POLITICA
Los Mellino y el caso $LIBRA. La familia que quedó ligada a los millones que movió Hayden Davis luego de reunirse con Javier Milei

Una familia de tres miembros se convirtió en una pieza clave del rompecabezas $LIBRA. Por lo cerca que estuvieron del movimiento de dinero, el testimonio de cualquiera de ellos -padre, madre o hijo- podría contribuir a encarrilar la investigación judicial que revisa lo ocurrido alrededor del lanzamiento de la moneda virtual que promocionó el presidente Javier Milei.
Orlando Mellino, de 75 años, tiene un vínculo “directo” con el creador del activo, Hayden Davis: es el jubilado titular de la cuenta a la que el empresario envió más de un millón de dólares digitales el día de su reunión con Milei y el lobista Mauricio Novelli en Casa Rosada.
Orlando es el padre de Diego Mellino, socio de la financiera en la que solía operar Novelli y sobre la que recae la sospecha de haber sido el lugar donde el dinero digital cobró vida física.
La tercera integrante es Susana Georges. Acompaña a Diego en sus negocios, conoce a los dueños de la “cueva” y a los dos receptores del dinero de Davis: su expareja Orlando, que recibió un millón de dólares, y al trader Camilo Rodríguez Blanco, que días más tarde recibió cerca de cuatro millones.
Los tres están bajo la mira de la Justicia: el jubilado, por su participación directa en la ruta del dinero, tras descubrir su sorpresiva conexión con Davis. Y Diego y Susana quedaron apuntados en otra causa que investiga un contrabando millonario en la aduana de Campana.
Orlando Mellino
Su nombre llegó al expediente aportado por la plataforma de criptomonedas Bitget, luego del trabajo que hizo la Justicia sobre la trazabilidad del dinero que movió Davis.
Está presentado en la causa, con abogado designado, aunque su paradero es una incógnita. Una huella lo situaba años atrás en Málaga, España, en el municipio de Torremolinos, sobre la costa mediterránea de Andalucía. Figuraba como el titular de al menos dos sociedades distintas, Milenio UP y Los Mejores del Tablón.
Habría vuelto al país luego de poner junto a su pareja un negocio en Marbella que no funcionó. “Volvió sin un mango”, recuerda alguien que lo conoció.
Para anoticiarlo del embargo dispuesto sobre sus bienes, la Justicia lo fue a buscar a un domicilio en el Tigre, asociado a su nombre, pero solo para comprobar que la dirección no existía y que los vecinos de la zona tampoco lo conocen.
Quienes sí lo trataron dicen que el jubilado apenas se da maña con el celular. Pese a ello, según Bitget y lo que pudo reconstruir el fiscal Eduardo Taiano con la asistencia de organismos especializados, fue una parada clave en la ruta del dinero digital.
Luego de recibir el millón de dólares digitales de Davis lo giró a una cuenta no identificada, a través de cuatro transferencias consecutivas, una técnica llamada “smurfing”, utilizada para volar por debajo del radar en el mundo cripto.
El movimiento solo encuentra explicación a través de la sociedad que su hijo Diego montó con los dueños de la financiera en la que operaba Novelli, tal como pudo reconstruir .
Probablemente como fruto de ese acuerdo, figura junto a su pareja Miriam Gladys Mingorance como el dueño de una sociedad, Logística Latinoamericana, cuyos anteriores titulares son los dueños de la financiera a la que se llegó Diego.
Diego Mellino
Es un profesional de la salud recibido en los Estados Unidos. En el país puso una escuela de quiropraxia que primero funcionó en Recoleta, luego en Belgrano y en el último tiempo en pleno microcentro porteño.
Su actividad comercial traspasó el rubro. Montó distintas sociedades en el exterior, se adentró junto a su madre en el mundo de la exportación, incursionó en el negocio de las cajas de seguridad privadas y se asoció con la financiera de Vicente López en la que operaba el lobista Novelli y a la que habría llegado el dinero de Davis.
Su acuerdo con la financiera incluía al trader Camilo Rodríguez Blanco, uno de los vínculos de Novelli con ese lugar y receptor de la otra parte del dinero que envió Davis.
Había quedado bajo la lupa de la Justicia tiempo antes del caso $LIBRA por ser el apoderado de una sociedad constituida en los Estados Unidos, Modo Domo, utilizada para refacturar precios, según la hipótesis que maneja la Justicia de Campana.
