DEPORTE
Newell’s le ganó 3-2 a Unión en el inicio de la fecha 15 del Torneo Apertura

En la apertura de la fecha 15 de la Zona A del Torneo Apertura, Unión y Newell’s se enfrentaron en el estadio 15 de Abril de Santa Fe, donde el equipo visitante se impuso 3-2 con goles de Matías Mansilla en contra, Jerónimo Russo e Ignacio Ramírez, mientras que Marcelo Estigarribia y Lucas Menossi convirtieron para el local.
Unión necesitó de apenas cuatro minutos de juego para abrir el marcador en Santa Fe. Una jugada rápida a la salida de un tiro libre encontró libre a Julián Palacios, quien envió un centro a la cabeza de Marcelo Estigarribia para el 1-0 tempranero.
Sin embargo, la Lepra consiguió la igualdad de una manera casi fortuita y que debió ser analizada en la cabina VAR. Todo ocurrió a los 16 minutos tras un rebote en Estigarribia que fue en dirección a su propio arco. El arquero local Matías Mansilla alcanzó a tomar la pelota tras un rebote en el palo, pero su reacción no fue suficiente porque el balón había traspasado levemente la línea de meta. El árbitro Fernando Espinoza dejó seguir el juego, pero tras el llamado del VAR terminó convalidando el tanto de la visita.
*El gol del empate de Newell’s en Santa Fe
El partido decayó en intensidad, pero a los 27 minutos, los dirigidos por Frank Darío Kudelka casi marcan el segundo tanto luego de un cabezazo de Luciano Herrera que dio en el travesaño. Inmediatamente después de dicha acción se produjo una jugada polémica tras la caída dentro del área de Rodrigo Herrera tras una disputa de balón con Lautaro Vargas. Espinoza no sancionó penal.
Newell’s siguió insistiendo y encontró la recompensa a los 38 minutos gracias a un golazo de Jerónimo Russo desde afuera del área. El mediocampista remató con potencia de zurda, la pelota rebotó en el palo derecho de Mansilla y se metió en el arco. En el final, la visita se salvó del empate porque Josué Reinatti se arrojó contra su palo para desviar un balón con destino de gol de Rafael Profini.
A los 11 minutos del segundo tiempo, un pase largo encontró a Estigarribia en ataque, pero cuando intentaba avanzar, Nicolás Goitea intervino con precisión y cortó la jugada, frustrando así una ocasión de Unión, que buscaba revertir el resultado adverso. Poco después, el delantero local generó nuevamente una jugada de riesgo, pero Reinatti se lució en el arco con solvencia para evitar el empate en dos acciones consecutivas similares.
Apenas ingresó, Ignacio Ramírez aprovechó un error defensivo, luego del intento de pase de Maizon Rodríguez hacia Matías Mansilla. La pelota le quedó al delantero frente al arco y definió con precisión para marcar su gol a los 76 minutos, ampliando la ventaja de Newell’s. Cuando el resultado parecía definido, el Tatengue consiguió descontar tras una jugada que se gestó desde un tiro de esquina ejecutado en corto, seguido de un centro al área, donde Lucas Menossi capturó el rebote y convirtió el segundo gol a los 87′, estableciendo el 3-2 final.
De cara a los partidos finales de la primera fase del Apertura, a Unión le quedará una visita a Liniers ante el actual puntero Vélez (lunes 27/4, a las 18.45) y el encuentro pendiente de la fecha 9 en Santa Fe contra Talleres de Córdoba (con día y horario a definir por AFA). En tanto que Newell’s recibirá por la fecha 16 a Instituto (domingo 26/4, a las 17.30) y cerrará en el José Amalfitani frente al Fortín.
Formaciones:
Estadio: 15 de Abril
Árbitro: Fernando Espinoza
VAR: Yamil Possi
TV: ESPN
TABLA DE POSICIONES DEL TORNEO APERTURA
DEPORTE
Virgil van Dijk a Olé: «Argentina la hizo fácil»

