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Los secretos de la noche en que le devolvieron el cuerpo de Evita a Perón y la frase que cerró una de las historias más oscuras de la política argentina

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De pronto, la caravana se detuvo a un costado del camino. La escena era bastante rara, y un poco espectral. En la temprana noche del 3 de septiembre de 1971, hace ya cincuenta y cinco años, y en el todavía cálido aire madrileño, una furgoneta de las usadas para repartir flores, o golosinas, o lo que fuese necesario repartir, frenó su marcha en medio del elegante barrio de Puerta de Hierro. Con ella hicieron lo mismo un par de patrullas de la Guardia Civil española y dos autos particulares. Estaban todos a escasos trescientos metros del chalet de la calle Navalmanzanos 6, que era la residencia en el exilio del expresidente argentino Juan Perón.

Los uniformados se acercaron a uno de los autos particulares que llevaba a bordo al hombre que dirigía aquel raro desfile y que dio una breve explicación: esperarían allí apenas unos pocos minutos y luego cubrirían los trescientos metros que restaban para cumplir con su cometido. Quien había hablado con los guardias españoles era el coronel argentino Héctor Cabanillas, que casi tres lustros antes había sido titular del Servicio de Informaciones del Ejército, y que era dueño de un secreto que estaba a punto de revelarse. Porque la camioneta de repartir flores o lo que fuese necesario repartir cargaba en su interior el ataúd con los restos de María Eva Duarte, Eva Perón, que iban a ser devueltos a su viudo.

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Cabanillas no explicó más porque los policías españoles hubieran entendido muy poco. Pero su decisión se había basado en un horario de alegórico significado: faltaban pocos minutos para las ocho y media de la noche y el militar no quiso llegar a Puerta de Hierro, ni entregar el cuerpo de Eva Perón a la misma mítica hora de su muerte, las 20.25 del 26 de julio de 1952. Superada esa barrera histórica, temporal y simbólica, la caravana se puso en marcha con la falsa camioneta de entregar flores a la vanguardia y, poco después de las ocho y media de la noche, entró en Puerta de Hierro.

Desde su muerte hasta el derrocamiento de Perón, el cadáver de Eva Perón había descansado en un salón del segundo piso de la sede de la CGT, al 800 de la calle Azopardo; un mes después del golpe militar, su madre, Juana Ibarguren, asilada en la embajada de Ecuador, había autorizado por escrito al gobierno del general Eduardo Lonardi, a que diera cristiana sepultura a los restos de su hija. Pero en noviembre de ese año, en un golpe palaciego, Lonardi fue derrocado por el general Pedro Eugenio Aramburu, que mantuvo el compromiso firmado con la madre de Eva Perón.

El cadáver inició entonces un largo y doloroso peregrinaje. Fue a parar a las manos del entonces jefe de la SIDE, coronel Carlos Moori Koenig, un desquiciado que ultrajó el cuerpo y lo convirtió en objeto de exhibición para sus amistades, hasta que en 1957 Aramburu relevó a Moori Koenig, nombró en su lugar al coronel Cabanillas y, junto a su ministro de Guerra, general Arturo Ossorio Arana, le pidió que se hiciera cargo del traslado del cuerpo y de darle sepultura, como aseguró en 1997 al diario Clarín su hijo, el general de brigada Eduardo Cabanillas.

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La devolución del cadáver de Eva Perón a Juan Perón fue una decisión del entonces presidente de facto de la Argentina, general Alejandro Lanusse, como una muestra de buena voluntad hacia Perón, con quien tal vez pensaba medirse en elecciones libres si marchaba bien su estrategia política encarada por el llamado Gran Acuerdo Nacional, un programa que prometía devolver la democracia al país, quebrada en 1966 por la llamada Revolución Argentina.

Lanusse había estado involucrado de alguna manera en el ocultamiento del cadáver de Eva Perón. Cuando en 1957 Cabanillas organizó el traslado del cuerpo a Italia, la decisión de sacarlo del país también fue una decisión política del gobierno de Aramburu, contó con la decisiva colaboración de un sacerdote paulista, el padre Francisco “Paco” Rotger, que había casado a Lanusse con su Ileana Bell y que era su confesor cuando Lanusse era jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, custodia del presidente Aramburu. Un ensamble perfecto.

