POLITICA
La reinvención de Milei

La presentación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en el Congreso dejó una serie de imágenes emblemáticas, explicaciones pobres sobre su patrimonio y una sensación de puesta en escena donde cada uno de los actores tenía un rol, que cumplió sin desvíos. El funcionario se ciñó al guion que había diseñado con su equipo y el de Karina Milei, más el aporte del ala de Santiago Caputo y su extensión en Legal y Técnica. Martín Menem, junto con los referentes del bloque libertario, se ocuparon de que los diputados no exacerbaran los ánimos y que la militancia en los palcos no entrara en la riña y el griterío.
El Presidente arrastró a todo el gabinete para darle su apoyo político. Incluso la oposición peronista se mostró mayoritariamente moderada, en un evidente intento por esquivar la actitud sediciosa que mostró en otras sesiones sensibles. Hay unanimidad en el oficialismo en que el objetivo se logró: Adorni no sufrió sobresaltos en una sesión en la que no había nada para ganar, y la prioridad era evitar un traspié que agravara su situación. Hacía mucho tiempo que no estaban todos tan ordenados en el oficialismo detrás del mismo objetivo.
Sin embargo, detrás de la escenografía montada, quedaron en evidencia dos realidades que explican las tensiones que invadieron al poder libertario en el fatídico bimestre marzo-abril. La primera de ellas estuvo simbolizada en el hecho de que por primera vez el Gobierno, con Milei al frente, concurre al Congreso a dar explicaciones, no a exigirlas. El mismo Presidente que evitó hablar en su recinto al asumir y prefirió darle la espalda, ahora fue voluntariamente a respaldar a su funcionario frente a lo que él había definido como “nido de ratas”.
Y en este cambio de papeles aparece una dificultad natural, porque Milei irrumpió en la escena política para interpelar, para señalar a la casta, para encarnar el profundo descontento social con una dirigencia incapaz de trazar un horizonte de progreso. No es una figura preparada para explicar, para convencer, para hacer docencia. El grito y el insulto son instrumentos ofensivos; si se utilizan para la defensa son menos eficaces.
Esa mutación de roles surge de las dificultades que enfrenta el Gobierno en los dos mandatos principales que recibió al asumir el poder: recomponer la economía y sanear moralmente la política. El repunte inflacionario y Adorni pusieron en peligro esa narrativa. Pero fundamentalmente colocaron a la gestión libertaria en el centro de la agenda, en el foco de la discusión.
Pierde fuerza el debate sobre el desastre económico heredado del último gobierno peronista y cobran más relevancia los interrogantes sobre el plan de Milei y Luis Caputo. La astronómica corrupción kirchnerista con las obras públicas y las valijas de dólares ya parece sorprender menos, y le cede protagonismo a las pequeñas manualidades contables con departamentos en Caballito y créditos hipotecarios del Banco Nación. El eje empieza a rotar del pasado al presente. El Gobierno había sido exitoso hasta la elección de octubre en mantener el concepto “seguir para adelante o volver para atrás” como la consigna que definía el voto. El pasado actuaba como vector ordenador. Ahora esa lógica está cambiando porque hay que explicar el presente.
Estos giros mantienen tensionado a un Gobierno que ha hecho de la inestabilidad un modo de gestión. Vive en una montaña rusa constante que cambia de sentido cada dos o tres meses, y oscila todo el tiempo entre momentos de éxitos y gratificaciones, y períodos de turbulencia y desconcierto.
El ministro Caputo fue quien expuso la necesidad de un rápido acuerdo político que galvanizara el plan económico y mostrara una señal de contundencia que convenciera al mercado de que el rumbo no sólo es correcto, sino que es compartido con un grupo de gobernadores y una mayoría del Congreso. Lo hizo en una reunión de la mesa política de hace un mes, pero después, enojado porque reveló su contenido, comunicó a sus pares que no concurriría más por entender que el ámbito no era lo suficientemente reservado (curiosa reacción, porque en las redes había dicho que la información era falsa). De hecho no volvió a participar.