Con la misma calma que muestra en la cancha. Virgil van Dijk encara el post partido. Ya habló para la televisión internacional, para los canales de su país, pasó por varios idiomas hasta que vuelve al inglés. Se toma su tiempo, analiza pacientemente cómo fue la goleada de Países Bajos por 5 a 1 a Suecia y no esquiva la pregunta cuando se lo saca del tema. «Argentina lo hizo fácil», le dice a Olé.
Tiempo al tiempo, primero hay espacio para analizar a Países Bajos que por momentos le dio un baile descomunal a Suecia. Rotación constante en el medio y una vocación ofensiva tal que da miedo. «Por supuesto que estoy satisfecho porque si ganar 5-1, siempre te deja sensaciones positivas. Pero también sabemos que hay cosas por mejorar», empieza. Nadie se encima en las preguntas, todos esperan su turno. El contraste con lo que ocurre con la Selección argentina es muy grande.
Virgil Van dijk con Olé tras la goleada de Países Bajos a Suecia 5-1 @chukymacias enviado especial de Olé
-Recibimos varias ocasiones en contra. Jugamos ante delanteros muy buenos, pero también es cierto que a veces perdemos la pelota fácil y no cerramos bien los centros. Son detalles que tenemos que corregir.
-¿En qué se apoyan para seguir creciendo?
-En el trabajo de estos días. Sabemos que podemos mejorar y, aun así, también estar orgullosos de una victoria así. Ahora toca pensar en lo que viene.
-¿Dónde estuvo la clave del partido?
-En los momentos de intensidad, sobre todo al inicio del partido y de la segunda parte. Ahí marcamos la diferencia. Creo que vamos creciendo partido a partido. Siempre intentamos dar un paso más. Hay momentos muy buenos y otros en los que podemos hacerlo mejor..
Vestido aún como salió la cancha, no levanta nunca la voz. Mira a los ojos para contestar, empatiza con lo que le preguntan y no tiene apuro por más que ya se frenó a hablar con varios medios.
-¿Qué papel tuvo el juego por afuera?
-Fue fundamental. Cuando generás el uno contra uno y encontrás espacios, aparecen las diferencias. Con jugadores fuertes y rápidos arriba, eso se potencia mucho.
-Siempre elogiaste a Brian Brobbey, ¿qué destaca de su rendimiento?
-Es un chico muy fuerte, con mucha calidad. Cuando recibe en ventaja es muy difícil de parar. No se la pueden sacar cuando se pone de espaldas. Además, toma muy buenas decisiones y técnicamente resuelve muy bien.
-¿Cuánto influye el equipo en ese rendimiento individual?
-Muchísimo. Hoy los suplentes entraron muy bien, el arquero también estuvo firme. Esto es un trabajo de todos. Es cierto que bajamos un poco el rendimiento luego de la pausa de hidratación del segundo tiempo. Hay cosas aún para ajustar.
-Que lo demostremos en la cancha. Podemos hablar, analizar, pero al final somos nosotros los que tenemos que ejecutarlo.
-¿Qué objetivo se plantean hacia adelante?
-Pensar en el próximo partido. Queremos seguir ganando, pero con la idea de mejorar constantemente. Está claro que este tipo de resultados le da un envión al equipo.
Hay tiempo para contar que también se tomaron el compromiso de ayudar donando sus camisetas para ayudar a los que menos tienen. «Las donamos a la Fundación Princesa Máxima. Es importante para nosotros», cuenta y se abre la chance de no continuar hablando de Países Bajos y acepta el ida y vuelta con Olé.
-¿Viste entonces otros partidos?
-Veo todos los partidos del Mundial.
-¿Qué te pareció Argentina?
– Argentina y Brasil también son dos equipos increíbles. La manera en que Argentina empezó el Mundial dice que realmente quieren mantener el título. No era un partido fácil, pero lo hizo fácil. De todos modos, nosotros tenemos que seguir enfocados en nuestro equipo.
HOUSTON (ENVIADO ESPECIAL).
VIDEOS DEL PAISES BAJOS 5 – SUECIA 1
Los naranjas derrotaron a Suecia por 5-1 – @chukymacias.Kansas y Dallas se sumaron a la lista de ciudades que homenajean al 10 en sus calles – @hernanclaus.
Esto dijeron los hinchas, el último se fue expulsado por su amigo – @chukymacias

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Cuando Uruguay inventó el Mundial

