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CHIMENTOS

Marcos Carreras, el violinista argentino de 12 años que tocará a Piazzolla en Beijing: “No sé si soy un niño prodigio”

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El violinista Marcos Carreras interpreta la obra ‘Decarísimo’ de Astor Piazzolla. Será la obra que ejecute como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Beijing, en China

Marcos Carreras tiene 12 años, oído absoluto y una calma que descoloca. Habla con una seguridad y una vivacidad que sorprenden en alguien de su edad. Cuando habló con Teleshow estaba preparando sus valijas: ayer, viernes, viajó a China, porque el próximo martes 2 de junio, el pequeño violinista porteño subirá al escenario de la Sala de Conciertos de la Ciudad Prohibida, en Beijing, para tocar como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Beijing, dirigida por el maestro Xia Xiaotang. Será el 3° Concierto Especial del Día del Niño “La Esperanza del Futuro”, y el repertorio elegido para ese momento no podría ser más elocuente: “Decarisimo”, de Astor Piazzolla.

Un pibe de Almagro (“re porteño”, se define), hincha de Ferrocarril Oeste, llevará el tango al corazón del poder imperial chino, ese vasto complejo palaciego que durante casi 500 años fue residencia de los emperadores y centro del mundo conocido para millones de personas. Marcos lo procesa con la naturalidad de quien ya aprendió que los escenarios grandes no asustan, sino que energizan. “Cuanta más gente me mire en un concierto, mejor. No me pone nervioso. Al contrario, me motiva tocar para mucha gente”, dice.

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Marcos Carreras a los 5 años, como un violinista precoz

La convocatoria fue internacional. La Orquesta Sinfónica de Beijing buscaba músicos menores de 16 años para actuar como solistas. Los candidatos debían presentar una obra de movimiento rápido, una pieza clásica y una composición con violín y piano. Marcos fue pasando instancias hasta quedar entre los diez finalistas, en un universo juvenil donde, según su mamá, María José Camacho, “el 80 por ciento son chicos orientales”. El domingo previo al viaje, llegó la noticia: había sido seleccionado entre los cuatro elegidos para el concierto. El resultado llegó tan tarde que el lunes —feriado en Argentina— ya era poco tiempo para los trámites. Su madre, violinista de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, recuerda la vorágine de esas horas: visita a la embajada, papeles de último momento, pasajes que confirmar. El viernes a la noche, Marcos viajará a China acompañado por su padre, Lisandro Carrera, violinista de la Orquesta del Tango de Buenos Aires. María José se quedará en Buenos Aires: la organización cubre el pasaje del menor y un acompañante.

Que ambos padres sean violinistas no es un dato menor en esta historia. Marcos creció con el instrumento antes de entender qué era. Lo tomó como juguete, lo incorporó como lenguaje. Aprendió a tocarlo antes de aprender a leer, a los cuatro años, en el Centro Suzuki de Buenos Aires, donde su primer maestro fue Eduardo Ludueña. A los 6 ya lo invitaban al Live Virtual Concert; a los 7, al Concierto Cuatro Naciones. “Estaba condenado a tocar el violín”, bromea citando a su maestro actual, Rafael Gíntoli.

El debut como solista del joven violinista Marcos Carreras, de 11 años, en el histórico Teatro Colón de Buenos Aires, cuando interpretó «El día que me quieras» con la Orquesta Aeropuertos Argentina, con la dirección de Néstor Tedesco y arreglos de Néstor Marconi

El salto cualitativo llegó alrededor de los nueve años, cuando dejó el método Suzuki y comenzó a trabajar con Gíntoli en forma particular. Desde entonces, la agenda no paró: el Teatro Colón, la Usina del Arte, el Palacio Libertad, el Centro Cultural San Martín, entre otros escenarios. Como solista tocó junto a cuatro orquestas, entre ellas la Orquesta del Tango de Buenos Aires y la Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda. En el plano internacional, una master class con Maxim Vengerov en Buenos Aires, clases con Pierre Amoyal en Milán —que continúan por Zoom— y, en Alemania, el Premio al Sonido Thomastik tras ser finalista del International Anton Rubinstein.

