DEPORTE
La serie imposible que dio vuelta Boca goleando a Newell’s en Rosario para ganar la primera liguilla de la historia

“A lo Boca”. En el fútbol argentino hay muchas sentencias que vienen desde sus comienzos. Esa denominación para los equipos con sus virtudes, a partir de una situación particular o de una manera de sentir el juego. Esa definición remite desde los tiempos más lejanos, a la estirpe que por años distinguió a los cuadros de Boca. Una garra a prueba de todo, una convicción e hidalguía casi suicida de que siempre se puede dar un poco más, a despecho de mayores o menores virtudes técnicas. Cuando se dice “ganar a lo Boca”, todos sabemos de lo que estamos hablando. Y eso se repitió, una vez más, en el mediodía del domingo 15 de junio de 1986, cuando los Xeneizes revirtieron una final de manera increíble frente a Newell´s para clasificarse a la Copa Libertadores
La primera liguilla de la historia. Aquella innovación, acertada, que había aplicado la AFA en el torneo 1985/86, en paralelo con la reestructuración de los campeonatos, que comenzaron a jugarse a partir de mitad de año. Ese, precisamente, fue el primero, donde un River arrollador, dirigido por el Bambino Veira y con la estrella fulgurante de Enzo Francescoli, fue campeón por 10 puntos de ventaja.
Aquella liguilla arrancó el último fin de semana de abril, con 12 equipos. Ocho se enfrentaron en una primera etapa y los cuatro restantes se sumaron en los cuartos de final. Se conformó con seis equipos de la máxima categoría, los cinco que siguieron a River en la tabla (Newell´s – Deportivo Español – Boca – Ferro y San Lorenzo), más Vélez, que había sido el subcampeón del Nacional ‘85. Y los seis mejores del torneo del interior: Olimpo de Bahía Blanca, Belgrano de Córdoba, Guaraní Antonio Franco de Misiones, Alianza Cutral Có de Neuquén, Güemes de Santiago del Estero y Concepción de Tucumán.
Luego de varias rondas, llegaron a la final Newell´s y Boca, cada uno a su estilo. El cuadro rosarino venía trabajando con una base de futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores, que cada día se mostraban más asentados en primera división. El liderazgo era del Tata Martino, con esa enorme capacidad para saber dónde estaba cada uno de sus compañeros y administrar la pelota con criterio, siempre secundado por el Chocho Llop, en la poco reconocida y tan necesaria tarea de recuperación de la pelota. Era seguro en el fondo, dinámico en el medio y potente arriba, con Dezzoti y Almirón, aunque éste último no fue de la partida en la liguilla por estar en México con la selección.
Boca era la contracara. En 1984 había atravesado un año dramático, con huelga de jugadores por falta de pago, y una situación institucional gravísima, que lo llevó a ser intervenido por el gobierno nacional. La llegada de Antonio Alegre a comienzos del ‘85 como presidente de unidad, fue aportando tranquilidad. El entrenador era Alfredo di Stéfano, pero en noviembre renunció, luego de una racha de malos resultados. En su lugar quedó quien era su ayudante de campo, primero interno y luego oficial: Mario Zanabria. De a poco fue encontrando el equipo, con la eterna sabiduría del Loco Gatti, el oficio de Pipa Higuaín, el fervor desbordante del Ruso Hrabina, los goles de Alfredo Graciani, el despliegue del Vasco Olarticoechea y el talento de Tapia. Ninguno de estos dos estaba para la liguilla, porque también se encontraban bajo las órdenes de Carlos Bilardo en México.

