CHIMENTOS
La reflexión de Martín Slipak sobre el éxito en el mundo de la actuación: “Desconfío de los actores que creen que son buenos”

Las dificultades para acceder a la vivienda propia y el debate sobre el legado familiar atraviesan hoy a distintas generaciones en todo el mundo. En ese sentido, Ambiente, la nueva obra de Martín Slipak, aborda este conflicto desde una perspectiva íntima, retratando cómo las tensiones económicas y los cambios sociales impactan en los vínculos familiares. La historia expone el choque entre las expectativas de los hijos y los límites de los padres, en un contexto donde la casa familiar se transforma en escenario de disputa.
La trama se centra en un joven que visita a sus padres con una propuesta inesperada: vender la casa en la que crecieron para comprar dos departamentos más pequeños, uno para la pareja y otro para él. El planteo pone en crisis la armonía familiar, desatando un debate sobre las responsabilidades, los sacrificios y las diferencias de visión entre generaciones.
“En el mismo instante en que empecé a trabajar con los tres actores, los tres tenían algo para decirme”, comenta Slipak en dialogo con Teleshow respecto de las devoluciones que recibió de su propuesta. Es que, a pesar de contar con una extensa trayectoria que lo llevó a trabajar con figuras como Ricardo Darín (en ART), Guillermo Francella (El Encargado) y Leonardo Sbaraglia (Sin retorno), entre otros, el actor no se relaja y constantemente busca perfeccionarse.
Martín Slipak, responsable de la dramaturgia y dirección de la obra, cuenta con una trayectoria de más de veinticinco años en el teatro, el cine y la televisión argentina. Como director y autor, se ha destacado por explorar nuevas formas narrativas en proyectos como “Relato íntimo de un hombre nuevo”, “Celine” y “Soñé que carneaban a Tom”. Su carrera como actor incluye participaciones en producciones teatrales relevantes como “La Madre”, “ART”, “El Método Gronholm”, “Jauría”, “Otelo”, “El Principio de Arquímedes” y “Yepeto”, además de un papel central en “Una Bestia en la Luna”.

– ¿Qué reflexión hacés después de todo este trabajo con Ambiente?
– Se logró una obra interesante. Son tres personajes y uno todo el tiempo dice que es un planteo el que le está haciendo a los otros. Y yo tengo un poco la idea de que la obra es un planteo. Todas las obras son un planteo, pero sobre todo esta, que es de un pibe que le viene a decir a sus padres que no puede más con la idea de no tener nada y de nunca tenerlo. Y que sabe que la única forma de tener algo va a ser cuando ellos mueran y que no quiere que sea así. Por lo tanto, les propone que se achiquen los padres para él tener algo, ser dueño de algo antes de la muerte de ellos.

– ¿A qué parte de la sociedad está dirigida?
– Claramente habla de la clase media y la de este momento universal de la crisis habitacional, habla desde una generación a la que le cuesta mucho la idea de tener algo. Pero también yo la escribí como padre, que lo único que anhela en la vida es dejarle algo a su hija. Y como un padre que no es propietario. Con lo cual la obra todo el tiempo propone un dilema, un conflicto que viene del exterior y es un conflicto que viene de la crisis que habitamos y que no tiene solución.
– A priori, uno pensaría que el pedido del hijo está fuera de lugar…
– Pero para un hijo es durísimo ese pedido, porque un hijo quiere ver a los padres bien y que disfruten de ese montoncito de plata que juntaron para vivir su vejez con dignidad. Es un problema actual, que no es solo argentino, vengo de un viaje por España, y ahí viven tres o cuatro jóvenes por departamento, y el turismo hace que vivir también salga mucho más caro. Para un español joven también es imposible comprarse algo. Y la obra sobre todo habla de las responsabilidades que uno tiene como padre, las que uno tiene como hijo. ¿Por qué ser mayor de edad implica tener que saber defenderse o tener que saber resolverse las cosas? Yo soy padre de una hija de 16 años y no me imagino en dos años diciendo: “Bueno, arreglate de la vos, porque ya sos mayor”.
