CHIMENTOS
Malena Guinzburg: “Quiero dedicarme a esto toda la vida”

A los desafíos del teatro de elenco se suma el nombre propio de una figura ya consolidada: Malena Guinzburg sigue ampliando su camino en los escenarios argentino. Ahora forma parte del elenco de “Casual”, comedia que explora vínculos y contradicciones actuales en la cartelera porteña. Hija de Jorge Guinzburg, reconocida por su trabajo en stand up y en el grupo Las Chicas de la Culpa, Malena cruza con naturalidad la frontera entre el humor individual, la actuación en grupo y la televisión, impulsando una voz propia en el mundo del espectáculo.
El estreno de “Casual” marcó un nuevo desafío para Guinzburg, que alterna las funciones en el Multiteatro de Buenos Aires con giras, televisión y sus proyectos con Las Chicas de la Culpa. La comedia, escrita por Federico Viescas y dirigida por Pablo Fábregas, aborda identidades y vínculos en la era digital a través de descubrir los secretos de un celular. Con un elenco que integran Carlos Belloso, Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich.
Con funciones semanales a cuesta y una reciente nominación al Martín Fierro con Las Chicas…, la artista conversa sobre temores, aprendizajes y autenticidad en diálogo con Teleshow.

—En “Casual” das un salto importante al teatro de elenco tras muchos años de stand up. ¿Cómo viviste este proceso y qué aprendizajes te dejó?
—Fue un cambio enorme para mí. Ya el primer desafío fue modificar totalmente mi manera de actuar: dejar de ser yo misma, como en el stand up, y pasar a aprenderme una letra, a componer un personaje con cuarta pared. Sentí muchos miedos e inseguridades, sobre todo por compartir escenario con actorazos como Diego Gentile y Carlos Belloso. Una semana antes de estrenar lo agarré a Pablo Fábregas, al director, y llorando le dije: “Soy malísima”. Y me respondió: “Dejá de hinchar las bolas, divertite”. Me animó a disfrutar y hoy estoy muy feliz. Quiero que la vea todo el mundo y ahora siento mucho orgullo.
—¿Te planteaste en algún momento posponer tu carrera como humorista por este desafío?
—Soy medio cagona evidentemente. Tuve el temor de alejarme un poco del stand up, que venía funcionando bien y donde quería armar otro unipersonal, pero las ganas de hacer algo nuevo ganaron siempre. El proyecto, la obra, el elenco y el director me gustaban mucho más que cualquier miedo. Además, sigo con Las Chicas de la Culpa, así que el deseo pesó más que la inseguridad.
—¿Sentís que esta experiencia abre nuevas puertas en tu carrera actoral?
—Ojalá. Me divierto mucho. Al principio dudaba si hacer seis funciones por semana, repitiendo el mismo texto, me iba a aburrir. Pero no me faltaron ganas ni un solo día, siempre encontré cómo hacerlo de una forma nueva. Ahora quiero dedicarme a esto toda la vida.

—La trama de “Casual” gira en torno a los secretos y lo privado en la vida actual. ¿Te identificás con esta temática?
—Creo que, como todos, tengo algunos secretos. Mi Depende quién encuentre mi celular, tal vez pueda ver cosas que preferiría que no. Mi novio tiene mi clave, no oculto nada grave, pero me daría vergüenza que vean charlas tontas, como mis preguntas al ChatGPT por un grano o alguna playlist de música y que me digan “qué grasa”. Son esas “microvergüencitas” que uno no quiere mostrar. Eso sí: en mi vida de pareja no reviso celulares ni oculto nada, pero reconozco que soy algo chusma, incluso con los amigos.
—¿Creés que hoy el celular es literalmente nuestra extensión, como muestra la obra?
—Totalmente. Si alguien analiza tu celular puede saber todo: en qué gastás, qué hacés, cuánto tiempo pasás con cada cosa. Es como la caja negra de quiénes somos.
— Y en el Instagram de tu novio, ¿no mirás si alguna chica le pone un corazoncito, por ejemplo?
—No, igual, la verdad que mi novio casi no usa las redes sociales. Cero, cero, cero. Las usa por laburo nada más. No me da esa ni esa chance. A ver, tampoco me quiero hacer la recontrasuperada en la vida. Tal vez si yo viera que sí pasa eso de: “Che, siempre te pone corazones”, no haría ningún escándalo, pero miraría para ver quién es, ¿entendés?