El día de esa reunión fue Karina Milei quien expresó su disidencia y dijo no estar dispuesta a ir a un acuerdo general con los gobernadores, sin candidaturas propias en las provincias. Es la postura que mantiene desde el armado electoral del año pasado. Ese contrapunto entre el ministro y la secretaria general no se resolvió. Incluso en las últimas semanas hubo versiones dentro de la propia Casa Rosada de que el vínculo entre ellos se había enfriado en forma más notoria desde entonces. El Presidente, como hace habitualmente frente a los rumores que afectan a los que aprecia, reforzó sus gestos públicos hacia Caputo.
Pero más allá del juego de las relaciones personales (que en este Gobierno son más gravitantes de lo recomendable), la conversación quedó obturada hace un mes y no tuvo ninguna evolución. “Toto buscó abrir un debate interno, pero el resultado fue que Karina se cerró inmediatamente. No está dispuesta a darle aire a esa discusión porque entiende que la definición de la política es su territorio”, resumió alguien que siguió de cerca esa interacción.
En el Gobierno germina un optimismo, cargado de deseo pero al mismo tiempo con cierto fundamento, de que a partir de mayo podrá recuperar el control de la agenda perdida. En parte porque piensan que tras la presentación en el Congreso Adorni va a poder regresar a la vida civil (aunque políticamente devaluado), y que eso les va a permitir retomar una dinámica más activa, tanto en la gestión diaria como en la visibilidad pública, por ejemplo para que los ministros vuelvan a la televisión, de la cual se apartaron para evitar hablar siempre del mismo tema.
En paralelo, las consultoras privadas prevén un claro descenso de la inflación en abril (según Equilibra estaría en 2,4%), lo que le permitiría al Gobierno retomar esa bandera desde un enfoque virtuoso. También se espera el ingreso de los dólares de la cosecha gruesa, con lo cual el panorama cambiario se mantendría bajo control. Y en el plano legislativo buscan dinamizar algunos proyectos en el Congreso, como la reforma electoral (admiten que no tienen número para la eliminación de las PASO, y está en duda si tienen los votos para modificarla y quitarle la obligatoriedad), el proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada” y los pliegos de los jueces. Acción y buenas noticias para dar vuelta la página del bimestre aciago.
La segunda realidad que quedó en evidencia en la sesión del último miércoles, muy vinculada con la primera, es que Milei atraviesa un momento de particular agitación. Desde hace semanas quienes más lo conocen admiten que tiene menor disposición al diálogo y a la escucha, que está más encerrado y también más irascible. Algunos personajes que compartían su afecto dejaron de frecuentarlo. “Javier de golpe está bien, y de pronto le agarra un enojo violento. No entiendo por qué se le enciende tanto odio, como si fuera una reacción de impotencia o de bronca muy fuerte”, lo describe una figura central del staff libertario que mantiene trato frecuente con él, y que detectó el cambio de humor presidencial.
Para algunos miembros del oficialismo responde precisamente a la imposibilidad de mostrar los resultados que desearía en materia económica. Otros, en cambio, lo atribuyen a la mutación de su entorno (la salida del componedor Guillermo Francos, el desgaste de Santiago Caputo), que ahora quedó determinado casi exclusivamente por su hermana Karina, sin otro contrapeso.
En público se vieron algunos retazos de ese Milei iracundo. Su breve pero violenta agresión a los periodistas cuando se retiraba el miércoles del Congreso fue una exhibición de la carga emocional que arrastra. Casi sin preámbulo los enfrentó con sus insultos preferidos: “chorros” y “corruptos”.

Pero el problema de fondo no es sólo que se expone más intolerante en cada mensaje público, sino que al mismo tiempo empieza a exteriorizar una falta de empatía social desaconsejable en un momento de creciente sensibilidad. Y esta semana hubo dos episodios en esa línea.