– Hasta ahora, ¿qué opiniones recibiste respecto al conflicto que plantea la obra?
– Mucha gente que leyó el planteo del hijo dijo: “Es un planteo miserable”. Puede ser un planteo que se presta como psicopático al decir: “Mirá, yo no quiero vincular la muerte de ustedes con tener algo”, porque hoy somos parte de una generación que tristemente especulamos con que la única manera de tener algo va a ser heredar. Y eso es real. Y digo, no podemos escapar de eso, ¿no? Y por otro lado digo, hay un planteo que es válido porque no son las mismas circunstancias. Para mí lo más importante era mostrar a un hijo que no era un vago y que no era un pibe que especulaba. Un pibe que le dolía este planteo y dice: “Me esfuerzo tanto como vos, laburo todo el día y sé que mis cuentas no van a dar”. A mí, realmente, no me parece ilógico ese planteo.

– Y los actores, ¿cómo lo recibieron?
– Es muy hermoso ver lo que le pasa a la gente con la obra, porque a todos les resuena por algún lugar. Yo tengo una frase muy estúpida, la vida es una comedia hasta que irrumpe el drama y todo se vuelve dramático. Y un poco así es la obra también.
– ¿Cómo fue la selección del elenco?
– A me gustan los actores particulares. No creo mucho en los buenos actores, en los que siempre están bien. Hay algo que me resuena de la particularidad, de la locura. Todos somos muy extraños en la vida y todos somos personajes. Y la verdad es que es un elenco de tres personas particulares, muy inteligentes y que entienden el lenguaje del que yo quería hablar. En un momento dudé si hacerla yo o no. Porque también la obra es muy personal. De hecho, la madre pinta y yo le pedí a mi mamá que haga los dos cuadros de la obra. Como que yo nunca me animé a pedirles una casa a mis papás, mi manera de pedírselas es escribir esta obra (risas), aunque nunca me llegue esa casa, no importa. Me interesa actuar con seres humanos, y no tengo ganas de imponerles ninguna forma de trabajo. Estoy muy atento a lo que ellos necesitan, a lo que ellos quieren.

– Trabajaste con grandes actores de renombre, contas con el apoyo de celebridades como Mex Urtizberea, Eleonora Wexler. ¿Te sentís realizado en cuanto a lo que imaginabas al iniciar la carrera?
– Jamás. No, es una carrera que no te permite sentirte realizado en lo más mínimo. Y que convivimos con la incertidumbre, es lo mejor que nos puede pasar, porque si nos sintiéramos realizados nos volveríamos unos estúpidos. Por ejemplo, dirijo una obra de teatro y quiero ver qué pasa, qué le pasa a la gente. Desconfío absolutamente de todos los actores que creen que son buenos. Lo mejor que se puede hacer es dudar todo el tiempo, cuestionarse y hacer preguntas en las obras que uno hace. Desde ese lugar espero no sentirme realizado nunca. Sí, que me vaya bien, sí, elegir las cosas, sí, poder hacer lo que yo quiero.
– ¿Hubo algún momento en el que quisieras decirle a tus padres: “Llegué, trabajé con Ricardo Darín”?
– Nunca les tuve que demostrar nada a ellos. Decir que trabajé con Darín o Francella y creer que uno llegó por eso es lo peor que te puede pasar. Y creo que uno tiene que aprender de todos, no de los que cree enormes. Uno puede ver a Darín y aprender mucho, ver a Francella y aprender mucho, pero también podés ver a alguien que vino de un pueblo sin nada y es su primera película.
– ¿Qué proyectos tenés para el resto del año?