—Con Las Chicas de la Culpa saltaste del teatro al horario central de los domingos en El Trece. ¿Cómo fue esa adaptación del humor al formato televisivo?
—Entendimos desde el comienzo que eran dos cosas distintas.En el teatro somos muy zarpadas, podemos hablar de todo sin filtro. En la televisión, los domingos a las 21 horas, ni siquiera es después del horario de protección al menor, así que tuvimos que armar un código propio y empezar a filtrar. Ahora también sumamos entrevistas, lo que cambió mucho la dinámica. De a poco encontramos nuestro estilo, nos divertimos e incluso vemos el impacto en la calle; mucha gente nos habla del programa, más allá de los números.
—Siguen manteniendo la “picardía” propia pese a los nuevos límites. ¿Cómo lo logran?
—Obvio, nadie nos puede quitar la esencia. Nuestro humor tiene eso picante y natural. Aunque en tele no podemos hacer lo del teatro, tratamos de conservar la chispa.
—¿Recibiste alguna reacción inolvidable por algún chiste o situación en teatro?
—En el teatro somos cuidadosas, no nos metemos con el público porque puede ser un caos, sobre todo con mil personas en el Nacional. Lo que sí pasa es que a veces decimos cosas muy graciosas en el teatro, pero si las subís a redes pueden tomarse mal porque salen de contexto. Ya nos pasó: subimos un recorte y alguien, un famoso, se ofendió. No te voy a decir quién es porque nadie se enteró. Nos llamó directamente y lo bajamos enseguida. Es el riesgo de que el humor, fuera de su entorno, pierda sentido.
—¿Cómo lidian con esos riesgos en la era digital?
—Simple: mucho cuidado al elegir qué subimos. Sabemos que el lenguaje de las redes es distinto y hay cosas que solo funcionan cuando todos están en la misma sintonía. Con humor negro, sobre todo, hay que estar atentos a no herir.

—Hablando de tu papá, Jorge Guinzburg, ¿cómo vivís el peso del apellido y tu propia independencia profesional?
—Siento que hice mi propio camino. Ya van más de 20 años trabajando y toda mi carrera fue sin mi viejo, que falleció en 2008. Eso no quita que me llene de orgullo cuando lo recuerdan con cariño en el medio. No busqué nunca imitarlo ni podría hacerlo, pero no reniego de mi apellido, al contrario: estoy muy orgullosa.
—¿Te inspiran algunos consejos o miradas de Jorge en tu faceta de entrevistadora?
—No busco copiarlo ni repaso sus entrevistas, pero sí me acuerdo de consejos sobre escuchar al entrevistado, que es lo básico para una buena charla. Viéndolo trabajar aprendí mucho y lo valoro.
—Con un ritmo tan intenso de compromisos, ¿cómo manejás tu vida personal y la exposición?
—Por suerte puedo salir a la calle y hacer mi vida normal. Me gusta tener contacto con el público, recibir el cariño de quienes agradecen que los hagas reír. Lo difícil es el poco tiempo libre; entre “Las Chicas de la Culpa”, las funciones de “Casual” y las grabaciones para tele, no tengo un día de descanso. Es más, ahora termino esta entrevista y tengo una reunión.

—El grupo Las Chicas de la Culpa es famoso por su trabajo en equipo y amistad. ¿Esa unión es real fuera del escenario?
—Es así, somos muy amigas y eso hace posible el éxito. Tuvimos diferencias, claro, pero las resolvimos. Venimos de una gira espectacular por Europa y hasta nos tomamos vacaciones juntas. Ahora estamos nominadas al Martín Fierro por la televisión y ya alquilamos una habitación para prepararnos juntas. Para que podamos divertirnos y decirnos lo que nos decimos en el grupo tiene que haber verdadera amistad.
—En las giras y funciones internacionales, ¿qué diferencias notaste con el público y el humor local?
—En Ámsterdam y Londres el público era latino, pero en España el 80% eran españoles, algo que nos sorprendió y nos encantó. El humor es universal, todos nos reímos de lo mismo aunque algunos públicos sean más tímidos. Como pasa acá también: en algunos lugares en el interior tardan un poco en soltarse, pero después es igual.
—¿Tienen que ajustar mucho el lenguaje o los códigos del humor dependiendo del público?
—Sí, con Las Chicas de la Culpa nos pasa seguido que alguna palabra no se entiende afuera. Entonces preguntamos: “¿Esto se entiende?”, y buscamos adaptarnos sobre la marcha. A veces, como público, te perdés alguna palabra, pero el contexto hace que todos nos entendamos.
—¿Cómo vivís la nominación al Martín Fierro? ¿Tenés algún discurso preparado para la ceremonia?
—No, nunca prepararía un discurso. Estar nominada ya es muy lindo, es un reconocimiento. El lunes iremos a divertirnos, a celebrar y ojalá ganemos, porque siempre está bueno ganar.
Fotos: Rosario González del Cerro
malena guinzburg
CHIMENTOS
Yanina Latorre harta de las caras que pone Maru Botana al probar en la comida en MasterChef: «Asco, es una…»

