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Los secretos de la noche en que le devolvieron el cuerpo de Evita a Perón y la frase que cerró una de las historias más oscuras de la política argentina

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De pronto, la caravana se detuvo a un costado del camino. La escena era bastante rara, y un poco espectral. En la temprana noche del 3 de septiembre de 1971, hace ya cincuenta y cinco años, y en el todavía cálido aire madrileño, una furgoneta de las usadas para repartir flores, o golosinas, o lo que fuese necesario repartir, frenó su marcha en medio del elegante barrio de Puerta de Hierro. Con ella hicieron lo mismo un par de patrullas de la Guardia Civil española y dos autos particulares. Estaban todos a escasos trescientos metros del chalet de la calle Navalmanzanos 6, que era la residencia en el exilio del expresidente argentino Juan Perón.

Los uniformados se acercaron a uno de los autos particulares que llevaba a bordo al hombre que dirigía aquel raro desfile y que dio una breve explicación: esperarían allí apenas unos pocos minutos y luego cubrirían los trescientos metros que restaban para cumplir con su cometido. Quien había hablado con los guardias españoles era el coronel argentino Héctor Cabanillas, que casi tres lustros antes había sido titular del Servicio de Informaciones del Ejército, y que era dueño de un secreto que estaba a punto de revelarse. Porque la camioneta de repartir flores o lo que fuese necesario repartir cargaba en su interior el ataúd con los restos de María Eva Duarte, Eva Perón, que iban a ser devueltos a su viudo.

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Cabanillas no explicó más porque los policías españoles hubieran entendido muy poco. Pero su decisión se había basado en un horario de alegórico significado: faltaban pocos minutos para las ocho y media de la noche y el militar no quiso llegar a Puerta de Hierro, ni entregar el cuerpo de Eva Perón a la misma mítica hora de su muerte, las 20.25 del 26 de julio de 1952. Superada esa barrera histórica, temporal y simbólica, la caravana se puso en marcha con la falsa camioneta de entregar flores a la vanguardia y, poco después de las ocho y media de la noche, entró en Puerta de Hierro.

Desde su muerte hasta el derrocamiento de Perón, el cadáver de Eva Perón había descansado en un salón del segundo piso de la sede de la CGT, al 800 de la calle Azopardo; un mes después del golpe militar, su madre, Juana Ibarguren, asilada en la embajada de Ecuador, había autorizado por escrito al gobierno del general Eduardo Lonardi, a que diera cristiana sepultura a los restos de su hija. Pero en noviembre de ese año, en un golpe palaciego, Lonardi fue derrocado por el general Pedro Eugenio Aramburu, que mantuvo el compromiso firmado con la madre de Eva Perón.

El cadáver inició entonces un largo y doloroso peregrinaje. Fue a parar a las manos del entonces jefe de la SIDE, coronel Carlos Moori Koenig, un desquiciado que ultrajó el cuerpo y lo convirtió en objeto de exhibición para sus amistades, hasta que en 1957 Aramburu relevó a Moori Koenig, nombró en su lugar al coronel Cabanillas y, junto a su ministro de Guerra, general Arturo Ossorio Arana, le pidió que se hiciera cargo del traslado del cuerpo y de darle sepultura, como aseguró en 1997 al diario Clarín su hijo, el general de brigada Eduardo Cabanillas.

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La devolución del cadáver de Eva Perón a Juan Perón fue una decisión del entonces presidente de facto de la Argentina, general Alejandro Lanusse, como una muestra de buena voluntad hacia Perón, con quien tal vez pensaba medirse en elecciones libres si marchaba bien su estrategia política encarada por el llamado Gran Acuerdo Nacional, un programa que prometía devolver la democracia al país, quebrada en 1966 por la llamada Revolución Argentina.