María Eugenia Álvarez, enfermera de Evita, junto a un cuadro de Eva. (Foto: archivo Museo Eva Perón)

El padre Rotger habló entonces con su amigo, Eugenio Pacelli que en 1957 era el Papa Pío XII. Y luego, la Iglesia se encargó de todo. Envió a Buenos Aires al sacerdote Giovanni Penco, superior de la Compañía de San Pablo, quien se entrevistó con Cabanillas y se encargó de planificar el entierro de Eva Perón bajo una falsa identidad. “A Penco lo envió el Papa”, dijo en 1997 Cabanillas hijo. El sacerdote guardó total secreto sobre el cementerio en el que había sido sepultada Eva Perón, y sobre el sitio en el que se hallaba su tumba: sólo lo confió a su sucesor, el padre Giulio Madurini.

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Las más altas autoridades de la Iglesia, junto al Papa Pío XII, influyeron en el destino de la tumba oculta de Eva Perón. Según reveló en su momento la viuda de Lanusse, la operación completa contó con la aprobación y el apoyo del entonces arzobispo de Milán, Giovanni Battista Montini, dado que Eva Perón fue enterrada bajo la falsa identidad de María Maggi de Magistris en el Cementerio Maggiore de Milán. Montini era el Papa Paulo VI cuando el cuerpo de Eva Perón fue devuelto a su esposo.

Aquellos años turbulentos, los hechos que rodearon la salida de Buenos Aires y el entierro clandestino de Eva Perón en Milán, están relatados en una formidable investigación del colega Sergio Rubin, Secreto de Confesión – Cómo y por qué la Iglesia ocultó el cuerpo de Eva Perón durante 14 años, un libro imprescindible para comprender aquel país de delirios.

Lanusse también diseñó su estrategia de diálogo sin palabras con Perón, a quien detestaba con fervor, a través de la diplomacia. Antes de encarar la devolución del cuerpo de Eva Perón, nombró embajador en España al brigadier Jorge Rojas Silveyra, otro antiperonista furioso que tendría sí o sí que dialogar con Perón. Al enterarse de su nombramiento, Rojas Silveyra le dijo a Lanusse, a quien llamó por su apodo: “No, Cano, no podés hacerme esto”. Y Lanusse le contestó: “Sí puedo porque sos el único tipo que conozco que es más gorila que yo”.

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Los restos de Eva Perón junto al ataúd de Juan Domingo Perón. (Foto: AP)
Los restos de Eva Perón junto al ataúd de Juan Domingo Perón. (Foto: AP)

El 16 de agosto de 1971, dieciocho días antes de la entrega del cuerpo a Perón, Lanusse envió al coronel Cabanillas a Madrid para poner a Rojas Silveyra en antecedentes de la operación. La carta decía, en un papel membretado como Presidente de la Nación Argentina: “Estimado Flaco: Aprovecho el viaje de Lalo (por Cabanillas) para enviarte con él un expresivo abrazo. Le he encargado que te converse sobre un trabajo que va a realizar, contando para ello con mi aprobación y deseo de éxito. Saludos a Zulema. Un abrazo. Lanusse”.

En el momento de decidir la restitución del cuerpo de Eva Perón, había otra razón para hacerlo acaso superior a la estrategia política de Lanusse. Aramburu había sido secuestrado y asesinado por la guerrilla peronista “Montoneros” entre mayo y junio de 1970, luego de haber sido sometido a un “juicio revolucionario”, según sus captores. Fue acusado de la desaparición del cadáver de Eva Perón y, en el comunicado número 5 que sus captores dieron a conocer ya con Aramburu asesinado, expresaron: “El cuerpo de Pedro Eugenio Aramburu solo será devuelto luego de que sean restituidos al pueblo los restos de nuestra querida compañera Evita”.

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Luego de conocido el asesinato de Aramburu, el coronel Cabanillas, dueño del secreto, recibió “presiones” de Montoneros. ¿Confió Aramburu a sus captores el nombre de Cabanillas? Aramburu también sabía dónde estaba enterrada Eva Perón. Lo confió a Clarín 1997 la viuda de Lanusse, Ileana Bell: “Mi marido, Aramburu y el padre Rotger eran los únicos que sabían dónde estaba. Yo tampoco lo sabía”.

