí se siga atacando a la población del norte israelí, y habría que preguntar cuál de los países que lo critican, aceptaría en sus fronteras una situación similar.
Lo que estamos viviendo confirma lo anticipado por quienes saben de guerras, que los ceses del fuego temporales tienden a transformarse en permanentes como en Corea, como también que regímenes como el de Irán no desaparecen por bombardeos desde el aire, por lo que, por último, lo malo de que EE. UU. haya terminado la guerra antes de tiempo, es que la supervivencia de la revolución islámica va a dificultar una verdadera transformación posible del medio oriente, en el sentido de una alternativa a Ormuz, donde la alianza incipiente entre árabes sunitas e Israel podría haber asegurado oleoductos y gasoductos que llevaran la producción desde las monarquías del Golfo hasta puertos israelíes, de donde podrían salir a Europa y a Asia, evitando así el chantaje iraní.
Al mantenerse la revolución islámica y ante la falta de una resolución militar, lo único seguro es que el conflicto podría reaparecer, por lo que son infundadas las ilusiones en un Memorándum que ni siquiera es expresión de un acuerdo de paz, situación que demuestra que EE. UU. sigue sin entender al medio oriente, ya que ahora ha ayudado a que Irán reedite la tradición de convertir derrotas militares en victorias políticas, tal como lo hiciera Nasser en Egipto en 1967, después de la Guerra de los 6 Días.
(1) Ricardo Israel, En Defensa de Israel, Interamerican Institute for Democracy, Amazon, 460pp, 2025
Máster y PhD en Ciencia Politica (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
u.s.,us
INTERNACIONAL
Trump administration probe could upend widely used transgender youth treatment guidelines

NEWYou can now listen to Fox News articles!
The organization widely regarded as the leading authority on transgender medical treatment is facing allegations from the Federal Trade Commission that it built influential treatment guidelines for minors on evidence its own leaders privately acknowledged was limited and uncertain.
The complaint, filed in a Texas federal court by the Federal Trade Commission and the attorneys general of Alaska, Iowa, Nebraska and Texas, accuses World Professional Association for Transgender Health (WPATH) of developing and promoting guidance that healthcare providers relied upon when recommending puberty blockers, cross-sex hormones and sex-change procedures for minors.
The case could determine whether the medical guidance that shaped transgender treatment for thousands of children was built on solid evidence or agenda-driven speculation.
FTC Chairman Andrew Ferguson said the lawsuit is a consumer-protection case focused on whether families were properly informed about the risks and benefits of these treatments.
The FTC sued the World Professional Association for Transgender Health, alleging the organization misled parents and doctors about transgender medical treatments for minors. (Getty Images)
WASHINGTON POST ADMITS SCIENCE BEHIND PUBERTY BLOCKERS AND HORMONES FOR MINORS NOT CLEAR
«Children, but especially their parents, must have complete and truthful information when making decisions to purchase medical services,» Ferguson said in a statement. «For decades, the FTC has taken action against entities that make deceptive and unsubstantiated health-related claims.»
At the center of the lawsuit are allegations that WPATH publicly described its Standards of Care as evidence-based and rooted in expert consensus while some of the organization’s own leaders privately acknowledged limitations in the available evidence.
The complaint cites a 2023 strategy memo from Standards of Care 8th edition lead author Dr. Eli Coleman stating that «all of us are painfully aware that there are many gaps in research to back up our recommendations.»

People hold signs during a joint meeting of the Florida Board of Medicine and the Florida Board of Osteopathic Medicine to establish new guidelines limiting gender-affirming care in Florida on Nov. 4, 2022. (Ricardo Ramirez Buxeda/Orlando Sentinel/Tribune News Service)
ESSAY EXPOSES CRUMBLING MEDICAL CONSENSUS ON YOUTH GENDER SURGERY
It also references comments from Dr. Amy Tishelman, lead author of the organization’s chapter on children, who acknowledged in an NPR interview that there was no established «research basis» for determining the best assessments or treatments for «transgender youth.»
Federal regulators further allege WPATH removed age minimums from its 2022 Standards of Care for procedures including breast removal surgeries without scientific justification. According to the complaint, internal discussions revealed some WPATH leaders struggled to identify evidence-based reasons supporting the change.
Kurt Miceli, chief medical officer for Do No Harm, a medical ethics advocacy organization, said the allegations raise serious questions about how the organization’s guidelines were developed.
