ECONOMIA
La fórmula de Caputo para bajar retenciones: máximo provecho político, mínimo costo fiscal

Máximo rendimiento político con mínimo costo fiscal: esa fue la consigna planteada en la interna del gobierno a la hora de anunciar el alivio impositivo para los productores sojeros en un esquema pre-anunciado de recortes mensuales.
De momento, está saliendo bien. Javier Milei fue aplaudido por un auditorio habitualmente demandante y malhumorado, como el de los dirigentes de las agremiaciones rurales, que sienten que su sector siempre es la variable del ajuste.
Tanto la Bolsa de Cereales -entidad anfitriona del acto- como la Sociedad Rural elogiaron la medida a pesar de que, en los hechos, no implica un alivio inmediato sino que generaría un recorte de tres puntos hacia el final del año próximo y deja planteado el aliciente para que Milei sea reelecto, dado que en 2028 la caída de las retenciones sería hasta el nivel de 15%.
Lo que quedó en claro es que el «packaging» del anuncio estuvo bien elaborado. Porque, en definitiva, lo que Milei anunció es que no hay ninguna posibilidad de que haya un alivio este año, cuando los productores se quejan de estar sufriendo una disminución en su margen de ganancia.
Ocurre que, al tiempo que la convulsión internacional generó una suba en los commodities agrícolas, también se produjo una aguda suba en el costo de los fertilizantes y otros insumos, por culpa de la disparada en el precio del petróleo. Hablando en plata, la tonelada de urea, un insumo básico para la fertilización de la nueva campaña agrícola, sigue ubicándose mas de un 50% por encima del precio anterior al conflicto en Medio Oriente.
En síntesis, lo que verdaderamente le importa al productor agrícola argentino, que es el margen de ganancia, sigue mostrando un panorama desalentador: se necesita vender dos toneladas de soja para poder comprar una tonelada de urea. Antes del conflicto, esa relación era de 1,4. Esto llevó a los expertos a advertir sobre márgenes de ganancia cada vez más delgados en la gestión agrícola.
Sin embargo, tras el anuncio de Milei trascendieron proyecciones optimistas respecto de que en la campaña del año próximo se pueda replicar un volumen alto de la cosecha -sobre todo la del trigo, que inicia antes-, por el mix de buenas condiciones climáticas y una inversión alta por parte de los productores.
El mensaje entrelíneas a los productores
El otro logro de Milei es alejar las especulaciones sobre alguna medida transitoria, como una rebaja de retenciones de siete puntos como la dispuesta el año pasado durante el primer semestre o un corte completo de retenciones por un mes, como el «tax holiday» de septiembre pasado.
Aquellas medidas denotaban la urgencia de Toto Caputo por generar un impulso exportador, en un año de escasez de divisas, que sea agravó por la masiva dolarización del público en la previa de la elección legislativa de octubre.
Pero ese tipo de medidas no son gratis. Para empezar, implican un pesado costo fiscal. En septiembre pasado, la caja de ARCA resignó el ingreso de las retenciones de la soja para el cupo de u$s7.000 millones. Como la tasa en ese entonces era de 26%, esto implica una merma de u$s1.820 millones. Expresado en pesos de hoy, serían unos $2,5 billones, parcialmente compensados por las inversiones de los productores.
Pero, sobre todo, las medidas transitorias dejan un antecedente que lleva a que, cada vez que hay una percepción de retraso cambiario, los productores tiendan a retener su stock el mayor tiempo posible, a la espera de un nuevo alivio tributario que cumpla la función de una devaluación indirecta.
Y, como si no fuera suficiente con los efectos domésticos, se agrega el riesgo de roces diplomáticos con Estados Unidos. El año pasado, la exención impositiva dispuesta por Caputo coincidió con el anuncio de una línea crediticia del US Treasury anunciada por el secretario Scott Bessent para ayudar al gobierno argentino a atenuar la volatilidad financiera. Los farmers norteamericanos, que ya estaban enojados con Donald Trump por el cierre del mercado chino, tuvieron un motivo adicional de irritación cuando vieron que su gobierno ayudaba a un país competidor justo en el momento en el que tomaban una medida que consideraban como una competencia desleal.
