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La serie imposible que dio vuelta Boca goleando a Newell’s en Rosario para ganar la primera liguilla de la historia

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La histórica remontada de Boca frente a Newell’s en Rosario

“A lo Boca”. En el fútbol argentino hay muchas sentencias que vienen desde sus comienzos. Esa denominación para los equipos con sus virtudes, a partir de una situación particular o de una manera de sentir el juego. Esa definición remite desde los tiempos más lejanos, a la estirpe que por años distinguió a los cuadros de Boca. Una garra a prueba de todo, una convicción e hidalguía casi suicida de que siempre se puede dar un poco más, a despecho de mayores o menores virtudes técnicas. Cuando se dice “ganar a lo Boca”, todos sabemos de lo que estamos hablando. Y eso se repitió, una vez más, en el mediodía del domingo 15 de junio de 1986, cuando los Xeneizes revirtieron una final de manera increíble frente a Newell´s para clasificarse a la Copa Libertadores

La primera liguilla de la historia. Aquella innovación, acertada, que había aplicado la AFA en el torneo 1985/86, en paralelo con la reestructuración de los campeonatos, que comenzaron a jugarse a partir de mitad de año. Ese, precisamente, fue el primero, donde un River arrollador, dirigido por el Bambino Veira y con la estrella fulgurante de Enzo Francescoli, fue campeón por 10 puntos de ventaja.

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Aquella liguilla arrancó el último fin de semana de abril, con 12 equipos. Ocho se enfrentaron en una primera etapa y los cuatro restantes se sumaron en los cuartos de final. Se conformó con seis equipos de la máxima categoría, los cinco que siguieron a River en la tabla (Newell´s – Deportivo Español – Boca – Ferro y San Lorenzo), más Vélez, que había sido el subcampeón del Nacional ‘85. Y los seis mejores del torneo del interior: Olimpo de Bahía Blanca, Belgrano de Córdoba, Guaraní Antonio Franco de Misiones, Alianza Cutral Có de Neuquén, Güemes de Santiago del Estero y Concepción de Tucumán.

El golazo de tiro libre de Graciani desde un costado que ponía a Boca 2-1 en Rosario

Luego de varias rondas, llegaron a la final Newell´s y Boca, cada uno a su estilo. El cuadro rosarino venía trabajando con una base de futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores, que cada día se mostraban más asentados en primera división. El liderazgo era del Tata Martino, con esa enorme capacidad para saber dónde estaba cada uno de sus compañeros y administrar la pelota con criterio, siempre secundado por el Chocho Llop, en la poco reconocida y tan necesaria tarea de recuperación de la pelota. Era seguro en el fondo, dinámico en el medio y potente arriba, con Dezzoti y Almirón, aunque éste último no fue de la partida en la liguilla por estar en México con la selección.

Boca era la contracara. En 1984 había atravesado un año dramático, con huelga de jugadores por falta de pago, y una situación institucional gravísima, que lo llevó a ser intervenido por el gobierno nacional. La llegada de Antonio Alegre a comienzos del ‘85 como presidente de unidad, fue aportando tranquilidad. El entrenador era Alfredo di Stéfano, pero en noviembre renunció, luego de una racha de malos resultados. En su lugar quedó quien era su ayudante de campo, primero interno y luego oficial: Mario Zanabria. De a poco fue encontrando el equipo, con la eterna sabiduría del Loco Gatti, el oficio de Pipa Higuaín, el fervor desbordante del Ruso Hrabina, los goles de Alfredo Graciani, el despliegue del Vasco Olarticoechea y el talento de Tapia. Ninguno de estos dos estaba para la liguilla, porque también se encontraban bajo las órdenes de Carlos Bilardo en México.

