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ECONOMIA

Milei avanza con la privatización de AySA y aparecen resistencias: ¿pueden frenar el plan oficial?

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El gobierno de Javier Milei lanzó la licitación para la venta del 90% de la empresa Aguas y Saneamientos Argentinos (AySA) y dio así el primer paso significativo de su plan de privatizaciones, pero en el Congreso aparecieron las primeras resistencias a través de un proyecto presentado por el kirchnerismo, pero con un guiño de bloques alineados con gobernadores.

La iniciativa busca impedir la transferencia de AySA a manos privadas y fue planteada como un tema de «preferencia» en la última sesión del Senado por Eduardo «Wado» de Pedro (Unión por la Patria), justo después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, anunciara la puesta en marcha del proceso que se abrió formalmente este viernes.

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El Gobierno publicó en el Boletín Oficial el pliego de condiciones técnicas, legales y financieras para la venta de la empresa estatal de aguas en el marco de una licitación pública «nacional e internacional», por lo que incluye tanto a jugadores locales como extranjeros. La presentación de ofertas (primera etapa) concluye el 27 de agosto.

Con la privatización de AySA ya abierta, si la oposición logra avanzar con el tratamiento del proyecto antes de esa fecha podría generar mucho ruido en la licitación. Sería difícil que haya interesados en comprar una empresa pública si el Congreso da señales de trabar legalmente la operación.

Cuál es la primera señal de resistencia opositora a la privatizació de AySA

El proyecto que presentó De Pedro declara intransferibles las acciones de AySA que pertenecen al Estado, con lo que la excluye de cualquier proceso de privatización, concesión o cesión de su capital o gestión y la define como de «interés público y estratégico para el desarrollo humano». El argumento es la importancia de que «el agua potable» sea «gestionada por el bien común».

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Durante la sesión del Senado del último jueves el senador kirchnerista presentó un «pedido de preferencia» para el tratamiento del proyecto una vez que tenga dictamen de las comisiones. La moción se aprobó con 35 votos a favor y 33 en contra, con lo que estuvo a solo dos votos de la mayoría absoluta de 37.

Pero lo más llamativo fue que votaron a favor de la preferencia varios bloques que suelen jugar como aliados de La Libertad Avanza (LLA), como la salteña Flavia Royón que responde al gobernador Gustavo Sáenz, la neuquina Julieta Corroza, alineada con Rolando Figueroa y los misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, alfiles de Carlos Rovira.

También el bloque Provincias Unidas de la cordobesa Alejandra Vigo y el correntino Carlos «Camau» Espínola, y el de Convicción Federal que la jujeña Carolina Moisés, el catamarqueño Guillermo Andrada y la tucumana Sandra Mendoza. Todos estuvieron de acuerdo en que el proyecto tenga preferencia si logra dictamen de comisión.

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¿Se puede trabar el proceso de privatización?: riesgos y salvaguardas para Milei

Que el proyecto tenga que pasar por esa instancia es un dato tranquilizador para el Gobierno. Las chances de que la privatización de AySA se enturbie por esta iniciativa son bajas si se considera que el kirchnerismo no tiene número suficiente en ninguna de las comisiones como para apurar el tratamiento ni mucho menos para conseguir un dictamen de mayoría.

También es una señal favorable para el Gobierno que el PRO y la UCR votaran en contra de la moción de preferencia. No obstante, el acompañamiento de algunos de los senadores aliados -que de hecho ayudaron a La Libertad Avanza a menguar la representación del peronismo en las comisiones- es un llamado de atención para el bloque oficialista que encabeza Patricia Bullrich.

Según supo iProfesional de fuentes cercanas a uno de esos bloques, por ahora todo quedaría en ese gesto que se dio en el recinto. Si decidieran eventualmente empujar el proyecto también en las comisiones para buscar un dictamen, entonces el escenario se volvería más preocupante para el Gobierno.

