CHIMENTOS
La pelea de Gladys La Bomba Tucumana con Luana Fernández en Gran Hermano: “Yo no vine para acostarme con nadie”

La casa de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe) vivió una noche intensa y cargada de tensión con un cruce que ya se perfila como uno de los más feroces de la temporada: Gladys “La Bomba Tucumana”, flamante incorporación, y Luana Fernández, una de las participantes más polémicas, protagonizaron una escena de reproches, viejas heridas y declaraciones que dejaron a todos los presentes y a la audiencia pegados a la pantalla.
Todo comenzó cuando Santiago del Moro le dio la palabra a la cantante en la tradicional cena de nominados. Fiel a su estilo frontal, la cantante no dudó en señalar a Luana como la persona a la que quería fuera de la casa. “Luana quiero que se vaya. No me gusta convivir con alguien que no es leal. Aunque estemos jugando, yo soy respetuosa y tengo lealtad para la gente con la que me siento más identificada y a esa gente me pego. Obviamente, tengo mi carácter y mi forma de jugar. Juego sola. Ya desde el día que entré a jugar y me estoy divirtiendo, conociéndolos, aprendiéndome sus nombres”, arrancó, dejando claro que su percepción sobre la influencer estaba lejos de ser positiva.
Cuando el conductor le preguntó qué le pasaba con su compañera, Gladys fue tajante: “Me sentí muy traicionada porque es con la primer gente que yo me relacioné, me sentí más atraída dentro de la casa con el grupo con el que estoy jugando. Y yo lo que tengo es un sello acá enorme de lealtad y fidelidad. Ella me clavó un puñal por la espalda, además de ofenderme públicamente y acusarme”.
El clima se fue caldeando a medida que ambas sumaban argumentos y viejos rencores. La Bomba aclaró que no podía confiar en Luana, ni le gustaba cómo jugaba ni cómo era. Luana, lejos de quedarse callada, retrucó: “No ves cómo juego. Hace tres días entraste, no sabés cómo juego”. Pero Gladys insistió: “Hacete la buenita”. Y Luana, con ironía, le agradeció la “nominación” y dijo sentirse honrada de ser mencionada por figuras como Gladys y Grecia Colmenares. “No me lo esperaba de vos, de Gre sí, porque ya me lo había dicho primero. Pero de vos no me lo esperaba”.
La conversación rápidamente escaló y dejó en evidencia el trasfondo de la pelea: el acercamiento de Gladys a Franco Zunino y los celos de Luana, quien la acusó de “robarle a su marido”. El tema ya había generado chispazos anteriormente, pero en la cena de nominados se puso sobre la mesa, junto con viejos comentarios y acusaciones cruzadas.

La cantante no se guardó nada y le lanzó a Luana: “Yo no vine acá a acostarme con nadie. Capaz que vos sí”. Luana devolvió el golpe: “No lo sé, no parece”. Pero la cantante fue directa: “Yo no, corazón. Así que te equivocaste y bien feo conmigo”. Luana intentó defenderse y aclaró que ya le había pedido disculpas por cualquier malentendido, pero Gladys no aceptó: “Con vos no podría convivir nunca. No puedo, ni quiero, ni deseo”.
Luana, con una mezcla de resignación y desafío, respondió: “Está perfecto. La gente lo va a decidir. Si me tengo que ir, me voy a ir con la frente en alto”. Y añadió: “Te las saldrás con la tuya”. Gladys, ya sin filtro, remató: “Ya no. No, ¿qué me importa? Yo tengo vida afuera, tengo trabajo”. La influencer no se quedó atrás: “Todos tenemos vida. Yo también tengo trabajo, por suerte. Y me costó un montón llegar hasta acá”.
El intercambio fue subiendo de tono, salpicado de ironías, pases de factura y hasta referencias personales. Luana le espetó a Gladys que había venido a “destruir su grupo”, mientras que la cantante le recordó su trayectoria y le advirtió: “Sé respetuosa, ya que no lo fuiste nunca conmigo”, antes de que Luana elija a La Bomba como candidata a dejar la casa.