La historia comenzó con una medalla olímpica en 1924, se convirtió en leyenda con el primer Mundial de 1930 y tendrá un nuevo capítulo en 2030, cuando Uruguay celebre simultáneamente el bicentenario de su Constitución y los cien años de la Copa del Mundo. Otra vez, el Centenario volverá a abrir sus puertas al planeta.
Hubo un tiempo en que un Mundial de fútbol era una utopía. Un proyecto improbable. Un sueño que parecía demasiado grande para una época demasiado difícil. En 1930, el mundo acababa de entrar en la Gran Depresión: las economías se derrumbaban, los gobiernos enfrentaban una crisis sin precedentes y organizar un campeonato internacional parecía una extravagancia imposible.
La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) quería crear una Copa del Mundo, pero nadie quería asumir el desafío. Entonces apareció Uruguay. Un pequeño país del sur, con apenas dos millones de habitantes, decidió hacer algo que nadie más se animaba a hacer: organizar el primer Mundial de la historia.Un dato curioso: aunque hoy se usa en todo el mundo la sigla FIFA, conserva su nombre original en francés porque fue fundada en 1904 en París y el francés era entonces el idioma diplomático predominante en las organizaciones internacionales.

Cuando Uruguay presentó su candidatura no era una nación desconocida en el fútbol. Muy por el contrario: la selección celeste había conquistado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y repitió la hazaña en Ámsterdam en 1928. En aquellos años, cuando todavía no existía la Copa del Mundo, los Juegos Olímpicos eran considerados el máximo campeonato internacional de fútbol.
La FIFA encontró en Uruguay al candidato ideal: un país ganador dentro de la cancha y dispuesto a asumir una responsabilidad que ninguna otra nación quería tomar.

Una república moderna mirando al mundo
Para comprender la magnitud de aquella decisión hay que observar el Uruguay de comienzos del siglo XX. Bajo el legado reformista de José Batlle y Ordóñez y durante la presidencia de Juan Campisteguy, el país atravesaba uno de los períodos de mayor prosperidad y prestigio internacional de su historia. Sus niveles de alfabetización, desarrollo social y estabilidad institucional le habían valido el apodo de “la Suiza de América”.
Montevideo era una ciudad moderna para la época: los tranvías eléctricos recorrían sus avenidas, el puerto impulsaba el comercio internacional y una intensa vida cultural acompañaba el crecimiento urbano. Mientras gran parte del planeta intentaba recuperarse de la crisis económica de 1929, Uruguay decidió aprovechar una fecha simbólica para presentarse ante el mundo: el centenario de la Jura de la Constitución de 1830.

La organización del Mundial fue mucho más que un acontecimiento deportivo. Fue una declaración de confianza nacional.

Para recibir el campeonato se construyó una obra destinada a convertirse en leyenda: el Estadio Centenario. Su nombre homenajeó los cien años de la Constitución uruguaya y su construcción avanzó contra reloj. Levantado en pocos meses, en medio de una compleja situación económica internacional, simbolizó la capacidad de un país pequeño para concretar una obra de alcance global.

No existe una cifra única y confiable sobre el costo total de aquel primer Mundial. Sí se cita habitualmente que la construcción del Estadio Centenario demandó alrededor de un millón de dólares de la época. Para un país de apenas dos millones de habitantes, la inversión era enorme. Pero Uruguay no solo levantó el estadio: también asumió gastos de traslado, alojamiento y manutención de las delegaciones para garantizar la presencia de los equipos extranjeros.
La FIFA había aceptado la candidatura uruguaya, pero el problema recién comenzaba. Cruzar el Atlántico demandaba casi tres semanas de navegación. Los clubes europeos no querían liberar a sus futbolistas durante tanto tiempo y muchas federaciones consideraban que el viaje era demasiado costoso.

Finalmente solo cuatro países europeos aceptaron el desafío: Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia. La historia de Rumania merece una mención especial: el rey Carol II intervino personalmente para convencer a los jugadores de viajar y les garantizó que conservarían sus empleos al regresar.
Las delegaciones europeas embarcaron rumbo a Sudamérica en el legendario transatlántico italiano Conte Verde. A bordo también viajaba Jules Rimet, presidente de la FIFA, llevando consigo el trofeo original de la competencia.
El torneo comenzó el 13 de julio de 1930. Participaron trece selecciones: Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Estados Unidos, México, Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania.
No había televisión ni transmisiones satelitales. Las radios apenas comenzaban a desarrollar coberturas internacionales. Tampoco había marketing deportivo, patrocinadores globales ni redes sociales. Había fútbol. Y una ciudad entera pendiente de cada partido.