El primero, cuando en el discurso en la Fundación Libertad se ubicó él mismo como al que peor le fue en materia económica desde que asumió porque se congeló su propio sueldo. Es verdaderamente un ejemplo el de Milei, porque ningún presidente antes había adoptado semejante medida. Pero ese mensaje que fue un activo simbólico de austeridad en la primera etapa de su gestión, hoy puede lucir excesivamente autorreferencial frente a una sociedad que demanda que le presten atención a sus propios padecimientos y que le den respuestas a sus preocupaciones más cercanas.
El mismo razonamiento apareció detrás del video oficial por el Día del Trabajador, en donde a través de la animación de un Milei en modo Lego se hace un reconocimiento a su esfuerzo por reconstruir un mapa de la Argentina que estaba despedazada. Otra vez, el protagonista es él, pero no hay un reconocimiento a todos los trabajadores del país, que sienten que están haciendo un sacrificio muy grande. En su retórica, Milei habla siempre de la Argentina, no se dirige a los argentinos (excepto cuando quiere diferenciar a los “argentinos de bien”). No es una sólo una diferencia semántica, es un abismo empático.

Se trasluce una dificultad para interpretar el trasfondo más profundo de ciertos sentimientos impregnados en amplios sectores sociales, incluso entre votantes de Milei. En varios focus group surge con nitidez entre los consultados una demanda por ser comprendidos y reconocidos en su esfuerzo.
Aparece la idea de que Milei es el instrumento que despeja las restricciones (salida del cepo, apertura comercial, desregulaciones), pero que el sujeto central del cambio no es él, sino cada persona. El Presidente transmite un empoderamiento de la individualidad que la sociedad valora, pero que interpreta en clave personal. Milei dejó de ser un ciudadano más, que encarna el enojo de los desencantados. Ahora es quien debe dar las respuestas.
El 9 de abril pasado, Milei escribió un tuit en el que reconocía dificultades en el proceso de recuperación económica y, con cierta humildad, pedía paciencia para sostener el rumbo porque “cambiarlo sería dinamitar lo logrado”. Fue un mensaje que parecía sintonizar mejor el ánimo social que reflejan las encuestas, especialmente en los estratos más desfavorecidos.
En el trabajo de la consultora Atlas Intel que se conoció esta semana, que reflejó una desaprobación de casi dos tercios de la gestión del Gobierno, hay un dato muy significativo: el rechazo crece a medida que se desciende en la escala de ingresos. Mientras entre los que ganan más de $3 millones mensuales la imagen mala o muy mala es de 39,9%, entre los que perciben de $1 millón a $1,5 millón es de 59,3%, y entre los que están debajo de $630.000 es de 77,1%. Hay una narrativa del sufrimiento que se construye desde abajo y que no llega a ser encarnada ni por los movimientos sociales, ni por los gremios ni por la dirigencia política.
Si se comparan estos números con los de la elección de 2023, en términos generales podría decirse que hay un tercio de la población que siempre rechazó el proyecto libertario, un tercio que siempre lo apoyó y un tercio que se está desplazando del acompañamiento al Gobierno a la desilusión. Pero este tercio que se corre, no va al peronismo ni a otra fuerza opositora. Se amontona en un valle de desencanto. Carece de proyecto. Es una representación vacante.
Pablo Knopoff, de Isonomía, apunta a que ese tercio intermedio “acompaña el rumbo económico general, pero no está satisfecho con el Gobierno. Son argentinos que se ajustaron y están padeciendo, y que ahora le demandan resultados a Milei. Pero fundamentalmente no quieren volver para atrás. Hay más argentinos interpelados por el rumbo que por los nombres. El rumbo que tomó Milei es más grande que Milei mismo”.