Lanusse había estado involucrado de alguna manera en el ocultamiento del cadáver de Eva Perón. Cuando en 1957 Cabanillas organizó el traslado del cuerpo a Italia, la decisión de sacarlo del país también fue una decisión política del gobierno de Aramburu, contó con la decisiva colaboración de un sacerdote paulista, el padre Francisco “Paco” Rotger, que había casado a Lanusse con su Ileana Bell y que era su confesor cuando Lanusse era jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, custodia del presidente Aramburu. Un ensamble perfecto.

María Eugenia Álvarez, enfermera de Evita, junto a un cuadro de Eva. (Foto: archivo Museo Eva Perón)

El padre Rotger habló entonces con su amigo, Eugenio Pacelli que en 1957 era el Papa Pío XII. Y luego, la Iglesia se encargó de todo. Envió a Buenos Aires al sacerdote Giovanni Penco, superior de la Compañía de San Pablo, quien se entrevistó con Cabanillas y se encargó de planificar el entierro de Eva Perón bajo una falsa identidad. “A Penco lo envió el Papa”, dijo en 1997 Cabanillas hijo. El sacerdote guardó total secreto sobre el cementerio en el que había sido sepultada Eva Perón, y sobre el sitio en el que se hallaba su tumba: sólo lo confió a su sucesor, el padre Giulio Madurini.

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Las más altas autoridades de la Iglesia, junto al Papa Pío XII, influyeron en el destino de la tumba oculta de Eva Perón. Según reveló en su momento la viuda de Lanusse, la operación completa contó con la aprobación y el apoyo del entonces arzobispo de Milán, Giovanni Battista Montini, dado que Eva Perón fue enterrada bajo la falsa identidad de María Maggi de Magistris en el Cementerio Maggiore de Milán. Montini era el Papa Paulo VI cuando el cuerpo de Eva Perón fue devuelto a su esposo.

Aquellos años turbulentos, los hechos que rodearon la salida de Buenos Aires y el entierro clandestino de Eva Perón en Milán, están relatados en una formidable investigación del colega Sergio Rubin, Secreto de Confesión – Cómo y por qué la Iglesia ocultó el cuerpo de Eva Perón durante 14 años, un libro imprescindible para comprender aquel país de delirios.

Lanusse también diseñó su estrategia de diálogo sin palabras con Perón, a quien detestaba con fervor, a través de la diplomacia. Antes de encarar la devolución del cuerpo de Eva Perón, nombró embajador en España al brigadier Jorge Rojas Silveyra, otro antiperonista furioso que tendría sí o sí que dialogar con Perón. Al enterarse de su nombramiento, Rojas Silveyra le dijo a Lanusse, a quien llamó por su apodo: “No, Cano, no podés hacerme esto”. Y Lanusse le contestó: “Sí puedo porque sos el único tipo que conozco que es más gorila que yo”.

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Los restos de Eva Perón junto al ataúd de Juan Domingo Perón. (Foto: AP)
Los restos de Eva Perón junto al ataúd de Juan Domingo Perón. (Foto: AP)

El 16 de agosto de 1971, dieciocho días antes de la entrega del cuerpo a Perón, Lanusse envió al coronel Cabanillas a Madrid para poner a Rojas Silveyra en antecedentes de la operación. La carta decía, en un papel membretado como Presidente de la Nación Argentina: “Estimado Flaco: Aprovecho el viaje de Lalo (por Cabanillas) para enviarte con él un expresivo abrazo. Le he encargado que te converse sobre un trabajo que va a realizar, contando para ello con mi aprobación y deseo de éxito. Saludos a Zulema. Un abrazo. Lanusse”.

En el momento de decidir la restitución del cuerpo de Eva Perón, había otra razón para hacerlo acaso superior a la estrategia política de Lanusse. Aramburu había sido secuestrado y asesinado por la guerrilla peronista “Montoneros” entre mayo y junio de 1970, luego de haber sido sometido a un “juicio revolucionario”, según sus captores. Fue acusado de la desaparición del cadáver de Eva Perón y, en el comunicado número 5 que sus captores dieron a conocer ya con Aramburu asesinado, expresaron: “El cuerpo de Pedro Eugenio Aramburu solo será devuelto luego de que sean restituidos al pueblo los restos de nuestra querida compañera Evita”.