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Cuando el partido ya estaba listo para ir al alargue, el Tuta Torres consiguió este gol para concretar la hazaña de Boca en Rosario

Antes estas bajas, algunos chicos de inferiores tuvieron su oportunidad. Uno de ellos fue el Tuta Torres, el gran héroe de esta historia como ya veremos. En diálogo con Infobae, recordó cómo llegó el equipo: “No habíamos terminado bien el torneo, porque se habían ido Tapia y Olarticoechea al mundial de México. Mario empezó a probar y las piezas no encajaban bien. En la primera fase de la liguilla superamos a Alianza de Cutral Có y en la siguiente fue durísimo con Olimpo. Empatamos 1-1 en nuestra cancha jugando mal y para la revancha en Bahía, me puso como titular. Fue dificilísimo, por la cancha chica y porque eran metedores. Hice el 1-0 y empataron, después la Chancha Rinaldi metió el 2-1 y sobre el final se pusieron 2-2. Fuimos al alargue y a cuatro minutos de tener que ir a los penales, una pelota le picó mal a un defensor y me quedó justa para poner el 3-2. Esos dos goles y la buena actuación, hicieron que me mantuviera en el equipo para vencer a San Lorenzo en la semifinal hasta el choque con Newell’s”.

La atención del mundo del fútbol estaba en el Mundial. Argentina ya había vencido a Corea del Sur, empatado con Italia y a dos días de enfrentar a Bulgaria, tuvo lugar la primera final de la liguilla en cancha de Boca, el domingo 8 a las 11 de la mañana. Fue un gran partido del Tata Martino, la indiscutible figura. En esa dirección va la evocación del Tuta Torres: “Para mí, ellos eran el mejor equipo del país: sólidos, potentes, rápidos y cada uno sabía lo que tenía que hacer. La primera final la perdimos 2-0 con goles de Martino, un verdadero jugadorazo. Era imposible descifrar qué iba a hacer y siempre estaba adelantado a la jugada, con la cancha en la cabeza. Y los demás acompañaban a la perfección: Llop, Basualdo, Theiler, Rossi, etc. El 2-0 fue justo y con un dominio total”.

En México, la selección ganaba el grupo a paso firme y esperaba por Uruguay en octavos de final, partido programado para el lunes 16. Solo 24 horas antes, en el día del padre, nuevamente a las 11 de la mañana, tuvo lugar la revancha, donde Newell´s, por jugadores, rendimiento y ventaja del primer chico, era el gran candidato. Pocos confiaban en Boca, aunque ellos se tenían fe, como recuerda Torres: “El día anterior a partir rumbo a Rosario, el Ruso Ribolzi (ayudante de Mario Zanabria), nos juntó en uno de los salones de la concentración de La Candela y nos dijo: ‘Muchachos, les voy a contar algo: en este mismo lugar nos reunimos antes de viajar para la revancha con Borussia por la Intercontinental en 1978. Pocos creían en nosotros y teníamos las mismas esperanzas de hoy. Así que vamos con fe, que somos Boca’. Eso es ser ganador”.

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Una postal poco habitual en el fútbol argentino. El Loco Gatti no era propenso a los festejos. Sin embargo, vivió muy intensamente esta liguilla. Con el pitazo del árbitro Abel Gnecco, corrió a ofrendarle la victoria a los hinchas

Dos de los cuatro hombres de la defensa xeneize llevaban poco tiempo en el club, pero habían sintonizado a la perfección el espíritu de ponerse esa camiseta. Así lo rememoran Higuaín y Hrabina. Primero, el turno del Pipa: “En la arenga previa me llamó la atención que el Loco Gatti estaba muy enchufado para alentar a los muchachos, porque él no era de hacer esas cosas. Lo que pasó después fue una hazaña”. Ahora, el Ruso: “Al comenzar la revancha en Rosario, nos metieron un gol. Parecía imposible revertirlo. Ahora en el fútbol le dicen épica a cualquier cosa. ¿Sabés lo que fue eso? Una epopeya irrepetible”.

“El partido era parejo -recuerda el Tuta Torres- pero cerca de la media hora y luego de una pelota parada, nos metieron un gol que nos dejaba 3-0 abajo en el global. Cuando se terminaba el primer tiempo, Graciani empató de penal, pero apenas iniciando el segundo, Gnecco expulsó a Hrabina». El Ruso tiene muy presente la maniobra: “El árbitro Abel Gnecco nos expulsó a las tres H: Hoyos, Higuaín y yo y también a un par de ellos. A mí me echó bien, porque le di una tremenda patada al Galgo Dezotti que se iba solo”.