CHIMENTOS
Tres cartas de despedida en el bolsillo, la humillación que marcó sus últimos días y el enigma que sigue abierto: la tragedia de Leonardo Simons

Barbie Simons tenía 15 años y estaba en el primer recreo cuando sintió la urgente necesidad de llamar a su papá, Leonardo Simons. Algo quería decirle, no sabía qué. El pálpito se encendió en su cuerpo y pasó. Hasta que apareció la directora del colegio y, sin darle razones, la mandaron de inmediato para su casa. En el taxi ya sabía que algo malo había ocurrido. El recuerdo del día en el que su vida se partió en dos, aquel 15 de octubre de 1996, la persigue hasta hoy.
“Siempre me quedé con esa sensación de qué hubiera sido si yo lo hubiera llamado a su celular y le hubiera dicho: ‘Te amo, papá, acá estoy’. Quizás la historia hubiese sido distinta, no lo sé”, contó Barbie, con lágrimas rodando por las mejillas, en PH, al recordar la mañana de ese martes en que su papá se suicidó. El conductor tenía 49 años y se lanzó al vacío desde el piso 13, donde estaba su oficina en un edificio sobre Avenida Córdoba. ¿Por qué lo hizo? Ni Barbie ni nadie podría haberlo anticipado.
“¡Las notas háganselas a Carlos en la cárcel!”, fue el grito seco de Ruth Kisielnicki a los cronistas en cuanto se supo que su esposo se había matado y las preguntas le llovían, enloquciéndola, en horas de shock total. Carlos era su cuñado, el exjuez Juan Carlos Wowe. Tres meses antes, el hombre había caído preso en Caseros por cohecho, por intentar coimear al por entonces periodista más famoso de la tele, Bernardo Neustadt, y por tenencia de armas de guerra. El apellido Simons —su verdadero nombre era Leonardo Simón Wowe— empezó a aparecer seguido en los noticieros y en la primera plana de los diarios junto a la cara del conductor.
Esa era la punta visible del calvario que torturó a Simons en sus últimos días. Una depresión profunda que escondía detrás de su impecable sonrisa, que era la marca de su éxito. Un estado anímico en picada que lo fue hundiendo en el pantano más oscuro en cuestión de semanas. Había adelgazado, se veía decaído y gastado, debajo de su aura de permanente profesionalismo. ¿El escándalo de su hermano lo había acorralado al punto de pensar en quitarse la vida? Solo él lo sabía: con nadie lo habló. Si lo tenía todo: familia, amor, amigos, dinero, reconocimiento. Y sin embargo, algo dentro suyo se quebró.
SIMONS, EL HOMBRE INTACHABLE
“Nos convertimos en modelos que podemos ser imitados, por eso nuestras actitudes tienen que ser dignas y respetables”, decía Simons sobre su profesión en los medios. Su amigo Silvio Soldán, quien venía de embarrarse como nadie tras protagonizar la mediática y escandalosa separación de Silvia Süller, llegó a contar: «Una vez él me dijo: ‘Si a mí me llega a pasar lo que te pasó a vos, me mato’. Esto te lo pinta de cuerpo entero”.
Cuentan también que la sombra que perseguía a Simons se agudizó cuando le detectaron hipertensión ocular, un diagnóstico controlable que, sin embargo, lo aterraba. Los miedos dejaron de tener bordes y nublaron toda lógica. Dicen quienes lo conocían que temía quedarse ciego y convertirse en una carga para los suyos. En tiempos en los que la salud mental era un tema tabú, la muerte del conductor quedó envuelta en el silencio y el desconcierto, teñida de secreto.
“Leonardo Simons murió por vergüenza y de vergüenza, y también hizo gala, en el final de su vida, de una dignidad poco común, algo que, precisamente, no abunda en los tiempos que corren. Quiero recordar con estas pocas palabras a este compañero de 30 años”. Esto fue lo que dijo Fernando Bravo el sábado siguiente a la muerte del conductor, en el durísimo pase de Siglo XX Cambalache con Soldán, quien le puso el cuerpo a una tarea titánica: reemplazar a su amigo en el exitoso ciclo de juegos Ta-Te-Show.