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Un dato clave es que la privatización de AySA está contemplada en la Ley Bases que se aprobó en 2024. De las más de 40 empresas públicas que Milei se proponía vender el Congreso le dejó apenas ocho, entre ellas Aguas y Saneamientos. Pero a pesar de las intensas negociaciones el oficialismo aprobó raspando esa norma en el Senado: empate en 36 votos y definió Victoria Villarruel.

El listado de privatizaciones fue uno de los puntos más discutidos de la Ley Bases y la votación del Senado mostró que la redacción final de esa norma no dejó a una mayoría clara conforme. Esto implica que la norma que habilitó al Gobierno a vender AySA no lo dejó totalmente blindado frente al humor cambiante de la política.

Previamente en Diputados (donde se dio la mayor «purga» de empresas a privatizar) la Ley Bases tuvo un resultado más holgado: 147 votos a favor y 107 en contra. Sin embargo, tras el recambio legislativo de 2025 algunos de esos 147 diputados ya no están y otros adoptaron en el último tiempo un perfil más crítico frente al Gobierno.

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En ese marco, el proyecto que se presentó en el Senado no llega a ser un obstáculo para la privatización de AySA, aunque el Gobierno tendrá que monitorear el tema con atención para evitar sorpresas durante el proceso que finaliza en agosto. Si bien el Congreso habilitó la venta de la empresa mediante la Ley Bases, las tensiones con los aliados y el clima electoral -que se intensificará entre julio y agoso- pueden hacer que todo cambie.

Los detalles de la licitación que lanzó el Gobierno para vender AySA

Si bien el Gobierno ya puso en marcha también el proceso de privatización del Belgrano Cargas, la licitación para la venta de AySA es la primera de gran magnitud por el tamaño de la empresa, su importancia para la región metropolitana y sus antecedentes: fue creada en 2006 luego de que el gobierno de Néstor Kirchner le rescindiera unilateralmente el contrato de explotación de Aguas Argentinas al grupo francés Suez.

La privatización es importante para Milei no solo porque forma parte de su plan de gobierno sino porque espera obtener al menos u$s500 millones, una suma que ayudaría a Caputo, a alcanzar el superávit fiscal que le exige el FMI y mostrar sostenibilidad para su programa.

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La licitación pública nacional e internacional es sobre el 90% de las acciones de AySA que tiene el Estado nacional, mientras que el 10% restante continuará en manos de los trabajadores de la empresa a través del Programa de Propiedad Participada.

El cronograma oficial fijó como límite para la presentación de ofertas el 27 de agosto. Ese mismo día se realizará la apertura de sobres de la primera etapa, donde se evalúan las condiciones técnicas, financieras, patrimoniales y legales de los oferentes. En el pliego de licitación se establece la figura del «operador estratégico», que podrá ser nacional o internacional pero deberá tener experiencia comprobada en servicios de agua potable y saneamiento.

Luego de esa primera instancia de análisis, el proceso continuará con la etapa de precalificación, la apertura de las ofertas económicas y la adjudicación correspondiente. Se prevé una concesión de 30 años (de comienzos de 2027 a 2057) para la prestación del servicio de aguas y cloacas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

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AySA brinda servicios agua potable y cloacas a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en unos 26 municipios del conurbano bonaerense. Según la información oficial de la compañía, hasta mediados de 2025 la cobertura de agua potable superó el 85% y en cloacas el 70%.

Con el lanzamiento de la licitación el gobierno de Javier Milei puso en marcha el proceso para privatizar AySA a casi dos años de la aprobación de la Ley Bases que lo habilitó para llevar a cabo esa operación. El desafío ahora para el Gobierno es que los vaivenes de la política no le compliquen el objetivo. Por el momento, el riesgo es bajo, pero el clima actual da algún margen para sorpresas.