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Luego de conocido el asesinato de Aramburu, el coronel Cabanillas, dueño del secreto, recibió “presiones” de Montoneros. ¿Confió Aramburu a sus captores el nombre de Cabanillas? Aramburu también sabía dónde estaba enterrada Eva Perón. Lo confió a Clarín 1997 la viuda de Lanusse, Ileana Bell: “Mi marido, Aramburu y el padre Rotger eran los únicos que sabían dónde estaba. Yo tampoco lo sabía”.

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Pero había más gente que conocía el secreto y lo guardaba. El coronel Cabanillas mantenía a resguardo en una caja de seguridad toda la documentación del caso: en esa documentación se revelaba el sitio de la tumba en el Cementerio Maggiore, campo 86, tombino 41. El dato también era conocido por el suboficial del Ejército Manuel Sorolla, que en 1957 había tomado parte de la operación de ocultamiento del cadáver: había viajado a Italia con el ataúd y con la falsa identidad del hermano de la falsa María Maggi de Magistris.

Perón y Eva en camino a una gala en el Teatro Colón. (Foto: Reuters)
Perón y Eva en camino a una gala en el Teatro Colón. (Foto: Reuters)

Si Aramburu conocía el destino de los restos de Eva Perón, no lo dijo a sus asesinos. Según las diferentes versiones que dio Montoneros, Aramburu dijo: “Evita está en Italia. Pero yo no sé dónde. Y si supiera, no se los diría”, según relató en su momento Roberto Perdía. Mario Firmenich dijo que Aramburu sólo reveló que el cuerpo estaba enterrado “en un cementerio de Roma”. Si algo de todo eso es cierto, en el umbral de su muerte Aramburu mantuvo ante sus verdugos el secreto, un secreto militar, sobre el destino del cuerpo de Eva Perón. De manera que existía una tercera razón para apresurar la entrega del cuerpo a Perón: Montoneros estaba sobre la pista del cadáver, o al menos en su intensa búsqueda, con la intención de darle un uso político

14 años después de viajar con el cuerpo de Eva Perón desde Buenos Aires a Milán en el barco italiano Conte Biancamano, el coronel Cabanillas, también en el máximo secreto, iba a hacer exhumar el cadáver para que cumpliera el largo viaje desde Milán a Madrid. El 1 de septiembre, ante quienes conocían el secreto, el padre Madurini, Cabanillas y el suboficial Sorolla, se cumplió al primero de los pasos que devolvería el cuerpo de Eva Perón a su viudo. El ataúd de la falsa María Maggi de Magistris fue desenterrado y cargado en un carrito, donde fue luego abierto. Cuando los sepultureros vieron la figura de Eva Perón, intacta por obra del embalsamador español Pedro Ara, gritaron: “¡Milagro!”. ¡Milagro!”, una reacción esperable, pero que puso un poco nervioso a Cabanillas. El padre Madurini entonces explicó a los inquietos operarios que el arte de embalsamar estaba muy extendido en América del Sur: una mentira piadosa.

Luego, el ataúd fue cargado en un furgón Citroën de la funeraria milanesa Fuseti, con el chofer Roberto Germani al volante y Sorolla como custodio, dispuestos ambos a hacer el largo viaje Milán-Madrid. Mientras, Cabanillas y Madurini corrían al aeropuerto de Linate para viajar en avión a Barajas. El furgón recorrió casi 1580 kilómetros y atravesó Génova, Savona, Mónaco, Montpellier y Perpiñán hasta La Junquera, un municipio español de la provincia de Girona, fronterizo con Francia.

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Fue allí, ya en territorio español y pese a sus protestas, donde el chofer Germani fue relevado de su misión: la Guardia Civil se hizo cargo del transporte de los restos de Eva Perón en un operativo coordinado por las autoridades del gobierno de Francisco Franco, entre ellos el jefe de sus servicios secretos, un coronel de apellido Blanco, y el embajador Rojas Silveyra.