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Luego del viaje a China, el mes que viene recibirá el Premio Revelación de la Asociación de Críticos de la Argentina, que se entregará en la Legislatura porteña.

Marcos Carreras junto a sus padres: María José Camacho (violinista de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto) y Lisandro Carreras (violinista de la Orquesta Nacional de Tango)
Marcos Carreras junto a sus padres: María José Camacho (violinista de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto) y Lisandro Carreras (violinista de la Orquesta Nacional de Tango)

Tanto reconocimiento no lo despega de su cotidianidad. Cursa primer año en la Escuela Juan Pedro Esnaola, orientada a artes y música, con un programa adaptado por el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires bajo la figura de “Artista de Alta Dedicación”. Sus padres, dice, no lo presionan. “Diagraman mi vida para que también juegue como cualquier niño de mi edad.” En los ratos libres sale con amigos, ordena su cuarto con una lógica propia —“puedo tener todo desparramado, pero sé dónde está cada cosa”— y escucha Queen, Luis Miguel o murga uruguaya. Antes de cada concierto, hay un ritual detrás de bambalinas: “Pienso cómo cautivar al público”, confiesa, con una madurez que no se aprende en los libros.

¿Qué significa para vos tocar en la Sala de Conciertos de la Ciudad Prohibida con una orquesta sinfónica?

— Para mí es todo lo que voy haciendo, cosas internacionales. Yo de hecho siempre lo dije, que mi sueño era tocar en los teatros más grandes del mundo. Por suerte se está cumpliendo. Tocar en China también es, para mí, re exótico, re raro. Me espero cualquier cosa. Pero lo más importante para mí siempre va a ser disfrutarlo, y es lo que hago siempre.

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¿Cómo se prepara un tango con una orquesta china?

— Puesto así es raro, pero a ver, obviamente espero que puedan hacer cualquier cosa. Puede salir muy bien, que es lo más probable. Ellos tienen una superorquesta. Probablemente se acoplen perfecto, porque Piazzolla es de las palabras más repetidas en el mundo en un minuto —contaba mi maestro Rafael Gíntoli: ‘está Jesucristo, Beethoven, alguien más y Piazzolla’—. Así que supongo que van a acoplar superbién. Va a ser hermoso. Estoy segurísimo.

Marcos Carreras en su paso por Milán
Marcos Carreras en su paso por Milán

Sos hijo de violinistas y aprendiste a tocar antes que a leer. ¿Cuándo el violín dejó de ser un juguete y pasó a ser algo más serio?

— A ver, hoy en día sigue siendo algo no tan serio, porque yo me lo tomo como algo muy divertido, relajado. El cambio no fue muy grande. A los nueve, por ahí, fue cuando todo empezó a ser un poco más profesional, más encaminado. Cambié el método Suzuki por un maestro particular, Rafael Gíntoli, maestro tradicional. Ese, yo creo, que fue el mayor cambio, lo que me abrió tal vez más puertas aún. Pero nada, yo sigo divirtiéndome. A mí no me gusta tomarme nada tan serio, porque me gusta disfrutar todo lo que hago.

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¿Qué fue lo más difícil de aprender?

— Tocar, de lejos. La afinación, tal vez. En el Centro Suzuki te ponen tiritas donde van los dedos, pero el violín tiene el gran problema de la afinación y del manejo del arco. Lo que más se me dificulta es el manejo del arco. Pero lo voy trabajando poco a poco.

A los diez años debutaste como solista en el Colón. ¿Qué sentiste en ese escenario?

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— Que es extraordinario, es único, es una atmósfera única. La acústica es única, todo es único. Yo soy particularmente porteño, me encanta Buenos Aires, es la mejor ciudad que hay. Y además tocar en el Teatro Colón es fascinante, porque es todo especial.

