CHIMENTOS
Malena Guinzburg: “Quiero dedicarme a esto toda la vida”

A los desafíos del teatro de elenco se suma el nombre propio de una figura ya consolidada: Malena Guinzburg sigue ampliando su camino en los escenarios argentino. Ahora forma parte del elenco de “Casual”, comedia que explora vínculos y contradicciones actuales en la cartelera porteña. Hija de Jorge Guinzburg, reconocida por su trabajo en stand up y en el grupo Las Chicas de la Culpa, Malena cruza con naturalidad la frontera entre el humor individual, la actuación en grupo y la televisión, impulsando una voz propia en el mundo del espectáculo.
El estreno de “Casual” marcó un nuevo desafío para Guinzburg, que alterna las funciones en el Multiteatro de Buenos Aires con giras, televisión y sus proyectos con Las Chicas de la Culpa. La comedia, escrita por Federico Viescas y dirigida por Pablo Fábregas, aborda identidades y vínculos en la era digital a través de descubrir los secretos de un celular. Con un elenco que integran Carlos Belloso, Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich.
Con funciones semanales a cuesta y una reciente nominación al Martín Fierro con Las Chicas…, la artista conversa sobre temores, aprendizajes y autenticidad en diálogo con Teleshow.

—En “Casual” das un salto importante al teatro de elenco tras muchos años de stand up. ¿Cómo viviste este proceso y qué aprendizajes te dejó?
—Fue un cambio enorme para mí. Ya el primer desafío fue modificar totalmente mi manera de actuar: dejar de ser yo misma, como en el stand up, y pasar a aprenderme una letra, a componer un personaje con cuarta pared. Sentí muchos miedos e inseguridades, sobre todo por compartir escenario con actorazos como Diego Gentile y Carlos Belloso. Una semana antes de estrenar lo agarré a Pablo Fábregas, al director, y llorando le dije: “Soy malísima”. Y me respondió: “Dejá de hinchar las bolas, divertite”. Me animó a disfrutar y hoy estoy muy feliz. Quiero que la vea todo el mundo y ahora siento mucho orgullo.
—¿Te planteaste en algún momento posponer tu carrera como humorista por este desafío?
—Soy medio cagona evidentemente. Tuve el temor de alejarme un poco del stand up, que venía funcionando bien y donde quería armar otro unipersonal, pero las ganas de hacer algo nuevo ganaron siempre. El proyecto, la obra, el elenco y el director me gustaban mucho más que cualquier miedo. Además, sigo con Las Chicas de la Culpa, así que el deseo pesó más que la inseguridad.
—¿Sentís que esta experiencia abre nuevas puertas en tu carrera actoral?
—Ojalá. Me divierto mucho. Al principio dudaba si hacer seis funciones por semana, repitiendo el mismo texto, me iba a aburrir. Pero no me faltaron ganas ni un solo día, siempre encontré cómo hacerlo de una forma nueva. Ahora quiero dedicarme a esto toda la vida.

—La trama de “Casual” gira en torno a los secretos y lo privado en la vida actual. ¿Te identificás con esta temática?
—Creo que, como todos, tengo algunos secretos. Mi Depende quién encuentre mi celular, tal vez pueda ver cosas que preferiría que no. Mi novio tiene mi clave, no oculto nada grave, pero me daría vergüenza que vean charlas tontas, como mis preguntas al ChatGPT por un grano o alguna playlist de música y que me digan “qué grasa”. Son esas “microvergüencitas” que uno no quiere mostrar. Eso sí: en mi vida de pareja no reviso celulares ni oculto nada, pero reconozco que soy algo chusma, incluso con los amigos.
—¿Creés que hoy el celular es literalmente nuestra extensión, como muestra la obra?
—Totalmente. Si alguien analiza tu celular puede saber todo: en qué gastás, qué hacés, cuánto tiempo pasás con cada cosa. Es como la caja negra de quiénes somos.
— Y en el Instagram de tu novio, ¿no mirás si alguna chica le pone un corazoncito, por ejemplo?
—No, igual, la verdad que mi novio casi no usa las redes sociales. Cero, cero, cero. Las usa por laburo nada más. No me da esa ni esa chance. A ver, tampoco me quiero hacer la recontrasuperada en la vida. Tal vez si yo viera que sí pasa eso de: “Che, siempre te pone corazones”, no haría ningún escándalo, pero miraría para ver quién es, ¿entendés?