Locutor egresado del ISER, Leonardo Simons tenía una trayectoria tan brillante como sus ojos claros, con miles de horas en estudios de televisión al frente de tanques como Feliz Domingo (con el propio Soldán), Sábados de la bondad y Finalísima, un programa que alcanzó picos de 43 puntos de rating. Podía conducir de memoria cualquier programa.
EL ESCÁNDALO QUE HUNDIÓ A LEONARDO SIMONS
“Este muchacho, en un país donde nadie se pega un tiro por todo, se suicidó por nada”, diría Neustadt, lapidario, meses después de la tragedia, al contar que Simons lo había llamado pidiéndole disculpas por lo que había hecho su hermano. Se excusó, abochornado, el hombre que repartía miles de pesos cada fin de semana desde hacía décadas, y que estaba acostumbrado a llevar alegría y entretenimiento a su público familiar. Con juegos y pruebas, como la icónica Cabina del millón, que en los 80 desafiaba a las señoritas a agarrar la mayor cantidad de australes con sus vestidos, mientras los billetes volaban alrededor.
“Mi viejo entró en una depresión los últimos 15 días. No era mi papá, el de siempre: carismático, divertido, que le gustaba ir a trabajar. Estaba medicado. Fue un cambio brutal para mí”, contaría Barbie años más tarde, sobre cómo registró de adolescente ese feroz desmoronamiento puertas adentro de su casa. Mientras Simons seguía con su rutina, grababa el programa en Telefe, saludaba a la gente que lo reconocía en la calle. Sonreía. Agradecía. Por dentro, podemos imaginar que la foto de su hermano preso le pesaba como un yunque y aparecía en su mente en cada apretón de manos que daba.
“No hablaba del asunto, se esforzaba por mantener el buen humor. Pero nosotros sabíamos que estaba mal”, dijo Eugenio Gorkin, el entonces director de piso del ciclo, a la revista Gente, tras aquel martes trágico. ¿Tenía planeado lo que iba a hacer? Imposible saberlo. En las tres cartas de despedida que encontraron en su pantalón, Simons explicó a medias su drama, con una letra dificultosa. “Mi bocho explotó y necesita paz”, escribió en una de ellas, la que destinó a sus amigos. 
La que redactó para su mujer llevaba fecha del 9 de octubre, casi una semana antes del día de su muerte. Decía: “Las personas que más quiero en la vida son mis hijas Vanesa y Bárbara. Vos me diste 10 años de felicidad. Recordá que juraste por tu hijo que las vas a seguir protegiendo por el resto de sus vidas. Te quiero mucho, Ruth. Leonardo”.
EL ÚLTIMO ACTO DE LEONARDO SIMONS
La noche del sábado 12 de octubre Simons condujo durante dos horas Ta Te Show. Se despidió de todos y se fue. Nunca más lo verían con vida.
El martes 15 de octubre Simons entró a su productora ubicada en la zona de Tribunales, decidido. Saludó al encargado, pidió dos diarios, subió hasta el piso 13 y avanzó firme, como siempre. Pero esta vez, se sentó en el borde de una ventana. Un segundo después, intentó dejarse caer. Dos empleadas, desesperadas, alcanzaron a tomarlo del pantalón mientras le gritaban que no, que no lo hiciera, que recapacitara, que todo estaría bien. “¡No me agarren!”, gritó Simons, y se desabrochó el cinturón, cayendo al vacío.
“Esta mañana lo vi pasar un poquito bajoneado, con la cabeza gacha. Cuando lo saludé, me sonrió un poco”, diría una persona a uno de los móviles que se acercaron al edificio en cuanto se supo que era Simons el NN que, decían en el noticiero, se había matado. La gente empezaba a arremolinarse, curiosa, en torno al centro de la tragedia.
El relato de Crónica estremece: “Según comentaron vecinos del cuarto piso, los efectivos de la Comisaría 17ª y de bomberos, encontraron el cadáver tendido en calzoncillos, camisa y saco, en tanto los pantalones habían quedado colgados en una saliente ubicada en un entrepiso, luego de caer lentamente acompañando la humanidad de su dueño”.

“Papá prefirió tomar esta actitud que cree valiente, porque se me reventó la cabeza y es mejor que ser una carga de por vida para ustedes, estando en un manicomio. Las amo como a nadie amé en este mundo”, leyeron Vanesa y Bárbara, las hijas que Simons tuvo con la locutora Alicia Gorbato, con el dolor insoportable de una cirugía sin anestesia.