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Pero había más gente que conocía el secreto y lo guardaba. El coronel Cabanillas mantenía a resguardo en una caja de seguridad toda la documentación del caso: en esa documentación se revelaba el sitio de la tumba en el Cementerio Maggiore, campo 86, tombino 41. El dato también era conocido por el suboficial del Ejército Manuel Sorolla, que en 1957 había tomado parte de la operación de ocultamiento del cadáver: había viajado a Italia con el ataúd y con la falsa identidad del hermano de la falsa María Maggi de Magistris.

Perón y Eva en camino a una gala en el Teatro Colón. (Foto: Reuters)
Perón y Eva en camino a una gala en el Teatro Colón. (Foto: Reuters)

Si Aramburu conocía el destino de los restos de Eva Perón, no lo dijo a sus asesinos. Según las diferentes versiones que dio Montoneros, Aramburu dijo: “Evita está en Italia. Pero yo no sé dónde. Y si supiera, no se los diría”, según relató en su momento Roberto Perdía. Mario Firmenich dijo que Aramburu sólo reveló que el cuerpo estaba enterrado “en un cementerio de Roma”. Si algo de todo eso es cierto, en el umbral de su muerte Aramburu mantuvo ante sus verdugos el secreto, un secreto militar, sobre el destino del cuerpo de Eva Perón. De manera que existía una tercera razón para apresurar la entrega del cuerpo a Perón: Montoneros estaba sobre la pista del cadáver, o al menos en su intensa búsqueda, con la intención de darle un uso político

14 años después de viajar con el cuerpo de Eva Perón desde Buenos Aires a Milán en el barco italiano Conte Biancamano, el coronel Cabanillas, también en el máximo secreto, iba a hacer exhumar el cadáver para que cumpliera el largo viaje desde Milán a Madrid. El 1 de septiembre, ante quienes conocían el secreto, el padre Madurini, Cabanillas y el suboficial Sorolla, se cumplió al primero de los pasos que devolvería el cuerpo de Eva Perón a su viudo. El ataúd de la falsa María Maggi de Magistris fue desenterrado y cargado en un carrito, donde fue luego abierto. Cuando los sepultureros vieron la figura de Eva Perón, intacta por obra del embalsamador español Pedro Ara, gritaron: “¡Milagro!”. ¡Milagro!”, una reacción esperable, pero que puso un poco nervioso a Cabanillas. El padre Madurini entonces explicó a los inquietos operarios que el arte de embalsamar estaba muy extendido en América del Sur: una mentira piadosa.

Luego, el ataúd fue cargado en un furgón Citroën de la funeraria milanesa Fuseti, con el chofer Roberto Germani al volante y Sorolla como custodio, dispuestos ambos a hacer el largo viaje Milán-Madrid. Mientras, Cabanillas y Madurini corrían al aeropuerto de Linate para viajar en avión a Barajas. El furgón recorrió casi 1580 kilómetros y atravesó Génova, Savona, Mónaco, Montpellier y Perpiñán hasta La Junquera, un municipio español de la provincia de Girona, fronterizo con Francia.

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Fue allí, ya en territorio español y pese a sus protestas, donde el chofer Germani fue relevado de su misión: la Guardia Civil se hizo cargo del transporte de los restos de Eva Perón en un operativo coordinado por las autoridades del gobierno de Francisco Franco, entre ellos el jefe de sus servicios secretos, un coronel de apellido Blanco, y el embajador Rojas Silveyra.

La tarde del 3 de septiembre, el cortejo cubrió el trayecto entre Barcelona y Madrid, custodiado con discreción. Ya casi no había secreto. De alguna manera, la certeza de que en aquella furgoneta viajaban los restos de Eva Perón había ganado por lo menos a las fuerzas de seguridad. Eva Perón era una figura venerada en España a raíz de la ayuda humanitaria del gobierno de Perón durante los duros años que siguieron a la Guerra Civil; de modo que cada vez que la camioneta Citroën de la falsa florería circulaba ante un puesto de seguridad de la Guardia Civil o de la Policía Nacional, los uniformados se cuadraban para saludar su paso.