—Con Las Chicas de la Culpa saltaste del teatro al horario central de los domingos en El Trece. ¿Cómo fue esa adaptación del humor al formato televisivo?
—Entendimos desde el comienzo que eran dos cosas distintas.En el teatro somos muy zarpadas, podemos hablar de todo sin filtro. En la televisión, los domingos a las 21 horas, ni siquiera es después del horario de protección al menor, así que tuvimos que armar un código propio y empezar a filtrar. Ahora también sumamos entrevistas, lo que cambió mucho la dinámica. De a poco encontramos nuestro estilo, nos divertimos e incluso vemos el impacto en la calle; mucha gente nos habla del programa, más allá de los números.
—Siguen manteniendo la “picardía” propia pese a los nuevos límites. ¿Cómo lo logran?
—Obvio, nadie nos puede quitar la esencia. Nuestro humor tiene eso picante y natural. Aunque en tele no podemos hacer lo del teatro, tratamos de conservar la chispa.
—¿Recibiste alguna reacción inolvidable por algún chiste o situación en teatro?
—En el teatro somos cuidadosas, no nos metemos con el público porque puede ser un caos, sobre todo con mil personas en el Nacional. Lo que sí pasa es que a veces decimos cosas muy graciosas en el teatro, pero si las subís a redes pueden tomarse mal porque salen de contexto. Ya nos pasó: subimos un recorte y alguien, un famoso, se ofendió. No te voy a decir quién es porque nadie se enteró. Nos llamó directamente y lo bajamos enseguida. Es el riesgo de que el humor, fuera de su entorno, pierda sentido.
—¿Cómo lidian con esos riesgos en la era digital?
—Simple: mucho cuidado al elegir qué subimos. Sabemos que el lenguaje de las redes es distinto y hay cosas que solo funcionan cuando todos están en la misma sintonía. Con humor negro, sobre todo, hay que estar atentos a no herir.

—Hablando de tu papá, Jorge Guinzburg, ¿cómo vivís el peso del apellido y tu propia independencia profesional?
—Siento que hice mi propio camino. Ya van más de 20 años trabajando y toda mi carrera fue sin mi viejo, que falleció en 2008. Eso no quita que me llene de orgullo cuando lo recuerdan con cariño en el medio. No busqué nunca imitarlo ni podría hacerlo, pero no reniego de mi apellido, al contrario: estoy muy orgullosa.
—¿Te inspiran algunos consejos o miradas de Jorge en tu faceta de entrevistadora?
—No busco copiarlo ni repaso sus entrevistas, pero sí me acuerdo de consejos sobre escuchar al entrevistado, que es lo básico para una buena charla. Viéndolo trabajar aprendí mucho y lo valoro.
—Con un ritmo tan intenso de compromisos, ¿cómo manejás tu vida personal y la exposición?
—Por suerte puedo salir a la calle y hacer mi vida normal. Me gusta tener contacto con el público, recibir el cariño de quienes agradecen que los hagas reír. Lo difícil es el poco tiempo libre; entre “Las Chicas de la Culpa”, las funciones de “Casual” y las grabaciones para tele, no tengo un día de descanso. Es más, ahora termino esta entrevista y tengo una reunión.