Una de las condiciones fundamentales para evaluar un plato en una competencia gastronómica parece haber quedado bajo discusión en MasterChef Celebrity. Al menos así lo entiende Yanina Latorre, quien puso la lupa sobre el desempeño de Maru Botana y lanzó una crítica que no pasó inadvertida: cuestionó que la cocinera no muerda las preparaciones de los participantes al momento de degustarlas.
La conductora eligió el espacio de El Observador 107.9 para desarrollar su mirada y dejó en claro que no se trataba de una observación menor. Su planteo apuntó directamente a la función que cumple Maru dentro del certamen y a la responsabilidad que implica juzgar el trabajo de los concursantes.
“Para probar la masa y el relleno tenés que morder. No soy la única que lo vio”, sostuvo Yanina, aludiendo también a las numerosas reacciones que despertaron esas imágenes en las redes sociales. Para ella, la degustación no puede quedar reducida a un gesto superficial: requiere probar aquello que después se va a evaluar.
Pero la crítica no terminó ahí. Con su habitual estilo frontal, Latorre fue todavía más lejos y cuestionó sin rodeos la actitud de la cocinera. “Es una maleducada. O te da asco o tenés un problema con la comida. No podés ser jurado”, disparó, en una declaración que volvió a ponerlas en veredas opuestas.
YANINA LATORRE FULMINÓ A MARU BOTANA
El comentario adquirió otra dimensión por tratarse de dos figuras que arrastran diferencias desde hace tiempo. Esta vez, sin embargo, el foco no estuvo puesto en una vieja disputa personal, sino en una situación puntual del reality de Telefe que Yanina convirtió en motivo de cuestionamiento público.
La conductora también quiso dejar en claro que sus observaciones no respondieron a una animosidad selectiva contra Maru. “Yo fui fuerte con todos. Dije quién me gustaba y quién no me gustaba”, explicó, en referencia a sus opiniones sobre los distintos participantes de la competencia.
Así, una cuestión tan elemental como probar la comida terminó convirtiéndose en un nuevo frente de discusión alrededor de MasterChef Celebrity. Y Yanina, fiel a su estilo, no necesitó demasiadas vueltas para expresar lo que pensaba: para ella, quien tiene la responsabilidad de juzgar un plato debe estar dispuesto a degustarlo como corresponde.
Yanina Latorre
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Silvia Pérez: «Siempre voy a ser una chica Olmedo, hasta el último día de mi vida»

Hace casi cuarenta años, Silvia Pérez supo que esa etiqueta no se borra. Fue chica Olmedo, y lo será —dice ella misma, entre risas— “hasta el último día de mi vida”. Pero en ese tiempo que va desde los sketches que hoy se viralizan en TikTok hasta el presente, construyó otra carrera: estudió con los mejores maestros, produjo su propio teatro, trabajó con Francis Ford Coppola, protagonizó la película que considera “la de su vida” y se convirtió en profesora de yoga y meditación. Ahora, Silvia Pérez vuelve a la Calle Corrientes con 8 Mujeres, la comedia de misterio de Robert Thomas que dirigirá José María Muscari, y lo hace con una certeza que, según cuenta, le costó años alcanzar: ya no le importa probarle nada a nadie.
La convocatoria de Muscari llegó en el momento exacto. Pérez acababa de desear, “desde adentro”, volver al teatro comercial después de años en el circuito alternativo. El director la contactó casi al mismo tiempo y le propuso repetir el rol que ya había hecho quince años atrás en la misma obra: Regina, la cuñada que nadie esperaba y que llega a revolver una casa repleta de secretos. “Le dije: re, quiero, estoy. Ni lo pensé”, recuerda. Muscari les había escrito ese mismo día a las seis actrices que ya habían hecho la obra —las otras dos integrantes originales, Norma Pons e Hilda Bernard, fallecieron—, y en menos de dos horas todas habían respondido que sí. Para él, cuenta Pérez, fue una señal.
El elenco lo completan Marita Ballesteros, Cecilia Dopazo, Emilia Mazer, María Leal, Linda Peretz, Juana Repetto y Mónica Villa. 8 Mujeres se estrena el 8 de octubre en el Teatro Multiteatro (Corrientes 1283), con funciones de jueves a domingos.