No por casualidad, en el documento firmado con Estados Unidos preanunciando un acuerdo comercial, Argentina se comprometió a no volver a decretar ese tipo de medidas transitorias con potencial de distorsión en el mercado global de materias primas.
Sin «riesgo silobolsa»
De manera que, con esta modalidad de rebaja gradual, el gobierno envía el mensaje de que no tiene sentido especular con un nuevo régimen de alivio transitorio en las retenciones, y que es mejor para los productores vender ahora mientras el precio del mercado internacional sigue alto –la soja supera en Chicago los u$s440, contra un promedio de u$s380 del año pasado-.
Pero, sobre todo, el principal efecto es el mayor incentivo a la inversión para la campaña del año próximo. Ocurre que en una situación de incertidumbre, y con costos crecientes de los insumos, se corre el riesgo de que los productores tomen la inversión como variable de ajuste, algo que puede traer como consecuencia una disminución en los rindes de la próxima campaña.
En cambio, ante la perspectiva de una mejora en los márgenes, se posibilita una planificación financiera con compras de fertilizantes, semillas y maquinaria.
Ni bien el presidente Milei hizo el anuncio, hubo economistas que se preguntaron si la «tablita» descendente de las retenciones no podría llevar a que la mayor parte de la cosecha 2027 quedara guardada en silobolsas, para aprovechar que sobre fin de año estarán los menores niveles de impuestos. Sin embargo, los expertos del negocio agrícola dijeron que hay baja probabilidad de que eso ocurra, porque la «ganancia» de postergar un mes la exportación -$3.000 por tonelada en el mejor de los casos- resulta menor que el costo financiero de tomar un crédito o de comprar dólares y hacerlos rendir en el mercado de capitales.
En el mientras tanto, se da la paradoja de que, al mismo tiempo que anuncia el recorte a las retenciones, el gobierno convertirá a ese rubro en su pilar fiscal. Justo en un momento flojo de la recaudación -que viene de nueve meses en caída interanual consecutiva-, la soja duplicará su aporte -con un potencial de $1,2 billón en mayo- y podría quebrar la tendencia descendente en la caja de ARCA.
Aprendiendo de los errores macristas
Desde el punto de vista político, Milei se puso el objetivo de no repetir el error de Mauricio Macri, quien el primer día de su gestión decretó una amplia rebaja de retenciones, y tuvo que resignarse a reestablecerlas ante la crisis fiscal de 2018, pidiendo perdón y admitiendo que se trataba de «un impuesto horrible».
En los hechos, esa medida minó la credibilidad del argumento que hasta ese momento había defendido la coalición Cambiemos: que la rebaja de retenciones había sido totalmente compensada por el aumento en el volumen de producción exportada por los agricultores.
En definitiva, lo que había sido una de sus mayores banderas, se transformó en un «efecto boomerang» que fue aprovechado por la oposición peronista en la campaña electoral de 2019. Macri había heredado un nivel de retenciones en 35%, lo bajó de inmediato a 30% y estableció un esquema de bajas graduales. En septiembre de 2018, a menos de dos años de iniciado el mandato, las retenciones estaban en 26,5%, y se les agregó una suma fija de $4 por dólar -en ese momento cotizaba a $40-.
En los hechos, Macri volvió a un nivel de 30%, que se fue licuando en la medida en que el peso se devaluaba.
Milei, en cambio, asumió el discurso «realista» del alivio gradual pero sin retrocesos. Es así que la soja durante el primer año de su gestión se mantuvo en el 33% que había heredado del gobierno peronista, y bajó a 26% en el segundo año -primero como medida transitoria y luego permanente-. En enero de este año recortó otros dos puntos.
Para el final de su mandato, las retenciones de la soja serán de 21%. Es un nivel todavía alto, pero las primeras reacciones indican que, gracias a la picardía política de la dupla Milei-Caputo, se conseguirá el múltiple objetivo de maximizar la recaudación fiscal este año, incentivar la inversión para la próxima campaña agrícola y, encima, hacer un gesto simbólico al sector rural, donde la imagen del gobierno estaba devaluada.