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ECONOMIA

Orgullo: Argentina logró desarrollar el primer algodón transgénico del mundo

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En una planta desmotadora de Avia Terai, un pueblo del interior chaqueño a pocos kilómetros de Presidencia Roque Sáenz Peña, ocurrió algo que no había sucedido antes en ningún laboratorio del mundo. La empresa semillera Gensus, fundada hace una década sobre las instalaciones que dejó Monsanto cuando se fue de Argentina, presentó formalmente la variedad Arandú INTA BGRR IMIcott, el primer algodón transgénico con tolerancia a herbicidas del grupo de las imidazolinonas que llegará al mercado en cualquier país del planeta.

No es un matiz técnico menor, ya que significa que ninguna otra semillera, ni las multinacionales con décadas de inversión en biotecnología, había logrado combinar esa característica agronómica con el algodón. Argentina lo hizo, y lo hizo desde el Chaco.

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El evento fue mucho más que un lanzamiento comercial. Reunió al gobernador provincial Leandro Zdero, al presidente del INTA Nicolás Bronzovich y a representantes del sector privado, incluyendo ejecutivos de Louis Dreyfus Company (LDC) para Latinoamérica. La convocatoria fue, en sí misma, una señal de la dimensión que el sector le asigna al hecho.

Qué es Arandú y por qué importa

El nombre proviene del guaraní y significa «sabiduría». No es una elección azarosa: el investigador del INTA Mauricio Tcach explicó que la variedad fue seleccionada incorporando atributos que los propios productores algodoneros señalaron como necesarios. Entre esas características figura un ciclo más largo que los materiales disponibles hoy en el mercado, mayor plasticidad productiva y una arquitectura de planta diferente, con mejor diferenciación entre ramas vegetativas y fructíferas y mayor cantidad de sitios de producción por planta. Esa estructura favorece tanto el crecimiento como la maduración del capullo y es valorada especialmente en zonas con variabilidad climática.

Pero la novedad central es la incorporación de la tecnología IMIcott, que confiere tolerancia a herbicidas imidazolinonas. En términos prácticos, esto significa que los productores algodoneros tendrán acceso a una herramienta nueva para el manejo de malezas, que es históricamente el principal dolor de cabeza del cultivo en la región chaqueña. A diferencia de otras zonas tropicales donde el algodón convive sobre todo con plagas de insectos, en el norte argentino la amenaza dominante son las malezas. Hasta ahora, el menú de herbicidas disponibles para usarse sobre el cultivo era acotado. Arandú amplía ese menú.

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Gensus presentó formalmente la variedad Arandú INTA BGRR IMIcott, el primer algodón transgénico con tolerancia a herbicidas

Los ensayos previos respaldan el potencial: la variedad mostró incrementos de rendimiento cercanos al 12% respecto de los testigos, mejoras de alrededor del 7% en la calidad de la fibra medida en términos de longitud, y una reducción estimada del 30% en los costos de control químico de malezas. Esa combinación —más productividad, mejor fibra y menos gasto— es precisamente la ecuación que el sector algodonero argentino necesita para volver a competir con otros cultivos por la misma superficie agrícola disponible en el norte.

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Arandú es el resultado de un acuerdo de cocreación entre Gensus y el INTA Sáenz Peña que comenzó en 2018, cuando la semillera privada firmó un convenio para licenciar tres variedades desarrolladas por los investigadores del organismo público. Desde entonces, la relación fue evolucionando: dejó de ser un intercambio de productos para convertirse en una integración de capacidades de investigación, desarrollo e innovación.

El modelo productivo que viene detrás

Pablo Vaquero, CEO de Gensus, fue el encargado de presentar las proyecciones que transforman este lanzamiento en algo más que una noticia tecnológica. Con genética y biotecnología desarrollada íntegramente en el país, la empresa proyecta que para 2030 la Argentina podría duplicar la producción algodonera, triplicar las exportaciones del sector y llevar la facturación total de la cadena a más de u$s1.700 millones. Eso implicaría rindes un 60% superiores a los actuales y un incremento del 30% en la superficie sembrada.