PLASTIC SURGEON CITES ‘EMOTIONAL BLACKMAIL,’ POOR EVIDENCE IN WARNING AGAINST YOUTH GENDER SURGERIES
«The conflicts of interest that are within the standards of care are significant, and again, not brought to light, and this is part of that deception, and the concern that WPATH has sort of stated that the science is there behind pediatric medical transition when it is not.»
Federal regulators allege that many of the clinicians and surgeons who helped draft WPATH’s guidelines had financial and professional interests tied to the treatments being recommended.
«What WPATH did was stack the deck with folks who had a financial invested interest in promoting pediatric medical transition, and subsequently you get guidelines that push hormones, puberty blockers, and surgeries,» Miceli said.
GENDER DYSPHORIA TREATMENTS POSE ‘SIGNIFICANT RISKS’ TO KIDS AND TEENS, HHS REPORT REVEALS
The lawsuit argues WPATH’s influence extends far beyond its membership. Its Standards of Care have been widely cited throughout medicine and have helped shape treatment protocols, insurance coverage decisions and professional guidance across the United States.
WPATH is a co-sponsoring organization of the Endocrine Society’s widely used clinical practice guideline on gender dysphoria and gender incongruence. The American Academy of Child and Adolescent Psychiatry describes WPATH and Endocrine Society guidance as the two most widely known clinical guidelines used by providers caring for youth with gender dysphoria.
Among the most serious allegations are claims that WPATH promoted pediatric transition procedures as «lifesaving» despite insufficient evidence that such interventions reduce suicide risk.
PROGRESSIVES TRAPPED IN ‘MISINFORMATION BUBBLE’ ABOUT TRANSGENDER YOUTH TREATMENTS, ATLANTIC WRITER ADMITS
The complaint cites instances in which parents were allegedly asked whether they would «rather have a live daughter or a dead son» when considering treatment options for their children.
«When WPATH says that these are life-saving interventions, and then we hear physicians tell parents, ‘Would you rather have a dead son or a living daughter?’, and we hear that line repeated, which again is not supported by evidence by any means whatsoever,» Miceli said.
«The benefits that WPATH is claiming are there actually aren’t,» Miceli told Fox News Digital. «In fact, the benefits are a very low certainty.»
CHLOE COLE REVEALS INTENSE PRESSURE TO TRANSITION AS A MINOR, PARENTS WERE TOLD SHE’D ‘PROBABLY DIE’

Graham Linehan poses with a placard reading «There’s no such thing as a transgender child» outside Westminster Magistrates Court in London on Sept. 4, 2025. (Dan Kitwood/Getty Images)
The complaint alleges that some minors who underwent medical transition experienced lasting complications, including chronic pain, sexual dysfunction, urinary incontinence, fertility concerns, nerve damage and ongoing psychological distress.
WPATH rejected the allegations Wednesday, calling the lawsuit politically motivated and legally flawed.
«This is the second time this year the Trump Administration has abused the authority of its agencies to interfere with Americans’ rights to seek and obtain the healthcare that should be decided between a patient and their physician,» the organization said in a statement.
PRISHA MOSLEY: DOCTORS TOOK MY BODY APART FOR GENDER ‘CARE.’ NOW THEY ADMIT IT WAS WRONG
«For more than 50 years, WPATH has been committed to developing guidelines informed by established scientific standards, expert consensus, and patient centered values.»
Miceli said the lawsuit should prompt a broader review by medical organizations that have relied on WPATH’s guidance.
CLICK HERE TO DOWNLOAD THE FOX NEWS APP
«We need the American Medical Association, the Endocrine Society, the American Academy of Pediatrics, the American Psychiatric Association—the list goes on—we need them to look at the evidence as well, and they need to do that immediately,» he said.
«The standards of care is terribly flawed, and again it has done considerable harm as a result,» Miceli continued.
health care, surgery, childrens health, medical research, parents
INTERNACIONAL
La noche en que una función de ópera en Berlín puso al mundo al borde de la guerra nuclear

La ópera tiene amantes y detractores. Los amantes son, como todos, apasionados. Los detractores esgrimen alguna tontería como la que afirma que es un género anticuado y vetusto, que lo es. También la guerra es anticuada y vetusta y sigue allí. Ahora, que un tipo esté dispuesto a desatar una guerra, probablemente atómica, porque le gusta la ópera, esa sí que es una tontería grande como una catedral.
