SOCIEDAD
Murió Ernestina Pais a los 54 años en un accidente con un tren en San Isidro
La reconocida periodista Ernestina Pais murió este viernes a los 54 años. Fuentes policiales confirmaron a LA NACION que manejaba su auto cuando cruzó un paso a nivel y fue atropellada por un tren en San Isidro.
Pais conducía un vehículo modelo Honda City negro cuando quiso pasar el cruce ferroviario, ubicado en las calles Sáenz Peña y El Cano, correspondiente al ramal Tren de la Costa del tren Mitre, con la barrera baja. El impacto fue del lado del conductor. Fue la única víctima del siniestro.
La periodista fue figura de la radio y la televisión argentina. Entre los hitos de su carrera, en 2009 fue la conductora del programa de televisión Caiga Quien Caiga (CQC) -y fue la única mujer en tener ese rol en el ciclo. Anteriormente había formado parte del panel de Mañanas Informales, por Canal 13, con Jorge Guinzburg.
Con el humorista había empezado a colaborar a principios del 2000 en el histórico ciclo La Biblia y el Calefón.
El último posteo de Ernestina Pais que conmovió a todos tras el trágico accidente: “Gracias vida”
Conocida por su histrionismo y su estilo frontal y directo, Pais había sabido ganarse un lugar en los medios después del camino que inició su hermana Federica Pais, quien había empezado años atrás en la conducción.
En 2013 había estado al frente del magazine Desayuno americano, por América. Desde 2019 hasta 2021 fue panelista en Intratables, el programa de debate político de las noches del mismo canal.
En la investigación del accidente tomó intervención Patricio Ferrari, fiscal general adjunto de San Isidro, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) de Martínez.
Fuentes del Ministerio de Transporte bonaerense informaron que Pais estaba inhabilitada para conducir hasta el 8 de octubre de 2027 por negarse a realizar controles de alcoholemia.
Los repetidos episodios y su historia con las adicciones
Durante los últimos años, la actriz sufrió diferentes accidentes de tránsito que causaron preocupación en su entorno. El último había sido en marzo, en el barrio de Vicente López.
En aquella oportunidad, la periodista se trasladaba en el mismo vehículo en el que tuvo el accidente de este viernes por avenida del Libertador cuando chocó contra un Alfa Romeo blanco, a la altura de Las Heras y Lavalle. Ella se negó a realizar el test de alcoholemia, tras el impacto que provocó abolladuras en ambos vehículos.
Previamente había sufrido otros cuatro incidentes en los últimos siete años. El primero fue en 2019, cerca de las 2.30 de la madrugada, cuando en un presunto estado de ebriedad, chocó contra un auto estacionado en una calle de Olivos, partido de Vicente López, e intentó darse a la fuga.
En 2022 impactó contra un auto en el barrio porteño de Palermo, intentó escapar y fue detenida por la Policía. Luego, en 2023, colisionó otra vez contra un vehículo estacionado en el barrio de Núñez. Cuando quisieron realizarle el test de alcoholemia, también se negó a hacerlo. Aquella vez también le labraron un acta, secuestraron su vehículo y la trasladaron a su domicilio en un móvil policial.
Pais fue internada hace dos años por alcoholismo y tuvo el alta hace casi un año y medio, contó en diálogo con LA NACION. La internación fue forzosa.
“Ya había intentado muchas veces tratar el tema, esta internación no fue la primera. Sí fue una internación forzosa, porque yo fui judicializada y, para llegar a la judicialización, pasé por otros intentos de desintoxicarme que fracasaron”, detalló. En el último tiempo actuaba en la obra de José María Muscari El divorcio del año, donde interpreta a una abogada alcohólica.
Al respecto, contó: “No creo que tenga las batallas ganadas con respecto a la adicción. Una cosa era mi discurso cuando salí de la internación. Otro muy diferente es el que tengo ahora. Sé que no le gané al alcoholismo porque he visto a compañeros recaer, he estado en situaciones peligrosas… entonces hoy tengo otro discurso y cuando voy hacia la botella pienso: ‘Hoy te gané, por estas 24 horas te gané. Estoy en este escenario, sobria, llegué a horario, hice todo bien, así que hoy te gané’”.
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SOCIEDAD
Tiene 99 años, Evita la eligió como su enfermera y le hizo un pedido especial antes de morir: “No lo deje solo”
Un 26 de julio de 1952 los ojos de Eva Perón se cerraron para siempre. Tanto su vida como su muerte quedaron marcadas en la historia argentina. Un cáncer avanzado, el día que el país se quedó sin flores para despedirla y un cuerpo embalsamado que posteriormente fue robado durante casi 20 años.