El juez Adrián González Charvay dictó contra él medidas patrimoniales y le prohibió salir del país sin autorización.
Susana Georges
El Filósofo Griego, Open 24, Punto Alto Managment and Consulting, y Globalizing Ath son solo algunas de las sociedades que constituyó en los Estados Unidos, Inglaterra o España.
También Modo Domo, por la que sus bienes, al igual que los de su hijo Diego, quedaron congelados.
Conocía de primera mano a los dueños de la financiera sospechada, según pudo averiguar , estuvo en pareja con el jubilado y le alquiló un inmueble en Vicente López al otro receptor del dinero de Davis, el trader colombiano Rodríguez Blanco, socio de su hijo.
Por el momento, el único alcanzado por la causa judicial que tramita en el juzgado de Marcelo Martínez de Giorgi es el jubilado Orlando Mellino.
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POLITICA
La estrategia del Gobierno para suspender las PASO, los datos que preocupan a Caputo y las dudas por el efecto Bolsonaro

La semana comenzó bien para el Gobierno. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que los Estados Unidos podrían volver a ayudar a la Argentina con un swap en 2027, como lo hicieron en 2025. La consecuencia fue inmediata: durante varias jornadas, el riesgo país, que había llegado a 655 puntos, bajó, subió y volvió a bajar.
Algunos analistas se apresuraron a explicar la baja inicial del riesgo país por el éxito de Flávio Bolsonaro en Brasil. La realidad es otra: la suerte de los bonos argentinos depende de otros factores, como la tasa de los bonos del Tesoro norteamericano, los resultados económicos de la Argentina y el riesgo electoral local.
Los primeros análisis también vaticinaron que el probable éxito de Bolsonaro en el balotaje contra Lula da Silva será beneficioso para la Argentina. Es probable que sea así en el plano diplomático: podrá mejorar la relación entre los dos países, hoy reducida al nivel de encargados de negocios.
Sin embargo, en lo económico, ese análisis puede resultar apresurado. En efecto, el resultado de la primera vuelta produjo, en las primeras horas, el fortalecimiento del real. Brasil está a un escalón de conseguir el grado de inversión y su PBI es tres veces y media el de la Argentina. Su riesgo país es menor que el argentino.
Pero no se puede concluir que esa prosperidad se extienda a nuestro país. Bolsonaro promete ajustar el gasto público. Por eso, habrá que ver la profundidad con la que lo encare y si enfría o no la economía. De eso dependen nuestras exportaciones.
Milei disfruta de la agenda internacional. Después de Nueva York y París, la próxima semana volverá a los Estados Unidos y compartirá un evento con Eduardo Bolsonaro, hermano de Flávio. También será un apoyo a Donald Trump en los días previos a las difíciles elecciones de medio término que enfrenta el magnate. Y luego volará a Madrid.
POLITICA
El retorno de la ruta comercial Punta Arenas-Malvinas anticipa una escalada de la tensión entre Argentina y Chile

A pesar de los gestos de acercamiento entre Javier Milei y José Antonio Kast, Argentina y Chile arrastran una historia de recelos y desconfianza mutua que ningún apretón de manos logró aún cerrar del todo. El último encuentro entre ambos fue en septiembre de este año, en el Palacio de La Moneda. El presidente argentino regresó a Buenos Aires con un respaldo de Chile a su reclamo de soberanía por Malvinas. Ese mismo día, el alcalde de Punta Arenas anunciaba la reapertura de una nueva ruta comercial marítima hacia las Islas. Antes y después, una serie de declaraciones cruzadas escalaron la tensión entre ambos países, mientras la Argentina intensifica la presión contra el Reino Unido por el petróleo y el proyecto Sea Lion.
La primera navegación del buque Danstar, de bandera chilena y propiedad de la naviera Easter Island Naviera, está prevista para noviembre para abastecer a los habitantes de las Islas y restablecer un servicio comercial regular con Puerto Argentino. Según informó la empresa, navegará por el Estrecho de Magallanes y no por el Mar de Drake, es estricto cumplimiento del derecho internacional.
Fuentes de inteligencia chilenas consultadas por BioBioChile calificaron como un posible “evento crítico” la eventual “interceptación” del Danstar por fuerzas argentinas una vez que el buque abandone el Estrecho de Magallanes. No existe, hasta el momento, un anuncio oficial de Buenos Aires sobre una medida de ese tipo.