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La temperatura de la final iba a ir subiendo a la par que corrieran las agujas del reloj, como nos relató Torres: “El clima se fue enrareciendo y el juego se paró un rato largo porque la policía empezó a reprimir a los hinchas de Boca. Cuando se reanudó, vivimos 10 minutos finales de locura. Graciani pateó un tiro libre como si fuera Riquelme y la colgó de un ángulo. Enseguida lo echaron a Martino y yo me sigo preguntando por qué. Era un tipo que no pegaba, no insultaba, era educado. Cosas de Gnecco que se puso como loco y repartió rojas por todos lados, porque al rato se fueron Llop y Hoyos por agredirse y lo mismo con Higuaín y Pautasso. Éramos ocho contra ocho. Krasouski se fue del medio para atrás a armar una línea de tres con Abramovich y Passucci, el flaco Dykstra para tenerla en el medio, Stafuzza corriendo y Graciani y yo arriba”.

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Un puñado de jugadores dio la vuelta olímpica. Por debajo de la camiseta de Boca de Claudio Scalise aparece la de Rosario Central. A pocos metros del túnel, se la sacó y desató definitivamente el escándalo con la provocación

El partido ya no era partido, desmembrado por las expulsiones. Newell´s estaba a un paso de la Copa Libertadores, Boca a un gol de igualar la serie y el Tuta Torres ante la gran chance de ser el héroe y no la desaprovechó: “Ellos tenían jugadores rapidísimos como el Galgo Dezotti, que cada vez que encaraba nos agarramos la cabeza. En un momento subió Abramovich por la izquierda y me la dio en posición de once, desde donde empecé a correr paralelo al arco. Como éramos pocos dentro de la cancha, en cuanto vi el espacio le pegué fuerte. La cancha estaba mojada y medio poceada, por eso quizás se le metió a Scoponi contra un palo. Con el 3-1 forzábamos un desempate, pero cada contra de ellos con Dezotti y Cozzoni era un suplicio, hasta que Gatti se mandó una locura típica de él: cortó un avance y salió gambeteando contra esos pibes a los que les llevaba 20 años (risas)”.

Esa jugada no terminó ahí. Era el minuto 90, todos pensaban en el alargue, pero llegó la consagración de Torres: “La pelota salió para el medio donde la tomó Graciani y me la pasó sobre la derecha. De Newell´s sólo quedaban ocho y tres me vinieron a marcar (risas). Me tuve fe y encaré. Los fui pasando de a uno y cuando entré al área, vi que se venía Basualdo a cerrarme y entonces pateé al arco. Me salió medio mordido y le pasó por abajo al pobre Scoponi, que era un arquerazo. Fue la gloria, no sabía qué hacer. Si gritar o llorar y empecé a correr como loco. Ahí se dio una situación increíble, porque en aquellos tiempos, una vez que se hacían los dos cambios permitidos, el resto de los suplentes no podían quedarse en el banco. Entonces los muchachos se habían ido al vestuario y al escuchar el grito, entraron a festejar, pero pensaron que era porque forzábamos el desempate (risas). No habían visto el gol anterior y creían que era el 3-1. A partir de ahí, aguantamos dos minutos más y cuando llegó el pitazo final fue la descarga. Pienso que lo ganamos sin merecerlo. Newell´s era mejor, ahí es donde se hace mayor la hazaña”.

La gente de Newell´s, en una inmensa muestra de corrección, aplaudió a los jugadores de Boca cuando comenzaron la vuelta olímpica. Hasta que un incidente, ensombreció todo: “La dimos los pocos que terminamos jugando, recuerda Torres. Un grupito. Increíble. El problema se dio con Scalise, que había venido a préstamo por seis meses desde Rosario Central. Cuando estábamos en el vestuario, cambiándonos antes de la final, vimos cómo se ponía esa camiseta debajo de la de Boca. Cuando faltaba el último tramo de la vuelta, se quedó con la de Central y la empezó a besar. Lo querían matar todos, porque fue una cargada muy pesada”. En esa misma dirección va la reflexión de Higuaín: “Haber ganado 4-1 sobre la hora fue una epopeya extraordinaria. un poco empañada por la locura que hizo Scalise. Si eso pasa hoy, no salimos de la cancha”.