La tarde del 3 de septiembre, el cortejo cubrió el trayecto entre Barcelona y Madrid, custodiado con discreción. Ya casi no había secreto. De alguna manera, la certeza de que en aquella furgoneta viajaban los restos de Eva Perón había ganado por lo menos a las fuerzas de seguridad. Eva Perón era una figura venerada en España a raíz de la ayuda humanitaria del gobierno de Perón durante los duros años que siguieron a la Guerra Civil; de modo que cada vez que la camioneta Citroën de la falsa florería circulaba ante un puesto de seguridad de la Guardia Civil o de la Policía Nacional, los uniformados se cuadraban para saludar su paso.

Acta de restitución del cadáver de Eva Perón a Juan Domingo Perón firmada el 3 de siempre de 1971. (Foto: archivo de Tomás Eloy Martínez)
Acta de restitución del cadáver de Eva Perón a Juan Domingo Perón firmada el 3 de siempre de 1971. (Foto: archivo de Tomás Eloy Martínez)

Cuando el cortejo entró en Madrid, poco antes de las ocho de la noche del 3 de septiembre, y cuando enfilaba hacia Puerta de Hierro, la caravana se detuvo para que Sorolla quitara del féretro la chapa de bronce con el nombre “María Maggi de Magistris” y colocara otra que decía: “María Eva Duarte de Perón”. Hubo una segunda detención, la ordenada por Cabanillas para que la hora de la entrega del cuerpo no coincidiera con la de la muerte de Eva Perón y, por fin, el ataúd entró en la residencia de Puerta de Hierro. Allí lo esperaban Perón, con traje oscuro; su tercera esposa, María Estela Martínez; su secretario y asistente, José López Rega; el entonces delegado personal de Perón en la Argentina, Jorge Daniel Paladino; dos sacerdotes mercedarios; el agregado cultural de la embajada argentina, Manuel Gómez Carrillo; y el embajador Rojas Silveyra que se había negado a anticipar a Perón la fecha de la entrega del cadáver: el brigadier temía una infidencia. Sólo en la mañana del 3 de septiembre Perón fue informado de que esa noche le devolverían el cuerpo de su segunda esposa.

El ataúd fue colocado sobre una mesa. Perón saludó con frialdad a Cabanillas y preguntó: “¿Dónde está el padre Madurini?” El padre Madurini, que como superior de la orden de San Pablo se había encargado del cuidado de la tumba de Eva Perón, se había retrasado un poco por los controles policiales que rodeaban la residencia de Puerta de Hierro: los rumores de la inminente devolución del cadáver de Eva Perón habían hecho redoblar la custodia en la zona. Cerca de las nueve y media de la noche, Rojas Silveyra tomó el mando de la ceremonia: debía ceñirse a lo legal, si es que había algo de legalidad en aquel disparate. Pidió que el ataúd fuese abierto, que se certificara que eran los restos de Eva Perón y que los testigos firmaran el acta correspondiente.

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Levantaron la tapa del féretro y se toparon con un cerramiento de zinc, que también había que abrir. Fue entonces cuando el idiotismo de López Rega casi arma un desastre. Lo evitó Rojas Silveyra. En medio de aquella conmoción, en medio de la tensión que enfrentaba a enemigos irreconciliables, ante un ataúd sin tapa que contenía los restos de una mujer que en solo seis años de su corta vida, había marcado a fuego al país, López Rega, en camiseta, apareció con una especie de soplete en la mano para abrir la chapa de zinc que cubría al cadáver. Rojas Silveyra, que sabía cuán volátil era aquel cuerpo por los químicos que el doctor Ara había usado para embalsamarlo, frenó a López Rega. Según recordó años después el entonces embajador, usaron dos abrelatas caseros para cortar la chapa; Paladino, el delegado de Perón, recordó en cambio que usaron un cortafierros y un martillo.