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ECONOMIA
El riesgo país vuelve a rozar los 450 puntos: hay causas externas que lo impulsan, pero también factores locales

La expectativa de un riesgo país perforando los 400 puntos básicos, que parecía algo casi seguro hace solo un par de meses, repentinamente se evaporó. Ahora este indicador rebotó a niveles de 445 unidades, reflejando dos situaciones: un deterioro de los bonos argentinos en dólares y también la solidez de la tasa larga de los bonos norteamericanos.
A la hora de buscar las razones, en buena medida éstas provienen del mercado internacional. Con caídas bastante bruscas sobre todo en el mercado tecnológico de Estados Unidos (especialmente en las empresas muy relacionadas al sector de inteligencia artificial), la consecuencia fue un castigo a los activos considerados más riesgosos.
Los bonos argentinos están dentro de ese grupo y sufrieron caídas cercanas al 1 por ciento. Nada muy fuera de los normal para este contexto de Wall Street, pero que se suma a varios días ya más flojos, especialmente para los títulos de mayor duración. Ayer el Tesoro licitó un nuevo tramo del Bonar 29 y consiguió 309 millones de dólares. Una colocación discreta, que muestra que el apetito por deuda local se mantiene relativamente acotado.
La decisión de la Reserva Federal de mantener las tasas sin cambios no fue del todo bien recibida por el mercado. En realidad, los inversores se inquietaron en la conferencia de prensa posterior y que el voto directorio fue dividido: nueve votaron a favor de dejar todo igual y tres consideraron que era el momento para subir 0,25 puntos básicos, pero se impuso la mayoría.
Hubo caídas de más de 2,2% del índice Dow Jones (que agrupa a los papeles líderes del mercado) y del 1,7% del Nasdaq, que agrupa a las principales tecnológicas. En este escenario era casi imposible que los activos argentinos pudieran mantenerse a flote. Hubo caídas en bonos y también en acciones argentinas que cotizan en Wall Street, aunque con pérdidas marginales.
Pero no toda la presión sobre los bonos y el riesgo país proviene de afuera. El contexto local también empezó a generar mayor preocupación entre los inversores.
Los últimos indicadores de aceptación del Gobierno vinieron con fuertes bajas, algo que inquieta al mercado y, en particular, a los tenedores de bonos. Tanto el Índice de Confianza en el Gobierno (que elabora la Universidad Di Tella) como el de confianza ciudadana arrojaron en julio caídas muy significativas.
Se trata de dos indicadores claves, que muestran un deterioro tanto de la visión del “círculo rojo” como del público. En otras palabras, ni la baja de la inflación, la estabilidad cambiaria y el récord de exportaciones terminan de trasladarse al bolsillo ni al consumo.
En la medida que no haya una mejora del consumo interno será difícil que el Gobierno logre una mayor aceptación y despeje el escenario electoral.
Si la proyección para las elecciones del año que viene no le da una diferencia significativa al Gobierno, el trayecto hacia las elecciones generará no solo volatilidad cambiaria sino en los activos nominados en dólares. El impacto podría sentirse especialmente en los bonos dolarizados.
¿Es razonable esperar un riesgo país en torno a 400 puntos o incluso menos si las elecciones vienen ajustadas o hay elevadas posibilidades de ir a un balotaje? Todo indica que en ese escenario los bonos sufrirían significativamente. El año pasado además del salto cambiario el riesgo país trepó a más de 1.100 unidades. Todo eso fue antes que La Libertad Avanza gane las elecciones legislativas.
La mejora de la calificación por parte de las tres calificadoras más importantes le dio un envión a la deuda argentina y más inversores se animaron a comprar. Pero ahora ese impulso parece haberse agotado. Ahora la evolución de los bonos dependerá de una mejora en el clima internacional, pero también serán necesarias algunas señales que muestren una mayor consolidación del gobierno a nivel local.
South America / Central America,Government / Politics
ECONOMIA
Caputo pasó la aspiradora de pesos, captó dólares baratos y superó con éxito un test clave

Después de la jornada de susto vivida el martes, cuando por primera vez en el año el Banco Central no pudo comprar dólares, vino el alivio. En la licitación del Tesoro del miércoles se volvió a prender la «aspiradora de pesos» y, además, se captaron u$s309 millones del mercado local con un bono que vence en 2029.