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El Tuta Torres tiene muy frescas algunas situaciones vividas ese día, que marcan como estaba el club: “Hay algunas cosas del mundo Boca de aquellos años que me dan pena. Un ejemplo es lo que pasó aquel día al volver de Rosario, donde nuestras familias nos esperaban en el hall de la Bpara festejar. Recuerdo que era el día del padre y mi viejo estaba allí y luego me contó que Antonio Alegre, el presidente del club, se paró entre todos y preguntó: ‘¿Quién es Torres?’ No conocía al que había hecho los goles del triunfo. Una vergüenza. Lo mismo que Heller, que era el que manejaba todo. Días antes del partido con Newell´s yo estaba por arreglar el contrato y lo encaré: ‘Carlos, tenemos que ver mi tema’. Él estaba sentado junta al Pipa Higuaín y de manera casi burlona me respondió: ‘Si el domingo hacés un gol a los 44, otro a los 45 y ganamos la liguilla, pedime lo que quieras’. Cuando terminó el partido en Rosario, el Pipa me dijo: ‘Ahora pedile el club’ (risas).

Para la importancia de Boca, para su linaje y la inmensa cantidad de títulos que ganó, haberse quedado con una liguilla, puede parece algo menor. Sin embargo, luego de la gloria del campeonato del ’81 con Diego en el equipo, todo fue en un tobogán de deudas, malos resultados y pedidos de quiebra. Lentamente había comenzado la reconstrucción. Por eso, uno solo puede coincidir con la sentencia que nos dejó el Ruso Hrabina: “Esa liguilla para ese grupo, fue como ganar la Copa Libertadores”.



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“Aquí no hay lugar para sentimientos”: la resonante frase de Kylian Mbappé tras la clasificación de Francia a semifinales del Mundial

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Kylian Mbappé, el capitán de Francia. De fondo, su amigo Achraf Hakimi, símbolo de Marruecos (Foto: Reuters/Jeenah Moon)

Una vez más, Kylian Mbappé está explotando todo su potencial en una Copa del Mundo y tendrá la chance de jugar la tercera final consecutiva en su tercera presentación en este tipo de citas. Luego de la victoria 2-0 sobre Marruecos que clasificó al seleccionado francés a la semi, el capitán del equipo fue consultado por sus sentimientos ante el dolor que sufrió su amigo marroquí Achraf Hakimi por esta eliminación. Y Kiki no anduvo con vueltas…

“¿Es duro ver a Achraf triste al final del partido?“, le preguntó la cronista de la cadena beIN Sport desde el campo de juego. En caliente, el delantero de 27 años no anduvo con rodeos y fue tajante: “No… Será más duro cuando lo vuelva a ver en el vestuario porque volvemos a ser humanos, volvemos a ser amigos. Pero aquí no, aquí no hay emociones”.

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“Estábamos ahí para ganar. Él también estaba ahí para ganar. Pero está claro que cuando lo vuelva a ver en el vestuario, me afectará, porque es un amigo muy cercano. Pero aquí no hay lugar para los sentimientos”, insistió.

El vínculo de estrecha amistad entre el lateral marroquí de 27 años y Mbappé se inició en 2021 cuando se encontraron compartiendo plantel en el París Saint Germain. Ambos hablaban el idioma español y eso los acercó hasta reforzar la relación. Luego de eliminarlo en semifinales de Qatar 2022, Kiki le dedicó un emotivo posteo reconociendo la gesta histórica que Hakimi y su selección habían realizado. ¿El detalle? Compartieron incluso vacaciones en 2023, días después de la derrota francesa en la final del Mundial 2022.

Luego de fallar un penal pero redimirse abriendo el marcador con una verdadera gema, el máximo goleador del actual Mundial (8 tantos) junto con Lionel Messi fue reemplazado y se lo vio con hielo en el tobillo. “Estoy bien, me he dado un golpe en el tobillo, pero estoy bien. JP (Mateta) estaba en mejores condiciones que yo para jugar los últimos quince minutos”, sentenció. “Kylian tuvo un pequeño problema en el tobillo, sentía algo de dolor”, se sumó el entrenador Didier Deschamps.