Sin embargo, hace 65 años, a partir del domingo 22 de octubre de 1961, estuvimos a punto de ir a la guerra nuclear porque a Allen Lightner, el más alto cargo civil de la misión diplomática de Estados Unidos en la Alemania dividida y en el Berlín dividido, se le ocurrió ir junto a su esposa a escuchar ópera al sector Este de la ciudad. Eso era un desafío para las fuerzas de ocupación soviéticas que frenaron a Lightner, a su mujer y al auto del diplomático ni bien sus ruedas pisaron el sector ruso.
Cinco días después, el viernes 27, treinta tanques de Estados Unidos se enfrentaron con treinta tanques soviéticos a poco más de 30 metros de distancia, cara a cara, cañón a cañón, a ver quién pestañeaba primero. El mundo se paralizó, estuvimos así de ir a la guerra, tuvo que intervenir un espía ruso para calmar las aguas y el fantasma de la guerra huyó, se agazapó en espera de otra oportunidad.
También es posible que, además de gustarle la ópera, Lightner fuese un provocador. Lo era. La historia es una muestra, quién sabe si simpática, del ardiente mundo de lo que se llamó Guerra Fría. Todo sucedió a dos meses de instalado el Muro de Berlín que, en principio, fue de alambres de púas y bolsas de arena. Muro, lo que se dice muro de cemento y piedra, se construyó después. En aquella ciudad dividida, los berlineses del Este tuvieron prohibido pasar al Oeste y los del Oeste ni pensaban en pasar al Este. Quienes lo hacían necesitaban un permiso oficial y presentar sus documentos a la policía de la RDA, la República Democrática Alemana, dominada por la URSS a cargo de Nikita Khruschev. Convoyes militares estadounidenses y patrullas de la policía oriental en la frontera del muro. (Foto: National Archives and Records Administration)
Khruschev quería Berlín para la URSS porque vigente estaba la idea que afirmaba que quien dominara Berlín dominaría Europa. Y había pensado en otorgar cierta independencia, figurada y figurativa, a la RDA que presidía entonces Walter Ulbricht, un comunista alemán que en 1933 había huido de los nazis y había ido a parar a los brazos de oso del dictador José Stalin. Por orden de Khruschev, Ulbricht había dispuesto que el muro en formación y crecimiento, alambres y arena, estuviese bajo vigilancia de la policía militarizada de la RDA, conocida como Volkspolizei y mucho más conocida como “vopos”, uniformados todos de un verde demasiado similar al de la destruida Whermacht de Adolf Hitler, y con unos cascos en forma de pequeña palangana. Eran los “vopos” los que pedían papeles a los occidentales que querían pasar al sector Este.
Pasar hacia el lado comunista no era para todos. Estaba reservado solo para militares o civiles empleados por las fuerzas aliadas, empleados de las embajadas, extranjeros, trabajadores permanentes de la República Federal Alemana, la occidental y funcionarios de la RDA. Para los aliados, aceptar la autoridad de los “vopos” para pedir papeles o cualquier otra cosa, implicaba el reconocimiento de cierta soberanía del sector oriental de Berlín, y eso era inaceptable: solo hablaban con autoridades o tropas soviéticas.
En ese ambiente volátil, a Lightner se le ocurrió aquel domingo ir a la ópera de Berlín para ver y escuchar a una compañía de teatro lírico experimental checoslovaca. Poner en peligro la paz del mundo por apostar a una compañía experimental checa es tener un par de narices de acero. Pero el tipo estaba empeñado en pasar un domingo musical. Le pidió a su mujer, Dorothy, que lo acompañara, treparon ambos al Volkswagen familiar y encararon para el estratégico Checkpoint Charlie que fue desmantelado y demolido el 22 de junio de 1990, después de la caída del Muro, y hoy es un museo; pero en esa época, y por casi tres décadas, fue uno de los puntos clave de la Guerra Fría.
El Muro había dejado apenas tres pasos abiertos a lo largo de todo Berlín y con los debidos controles fronterizos, se trataba de una ciudad dividida en dos en un país también dividido en dos. Los aliados les dieron el nombre del alfabeto fonético militar que es casi universal. Al primero de los pasos lo llamaron Checkpoint Alfa: estaba en la autopista que conectaba a Berlín con la zona del Rhur. Al segundo lo llamaron Checkpoint Bravo, se alzaba en la autopista Dreilinden, que también conectaba la zona del Rhur, pero por el Este. El tercero, el Checkpoint Charlie, se instaló en la Friedrichstrasse, la avenida más céntrica y comercial de Berlín de antes de la guerra, ahora también dividida en dos.