— ¿Por qué quisiste volver al teatro comercial ahora?
— Hacía muy pocos días que había pensado o deseado, desde adentro mío, volver a hacer teatro comercial, porque hace años que estoy haciendo teatro alternativo. Y dije: “Ay, qué ganas que tengo de hacer una obra comercial”. Eso pasó, y justo me llama Muscari y me dice: “¿Quisieras hacer de nuevo? Estoy viendo de hacer 8 Mujeres”. Le dije: “Re, quiero, estoy”. Ni lo pensé. Y me dio mucha alegría, primero porque es una obra que fue muy bien, que disfruté mucho. Era muy lindo estar con un elenco tan maravilloso, de tantas actrices tan talentosas. Nos llevábamos muy bien. Fue todo un momento muy lindo.
— ¿Cómo fue la reacción de todo el elenco cuando Muscari las convocó?
— Ese mismo día nos llamó a las seis de las ocho que ya lo hicimos, porque Norma Pons y Hilda Bernard no están más en este plano. Y en menos de dos horas, las seis le contestamos que sí, que queríamos hacerlo y que podíamos. Para él fue como una señal también eso, porque no sucede muy a menudo.
— Todas van a hacer los mismos personajes de hace quince años. ¿Cómo se resuelve eso con el paso del tiempo?
— Es una apuesta tan atípica y tan singular, tal como es Muscari. La obra es atemporal, la apuesta que está haciendo es atemporal. Mi personaje especialmente podría tener este cambio de edad sin que le afectara. Por ahí Cecilia lo dice porque ella era la hija mayor de la familia, una chica que está estudiando en un colegio, entonces por edad no cerraría. Pero lo que está planteando Muscari es maravilloso, ¿entendés? Porque todas estamos haciendo los mismos personajes que hemos hecho.

— ¿Qué podés adelantar de tu personaje, Regina?
— Es la hermana del hombre en cuestión, alrededor del cual gira toda la obra. Llega sin que nadie la espere y genera más intriga, más lío del que ya hay. Es una comedia, fundamentalmente, y eso es muy importante decirlo. Una comedia donde nos reímos de cosas muy profundas, porque te vas a ir pensando. Su sexualidad es parte de lo que la obra plantea: podría decir que es lesbiana, pero también cuenta que sale con hombres, así que podría ser bisexual. Eso es lo que escribió Robert Thomas: temas tan vigentes hoy —la sexualidad, el poder del dinero en los lazos familiares, los vínculos, la psicología de cada personaje— tratados con una mirada de avanzada. Y en cada escena sospechás de una de estas ocho mujeres, creés que vas por ahí, y en la siguiente escena te cambia todo. Está llena de secretos, de mentiras, de intrigas. Vamos descubriéndonos unas a otras.
— ¿Cómo es trabajar con Muscari, a dónde llega en sus búsquedas?
— Es distinto a todo, por lo menos para mi experiencia. Es una persona disruptiva, está constantemente creando. Cuando tuvimos la primera lectura dijo que la obra estaba bien, que no necesitaba adaptarla. Y hoy es casi otra obra: continuamente nos va agregando gags que se le ocurren en el momento y le dicta a su asistente, y vos a veces decís: “¿De dónde lo saca?”. Sabe muy bien lo que quiere y tiene esta singularidad de marcar una coreografía actoral además de la puesta. Yo voy por lo que él me dice, sé que tiene certeza y lo pruebo de una. Y por otro lado es sumamente contenedor y amoroso con cada una de nosotras. Te dice todo lo que tenés que escuchar sin ningún prurito, pero siempre con una palabra alentadora primero. El objetivo que planteó el primer día fue: “El objetivo es ser felices”. No habló de que salga bien la obra. Y estamos yendo por ese objetivo todo el tiempo.
— ¿Y cómo construyen la complicidad siendo ocho actrices, con todo lo que implica compartir camarines y escenas?
— No hay ningún tipo de tensión. De hecho, no la hubo hace quince años tampoco. Hay algo espontáneo que surge entre nosotras que nadie se está proponiendo. Nadie está siendo bueno ni cuidando al otro de manera forzada, es algo que surgió solo. Y que Juana Repetto venga con su bebé de seis meses lo suma más todavía. Todos estamos pendientes. Además, de alguna manera todas nos conocemos: somos actrices de trayectoria, conocidas también por la televisión. Haber juntado a ocho actrices de tantos años de recorrido es algo bastante significativo.