«Me acuerdo que fue un martes», diría Barbie mucho después. Y contaría entonces que jamás pudo olvidar el último gesto de su padre, que le quedó grabado en el cuerpo: «El día anterior mi papá me abrazó muy fuerte pero muy fuerte, como nunca me había abrazado en su vida”.
Treinta años después, Barbie sigue aferrada a esa expresión de amor para sentir más cerca al hombre de mirada luminosa que se llevó consigo las respuestas a la eternidad.
Fotos: Archivo Paparazzi
Busqueda de material de archivo: Gustavo Ramírez
Leonardo Simons; Barbie Simons
CHIMENTOS
Cuando el Indio Solari se convirtió en El Artista Invitado: un viaje por sus grabaciones con otros músicos

En una era de la industria dominada por feats, repasar las colaboraciones del Indio Solari puede parecer un trabajo de arqueología que se hace más sencillo al andar. En una conducta que se espeja con su obra integral, todos los caminos conducen a la amistad o a la gratitud, a su casa suburbana y a la cofradía de graciosos y valientes. Al fin de cuentas, el hombre que elegía no figurar ni en sus propios discos, que fue Caballo Loco, Monsieur Sandoz, El Fisgón Ciego, El Cantante Tímido o, simplemente, El Artista Invitado, puso su garganta en proyectos ajenos en contadísimas ocasiones, de orígenes y propuestas bien diversas y solo al servicio de sus compañeros de ruta.
Es parte del mito ricotero aquello del Solos y de Noche, que el Indio enarboló como nadie. La premisa autoimponía no compartir cartel con otros artistas y presentarse una vez que el sol moría. El escenario fue constituido como un espacio sagrado y celoso de cada movimiento. Por ello, Skay Beilinson, Horacio Fontova y hasta Luca Prodan pasaron por el micrófono principal cuando la máxima amenazaba con romperse. La misma regla nunca escrita parecía correr también para las vistas al estudio, con contadas excepciones.
La primera vez que el Indio colaboró con otro artista ya tenía casi 20 años de carrera con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que se acercaba inexorablemente a una desbordante masividad. Se trata de Tren de Fugitivos (1997), el álbum debut de El Soldado, y no casualmente participan todos los integrantes de la banda originada en La Plata.
El Soldado es el alias de Rodolfo Luis González, plomo de Los Redondos desde los 80, bautizado así por el Indio cuando lo vio llegar a un ensayo luego de participar del servicio militar. Del disco participaron todos los músicos de Los Redondos, incluido Gabriel Jolivet, el Conejo, muy cerca del grupo en aquellos años, y guitarrista iniciático en el camino musical de El Soldado.
Solari interpreta dos canciones. En “Trago especial”, cabalga en la línea clásica del rock sureño, pisando fuerte en el coro y con Skay aportando su guitarra eléctrica en un duelo de banjo y slide. La otra es “Ángel de los perdedores”, que se convirtió en un clásico y se prestó a confusiones. En los comienzos de Internet, cuando la información circulaba difusa, muchos pensaron que se trataba de uno de los tantos inéditos de Los Redondos que empezaban a trasladarse de las cintas analógicas al mundo digital. El tema conmueve con su cadencia de balada rutera, intercalando las estrofas y el estribillo en un tema cuyas reproducciones se cuentan de a millones.
Tuvieron que pasar casi diez años, incluida la separación de la banda, para que el Indio volviera a un estudio de visitante. Y mucho tuvo que ver Lito Vitale, ingeniero y productor en Gulp, el primer disco de estudio de Patricio Rey sus Redonditos de Ricota grabado en 1985. Pero Lito fue mucho más que eso. Los Redondos se inspiraron en MIA, el colectivo liderado por los padres de Vitale, el modelo independiente para gestar su música.