Otra postal de Marcos Carreras en Milán
Otra postal de Marcos Carreras en Milán

Muchos te llaman “niño prodigio”. ¿Esa etiqueta te incomoda, te halaga o te es indiferente?

— A ver, obviamente si me lo dicen, será bien recibido. Pero yo lo llevo todo con calma. Tal vez no soy un niño prodigio, sino un niño que arrancó de muy chico y ya incorporó todo desde hace mucho tiempo. Uno dice doce años y no preguntan cuánto tiempo llevo tocando: van a ser nueve años que hago esto, sin contar iniciación musical, que hice desde el año y medio. No sé si soy un niño prodigio, pero sí soy un niño encaminado desde hace mucho tiempo y con experiencia, ponele.

Milán, Alemania, ahora China. ¿Qué expectativas te genera todo esto para el futuro?

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— Lo de la Sinfónica de Beijing es increíble, pero todo me hace pensar que pueden salir cosas mayores. Me doy un golpe de realidad y digo: en abril fui a Milán, en Alemania me saqué un premio, el maestro Amoyal de Milán me quiere seguir dando clase, el otro día tuve una clase por Zoom con él, que es de los mejores del mundo. También tomé una master class acá en Buenos Aires con el maestro Maxim Vengerov, que es de los cinco mejores violinistas de la historia. Y ahora toco con la Sinfónica de Beijing en China. Me entusiasma cada vez más.

¿Cómo hacés con la escuela?

— Re bien. Estoy en el plan del Ministerio de Educación de Artistas de Alta Dedicación, que ayuda a estos casos a aflojar un poco la cursada, a no hacer una cursada igual que todos. Además voy al colegio Juan Pedro Esnaola, que es orientado a música y artes, y eso me ayuda un montón. Son dos plus. Lo de Artistas de Alta Dedicación me ayudó en todo, porque ese era un problema, el pasaje del primario al secundario, cómo íbamos a hacer.

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Marcos Carreras, en el enorme escenario del Teatro Colón
Marcos Carreras, en el enorme escenario del Teatro Colón

¿Qué música escuchás?

— Me gusta escuchar música pop, pero no del tipo pop, pop. Me gusta mucho Queen, la mejor banda que hay. Y también me gustan cosas como la murga uruguaya, Luis Miguel me gusta un montón y Caetano Veloso. Ese es el tipo de música que me gusta escuchar.

¿Y la música urbana, hoy de moda?

— No. Respeto un montón, obviamente, todo es música, pero no, para nada. Es ruido. Perdón, pero no me gusta nada.

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¿Tus amigos qué dicen de todo esto?

— Ahora voy al Esnaola, así que los chicos van a tener la misma reacción que si vaya a comprar fruta a la esquina o me vaya a Beijing, porque ya están re acostumbrados, están en el ambiente. Pero obviamente me hacen un montón de fiesta. Siempre, todos estos años, tuve dos grupos —el del colegio anterior y este—, y son grupos hermosos que me festejan un montón. De hecho me van a escuchar. Por suerte fue re bien.



marcos carreras

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La reacción de Ian Lucas a la íntima pregunta de Maxi López por su nueva relación: “¿Te pusiste de novio?”

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Los exparticipantes de MasterChef recordaron su paso por el programa

El Mundial 2026 le dio a Marley una excusa para llevar Por el Mundo a Estados Unidos y, de paso, para que las cámaras registraran un reencuentro que el programa no tenía planeado: el de Maxi López e Ian Lucas, dos de los participantes más queridos del último MasterChef Celebrity, que se volvieron a ver las caras en plena Copa del Mundo.

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El calor fue lo primero. El exfutbolista llegó al punto de encuentro y no tardó en sentenciar: “Estamos en el Sáhara”. El conductor, que llevaba apenas dos horas en el lugar, lo secundó de inmediato: “Estoy agobiado”. El clima funcionó como apertura perfecta para una charla que arrancó distendida y fue sumando capas.