– Voy a hacer una película en junio que se llama La máquina, y que soy el protagonista y es rarísima. Es una película muy extraña. Después entiendo que hay un par de series para hacer, así que espero tener un mejor año que el 2025, que fue duro. La verdad es que cuando uno hace un trabajo tan personal, lo que más quiere es que la gente lo vea, pero no por ego, sino para poder conocer lo que uno piensa y para poder abrir preguntas. Y Ambiente tiene que ver con eso.
CHIMENTOS
Cuando el Indio Solari se convirtió en El Artista Invitado: un viaje por sus grabaciones con otros músicos

En una era de la industria dominada por feats, repasar las colaboraciones del Indio Solari puede parecer un trabajo de arqueología que se hace más sencillo al andar. En una conducta que se espeja con su obra integral, todos los caminos conducen a la amistad o a la gratitud, a su casa suburbana y a la cofradía de graciosos y valientes. Al fin de cuentas, el hombre que elegía no figurar ni en sus propios discos, que fue Caballo Loco, Monsieur Sandoz, El Fisgón Ciego, El Cantante Tímido o, simplemente, El Artista Invitado, puso su garganta en proyectos ajenos en contadísimas ocasiones, de orígenes y propuestas bien diversas y solo al servicio de sus compañeros de ruta.
Es parte del mito ricotero aquello del Solos y de Noche, que el Indio enarboló como nadie. La premisa autoimponía no compartir cartel con otros artistas y presentarse una vez que el sol moría. El escenario fue constituido como un espacio sagrado y celoso de cada movimiento. Por ello, Skay Beilinson, Horacio Fontova y hasta Luca Prodan pasaron por el micrófono principal cuando la máxima amenazaba con romperse. La misma regla nunca escrita parecía correr también para las vistas al estudio, con contadas excepciones.
La primera vez que el Indio colaboró con otro artista ya tenía casi 20 años de carrera con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que se acercaba inexorablemente a una desbordante masividad. Se trata de Tren de Fugitivos (1997), el álbum debut de El Soldado, y no casualmente participan todos los integrantes de la banda originada en La Plata.
El Soldado es el alias de Rodolfo Luis González, plomo de Los Redondos desde los 80, bautizado así por el Indio cuando lo vio llegar a un ensayo luego de participar del servicio militar. Del disco participaron todos los músicos de Los Redondos, incluido Gabriel Jolivet, el Conejo, muy cerca del grupo en aquellos años, y guitarrista iniciático en el camino musical de El Soldado.
Solari interpreta dos canciones. En “Trago especial”, cabalga en la línea clásica del rock sureño, pisando fuerte en el coro y con Skay aportando su guitarra eléctrica en un duelo de banjo y slide. La otra es “Ángel de los perdedores”, que se convirtió en un clásico y se prestó a confusiones. En los comienzos de Internet, cuando la información circulaba difusa, muchos pensaron que se trataba de uno de los tantos inéditos de Los Redondos que empezaban a trasladarse de las cintas analógicas al mundo digital. El tema conmueve con su cadencia de balada rutera, intercalando las estrofas y el estribillo en un tema cuyas reproducciones se cuentan de a millones.
Tuvieron que pasar casi diez años, incluida la separación de la banda, para que el Indio volviera a un estudio de visitante. Y mucho tuvo que ver Lito Vitale, ingeniero y productor en Gulp, el primer disco de estudio de Patricio Rey sus Redonditos de Ricota grabado en 1985. Pero Lito fue mucho más que eso. Los Redondos se inspiraron en MIA, el colectivo liderado por los padres de Vitale, el modelo independiente para gestar su música.
Sus caminos se cruzaron nuevamente en 2006. Con el Indio ya erigido como uno de los artistas más populares de su tiempo, Vitale encaró la tarea de homenajear al rock argentino, que por entonces cumplía simbólicas cuatro décadas. Para ello, se propuso superar definitivamente una de sus grietas: le propuso a Gustavo Cerati que interpretara “La bestia pop”, de Los Redondos. Cerati aceptó, con la condición de que el Indio hiciera suya “La ciudad de la furia”, de Soda. “Yo participo, pero voy a cantar ‘El Salmón’, fue lo que dijo Solari según el relato de Lito.