—El grupo Las Chicas de la Culpa es famoso por su trabajo en equipo y amistad. ¿Esa unión es real fuera del escenario?
—Es así, somos muy amigas y eso hace posible el éxito. Tuvimos diferencias, claro, pero las resolvimos. Venimos de una gira espectacular por Europa y hasta nos tomamos vacaciones juntas. Ahora estamos nominadas al Martín Fierro por la televisión y ya alquilamos una habitación para prepararnos juntas. Para que podamos divertirnos y decirnos lo que nos decimos en el grupo tiene que haber verdadera amistad.
—En las giras y funciones internacionales, ¿qué diferencias notaste con el público y el humor local?
—En Ámsterdam y Londres el público era latino, pero en España el 80% eran españoles, algo que nos sorprendió y nos encantó. El humor es universal, todos nos reímos de lo mismo aunque algunos públicos sean más tímidos. Como pasa acá también: en algunos lugares en el interior tardan un poco en soltarse, pero después es igual.
—¿Tienen que ajustar mucho el lenguaje o los códigos del humor dependiendo del público?
—Sí, con Las Chicas de la Culpa nos pasa seguido que alguna palabra no se entiende afuera. Entonces preguntamos: “¿Esto se entiende?”, y buscamos adaptarnos sobre la marcha. A veces, como público, te perdés alguna palabra, pero el contexto hace que todos nos entendamos.
—¿Cómo vivís la nominación al Martín Fierro? ¿Tenés algún discurso preparado para la ceremonia?
—No, nunca prepararía un discurso. Estar nominada ya es muy lindo, es un reconocimiento. El lunes iremos a divertirnos, a celebrar y ojalá ganemos, porque siempre está bueno ganar.
Fotos: Rosario González del Cerro
malena guinzburg
CHIMENTOS
Qué significa soñar con una casa desconocida y por qué puede decir mucho de vos

Soñar con una casa desconocida puede dejar una sensación extraña al despertar. No es una pesadilla necesariamente, pero sí una imagen que suele quedar dando vueltas: habitaciones que no se reconocen, pasillos nuevos, puertas cerradas o espacios que parecen propios aunque nunca se hayan visto antes.
Desde una mirada emocional, este tipo de sueño no tiene un significado único ni universal. Los especialistas en sueño suelen remarcar que los sueños pueden relacionarse con experiencias recientes, emociones, recuerdos y preocupaciones de la vida diaria. Por eso, más que preguntar qué significa exactamente, conviene mirar qué sensación dejó esa casa: miedo, curiosidad, calma, incomodidad o sorpresa.
En la interpretación simbólica, la casa suele asociarse con el mundo interno de una persona: su identidad, sus vínculos, su historia y las partes de sí misma que conoce o que todavía está descubriendo. Cuando la casa es desconocida, puede representar una etapa de cambio, una necesidad de explorar algo nuevo o una parte emocional que todavía no fue del todo reconocida.
También importa mucho el estado de la casa. Una casa amplia, luminosa o cuidada puede vincularse con apertura, deseo de crecimiento o búsqueda de tranquilidad. En cambio, una casa oscura, abandonada o difícil de recorrer puede aparecer en momentos de incertidumbre, cansancio emocional o sensación de no tener todo bajo control.
Las habitaciones también pueden sumar pistas. Un cuarto cerrado puede sugerir algo que la persona evita mirar; un pasillo largo puede relacionarse con una transición; una casa con muchos ambientes puede expresar confusión, exceso de pensamientos o necesidad de ordenar prioridades.
Qué detalles conviene recordar del sueño
- Si la casa daba miedo o transmitía calma.
- Si estaba limpia, desordenada, vacía o habitada.
- Si había puertas cerradas, escaleras, pasillos o habitaciones ocultas.
- Si la persona entraba por voluntad propia o se sentía atrapada.
- Si aparecían familiares, desconocidos o alguien del pasado.
- Si el sueño se repetía varias veces.
- Qué emoción quedó al despertar: angustia, alivio, intriga o nostalgia.
Soñar con una casa desconocida no anuncia algo concreto ni debe tomarse como una señal literal. Pero sí puede funcionar como una invitación a mirar hacia adentro. A veces, esa casa extraña no habla de un lugar, sino de una parte de uno mismo que empieza a aparecer y pide ser escuchada.
Sueños; Soñar
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Sabrina Rojas, enamorada de Pepe Chatruc: “Hay muchas cosas suyas que me hacen decir ‘¡qué flor de hombre!’»