Acta de restitución del cadáver de Eva Perón a Juan Domingo Perón firmada el 3 de siempre de 1971. (Foto: archivo de Tomás Eloy Martínez)
Acta de restitución del cadáver de Eva Perón a Juan Domingo Perón firmada el 3 de siempre de 1971. (Foto: archivo de Tomás Eloy Martínez)

Cuando el cortejo entró en Madrid, poco antes de las ocho de la noche del 3 de septiembre, y cuando enfilaba hacia Puerta de Hierro, la caravana se detuvo para que Sorolla quitara del féretro la chapa de bronce con el nombre “María Maggi de Magistris” y colocara otra que decía: “María Eva Duarte de Perón”. Hubo una segunda detención, la ordenada por Cabanillas para que la hora de la entrega del cuerpo no coincidiera con la de la muerte de Eva Perón y, por fin, el ataúd entró en la residencia de Puerta de Hierro. Allí lo esperaban Perón, con traje oscuro; su tercera esposa, María Estela Martínez; su secretario y asistente, José López Rega; el entonces delegado personal de Perón en la Argentina, Jorge Daniel Paladino; dos sacerdotes mercedarios; el agregado cultural de la embajada argentina, Manuel Gómez Carrillo; y el embajador Rojas Silveyra que se había negado a anticipar a Perón la fecha de la entrega del cadáver: el brigadier temía una infidencia. Sólo en la mañana del 3 de septiembre Perón fue informado de que esa noche le devolverían el cuerpo de su segunda esposa.

El ataúd fue colocado sobre una mesa. Perón saludó con frialdad a Cabanillas y preguntó: “¿Dónde está el padre Madurini?” El padre Madurini, que como superior de la orden de San Pablo se había encargado del cuidado de la tumba de Eva Perón, se había retrasado un poco por los controles policiales que rodeaban la residencia de Puerta de Hierro: los rumores de la inminente devolución del cadáver de Eva Perón habían hecho redoblar la custodia en la zona. Cerca de las nueve y media de la noche, Rojas Silveyra tomó el mando de la ceremonia: debía ceñirse a lo legal, si es que había algo de legalidad en aquel disparate. Pidió que el ataúd fuese abierto, que se certificara que eran los restos de Eva Perón y que los testigos firmaran el acta correspondiente.

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Levantaron la tapa del féretro y se toparon con un cerramiento de zinc, que también había que abrir. Fue entonces cuando el idiotismo de López Rega casi arma un desastre. Lo evitó Rojas Silveyra. En medio de aquella conmoción, en medio de la tensión que enfrentaba a enemigos irreconciliables, ante un ataúd sin tapa que contenía los restos de una mujer que en solo seis años de su corta vida, había marcado a fuego al país, López Rega, en camiseta, apareció con una especie de soplete en la mano para abrir la chapa de zinc que cubría al cadáver. Rojas Silveyra, que sabía cuán volátil era aquel cuerpo por los químicos que el doctor Ara había usado para embalsamarlo, frenó a López Rega. Según recordó años después el entonces embajador, usaron dos abrelatas caseros para cortar la chapa; Paladino, el delegado de Perón, recordó en cambio que usaron un cortafierros y un martillo.

López Rega no pudo evitar entonces otra muestra de su histrionismo patético, que en dos años lo convertiría en un criminal nombrado superministro que aspiró a heredar a Perón y gobernar la Argentina junto a la viuda del general. Le dijo a Perón: “General, esta no es Evita… No firmé el acta. No es Evita… Cabanillas contuvo el aliento. Durante la tensa reunión no había cambiado una sola palabra con Perón y ahora, un alcahuete desquiciado ponía en duda su misión, que había durado catorce años. Perón se acercó al cuerpo de su exmujer y selló el pequeño drama desatado por López Rega con una frase: Sí, es Evita. Y Cabanillas volvió a respirar.

Rojas Silveyra apuró la firma del acta. López Rega, de nuevo, volvió a cacarear en voz baja: Yo no firmo. Rojas Silveyra lo oyó y recurrió a herir su ego de sainete: ¿Se va a perder esta oportunidad de firmar un acta histórica?. López Rega firmó. Isabel Perón no quiso hacerlo y no pudieron convencerla. Se dedicó, sí, a peinar los cabellos enmarañados del cadáver.

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Carta escrita a mano con membrete de la Presidencia de la Nación de Lanusse a el
Carta escrita a mano con membrete de la Presidencia de la Nación de Lanusse a el «Flaco». (Foto: archivo de Tomás Eloy Martínez)

En un momento, el padre Madurini se acercó al Perón, sacó algo de su bolsillo y lo puso en sus manos: era el rosario que el papa Pío XII había regalado a Evita en su épico viaje por Europa. Quién sabe si Perón lo supo alguna vez, pero el rosario había pasado a manos del padre Madurini entregado por el coronel Cabanillas. Firmaron el acta Perón, Rojas Silveyra, Gómez Carrillo y el padre Madurini que usó el nombre de Alessandro Angeli: “Usé Alessandro, que es mi segundo nombre, y Angeli porque mi padre se llamaba Angelo”, dijo a Clarín en 1997. “Vi a Perón muy emocionado. Se mostró sorprendido y contento cuando le di el gran rosario. Me lo agradeció. Hablamos en italiano”.