Es, de alguna manera, una señal de «vuelta a la normalidad», en la que el ministro Toto Caputo sigue priorizando la contracción monetaria por encima de la liquidez y la expansión del crédito.
Y, una vez más, quedó evidenciado que el nivel récord de 25 años en depósitos en el sistema bancario -más de u$s40.000 millones– se ha convertido en el principal aliado del gobierno, que ante la hostilidad del mercado internacional de crédito recurre a los dólares «baratos» de los ahorristas locales.
La normalización del panorama financiero empezó con el mercado de cambios, donde el dólar oficial cayó dos centavos. En otras circunstancias, habría sido una variación irrelevante, pero después del nerviosismo que había invadido el mercado el martes, cuando se llegó a tocar los $1.500 con una fuerte demanda privada, esa pequeña caída equivalió a un respiro. Sobre todo porque, además, el BCRA compró u$s36 millones.
Esa reacción del mercado pareció confirmar la presunción de que el principal motivo de tensión del martes había sido la «pulseada» entre la entidad dirigida por Santiago Bausili y los inversores en bonos «dólar linked», que forzaron el alza cambiaria porque ese día se fijaba la cotización a la que deberían cobrar su premio.
Luis Caputo volvió a pasar la aspiradora de pesos
En cuanto al Tesoro, no solamente logró «rollear» todos los vencimientos de deuda, que ascendían a $8,4 billones, sino que, además, colocó títulos extra por $3,77 billones.
De esta manera, se confirmó que la expansión ocurrida en la licitación de hace un mes fue una excepción, tal vez motivada por la extendida queja bancaria sobre la falta de liquidez. Lo cierto es que ahora se volvió a lo que fue la práctica de todo el año: absorber pesos «excedentes» para acotar el riesgo de presión inflacionaria o de tensiones devaluatorias.
Se revalidó así la vigencia de la frase que Caputo había pronunciado a inicios de año: «No puedo obligar a que los argentinos tengan pesos en el bolsillo si no los quieren».
Para quienes se habían puesto nerviosos por el riesgo de una nueva corrida dolarizadora, esta señal fue tranquilizadora. Pero para quienes temen que se pueda «secar» la plaza y esperan con ansias una baja más rápida de las tasas de interés activas, fue una confirmación de las expectativas negativas.
Pateando vencimientos para 2028
Para retomar esa política contractiva, el menú ofreció a los inversores un nuevo instrumento dual, con un mix de Tamar y dólar linked. Es decir, que el bono cubre tanto contra el alza de tasas como contra una suba del dólar. Ese título, que vence en 2028, resultó ser el más demandado, con $4,72 billones y una tasa de 6,64%.
En cambio, generaron menos interés los bonos dólar linked tradicionales y el bono dual con CER y Tamar -ofrece cobertura contra la inflación-, con una tasa de 5,4%.
En el terreno de la renta fija fue donde se concentraron los inversores que miran el corto plazo. La Lecap con vencimiento en octubre próximo captó $4,61 billones. El detalle importante para el gobierno es que la tasa de rendimiento efectivo anual, de 27,57%, implica una baja de casi un punto respecto de hace un mes, lo cual da la pauta de la mejora de expectativas en el mercado respecto de la evolución del IPC.
El otro motivo de festejo es que, una vez más, se logró el objetivo de patear vencimientos por $5,5 billones para después de las elecciones presidenciales. «Extender la duration» es la expresión técnica que usa el secretario de Finanzas, Federico Furiase. Concretamente, esa extensión fue de 0,92 años.
Mirando los dólares «locales»
Pero si hay un tema por el cual el gobierno realmente está celebrando es por el éxito del nuevo bono en dólares con vencimiento en 2029. Ya en su debut había tenido una alta demanda –u$s470 millones-, y en su segunda edición volvió a tener aceptación.
Los inversores ofrecieron u$s309 millones en la primera jornada, y podrán ampliar la demanda en u$s150 millones este jueves.
Y la tasa de interés nominal se mantuvo en 8,02%. Esto implica que, por más que resulte más caro que el bono con vencimiento en 2027 -que se colocó a una tasa promedio de 5,25%, igualmente sigue siendo más conveniente para Caputo financiarse con el mercado local que con el crédito internacional.