Lightner puso su Volkswagen en marcha en la puerta de su residencia del distrito de Dahlem, una mansión que le había sido confiscada a un jerarca nazi, con plena conciencia de lo que iba a suceder: su vida no corría peligro; su noche de ópera, sí. Cuando dejó atrás el Checkpoint Charlie y Berlín Oeste y entró en Berlín Este, los “vopos” le salieron al paso, interceptaron el auto y le pidieron papeles, documentos, autorizaciones; Lightner se negó: solo se identificaría ante oficiales soviéticos. Los policías le dijeron que era domingo y que no iban a hallar disponible a ninguna autoridad rusa: o mostraba los papeles o regresaba. Lightner dijo que de ninguna manera, que tenía entradas para la ópera y que tenía decidido pasar.
La discusión siguió durante 45 minutos, hubo gritos, amenazas y desafíos. Los “vopos” tenían orden de disparar a cualquiera que quisiera entrar al Este sin papeles, como si se tratara de alguien que pretendía huir a Berlín Oeste, pero sabían que matar a un diplomático estadounidense podía desencadenar una guerra. Desde el teléfono de su auto, un adelanto técnico de la época, Lightner llamó al general Lucius Clay y le contó en qué lío estaba metido.

Un auto diplomático de los Estados Unidos rodeado de soldados americanos cruza hacia Berlín Oeste. (Foto: National Archives and Records Administration)
Clay era un héroe para los alemanes: había sido segundo del general Dwight Eisenhower durante la guerra y había enfrentado con éxito el bloqueo de Berlín ordenado por Stalin en 1948. Se había retirado en 1949, pero el presidente John Kennedy le pidió que regresara a Berlín como su enviado especial. Clay estaba en desacuerdo con la política apaciguadora de Estados Unidos frente al Muro, así que aquel domingo dijo a Lightner que siguiera adelante con su osada excursión hacia el peligro.
Leé también: El día que Reagan desafió a la URSS frente al Muro de Berlín y la frase que anticipó el derrumbe del comunismo
Por su parte, Lightner no era solo un amante de la ópera. Como joven diplomático enviado a la Unión Soviética a fines de 1930, había huido con todos los documentos de la embajada estadounidense en Moscú cuando los nazis invadieron la URSS en 1941. Era un anticomunista fervoroso, que fue a parar a Londres para compartir con los británicos los refugios subterráneos durante los bombardeos alemanes. Su decisión de ir a la ópera formaba parte de un plan pergeñado y autorizado por Clay para saber hasta dónde se podía torcer el brazo a los soviéticos en Berlín.

Soldado estadounidense monitoreando los tanques soviéticos. (Foto: National Archives and Records Administration)
En pleno tira y afloje con la policía militarizada alemana, y cuando caía la tarde otoñal, uno de los “vopos” le advirtió al empecinado Lightner: “Va a tener que quedarse aquí toda la noche, hasta mañana, cuando aparezca algún oficial soviético, si es que aparece alguno”. Y Lightner, que a esta altura ya había olvidado a la compañía experimental checa de lírica, dijo: “Lo siento, voy a usar mi derecho como miembro de los aliados a entrar en cualquier sector de Berlín”. Apretó el acelerador, el Volkswagen pegó un salto, casi embiste a dos policías y fue a detenerse cerca de uno de los bloques de cemento colocados en forma escalonada, que impedían el paso veloz de cualquier vehículo. Los alemanes, armados hasta las cejas, volvieron a frenar el auto mientras desde el sector Oeste dos jeeps cargados con soldados del Grupo de Batalla 2, armados con fusiles M14 y bayoneta calada, todos a órdenes de Clay, estacionaron detrás del auto de Lightner y lo rodearon para protegerlo. Fue la primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial que tropas estadounidenses entraron en territorio soviético.