López Rega no pudo evitar entonces otra muestra de su histrionismo patético, que en dos años lo convertiría en un criminal nombrado superministro que aspiró a heredar a Perón y gobernar la Argentina junto a la viuda del general. Le dijo a Perón: “General, esta no es Evita… No firmé el acta. No es Evita…” Cabanillas contuvo el aliento. Durante la tensa reunión no había cambiado una sola palabra con Perón y ahora, un alcahuete desquiciado ponía en duda su misión, que había durado catorce años. Perón se acercó al cuerpo de su exmujer y selló el pequeño drama desatado por López Rega con una frase: “Sí, es Evita”. Y Cabanillas volvió a respirar.

Rojas Silveyra apuró la firma del acta. López Rega, de nuevo, volvió a cacarear en voz baja: “Yo no firmo”. Rojas Silveyra lo oyó y recurrió a herir su ego de sainete: “¿Se va a perder esta oportunidad de firmar un acta histórica?”. López Rega firmó. Isabel Perón no quiso hacerlo y no pudieron convencerla. Se dedicó, sí, a peinar los cabellos enmarañados del cadáver.

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Carta escrita a mano con membrete de la Presidencia de la Nación de Lanusse a el
Carta escrita a mano con membrete de la Presidencia de la Nación de Lanusse a el «Flaco». (Foto: archivo de Tomás Eloy Martínez)

En un momento, el padre Madurini se acercó al Perón, sacó algo de su bolsillo y lo puso en sus manos: era el rosario que el papa Pío XII había regalado a Evita en su épico viaje por Europa. Quién sabe si Perón lo supo alguna vez, pero el rosario había pasado a manos del padre Madurini entregado por el coronel Cabanillas. Firmaron el acta Perón, Rojas Silveyra, Gómez Carrillo y el padre Madurini que usó el nombre de Alessandro Angeli: “Usé Alessandro, que es mi segundo nombre, y Angeli porque mi padre se llamaba Angelo”, dijo a Clarín en 1997. “Vi a Perón muy emocionado. Se mostró sorprendido y contento cuando le di el gran rosario. Me lo agradeció. Hablamos en italiano”.

Dieciocho años después de aquella noche, entre abril y mayo de 1989, Tomás Eloy Martínez, maestro de periodistas y biógrafo de Perón y de Eva Perón, entrevistó a Rojas Silveyra y al coronel Cabanillas sobre la devolución del cuerpo de Eva Perón a su viudo. El exembajador en Madrid recordaba, entre muchas otras cosas, que el ataúd había llegado a Puerta de Hierro en un camión de golosinas y no en una furgoneta de una falsa florería. También recordaba un diálogo con Perón, que lo había invitado a caminar por el jardín de la residencia. Los dos enemigos salieron, solos, codo a codo, como si la emoción que habían vivido, cada quien a su modo, hubiese borrado por un instante tanto recelo, tantos rencores, tanta insensatez.

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Tomás Eloy Martínez pasó al papel aquellas grabaciones y las guardó para la historia. El testimonio que sigue lo debemos al periodista Ezequiel Martínez, hijo de Tomás Eloy. Recordaba Rojas Silveyra:

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“(…) Me dijo (Perón)‘ Venga, Rojitas’ No sé por qué me dijo Rojitas porque nunca dejaba de ser lo más correcto posible. (…) Por eso salimos. Me tomó del brazo y dijo: ‘Bueno…’. Ahí fue cuando yo vi que tenía lágrimas en los ojos (…) los ojos aguados, lagrimosos. Le dije: ‘Señor, se ha emocionado usted’.

Y Perón contestó: ‘Y…, aunque ustedes no crean, yo he sido muy feliz con esta señora, con esta mujer. Y le debo muchas de las cosas que yo he sido”.