Dieciocho años después de aquella noche, entre abril y mayo de 1989, Tomás Eloy Martínez, maestro de periodistas y biógrafo de Perón y de Eva Perón, entrevistó a Rojas Silveyra y al coronel Cabanillas sobre la devolución del cuerpo de Eva Perón a su viudo. El exembajador en Madrid recordaba, entre muchas otras cosas, que el ataúd había llegado a Puerta de Hierro en un camión de golosinas y no en una furgoneta de una falsa florería. También recordaba un diálogo con Perón, que lo había invitado a caminar por el jardín de la residencia. Los dos enemigos salieron, solos, codo a codo, como si la emoción que habían vivido, cada quien a su modo, hubiese borrado por un instante tanto recelo, tantos rencores, tanta insensatez.

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Tomás Eloy Martínez pasó al papel aquellas grabaciones y las guardó para la historia. El testimonio que sigue lo debemos al periodista Ezequiel Martínez, hijo de Tomás Eloy. Recordaba Rojas Silveyra:

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“(…) Me dijo (Perón)‘ Venga, Rojitas’ No sé por qué me dijo Rojitas porque nunca dejaba de ser lo más correcto posible. (…) Por eso salimos. Me tomó del brazo y dijo: ‘Bueno…’. Ahí fue cuando yo vi que tenía lágrimas en los ojos (…) los ojos aguados, lagrimosos. Le dije: ‘Señor, se ha emocionado usted’.

Y Perón contestó: ‘Y…, aunque ustedes no crean, yo he sido muy feliz con esta señora, con esta mujer. Y le debo muchas de las cosas que yo he sido”.

Sumario, Eva Perón, Juan Domingo Perón

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La Corte ordenó avanzar con el juicio oral por el incendio de Iron Mountain en Barracas

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La Corte Suprema de Justicia de la Nación desestimó este miércoles los recursos de las defensas de Eduardo Alfredo Sueyras Parra, Guillermo Lockhart y Matías Marquina y, con esa decisión, convalidó el camino hacia el juicio oral por el incendio del depósito de Iron Mountain en Barracas.

Los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti no ingresaron al fondo del planteo, donde se cuestionó la prescripción de la acción penal y presunta violación del plazo razonable, y rechazaron las presentaciones por incumplimiento del reglamento que rige los recursos extraordinarios.

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El 5 de febrero de 2014, a la mañana, se desató un incendio en el predio que la empresa de custodia de documentación tenía en Azara 1245. La alarma sonó y empleados intentaron controlar el foco. Cerca de una hora después, cuando bomberos de la Policía Federal, voluntarios y personal de Defensa Civil combatían las llamas, se derrumbó una pared.

En el lugar murieron aplastados Leonardo Day, Anahí Garnica, Eduardo Conesa, Damián Véliz, Maximiliano Martínez, Juan Monticelli, José Luis Méndez Araujo, Sebastián Campos, Pedro Báricola y Franco Ambrosi. Otros rescatistas resultaron heridos.

Familiares y amigos de las víctimas de Iron Mountain recordaron a los agentes que perdieron la vida.

La causa recorrió un largo trayecto con varios idas y vueltas. Recién en diciembre de 2022 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional confirmó el procesamiento de los 18 acusados por incendio culposo seguido de muerte y lesiones culposas.

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La lista de acusados incluye a directivos de la compañía, entre ellos Lockhart, entonces gerente general, y Sueyras Parra, vinculado al área de seguridad e higiene, y exfuncionarios porteños de la Dirección General de Fiscalización y Control.

Según esa instancia, hubo falencias en el control del funcionamiento del depósito. Los peritajes no lograron establecer de manera concluyente si el fuego arrancó de manera fortuita o intencional, pero sí apuntaron al colapso de la estructura metálica como causa inmediata del derrumbe.