Claro que después hay que determinar qué es el “rumbo”, porque es un término polisémico como “cambio”, que fue la palabra fetiche en la última elección presidencial. Puede expresar muchas cosas al mismo tiempo y generar confusiones. Pero ambas expresiones comparten una lógica en común: son términos refractarios al “pasado”. Es decir, hay dos tercios de los argentinos que expresamente están buscando una manera de verbalizar una idea de futuro, algunos que piensan que lo están logrando con Milei al frente, y otros a los que les resulta insuficiente. Quien interprete esa demanda vacante, habrá encontrado una sintonía perdida con un sector importante de la sociedad.
El propio líder libertario todavía está a tiempo de recuperarla, si logra reinventarse como una figura que interprete y que encarne ese sentimiento mayoritario, como hizo en 2023. Ya no como el outsider rupturista, excéntrico y disruptivo, sino como un presidente comprensivo y confiable que sabe marcar el camino aún en momentos de incertidumbre. Sería la reinvención de Milei.
enojado porque La Nacion reveló su contenido,El 9 de abril pasado, Milei escribió un tuit,Jorge Liotti,Conforme a
POLITICA
Kristalina Georgieva se reunió con Javier Milei en la Casa Rosada y participó de una reunión de Gabinete ampliado

El presidente Javier Milei recibió por la tarde en la Casa Rosada a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, que luego fue invitada a participar de una reunión de Gabinete ampliado.
Del encuentro con el Presidente, que se extendió por más de una hora, también participaron el ministro de Economía, Luis Caputo, y Nigel Chalk, director del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo, según informó la Oficina del Presidente en su cuenta de X.
La foto oficial del encuentro se hizo en el despacho presidencial, con la emblemática motosierra que Milei tiene exhibida sobre la mesa. La reunión se dio horas después de que Georgieva y Caputo ofrecieran una conferencia de prensa conjunta en el Palacio de Hacienda, donde la titular del FMI descartó que la Argentina necesite un nuevo programa de financiamiento con el organismo.
Allí, la jefa del FMI respaldó el plan económico del Gobierno y destacó que en la actualidad “todos los indicadores muestran una escena más saludable” que en diciembre de 2023.
“No me preocupa que la Argentina no tenga el dinero para pagar (la deuda), porque miro el Banco Central, que siga comprando”, remarcó la jefa del Fondo. También afirmó que la Argentina “no necesitará financiamiento adicional” a los US$20.000 millones que Milei y Caputo ya negociaron.
“Vemos que una gran determinación en la acumulación de reservas, que el Banco Central aplicó desde el inicio y llegó a cobrecumplir la meta. Y hay una estrategia abarcativa de cómo lograrlo. El país está por un buen camino y va a llegar el momento en que la Argentina se una a las economías emergentes que reformaron su economía y dejaron de pedir prestado”, enfatizó la directora del Fondo.
La agenda oficial de Giorgieva se completará este lunes con una exposición ante estudiantes universitarios en el Palacio Libertad programada para las 16.30. Luego, la funcionaria búlgara viajará el martes a Neuquén para visitar Vaca Muerta, donde será recibida por el presidente de la petrolera estatal YPF, Horacio Marín.
Leer más: La jefa del FMI le dio un fuerte respaldo al plan de Milei y afirmó que la Argentina “no necesitará financiamiento adicional”
Antes de llegar a Economía, Georgieva hizo un posteo en la red social X en el que marcó su intención de “interactuar con personas de toda la Argentina y aprender más sobre las oportunidades y ambiciones del país”.
“Desde la innovación hasta la energía, Argentina tiene un potencial tremendo para impulsar el crecimiento, crear empleos y construir un futuro más próspero”, indicó la jefa del FMI.
Kristalina Georgieva, Javier Milei
POLITICA
El canciller de Lula recibió al embajador argentino en Brasilia y le transmitió el “repudio” de su gobierno

BRASILIA.- La crisis diplomática entre la Argentina y Brasil, abierta el sábado por los agravios del presidente Javier Milei a Lula da Silva, suma nuevos capítulos. El canciller brasileño, Mauro Vieira, recibió el domingo por la tarde al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, le transmitió el “repudio” de su gobierno por los dichos del mandatario argentino en San Pablo y le exigió explicaciones.