Ian llegó tarde. Maxi y Marley ya especulaban con el motivo cuando apareció. “Yo te hacía en la pileta”, le dijo el exfutbolista. “Tomando unos drinks”, completó el músico, entre risas. La bienvenida fue un abrazo y una frase del conductor que resumió el espíritu de la escena: “Se reencuentran los Masterchefs”.

Pero el reencuentro traía una novedad. López no tardó en ir al punto: “¿Te me pusiste de novio?”. Ian no lo negó. Explicó que había seguido un consejo que el propio Maxi le había dado: “Seguí los consejos de mi otro papá, que me dijo: ‘Ponete de novio, es mejor’”. El exfutbolista, entre sorprendido y divertido, respondió con una sola condición: “Si son felices, estamos todos felices, olvidate”.

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Maxi López e Ian Lucas se abrazan en Dallas en un momento de su reencuentro, capturado por la cámara de un programa televisivo.

Fue Marley quien había destapado la primicia, aunque sin quererlo. “Fue primicia de Ale”, reconoció Ian. “Sí, accidental”, confirmó el conductor. “Abrí la puerta equivocada. Ya era tarde, ya estábamos ahí”. Los tres coincidieron en que la novia del músico “tiene tremenda voz” y es “divina”.

La conversación derivó naturalmente hacia MasterChef. López llegó hasta la semifinal, donde fue eliminado tras entregar un cordero que no estaba del todo cocido. “Estaba un poco crudo”, admitió. Ian lo completó sin piedad: “Medio cruel”. El exfutbolista intentó una defensa: “Un poquito de pervinox había que meterle”. El músico llegó a la final junto a quien los tres llamaron “la Reina”, en una recta final donde los últimos cuatro competidores estuvieron muy parejos. “Quería que gane yo”, reconoció Ian entre carcajadas, desmintiendo cualquier versión más diplomática.

Ninguno de los dos tiene intenciones de repetir la experiencia. “Lo veo por la tele ahora”, dijo el músico. Maxi fue en la misma dirección: “Me parece que lo voy a mirar por la tele”. Marley los entendió: “Ya está, demasiado”.

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Lo que sí dejó el programa fue una amistad y, para López, algo mucho más profundo. El exfutbolista había arreglado participar solo una semana. Sus hijos lo convencieron de quedarse. “Los chicos: papá, quédate un poquito más”, recordó. Después se fue enganchando con Ian, con el Turco, con la dinámica del grupo. Y lo que iba a ser una semana y media terminó por cambiarle la vida.

El insólito video de Maxi López y de Ian Lucas bailando cumbia que se hizo viral

El programa también lo puso frente a frente con Wanda Nara —a quien en la charla llaman Solange—, su ex y madre de sus hijos. Marley no esquivó el tema: “Hay que recordar que quince años atrás ha ligado sopapos fuertes de la misma persona. Entonces, hay que tener una valentía y un honor, una entereza y un amor también, por tus hijos, para estar con la persona que te destruyó tanto”. El exfutbolista lo resumió en cuatro palabras: “Hicimos las paces”.

Ian, que vivió ese acercamiento desde adentro, lo ratificó: “Fuera del chiste, se llevaban superbién ahí”. El conductor fue más lejos: “Todo el mundo dice: es un tipo divino. Re buena onda. Re buen padre”. El propio López reconoció el efecto: “Sirvió para acercarme mucho a la gente. Para volver”. Y cerró con una frase que no dejó lugar a matices: “Telefé me cambió la vida”.

Lucas se sumó al balance con naturalidad: “Me siento parte de la familia también”. Maxi se lo confirmó: “Vos la viviste en primera línea”. El conductor remató con una propuesta concreta para cuando todos vuelvan a Buenos Aires, donde los tres viven cerca: un asado. “Van a cocinar ustedes, que son los ganadores”, les dijo.