La Celeste no siempre fue celeste. Hasta 1910 Uruguay jugaba de blanco. El color que hoy identifica a la selección surgió como homenaje al club River Plate de Montevideo, que ese año derrotó al poderoso Alumni argentino vistiendo una camiseta celeste. Aquella victoria fue considerada un orgullo nacional y la Asociación Uruguaya adoptó ese color para la selección. Desde entonces, la Celeste se convirtió en una de las camisetas más emblemáticas de la historia del fútbol.El éxito deportivo tampoco fue casualidad. El fútbol había llegado tempranamente al Río de la Plata de la mano de los británicos y Uruguay desarrolló una estructura competitiva sólida antes que gran parte del mundo. La concentración de la población en Montevideo favorecía un nivel extraordinario entre los mejores jugadores.
Además, la selección celeste sorprendía por un estilo innovador. Mientras muchos equipos europeos privilegiaban el juego físico y directo, los uruguayos apostaban por la técnica, los pases cortos, la movilidad y la inteligencia táctica. Cuando conquistaron los Juegos Olímpicos de París en 1924, Europa descubrió que el mejor fútbol del planeta podía encontrarse no en Londres, Viena o Budapest, sino en una pequeña república del Río de la Plata.
El 30 de julio llegó el momento esperado. Uruguay y Argentina, los dos gigantes futbolísticos de la época, se enfrentaron ante más de 68.000 espectadores en el Estadio Centenario.
Argentina se fue al descanso ganando 2 a 1. Pero en el segundo tiempo ocurrió lo inesperado: Uruguay reaccionó, marcó tres goles más y se impuso por 4 a 2. Jules Rimet entregó personalmente el trofeo a los campeones y Montevideo estalló en festejos. El gobierno uruguayo declaró feriado nacional.

La derrota argentina generó protestas e incidentes frente al consulado uruguayo en Buenos Aires. Durante algunas horas, un partido de fútbol pareció capaz de alterar incluso las relaciones diplomáticas entre dos países vecinos. Era el comienzo de una rivalidad que atravesaría gran parte de la historia del fútbol sudamericano.
Veinte años después: el Maracanazo
La historia mundialista de Uruguay no terminó en Montevideo. Veinte años después de conquistar la primera Copa del Mundo, la selección celeste volvió a escribir una de las páginas más extraordinarias de la historia del fútbol.
El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, Uruguay enfrentó a Brasil ante una multitud estimada en casi 200.000 espectadores. Los locales necesitaban apenas un empate para consagrarse campeones del mundo. Brasil comenzó ganando y el festejo parecía inevitable, pero Uruguay reaccionó: Juan Alberto Schiaffino marcó el empate y, a once minutos del final, Alcides Ghiggia anotó el gol que silenció al estadio más grande del planeta.

La victoria por 2 a 1 le dio a Uruguay su segunda Copa del Mundo y dio origen a una palabra que todavía hoy forma parte de la memoria colectiva del fútbol: el Maracanazo. Años más tarde, el propio Ghiggia resumiría aquella tarde con una frase que se volvió inmortal: “Solo tres personas lograron silenciar el Maracaná: el Papa, Frank Sinatra y yo.”
Con aquel triunfo, Uruguay se convirtió en bicampeón mundial. Primero había inaugurado la historia de los Mundiales en 1930; dos décadas después conquistaba la copa más recordada de todas, en el corazón futbolístico de Brasil.