Ese mismo domingo, y también por determinación de Vieira, Brasil llamó a consultas a su propio embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli. Bitelli llegó a Brasilia este lunes y espera una conversación con el canciller que podría ocurrir esta tarde, según confirmó a una fuente calificada.
En la cancillería no descartan que, además de ese encuentro, el propio Lula converse directamente con él. El llamado a consultas de un embajador es, en sí mismo, un gesto de descontento que Brasil no había utilizado con la Argentina en las últimas décadas.
Vieira relató que durante el encuentro con Raimondi, sucedido el domingo, le transmitió “el desagrado del gobierno brasileño” con el discurso de Milei en San Pablo y le pidió además al embajador argentino que le transmitiera al gobierno argentino ese mensaje y pidiera explicaciones por lo sucedido.
Del lado argentino, la orden que bajó a la embajada en Brasilia es de “silencio total”: ni Raimondi ni nadie de la delegación hará declaraciones por ahora.
“No tiene mucho sentido comentar la protesta, es un instrumento diplomático que tienen los gobiernos”, evaluó una fuente argentina ante , y consideró “nada fuera de lo esperable” la reacción brasileña. En el Gobierno, además, advierten que no habrá un pedido de disculpas oficial por los dichos del Presidente hacia la cabeza de su principal socio del Mercosur.
Una nota oficial de Itamaraty, difundida el domingo por la noche, calificó la crisis abierta por la visita de Milei a San Pablo para apoyar la candidatura de Flavio Bolsonaro como una situación “sin precedentes”. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, nunca un presidente extranjero llegó a territorio brasileño para agredir al jefe de Estado, a las instituciones democráticas -incluido el Poder Judicial- y al pueblo brasileño. La nota agregó que resulta “especialmente lamentable” que el hecho involucre al presidente de un país con el que Brasil mantiene 203 años de amistad y cooperación, y que es, además, su principal socio comercial.
El canciller Vieira calificó como “inaceptables” las declaraciones de Milei. Definió la visita del mandatario argentino como “una interferencia en asuntos domésticos, en asuntos nacionales”, agravada -según dijo en una entrevista con el canal Globo- por el hecho de que el mandatario argentino, en un viaje privado, terminara involucrado en “una cuestión político-partidaria”.
“No conozco ningún precedente con este nivel de gravedad, de la forma en que ocurrió”, dijo el canciller de Lula, categórico.
El gobierno brasileño descarta, por ahora, medidas más duras, como el retiro de la representación diplomática brasileña en Argentina: “No vamos a hacer eso ahora. Necesitamos explicaciones del gobierno argentino: ¿por qué el presidente de Argentina vino a territorio brasileño a hacer este tipo de manifestaciones?”, planteó.
Extraoficialmente, en la cancillería tienen una respuesta a la pregunta levantada por Vieira: leen la actitud de Milei y sus funcionarios como una ruptura con la tradición diplomática argentina hacia sus vecinos, y como un complemento a la posición de Donald Trump de injerencia en el proceso electoral brasileño, previsto para el 4 de octubre.
El origen de todo esto se remonta al sábado, cuando Milei viajó a San Pablo para respaldar la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro en la convención del Partido Liberal. En un discurso de unos 25 minutos, el presidente argentino llamó “ladrón” y “presidiario” a Lula -sin nombrarlo-, además de advertir sobre el “riesgo Lula” para la economía brasileña.
Arriba del escenario lo acompañaron el canciller argentino, Pablo Quirno, y el cónsul argentino en San Pablo, Luis Kreckler. Quirno, ubicado junto a la hermana del presidente, Karina Milei, celebró cada arremetida contra los “zurdos de mierda” y el “socialismo”, algo que en Brasilia también leen como un respaldo institucional, y no solo personal, al tono del discurso.