La elección tiene sus motivos en un tema que se volvió alter ego y declaración de principios de Andrés Calamaro y sus años en Deep Camboya. Más allá de algún cruce ocasional en el febril under de los 80, el vínculo entre ambos se cimentó en los 2000, desde el mito de Calamaro pogueando de incógnito en uno de los River de Los Redondos hasta el mimo de Solari a la gesta de Andrés de editar un disco quíntuple como rebeldía ante las discográficas.
Además de grabar “El Salmón” –Cerati finalmente hizo “Los libros de la buena memoria”, del Spinetta de Invisible- el Indio invitó a Calamaro para “Veneno paciente”, canción de Porco Rex, donde se lo escucha susurrar, casi como si fuera un aporte clandestino. El ciclo se cerró en diciembre de 2008, cuando Andrés estuvo invitado en La Plata en los conciertos por la presentación del disco. Además de estas dos canciones, hicieron “Esa estrella era mi lujo”, canción de amor del repertorio ricotero. “Los artistas populares no son nuestros enemigos” lo defendió cuando algunos fans ortodoxos cuestionaron con silbidos la presencia de Andrelo.
En aquel hiperactivo 2008, Solari tendió un puente entre su pasado y su presente al grabar con Sergio Dawi y Pablo Sbaraglia. En Quijotes al ajillo, segundo álbum del saxofonista de Los Redondos, puso su gola (Dawi dixit) en “Gato Negro”, mientras que para el disco del tecladista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado resucitó un personaje del imaginario ricotero en “Nada (Zippo Rock)”. Del espíritu circense del gato (un pariente lejano de “La Pajarita Pechiblanca”, el tema que volvería a juntar a Dawi, Semilla y Walter con el Indio los siete años después) al rock cancionero de quien tomó la posta en el liderazgo fundamentalista.
La siguiente parada de este viaje se sitúa en 2011, cuando la voz del Indio se escucha en Blindado, el disco de Baltasar Comotto, en el que también participaron Luis Alberto Spinetta y Ricardo Mollo. A Solari se lo siente muy a gusto en el perfil industrial que propone uno de los guitarristas fundamentalistas. Y permite desentrañar parte de ese sonido que Solari fue a buscar para su proyecto post Redondos.
María Victoria Lata era una piba que como tantas otras seguía a Los Redondos. Conocida como Mavi, es el símbolo de una generación crecida en los 90 que encontró en el Indio y su banda las respuestas que no encontraba en el estado ni en una sociedad cada vez más individualista. Su vida terminó demasiado pronto, el 22 de mayo de 1999, cuando tenía 19 años, después de luchar contra un cáncer y plantando una llama que recién empezaba a flamear.
Del dolor de esa pérdida nació Mavirock, la banda que fundaron sus padres Luis Rolando Lata y Silvia Cattino para mantener vivo el espíritu de una adolescente que congregaba a sus amigos con guitarras, poesías y lecturas profundas en su cuarto de Ramos Mejía.
Mavi era ricotera desde los siete años y asistía a los recitales de Los Redondos junto a su familia. Esa pasión la llevó, durante su enfermedad, a forjar un vínculo con Indio Solari, quien respondió a una carta desesperada de Silvia con una visita que la familia atesoró para siempre. “Ese día la vimos reírse después de mucho tiempo”, contó Silvia.
De ese período surgió “Grito de Guerra” (Transmutaciones, 2016), una canción grabada junto Solari y compuesta por Mavi, inspirada en el libro Primavera Negra de Henry Miller, que el músico le había recomendado.
Al año siguiente participó en el disco de Tamboor, alter ego del guitarrista Emanuel Sáez. El hijo de Julio, quien fuera manager y músico de Solari al comienzo de su camino solista, conoce al Indio desde chico y se dio el gusto de tocar con Los Fundamentalistas en vivo.