Arandú es apenas el primero de los pasos en esa dirección. El plan de Gensus para los próximos cinco años contempla la inscripción de diez nuevas variedades, cada una orientada a resolver un desafío específico del cultivo. El que sigue en la agenda es la resistencia al picudo algodonero, el insecto que más daño ha causado históricamente en las zonas productoras cuando logra instalarse. Y el objetivo más ambicioso de todos es lograr una variedad resistente al herbicida 2,4D, el principio activo que se usa sobre la soja Enlist y cuya deriva —el arrastre por el viento de las partículas de producto aplicado— provoca estragos en los lotes de algodón que no tienen esa tolerancia. Resolver ese problema técnico sería un salto cualitativo enorme para la coexistencia de cultivos en el norte argentino.

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Pablo Yezdrich, head de Algodón de Louis Dreyfus Company para Latinoamérica Sur y Oeste, aseguró que impulsar el desarrollo tecnológico detrás de cada semilla es lo que permitirá que el algodón argentino materialice su potencial y se vuelva cada vez más competitivo en los mercados internacionales. La multinacional es uno de los principales actores en la compra y exportación de fibra de algodón a nivel global, y su interés en el desarrollo de la cadena argentina es tanto estratégico como comercial.

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El primer algodón transgénico con tolerancia a herbicidas desarrollado en Chaco llegará al mercado en cualquier país del planeta.

Cómo funciona la cadena y por qué el rinde es tan importante

Para entender por qué una semilla puede mover el dial de una industria entera, conviene entender cómo funciona la cadena algodonera. El algodón se cosecha en su forma bruta, como capullo con semilla y fibra mezclados. Eso que llega del campo pasa por la desmotadora, que separa la fibra de la semilla. La fibra es la materia prima para la industria textil; la semilla, que tiene un contenido de aceite significativo, va a la industria de aceites y expellers. Los precios internacionales de la fibra son los que determinan principalmente la rentabilidad del cultivo, y la calidad de la fibra —medida en longitud, resistencia y finura— es lo que determina el precio que paga la industria.

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En ese contexto, el rendimiento de fibra por hectárea es la variable que más incide en la ecuación económica del productor. Argentina produce históricamente alrededor de 600 kilos de fibra equivalente por hectárea, aunque los mejores lotes con manejo tecnificado —riego, densidad de siembra ajustada, cosecha en rollo, fertilización— pueden superar con holgura los 1.000 kilos. Javier Milei, en su discurso ante la Asamblea Legislativa de marzo pasado, comparó ese número con el de Brasil, donde los promedios nacionales rondan los 1.300 kilos, y planteó que Argentina podría igualar esos rendimientos si mejoraba la protección a los obtentores de nuevas variedades.

El lanzamiento de Arandú plantea también una discusión que va más allá de la biotecnología. La introducción de la variedad al mercado será gradual y controlada: para la campaña 2026/27, la empresa decidió sellar acuerdos únicamente con una decena de productores de referencia, que sembrarán en mayor escala pero todavía de forma acotada. La razón es explícita: el sector algodonero sufre, al igual que la soja y el trigo, el problema del uso propio masivo y la proliferación de semilla «bolsa blanca», que es la semilla informal que circula sin reconocer la propiedad intelectual de los obtentores.

Gensus es, según datos del propio sector, el único criadero oficial que opera con semilla certificada en el mercado algodonero argentino. Compite con una cantidad de materiales ilegales, incluyendo variedades transgénicas de origen multinacional que ingresan de contrabando desde Brasil y que no están adaptadas a las condiciones locales. Esa situación no solo perjudica económicamente a quienes invierten en desarrollo genético, sino que frena la adopción de mejores tecnologías por parte del sector productivo.