El año viene redondo para Sabrina Rojas. En lo profesional, Pasó en América —el ciclo que conduce junto a Augusto “Tartu” Tartúfoli— regresa este lunes a la pantalla de América TV, de lunes a viernes a las 23 horas, con formato renovado, panel reforzado y las mismas ganas con las que la dupla se despidió a fin de 2025. En lo personal, el vínculo con el exfutbolista José “Pepe” Chatruc avanza a paso firme y ella ya habla de amor sin titubear: “Me lo estoy permitiendo”, dice con la soltura de quien aprendió a no quedarse donde no tiene que estar.
El regreso de “PEA” —como lo llaman sus seguidores— no fue una decisión menor. Tras despedirse en diciembre pasado con un Martín Fierro en el bolsillo, la productora Corner Contenidos presentó una propuesta firme al canal para relanzar el ciclo, y América TV dijo que sí. El programa vuelve con el mismo espíritu que lo hizo querido: actualidad, humor y entretenimiento en la franja nocturna. Esta vez, Sabrina y Tartu contarán con un panel integrado por Natalie Weber, Martín Salwe, Barby Franco y Ailén Bechara. “Queremos que parezca que nunca nos fuimos”, anticipó la conductora.

La química entre los dos conductores fue, desde el principio, el activo más difícil de replicar. Lo que arrancó en 2024 como un programa de emergencia —sin escenografía, sin panel, pensado para cubrir un bache de mes y medio— terminó convirtiéndose en uno de los productos más estables de la grilla. “La gente nos quiso, nos adoró y nos quedamos un año así”, recuerda Rojas. Ahora, con escenografía, equipo y un Martín Fierro como aval, la apuesta es consolidar lo que ya probó funcionar.
— ¿Qué dinámica nueva va a tener el programa con respecto al ciclo anterior?
— Primero que estamos muy contentos. Me parece increíble que estemos nuevamente a punto de hacerlo de nuevo. Viste que cuando uno se despide de un proyecto, en general se despide para siempre. Es muy raro que vuelvas después de un tiempo con lo mismo. Y estar volviendo es realmente increíble. Estamos todos muy, muy felices y como que todavía no caemos. Tenemos ganas de que sea tal cual fue nuestro programa. De hecho, hasta con la escenografía, que parezca que nunca nos fuimos, que la gente cuando nos vea nos reconozca. No queremos volver con otra escenografía, otra cosa. Queremos el espíritu Pasó en América cien por cien. No va a haber muchos cambios, más que algunas secciones y cosas que también se van generando en el día a día.

— ¿Cuándo te descubriste como conductora?
— Mirá, había hecho cosas de muy chica en Fox Sports como conductora, pero con formatos grabados, cubriendo cosas que sucedían en la nieve, carreras de motocross. Había hecho vivo, pero siempre con coconductores. Nosotras hacíamos más una participación, que era Leo Montero, Gustavo López en ese momento. Yo era muy joven y reconocía un poco ese terreno, si bien no lo había transitado mucho. Después, cuando empecé en A la Tarde con Karina Mazzocco como panelista, estuve muy poquito tiempo porque por una cuestión de horarios se me complicaba. Cuando se lo planteé al canal, Fer Merlini y Liliana Parodi me dijeron: “Nosotros te queremos hace un montón en el canal y ahora que te tenemos no te queremos perder”. Había un piloto para hacer y me dijeron: “¿Te animás a conducir?”. Y yo, a esta edad, sentí que sí, que lo podía hacer. Le dije: “Sí, hagámoslo”. Hicimos varios pilotos con distintos conductores y finalmente lo terminé haciendo con el Tucu López, que fue un programa que duró seis meses los fines de semana. Ya ahí sentí que era un lugar que me estaba gustando. Tener buenas críticas de Liliana y de Fer, con muchas cosas por pulir, me hizo pensar: “Este puede ser un terreno”. La gimnasia que te da el diario hace que te curtás mucho más, y eso llegó con Pasó en América. Era un proyecto muy corto, nos lo aclararon. No teníamos escenografía, éramos Tartu y yo, sin panel. Y no sé, la gente nos quiso, nos adoró y nos quedamos un año así. Al segundo año nos agrandaron, nos pusieron escenografía, panel y demás.
— ¿Te temblaban las patitas la primera vez que condujiste sola SQP, cuando reemplazaste a Yanina Latorre por sus vacaciones?
— Sí, el primer día sí, porque estoy acostumbrada a mirar de costado y tener a Tartu. Entonces, si bien estaba segura de que lo podía hacer, tenía una adrenalina que me hizo temblar las patitas. Y aparte esto de prender la tele y no ver a Yanina, descubrir que hay otra persona. Fue un desafío que también hizo que se vea que lo puedo hacer sola. Ahora justamente estoy llegando al canal a reemplazar a Yani, que una vez más confió en mí para dejarme su lugar mientras ella se va de vacaciones. Todo ese desafío te enseña: hace que o sigas o desaparezcas, pero te enseña.