Milei también cargó contra el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes, a quien acusó de haberle bloqueado, días antes, el pedido para visitar a Jair Bolsonaro -condenado a 27 años de prisión por liderar el intento de golpe de Estado que buscó impedir la asunción de Lula en 2023- y a quien calificó de “basura calva”.
En el gobierno de Lula también hubo nuevas reacciones. El ministro de Hacienda, Dario Durigan, tildó a Milei de “payaso” y rechazó las críticas del presidente argentino a la economía brasileña, al sostener que el riesgo país, la deuda y la inflación de la Argentina son mayores que las de Brasil.
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POLITICA
Reelecciones indefinidas: Kicillof las respaldó y el peronismo busca un camino para que intendentes vayan por otro mandato

Un sector del peronismo impulsa una avanzada para habilitar la reelección indefinida de intendentes en la provincia de Buenos Aires. El debate se instaló durante los últimos días tras las declaraciones de Axel Kicillof, gobernador bonaerense, quien manifestó su respaldo a la discusión, aunque dejó en claro que la definición debe pasar por la Legislatura provincial. Fue entonces cuando la presidenta del Senado, la vicegobernadora Verónica Magario, defendió la posición del mandatario provincial y señaló a la oposición como parte responsable del freno al tratamiento del tema. Entre las alternativas que se analizan, apareció la opción de que los Concejos Deliberantes de cada municipio definan la habilitación de las candidaturas.
“Lo hemos dicho varias veces. Yo no tengo reelección, soy gobernador y no estoy buscando mi reelección”, dijo Kicillof y distinguió la situación de los intendentes: “Es muy infrecuente que, a nivel de gobiernos locales, no haya posibilidad de que se presenten todos los candidatos para que el pueblo vote a dirigentes que conoce y que son cercanos. Si se mandan alguna o están en alguna situación, los conoce el pueblo”.
En el Senado bonaerense, el peronismo cuenta con quórum propio, lo que en los papeles facilitaría el tratamiento de una reforma. Desde el sector identificado con el kirchnerismo prevalece la expectativa de que sea Kicillof quien envíe un proyecto de ley propio para habilitar el debate. La estrategia y los tiempos dependen de la discusión interna del peronismo, donde conviven posturas divergentes respecto al alcance y el momento de la reforma, entre otras diferencias.

La vicegobernadora y también titular del Senado dijo que Kicillof “propone algo de absoluta lógica” y que es “evitar que se excluya, en el momento de elegir, a los intendentes que más cercanía tienen con la gente”. Magario también aseveró: “Resulta difícil entender que quienes alguna vez gobernaron la provincia hayan decidido limitar la posibilidad de que sea la propia gente la que elija si un intendente debe continuar o no. Una vez más, demuestran que nunca terminaron de comprender a la provincia de Buenos Aires». El mensaje fue a la oposición. Sin embargo, en el peronismo también hay matices.
Tiempo atrás, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, lo expuso: “Con un sector del peronismo estamos totalmente de acuerdo y creemos que se tiene que discutir este año lo más temprano posible”, dijo sobre cambios a la ley que limita los mandatos. “Esa ley es proscriptiva: la Constitución sólo establece límites para gobernador y vice”, reiteró.
Uno de los impulsores para trazar la estrategia para que sean los concejos deliberantes los que resuelvan es el intendente de Castelli, Francisco Echarren. El jefe comunal, perteneciente al espacio Fuerza Patria, avanza con la redacción de la primera Carta Orgánica Municipal bonaerense, que podría habilitar la autonomía municipal para definir el régimen electoral y la posibilidad de reelecciones indefinidas. Esta iniciativa cuenta con respaldo mayoritario del Concejo Deliberante y prevé la convocatoria a una convención constituyente para trazar el nuevo marco institucional para el distrito.