Mbappé, que no tiene en los planes perderse la semifinal del martes próximo ante el ganador de Bélgica-España, aclaró: “Somos conscientes de que solo hay una forma de relajarnos, y es ganando. Estamos en semifinales, estamos muy contentos, pero aún queda un largo camino por recorrer. Somos conscientes de que lo que nos espera es aún más duro de lo que hemos pasado, pero estamos preparados para afrontarlo todo; vamos a recuperarnos con calma y a ver el partido de mañana (viernes) para saber a quién nos vamos a enfrentar”.

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A la hora de responder si este era el equipo francés “más fuerte” en el que había jugado, fue tajante: “No sé si es el más fuerte. Yo fui campeón del mundo y subcampeón, y este equipo aún no lo ha logrado. Sin embargo, sin duda es el que tiene más potencial. Con el que podemos imaginar un futuro. Hay mucha calidad en este equipo; nos permite soñar. Pero, hasta que se demuestre lo contrario, todavía no ha ganado nada. Siempre he dicho que los equipos más fuertes son los que ganan trofeos. Ese no es el caso de este todavía, así que no, no es el más fuerte”.

El partido tuvo el arbitraje del argentino Facundo Tello, quien sancionó un penal que luego falló el atacante de 27 años. “Fue complicado porque hubo una confusión. El árbitro me dijo que había penal. Así que le pregunto si la revisión (VAR) había terminado, y me dijo que sí. A partir de ese momento, hicimos la transición con Ousmane (Dembélé) que me pasó el balón. Luego se acercó a mí, cuando ya estoy concentrado, para decirme que no había penal. No sabía qué pensar. Volví a tomar el balón con las manos y lo volví a dejar en el suelo, y me dice: ‘Espera, hay una jugada de hace dos minutos que hay que revisar’”, afirmó según replicó el medio francés RMC.

“Pero bueno, así son las cosas. Me dejé desconcentrar. Es cierto que he ensayado muchas situaciones sobre cómo concentrarme en un penal, pero esa situación aún no se me había presentado. Es una situación que habrá que tener en cuenta porque el árbitro puede decirte que hay penal, pero puede decirte dos minutos después que no lo hay. No sé cuánto tiempo duró. Forma parte del nuevo fútbol. Es el nuevo fútbol con el VAR, hay que adaptarse“, reflexionó.

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En la conferencia de prensa posterior al partido, el entrenador Deschamps también expresó su disconformidad sobre este procedimiento: “Estoy de acuerdo con Haaland (que dijo que se hizo demasiado largo). Hubo una revisión del VAR. Tardó casi dos minutos. Tengo esa duda. Se ha alargado mucho, Kylian ya estaba listo para lanzar. No le busco excusas, pero es una situación complicada. Hay que adaptarse, pero eso puede generar un poco de nerviosismo, aunque no demasiado. Lo importante aún estaba por hacer”, sentenció según detalló el diario Le Figaro.

La demora de Mbappé para ejecutar el penal
La demora de Mbappé para ejecutar el penal



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Las fuertes declaraciones de Didier Deschamps

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Didier Deschamps en el partido frente a Paraguay. Foto: EFE

Didier Deschamps habló en conferencia de prensa en la previa del duelo entre Francia y Marruecos por los cuartos de final del Mundial 2026 y dejó una declaración que rápidamente generó repercusión. El entrenador de Les Bleus fue consultado por la designación del árbitro argentino Facundo Tello para el encuentro y aprovechó para hacer referencia al discutido arbitraje del francés François Letexier en el partido entre Argentina y Egipto.

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El encuentro de octavos de final entre la Albiceleste y el conjunto africano estuvo envuelto en una fuerte polémica, ya que desde Egipto cuestionaron varias decisiones arbitrales y hasta reclamaron una investigación por parte de la FIFA. Sin embargo, Deschamps dejó en claro que su visión es completamente distinta.

El elogio de Deschamps a Letexier

Ante la consulta sobre la designación de una terna arbitral argentina para el choque de Francia frente a Marruecos, el técnico francés respondió con tranquilidad y respaldó el trabajo realizado por su compatriota en el encuentro anterior del Mundial 2026.