— Nombraste varias veces la frase “a mi edad”. Venías de una carrera como modelo que en algún punto tiene un techo. ¿Era esto lo que soñabas?
— En realidad me veía más como actriz. Hice mucho, mucho teatro, mucha comedia. Entonces creía que iba a ir por ahí lo mío con el paso del tiempo. Esa conductora que vi pasar en la juventud no se me había ocurrido. Pero también digo “a mi edad” porque no es lo mismo hacer un personaje en una comedia dirigida por un director que arrancar un programa en vivo y tener que pilotear con un productor que te habla por el auricular, con cosas que fallan en el momento, tratando de traspasar la pantalla para que el que te está mirando se quede. Creo que si esa oportunidad se me hubiese presentado unos años atrás, por una cuestión de inseguridades mías, no hubiese estado igual de plantada. Me llegó en el momento que me tenía que llegar, ya siendo una mujer mucho más plantada en la vida, con mucho más recorrido, con cosas más vividas y con una seguridad que hace que me pueda plantar sola, mirar a cámara y empezar un programa en vivo.
— Estás en un programa diario sobre espectáculos y farándula, y tu propia vida personal también es noticia. ¿Cómo manejás eso?
— Un día, siendo panelista en el programa de Karina Mazzocco, me di cuenta de que mi opinión era portal. Que tal vez algún compañero o compañera opinaba sobre un tema de manera más picante que yo, pero no lo replicaban. No sé bien qué es ni por qué. También como conductora, muchas veces digo algo y se replica, y a lo mejor hay conductoras maravillosas y superexitosas, pero no las replican en los portales. Pero también, a mis 46 años, me resbala a un nivel que digo: “Guau”. Lo pienso y digo: “Qué espectacular esto que pasa”. Soy una mujer que con mi exmarido tuve guardias durante meses en mi casa, durante años, donde cualquier cosa que pasara de mi vida privada lo levantaban en los programas, y ahora estoy del otro lado. Entonces hay una parte que entiendo, porque a veces yo debo estar haciendo o diciendo cosas que no me han gustado que digan de mí, y yo con algún tema estoy opinando de la misma manera.