— Es inevitable hablar con vos de tu época de chica Olmedo. ¿Qué sentís cuando surge el tema?
— Sé que es inevitable. En ese momento, de hecho tengo libros escritos donde cuento esto, era muy la frase: “sin darme cuenta”. Porque yo necesitaba mucho trabajar —mantenía a mi hija yo sola— y lo primordial era que estaba trabajando y me sentía muy agradecida de tener trabajo siempre. El tema de ser sexy, salir en tapas de revistas, la ropa interior y todo eso, para mí era como un accesorio de mi trabajo. Hoy lo pienso y me tengo mucho amor y cariño, porque realmente soy una luchadora, una guerrera, siempre fui para adelante. Siempre defendí mis valores. Nunca hice nada que no quisiera hacer. Me quedé sin trabajo por esa situación en algunos momentos, pero gracias a Dios siempre pude seguir adelante.
— ¿A qué te referís con que te quedaste sin trabajo por defender tus valores?
— Algunas veces tuve problemas con productores, no quería aceptar lo que me proponían y me echaron de programas. Eso sucedía antes un montón. Lo que pasa es que ahora, por ejemplo, se puede decir y lo están contando, se puede considerar un delito, pueden hacer que no trabajes más. Pero esas cosas sucedían en ese momento. Yo pensaba que siempre me iba a ir bien si seguía mis principios, y de hecho me fue bien. La pasé mal en muchos momentos, pero siempre seguí trabajando.

— También trabajaste con Jorge Porcel, y en las últimas semanas se habló mucho de lo que pasaba a su alrededor. ¿Qué recordás de esa experiencia?
— Mirá, en una oportunidad Gerardo Sofovich me hizo reemplazar a Luis Albinoni en “La peluquería” y trabajar con él, y él me la hizo pasar muy mal. No tuve ningún problema porque me haya faltado el respeto físicamente, aunque de alguna manera, si no me miraba cuando yo le hablaba mientras grabábamos, era una manera de faltar el respeto. Y después, cuando ya había muerto el Negro, hicimos una película en homenaje a él, El profesor Punk, que la pasan a cada rato ahora, y no tuve ningún inconveniente con él. Yo siempre me hice respetar. Lo que pasa es que a veces a la gente no le gustaba eso, y pagabas las consecuencias.
— Más allá de la figura popular que conserva el público, ¿qué lugar ocupa Olmedo en tus recuerdos personales?
— Muy importante en lo laboral y en mi profesión. Después de su muerte fui a estudiar teatro con casi todos los maestros que existen acá, terminando con Gandolfo. Pero la realidad es que yo aprendí a ser actriz al lado del Negro. A estar presente en el escenario, en una grabación, a estar pendiente de lo que iba a decir, que no se sabía nunca. Era como una escuela de teatro. De hecho, una vez en el escenario me tiró en el sillón y me dijo: “Si esto no es una escuela de teatro, ¿qué es?”. Ahora, últimamente, cuando salgo al escenario me da fuerza recordar eso. Digo: “Yo puedo”. Y después en el plano personal, más allá de recordarlo por su genialidad, hubo un costado difícil y duro que tiene que ver con el ser humano, con ese vacío que uno puede sentir más allá de tener todo aquello que el mundo considera que necesitamos —la fama, el dinero—, que a veces si tu corazón no está bien y tenés una niñez difícil, es difícil la vida. Me parece importante recordar eso.