Para “Súper tribu” eligió convocarlo para un recitado y lo que se escucha es un Indio gutural y enigmático como inconfundible, con un cierre con su sello: “Usted y todos hemos dejado de ser libres ya”.
En 2023, Sergio Colombo, saxofonista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, editó La Misión junto a su proyecto reggae El Natty Combo. Allí reversionó su tema Cinco y sumó la voz del Indio en una rareza al verlo incursionar en el género jamaiquino.
El cantante registró su parte en Luzbola, el estudio ubicado en su casa de Parque Leloir, en una pieza que participaron las guitarras de Comotto y Benegas y las voces de Deborah Dixon y Luciana Palacios, también del universo fundamentalista: “Cuando terminamos de mezclarla, la escuchamos juntos. Quedó muy contento. Recuerdo que ni bien terminó la primera escucha, me pidió que la pusiera de nuevo. Estaba muy cómodo con el resultado de su voz. Eso me tranquilizó”, explicó Colombo en una nota con la revista Rolling Stone.
La última colaboración del Indio queda como legado y símbolo de su curiosidad artística. Se trata de “Quemarás”, un feat con Wos en clave balada oscura, que tiende un puente con la música urbana en uno de sus exponentes más ligados al universo del rock.
El tema se publicó en marzo de 2024 y fue adelantado por Solari en una entrevista con el Mariskal Romero. “Probablemente cante una canción con Wos, me vino a invitar el otro día”, le dijo al español, algo que ratificó luego en una entrevista con Julio Leiva en Caja Negra. “Tengo la suerte de que los jóvenes se siguen enganchando con cosas que yo hago. Probablemente los que tengan 10 años ya no, pero a los pibes que tiene 14 o 15 todavía les gusta eso”. Las postales de su multitudinaria despedida, en la jornada plomiza de Domínico, certifican estas palabras. Las de un artista que atravesó generaciones y clases con su obra. Y que hasta el último momento se propuso trascender.
CHIMENTOS
Se hartó: la drástica decisión de Bautista Cuiña tras el escándalo con Juanita Tinelli

El nombre de Bautista Cuiña quedó en el centro de la escena mediática tras el fuerte escándalo con Juanita Tinelli, un conflicto que derivó en una denuncia y que continúa generando repercusiones tanto en los medios como en redes sociales.
En las últimas horas, y en medio del crecimiento exponencial de comentarios, versiones y especulaciones sobre lo ocurrido en un boliche de la zona de la Costanera, el joven decidió tomar una determinación que no pasó desapercibida: restringir por completo su exposición en redes sociales.
Según se pudo ver en su perfil de Instagram, Bautista optó por dejar su cuenta en modo privado, limitando así el acceso a su contenido únicamente a seguidores aprobados. La decisión llega en un contexto de fuerte presión pública, donde su nombre comenzó a circular en programas de televisión y portales de espectáculos a raíz del conflicto.
Hasta el momento, el joven había intentado mantener un bajo perfil, alejado de la exposición mediática, pero la magnitud del caso lo colocó inesperadamente en el centro de la escena. En cuestión de horas, su vida privada pasó a ser tema de debate en redes, donde se multiplicaron opiniones, hipótesis y mensajes de todo tipo.
La medida adoptada también se refleja en la actividad de su cuenta, que mantiene un número reducido de publicaciones y una dinámica mucho más cerrada en comparación con semanas anteriores. Este giro digital es interpretado por muchos como un intento de frenar la exposición en un momento especialmente delicado.
Mientras tanto, la situación judicial continúa su curso. La investigación por la denuncia presentada sigue en manos de la Justicia, que deberá analizar testimonios y pruebas para determinar con precisión lo sucedido aquella noche. Por ahora, no hay resoluciones oficiales y el caso sigue abierto.