— Pasemos al terreno personal. ¿Qué te enamoró de Pepe Chatruc?
— Ay, un montón de cosas.
— ¿Ya se puede hablar de amor, no?
— Sí, se puede hablar de amor. Hace muy poco que estamos y siempre digo paso a paso, y soy consciente de que se puede terminar mañana por cualquier cosa de la vida, porque uno se desenamore o por lo que sea. Pero sí, lo estoy viviendo muy tranquila y me lo estoy permitiendo. Entonces sí puedo hablar de amor. Hay muchas cosas que me enamoraron. No me había pasado con nadie de registrar tantas cosas lindas que decís: “Ay, qué espectacular este hombre”. En él encontré un hombre muy íntegro, y eso me encanta y me seduce. Tiene de todo un poco, que es como difícil de encontrar. Es un hombre inteligente, con sentido del humor, con sentido común, culto, divertísimo, muy bien plantado en la vida, profesional, buen papá. Hay un montón de cosas de Pepe que hacen que lo admire y que diga: ¡guau, qué flor de hombre este!
— Han dicho: “¿Qué le vio a Pepe Chatruc?”. ¿Qué respondés a eso?
— Sí, pobre mi alma (ríe). Si miramos en la farándula hay un montón que están robando. No sé por qué se la agarraron justamente con Pepe, porque no todas salen con Brad Pitt. Al contrario, me parece que en vez de registrar y decir: “Qué bueno que no todo es lo estético”, más allá de que yo lo veo guapísimo y que tiene toda esa cosa de morocho y linda sonrisa que me gusta. Porque primero, por supuesto, te tiene que atraer físicamente. Aparte tiene un lomazo Pepe, lo que pasa es que es un tapado, no se muestra, pero tiene exactamente el mismo cuerpo de cuando jugaba al fútbol. No se puede creer. ¿Viste cuando jugaba y se sacaba la camiseta? Te digo, está mejor que antes. Y también me gusta que, de manera unánime, cada persona de distintos rubros que lo conoce me habla muy bien de él.

— ¿Pudiste volver a confiar en un hombre?
— Sí, eso se construye con el tiempo. No me lo permito yo tampoco. No podría estar con una persona que hoy me genere un ruido. Hoy tengo la facilidad de soltar fácil y rápido. Hay cosas que ya no las busco. O sea, si no están, no hay relación. No pierdo un minuto de mi vida en algo que no va o en algo que me genere algún tipo de ansiedad.
— ¿Lo perdiste en algún momento? ¿Te quedaste cuando no te tenías que quedar?
— Sí. En todas mis relaciones me quedé más tiempo del que me tenía que quedar. En todas, desde que era muy joven. Por los hijos, ni hablar, cuando tenés familia hasta se justifica más. Pero en otras relaciones que no tuve hijos en común también me quedé más de lo que hacía falta. En alguna relación, un añito antes me hubiese ido. Ahora no estoy para estar ni siquiera un mes en algo que me pueda llegar a generar ansiedad. En el caso de Pepe, es lindo saber que estás con una buena persona, más allá de que yo no buscaba estar en pareja. Y eso hace que una registre más cómo quiere estar. Porque la verdad, cuando estás desesperada por estar en pareja, cualquier cosa te viene bien, pero cuando estás bien con tu soledad estás más atenta a todo.
— En un momento hasta dijiste que a Pepe lo apuraste un poquito en la primera cita…
— Sí, él venía medio lento. Yo lo miraba y creo que él miraba para atrás como diciendo: “No me está mirando a mí, debe estar mirando al de atrás”. Era como: “¿A mí?” “Sí, a vos”. Tuve que tirar muchas señales antes para que se diera cuenta. Si hacés una nota con él, tal vez te lo discuta, pero yo tuve que insistir bastante.
— ¿Cómo está hoy tu relación con Luciano Castro?
— Bien. Luciano y yo siempre vamos a tener idas y vueltas como cualquier familia. Hay momentos en los que tenemos más diálogo y podemos compartir algún momento familiar, momentos donde no tenemos ganas de vernos. Pero ahora estamos en un buen momento, está todo mucho más tranquilo. Son relaciones muy de familia: cuando tenés un hermano, un padre, hay veces que te llevás mejor y veces que te llevás peor. Y son vínculos que no se pueden cortar, porque al tener niños no podés decir: “No lo quiero ver más”. No es lo que quiero para mis hijos, que vean una mamá y un papá que no se saludan, que no se hablan, que no pueden hacer un chiste y reírse. Aún en nuestros peores momentos, nunca caímos en una cosa como tal vez Cubero y Nicole, de tener que tener abogados, no poder hablar entre nosotros algún problema de nuestros niños, no poder decir: “Te lo llevo”, “Dale, buscalo”. Eso no se cortó nunca, pero sí, ahora estamos mejor.