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Guido Kaczka expuso la gran diferencia entre Abel Pintos y Joaquín Levinton, los jurados estrella de su programa: «Son las dos caras de…»

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Guido Kaczka fue uno de los invitados de La Noche de Mirtha y, como suele ocurrir en la mesa más famosa de la televisión argentina, no faltaron las preguntas sobre su presente laboral y las figuras que lo acompañan en sus proyectos.

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En medio de la charla, Mirtha Legrand se mostró especialmente interesada en conocer cómo es la relación del conductor con Abel Pintos, una de las figuras que integra el jurado de Es mi sueño. Lejos de esquivar la consulta, Guido respondió con total sinceridad y terminó sorprendiendo con una comparación que rápidamente llamó la atención.

«Con Abel me llevo bien, es el otro extremo de Joaquín», expresó el conductor, en referencia a Joaquín Levinton, otro de los integrantes del ciclo. La frase generó risas en la mesa y fue el propio Levinton quien completó la idea con humor: «Las dos caras de la moneda».

A partir de ahí, Guido profundizó en las diferencias que observa entre ambos artistas y explicó qué es lo que más valora de Abel Pintos dentro del programa. «Son muy distintos. Abel es más técnico, habla más y es una maravilla explicando», aseguró.

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Las palabras del conductor dejaron en evidencia una faceta poco conocida del cantante, quien suele mantener un perfil mucho más reservado fuera de los escenarios. Según describió Guido, una de las grandes virtudes de Abel aparece justamente cuando tiene que transmitir conocimientos y orientar a los participantes.

La conversación continuó y Mirtha aprovechó para preguntar por otra de las figuras más queridas del jurado: La Mona Jiménez. La conductora quiso saber cuándo volvería a aparecer en el programa y Guido explicó que el cantante cordobés se encuentra alternando sus compromisos personales con las grabaciones.

«La Mona va y viene a Córdoba. Ahora se fue a ver el Mundial y vuelve cuando llega», comentó. Más allá de las anécdotas sobre el jurado, la noche también dejó lugar para los elogios hacia el propio Guido Kaczka. Una de las encargadas de destacarlo fue Claudia Fontán, quien compartió detalles sobre cómo es trabajar con él.

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«Él está haciendo el programa y muchas veces piensa en el que viene. Es muy bueno cómo puede seguir con todo», señaló la actriz. Además, destacó una característica que, según ella, lo diferencia dentro del medio: «No es desde un lugar de ansiedad. Es muy calmo, es una persona muy especial».

De esta manera, la visita de Guido a la mesa de Mirtha dejó varias perlitas sobre Es mi sueño, el detrás de escena de sus jurados y la admiración que despierta Abel Pintos entre quienes trabajan con él todos los días.

 

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Guido Kaczka, Abel Pintos, Joaquín Levinton

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Oriana Sabatini, Paulo Dybala, Catherine Fulop y Ova fueron al teatro a ver Billy Elliot

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La familia Sabatini, con Catherine Fulop y Ova Sabatini, junto a Oriana Sabatini y Paulo Dybala, posan con el elenco de la obra teatral Billy Elliot en el backstage del teatro.

Oriana Sabatini, Paulo Dybala y la familia eligieron el teatro para aprovechar los días libres que el fútbol le regaló al delantero. Sin convocatoria de la selección argentina, la pareja y los Sabatini-Fulop en pleno se dieron un plan cultural en Buenos Aires: fueron a ver Billy Elliot, el musical que protagoniza Osvaldo Laport en la cartelera porteña.

Catherine Fulop y Ova Sabatini completaron el grupo familiar. Los cuatro llegaron juntos a la sala y, una vez terminada la función, no se fueron directo a casa.

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Lo que vino después de la última escena fue la segunda parte de la noche. El grupo accedió al backstage del teatro y se encontró cara a cara con Laport y con el elenco completo de la producción, en un encuentro distendido que quedó registrado en varias fotos.