En paralelo, el entorno del joven evita hacer declaraciones públicas, mientras el tema continúa escalando en los medios de comunicación y sumando nuevos capítulos con el correr de los días. La decisión de cerrar su perfil marca así un punto de inflexión en medio del escándalo, en un intento por recuperar algo de privacidad en un escenario donde cada movimiento es observado con atención.
Bautista Cuiña, Juana Tinelli
CHIMENTOS
Jorge Marrale, el fútbol, Malvinas y un papel que lo conecta con sus grandes pasiones: “El que ama, resiste”

Para Jorge Marrale, La casaca de Dios es mucho más que una película sobre uno de los partidos más importantes en la historia de los mundiales, aquel Argentina versus Inglaterra del inolvidable México 86. El lema aseguraba que mundo estaba unido por un balón, pero estos dos países seguían atravesados por una guerra demasiado latente, con la pelota como inesperado botín y un héroe todavía de carne y hueso dispuesto a convertirse en leyenda. Por eso, para el actor de mil batallas, reconocido tanto por su labor sobre los escenarios como por su gestión como dirigente de SAGAI, la película encerraba muchos guiños a su historia personal.
En el filme dirigido por Fernán Mirás y protagonizado junto a Natalia Oreiro, Marrale interpreta a Titi Malvestiti, el utilero de un club venido a menos pero que guarda en su foja de servicios haber estado en aquel inolvidable vestuario de México. La ficción disparada de un hecho real –el intercambio de camisetas entre Diego Maradona y el inglés Steve Hodge y el derrotero posterior de la número 10 del astro-, propone una gesta entre un relato desgarrador y los pasos de comedia que surgen mientras busca recuperarla. A él no le interesa tanto aquel pedazo de tela azul, conseguida de apuro en la previa del 22 de junio de 1986 y cosida a mano por las costureras de la concentración del América. Él sabe que guarda un secreto vinculado a su hijo caído en combate en la guerra de Malvinas. Y nadie le quita de la cabeza que eso tuvo mucho que ver con lo que ocurrió sobre el césped del Azteca.
Por eso, Titi Malvestiti sufre con las apariciones de su hijo en las noches, mientras (sobre) vive en las entrañas de un club que se cae a pedazos. Por eso, Jorge Marrale conecta con aquel pibe que creció en Barracas “sin más alternativas que ser de Boca”, habitué de la Bombonera y admirador de Pescia, Edwards, Rattín, Gonzalito y Valentim”. En esta charla con Teleshow, los recita como quien se aferra a una niñez a la que, gracias a la magia del oficio, cada tanto puede reconectar.
Las imágenes quedaron marcadas para siempre. Las caminatas con su padre, su tío y su primo a la cancha, cuando todavía se entraba gratis en el segundo tiempo. “Era emocionante estar frente a los molinetes, escuchar el griterío y ver que con una seña pasábamos a la gloria”, evoca. Y entremezcla el eco de la voz del estadio y el clamor de la hinchada mientras apuraba los escalones hasta la tercera bandeja, con el aroma de un menú que repite hasta hoy. “Pizza de cancha previo al partido y a veces choris a la pomarola. Estómagos de acero”, suelta con una carcajada.
—Con este bagaje futbolero, qué recuerdo tenés de aquel Argentina vs Inglaterra y el momento en el que se confabularon la mano de Dios y el gol del siglo?
—El recuerdo del partido es una mezcla de lo real con una montaña de emociones desbordadas, afonía, palpitaciones lágrimas y miradas infinitas para inaugurar el DIOS para siempre. Enfrentar a los ingleses era una historia aparte. Estaba Malvinas amasándose en el pecho de todo el país. Y de los ingleses seguro que tambien pero con signo distinto. ¿Quien podía dudar de lo que se jugaba en esa cancha? Esa batalla había que ganarla. Todos teníamos en la cabeza y el corazón a los pibes que no volvieron más. A los veteranos que ya empezaban a ser descuidados o corridos por aquellos insensibles, necios, brutos de corazón, ciegos idiotas que insistían en depositar la derrota en el cuerpo de esos pibes. Todo esto que te cuento lo tuve en mente y cuerpo todo el rodaje. La película para mí, por el rol que tuve que asumir, estaba sumergida en esa mezcla de hecho mítico y al mismo tiempo doloroso. Un hijo que no vuelve más y una camiseta que lo contiene y de alguna manera lo revive.