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El algodón argentino exporta actualmente fibra, hilados y en menor medida aceite y expellers de semilla. La cadena en su conjunto factura alrededor de u$s600 millones anuales, según estimaciones sectoriales. Llevar ese número a u$s1.700 millones, como proyecta Gensus, requiere triplicar el valor exportado en menos de cinco años. Es un objetivo ambicioso, pero no imposible si se combina aumento de superficie, mejora de rendimientos y captura de precio vía calidad de fibra.

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Si Arandú y las variedades que vienen detrás en el plan de Gensus logran cerrar esa brecha de rentabilidad, el impacto será solo en términos de divisas pero también en el empleo

El gobernador del Chaco, Leandro Zdero, quien tiene al algodón como uno de los cultivos emblema de su provincia desde el punto de vista histórico y cultural, valoró el lanzamiento con precisión política. Señaló que el avance tecnológico puede generar mayor valor en la cadena económica y, en particular, en la economía local. El Chaco y Santiago del Estero concentran el grueso de la superficie algodonera argentina, con aportes menores del norte de Santa Fe y Formosa. Son provincias que necesitan alternativas a la soja para mantener diversidad productiva y empleo rural.

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El productor Claudio Mazás, que participó del evento, lo resumió en términos simples: está todo para crecer, y en la medida que se logre mayor productividad, el algodón empieza a jugar de igual a igual con otros cultivos. Esa frase sintetiza el problema central del sector en los últimos años: la competencia por la misma hectárea con la soja, más sencilla de producir y en general más rentable, fue desplazando al algodón de zonas donde históricamente era dominante.

Si Arandú y las variedades que vienen detrás en el plan de Gensus logran cerrar esa brecha de rentabilidad, el impacto no será solo en términos de divisas. Será también en términos de empleo en economías regionales que llevan décadas buscando una alternativa productiva que no dependa exclusivamente del precio de la soja.

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ECONOMIA

Apple aumentó los precios de MacBooks, iPads y otros productos por la suba de costos: uno por uno, cuáles son los nuevos valores

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El aumento de precios en productos de Apple responde a la crisis en el suministro de memoria y almacenamiento a nivel global

Un ajuste de precios en la lista de productos de Apple provocó un fuerte impacto en el sector tecnológico internacional. La compañía realizó una suba generalizada en MacBooks, iPads, HomePod y otros dispositivos como consecuencia del aumento de los costos de memoria y almacenamiento. El incremento, que en algunos modelos llega hasta un 20%, se conoció luego de que la tienda online de la empresa permaneciera inactiva durante unas horas para actualizar los valores. El iPhone quedó fuera de esta actualización y mantiene sus precios previos.

La decisión de modificar los valores de venta responde a un fenómeno sectorial sin precedentes. Apple justificó la medida al señalar que el mercado atraviesa una crisis en el abastecimiento de chips de memoria y almacenamiento. La demanda se disparó debido a la expansión de los centros de datos destinados a inteligencia artificial, lo cual generó un fuerte desbalance entre oferta y demanda. El CEO de la empresa, Tim Cook, explicó que el escenario resultó insostenible y que, tras intentar absorber los aumentos de los proveedores, la compañía tuvo que trasladar parte de esos costos a los consumidores.

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Las nuevas tarifas impactan en una amplia variedad de productos. A continuación, el detalle de los nuevos valores y sus precios anteriores::

  • HomePod mini: 129 dólares (antes 99 dólares)
  • HomePod: 349 dólares (antes 299 dólares)
  • Apple TV: 199 dólares (antes 129 dólares)
  • iPad: 449 dólares (antes 349 dólares)
  • iPad mini: 599 dólares (antes 499 dólares)
  • iPad Air: 749 dólares (antes 599 dólares)
  • iPad Pro: 1.199 dólares (antes 999 dólares)
  • MacBook Neo: 699 dólares (antes 599 dólares)
  • MacBook Air: 1.299 dólares (antes 1.099 dólares)
  • MacBook Pro: 1.999 dólares (antes 1.699 dólares)
  • iMac: 1.499 dólares (antes 1.299 dólares)
  • Mac mini (M4 Pro): 1.599 dólares (antes 1.399 dólares)
  • Mac mini 256 GB: 799 dólares (200 dólares más que su precio anterior)
  • Mac Studio (M4 Max): 2.499 dólares (antes 1.999 dólares)
  • Mac Studio (M3 Ultra): 5.299 dólares (antes 3.999 dólares)
  • Vision Pro: 3.699 dólares (antes 3.499 dólares)