Con la causa ya en etapa de juicio, el 28 de abril de 2025 el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 18 rechazó los pedidos de extinción de la acción penal por prescripción y de insubsistencia por violación de la garantía del plazo razonable.

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Javier Milei, entre los dólares que a los argentinos les “salen por las orejas” y la corbata de Milton Friedman

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NUEVA YORK.- Javier Milei lució eufórico tras su discurso en la asamblea general de la ONU. A tal punto, que ante una consulta en la calle, entre una actividad y otra, el Presidente sostuvo que a los argentinos “los dólares nos salen por las orejas”.

Incluso Milei dijo que la “superabundancia” de dólares representa un “problema”. Y lo explicó así: “Nuestro problema es que si compramos tantos dólares, se nos escapa la tasa de inflación. Y si los esterilizamos, se escapa la tasa de interés”.

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Con el ministro de Economía, Luis Caputo, asintiendo a su lado, el Presidente agregó: “Llevamos 28 meses consecutivos de crecimiento. Si mantenemos las proyecciones de mercado, estaríamos entre 18% y 20% en los cuatro años”.

Después de decir que la Argentina es “la tierra prometida”, sorprendió por una comparación con gobiernos anteriores: “Si yo fuera peronista y le pusiera pauta a los medios, la mitad de las calles llevarían mi nombre”, se despachó Milei.

El talismán

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El Presidente apeló a un talismán en la asamblea general de la ONU. Se puso una cortaba poco habitual en él, rayada y no lisa como las que suele utilizar. Pero tenía un motivo: al parecer, la prenda perteneció al célebre economista norteamericano Milton Friedman, el fallecido precursor de la teoría del monetarismo y defensor irrestricto del libre mercado, que obtuvo un Premio Nobel de su especialidad en 1976.

La corbata que usaba Milton Friedman

Según le contó Milei a una cronista de TN tras el discurso en Nueva York, la corbata de Friedman llegó a sus manos de parte del fundador y presidente de la Fundación Libertad, Gerardo Bongiovanni. “Tengo entendido que se la regaló Milton Friedman”, dijo Milei y abundó: “Esto es una declaración, yo nunca uso corbatas rayadas”.

A su lado sonreía “Toto” Caputo, a quien el Presidente le dijo “dale, te toca laburar”, cuando la cronista Nieves Zuberbühller preguntó por el resultado de una reunión con inversores. Pero al final fue el propio Milei quien monopolizó la palabra, ante la renuencia del jefe del Palacio de Hacienda.

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@JMilei,@LuisCaputoAR,pic.twitter.com/77eFoCUIfc,September 23, 2026,Javier Milei,Conforme a

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Milei defendió el plan económico ante ejecutivos e inversores en Nueva York: “Prepárense para la mayor cantidad de reformas de la historia de la humanidad”

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NUEVA YORK.- Luego de su duro discurso en la Asamblea General de la ONU, el presidente Javier Milei brindó una conferencia esta tarde enfocada en la defensa de la marcha del programa del Gobierno y los beneficios de la libertad económica en la sede del Citibank en Manhattan, otro de los ejes de su viaje de tres días por Nueva York.

Milei, que durante una hora desplegó un tono moderado, chistes y hasta anécdotas futboleras en su disertación, sostuvo que el gobierno libertario fue el que “más hizo por los sectores más vulnerables”, pronosticó “la mayor cantidad de reformas de la historia de la humanidad” en caso de que La Libertad Avanza tenga un éxito electoral el año próximo, y al pasar reafirmó el reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas.

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“Por el solo hecho de bajar la inflación, eso le devolvió a los argentinos 100.000 millones de dólares. Por eso hicimos un ajuste del 30% del gasto”, señaló el Presidente, que también apuntó que “el cobro de impuestos es el robo más obvio”, que impacta en la “generación de beneficios” y que, por ende, “termina afectando al mercado”.

“Vean que otra medida fuertemente en favor de los vulnerables es el hecho de terminar con la inseguridad. Nosotros cuando asumimos había 9000 piquetes por año, ahora es cero. Y no solo eso, sino que además tenemos los indicadores de delincuencia más bajos de la historia”, aseveró.

El Presidente, durante su discurso ante la Asamblea de la ONU, en Nueva YorkHeather Khalifa – FR172147 AP

El Presidente también se entusiasmó por el futuro, de cara al año electoral en el que buscará la reelección. “Yo les aviso que si llegamos a repetir el número de la última elección vamos a tener mayoría en Diputados y vamos a estar muy cerca del quórum en Senadores. Prepárense porque se va a venir la mayor cantidad de reformas de la historia de la humanidad”, auguró, al destacar los avances de su administración en materia legislativa pese a tener minoría.