«Espero que el árbitro sea tan bueno como el señor Letexier y sus asistentes», expresó Didier Deschamps, en una frase que rápidamente comenzó a replicarse en distintos medios internacionales.

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Pese a la repercusión de sus palabras, el entrenador evitó alimentar cualquier tipo de polémica respecto del arbitraje y remarcó que su única preocupación pasa por el rival que tendrá enfrente.

«Mi rival es Marruecos, no el árbitro»

Lejos de cuestionar la elección de la FIFA, Didier Deschamps insistió en que confía plenamente en los jueces designados para impartir justicia durante la Copa del Mundo.

«Mi rival es Marruecos, no el árbitro. Él está para hacer cumplir las reglas del juego de la forma más justa posible», sostuvo el seleccionador francés, intentando quitarle dramatismo a un tema que dominó buena parte de la conferencia de prensa.

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Mientras tanto, Francia ya tiene la mira puesta exclusivamente en el compromiso ante Marruecos, un duelo que abrirá los cuartos de final del Mundial 2026 y que tendrá al argentino Facundo Tello como juez principal. En un contexto marcado por las discusiones arbitrales tras Argentina vs Egipto, las declaraciones de Deschamps no pasaron inadvertidas, aunque el propio entrenador dejó claro que no pretende convertir al arbitraje en el centro de la escena.

A pesar de ser un árbitro bastante discutido a nivel nacional, Facundo Tello tiene la confianza por parte de la FIFA para impartir justicia en el Francia vs Marruecos, en un encuentro que promete ser vibrante desde el primer minuto.

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“Suena el silbato y se transforma”: las dos caras del Cuti Romero, el héroe salvaje de la selección argentina

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Cristian Romero, de 28 años, y Messi, luego del emotivo triunfo ante Egipto en Atlanta (REUTERS/Amanda Perobelli)

Hay un Cristian Romero jocoso, capaz de prometer sacarle “el poco pelo que le queda” a Leandro Paredes en zona mixta, luego de sufrir un “cortito” encubierto. Un Cristian Romero amigo de sus amigos, protector de sus compañeros de selección argentina durante el Mundial 2026, con el agua bendita o el arsenal de escudos de “la banda del palo santo”. Un Cristian Romero tierno, casi inofensivo, cuando se muestra en redes jugando o bailando, casi como un niño más, con sus hijos Valentino y Lucy, fruto de su relación con Karen Cavaller, usual camarógrafa de esos retazos de intimidad, que lo hacen viral.

Y hay un Cuti Romero salvaje, una bestia competitiva, capaz de permanecer en el campo de juego rengueando, como número 9, para empujar a la remontada de Argentina ante Egipto, en una imposible hazaña por los octavos de final de la Copa del Mundo. Uno que, disminuido físicamente, se disfraza de Lautaro Martínez o de Julián Álvarez para cabecear el centro filoso de Lionel Messi; y grita desaforado el 3-2 hacia la platea y el banco de suplentes, pero a milímetros de un Mohamed Salah que no sabe cómo reaccionar.

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Hay dos Cristian Romero. “Dos personas en uno”, como suelen bromear en las redes sociales. El divertido y afable y el defensor feroz que camina con estilo por el alambre de la locura. Los dos son amados por partes iguales por los fanáticos de Argentina, que saben que es una de las piezas insustituibles en este turbulento pero exitoso tránsito del seleccionado hacia el sueño del bicampeonato, que tendrá una nueva prueba de riesgo este sábado desde las 22 en Kansas City, cuando La Scaloneta se mida ante Suiza.

Su rendimiento se destaca todavía más porque llegó al Mundial entre algodones, por el esguince en el ligamento colateral medial de su rodilla derecha que lo hizo cerrar sin acción su temporada con el Tottenham. Ante Jordania, se guardó tras haber sufrido dolores en la zona. Pero para sacarlo del campo de juego, ni con una orden judicial. Así vive el Cuti los partidos, así siente la camiseta de la Selección, y así sintió (y promete volver a sentir) la de Belgrano de Córdoba.