Sumario, Eva Perón, Juan Domingo Perón

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El Gobierno aseguró que “la inflación dejó de ser el problema prioritario” para los argentinos

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El vocero presidencial, Adrián Ravier, aseguró este martes que “la inflación dejó de ser el problema prioritario” de los argentinos y, aunque reconoció que el problema todavía no está resuelto, destacó el proceso de desaceleración desde el inicio de la gestión de Javier Milei. “Es muy importante lo que se ha logrado en estos casi tres años. Y seguiremos esperando nuevos indicadores con optimismo para adelante”, afirmó.

Poco antes de su conferencia de prensa de los martes, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que el índice de precios al consumidor (IPC) fue del 1,9% en septiembre, por encima del registro de agosto.

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Frente a ese resultado, el funcionario relativizó las variaciones mensuales y planteó que el desempeño de la inflación debe evaluarse en relación con los niveles registrados al comienzo de la gestión libertaria. “Recordemos que a diciembre de 2023 el IPC arrojó un número de 25% mensual; el dato de hoy es de 1,9%”, señaló.

También remarcó que pueden registrarse aumentos transitorios sin que eso implique necesariamente una modificación de la tendencia general. “La experiencia internacional muestra que cuando hay programas de estabilización exitosos, la baja no es una línea continua hacia abajo, sino que puede ser sinuoso este camino; puede haber alguna suba transitoria en algún mes particular por cuestiones de estacionalidad, por shocks internos o externos, por distintos motivos”, explicó Ravier. En ese sentido, destacó que la inflación se mantuvo por debajo del 2% mensual, pese a la aceleración registrada en septiembre.

Las proyecciones del Gobierno para la inflación

Ravier ratificó que el Ejecutivo mantiene su objetivo de continuar reduciendo la inflación y vinculó esa expectativa con la política monetaria. En esa línea, aseguró que la evolución de los precios depende del control de los agregados monetarios y que el programa de estabilización permitirá sostener la desaceleración.

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Inflación de septiembre, por rubros (Gráfico: Indec).

“Esperamos a mediano plazo un indicador de un dígito anual, como tienen tantas economías del mundo. Vamos camino a resolverlo”, afirmó, aunque no estableció una fecha concreta para alcanzar ese objetivo.

El vocero presidencial también reconoció las dificultades que atraviesan los ingresos y su impacto en las expectativas económicas. “En esta coyuntura global la gente puede sentir que su ingreso no sigue mejorando como sí mejoró en el segundo semestre de 2024 y en gran parte de 2025”, admitió Ravier, aunque atribuyó esa situación a factores externos.

Ravier insistió en que la desaceleración de la inflación y los aumentos salariales permitirían recuperar el poder adquisitivo y proyectó que la desaceleración del IPC podría reflejarse en una nueva baja de los indicadores de pobreza e indigencia cuando se conozcan las próximas mediciones.

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Adrián Ravier, Inflación, IPC

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Chiqui Tapia se reconcilió hace poco con el clan Moyano con una inédita foto de unidad

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Ni siquiera en su cumpleaños Hugo Moyano logra reunir a la familia completa. El 28 de agosto último, con la excusa de celebrar el 17° aniversario del Club Deportivo Camioneros, el jefe sindical reunió a cinco de sus seis hijos y a buena parte de sus nietos. No fue un encuentro más: simbolizó la reconciliación del clan camionero con Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y exyerno del histórico líder, quien había tomado distancia de la familia tras su separación de Paola y por algunos entredichos con Pablo, el número dos del gremio y el gestor deportivo del club.

La foto de unidad, sin embargo, no fue completa. No estuvieron Facundo Moyano, que en ese momento estaba de viaje en Mar del Plata mientras avanza la causa judicial por presunta violencia de género contra su novia, ni Liliana Zulet, la esposa de Moyano que no se habla con Pablo, su principal detractor en lo relativo al manejo de los negocios del sindicato a través de un holding de empresas propias.