El marco legal que daría sustento a una eventual acción argentina es el Decreto 256/2010, firmado durante la presidencia de Cristina Kirchner, que exige autorización previa a todo buque que se proponga navegar entre puertos continentales y las islas, o atravesar aguas jurisdiccionales argentinas con ese destino. La norma sigue vigente. El canciller Pablo Quirno la invocó implícitamente al referirse a “tratados vigentes” y anunciar que la Argentina “monitorea la situación” tras una misión comercial con empresarios británicos en Punta Arenas.
El temor, por lo bajo, es un eventual apoyo logístico a Navitas y Rockhopper, las empresas que buscan extraer petróleo en Malvinas dentro del desarrollo Sea Lion.

El problema jurídico es de fondo. El Tratado de Paz y Amistad de 1984 obliga a Argentina a garantizar “en cualquier tiempo y circunstancias” el derecho de libre navegación de buques de todas las banderas en sus aguas jurisdiccionales hacia y desde el Estrecho de Magallanes. El Tratado de Límites de 1881 entregó a Chile la soberanía plena sobre ese paso y consagró la libre navegación.
Especialistas en derecho marítimo, consultados por Infobae, fueron categóricos: una interceptación carece de sustento jurídico. El derecho del mar reconoce cuatro regímenes de navegación —libre navegación en alta mar y en la zona económica exclusiva, paso inocente en el mar territorial y paso en tránsito en estrechos internacionales— y ninguno de ellos habilita a un Estado ribereño a detener un mercante que únicamente navega. El único instrumento disponible sería el derecho de visita —una inspección a bordo—, pero su ejercicio requiere sospechas fundadas: tráfico de personas, narcóticos u otras causas específicas. Un derecho de visita abusivo también tiene consecuencias, advierten, y no solamente en la relación bilateral con Chile.
Los mismos especialistas interpretan el posicionamiento argentino actual en clave estrictamente diplomática: no apuntan a la interrupción física de la navegación, sino a hacer valer acuerdos y declaraciones que apoyan el reclamo argentino en Malvinas. Según este visión, Argentina puede formular protestas y adoptar actitudes razonables, pero existe un límite práctico difícil de ignorar: los habitantes de las islas dependen de conexiones externas para cubrir necesidades básicas, incluida atención médica de alta complejidad. El aislamiento total, señalan, no es una opción real.
Fuentes del gobierno argentino consultadas por este medio descartaron que exista un conflicto en ciernes. “No hay nada; ellos están obsesionados”, señalaron en relación a las preocupaciones desde Chile. Desde Santiago, el ministro de Defensa de Kast, Fernando Barros, también descomprimió el escenario esta semana y, consultado por La Tercera, fue directo: “Todo barco que sale del Estrecho Magallanes, su navegación no puede ser restringida ni condicionada por nadie”.

Barros reconoció que los convenios internacionales habilitan la inspección de un buque si hay indicios de que transporta elementos o personas prohibidas, pero encuadró esa posibilidad en el marco del derecho y no en consideraciones políticas.
Sobre la posibilidad de que Chile escoltara al Danstar, respondió que “no hay ningún antecedente que lo justifique”. “Yo asumo que en el momento que salga un barco chileno con productos legales que va a las Islas Malvinas o a cualquier otro lugar, va a poder navegar conforme a la protección al paso inocente y a todos los principios y normas que regula la navegación”, sostuvo.
El único antecedente reciente de una interceptación real data de abril de 2024, cuando la Prefectura Naval Argentina detuvo al remolcador chileno Beagle, de la empresa Ultramar, mientras prestaba asistencia a un pesquero taiwanés que había zarpado de las islas. El episodio no tuvo mayores consecuencias diplomáticas, pero fijó un precedente.
Pedido de la oposición argentina
En paralelo a la tensión por el Danstar, un grupo de legisladores argentinos envió el 29 de septiembre (aunque los detalles se conocieron este viernes) una carta a los presidentes de Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay para solicitar que sus gobiernos impidan que puertos, aeropuertos e infraestructura de sus territorios sean utilizados para abastecer o facilitar las actividades de empresas que participen en la exploración y explotación de recursos naturales en las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y el Sándwich del Sur.
La misiva, firmada por más de una docena de senadores y diputados —entre ellos Juliana Di Tullio, Jorge Capitanich, Sergio Uñac, Agustín Rossi, Eduardo Valdés, Nicolás Trotta y Eduardo “Wado” de Pedro—, invoca la Resolución 2065 de la ONU, que reconoce la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido, y la Resolución 31/49, que insta a las partes a abstenerse de modificaciones unilaterales mientras el proceso recomendado por la ONU esté en curso.