—¿Cómo viviste la guerra en tiempo real?
—La viví como el espanto y horror que significó la dictadura. Como la continuidad de un proyecto de destrucción en manos de seres perversos. Pasados 44 años de un período aberrante, la guerra, la muerte que conlleva forma parte de uno mismo. No hay que recordar porque ya está alojada en un estado de permanencia. Forma parte de mi historia. Hoy, apoyando la teoría de que el tiempo no pasa sino que todo esta al mismo tiempo interactuando dentro nuestro (presente, pasado y futuro), la significación de la guerra es la confirmación de cómo se pudo romper un país y al mismo tiempo verificar cómo se lo puede seguir rompiendo.

—Yendo a tu personaje, Titi tiene una ligazón muy fuerte con su club, su lugar en el mundo, y al que se aferra a pesar de que siempre parece la peor posibilidad o a cada rato surge un inconveniente. ¿Qué lectura hacés de esa resistencia? ¿Hay una declaración de principios o se parece más a una resignación?
—Entendí a Titi como un ser real pero al mismo tiempo no pude correrlo de considerarlo un ser metafórico. Un viejo en los tiempos presentes. Un viejo que amó apasionadamente su pertenencia a un espacio de enseñanza, participación, crecimiento de pibes ilusionados por triunfar pero con conciencia de poder creer en lo creativo de lo que cada uno ellos es dueño. El que ama, resiste. Aunque el objeto se diluya. Más que una declaración de principios es una acción básica para poder seguir, para sostener el motor que le da vida y pertenencia. Por eso el personaje puede desdoblarse y ser metafórico. ¿Quien puede sobrellevar la perdida de la pasión sin dejar en esa lucha todo lo que lo sostiene? Titi, un poco, somos todos. Todos los que no aceptan la resignación. Los que eligen seguir hasta que las velas no ardan.
—Actuás con tu hijo Federico, quien hace el mismo papel en su juventud y el parecido es realmente impactante ¿Conversaron entre ustedes sobre la construcción de ese personaje?
—Actuar con Federico fue un hallazgo de Fernán Mirás. Él lo propuso desde el inicio. Hay una serie de escenas en donde presente y pasado se unen. Y ahí nos cruzamos el Titi del 86 y el Titi de hoy. Fede y yo. Vernos haciendo esas acciones, por más ficción que sea, resuena de una manera única. Transitar lo que nos enamora a los dos, lo que nos da felicidad y caminar mirándonos en esa secuencia me hizo ver en un sentido existencial lo que Fede “es en mí “y lo “que yo soy en Fede”. Es difícil de explicar, sólo se puede sentir por ser lo que somos: padre e hijo.
—¿Y cómo se generó la química con Natalia Oreiro? Ella tiene un amor fuerte por su padre y, a su manera, por el club, pero hay un vínculo que resulta complejo a partir de algunas discrepancias.
—Titi y su hija tienen un mundo del pasado no resuelto. Titi está cognitivamente averiado. Los recuerdos no pueden verificarse como sucedidos lo cual hace que esos dos mundos choquen sin poder repararse. Lo que considero notable en el encuentro con Nati Oreiro es que esa dificultad insalvable nos haya hecho crear ese vínculo tan particular. La ausencia del hijo, de su hermano, es el pilar desde donde pueden reencontrarse. Confieso que toda la secuencia que va desde ir a reconocer la camiseta hasta el final sentados en un sillón es una de las secuencias más emotivas transitada por mi en mi historia como actor. Solo había que sentir y mirarnos. Natalia y su entrega serán inolvidables para mí.