De esos sucesos, ocurridos hace más de 70, María Eugenia Álvarez fue testigo. Sus ojos claros fueron los que se clavaron en la mirada profunda de aquella primera dama rendida, que en sus últimos días había aceptado la muerte y se despedía dejándole órdenes y un legado. “Esté siempre cerca de Juan”, fue uno de los últimos pedidos que le hizo.
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Lo que horas después siguió fueron el silencio y la paz. “Yo le cerré los ojos a Evita”, aseguró la enfermera. Aquel día, Eva Duarte de Perón pasó a la inmortalidad y allí estuvo ella, con entereza, el corazón roto por la partida de una paciente y la responsabilidad de, ahora, ser parte de la historia.
Tras ello, salió de la habitación del Palacio Unzué, que supo ser la casa presidencial durante décadas, y habló con Juan Domingo Perón sobre la triste noticia. “Qué solo me quedo, Eugenita”, atinó a decir el entonces Presidente para luego desmoronarse.
Pero la historia de esa joven enfermera había comenzado antes, mucho antes que aquel día gris.
De cuidar a sus familiares enfermos a la presidencia
María Eugenia hoy tiene 99 años y una lucidez que le permite contar con lujo de detalles cómo nació su carrera y cada momento que atravesó junto a una de las figuras femeninas más influyentes de la política argentina.
Nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, el 21 de junio de 1927. En 1942, con apenas 15 años, comenzó sus estudios de enfermería en la escuela del Hospital Rivadavia, dependiente de la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal, y se recibió en 1944. Allí, además, se especializó en instrumentación quirúrgica.
“Siempre sentí una vocación muy fuerte por cuidar a los demás. No sé explicar por qué, pero era algo que me atrapaba. Cuando había algún enfermo en la familia, siempre era yo la que estaba cerca para atenderlo, para saber qué necesitaba. Quería cuidarlos. Era una vocación muy profunda”, dijo la enfermera jubilada en diálogo con TN.

Sobre su juventud recuerda todo y hasta le dedicó unas palabras a sus padres, a quienes calificó como “maravillosos” y rescata el apoyo que le dieron en la decisión de vida.
“En el hospital aprendí que lo primero siempre es el paciente. Antes que cualquier otra cosa está su cuidado. Después viene la organización del hospital y el trabajo con el personal”, destacó.
El día que conoció a Evita
La primera vez que vio a Evita fue en 1949. María Eugenia fue una de las encargadas del cuidado de las víctimas del avión que se estrelló al regresar de socorrer a los damnificados del terremoto de Ecuador, todas pertenecientes a la fundación, entre ellas Amanda Allen. La primera dama había ido a visitar a las trabajadoras heridas y en ese momento le estrechó la mano.
“Ella me miró dos veces y me preguntó cómo me llamaba. Le respondí que era María Eugenia Álvarez y que pertenecía a la Escuela de Enfermeras”, recordó. La conversación continuó así, sobre su vida y su origen.
El tiempo transcurrió y, 15 meses después de aquel encuentro, ya trabajando con el reconocido cirujano Adrián Jacobo Bengolea, llegó la inesperada propuesta y volvieron a cruzarse. “Él me recomendó ante Perón para cuidar a Evita: ‘Hijita, vas a cuidar a la esposa del presidente de la República’”, recuerda que fueron sus palabras. Aun hoy, cuando lo repite, abre los ojos sorprendida.
A Eva la habían operado de una supuesta apendicitis que no fue, derivada de un mal diagnóstico. Su salud se deterioraba, perdía peso y los médicos no lograban dar con la causa. María Eugenia la cuidó en la residencia de San Vicente hasta su recuperación. Luego continuó su labor en el hospital mientras la salud de la esposa del Presidente continuaba siendo un tema de agenda.

Tal fue así que, meses después, sin que la propia paciente lo supiera, le hicieron una cirugía para intentar frenar un cáncer de cuello uterino avanzado.
Su enfermedad fue un secreto de Estado. Ni la propia primera dama lo sabía. Su salud era delicada y necesitaba asistencia constante. En ese momento volvió a aparecer María Eugenia. Cuidó a Eva en el postoperatorio de la cirugía realizada en el Policlínico de Avellaneda, donde intervino el oncólogo estadounidense George Pack, un especialista de renombre que había sido convocado por el Presidente sin el conocimiento de la paciente. Evita siempre creyó que quien la había operado fue Ricardo Finochietto, su médico de cabecera.