Antes estas bajas, algunos chicos de inferiores tuvieron su oportunidad. Uno de ellos fue el Tuta Torres, el gran héroe de esta historia como ya veremos. En diálogo con Infobae, recordó cómo llegó el equipo: “No habíamos terminado bien el torneo, porque se habían ido Tapia y Olarticoechea al mundial de México. Mario empezó a probar y las piezas no encajaban bien. En la primera fase de la liguilla superamos a Alianza de Cutral Có y en la siguiente fue durísimo con Olimpo. Empatamos 1-1 en nuestra cancha jugando mal y para la revancha en Bahía, me puso como titular. Fue dificilísimo, por la cancha chica y porque eran metedores. Hice el 1-0 y empataron, después la Chancha Rinaldi metió el 2-1 y sobre el final se pusieron 2-2. Fuimos al alargue y a cuatro minutos de tener que ir a los penales, una pelota le picó mal a un defensor y me quedó justa para poner el 3-2. Esos dos goles y la buena actuación, hicieron que me mantuviera en el equipo para vencer a San Lorenzo en la semifinal hasta el choque con Newell’s”.
La atención del mundo del fútbol estaba en el Mundial. Argentina ya había vencido a Corea del Sur, empatado con Italia y a dos días de enfrentar a Bulgaria, tuvo lugar la primera final de la liguilla en cancha de Boca, el domingo 8 a las 11 de la mañana. Fue un gran partido del Tata Martino, la indiscutible figura. En esa dirección va la evocación del Tuta Torres: “Para mí, ellos eran el mejor equipo del país: sólidos, potentes, rápidos y cada uno sabía lo que tenía que hacer. La primera final la perdimos 2-0 con goles de Martino, un verdadero jugadorazo. Era imposible descifrar qué iba a hacer y siempre estaba adelantado a la jugada, con la cancha en la cabeza. Y los demás acompañaban a la perfección: Llop, Basualdo, Theiler, Rossi, etc. El 2-0 fue justo y con un dominio total”.
En México, la selección ganaba el grupo a paso firme y esperaba por Uruguay en octavos de final, partido programado para el lunes 16. Solo 24 horas antes, en el día del padre, nuevamente a las 11 de la mañana, tuvo lugar la revancha, donde Newell´s, por jugadores, rendimiento y ventaja del primer chico, era el gran candidato. Pocos confiaban en Boca, aunque ellos se tenían fe, como recuerda Torres: “El día anterior a partir rumbo a Rosario, el Ruso Ribolzi (ayudante de Mario Zanabria), nos juntó en uno de los salones de la concentración de La Candela y nos dijo: ‘Muchachos, les voy a contar algo: en este mismo lugar nos reunimos antes de viajar para la revancha con Borussia por la Intercontinental en 1978. Pocos creían en nosotros y teníamos las mismas esperanzas de hoy. Así que vamos con fe, que somos Boca’. Eso es ser ganador”.

Dos de los cuatro hombres de la defensa xeneize llevaban poco tiempo en el club, pero habían sintonizado a la perfección el espíritu de ponerse esa camiseta. Así lo rememoran Higuaín y Hrabina. Primero, el turno del Pipa: “En la arenga previa me llamó la atención que el Loco Gatti estaba muy enchufado para alentar a los muchachos, porque él no era de hacer esas cosas. Lo que pasó después fue una hazaña”. Ahora, el Ruso: “Al comenzar la revancha en Rosario, nos metieron un gol. Parecía imposible revertirlo. Ahora en el fútbol le dicen épica a cualquier cosa. ¿Sabés lo que fue eso? Una epopeya irrepetible”.
“El partido era parejo -recuerda el Tuta Torres- pero cerca de la media hora y luego de una pelota parada, nos metieron un gol que nos dejaba 3-0 abajo en el global. Cuando se terminaba el primer tiempo, Graciani empató de penal, pero apenas iniciando el segundo, Gnecco expulsó a Hrabina». El Ruso tiene muy presente la maniobra: “El árbitro Abel Gnecco nos expulsó a las tres H: Hoyos, Higuaín y yo y también a un par de ellos. A mí me echó bien, porque le di una tremenda patada al Galgo Dezotti que se iba solo”.
La temperatura de la final iba a ir subiendo a la par que corrieran las agujas del reloj, como nos relató Torres: “El clima se fue enrareciendo y el juego se paró un rato largo porque la policía empezó a reprimir a los hinchas de Boca. Cuando se reanudó, vivimos 10 minutos finales de locura. Graciani pateó un tiro libre como si fuera Riquelme y la colgó de un ángulo. Enseguida lo echaron a Martino y yo me sigo preguntando por qué. Era un tipo que no pegaba, no insultaba, era educado. Cosas de Gnecco que se puso como loco y repartió rojas por todos lados, porque al rato se fueron Llop y Hoyos por agredirse y lo mismo con Higuaín y Pautasso. Éramos ocho contra ocho. Krasouski se fue del medio para atrás a armar una línea de tres con Abramovich y Passucci, el flaco Dykstra para tenerla en el medio, Stafuzza corriendo y Graciani y yo arriba”.