Con la volatilidad del contexto global -que echó por tierra con el sueño de que el índice de riesgo país quiebre el piso de 400 puntos- ya parece haberse neutralizado también la euforia que mostraba el propio Caputo hace apenas un mes, cuando se confirmó el acuerdo por el cual el Banco Mundial saldría como garante de una toma de deuda argentina.
En ese momento, el ministro de economía celebró que podría endeudarse a una tasa de 6%, en vez del 10% que le habían pedido los inversores durante todo el año.
¿Cuánto le pedirían hoy a Caputo si saliera a colocar un título en el mercado internacional? Teniendo en cuenta que el Treasury a 10 años -considerado la referencia internacional- ronda los 4,64puntos, sería casi imposible que Argentina pudiera tomar crédito en dólares a menos de 9,10% nominal anual. Como quedó demostrado en esta nueva licitación, sigue siendo negocio alejarse de Wall Street y mirar los dólares del mercado local.
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ECONOMIA
Mercados: el precio del petróleo se disparó 8%, subió el riesgo país y sufrieron las acciones argentinas

Los negocios bursátiles globales continuaron con dinámica inestable, junto con un precio del petróleo nuevamente en alza debido a la tensión geopolítica, la decisión de la Reserva Federal de EEUU de dejar sin cambios las tasas -aunque con disidencias- y la presentación de resultados trimestrales en Wall Street.
El precio del petróleo rebotó con fuerza y llegó a subir cerca de 8% este miércoles hasta superar de nuevo los 90 dólares por barril en el caso del Brent del Mar del Norte, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su país responderá duramente a Irán tras el reciente ataque contra una base estadounidense en Jordania.
“Los vamos a atacar con fuerza”, ha comentado el inquilino de la Casa Blanca en declaraciones a Fox News, después de que esta noche Irán lanzase una andanada de misiles balísticos contra la base aérea y el cuartel general del Ejército estadounidense en Jordania.

El rebrote de las hostilidades entre EEUU e Irán provocó la inmediata respuesta al alza del precio del crudo de Brent, de referencia para Europa, que se encareció 8% respecto del cierre anterior y cerró un máximo intradía de USD 90,81 en el contrato con entrega en septiembre.
En el caso del crudo WTI (West Texas Intermediate) de EEUU, el costo del barril subió 7,2% en comparación con el precio marcado al cierre del martes, en 84,97 dólares.
En ese contexto, los principales indicadores de las bolsas de Nueva York pronunciaron la tendencia bajista luego de conocerse la decisión de la Fed de EEUU de dejar sin cambios la tasa de política monetaria en un rango de 3,5% a 3,75% anual, en línea con lo esperado, pero con discrepancias entre los integrantes del comité. El Dow Jones de Industriales cayó 2,2%, seguido por el panel tecnológico Nasdaq (-1,7%) y el promedio S&P 500 (-1,5%).
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires retrocedió 0,7% en pesos, en los 3.233.105 puntos. Los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociados en dólares en Wall Street finalizaron con mayoría de bajas, aunque relativamente moderadas. Entre los papeles perdedores destacaron Satellogic (-6,2%), Banco Supervielle (-2,6%) y Ternium (-2,6%). Entre los ganadores lideraron Globant (+8,8%) y Vista Energy (+2,7%).
Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- cayeron un 0,3% en promedio, mientras que el riesgo país de JP Morgan subió un entero, a 443 puntos básicos, tras un máximo intradiario en los 450 puntos.
El renovado encarecimiento del petróleo y la creciente incertidumbre sobre la resolución del conflicto en la región del Golfo Pérsico se produjo horas antes de conocer la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos sobre las tasas de interés.
El consenso fue desde un inicio que el banco central estadounidense no iba a modificar las tasas de interés tras la mejora de los datos de inflación y empleo, aunque el instituto emisor estadounidense se mantendrá alerta en un contexto marcado por la incertidumbre de la situación en Oriente Próximo.
El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Fed decidió por unanimidad mantener la tasa de referencia en el rango objetivo del 3,50% al 3,75%, aunque entonces varios miembros del comité ya mostraron su opinión favorable a una subida de los tipos de interés debido a las presiones inflacionarias.
North America
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