En esta segunda oportunidad, la enfermera se enteró de que había sido la misma Eva quien había solicitado que fuera su cuidadora. “Había pedido expresamente que yo fuera su enfermera. Me eligió para acompañarla y estuve con ella todo el tiempo”, sostuvo.
Cuando finalmente llegaron al problema, determinaron que el estado era grave e irreversible. Los días pasaban. El cuerpo cansado de Evita se deterioraba cada vez más y ahí estaba María Eugenia, sosteniendo. “Nuestra relación siempre fue de mucho respeto. Ella era muy amable conmigo y yo jamás me tomé atribuciones que no me correspondieran. Siempre actué como debía hacerlo una enfermera”, aseguró.
Pese a que nadie le comunicaba la verdad, para la enfermera, la primera dama tenía claro que su cuadro era complejo. “Sabía perfectamente cuál era su enfermedad. Era una mujer muy inteligente y sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Habíamos trabajado tanto que ella sentía que el tiempo se terminaba”, recordó.
Pese a la fortaleza que la esposa del Presidente tenía, aquellas épocas fueron duras. “Durante la enfermedad sufrió muchísimo. Tenía dolores muy intensos. Yo la medicaba siguiendo estrictamente las indicaciones de los médicos. Cuando se sentía un poco mejor, recibía a la gente durante más tiempo; cuando estaba peor, las visitas eran más breves, pero siempre quería recibirlas”, insistió.
Y en esas horas difíciles, lo que más le preocupaba no era su sufrimiento, sino su gran compañero. “Eugenita, esté siempre cerca de Juan, ayúdelo en lo que pueda, no lo deje solo”, le pedía a su enfermera. Ella, sin más, le aseguraba que iba a estar para acompañarlo
El histórico voto femenino
El 11 de noviembre de 1951, cinco días después de aquella cirugía, las mujeres votaron por primera vez en la Argentina y Evita tuvo el honor de ser parte de ese grupo que transformó la historia de la Nación y que dio paso a un hecho clave en la lucha del feminismo, que desde hacía años se había instalado en el país por distintos partidos políticos, mucho antes del peronismo.
“Recuerdo la enorme emoción que sintió cuando votó por primera vez. Estaba muy feliz. Ese día la acompañé”, precisó. Y no solo eso, sino que fue quien le sostuvo la urna para que emitiera el sufragio desde la cama del hospital. Aquella secuencia quedó inmortalizada en una foto histórica.

La jornada en la que las mujeres votaron por primera vez finalizó con el triunfo de Perón con el 63%. Su segundo mandato comenzaba mientras la salud de su esposa se deterioraba cada vez más.
Para aquel entonces el cáncer de Evita había hecho metástasis y los dolores solo podían ser controlados con morfina. Si bien había decidido acompañar a su marido, no aceptó seguir compartiendo habitación con él para no interrumpir su descanso. Es por eso que montó un nuevo espacio en el Palacio Unzué para ella donde era constantemente monitoreada por enfermeras y el general la visitaba al menos tres veces al día.
“Yo le cerré los ojos a Evita”
Los meses pasaron entre cuidados y dolor. El 4 de junio de 1952 Eva acompañó a Perón a asumir la Presidencia. Llevaba un importante tapado de visón para disimular el estado de su cuerpo y había sido medicada para soportar todo el evento. Esa fue la última vez que se la vio públicamente.
La madrugada previa a su deceso, Eva quiso levantarse para ir al baño. “Me dijo que sabía que no estaba bien. Yo la acompañé y traté de tranquilizarla. Le dije que todo iba a pasar, que descansara y traté de cambiar de tema. Ella insistió y me dijo ‘me queda poco’”, rememoró Álvarez.
En la tarde del 26 de julio de 1952, la primera dama había entrado en un coma profundo. Horas más tarde, la subsecretaría de informaciones de la Presidencia anunciaría que a las 20:25 había muerto la “jefa espiritual de la Nación”.
María Eugenia todavía recuerda con claridad ese día. “Yo le cerré los ojos a Evita”, aseguró.
Con el dolor latente, poco después, salió de la habitación, ya repleta de médicos y dirigentes, y habló con Perón. De aquella conversación todavía tiene el recuerdo vivo que lloraba como un nene y que le dijo: “Qué solo me quedo, Eugenita”.

“Le conté que ella estaba preocupada por él y que nos había pedido que lo cuidáramos. Le aseguré que así sería y que las enfermeras y quienes trabajábamos con ella lo acompañaríamos siempre”, explicó.
“Ver morir a Evita fue algo imposible de describir. También era muy doloroso ver cómo la gente humilde rezaba y esperaba una mejoría”, sostuvo.