El partido ya no era partido, desmembrado por las expulsiones. Newell´s estaba a un paso de la Copa Libertadores, Boca a un gol de igualar la serie y el Tuta Torres ante la gran chance de ser el héroe y no la desaprovechó: “Ellos tenían jugadores rapidísimos como el Galgo Dezotti, que cada vez que encaraba nos agarramos la cabeza. En un momento subió Abramovich por la izquierda y me la dio en posición de once, desde donde empecé a correr paralelo al arco. Como éramos pocos dentro de la cancha, en cuanto vi el espacio le pegué fuerte. La cancha estaba mojada y medio poceada, por eso quizás se le metió a Scoponi contra un palo. Con el 3-1 forzábamos un desempate, pero cada contra de ellos con Dezotti y Cozzoni era un suplicio, hasta que Gatti se mandó una locura típica de él: cortó un avance y salió gambeteando contra esos pibes a los que les llevaba 20 años (risas)”.
Esa jugada no terminó ahí. Era el minuto 90, todos pensaban en el alargue, pero llegó la consagración de Torres: “La pelota salió para el medio donde la tomó Graciani y me la pasó sobre la derecha. De Newell´s sólo quedaban ocho y tres me vinieron a marcar (risas). Me tuve fe y encaré. Los fui pasando de a uno y cuando entré al área, vi que se venía Basualdo a cerrarme y entonces pateé al arco. Me salió medio mordido y le pasó por abajo al pobre Scoponi, que era un arquerazo. Fue la gloria, no sabía qué hacer. Si gritar o llorar y empecé a correr como loco. Ahí se dio una situación increíble, porque en aquellos tiempos, una vez que se hacían los dos cambios permitidos, el resto de los suplentes no podían quedarse en el banco. Entonces los muchachos se habían ido al vestuario y al escuchar el grito, entraron a festejar, pero pensaron que era porque forzábamos el desempate (risas). No habían visto el gol anterior y creían que era el 3-1. A partir de ahí, aguantamos dos minutos más y cuando llegó el pitazo final fue la descarga. Pienso que lo ganamos sin merecerlo. Newell´s era mejor, ahí es donde se hace mayor la hazaña”.
La gente de Newell´s, en una inmensa muestra de corrección, aplaudió a los jugadores de Boca cuando comenzaron la vuelta olímpica. Hasta que un incidente, ensombreció todo: “La dimos los pocos que terminamos jugando, recuerda Torres. Un grupito. Increíble. El problema se dio con Scalise, que había venido a préstamo por seis meses desde Rosario Central. Cuando estábamos en el vestuario, cambiándonos antes de la final, vimos cómo se ponía esa camiseta debajo de la de Boca. Cuando faltaba el último tramo de la vuelta, se quedó con la de Central y la empezó a besar. Lo querían matar todos, porque fue una cargada muy pesada”. En esa misma dirección va la reflexión de Higuaín: “Haber ganado 4-1 sobre la hora fue una epopeya extraordinaria. un poco empañada por la locura que hizo Scalise. Si eso pasa hoy, no salimos de la cancha”.
El Tuta Torres tiene muy frescas algunas situaciones vividas ese día, que marcan como estaba el club: “Hay algunas cosas del mundo Boca de aquellos años que me dan pena. Un ejemplo es lo que pasó aquel día al volver de Rosario, donde nuestras familias nos esperaban en el hall de la Bpara festejar. Recuerdo que era el día del padre y mi viejo estaba allí y luego me contó que Antonio Alegre, el presidente del club, se paró entre todos y preguntó: ‘¿Quién es Torres?’ No conocía al que había hecho los goles del triunfo. Una vergüenza. Lo mismo que Heller, que era el que manejaba todo. Días antes del partido con Newell´s yo estaba por arreglar el contrato y lo encaré: ‘Carlos, tenemos que ver mi tema’. Él estaba sentado junta al Pipa Higuaín y de manera casi burlona me respondió: ‘Si el domingo hacés un gol a los 44, otro a los 45 y ganamos la liguilla, pedime lo que quieras’. Cuando terminó el partido en Rosario, el Pipa me dijo: ‘Ahora pedile el club’ (risas).
Para la importancia de Boca, para su linaje y la inmensa cantidad de títulos que ganó, haberse quedado con una liguilla, puede parece algo menor. Sin embargo, luego de la gloria del campeonato del ’81 con Diego en el equipo, todo fue en un tobogán de deudas, malos resultados y pedidos de quiebra. Lentamente había comenzado la reconstrucción. Por eso, uno solo puede coincidir con la sentencia que nos dejó el Ruso Hrabina: “Esa liguilla para ese grupo, fue como ganar la Copa Libertadores”.
Liguilla 86
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Doble caño en el área y definición de Thiago Almada: el gol de River Plate en tiempo de descuento para vencer a Atlético Tucumán