El documento sostiene que “ningún país latinoamericano debería convertirse, aún involuntariamente, en plataforma logística de actividades económicas que contribuyan a consolidar una situación colonial” en la región. Los legisladores señalan que Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay poseen, por su ubicación geográfica y su infraestructura portuaria y aeroportuaria, una capacidad estratégica para privar a las empresas involucradas del apoyo necesario para operar.
El decreto que Milei prometió derogar
Detrás de la disputa por el Danstar hay una tensión más profunda y más antigua que aún no encontró resolución. En 2021, el entonces presidente Alberto Fernández firmó la Directiva de Política de Defensa Nacional, plasmada en el Decreto 457/2021, que definía al Estrecho de Magallanes y al Mar de Hoces como espacios donde Argentina debía fortalecer la “exploración, estudio y control conjunto”. La formulación contradecía los tratados de 1881 y 1984, que establecen la soberanía chilena sin ambigüedades, y provocó una protesta formal de Santiago.
Esta promesa incumplida fue uno de los temas de aquella cumbre Milei-Kast en Santiago de Chile. Como contraprestación del apoyo al reclamo de soberanía sobre Malvinas, hubo una declaración conjunta que reafirmó la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho. Sin embargo, la situación se complejizó días después, cuando la senadora Patricia Bullrich incluyó “el control del Estrecho de Magallanes” entre los objetivos estratégicos de Argentina. Santiago lo interpretó como una nueva provocación.
Más allá de esta discusión, desde el lado de Chile, los diputados republicanos Alejandro Riquelme, representante de Magallanes y la Antártica Chilena, y Álvaro Carter, presidente de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara, salieron a defender el derecho de Chile a mantener vínculos comerciales con Malvinas.
Riquelme acusó en declaraciones a CNN Chile que existe “un intento sistemático del Gobierno del Presidente Javier Milei de impedir el libre comercio entre Chile y las Islas Malvinas” y sostuvo que el conflicto lo genera Buenos Aires al no respetar los tratados de 1881 y 1984. Carter fue más directo sobre las consecuencias: “Chile no puede permitirse entrar en un bloqueo económico con alguien que ha sido aliado nuestro durante 50 años, que son los ingleses”.
El senador Juan Luis Castro fue más categórico. “La situación con Argentina no ha cambiado un milímetro”, escribió en su cuenta de X, donde calificó el apretón de manos entre Kast y Milei como algo que quedó en el olvido y advirtió que las pretensiones argentinas “siguen vivitas y coleando”. “Nuestra soberanía en el extremo sur exige firmeza, no gestos de buena crianza”, añadió.

El clima bilateral acumula episodios desde agosto. El 23 de ese mes, el brigadier general Gustavo Valverde, jefe de la Fuerza Aérea Argentina, afirmó en un podcast que “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía” de Argentina. La Cancillería chilena envió una nota de protesta. El gobierno argentino, incluido el jefe de la Armada, reconoció que el Estrecho es chileno.
Hay más. El pasado lunes, Quirno fue el orador principal en la cena por el 48° aniversario del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y, ante la mirada del embajador británico David Cairns y del propio embajador chileno Gonzalo Uriarte Herrera, señaló que la “conducta de cada país frente a esta causa definirá la profundidad del vínculo bilateral”, sostuvo en alusión directa a los países vecinos y el reclamo argentino sobre Malvinas.
Y fue más lejos: “Quien contribuya, directa o indirectamente, a la exploración o explotación ilegítima de los recursos que pertenecen a todos los argentinos, difícilmente podrá aspirar a compartir los beneficios del crecimiento de nuestro país, agregó. Tras sus palabras, ambos diplomáticos se retiraron del evento.
El próximo lunes vence el plazo dispuesto por el gobierno argentino para que Reino Unido “adopte las medidas necesarias para impedir el inicio o la continuación de las actividades destinadas a la explotación de los recursos hidrocarburiferos en la Plataforma Continental Argentina”, y avanzará con el procedimiento de arbitraje previsto en el Anexo VII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Lejos de profundizar los resquemores, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Marcelo Dalle Nogare, brindó una exposición este miércoles ante el Rotary Club de Buenos Aires en la que destacó las “excelentes relaciones” con Chile, en especial en el sur, donde ambas armadas coordinan el seguimiento de la flota pesquera extranjera y realizan la Patrulla Antártica Naval Combinada. Subrayó, al mismo tiempo, que Argentina “nunca” abandona la idea de que tiene una porción de su territorio ocupado y en disputa de soberanía: las Islas Malvinas.