El velorio de Eva Perón fue el más masivo de la historia argentina. Duró 16 días, el país se quedó sin flores y más de dos millones de personas colmaron las calles de Buenos Aires.
El después
Luego de la muerte de la primera dama, María Eugenia siguió trabajando como jefa en la Escuela de Enfermería hasta la Revolución Libertadora. La propia Eva le había encomendado que sea quien lleve adelante el proyecto. “Con el golpe regresé al Hospital Rivadavia, donde continué mi carrera con total tranquilidad”, recordó.
“Trabajé muchos años entre el Hospital Rivadavia y la Fundación Eva Perón. Formé muchas enfermeras, siempre pensando en los hospitales públicos. Yo insistía en que las mejores enfermeras debían ir a los hospitales, no a los sanatorios”, sumó.
Paradójicamente, su hermana Rita también murió de cáncer, el mismo que había transitado Evita, y siendo muy joven, a los 38 años, partió. Sus dos sobrinos quedaron a su cargo y fueron quienes la acompañaron toda la vida.

Hoy, con 99 años, María Eugenia vive en un hogar para adultos mayores de Monte Grande y mantiene latente sus recuerdos más preciados. “Cuando me preguntan por todo aquello que viví siento una mezcla de tristeza y alegría. Son recuerdos muy fuertes que nunca se olvidan”, aseguró.
“Haber sido la enfermera de Eva Perón fue simplemente cumplir con mi deber como personal de salud. Me tocó cuidar a distintos pacientes y también a ella. Era mi trabajo”, señaló y sumó: “Lo más importante que me dejó la profesión fue la satisfacción de ver recuperarse a los pacientes graves. Eso era una felicidad enorme”.
En junio del año que viene, María Eugenia llegará al centenario y ya planea festejarlo con todo. Junto a Fabiana, su cuidadora, sonríen cómplices y hasta analizan posibles escenarios para la celebración.
“Si hoy tuviera que elegir nuevamente una profesión, volvería a estudiar enfermería. Con más razón que antes. La viví con enorme felicidad. Mirando hacia atrás, siento que fue una etapa de mucho amor por mi trabajo. Siempre me consideré una trabajadora más del Gobierno, igual que tantos otros”, añadió.
“Hoy vivo feliz, tengo a mi familia. Tuve una vida tranquila. Nunca sufrí persecuciones ni problemas. Todo lo contrario: siempre viví con mucha paz”, concluyó acariciando y acomodando el pañuelo que lleva la cara de Evita y que atesora con gran cariño.
A más de siete décadas de la muerte de Eva Perón, María Eugenia conserva intactos los recuerdos de aquellos días. En la claridad de su mirada, en la emoción con la que revive cada escena y en la precisión de su memoria, sobrevive el testimonio de una mujer que fue testigo privilegiada de uno de los episodios más recordados del siglo XX argentino.
Créditos
Fotos y video: Agustina Ribó
Edición: Adrián Canda
Eva Perón, Evita, María Eugenia Álvarez, Sumario
SOCIEDAD
“Acá hay un crimen brutal”: hallaron pruebas claves del femicidio de Mailén Antonich y no descartarían más implicados
A pocas horas de asumir la representación legal de la familia de Mailén Antonich, el abogado Wenceslao Méndez confirmó que la causa por el femicidio ocurrido en Mar del Plata cuenta con “muchísima prueba” aún pendiente de ser incorporada al expediente. Por esto, anticipó que podrían surgir nuevas personas implicadas en el hecho.
Después de que la madre de la víctima, María de los Ángeles Mariscal, confirmara al letrado como su representante legal, Méndez anticipó que se esperan avances significativos durante las próximas semanas. Aunque sostuvo que la investigación es compleja, informó que ya se reunió una importante cantidad de evidencia.
“Hay muchísima prueba colectada eficazmente por la investigación. Lo que pasa es que es prueba que demora en poder plasmarse dentro del expediente”, explicó el abogado. Entre los elementos destacados, subrayó el análisis de varias horas de grabación de las cámaras de seguridad del Hotel Sasso, cuyo sistema de última generación captó imágenes relevantes para la causa.
De la misma manera, el representante legal indicó que los estudios complementarios derivados de la autopsia siguen en curso. Por este motivo, consideró que en los próximos 30 días se podría llegar a tener ciertos avances. “Vamos a poder determinar quiénes fueron los intervinientes, cuántos fueron y qué tipo de responsabilidad tienen”, manifestó.
Según la información obtenida por el medio marplatense 0223, Méndez señaló que la mecánica del crimen aún no se encuentra totalmente esclarecida, pero que la situación de los dos imputados sería clara. “No tengo dudas de que las dos personas que estaban en el lugar donde Mailén fue asesinada brutalmente claramente tienen responsabilidad en los hechos”, apuntó.