La conquista de 1930 fue mucho más que un título. Fue el tercer gran capítulo de una historia que había comenzado varios años antes. Antes de crear la Copa del Mundo, la selección uruguaya ya había sorprendido al planeta al conquistar los Juegos Olímpicos de París en 1924 y de Ámsterdam en 1928. Aquellos torneos, organizados por la FIFA, eran considerados en su época los campeonatos mundiales de fútbol y marcaron la irrupción definitiva de la Celeste en la escena internacional.
Cuando Uruguay organizó y ganó el Mundial de 1930, confirmó que aquellos triunfos no habían sido una casualidad. Y veinte años más tarde, en el inolvidable Maracanazo de 1950, volvió a demostrarlo al derrotar a Brasil en Río de Janeiro y conquistar su segunda Copa del Mundo.Por esa razón, la camiseta celeste luce cuatro estrellas sobre su escudo. Cada una representa una de esas conquistas históricas: París 1924, Ámsterdam 1928, Montevideo 1930 y Maracaná 1950. La FIFA reconoce oficialmente esa singularidad y ha autorizado a Uruguay a mantener las cuatro estrellas, una distinción única en el fútbol mundial. Ninguna otra selección combina en su camiseta dos títulos olímpicos reconocidos como campeonatos mundiales y dos Copas del Mundo FIFA.De alguna manera, la historia de Uruguay resume la propia historia del fútbol internacional: antes de ganar el Mundial, ayudó a demostrar que una competencia global era posible; después, fue el primer país en conquistarla.
El trofeo entregado en 1930 era una pequeña escultura diseñada por el artista francés Abel Lafleur. Representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, sosteniendo una copa octogonal. Décadas más tarde, la FIFA decidió que el país que ganara tres veces el campeonato conservaría definitivamente el trofeo. Brasil alcanzó esa marca en 1970 y se quedó para siempre con la histórica Copa Jules Rimet.

Pero aquella copa tuvo un destino novelesco. En 1983 fue robada de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río de Janeiro, y nunca volvió a aparecer. Se cree que fue fundida, aunque su paradero definitivo sigue siendo uno de los grandes misterios del fútbol mundial.
A partir de 1974 comenzó a entregarse la actual Copa Mundial de la FIFA, diseñada por el escultor italiano Silvio Gazzaniga. La nueva pieza muestra a dos figuras humanas sosteniendo el planeta y simboliza la dimensión universal que alcanzó el torneo.
A la distancia, aquel primer Mundial parece una aventura romántica: trece equipos, un viaje de tres semanas en barco, una economía mundial en crisis y un puñado de dirigentes convencidos de que el fútbol merecía una competencia global. Sin embargo, ese campeonato terminó convirtiéndose en el acontecimiento deportivo más importante del planeta.
Hoy la Copa del Mundo moviliza a miles de millones de espectadores, genera ingresos multimillonarios y paraliza países enteros cada cuatro años. Todo comenzó en Uruguay durante el invierno de 1930, con un barco llamado Conte Verde cruzando el Atlántico, con una copa viajando en la valija de Jules Rimet y con un pequeño país que se atrevió a imaginar lo que el resto del mundo todavía no podía ver.
Mientras el Mundial 2026 vuelve a reunir al planeta alrededor de una pelota, la ilusión sigue intacta. La selección que conquistó París 1924, Ámsterdam 1928, Montevideo 1930 y el Maracaná de 1950 vuelve a perseguir una hazaña reservada para muy pocos: alcanzar una quinta estrella y seguir escribiendo capítulos en una historia que ayudó a comenzar.Casi un siglo después, el contraste resulta asombroso. El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, cuenta con un presupuesto de FIFA de 3.839 millones de dólares solo para la competencia masculina, dentro de un ciclo 2023-2026 que proyecta ingresos por 11.000 millones de dólares.