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La conferencia “Valores democráticos, libertad económica y seguridad estratégica” fue organizada por la Fundación Federalismo y Libertad, con el acompañamiento del International Republican Institute (IRI), una organización conservadora con sede en Washington que promueve la democracia y libertad.

Al Presidente lo escuchaban en el auditorio más de 300 personas de ámbitos empresariales, financieros, académicos y diplomáticos.

En primera fila estaba sentado el embajador norteamericano ante la Argentina, Peter Lamelas, que por la noche participará del evento en el consulado argentino en Nueva York en el que se anunciará un acuerdo de financiamiento con Estados Unidos para inversiones en infraestructura.

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El presidente Javier Milei, en la sede de la ONU en Nueva York.SPENCER PLATT – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Había directivos de empresas como Continental Resources, Chevron, Rio Tinto, BHP, Microsoft, Amazon, IBM Corporation, Google, Citi, JP Morgan, HSBC, Integra Capital, Alito Capital, entre otros.

También estaban el ministro de Economía, Luis Caputo, y el embajador argentino ante Estados Unidos, Alec Oxenford, quienes por la mañana habían acompañado al Presidente en la Asamblea de la ONU.

Milei destacó también el impacto de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA). “Es que el próximo gobierno que nos siga, seamos nosotros o sea cualquier otro, no va a poder romper la regla monetaria, porque si la rompe, el costo reputacional va a ser fuertísimo y se van a tener que tragar una crisis en la cara”, dijo, en una exposición en partes leída y en otras improvisadas.

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En otro tramo, Milei hizo una descripción de la pesada herencia que recibió del gobierno de Alberto Fernández en materia económica y social. “Ese fue el país que recibimos, no el cuento de hadas que quiere vender hoy el peronismo en la Argentina. Es decir, porque ustedes los escuchan y es como que nos hubieran entregado Suiza”, dijo. “Es irritante la hipocresía”, agregó.

Como es habitual, Milei también apuntó contra la clase política. “Hay algo que se llama ley de la gravedad, los políticos son maravillosos: ellos creen que pueden suspender la ley de gravedad con una ley. Pero los hijos de puta te mandan a vos a tirarte del piso 500″, espetó.

“Después de 12 años sin crecer, hemos vuelto a crecer y, sin embargo, tengo que soportar que algunos imbéciles digan que no sé de crecimiento. Bueno, voy a seguir así de ignorante, pero haciendo crecer la economía”, señaló Milei, un comentario que despertó las risas del público.

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También dijo que “Malvinas será una causa que defenderemos siempre, con fines pacíficos”, en línea con su discurso en la Asamblea General de la ONU por la mañana.

En la presentación del evento, Ernesto Torres, director general de Citi Internacional, señaló que “el entusiasmo que hoy despierta el futuro de la Argentina se debe a los logros ya alcanzados por la administración de Milei”.

En ese sentido, destacó que la Argentina impulsó un “ambicioso programa de estabilización”, los beneficios del RIGI y la oportunidad que abre el desarrollo de la industria energética, al tiempo que resaltó que el país mantuvo superávit fiscal en 30 de los 33 meses desde que Milei asumió el cargo, “marcando el periodo más largo de disciplina fiscal sostenida en más de una década”.

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La Fundación Federalismo y Libertad, que organizó la disertación de Milei en Nueva York, es un centro de investigación creado en 2012 en San Miguel de Tucumán.

Más tarde este miércoles, el líder libertario participará de una mesa a puertas cerradas en la sede del Americas Society/Consejo de las Américas, junto a su presidenta, Susan Segal, y entre12 y 15 empresarios.

La agenda económica de Milei en Nueva York continuará este jueves al mediodía, con una disertación por media hora en The Economic Club of New York, una institución fundada en 1907 que reúne a referentes empresariales, financieros y económicos de la principal metrópoli de Estados Unidos.

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En el cierre de la gira, Milei se reunirá con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, uno de sus principales aliados internacionales junto con Donald Trump. Está previsto que por la noche del jueves la comitiva presidencial emprenda el regreso hacia la Argentina, donde aterrizará en la mañana del viernes.




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