Si bien reiteró que las responsabilidades y/o grados de participación de los dos detenidos no fueron determinados, el abogado sostuvo: “Entendemos que tienen un grado de participación importante en la muerte de Mailén”. Asimismo, no cerró la posibilidad de que se sumen nuevas personas implicadas.
En este sentido, el letrado subrayó que algunos testimonios sugieren que la persona que recibió a la víctima al llegar al lugar no coincidiría físicamente con ninguno de los dos detenidos. A pesar de esto, advirtió que, por el momento, solo sería una línea de investigación.
Sin embargo, mencionó que podrían existir responsabilidades indirectas, tras mencionar los recientes allanamientos que se realizaron a allegados de la ex pareja de la joven. Asimismo, remarcó que los siete teléfonos celulares secuestrados en la investigación podrían aportar información clave.
Las sospechas sobre el entorno familiar de la víctima surgieron a partir de la declaración testimonial que ofreció Paula Daniela Vidal, una ex cuñada de Antonich. Según los detalles a los que tuvo acceso Infobae, la joven relató haber escuchado cómo su madre, María Mercedes Vidal, le decía a un hombre que le pagaría cuando “terminara el trabajo” de matar a Mailén.
Pese a la contundencia del testimonio, el fiscal Carlos Russo no ordenó ninguna medida restrictiva contra la madre de la ex pareja de la víctima. Aunque se trata de una mera hipótesis, esta ganó fuerza al constatarse que la joven había denunciado al padre de una de sus hijas por no haber cumplido con el pago de la cuota alimentaria. A partir de esto, había recibido amenazas.
En línea con esto, también se logró trazar un nexo entre la familia Vidal con uno de los detenidos por el femicidio. Por esta razón, también se analizará como línea investigativa si habría existido algún grado de planificación y/o participación del crimen.
Hasta el momento, el abogado que representa a la familia de Mailén indicó que se sospecha que no solo la ropa de la víctima fue quemada, sino también un teléfono celular. Y apuntó: “Lo cierto y lo concreto es que acá hay un crimen brutal, pocas veces visto en nuestra ciudad”.
Por este motivo, exigió que la justicia debe ofrecer respuestas tanto a la familia de Mailén como a la sociedad en su conjunto. No obstante, valoró el encuentro entre los familiares de la víctima y el juez de Garantías Daniel De Marco, a quien destacó por haberlos recibido personalmente.
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Dragon Ball Legends desata el poder Ultra con un evento de verano en 2026 – Nintenderos
Actualmente, el célebre juego para dispositivos móviles Dragon Ball Legends esta en un buen momento de contenidos. Debido a esto, Bandai Namco ha decidido confirmar oficialmente un evento importante. Este evento se centra en la categoría Ultra, la cual representa el rango de fuerza y coleccionismo más alto dentro del título.
En primer lugar, esta iniciativa ofrece a los jugadores una oportunidad única para conseguir a los luchadores más representativos de toda la obra de Akira Toriyama. Asimismo, la gran atracción de esta campaña radica en su sistema de recompensas. Por consiguiente, al utilizar unos billetes especiales repartidos para la ocasión, los usuarios podrán asegurar la obtención de al menos un guerrero de esta codiciada categoría.
¿Por qué es tan relevante esta categoría dentro del juego?

Es fundamental destacar que, dentro del ecosistema competitivo de Dragon Ball Legends, la rareza Ultra alberga a los luchadores más temibles. De hecho, estas unidades no solo cuentan con animaciones de entrada espectaculares. Poseen estadísticas de combate abrumadoras que suelen dominar el juego.
Por lo tanto, este evento se estructura en torno a varios puntos clave:
- Invocación asegurada: En efecto, al reunir los objetos requeridos durante la promoción, el banner garantiza la aparición de un personaje de máxima categoría.
- Elenco de luchadores: Por otra parte, la lista de reclutamiento reúne a las fusiones y transformaciones más populares de la saga, incluyendo a poderosas variantes de Goku o Gogeta.
- Beneficio para la comunidad: En consecuencia, la celebración resulta ideal tanto para los jugadores habituales como para los usuarios que regresan tras un tiempo de inactividad.
En conclusión, mediante este tipo de actualizaciones, Bandai Namco demuestra que la obra mantiene un éxito indiscutible en el mercado móvil.
¿Qué personaje Ultra tenéis más ganas de sumar a vuestro equipo principal? ¡Por supuesto, podéis compartir vuestras opiniones en la sección de comentarios!
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