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La foto del clan unido no pasa inadvertida cuando la Justicia intenta reconstruir el patrimonio de Tapia en una causa por supuesto enriquecimiento ilícito. Entre enero de 2016 y enero de 2019 hubo 37 transferencias por 1.494.678 pesos desde el Sindicato de Camioneros a la cuenta sueldo de Tapia en el Banco Provincia, según los detalles que presentó el fiscal Gerardo Pollicita.

Un hombre determinante en la vida de Tapia es Hugo Moyano. Era delegado gremial de la rama de recolección de basura del Sindicato de Camioneros cuando conoció a Paola Moyano, una de las hijas del jefe sindical, con la que tuvo dos hijos y recorrió el mundo. Una vez que forjó su pareja, se incorporó al clan y escaló hasta secretario de Organización del gremio.

Fue así como recaló de la mano de Moyano y Diego Santilli, actual jefe de Gabinete de Javier Milei, en la Coordinación Ecológica Área Metropolitana del Estado (Ceamse), el basural controlado más grande de Buenos Aires.

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Inicialmente, Tapia ocupó la vicepresidencia de esa entidad, designado por la gestión macrista de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy es presidente, impulsado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, a cargo de Axel Kicillof, su actual sostén político. Por su rol en la Ceamse, tiene vínculo de manera directa con 45 intendentes, en su mayoría peronistas.

Los sindicalistas Juan Pablo Brey, Cristian Jerónimo, Pablo Moyano y Chiqui Tapia, en la cena aniversario por los 17 años del Club Camionerosgentileza

Mucho tiene que ver el fútbol en la reconciliación de Tapia con los Moyano. El presidente de la AFA ya había participado de un acto por la inauguración del estadio Hugo Moyano, en Esteban Echeverría. Pero también ayudó la amistad que une a los hijos de Chiqui con los de Pablo, los nietos de Hugo. De hecho, los hijos y nietos del jefe camionero fueron habitués de los últimos mundiales de fútbol, con ubicaciones preferenciales.

Paola Moyano, la exesposa de Chiqui Tapia, está al margen de los manejos del gremio. A diferencia de sus hermanos, no ocupa ningún cargo, como tampoco estaría designada a sueldo en ninguna de las empresas que orbitan alrededor de Camioneros.

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Visita del Papa: el Gobierno dijo que está dispuesto a reprogramar, pero espera información del Vaticano

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El Gobierno mantendrá el operativo previsto para la visita del papa León XIV mientras aguarda una comunicación formal del Vaticano sobre la evolución de su salud y cualquier eventual cambio de agenda. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, afirmó que la organización sigue en marcha, aunque sostuvo que la recuperación del pontífice, operado este martes por un adenocarcinoma pulmonar, tiene prioridad absoluta.

“No podemos perder días”, planteó la funcionaria al explicar que las áreas involucradas continúan con los preparativos mientras no exista una definición oficial. La eventual reprogramación permanece abierta ante el tratamiento que deba seguir el Santo Padre después de la cirugía.

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La intervención incluyó la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica videoasistida. El Vaticano informó que el procedimiento fue exitoso, no presentó complicaciones y que León XIV despertó con normalidad antes de regresar a su habitación en la décima planta del hospital Gemelli de Roma.

Monteoliva remarcó que la Casa Rosada no recibió hasta ahora ninguna notificación de la Santa Sede sobre modificaciones. “Fe tenemos siempre. Para nosotros primero la salud del Papa”, dijo durante entrevistas con A24 y LN+.

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La ministra señaló que el Presidente ya había planteado la posibilidad de adecuar el cronograma si el cuadro clínico lo exige. “Lo dijo el Presidente ayer: si hay que reprogramar, se reprograma”, afirmó.

La funcionaria evitó anticipar decisiones sin una confirmación de Roma. “Información oficial a esta hora no tenemos. Es probable que se modifique, habrá que ver cómo se desencadena el tratamiento que tenga que hacer”, expresó.