— Cuando él tuvo infidelidades con Flor Vigna o con Siciliani, vos posteabas con cierta ironía. Pero cuando lo internaron, te llamaste a silencio y cubriste a la familia. ¿Cómo lo manejaste puertas adentro con tus hijos?
— Nunca hablé del tema. Porque a veces dicen “qué brava que sos”, y el tiempo lo único que hace es demostrar que yo puedo hablar de infidelidades y de cosas más superficiales. Si bien una infidelidad te puede lastimar el autoestima, te genera cosas, pero de las cosas mucho más profundas nunca hablé públicamente. Puedo contar si fue un buen marido conmigo, puedo opinar si le fue infiel a otra porque yo viví lo mismo. Pero no de cosas tan íntimas que para mí ni siquiera deberían tratarse públicamente… El otro día escuchaba las noticias sobre el cocinero, (Christian) Petersen, y yo pensaba: “No sé si es necesario contar algo tan íntimo de cómo él llegó a la clínica”. Me parece que tenemos que dejar que las personas vivan su intimidad así, de manera íntima. A mis hijos los protejo, no sé cómo hago, pero lo hago. Y después, por supuesto, se los sienta, se les cuenta la verdad y se les enseña. Porque estas cosas enseñan y también no hay que tener vergüenza ni nada. Son cosas y situaciones que hay que apoyar y cuidar. La familia siempre está. Las parejas vamos a pasar y van a pasar, pero la familia es la que está.
— ¿Sentís que fuiste la única de sus ex que no le soltó la mano?
— No lo siento, es así. Pero tengo hijos en común. No puedo juzgar, porque creo que si no los tuviese, quizás hubiese dicho: “No sé, es tu problema”. No sé si hay relación o preocupación de los otros lados, no tengo idea, no pregunto. Pero si fuese así, no juzgo, porque yo, tal vez si no tuviese hijos en común, cortaría totalmente el vínculo. Cada uno con su vida.
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La obsesión de Diego Ramos por los colores y el orden: “Ser simple lo hace más complicado“

Dicen que con el paso del tiempo uno se pone más mañoso. O tal vez, con más costumbres y una personalidad bien marcada. Y tal vez sea ello lo que le sucedió a Diego Ramos quien, de un tiempo a esta parte, optó por ver el mundo en solo dos colores. Al menos, eso dejó en claro en estas horas.
El actor y conductor visitó los estudios de Otro día perdido y en ese contexto profundizó sobre ese fanatismo extremo que tiene por esos dos colores en particular. “Sos muy ordenado. Sé que tenés una obsesión por el blanco y negro”, le marcó Mario Pergolini.
A lo que Ramos reafirmó: “No es una obsesión, es una tranquilidad”. Luego de que el presentador y animador de ciclo de El Trece le recordara que hasta llegó a pintar un árbol de navidad en esos dos tonos, en su defensa el actor lanzó: “Sí, pero mirá lo lindo que queda”.
“Yo era un tipo de color. Me revestía. Me aburrí de combinar. Es más fácil blanco y negro: todo me combina. Soy más del negro. Desde las 7 de la mañana a la noche, si estás de negro estás bien”, argumentó Diego, defendiendo su obsesión.
DIEGO RAMOS NO VE LA VIDA EN COLORES
Finalmente, recordó un contenido que estaba grabando dentro de su hogar y sumó: “El otro día hice un video de mi cocina y estaba la frutera. Y dije: ‘Qué lástima la fruta de color’. No combinaba…”. Al escucharlo, Pergolini le dijo que tenía problemas, ya que también era complicado para comer.
“La otra vez me di cuenta que ser simple, o lo que yo considero ser simple, es complicado. Porque voy a un restaurante, por ejemplo, y digo: ‘Dame una pechuga de pollo con papa hervida’, y me doy cuenta que le desbarajusta todo. Es más fácil pedir lo que tiene”, remató Ramos.
Diego Ramos
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