Uno de los soldados americanos invitó a Dorothy Lightner a bajar del auto y a regresar con uno de ellos al Checkpoint Charlie. La mujer no quiso. “Órdenes del general Clay –le dijo el soldado– Nuestras órdenes dicen que su presencia no es necesaria aquí”. La mujer volvió al Oeste y Lightner, con siete soldados que custodiaban su auto, entró con suma lentitud unos 150 metros en Berlín Este, sin que los “vopos” atinaran a hacer algo. El Volkswagen después giró en U y regresó a Berlín Oeste, solo para volver a ingresar al Este y repetir el paseíto, siempre con los soldados de Clay dispuestos a disparar. Frente al Checkpoint Charlie se alistaron un par de tanques americanos y unos bulldozers dispuestos a arrasar en parte aquel precario muro de alambre de púas y arena si era necesario. No fue necesario.
Así fue como terminó todo. O casi todo. Faltaba lo mejor. En Washington algunas almas temblaban. Kennedy, que vivió toda su presidencia con el temor de un conflicto nuclear desatado por error o por tontería, que había seguido el incidente minuto a minuto, para usar un lenguaje de hoy, y que además conocía al tozudo Lightner, preguntó: “¿Qué es lo que está haciendo ese tipo?” Dean Rusk, su secretario de Estado, le contó el motivo del incidente y quiso calmarlo: “Es una cuestión de los vopos. No hay soviéticos metidos en esto”. Y Kennedy: “Decíle a ese tipo que no lo mandamos a Berlín para que vaya a la ópera”.

Los tanques americanos y soviéticos enfrentados en Check Point Charly en octubre de 1961. (Foto: National Archives and Records Administration)
Después, el presidente se dio un baño de realidad: habló con el general Clay para enterarse de qué era lo que pasaba. El militar le reveló que él mismo había dado las órdenes esa agitada noche; dijo a Kennedy que si los soldados del Oeste retrocedían, Estados Unidos perdería toda su credibilidad en Alemania. Era más o menos lo que Kennedy le había dicho a Khruschev cuatro meses antes, durante su encuentro en Viena, el día en que ambos se amenazaron con la guerra. Así que Kennedy debió elegir entre dos alternativas: o abdicaba de su estrategia política, o confiaba en el general Clay. Confió en Clay.
El miércoles 25 de octubre, otro auto, identificado ahora con la patente de las tropas de ocupación y con diplomáticos estadounidenses en su interior, ingresó a Berlín Este. Aquí, justo es decirlo, Lightner ya no tenía nada que ver. Y la ópera checa menos. El jueguito del domingo anterior volvió a repetirse con una variante: ni bien los “vopos” pararon el auto de los diplomáticos, Clay ordenó que diez tanques marcharan hacia la Friedrichstrasse con sus cañones apuntando a las fuerzas policiales del Este. Tres jeeps, cada uno con cuatro soldados con fusiles y bayonetas caladas, atravesaron el puesto fronterizo, se formaron frente al coche de los diplomáticos y se adentraron en Berlín Este. Esta vez sí había oficiales soviéticos junto a la policía militarizada alemana. Pero solo miraron.
El viernes 27, otro auto con civiles estadounidenses a bordo fue detenido por los vopos y volvieron las discusiones; los americanos, apoyados por diez tanques desde el otro lado, pedían a un oficial soviético para identificarse y los policías alemanes se negaban a convocar a uno. No fue un oficial soviético el que apareció en el escenario en el que se jugaba la paz del mundo: fueron diez tanques rusos T-54 con sus cañones apuntando a los tanques americanos.

El enfrentamiento de tanques en el Checkpoint Charlie en Berlín. (Foto: National Archives and Records Administration)
El jueguito había terminado. Entre las dos fuerzas de blindados había menos de treinta metros de distancia: eso era lo que separaba a la paz del primer enfrentamiento de la era nuclear entre soviéticos y americanos. Era un espectáculo que seguían, como en un partido de fútbol, las cámaras de los corresponsales de medio mundo. Desde Washington, y por teléfono, Kennedy y parte de su gabinete seguían en vivo aquel duelo entre matones de barrio. Kennedy y Clay volvieron a hablar. Los documentos oficiales recogieron el diálogo:
Kennedy: -¿Cómo andan las cosas por allí, general?
Clay: -Fantástico, señor presidente. Estamos iguales: diez tanques de cada lado. No, espere: los rusos han traído ahora veinte tanques más. Ahora son treinta. Eso prueba que tienen información exacta sobre nuestras tropas. Es el número de tanques que nosotros tenemos en Berlín. Así que vamos a traer nuestros restantes tanques también.
Kennedy: -¿Está nervioso, general?