Pablo Quirno,CARI,diplomacia,discurso
POLITICA
El mapa de la derrota de los oficialismos en América Latina: perdieron ocho de cada diez elecciones desde 2015

Desde 2015, Sudamérica acumuló una regularidad electoral que atravesó gobiernos de izquierda, de derecha y de centro. Si se toma el resultado de la primera vuelta de este domingo en Brasil, con el balotaje todavía pendiente, de las 25 elecciones presidenciales válidas celebradas en nueve países —sin contar Venezuela ni los comicios anulados de Bolivia de 2019—, los oficialismos ganaron apenas cuatro, el 16%, y perdieron 21, el 84%, según los datos procesados por TN.
La tendencia es todavía más marcada cuando se observa país por país. En siete de los nueve casos analizados, ningún oficialismo consiguió retener la presidencia. Ocurrió en la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay. Las únicas excepciones fueron Paraguay y Ecuador.
El fenómeno tampoco responde a un único giro ideológico. En la Argentina perdieron tres oficialismos consecutivos desde 2015. Chile encadenó cinco derrotas de gobiernos de distinto signo desde 2009. Uruguay pasó de una derrota de la izquierda en 2019 a otra de la centroderecha en 2024. Brasil alternó derrotas oficialistas en 2018, 2022 y, por ahora, en la primera vuelta de 2026. La secuencia se repite aun cuando cambia el color político de las fuerzas que detentan el poder.
Una región que castiga a sus gobiernos
Para Mario Riorda, académico y politólogo, el trasfondo excede incluso a Suramérica. “Hay un marcado pesimismo ideológico. Mucha oferta política trabaja desde el escepticismo social y el desencanto. Es la era de la protesta perpetua”, planteó.
Riorda vinculó ese clima con el deterioro de instituciones que antes tenían mayor capacidad para responder a las demandas sociales. “El Estado enfrenta una pérdida de eficacia al mismo tiempo que aumenta la presión sobre sus funciones”, explicó. A eso sumó una representación partidaria debilitada y una política cada vez más personalizada en liderazgos capaces de generar expectativas rápidamente, pero también de perder apoyo con la misma velocidad.
Gustavo Córdoba, director de Zuban Córdoba y Asociados, ubicó un punto de quiebre en la pandemia. Según su análisis, desde entonces aumentó “la expectativa de la sociedad de la capacidad de los gobiernos de resolver los problemas, todos los problemas, en simultáneo”, mientras los Estados perdieron recursos y capacidad de respuesta.
Ese desajuste deja a los gobiernos expuestos a un desgaste acelerado. “Tenemos configurado un escenario en el cual la sociedad latinoamericana pospandemia es una sociedad altamente demandante de resultados y con una correlación inversamente proporcional a la paciencia”, afirmó Córdoba.
Facundo Cruz, politólogo y coordinador de Pulsar UBA, describió el mismo proceso como un ciclo de alternancia recurrente. Los gobiernos pueden incluso mostrar resultados favorables en algunas áreas y aun así perder las elecciones si esos avances no llegan con la velocidad que espera el electorado.
“Las causas suelen ser nacionales antes que regionales, pero tienen un hilo común, la ansiedad por los resultados”, explicó. Para Cruz, la demora entre una decisión de gobierno y sus efectos concretos se convirtió en un problema electoral en sociedades que demandan respuestas rápidas.
Economía, seguridad y problemas cotidianos
La economía atraviesa buena parte de ese malestar, aunque no alcanza por sí sola para explicar las derrotas. Cruz señaló que las economías suramericanas quedaron particularmente expuestas a un escenario internacional menos favorable después de la pandemia, con dificultades para conseguir divisas y garantizar bienes y servicios públicos de calidad. En algunos países, además, el deterioro de la seguridad agregó una presión adicional.
Así, la combinación entre problemas económicos, servicios insuficientes y aumento del crimen alimentó una demanda de resultados inmediatos que terminó favoreciendo la alternancia.
Claudio Montiel, director de Zentrix, puso el foco en la distancia entre la agenda política y las preocupaciones cotidianas. “Hace rato que los distintos gobiernos vienen embarcados quizás en discursos más de la batalla cultural ‘nosotros venimos a cambiar’ o ‘nosotros somos los buenos, los demás son los malos’”, explicó.