La media de los incrementos ronda los 247 dólares por dispositivo. El ajuste no afecta a la serie de teléfonos inteligentes, los relojes inteligentes, los auriculares ni a los accesorios como el Apple Pencil o el Studio Display, que, por el momento, mantienen su estructura de precios.

En un comunicado oficial, Apple expresó: “Nunca vimos un aumento de los precios de los componentes de esta magnitud y velocidad”. La empresa aclaró que hasta ahora había logrado contener el traslado de los incrementos, pero admitió que llegó el momento de ajustarlos en varios productos. “Estamos trabajando incansablemente para encontrar soluciones”, indicó la compañía.

El sector de la electrónica de consumo enfrenta una situación inédita por los altos precios de los chips de memoria, en especial la memoria RAM. Analistas del sector consideran que el fenómeno responde a la proliferación de centros de datos de inteligencia artificial, que requieren grandes volúmenes de estos insumos. Esto provocó una reducción en la oferta para fabricantes de dispositivos, que ahora pagan mucho más por los componentes esenciales.

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El director ejecutivo de la empresa, Tim Cook, confirmó que los aumentos son inevitables. En una entrevista, Cook precisó que los proveedores de memoria y almacenamiento trasladaron fuertes subas y que la compañía hizo todo lo posible para amortiguar el impacto. “Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo para mitigar los enormes incrementos que nos transfieren y tratamos de proteger a los clientes, pero la situación se volvió insostenible”, señaló Cook.

Durante la charla, Tim Cook describió la situación como una “inundación centenaria”, aludiendo a la magnitud del problema en la cadena de suministros. Dijo que jamás vio algo similar en más de cuatro décadas dentro de la industria. La crisis afecta tanto a los chips de memoria como a los de almacenamiento, aunque el mayor desafío se observa en la memoria RAM, por la demanda de nuevas funciones basadas en inteligencia artificial.

El iPad plegable de Apple se enfrenta a la competencia directa de productos similares ya disponibles en el mercado.
La demanda de componentes para inteligencia artificial impulsa el encarecimiento de computadoras y tabletas en todo el sector tecnológico.(Reuters)

Entre las causas del encarecimiento, los especialistas destacan el papel de grandes fabricantes de chips como Samsung, SK Hynix y Micron, que priorizaron la provisión de componentes a empresas dedicadas a la inteligencia artificial, como Nvidia. Esto generó un cuello de botella que impactó en los precios de los dispositivos de consumo, obligando a empresas como Apple a ajustar sus valores.

El fenómeno repercute en todo el sector tecnológico. Otras compañías internacionales ya aplicaron subas similares en sus productos, como Samsung, Microsoft, Sony y Dell. Las consultoras anticipan que los competidores de Apple podrían verse obligados a aumentar aún más el precio de sus dispositivos para cubrir los costos, ya que la compañía de Cupertino cuenta con una estructura de abastecimiento más robusta que el promedio del mercado.

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El director de una consultora tecnológica, Ben Bajarin, explicó que el contexto de la memoria es complejo y que la situación continuará tensa en los próximos meses. Los contratos de suministro a largo plazo entre fabricantes de chips y empresas del rubro de inteligencia artificial generan un ambiente de escasez para los dispositivos de consumo masivo.

La presión sobre los precios de la memoria se intensificó en los primeros meses del año, cuando el valor de la RAM se duplicó y las proyecciones indican que seguirá creciendo. Según estimaciones de la industria, la memoria dinámica aumentó hasta un 98% en el primer trimestre de 2026 y podría incrementarse otro 60% en el segundo trimestre del mismo año.