Sus caminos se cruzaron nuevamente en 2006. Con el Indio ya erigido como uno de los artistas más populares de su tiempo, Vitale encaró la tarea de homenajear al rock argentino, que por entonces cumplía simbólicas cuatro décadas. Para ello, se propuso superar definitivamente una de sus grietas: le propuso a Gustavo Cerati que interpretara “La bestia pop”, de Los Redondos. Cerati aceptó, con la condición de que el Indio hiciera suya “La ciudad de la furia”, de Soda. “Yo participo, pero voy a cantar ‘El Salmón’, fue lo que dijo Solari según el relato de Lito.
La elección tiene sus motivos en un tema que se volvió alter ego y declaración de principios de Andrés Calamaro y sus años en Deep Camboya. Más allá de algún cruce ocasional en el febril under de los 80, el vínculo entre ambos se cimentó en los 2000, desde el mito de Calamaro pogueando de incógnito en uno de los River de Los Redondos hasta el mimo de Solari a la gesta de Andrés de editar un disco quíntuple como rebeldía ante las discográficas.
Además de grabar “El Salmón” –Cerati finalmente hizo “Los libros de la buena memoria”, del Spinetta de Invisible- el Indio invitó a Calamaro para “Veneno paciente”, canción de Porco Rex, donde se lo escucha susurrar, casi como si fuera un aporte clandestino. El ciclo se cerró en diciembre de 2008, cuando Andrés estuvo invitado en La Plata en los conciertos por la presentación del disco. Además de estas dos canciones, hicieron “Esa estrella era mi lujo”, canción de amor del repertorio ricotero. “Los artistas populares no son nuestros enemigos” lo defendió cuando algunos fans ortodoxos cuestionaron con silbidos la presencia de Andrelo.
En aquel hiperactivo 2008, Solari tendió un puente entre su pasado y su presente al grabar con Sergio Dawi y Pablo Sbaraglia. En Quijotes al ajillo, segundo álbum del saxofonista de Los Redondos, puso su gola (Dawi dixit) en “Gato Negro”, mientras que para el disco del tecladista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado resucitó un personaje del imaginario ricotero en “Nada (Zippo Rock)”. Del espíritu circense del gato (un pariente lejano de “La Pajarita Pechiblanca”, el tema que volvería a juntar a Dawi, Semilla y Walter con el Indio los siete años después) al rock cancionero de quien tomó la posta en el liderazgo fundamentalista.
La siguiente parada de este viaje se sitúa en 2011, cuando la voz del Indio se escucha en Blindado, el disco de Baltasar Comotto, en el que también participaron Luis Alberto Spinetta y Ricardo Mollo. A Solari se lo siente muy a gusto en el perfil industrial que propone uno de los guitarristas fundamentalistas. Y permite desentrañar parte de ese sonido que Solari fue a buscar para su proyecto post Redondos.
María Victoria Lata era una piba que como tantas otras seguía a Los Redondos. Conocida como Mavi, es el símbolo de una generación crecida en los 90 que encontró en el Indio y su banda las respuestas que no encontraba en el estado ni en una sociedad cada vez más individualista. Su vida terminó demasiado pronto, el 22 de mayo de 1999, cuando tenía 19 años, después de luchar contra un cáncer y plantando una llama que recién empezaba a flamear.
Del dolor de esa pérdida nació Mavirock, la banda que fundaron sus padres Luis Rolando Lata y Silvia Cattino para mantener vivo el espíritu de una adolescente que congregaba a sus amigos con guitarras, poesías y lecturas profundas en su cuarto de Ramos Mejía.
Mavi era ricotera desde los siete años y asistía a los recitales de Los Redondos junto a su familia. Esa pasión la llevó, durante su enfermedad, a forjar un vínculo con Indio Solari, quien respondió a una carta desesperada de Silvia con una visita que la familia atesoró para siempre. “Ese día la vimos reírse después de mucho tiempo”, contó Silvia.
De ese período surgió “Grito de Guerra” (Transmutaciones, 2016), una canción grabada junto Solari y compuesta por Mavi, inspirada en el libro Primavera Negra de Henry Miller, que el músico le había recomendado.
Al año siguiente participó en el disco de Tamboor, alter ego del guitarrista Emanuel Sáez. El hijo de Julio, quien fuera manager y músico de Solari al comienzo de su camino solista, conoce al Indio desde chico y se dio el gusto de tocar con Los Fundamentalistas en vivo.