Uno de los momentos más buscados fue el de Oriana con uno de los protagonistas de la obra. Las imágenes la muestran abrazada al joven actor en dos tomas seguidas: primero de frente, sonriendo los dos para la cámara; luego en un abrazo más cálido, con el veterano actor visible al fondo de la escena.

Tres hombres posan sonrientes: uno con chaqueta negra, otro con mono beige y parches, y el tercero con suéter verde. Fondo claro y cartel "Prohibido fumar"
Paulo, Ova y Osvaldo Laport tras la función

Catherine, por su parte, tuvo su propio reencuentro en la noche. La actriz venezolana se fotografió junto a Graciela Pal en el hall del teatro, en una imagen íntima y luminosa que las muestra apoyadas la una en la otra, lejos del bullicio del backstage.

La foto más esperada de la noche reunió a tres figuras en un pasillo: Ova, Laport y Dybala. Los tres posaron juntos contra la pared, con el protagonista todavía con el traje de la función puesto. El delantero, de buzo verde y jeans, flanqueó al actor junto al marido de Catherine en una imagen que condensó la mezcla de mundos de la velada.

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El encuentro con el elenco completo se extendió en varias fotos grupales tomadas en los pasillos internos del teatro. Actores adultos, bailarines, niños y parte del equipo técnico se apilaron junto a los visitantes para inmortalizar la noche. Paulo se ubicó en el centro de la marea humana, rodeado por decenas de personas que levantaron los brazos y festejaron para la cámara.

Dos mujeres posan en primer plano para una fotografía. Una de cabello castaño sonríe y la otra de cabello rubio frunce los labios. Hay personas detrás
Cathy junto a Graciela Pal

Se tomaron múltiples versiones de esa foto masiva. En algunas el grupo posó más ordenado; en otras el festejo desbordó el encuadre con saltos y expresiones que contagiaron la energía del final de función.

La ausencia de Dybala de la convocatoria de la selección argentina le permitió estar en Buenos Aires durante estos días. Lejos de los compromisos deportivos, eligió acompañar a Oriana y a su familia en una salida que mezcló cultura y afecto con el calor de un reencuentro entre bastidores.

Billy Elliot convoca cada noche a un equipo amplio de actores, bailarines y niños en escena. Laport encabeza el reparto y recibió a sus visitantes con la misma energía que pone arriba del escenario, todavía con el traje de trabajo puesto.

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Oriana Sabatini con anteojos abraza a un joven de cabello rizado con anteojos. Un hombre mayor sonríe de fondo. Hay un parlante y una botella
Oriana junto a uno de los niños que protagoniza el éxito

Esta salida familiar se dio luego de que la pareja viajó hasta Córdoba, donde reside la familia del futbolista, para presentar en sociedad a su hija Gia. Sin embargo, la ausencia de Oriana en las fotos del encuentro desató una ola de especulaciones sobre un supuesto distanciamiento con el clan Dybala. En ese marco,la artista salió a esclarecer la situación ante las cámaras.

A la salida del estudio de Olga, Oriana estuvo acompañada por su madre, Catherine Fulop, y respondió sin rodeos a la consulta ante un notero de Intrusos (América). “(El vínculo) está bárbaro”, afirmó con claridad, dejando asentado que no hay conflicto alguno. Ante la insistencia por su ausencia en las fotos familiares, fue directa: “¿Cómo ausencia?, si estaba ahí… ¿Pablo no se puede sacar fotos solo con su familia de repente? Estuve toda la noche con su familia entera y con mi bebé en brazos. Me parece que no le tengo que dar a nadie explicaciones de lo que estaba haciendo o por qué no salí en una foto”.

Oriana amplió su visión sobre el encuentro y la dinámica familiar: “Totalmente, pero a Paulo no lo ven hace años y la gente se quiere sacar fotos con él”. Cuando el notero indagó si le habían ofrecido sumarse a las tomas, aclaró: “No había lugar a eso. En el sentido de que yo estaba cuidando a mi hija, a él lo dejo hacer lo que quiera y con su familia. Y fin. (El encuentro) fue hermoso”.



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