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Thiago Almada definió el triunfo de River Plate con un derechazo de primera a los 91 minutos, en una acción que condensó la insistencia del equipo visitante bajo la lluvia en el Monumental José Fierro. El mediocampista ofensivo llegó desde atrás para cerrar una jugada confusa dentro del área y estableció el 2-1 ante Atlético Tucumán, por la novena fecha de la Zona B del Torneo Clausura.
La secuencia del gol comenzó en la banda izquierda con Marcos Acuña, que participó en el avance antes de que Juan Meza recibiera la pelota y condujera hacia el área. El mediocampista logró superar rivales con dos caños, aunque perdió estabilidad y se resbaló. La pelota quedó entonces al alcance de Lucas Beltrán, tendido sobre el césped, quien resolvió con dos toques y habilitó a Almada para la definición.
El remate del Guayo no fue una acción aislada. Durante la segunda parte, Almada había asumido buena parte de las aproximaciones de River Plate, aunque no había podido convertir las oportunidades que tuvo frente al arco defendido por Luis Ingolotti. El desenlace llegó en el tramo final, cuando el visitante volvió a presionar tras perder el control que había mostrado en otros pasajes del partido.
A los 65 minutos, Almada ejecutó un tiro libre desde pocos metros fuera del área. El volante nacido en Fuerte Apache elevó la pelota por encima de la barrera, pero el intento salió desviado. Cuatro minutos más tarde, apareció sobre el sector izquierdo y ensayó otro disparo desde las inmediaciones del área, aunque el arquero de Atlético Tucumán contuvo el remate sin dar rebote.
El tanto en Tucumán fue el segundo de Almada desde su llegada a River Plate. El primero había sido en el 2-0 frente a Banfield, cuando convirtió un penal que debió repetir luego de que Diego Rodríguez atajara su primer remate. Esta vez, el volante no necesitó una pelota detenida: aprovechó el pase de Beltrán y resolvió una maniobra que había atravesado varios rebotes y cambios de dirección.
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River había abierto el marcador a los 22 minutos por medio de Tobías Andrada, quien recibió una asistencia de Gonzalo Montiel. Atlético Tucumán afrontó buena parte del encuentro con un futbolista menos por la expulsión directa de Franco Nicola, sancionado por el árbitro Andrés Gariano tras levantar peligrosamente la pierna derecha a la altura de la cabeza de Lucas Martínez Quarta. Clever Ferreira había marcado el empate que reactivó las aspiraciones del local.
Finalizado el partido Almada compartió su análisis: “Era un partido muy importante para nosotros, sumar de a tres en esta cancha que hace mucho no lo hacía River. Ponzio nos traslada lo que ve, por donde podemos generar juego, después también es un poco del jugador lo que ve en el momento en la toma de decisiones. Estamos muy contentos y esperemos seguir por este camino”. Luego sobre la jugada del gol y la acción de Meza confesó: “Vi que justo la punteó y seguí mirando la pelota, me quedó ahí así que muy feliz por el gol y por la victoria. Cada día me voy sintiendo mejor, lo que se ve adentro de la cancha, con el equipo nos vamos sentiendo mejor, estamos muy fuertes como grupo y eso se ve reflejado en la cancha”.
El 2-1 le permitió a River Plate alcanzar el quinto puesto de la Zona B con 13 puntos, la misma cantidad que Atlético Tucumán, aunque con una diferencia de gol superior. El conjunto dirigido por Leonardo Ponzio sumó su tercera victoria consecutiva y también se mantuvo en la pelea de la Tabla Anual, donde ocupa el quinto lugar con 42 unidades, en zona de Copa Sudamericana.
El próximo compromiso de River será el sábado a las 19.00 ante Huracán en el Monumental. Atlético Tucumán, en tanto, jugará el miércoles a la misma hora frente a Independiente Rivadavia por un lugar en las semifinales de la Copa Argentina.
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DEPORTE
Facundo Díaz Acosta avanzó a su séptima final del año en el Challenger de Sevilla