En realidad, así siente el fútbol. Siempre en los límites. En diálogo con La Voz del Interior, Daniel Ríos, su entrenador en Infantiles (“cuando tenía siete u ocho años”), reveló: “Cuando veía que a los compañeros los pasaban fácil, él salía a raspar. Un día le dije: ‘Mirá al 7 este, los está pasando a todos’. Íbamos perdiendo 1-0, y él le fue fuerte. Terminó saliendo el jugador. Ese partido lo empatamos y él hizo el gol del triunfo”. Más señales del pasado: “Cuando él era chico, si íbamos perdiendo, se iba adelante, como hizo contra Egipto. Él sobresalía dentro de los buenos jugadores”.

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Teté González, el entrenador con el que se asentó en Primera luego de que amagara con dejar el fútbol por roces con la dirigencia, describe a aquel Cuti como si fuera una pintura del actual: “Juega con elegancia, disputa los duelos con solvencia. A mí siempre me sorprende cómo se expone a los duelos. Decide, va y disputa el duelo y los gana”.

Cuti marca a cualquier jugador de jerarquía como Salah como lo hacía conmigo en Villa Esquiú. El temperamento lo sostiene y juega en ese nivel que siempre jugó, hoy noto el grado de madurez en situaciones límites”, supo añadir el ex mediocampista central en una entrevista.

El defensor y su costado tierno como padre, y el más feroz, como defensor

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Fernando Batista, hoy entrenador de la selección de Costa Rica, tuvo al zaguero en el predio de AFA bajo su tutela. Primero, como ayudante de campo de Claudio Úbeda en el seleccionado Sub 20; luego, ya a cargo del conjunto Sub 23. El Bocha fue el encargado de ir a observarlo a las Inferiores del Pirata para bajarle o no el martillo a su citación.

“Uno cuando convoca a un jugador se imagina hasta dónde puede crecer. Lo fui a ver en un partido de Quinta División entre Belgrano y Tigre y marcaba diferencias en su categoría. A medida que pasó el tiempo, se empezó a destacar todavía más”, evoca en diálogo con Infobae.

Casi como un guiño del destino, en aquel plantel de Argentina en el Sudamericano Sub 20 de 2017 estaban Nahuel Molina, Romero y Lisandro Martínez. El Cuti y Licha conformaban la zaga central. En la pelea también estaba Juan Foyth, otro campeón del mundo en 2022. Y arriba descollaba Lautaro Martínez.

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En el certamen continental, disputado en Ecuador, la Albiceleste finalizó cuarta y se quedó con la última plaza para la Copa del Mundo -Brasil fue eliminado- y el campeón fue Uruguay. “Cuti tuvo un Sudamericano irregular y sufrió dos expulsiones. Hoy ha mejorado mucho eso”, explicó cómo el temperamento de entonces le jugó en contra. De hecho, no terminó yendo al Mundial Sub 20: en su lugar viajaron otros actuales compañeros suyos en La Scaloneta, como Gonzalo Montiel y Marcos Senesi.

El Bocha Batista, en su paso por la selección argentina. Viene de conducir a Venezuela y hoy está al frente del combinado de Costa Rica (REUTERS/Luisa Gonzalez/File Photo)
El Bocha Batista, en su paso por la selección argentina. Viene de conducir a Venezuela y hoy está al frente del combinado de Costa Rica (REUTERS/Luisa Gonzalez/File Photo)

Fue parte de su evolución. Después se afianzó en la élite, pasó al Genoa, luego al Atalanta y descolló en el Tottenham, que a regañadientes seguramente lo venda en el próximo mercado de pases porque le sobran oferentes. Todo, con sus dos caras: el despiadado e impiadoso defensor y el referente guardián y yerno perfecto del otro lado de la línea de cal.

Es verdad que se transforma. Tiene esa agresividad, no te regala nada. Toca el silbato y no es el padre de familia, je. Es lo normal en los futbolistas. Lo he dicho varias veces: Cuti Romero se convirtió en uno de los mejores centrales de la historia de Argentina, o en el mejor. No solo es agresivo: marca y tiene primer pase filtrado, algo que es muy importante. Junto con Licha Martínez, conforman la mejor dupla del mundo”, lo envuelve con el arreglo floral el Bocha Batista.

Doctor Cuti o Mister Romero. Los dos en la misma piel, bajo el manto albiceleste.

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