La comparación no necesita demasiada explicación: en 1930 todo se jugó en una sola ciudad; en 2026, el torneo se expande por tres países, 16 sedes, 48 selecciones y 104 partidos. Lo que nació como una apuesta audaz del Río de la Plata se convirtió en una de las mayores industrias deportivas del planeta.
Cien años después de aquel torneo pionero, Uruguay volverá a ocupar un lugar central en la historia del fútbol mundial. En 2030, cuando se cumpla el centenario de la primera Copa del Mundo, el Estadio Centenario de Montevideo será nuevamente escenario de un partido oficial del Mundial, en homenaje al país donde todo comenzó. La FIFA confirmó que Uruguay, Argentina y Paraguay albergarán los encuentros conmemorativos del centenario, mientras que el resto de la competencia se disputará en España, Portugal y Marruecos.
Será la primera Copa del Mundo organizada en tres continentes y seis países. Aunque la sede principal estará en Europa y África, el puntapié inicial de la celebración volverá a darse en el Río de la Plata, allí donde nació la competencia más importante del planeta. Cada uno de los tres países sudamericanos recibirá un partido oficial de sus respectivas selecciones como parte de los festejos por los 100 años del Mundial.Otra vez, el Centenario volverá a ser protagonista. El estadio construido para celebrar los cien años de la independencia uruguaya será también el escenario donde el mundo recordará que fue en Montevideo donde comenzó esta historia. Una historia que, un siglo después, sigue escribiendo nuevos capítulos de gloria.
- 1910 Nace la Celeste. Uruguay adopta la camiseta celeste tras la histórica victoria de River Plate sobre Alumni.
- 1924 Oro olímpico en París. El mundo descubre el fútbol uruguayo.
- 1928 Oro olímpico en Ámsterdam. Uruguay confirma que es la potencia del fútbol mundial.
- 1930 Montevideo organiza el primer Mundial de la historia y Uruguay conquista la Copa.
- 1950 Maracanazo. Uruguay vence a Brasil en Río de Janeiro y logra su segundo título mundial.
- 2026 La ilusión continúa. Una nueva generación defiende el legado de las cuatro estrellas.
- 2030 El Mundial vuelve a casa. A 100 años de la primera Copa del Mundo, Uruguay será sede de los partidos inaugurales del centenario.
Artículo publicado originalmente en Punta del Este Internacional
DEPORTE
Argentina enfrentará a Austria con el historial de enfrentamientos a favor

Argentina vs Austria por el Mundial 2026. Foto: Twitter @Argentina/oefb1904
La selección de Lionel Scaloni se prepara para afrontar un nuevo desafío en el Mundial 2026 cuando enfrente a Austria por la segunda fecha del Grupo J. Más allá de la importancia que tendrá el encuentro para las aspiraciones de ambos equipos en el torneo, el partido también permitirá sumar un nuevo capítulo a un historial que cuenta con pocos enfrentamientos.
El inolvidable 5 a 1 de 1980 con triple de Maradona
El primer enfrentamiento entre ambos se disputo el 21 de mayo de 1980 en Viena. Una selección Argentina, vigente campeona del mundo, y dirigida por Cesar Luis Menotti, goleó a Austria por 5 a 1 en una noche que quedaría marcada por la gran actuación de un joven Diego Armando Maradona.
La Albiceleste golpearía rápidamente con goles de Santiago Santamaría a los 2 minutos y Leopoldo Luque a los 10 del primer tiempo. Apenas cinco minutos después apareciería Maradona para marcar el tercero. Austria descontaría a través de Kurt Jara a los 19 minutos, pero en el complemento el «10» volviera a hacerse presente con dos tantos más a los 73 y 78 minutos para sellar el 5-1 definitivo.
Empate en la antesala de Italia 1990
Diez años después, el 3 de mayo de 1990, ambas selecciones volvieron a verse las caras en otro amistoso disputado en Austria. En aquella ocasión el resultado fue 1 a 1.
El conjunto local se puso en ventaja apenas a los tres minutos del primer tiempo gracias a Manfred Zsak. Sin embargo, Argentina reaccionó y encontró la igualdad a los 31 minutos mediante Jorge Burruchaga, tras una asistencia de Maradona. El equipo dirigido por Carlos Bilardo utilizó ese compromiso como preparación para el Mundial de Italia 1990, torneo en el que terminaría alcanzando la final.
El primer duelo oficial de la historia
Tras 36 años sin enfrentarse, Argentina y Austria volverán a cruzarse en el Mundial 2026. Será la primera vez que ambos seleccionados se enfrenten en una competencia oficial, agregando un capítulo inédito a un historial que hasta ahora registra dos partidos, seis goles argentinos, dos austríacos, una victoria albiceleste y un empate.
Yendo al presente, ambos pelearan por el liderazgo del grupo J ya que ambos lograron conseguir los tres puntos en el primer encuentro. Por el lado de Argentina, vencío por 3 a 0 a Argelia, mientras que Austria hizo lo propio contra Jordania por 3 a 1. Sin dudas que será un partido vibrante y emocionante donde ambos equipos luchen por llevarse el encuentro y la clasificación a la siguiente fase del torneo.
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