Clay: -¿Nervioso? Aquí no hay nadie nervioso, señor. Si hay alguien nervioso probablemente sea alguien en Washington.
Kennedy: -Bueno, general: aquí hay un montón de gente nerviosa. Yo no soy uno de ellos.
¡El mundo entero estaba nervioso! Y Clay también. En algún momento pensó: “Dios mío, un subteniente soviético puede desatar la tercera guerra mundial…” La guerra dependía de una interpretación semántica, de un imbécil inquieto o con vocación de héroe, de un yerro o de un mal cálculo. Era raro que hubiera disparos, pero podía suceder. Ahora que ambas potencias se habían mojado las orejas, restaba solucionar el drama más agudo del conflicto: cómo retroceder con cierta dignidad. Kennedy y Khruschev dialogaban sin hablarse. El hermano del presidente, Robert Kennedy, que era fiscal general, algo así como ministro de Justicia, mantenía entonces una estrecha relación con Georgi Bolshakov, un ruso acreditado en la Casa Blanca como editor periodístico de una revista de novedades de la Unión Soviética. De periodista, nada: era un espía. Los Kennedy habían decidido llevar adelante un diálogo con Khruschev por encima de la CIA y de la KGB, del Departamento de Estado a cargo de Rusk y de la cancillería soviética a cargo de Andrei Gromyko y por encima de los jefes militares de los dos bandos. Era peligroso, pero así jugaban.
El mensaje de Kennedy a Khruschev, vía Bolshakov, propuso, palabras más o menos, que si la URSS retiraba sus tanques dentro de las veinticuatro horas, “los nuestros harán lo mismo media hora después”. En la mañana del 28 de octubre, los tanques soviéticos se retiraron. Primero, Khruschev tuvo que convencer al mariscal Iván Koniev, su viejo amigo y héroe de guerra de la URSS. Lo hizo con un argumento sencillo y realista: “Iván, creéme, nada de esto vale una guerra”. El mariscal hizo lo que le ordenaban, pero ubicó sus tanques detrás de los edificios de la Friedrichstrasse, fuera de la vista de los aliados, y con sus motores en marcha. Los tanques americanos hicieron lo mismo y el incidente se dio por terminado. Para evitar peligrosas repeticiones, el gobierno de Ulbricht decretó de inmediato que los únicos en no ser identificados por los vopos serían de ahora en más, el personal aliado que viajara a Berlín Este de uniforme. John Kennedy y Nikita Khrushchev reunidos. (Foto: Google)
El Muro de Berlín cayó en 1989, dos años antes del fin del comunismo en la URSS. Al año siguiente, el Checkpoint Charlie fue desmantelado y demolido. Ulbricht, el obrero comunista que se hizo político y presidió la República Federal Alemana, fue desalojado del poder en 1971 por Erich Honecker. Murió en agosto de 1973, a los ochenta años, cerca de Berlín.
Leé también: Mississippi en llamas: la historia de los activistas por el voto negro que fueron asesinados por el KKK
Lucius Clay, el general que defendió Berlín, siguió en funciones en Alemania hasta el asesinato de Kennedy en 1963. Murió en Massachusetts, en abril de 1978, una semana antes de cumplir 80 años. Está enterrado en el cementerio de la Academia Militar de West Point. En su tumba hay una placa de piedra que donaron los berlineses. Dice: “Demos gracias al preservador de nuestra libertad”.
Allan Lightner, el hombre al que le gustaba la ópera, siguió en funciones en Berlín. Participó de unas cuantas operaciones secretas de la Guerra Fría, entre ellas, el intercambio del piloto americano Francis Gary Powers por el espía soviético Rudolf Abel, que Steven Spielberg hizo famoso en la película “Puente de espías”, protagonizada por Tom Hanks. Luego fue embajador en Libia entre 1963 y 1965 y profesor de la Escuela Nacional de Guerra de Estados Unidos entre 1967 y 1970. Murió en septiembre de 1990, a los ochenta y dos años.
Sumario, Segunda Guerra Mundial, Berlín, Alemania nazi
POLITICA2 días agoEl lapidario posteo de Javier Milei contra Florencia Peña por la fake news sobre la muerte del papá de Messi
POLITICA14 horas agoDifundieron videos en los que Jésica Cirio aparece junto a miles de dólares
POLITICA3 días agoRamiro Marra le pidió a Milei la renuncia de Adorni en una carta abierta


