— ¿Hubo algo de eso? Porque vos has hablado de que mantuvieron una relación fuera de la exposición pública. Hoy a la distancia, ¿entendés por qué fue?
— Sí, entiendo por qué fue, pero me parece que no es tampoco para decirlo en una nota. Yo era muy chica. Me sentía como que era muy grande, pero tenía 31, 32 años. Y había muchas situaciones donde me sentía como que quería salvar situaciones, sin conocer ni siquiera quién era yo y qué podía hacer con mi vida. Pasaron algunas situaciones que no amerita volver a recordar en este momento.
— ¿Y eras vos la que quería mantener esa relación en reserva?
— No sé si llamarla una relación tampoco. Sí puedo decirte lo que significó, sobre todo profesionalmente. La muerte de él me hizo pensar en mí, en quién soy, en qué quiero, y en algo que a veces se pierde de vista en este mundo, que tiene una velocidad de tren bala.
— ¿Cómo fue la transición después de su muerte, el proceso de reinventarte como actriz?
Durante mucho tiempo no me llamaron para trabajar porque todo el mundo tenía la imagen de Olmedo al lado mío. Eso fue muy duro y me hizo empezar a estudiar teatro y a pensar qué quería. El primer proyecto que hice fue mío: El último pasaje, una obra de Marise Monteiro que produje yo, con mi hija y con Alejandro Odara. Me ayudó mucho Carlos Gandolfo a ver qué quería hacer y qué era lo que la gente podía recibir después de haberme visto en esa etapa. Elegí una comedia dramática. Después, de a poco, sobre todo los autores y guionistas jóvenes que miran sin tanto prejuicio, empezaron a llamarme. Como Anahí Berneri, que me dio la película de mi vida con Encarnación. Después tuve la posibilidad de trabajar con Coppola cuando vino a hacer acá su película. Hice una película italiana también con Alessandro Gassmann. Y así empecé de nuevo, de a poco.

— A partir de la muerte de Olmedo también te volcaste al yoga, la meditación, la respiración consciente, los viajes a la India, ¿todo eso lo seguís manteniendo?
— Sí, lo mantengo. Soy profesora de yoga y de meditación, de hecho lo hice dos veces. Fue una manera de acercarme a mí, porque estaba bastante alejada de mí. Como bien te dije, no me daba cuenta de nada: agradecía tener trabajo, pero nunca pensé en mi carrera, en qué quería para mí como actriz. Tenía un trabajo y lo agradecía, lo aceptaba, lo elegía, lo necesitaba. Empecé a pensar qué quería, y me llevó bastante tiempo.
— Tus sketches con Olmedo, el de Borges y Álvarez sobre todo, se viralizan en TikTok, X e Instagram casi cuarenta años después. No le sucede a mucha gente esa permanencia. ¿Qué te pasa con eso?
— ¡Y pensá que van a ser casi cuarenta años! Hoy estoy reconciliada con todo eso y sé que siempre voy a ser una chica Olmedo hasta el último día de mi vida. Y lo agradezco. Cada vez que entro a un ensayo y un técnico me dice “uy, anoche te vi”, o cuando por ejemplo fui al programa de Jey Mammon, que estaba Walter Nelson y dijo “te vemos siempre”… Todos siguen viendo esos sketches. Y eso es hermoso. Estoy muy agradecida.
Silvia Pérez,díptico,retrato
CHIMENTOS
Lourdes Sánchez rompió el silencio y habló de su infidelidad con un rugbier que causó la separación del Chato Prada: “Vivía una agonía”

Se esfumó por el aire y ese sentimiento se disipó como partículas volando por el viento. Ya no vibran en la misma sintonía, aquella frecuencia que los conectaba se estropeó. Lourdes Sánchez y Chato Prada ejecutaron la compleja decisión de romper su pareja.
Tras dieciséis años de caminar por el mismo sendero, que incluyó la configuración de una familia con su pequeño de diez años, los famosos disolvieron su matrimonio. La posibilidad de desentenderse cabe para todo el mundo, aunque en esta historia apareció un factor clave: una infidelidad.
La confirmación de la separación brotó en LAM, de la mano de Ángel de Brito, que se erige en una palabra autorizada por el vínculo estrecho que profesa con ambos protagonistas. «No creo que quieran hablar, es una historia complicada. Ella está en Corrientes, hace un año y medio que es directora de cultura. Va y viene, por eso se la ve poco en los medios. Finalmente están separados después de 16 años de relación. Se acabó el amor«, arrancó.
Lejos de endulzar la trama, el conductor de América TV no dudó en contar la arista más controversial de esta ruptura. «Lourdes está teniendo una relación con otra persona, hace cuatro meses, hay una infidelidad de por medio«, describió el periodista.
LOURDES SÁNCHEZ HABLÓ DE SU SEPARACIÓN
Tras aportar fotos del joven de 27 años que ofició de tercero en discordia, en el programa se produjo el derecho a réplica de Sánchez, quien se comunicó con Ángel y contó una verdad muy sensible. “Lamento que no hablamos antes Ángel. No estoy triste, estoy triste por mi hijo”, admitió.
Sánchez exteriorizó una discursiva singular, que nadie avizoraba, dado que se lanzó a explicar su padecimiento en el matrimonio. “Hace años que estamos tratando de remontarla. Se apagó el amor hace tiempo”, añadió y cerró con la frase más resonante: “Vivía una agonía”.
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