La mente y el físico de Facundo Díaz Acosta se volvieron a dar una nueva oportunidad, con las ansias de recuperar el terreno perdido. Este sábado, el porteño alcanzó una nueva final en la segunda categoría del tour en Sevilla, al revertir el marcador frente al local Jaume Munar por 4-6, 6-3 y 7-6(1), en dos horas y 51 minutos de competencia.
En un deporte tan solitario como el tenis, donde los resultados dependen exclusivamente de uno, los triunfos se disfrutan más de la cuenta. Díaz Acosta, ubicado en el puesto 82 del ranking mundial, figura 76 en el escalafón en vivo y, si logra alzarse con el título, ascenderá al 72. En su encuentro de semifinales, el argentino estuvo enfocado para sobreponerse ante Munar (55°).
Después de arrancar arriba en el marcador por 3-0, el español consiguió cinco games consecutivos para pasar al frente por 5-3. A pesar de que Facu pudo cortar la racha y descontó en el juego siguiente, el mallorquín se adelantó por 6-4.
Sin margen de error, el tenista nacional salió a disputar el segundo set. En el tercer game, el ibérico volvió a quebrarle el saque, pero no pudo confirmar la ventaja. El porteño aprovechó ese momento para reaccionar, recuperó la igualdad y se quedó con el parcial por 6-3.
Con el partido nuevamente equilibrado, ninguno de los dos cedió terreno. Ambos sostuvieron sus turnos de servicio, no hubo oportunidades de quiebre y el desenlace quedó en manos del tie-break. Díaz Acosta tomó el control desde el primer punto, no le dio chances a su rival y cerró la definición por 7-6(1) para quedarse con el partido.

Los números finales indican que Facu convirtió cuatro aces y cometió tres dobles faltas. Tuvo un 68% de efectividad con su primer servicio y ganó el 74% de los puntos disputados con ese golpe. Concretó tres de las siete oportunidades de quiebre que generó y salvó cuatro de siete. Además, ganó 100 puntos frente a los 90 de su rival.
En la final se medirá con el serbio Dusan Lajovic (167°), verdugo del local Max Alcala Gurri (177°) en la otra semifinal. El balcánico se imponía por 6-3 y 3-0 cuando su rival se retiró. El partido está programado para este domingo a las 14:30 (hora argentina).
Para Díaz Acosta será la séptima definición de la temporada, después de haberse consagrado campeón en cinco de las anteriores: Tigre II, Sao Leopoldo, Francavilla, Milán y San Marino. La única que no pudo ganar fue la de Poznan.
Kestelboim campeón en dobles

El tenista argentino Mariano Kestelboim (104° del ranking de dobles), en dupla con el colombiano Nicolás Barrientos (953°), se consagró campeón del Challenger de Sevilla al derrotar en la final al moldavo Denys Molchanov (129°) y al español Íñigo Cervantes (135°) por 7-6(3) y 6-3.
Kestelboim, que nunca pudo alcanzar el Top 100 mundial en singles ni consiguió títulos Challenger, tomó la acertada decisión de focalizar su carrera en el dobles durante la pasada temporada. En 2025 consiguió adueñarse de seis títulos en Tigre, Campinas, Santa Fe, Santa Cruz, Villa María y Buenos Aires.
Este año llegó al puesto 99 del ranking de dobles y disputó sus dos primeros cuadros principales de Grand Slam: Roland Garros, en dupla con Francisco Cerúndolo, y el US Open, junto a Tomás Etcheverry. En ambas ocasiones se despidió en el debut. Además, sumó cuatro títulos Challenger en Buenos Aires, Tigre I, Tigre II y Asunción.
Facundo Díaz Acosta
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Así es el plan del básquet argentino para captar nuevos talentos fuera del país: los perfiles que se buscan y el caso testigo

La Confederación Argentina de Básquet (CAB) puso en marcha el Programa Talento Basquetbolístico Identificable (TBI) con una premisa: ampliar el radar sobre jugadores y jugadoras argentinos, o hijos de argentinos, que se encuentran fuera del país. La iniciativa apunta a reunir datos deportivos, videos y antecedentes de jóvenes que todavía no integran los registros de las selecciones nacionales.
El director de Selecciones Formativas de la CAB, Cristian Santander, le explicó a Infobae que la herramienta no reemplaza el seguimiento habitual que realizan los cuerpos técnicos de las diferentes categorías, sino que se concentra en un universo específico y busca ampliar fronteras. “El programa de talentos está dividido en dos partes. Lo que hacemos por todo el país recorriendo las distintas provincias se llama PDF, Plan de Desarrollo Federal. Ahí buscamos los talentos en el país sumado a lo que se pueda ver en las competencias y datos que tenemos”, precisó.
El relevamiento de jugadores que propone el programa para detección de nuevos talentos se enfoca en aquellos que compiten en el extranjero y tienen nacionalidad argentina o ascendencia familiar que les permita ser considerados para los procesos de las selecciones nacionales. “Lo que sacamos con el TBI tiene relación más que nada con los argentinos o argentinas, o hijos e hijas de argentinos que están en el exterior”, indicó Santander. Según explicó el directivo, la iniciativa busca hacer un rastrillaje de jóvenes cuyos padres emigraron en distintos momentos, ya sea por razones económicas, estudios u otros motivos, y que hoy pueden estar desarrollando su formación deportiva lejos de Argentina.