La reacción en los mercados bursátiles fue inmediata. Tras el anuncio de Apple, las acciones de la empresa cayeron cerca de un 5%, mientras que otras compañías del sector, como Dell, registraron descensos superiores al 8%. El efecto dominó también alcanzó a los fabricantes de computadoras personales y consolas de videojuegos, que enfrentan un escenario de ventas más complejo.

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Tim Cook, director ejecutivo de Apple, afirmó que la empresa ya no puede absorber los aumentos de costos impuestos por los proveedores (Reuters)
Tim Cook, director ejecutivo de Apple, afirmó que la empresa ya no puede absorber los aumentos de costos impuestos por los proveedores (Reuters)

En su declaración, Apple insistió en que no tiene previsto construir sus propias fábricas de memoria y almacenamiento. “No podemos hacer todo. Sabemos en qué somos expertos”, expresó Tim Cook. El ejecutivo detalló que la empresa optó por aumentar el uso de efectivo para asegurar el suministro de memoria, aunque no brindó detalles sobre cómo planea implementar esta estrategia.

La vuelta al mercado del Mac mini con 256 GB también llamó la atención. Este modelo, que estuvo ausente de la línea durante un tiempo, reapareció con un precio de 799 dólares, 200 dólares por encima del valor anterior a su desaparición temporal.

El impacto de la suba de costos ya se refleja en la estrategia de los fabricantes de dispositivos electrónicos. Los analistas proyectan que otras marcas de computadoras y tabletas seguirán los pasos de Apple, ya sea por medio de incrementos directos en los valores de lista, recortes en los descuentos de modelos de entrada o una mayor concentración en productos de gama alta.

El vicepresidente y analista principal de una firma de investigación de mercado, Dipanjan Chatterjee, consideró que la base de clientes de Apple absorberá el aumento sin mayores inconvenientes. David Naranjo, de otra consultora, anticipó que la tendencia llevará a otras marcas a modificar su política de precios y a ajustar su portafolio de productos.

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Mientras tanto, el sector de dispositivos móviles y computadoras personales enfrenta una caída de ventas significativa. Las previsiones de la industria calculan que el mercado de smartphones sufrirá la mayor baja anual de su historia, cercana al 14%, y que el de PC disminuirá un 11,3% durante el año.

El nuevo contexto de precios también afecta a los usuarios fuera de Estados Unidos. En el Reino Unido, el MacBook Neo, la portátil más económica de la marca, subió de 599 a 699 libras en pocos meses. Además, el MacBook Neo en Estados Unidos perdió una ventaja de 100 dólares respecto a su principal competidor, el XPS 13 de Dell, lo que podría modificar la dinámica del segmento de laptops accesibles.



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Panorama Financiero | El dólar acelera y Caputo busca contenerlo sin ahogar más el crédito

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El dólar volvió a acelerar y eso obligó al Gobierno a concentrarse otra vez en una prioridad muy concreta: que la suba no se desordene. En junio, el oficial ya avanza 5%, bastante más rápido que la inflación, en un contexto de mayor demanda privada de divisas. Importadores que se adelantan, empresas que giran ganancias al exterior, más compras para viajar y un dólar fortalecido en el mundo empujan un mercado que venía mucho más calmo durante el primer semestre.

La señal que hoy domina en la City es bastante clara. El Gobierno acepta que el dólar suba, pero quiere que lo haga de manera gradual y sin ruido. Por eso reaparecieron las sospechas sobre una mayor presencia del Banco Central en el mercado de futuros y por eso también la próxima licitación de deuda del Tesoro pasó a ser mucho más que una simple renovación de vencimientos.

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El dólar se mueve más rápido y el Gobierno quiere evitar una suba desordenada

En las últimas ruedas, el tipo de cambio dejó de moverse a ritmo de ancla y empezó a correr bastante más rápido. El mayorista se ubicó en $1.479, el minorista quedó cerca de $1.500 y el MEP superó esa barrera. No parece una corrida, pero sí un cambio de etapa respecto de los meses en los que el dólar venía virtualmente planchado.