Luego de su estreno en salas comerciales el pasado 9 de abril, La casaca de Dios puede verse desde principios de junio en Amazon. Una realidad de estos tiempos que corren, donde el cine y las plataformas dialogan con mayor o menor fluidez en un momento de la industria particular, diferente a otros que atravesó Marrale. La ficción en televisión parece una quimera y el teatro se ofrece como un lugar de resistencia en un escenario en el que la cultura parece ser enemiga de las políticas oficialistas. “La gente en general ama el cine y sus variables audiovisuales”, dice el actor con la autoridad que le otorga su experiencia, y se dispone a analizar este presente, tanto desde su rol de artista como de dirigente en la presidencia de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI).
—¿Cómo es esto de ser actor en tiempos del dominio de las plataformas?
—Las plataformas se instalaron en el mundo para ser mercados activos de venta del audiovisual. También generaron trabajo para el universo que crea esos audiovisuales. Los actores somos, con los técnicos, probablemente el mayor número de beneficiados. No entro a considerar acá las notables diferencias que hay entre los países que imponen a conciencia una cuota de obra nacional con respecto a aquellos, como el nuestro, que no propone, desde el estamento estatal, ninguna cuota. Esto hace que algunas industrias audiovisuales se desarrollen de una manera sustantivamente superior a otras. No quiero abundar en lo que está sucediendo en nuestro espacio laboral, pero es importante resaltar que la falta de ficción en TV sumado a la casi parálisis del fomento al cine y la escasa inversión privada generan una desocupación más que preocupante en todo nuestro universo laboral.

—¿Cómo se explica el éxito de algunas producciones locales en el mundo?
—Es cierto que nuestras obras audiovisuales, muchas de ellas, tienen llegada a otros públicos con reconocimiento y repercusión. Esto es porque hay talento y perseverancia en la concreción de las obras. Lo que no hay es estímulo y apoyo a ese desarrollo. Esa es la consecuencia de este parate cultural. La negación de lo propio. El ataque a la cultura es un proyecto, un próposito. Las demoliciones de las culturas generadas por la humanidad tienen larga data. Son las formas más arcaicas de dominación.
—¿Cuál es la tarea de SAGAI en este escenario?
—Desde SAGAI lo que hacemos es conectar con las distintas plataformas para conformar acuerdos en donde se respete la Propiedad Intelectual de nuestros socios. Trabajo arduo si los hay. No todas las plataformas responden en tiempo y forma lo cual provoca una restricción en cobro y distribución de regalías. Pero estamos avanzando en acuerdos de reciprocidad con distintas Sociedades de Gestión del mundo y eso hace que sus obras y las escasas obras nuestras, puedan ser cobradas.
—En este panorama el teatro parece vivir una etapa de florecimiento del que formás parte con Cuestión de Género, la obra con Moria Casán. ¿Cuál es el secreto de ese éxito?
—Cuestión de Género es un evento. Encara un acontecimiento particular que promueve carcajada y silencio transitando prejuicio y realidad cruda y dura. Una mezcla explosiva. La química que conseguimos con Moria es un factor esencial en el suceso de la obra, sumado al trabajo de Paula Kohan y Ariel Pérez De María, con los cuales armamos un cuarteto por momentos desopilante. Felices todos de estar haciendo esta obra en el Metropolitan. El teatro puede pasar por momentos críticos pero lo que no pierde nunca es una renovación permanente de nuestro publico que no solo va al teatro, sino que lo necesita. Nuestra historia da cuenta de esto. El teatro independiente, que nació hace tantos años, desarrolló un camino que no tiene retorno. Seguirá dando muestras acabadas de lo que es con nuevos autores más actrices y actores. Es una fuente inagotable de creación teatral. Solo hay que esperar que los ramalazos de los que no lo quieren no lleguen a dañarlo más de lo esperable.
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