El debate por la reelección indefinida se da en un contexto de fuerte tensión política. Si la ley no se modifica, 80 de los 135 intendentes bonaerenses no podrán competir por otro mandato en 2027. De ese total, 51 pertenecen al peronismo, 16 son radicales, siete del PRO, cinco de partidos vecinales y uno de La Libertad Avanza tras haber abandonado el PRO. La actual ley, sancionada en 2016 durante la gestión de María Eugenia Vidal, fijó un máximo de dos mandatos consecutivos. Una reforma aprobada en 2021 determinó que el primer período a computar sería el iniciado en 2019, permitiendo que quienes fueron reelegidos en 2023 no puedan volver a presentarse en 2027 si no hay cambios.

El oficialismo presentó en el Senado bonaerense un proyecto de Ayelén Durán que elimina las restricciones a la reelección de intendentes, legisladores provinciales, concejales y consejeros escolares. La iniciativa permanece en estudio en la Comisión de Legislación General, que preside Germán Lago, un senador de Kicillof y Magario.
La oposición, en cambio, no muestra un respaldo amplio a la reforma. El PRO y La Libertad Avanza rechazan la posibilidad de extender los mandatos, mientras que la Unión Cívica Radical exhibe posiciones divididas y el Frente Renovador mantiene su defensa de la ley vigente. Sin embargo, algunas fuentes admiten que si el peronismo -básicamente los intendentes- consigue los votos mediante aliados, el espacio no será un obstáculo.
En el Senado bonaerense, el bloque de La Libertad Avanza cuenta con 10 senadores, mientras que en la Cámara de Diputados la fuerza libertaria dispone de 20 diputados. Ante este escenario, el peronismo podría buscar consensos con bloques aliados, como Nuevos Aires (tres diputados) o Unión y Libertad (tres senadores en la Cámara Alta), para explorar la aprobación de una eventual reforma.
La vía municipal para sortear la ley
En el terreno local, la autonomía municipal surge como alternativa ante la falta de apoyo para modificar la ley a nivel provincial. Bajo este principio, cada comuna podría establecer sus propias reglas sobre la continuidad de sus autoridades, lo que permitiría a los intendentes esquivar la restricción legal. La iniciativa sumó apoyos entre intendentes alineados con Kicillof, que buscan evitar que decenas de jefes comunales queden impedidos de presentarse en 2027. Además, de haber cambios a la actual ley —habilitando las reelecciones—, algunos intendentes que hoy empiezan a mostrar un perfil provincial y que podrían estar en la conversación para la sucesión de Kicillof en el Ejecutivo bonaerense podrían seguir al frente de su municipio. “Es un eje ordenador, ¿dónde van a ir los 80 intendentes si no pueden ir por una reelección más?”, desliza un diputado peronista que pregona los cambios a la actual normativa.
Entre los intendentes que no podrán ir por un nuevo mandato aparecen algunos de peso como Fernando Espinoza (La Matanza), Federico Achával (Pilar), Gustavo Menéndez (Merlo), Mariel Fernández (Moreno), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), entre otros.
El debate trasciende las fronteras del oficialismo. Algunos intendentes, como Federico Otermín de Lomas de Zamora, han planteado en público una postura favorable a la renovación de los equipos de gobierno. “Tengo una mirada a favor de la renovación. Son lugares de tanto compromiso y tarea que los proyectos, cuanto más colectivos sean, mejor”, sostuvo recientemente Otermín durante una entrevista al streaming Uno Tres Cinco. Mariel Fernández, de Moreno, también abona a la renovación dirigencial y eso incluye a intendentes. Otros, como Pablo Descalzo (Ituzaingó), Mario Secco (Ensenada), Federico Achával (Pilar) o Andrés Watson (Florencio Varela), defienden la iniciativa original que permite las reelecciones consecutivas.
Axel Kicillof,Andrés Larroque,La Cámpora,acto político,discurso,Movimiento Derecho al Futuro
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