Detrás de esa suba aparecen varios factores al mismo tiempo. El primero es global: el dólar se fortaleció frente a otras monedas por la expectativa de una Reserva Federal más dura. El segundo es local: aumentó la demanda privada de cobertura, con importadores que se anticipan, empresas que remiten dividendos, pagos en moneda extranjera y más compras minoristas por viajes al exterior. A eso se sumó una dolarización de productores que vendieron soja, cobraron pesos y salieron a recomponer posiciones en divisas.

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En paralelo, en el mercado de futuros volvió a crecer fuerte el volumen operado y el interés abierto, lo que reavivó las sospechas de intervención oficial para bajar tensión. El mensaje que el mercado lee es que Economía está dispuesta a dejar que el tipo de cambio recupere algo de terreno, pero no a permitir que esa corrección se convierta en ruido financiero o en una señal de descontrol.

Caputo llega al vencimiento de $16 billones con la licitación como prueba clave

En ese contexto llega el vencimiento de $16 billones de este viernes. Y Luis Caputo tiene un objetivo muy claro: renovar esa deuda y, además, sacar pesos de la plaza para que no terminen empujando todavía más al tipo de cambio.

Si repite la línea de las últimas licitaciones, el Tesoro no se va a conformar con cubrir los vencimientos. Podría absorber hasta unos $3 billones extra. La lógica oficial es conocida: cada vez que el Banco Central compra dólares, emite pesos, y el equipo económico quiere evitar que esa liquidez se convierta en presión sobre precios o sobre el mercado cambiario.

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Por eso la licitación tiene hoy una función doble. Sirve para administrar vencimientos y también para reforzar la contracción monetaria. En el menú vuelven a aparecer Lecap, bonos duales, títulos atados al dólar y colocaciones en hard dollar, todo pensado para atraer demanda y, al mismo tiempo, extender plazos más allá de 2027. No es solo una operación financiera: es parte del intento de sostener la calma cambiaria justo cuando el mercado empezó a probar otro ritmo para el dólar.

Reservas frágiles, más mora y un crédito cada vez más exigido

El problema es el costo de esa defensa. El Banco Central volvió a comprar dólares, sí, pero las reservas igual sufrieron la mayor caída diaria en dos meses. Cayeron u$s532 millones y cerraron en u$s46.937 millones. Parte de esa baja se explicó por la caída del oro y por pérdidas de valuación de otras monedas, pero el dato dejó igual una señal incómoda: el Central compra, aunque la acumulación efectiva sigue siendo frágil.

Y al mismo tiempo aparece otra tensión más cercana a la economía cotidiana: el crédito. Caputo ya les pidió a los bancos que bajen tasas y estiren refinanciaciones después de que la mora de personas físicas saltara de 3,3% a 11,5% en apenas un año. Eso muestra hasta qué punto el frente financiero y el frente del bolsillo ya empiezan a tocarse.

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Ahí está hoy el equilibrio más delicado. Para contener al dólar, el Tesoro vuelve a absorber pesos y mantiene una política monetaria dura. Pero esa misma estrategia tiende a sostener tasas altas, encarecer el financiamiento y complicar más a familias y empresas que ya vienen ajustadas. En otras palabras, el Gobierno necesita que el dólar no se desordene, pero tampoco puede seguir endureciendo tanto las condiciones sin afectar más el crédito.

Ese es el punto a mirar en las próximas horas: si Caputo consigue sostener la calma cambiaria sin volver más pesado el financiamiento y sin enfriar todavía más una economía que ya viene frágil. Porque el dólar puede subir de manera ordenada, pero cada vez que ese orden se defiende con menos liquidez y tasas más exigentes, la cuenta en la economía real se vuelve más difícil.

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