El diagnóstico fue confirmado durante la operación, luego de que los estudios preoperatorios detectaran una masa en el pulmón. El examen histológico realizado durante el procedimiento corroboró que se trataba de un adenocarcinoma pulmonar, una forma de cáncer que afecta las células glandulares del órgano.

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La cirugía torácica se extendió por unas tres horas, aunque la intervención propiamente dicha tuvo una duración aproximada de 90 minutos. El equipo médico estuvo dirigido por el profesor Stefano Margaritora, acompañado por la profesora Elisa Meacci, la doctora María Teresa Congedo y el doctor Leonardo Petracca Caravella.

Los médicos extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho del Santo Padre mediante una técnica videoasistida. (REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

La anestesia estuvo a cargo del profesor Massimo Antonelli, el doctor Giovanni Punzo y el doctor Giuseppe Bello. Tras la operación, los médicos mantuvieron al pontífice bajo observación durante un breve período antes de autorizar su traslado a la habitación.

La espera por una definición oficial del Vaticano

La organización oficial no será suspendida ni modificada hasta que el Vaticano comunique una decisión. Monteoliva sostuvo que esa es la instrucción recibida por los equipos que trabajan en la planificación y pidió prudencia ante la falta de novedades sobre los próximos pasos médicos.

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“Hasta que no haya una respuesta oficial del Vaticano, seguimos trabajando. Esa es la instrucción”, declaró la ministra en LN+. También describió la posición del Gobierno como cautelosa frente a la posibilidad de que el estado de salud del pontífice obligue a revisar fechas.

Durante otra entrevista, esta vez con A24, la titular de Seguridad reiteró que no hubo contactos formales que alteraran los preparativos. “Hasta ahora no he recibido ninguna comunicación oficial del Vaticano”, señaló.

La ministra Monteoliva explicó que el Gobierno mantiene los preparativos del operativo para la visita del papa León XIV mientras aguarda confirmaciones oficiales desde Roma.

Monteoliva afirmó que la planificación contempla la alternativa de una postergación, sin que ello implique cancelar la organización. “Si toca posponer, reprogramar, se adecúa a otra fecha. La prioridad es la salud del Papa”, indicó.

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La ministra insistió en que una definición seria depende de la información que surja de la Santa Sede y de los médicos que siguen la recuperación. “La respuesta seria es esperar información oficial”, sostuvo ante la consulta sobre la continuidad de la visita.

El Vaticano todavía no detalló qué tratamiento seguirá León XIV después de la intervención. La Santa Sede aclaró que, por el momento, los especialistas no hablaron de quimioterapia ni de otras terapias posteriores a la cirugía.

El pontífice estadounidense había comunicado días antes que los médicos detectaron un nódulo pequeño y localizado. Durante la oración dominical del mediodía, anunció que sería intervenido para extirparlo.

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Los oncólogos habían señalado antes de la operación que, incluso si la lesión resultaba cancerosa, el pronóstico era “excelente” debido a que la extracción se realizaría en una etapa temprana. La confirmación del diagnóstico llegó durante el procedimiento quirúrgico.

Audiencias suspendidas y recuperación en el Gemelli

El Vaticano canceló todas las audiencias de León XIV hasta el 20 de octubre. La medida fue anunciada el lunes, antes de la operación, y forma parte de la reorganización de la actividad pública del Papa durante su recuperación.

La situación representa el primer problema de salud importante que el pontífice hizo público desde el inicio de su papado, hace 17 meses. La Santa Sede difundió detalles sobre el hallazgo, el diagnóstico y el resultado de la intervención.

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El Papa permanecerá internado en una habitación próxima al apartamento papal del hospital Gemelli. Ese sector, ubicado también en la décima planta y utilizado por anteriores pontífices, cuenta con una capilla privada, aunque actualmente está en reformas.

La continuidad del operativo oficial quedará sujeta a las decisiones que comunique el Vaticano sobre el tratamiento y los tiempos de recuperación de León XIV.

Europe,Religion / Belief,VATICAN

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