Según sus mediciones, aparecen reclamos bien concretos: “Necesito tener seguridad en mi laburo, necesito poder estudiar tranquilo, necesito salir y que no me maten o que no me roben”, sintetizó sobre las demandas que recoge entre los encuestados.
Para Montiel, esa desconexión ayuda a explicar por qué el castigo no distingue demasiado entre izquierda y derecha. Y el hecho de que “los oficialismos no reeligen” lo atribuyó como parte del fenómeno a gobiernos que pierden contacto con “lo que le pasa al tipo común de la calle”.
Lucas Klobovs, director de Opinión Pública de QSocial Big Data, encontró otra expresión del mismo deterioro en la evaluación de las instituciones. Según los datos que relevó, durante la última década cayó alrededor de 10 puntos la satisfacción con la educación pública, los hospitales, el sistema judicial y la policía en América Latina, mientras aumentó, en una proporción similar, la percepción de que el Estado hizo poco o nada por las familias.
“Esa combinación genera un estado de desafección, de enojo o de desilusión con los oficialismos y habilita movimientos electorales entre opciones ideológicas diferentes. Un votante puede acompañar a un espacio en una elección y desplazarse hacia otro en la siguiente si considera que sus problemas siguen sin resolverse”, explicó.
La reelección cambia el escenario
Los datos históricos de Sudamérica muestran, sin embargo, que no todos los oficialismos enfrentan las mismas condiciones. La posibilidad de que el presidente vuelva a competir modifica fuertemente las chances de continuidad.
En Brasil, el oficialismo retuvo cinco de las últimas nueve elecciones presidenciales y tres de esas victorias llegaron con el mandatario en ejercicio como candidato. La única derrota de un presidente que buscó continuar fue la de Jair Bolsonaro en 2022. En 2026, Luiz Inácio Lula da Silva llegó como presidente y quedó segundo en la primera vuelta.
En Bolivia ocurrió algo similar. Las continuidades se produjeron con Evo Morales en la boleta en 2009 y 2014, mientras que sin el entonces presidente como candidato, el oficialismo perdió. En Ecuador, Rafael Correa consiguió retener el poder durante su ciclo y Daniel Noboa lo hizo como candidato en 2025.
La situación es diferente en Chile, Uruguay y Paraguay, donde la reelección presidencial inmediata está prohibida. Allí la continuidad depende necesariamente de que el oficialismo consiga transferir apoyo a un sucesor. Chile no lo logra desde 2005 y perdió cinco elecciones consecutivas desde 2009, mientras Uruguay vio caer a dos gobiernos de signos diferentes en 2019 y 2024.
Paraguay es la gran excepción regional. El Partido Colorado consiguió conservar el poder en ocho de las últimas diez elecciones y, desde 2015, es, junto con Ecuador, uno de los únicos dos casos suramericanos en los que un oficialismo logró ganar una presidencial.
La alternancia antes que el color político
La secuencia de la última década complica cualquier explicación basada únicamente en una ola de izquierda o de derecha. Cruz consideró que la dinámica actual está marcada menos por esos movimientos ideológicos que por la dificultad de los gobiernos para conservar apoyo.
Esa lectura aparece con especial claridad en Chile, Uruguay y la Argentina, donde fueron derrotados oficialismos de distinto signo, pero también en Colombia, que pasó de una larga etapa de mayor continuidad a tres derrotas consecutivas desde 2018. En Perú, la alternancia es todavía más estructural. Desde 2001, ningún presidente saliente consiguió dejar un sucesor competitivo y el oficialismo ni siquiera llegó al balotaje.
Riorda agregó que el debilitamiento de los partidos favoreció electorados más vinculados con liderazgos que con identidades partidarias estables. Ese “voto movimientístico”, según su definición, puede construirse con rapidez alrededor de demandas materiales, simbólicas o ideológicas y desarmarse con la misma velocidad cuando las expectativas no se cumplen.
Los números de Sudamérica muestran que ese desgaste dejó de ser una excepción. Cuatro victorias oficialistas contra 21 opositoras en poco más de una década convierten a la alternancia en el dato dominante de la región. Para la Argentina de 2027, el antecedente no determina un resultado, pero coloca al gobierno de Javier Milei dentro de una secuencia que, hasta ahora, castigó mucho más a quienes buscaban conservar el poder que a una orientación ideológica en particular.
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