Para “Súper tribu” eligió convocarlo para un recitado y lo que se escucha es un Indio gutural y enigmático como inconfundible, con un cierre con su sello: “Usted y todos hemos dejado de ser libres ya”.
En 2023, Sergio Colombo, saxofonista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, editó La Misión junto a su proyecto reggae El Natty Combo. Allí reversionó su tema Cinco y sumó la voz del Indio en una rareza al verlo incursionar en el género jamaiquino.
El cantante registró su parte en Luzbola, el estudio ubicado en su casa de Parque Leloir, en una pieza que participaron las guitarras de Comotto y Benegas y las voces de Deborah Dixon y Luciana Palacios, también del universo fundamentalista: “Cuando terminamos de mezclarla, la escuchamos juntos. Quedó muy contento. Recuerdo que ni bien terminó la primera escucha, me pidió que la pusiera de nuevo. Estaba muy cómodo con el resultado de su voz. Eso me tranquilizó”, explicó Colombo en una nota con la revista Rolling Stone.
La última colaboración del Indio queda como legado y símbolo de su curiosidad artística. Se trata de “Quemarás”, un feat con Wos en clave balada oscura, que tiende un puente con la música urbana en uno de sus exponentes más ligados al universo del rock.
El tema se publicó en marzo de 2024 y fue adelantado por Solari en una entrevista con el Mariskal Romero. “Probablemente cante una canción con Wos, me vino a invitar el otro día”, le dijo al español, algo que ratificó luego en una entrevista con Julio Leiva en Caja Negra. “Tengo la suerte de que los jóvenes se siguen enganchando con cosas que yo hago. Probablemente los que tengan 10 años ya no, pero a los pibes que tiene 14 o 15 todavía les gusta eso”. Las postales de su multitudinaria despedida, en la jornada plomiza de Domínico, certifican estas palabras. Las de un artista que atravesó generaciones y clases con su obra. Y que hasta el último momento se propuso trascender.
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Se hartó: la drástica decisión de Bautista Cuiña tras el escándalo con Juanita Tinelli

El nombre de Bautista Cuiña quedó en el centro de la escena mediática tras el fuerte escándalo con Juanita Tinelli, un conflicto que derivó en una denuncia y que continúa generando repercusiones tanto en los medios como en redes sociales.
En las últimas horas, y en medio del crecimiento exponencial de comentarios, versiones y especulaciones sobre lo ocurrido en un boliche de la zona de la Costanera, el joven decidió tomar una determinación que no pasó desapercibida: restringir por completo su exposición en redes sociales.
Según se pudo ver en su perfil de Instagram, Bautista optó por dejar su cuenta en modo privado, limitando así el acceso a su contenido únicamente a seguidores aprobados. La decisión llega en un contexto de fuerte presión pública, donde su nombre comenzó a circular en programas de televisión y portales de espectáculos a raíz del conflicto.
Hasta el momento, el joven había intentado mantener un bajo perfil, alejado de la exposición mediática, pero la magnitud del caso lo colocó inesperadamente en el centro de la escena. En cuestión de horas, su vida privada pasó a ser tema de debate en redes, donde se multiplicaron opiniones, hipótesis y mensajes de todo tipo.
La medida adoptada también se refleja en la actividad de su cuenta, que mantiene un número reducido de publicaciones y una dinámica mucho más cerrada en comparación con semanas anteriores. Este giro digital es interpretado por muchos como un intento de frenar la exposición en un momento especialmente delicado.
Mientras tanto, la situación judicial continúa su curso. La investigación por la denuncia presentada sigue en manos de la Justicia, que deberá analizar testimonios y pruebas para determinar con precisión lo sucedido aquella noche. Por ahora, no hay resoluciones oficiales y el caso sigue abierto.
En paralelo, el entorno del joven evita hacer declaraciones públicas, mientras el tema continúa escalando en los medios de comunicación y sumando nuevos capítulos con el correr de los días. La decisión de cerrar su perfil marca así un punto de inflexión en medio del escándalo, en un intento por recuperar algo de privacidad en un escenario donde cada movimiento es observado con atención.
Bautista Cuiña, Juana Tinelli
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