La Confederación Argentina de Básquet ya cuenta con referencias de parte de ese universo, aunque el objetivo es identificar a quienes todavía no aparecen registrados. “De muchos de ellos tenemos conocimiento y de otros tantos no, y son argentinos. Entonces queremos saber más o menos si podemos tener una base de datos de esos deportistas en el exterior”, afirmó el responsable de las formativas.
En cuanto al método que eligió la CAB para comenzar con la búsqueda de nuevos talentos argentinos, se diagramó un formulario en el cual se solicita información sobre antecedentes deportivos, competencia actual, carga horaria de entrenamientos y material audiovisual, como por ejemplo los highlights de cada jugador. La inscripción, sin embargo, no garantiza una citación a un seleccionado ni una evaluación inmediata dentro de una concentración.
Santander remarcó que la CAB ya recibió datos de nuevos jugadores y reiteró: “No significa que todos tengan un nivel de ser elegibles para una selección”. Además, planteó que la nómina servirá para realizar un monitoreo a largo plazo: “Lo que queremos es tener un poco el conocimiento de cuántos y de quiénes son para seguirlos y, en algún futuro, tal vez el que hoy no tenga un nivel de elegibilidad dentro de un tiempo lo tenga”.

El filtro técnico incluirá el nivel competitivo, la trayectoria y las características físicas de cada postulante. En el caso de Estados Unidos, donde hay numerosas categorías de básquet a nivel universitario, Santander marcó las diferencias entre los distintos escalones: “Generalmente, al que está en la División 1 de la NCAA ya lo tenemos registrado”. El análisis también contemplará el biotipo y la talla, factores relevantes para proyectar el desarrollo de un jugador o una jugadora. Dentro de los perfiles que la CAB busca ampliar, Santander mencionó una carencia habitual del básquet argentino que es la altura. “Lo que escasea, lo que nos falta en el país, son esos jugadores de más de dos metros y esa jugadora de más de 1,85, que no es tan fácil, no hay tanta cantidad”, sostuvo.
Por otro lado, el plan no establece un número de inscriptos como meta. “En principio buscamos una cantidad para que eso decante en la calidad. Cuantos más datos o más chicos y chicas se puedan inscribir, seguramente alguno bien potable podremos sacar. No nos ponemos un objetivo porque es algo que va a llevar un tiempo instalarlo y que se difunda. Pensemos que hay muchos que no consumen nuestras redes sociales y están en el exterior. No tenemos apuro”, dijo el director de Selecciones Nacionales.
El caso de Tyler Kropp funciona como uno de los antecedentes que explica la lógica del TBI. Nacido en Estados Unidos e hijo de Mabel, una arquitecta oriunda de Morón que emigró en la década del 90, el interno de 19 años llegó al radar de la Confederación Argentina de Básquet luego de que su madre enviara un correo electrónico a la entidad. Con la documentación argentina en regla, se sumó a la Selección U16 y, en el torneo clasificatorio disputado en México en 2023, promedió 13,7 puntos, 11,7 rebotes y 2,3 tapas.
Por entonces, con 2,04 metros de altura y formación en la secundaria Olentangy Liberty de Columbus, Ohio, ya había recibido ofertas de universidades de la División I estadounidense y este año dio el salto a Washington State Cougars tras un paso por Northwestern Wildcats de Chicago. El recorrido de Kropp incluyó una concentración con la U22 y una convocatoria como sparring de la selección mayor, con la que terminó debutando en 2025 en un amistoso ante Angola, en España. “Fue un jugador importantísimo en las menores y hoy también es considerado en la selección mayor por Pablo (Prigioni) de acá al futuro. Aparecen casos y soy optimista de que van a seguir apareciendo”, cerró.
Con el TBI, la CAB buscará captar a los talentos dispersos por el mundo que puedan nutrir a las selecciones nacionales en un futuro no muy lejano y por qué no soñar con una nueva camada que siga el legado de la Generación Dorada.
Básquet,CAB
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